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Brilló en River y en San Lorenzo, jugó en la Selección, y hoy tiene un bar y participa en un streaming de rock: “Estoy aprendiendo”

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Después de más de veinte años con una pelota como protagonista de su vida, Fernando Belluschi atraviesa una etapa diferente. El exmediocampista de Newell’s, River, San Lorenzo y la selección argentina encontró nuevos caminos lejos de las canchas: hoy es dueño de un bar en Río Cuarto, un emprendimiento que nació de dos de sus grandes pasiones, el fútbol y la música. “Estoy aprendiendo un poquito, conociendo las mañas, como quien dice. Después de veintipico de años de patear una pelota, la verdad es que nunca me imaginé estar en esta profesión, pero estoy muy entusiasmado, con muchas ganas”, cuenta.

La música también ocupa un lugar importante en su presente. Belluschi participa de Club Atlético Rock & Roll, un programa de streaming que creó junto a dos amigos de Río Cuarto y en el que entrevista a músicos. Ya pasaron bandas argentinas y uruguayas como No Te Va Gustar y El Cuarteto de Nos, mientras espera poder concretar una charla con La Renga, una de sus bandas favoritas. El proyecto comenzó durante la última etapa de su carrera, cuando una lesión en los ligamentos cruzados lo llevó a acercarse todavía más al mundo de la música. “Se convirtió en un proyecto y en un trabajo. Estoy muy contento con eso”, explica en diálogo con Infobae.

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La carrera de Belluschi tuvo como punto de partida la Lepra, donde debutó en Primera y cumplió el que define como su “primer sueño”. Después llegó al Millonario, donde compartió plantel con Marcelo Gallardo, Ariel Ortega, Gonzalo Higuaín y Radamel Falcao, antes de iniciar una extensa trayectoria internacional que incluyó Portugal, Turquía, Italia, México y otros destinos. En 2016, regresó al fútbol argentino para jugar en San Lorenzo, club en el que tuvo casi tres años y que todavía conserva un lugar especial para él por el cariño que recibió de los hinchas.

También tuvo su oportunidad en la selección argentina. Belluschi fue convocado en diferentes procesos y estuvo muy cerca de integrar el plantel para el Mundial de Rusia 2018, cuando Jorge Sampaoli lo llamó durante su etapa en San Lorenzo. Finalmente, una lesión y un semestre alejado de su mejor nivel terminaron con aquella ilusión. “Obviamente que me hubiese encantado estar, pero la lesión me dejó afuera”, reconoce. En el camino, además, tuvo la posibilidad de compartir entrenamientos con Lionel Messi, una experiencia que define como “un privilegio”.

En San Lorenzo estuvo tres años y dejó una muy buena imagen, además de ganar una Supercopa Argentina

– ¿Cómo manejas esa nueva faceta como dueño de un bar en Córdoba?

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– Bueno, ahí, aprendiendo un poquito, conociendo las mañas, como quien dice. Después de veintipico de años pateando una pelota, la verdad que nunca me imaginé estar en esta profesión, pero bueno, estoy muy entusiasmado, con muchas ganas. Todo viene de mi lado más cercano a la música y por eso también esta posibilidad del bar. Primero, con el streaming, después con el bar, que obviamente une mis dos pasiones, que son el fútbol y la música. Entonces, por eso mismo también estoy tan entusiasmado y con tantas ganas de hacer cosas y meterme en proyectos. Estoy muy metido ahí en el ambiente de la música, es otra pasión que tengo.

– ¿Ya entrevistaste a varios músicos reconocidos?

—Sí, estuvimos con No Te Va Gustar, con el Cuarteto de Nos, con Catriel, el baterista de Divididos, con Kapanga. El tema del streaming fue un poco también que me ayudó al final de mi carrera, que me rompí los cruzados y empecé a meterme en ese lado de la música, de las entrevistas, acá con dos amigos míos de Río Cuarto con los que creamos ese proyecto de las entrevistas de Club Atlético Rock & Roll. Y, bueno, empezando un poco con las bandas amigas, por algún contacto anterior. Es más, acá uno de mis socios también es el dueño del bar donde vienen todas las bandas, que se llama Elvis. Entonces tenemos también esa tranquilidad de que cuando las bandas vienen, estamos los tres acá y estamos en otro ámbito. Entonces, a las bandas siempre les gusta hablar un poquito de fútbol y, bueno, salió de una idea de amigos charlando y se convirtió en un proyecto y en un trabajo.

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– ¿Vas a llegar a La Renga, que es tu banda favorita?

– Sí, estamos ahí. Tengo buena onda con algunos chicos, pero obviamente que esas cosas queremos que se den en el momento justo. Y lo importante es que, cuando salga la nota, sea como lo venimos haciendo, natural, con esa libertad de poder hablar, sacándose el casete. Tenemos también ese estilo de entrevistas que salen un poco de lo cotidiano. Como yo siempre digo, a mí cuando me hacían las entrevistas como jugador y hablábamos de fútbol, era como que siempre terminábamos contestando lo mismo y te ponías el casete. Y esto pasa con los músicos con sus discos o con sus momentos. Entonces, hablar de otra cosa, distendido, es lo que hace entretenida y diferente a la entrevista.

-Vas conociendo un poco el mundo de la música por estas entrevistas. ¿Encontrás algo parecido a lo que es el mundo del fútbol o es completamente distinto? La forma, los tratos, la manera de manejarse…

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– Sí, esa es una de las preguntas que siempre les hago a los músicos. Ellos hablan de su lado y, obviamente, yo del mío. Hay un montón de cosas similares y hay un montón de cosas diferentes. Entre las más parecidas está esa pasión por lo que uno hace. Como nosotros lo hacemos en el fútbol, ellos con su música, con sus instrumentos, desde que son chiquitos. Y después la conexión con la gente, también está buenísima. Yo siempre los cargo a los músicos y les digo: “Ustedes tienen la suerte de que cuando tocan mal, a la gente no le importa y los sigue apoyando. Y nosotros, cuando jugamos mal, la gente nos lo hace saber”. Pero bueno, entre eso también está el tema de la edad. Ellos pueden tocar durante toda su vida, si quieren. Pero también es un poco parecido en los momentos. Cuando vos tenés un buen momento en el fútbol, lo tenés que aprovechar, como las bandas cuando sacan algún disco que a la gente le gusta. Siempre hay una conexión y hablamos también de lo que son las hinchadas del fútbol argentino cantando. En algunos casos me tocó hablar, por ejemplo, con los chicos de Kapanga, que los hinchas cantan sus canciones. Entonces eso también está buenísimo.

– ¿Alguna vez quisiste ser músico?

– No, no. Siempre fui muy apasionado por la música, pero siempre desde afuera. No toco ningún instrumento y, si bien siempre me gustó, dije en algún momento: “Me arrepiento de no haber aprendido de chico alguno”. Siempre trato de disfrutar y dejar que el que lo sabe hacer, lo haga. Lo que sí me gusta mucho es ir a los shows y disfrutarlos de cerca, ver el escenario y ver cómo actúan. La verdad es que eso también está buenísimo, porque ahí también yo, como jugador de fútbol, veo cómo se sienten los músicos en su hábitat, que es tan lindo: cómo se desenvuelven, cómo conectan con la gente.

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En Newell's tuvo dos etapas y ganó un título de Primera División (NOTICIAS ARGENTINAS)

-Ya para ir a hacer pogo no estás, digo, por las operaciones que tuviste…

– No, no, ya estoy para la zona de platea. Y si no, bueno, a veces cuando hay alguna banda que me gusta mucho, puedo llegar a ir un ratito y estar apretado y saltar, pero para todo el show en el pogo, como lo he hecho en algunas ocasiones, ya no estoy. Hice varias veces pogo, pero al principio, en mi primer show de Divididos. Ahí estuvo muy bueno y fuimos con varios amigos de la pensión de River. Y bueno, es un momento de joven en el que te metías en el pogo y te quedabas todo el show por ahí dando vueltas, ¿no? Pero bueno, la vida va pasando para todos y creo que es el momento de verlo un poquito más tranquilo.

– Fernando, más allá de esta pasión por la música y el bar también, te alejaste un poco de lo que es el ambiente del fútbol. ¿Fue por decisión propia?

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—Sí, mirá, fue como una mezcla de sentimientos que comenzó cuando me lesioné y no me pude recuperar bien. Uno, después de hacer deporte durante toda su vida, es como que está enojado con la vida, con los momentos, con todo, por haber terminado así. Pero bueno, me había puesto como objetivo en la previa de la operación volver a jugar, y no lo pude hacer. Me tuve que volver a operar y, la verdad, como que me fui alejando cada vez más. Y bueno, también el hecho de que durante más de veinte años quizás estuve 24 horas pendiente del fútbol y hoy prefiero estar un poco más cerca de mi familia, de acompañar un poco más a mis hijas, de todos esos momentos que me perdí durante tanto tiempo, poder aprovecharlos, visitar amigos, viajar y hacer lo que me gusta. La verdad es que los jugadores somos demasiado apasionados por el deporte y, a veces, cuando paramos un poco la pelotita, nos damos cuenta de que nos están pasando un montón de cosas por al lado, ¿no? Entonces, traté de alejarme un poco. Obviamente que uno no se puede alejarse por completo del fútbol y quizá en otro momento vuelvo a estar bien cerquita. Pero, por ahora, estoy tranquilo, disfrutando de la familia y de todos estos nuevos proyectos.

—¿Te costó el post-retiro luego de la gran carrera que hiciste y de la manera en que te retiraste?

—Bueno, no sé si me costó porque esto del streaming y encontrar un nuevo proyecto, una nueva meta, me ayudó bastante. Pero sí, lo que me cuesta hasta el día de hoy es no sentirme bien con mi cuerpo. De ser un deportista de élite, de sentirme que muscular o físicamente estaba espectacular, a no sentirme bien, a que me duelan las rodillas de vez en cuando y que no me dejen hacer ciertas cosas. Sí, me cuesta, me fastidia y no entiendo por qué. Pero bueno, después es lo que te digo: hay momentos en que veo un partido o me relaciono con gente del fútbol y digo: “¿Cómo no sigo jugando?”. Y, por momentos, me olvido y no veo un partido, y me dicen: “¿Viste el partido ayer?”, y la verdad que ni lo vi. Entonces, es difícil, es difícil.

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– ¿Te quedó alguna cuenta pendiente como futbolista?

– No, no. La verdad es que soy un agradecido del fútbol, de todo lo que me dio dentro de la cancha y fuera. Porque obviamente que mi sueño era jugar al fútbol en el profesionalismo y lo pude hacer. Pero bueno, vino con un montón de cosas que no esperaba: jugar en la Selección, jugar en Europa, conocer mucha gente, muchos países. La verdad es que soy un agradecido al fútbol. Lo único que me puede haber quedado es esa espina de no haberme retirado en una cancha. Eso fue lo único. Pero tampoco es que cambia todo lo lindo que me pasó durante tanto tiempo.

—¿Y jugar un Mundial es algo que te faltó?

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– Sí, sí, obviamente que me hubiese encantado estar y que en un momento me ilusioné con la posibilidad porque estaba teniendo buenos rendimientos. Pero bueno, después también en mi último semestre en San Lorenzo, antes del Mundial 2018, me lesioné y estuve lejos de mi nivel. Y obviamente, con la calidad de jugadores que tiene Argentina, no me tocó. Pero más allá de eso, también nadie me quita esos momentos de ilusión, de entrenar y de pensar, y de exigirme. La verdad es que eso está buenísimo. Lo viví de una manera muy linda. Todos mis procesos en la Selección, todas las convocatorias que tuve, las disfruté muchísimo. Y bueno, obviamente que cumplí el sueño de miles de argentinos de ponerse la camiseta de la Selección.

—Y compartiste plantel con Messi, algo que muy pocos pudieron hacer…

– Sí, la verdad que a veces también es como algo más que un sueño, ¿no? Es decir, te toca estar en el mismo predio, compartiendo, entrenando con el mejor jugador del mundo, de la historia. La verdad es que para mí es un privilegio y tener esos recuerdos de estar con él es increíble. Y bueno, nunca tuve la posibilidad de jugar en el mismo partido que él, pero ya compartir con él, viéndolo nomás, fue impresionante.

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– ¿Cuál fue el mejor momento de tu carrera?

– Mi etapa en Porto, en 2011, fue de las mejores de mi carrera. Fue como que estaba en una edad, en una linda edad, en la que tenía experiencia y me sentía muy bien físicamente. Y bueno, fueron esos momentos en los que te salen todas, y en los que confíás mucho más en vos que en otros momentos. La verdad es que creo que fue esa etapa. Y quizás el año de River también fue de los que mejor me sentí, con Daniel Passarella.

– ¿Es cierto que fuiste comprado por Boca cuando estuviste en Newell’s?

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– Sí, sí. Fue algo raro para mí porque, bueno, vendieron el 50 por ciento del pase, y yo ni lo sabía. Llegado cierto tiempo teníamos que ir a Boca, porque el presidente en ese momento, Eduardo López, nos había vendido a Boca. Pero nosotros no teníamos ni idea de eso. Nos enteramos por el diario. Y bueno, antes de que llegara el momento que tenía que ir, apareció River, me hizo una oferta formal, con intenciones. Hablé con el presidente, con el entrenador y mostraron su interés. Y, bueno, creo que se dio rápido y yo tampoco dudé porque la verdad es que era una oportunidad impresionante para mi futuro. Llegué a River siendo muy chico y tuve la posibilidad de jugar con Marcelo Gallardo, sobre todo, que ya tenía su experiencia. Con Ariel Ortega ya había jugado en Newell’s, pero aprender de ellos para mí fue también importante porque Marcelo jugaba más en mi posición. Siempre es un privilegio jugar al lado de Ortega. Y bueno, Falcao y el Pipa Higuaín eran jóvenes, eran más chicos que yo también y estaban en formación. Teníamos un lindo equipo. No pudimos conseguir el título, pero también disfruté mucho de compartir con ellos, de jugar en ese estadio, siempre lleno.

– ¿Cómo es el mundo River?

– Yo era joven, venía del Interior, y me encontré con el mundo River, con que todo lo que pasaba salía en todos los diarios, en todos los canales de televisión, era visto en el mundo y tenía todo el triple de repercusión. Entonces, todo lo que pasaba dentro y fuera de la cancha, yo no lo entendía. Hasta que empecé a entender, a acomodarme y darme cuenta de que estaba en uno de los mejores equipos del mundo. Cuando lo entendí lo pude disfrutar también, porque hemos ido de viaje, de giras, fuimos a jugar Libertadores a otros países y siempre hubo mucha gente recibiéndonos. Y, bueno, eso demuestra que el equipo es gigante.

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– ¿Qué te dejó tu etapa en San Lorenzo, en un momento complicado del club en lo institucional?

– Venía de México, de no tener continuidad, y aposté a volver a Argentina. Estoy muy contento de esa decisión porque, si bien institucionalmente no estaba quizá de la mejor manera, me encontré con un gran club, con gente impresionante que siempre nos acompañó. Mi primer partido fue por la Supercopa que le ganamos a Boca y encontré a un grupo de jugadores espectacular. Y bueno, la verdad es que estoy muy contento de esos casi tres años que estuve. Arrancamos muy bien. Después, quizá no fue de la mejor manera, pero siempre me sentí muy bien dentro de la cancha, muy confiado. Y siento el cariño hoy en día también de los hinchas de San Lorenzo, así que siempre voy a estar agradecido.

El futbolista Fernando Belluschi posa junto a los integrantes de la banda Cruzando el Charco en el set de su programa de streaming

– ¿Qué balance hacés de tu paso por Newell’s? Porque fue el inicio y el segundo ciclo se dio antes de venir a Estudiantes de Río Cuarto, donde te retiraste…

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– Newell’s fue mi casa. A los 13 años ya empecé a ir, a estar en la pensión, a compartir de chiquito con un montón de gente, desde alcanzar pelotas hasta estar con los jugadores y después ser parte del equipo. La verdad es que a nivel personal siento algo muy especial. Después, en mi segunda etapa, no salieron las cosas como imaginé, pero nunca va a cambiar mi amor y mi cariño por el club, por la gente. Siempre fue especial jugar en esa cancha, defendiendo esos colores. Fue como mi primer sueño cumplido. Y en Estudiantes de Rio Cuarto, la verdad es que me pasó algo raro con la ciudad, porque yo nunca había venido, no la conocía, y se dio la posibilidad de venir. Yo quería también bajar un cambio de mis últimos años de fútbol, que habían sido bastante intensos. Me encontré con una ciudad que me recibió muy bien, con toda su gente, el club también, un grupo humano de jugadores espectacular. Fueron dos años los que jugué antes de lesionarme, que también los disfruté muchísimo, no solo dentro de la cancha, sino también ya como referente. Ya era un tipo grande que me tocaba dar consejos, estar cerca de los chicos y apoyarlos. Me gustó muchísimo esa etapa en mi carrera y, bueno, creo que lamentablemente no se dio con el ascenso, que no lo pude lograr. Pero después lo pudo lograr el club unos años más tarde y la verdad que es una alegría gigante porque es una ciudad muy linda, donde la gente y el club hicieron un gran esfuerzo también para estar donde están. Esperemos que este año logre el objetivo de quedarse en Primera. Yo, siempre agradecido también a la gente. De hecho, me quedé a vivir acá en la ciudad, así que soy un riocuartense más.

– Por último, volviendo a la música: viste que en el mundo del fútbol y en los vestuarios generalmente se escucha cumbia. ¿Pudiste alguna vez imponer el rock? ¿Te dejaban poner la música en la previa a los partidos o siempre tuviste que escuchar otro tipo de música?

—No, no, siempre hay cambios. Al principio era todo cumbia porque, obviamente, yo tenía 18 años, manejaba el parlante Ariel (Ortega) o alguno de los chicos más grandes, entonces ahí es difícil cambiar eso, ¿no? Pero bueno, después cuando vas haciendo tu carrera, y ya te respetan un poquito más, te dejan poner algún que otro temita (risas). Y después, cuando ya uno fue un poquito más grande, ya manejaba un poco el parlante. Pero igualmente depende de con qué grupo te encontrás, y en qué equipo estás. Me he encontrado con varios grupos rockeros, entonces hacíamos como un mix: poníamos un ratito la cumbia, pero siempre está el rock and roll presente. Acá en Estudiantes de Río Cuarto también me hacía cargo un poco de la música, así que había más rock que cumbia.

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Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

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Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.

Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.

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La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.

La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.

El debate entre origen innato y aprendizaje social

La investigación psicológica asocia la expansión corporal con emociones positivas como alegría, orgullo y triunfo en el deporte (Erik Williams-Imagn Images/REUTERS)

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.

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La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.

Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.

La comparación con los chimpancés y sus límites

La lectura del lenguaje corporal depende de la velocidad, la trayectoria y el contexto social en que ocurre el gesto deportivo (REUTERS/Dylan Martinez)

Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.

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Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.

La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.

El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.

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Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas

Lionel Messi celebra con los brazos arriba, durante un partido del Inter Miami (Crédito: Nathan Ray Seebeck-Imagn Images)

La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.

Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.

Middle East,Soccer,Sport

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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

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Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.

“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.

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El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.

Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista

Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.

La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina

Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).

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Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.

Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.

Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.

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El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

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Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.

El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.

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La reacción que lo dice todo

La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.

La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.

La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.

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Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows

Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.

Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.

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En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.

“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.

Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.

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North America,Sport,Tennis

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