DEPORTE
Canales para ver la final de la Champions League entre PSG y Arsenal

PSG vs. Arsenal. Foto: EFE
París Saint-Germain y Arsenal se enfrentarán este sábado 30 de mayo desde las 13:00 en el Puskás Aréna, en una final de Champions League que promete ser electrizante. El encuentro contará con el arbitraje de Jan Seidel.
El equipo francés llega con la ilusión de lograr el bicampeonato europeo, mientras que el conjunto inglés intentará conquistar por primera vez el trofeo más importante del continente.
¿Dónde ver EN VIVO y ONLINE la final de la Champions League entre PSG y Arsenal?
El duelo entre los parisinos y los Gunners, por la final de la Champions League 2025/26, se podrá ver en toda la Argentina por la señal de ESPN y Fox Sports:
Fox Sports:
- Canales 25 (SD) y 106 (HD) de Flow
- Canales 605 (SD) y 1605 (HD) de DirecTV
- Canales 101 (SD) y 1013 (HD) de Telecentro
ESPN:
- Canales 103 de Flow
- Canales 621 (SD) y 1621 (HD) de DirecTV
- Canales 105 (SD) y 1011 (HD) de Telecentro
A su vez, de manera online se podrá seguir por Disney+, el servicio de streaming que ofrece ESPN o accediendo a ESPN Extra a través de Telecentro Play, D Go y Cablevisión Flow.
¿A qué hora juegan PSG vs. Arsenal, por la final de la Champions League?
- 13.00: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay
- 12.00: Chile, Bolivia, Venezuela y Estados Unidos (Este-EST)
- 11.00: Ecuador, Perú, Colombia y Estados Unidos (Central-CST)
- 10.00: México y Estados Unidos (Montaña-MST)
- 09.00: Estados Unidos (Pacífico-PST)
PSG va por otro golpe en Europa
El conjunto dirigido por Luis Enrique quiere seguir haciendo historia. Tras consagrarse en la edición pasada, ahora buscará repetir la hazaña y consolidarse como una potencia en el fútbol europeo.
Su camino hacia la final no fue sencillo: dejó en el camino a Chelsea en octavos de final, a Liverpool en cuartos y a Bayern Munich en semifinales, demostrando jerarquía y solidez en momentos clave.
Con un plantel repleto de talento ofensivo, PSG apuesta a imponer condiciones desde el arranque y golpear en los momentos justos.
Arsenal sueña con su primera Champions
Del otro lado aparece un Arsenal que llega en uno de los mejores momentos de su historia reciente. El equipo de Mikel Arteta quiere sacarse la espina de la final perdida en 2006 ante Barcelona y levantar por primera vez la Champions League.
Los Gunners tuvieron un recorrido impecable: eliminaron a Bayer Leverkusen en octavos, a Sporting Lisboa en cuartos y a Atlético de Madrid en semifinales. Además, ganaron los ocho partidos de la fase de grupos bajo el nuevo formato.
Como si fuera poco, llegan como flamantes campeones de la Premier League, lo que refuerza su gran presente.
Posibles formaciones de PSG vs Aesenal en la Final de la Champions League
PSG: Matvey Safonov; Achraf Hakimi, Marquinhos, Willian Pacho, Nuno Mendes; Warren Zaïre-Emery (o Fabián Ruiz), Vitinha, João Neves; Ousmane Dembélé, Désiré Doué y Khvicha Kvaratskhelia. DT: Luis Enrique.
Arsenal: David Raya; Cristhian Mosquera (o Jurriën Timber), William Saliba, Gabriel Magalhães, Riccardo Calafiori; Martin Ødegaard, Declan Rice, Myles Lewis-Skelly; Bukayo Saka, Viktor Gyökeres y Leandro Trossard (o Gabriel Martinelli). DT: Mikel Arteta.
Una final con mucho en juego
No será un partido más. PSG busca confirmar su dominio reciente en Europa, mientras que Arsenal quiere romper una larga espera y escribir la página más importante de su historia.
La Champions tendrá un nuevo capítulo decisivo, con dos equipos que llegan en gran nivel y con argumentos de sobra para quedarse con la gloria.
PSG,Arsenal,Champions League
DEPORTE
Un pragmático que prioriza la conducción por sobre las sanciones: así dirige el árbitro de Argentina-Austria

La FIFA designó al árbitro egipcio Amin Mohamed Omar para conducir el encuentro entre Argentina y Austria por la segunda fecha del Grupo J del Mundial 2026. Se trata de una apuesta de la Comisión de Árbitros por un juez con experiencia internacional, personalidad serena y una conducción basada en la lectura del juego antes que en la sanción constante.
Pero la designación no se limita únicamente al árbitro principal. Detrás de cada encuentro mundialista existe una estructura arbitral cuidadosamente conformada para garantizar uniformidad de criterios, coordinación y eficiencia en la toma de decisiones.
La terna principal estará íntegramente integrada por árbitros egipcios, una característica que favorece la comunicación permanente y la interpretación homogénea de las acciones durante el desarrollo del juego. El primer asistente será Mahmoud Abouelregal y el segundo, Ahmed Hossam Taha. El cuarto árbitro será el español Alejandro Hernández Hernández y el quinto, Diego Sánchez Rojo, ambos españoles.

Uno de los aspectos más valorados por la Comisión de Árbitros de FIFA es la estabilidad de los equipos arbitrales. Amin Mohamed Omar comparte habitualmente designaciones internacionales junto a Mahmoud Abouelregal y Ahmed Hossam Taha, formando una estructura consolidada que ha actuado en competiciones FIFA, Copa Africana de Naciones y Eliminatorias Mundialistas.
Esta continuidad permite una comunicación más fluida, una mejor sincronización en las decisiones de fuera de juego y una respuesta más eficiente ante situaciones complejas dentro y fuera de las áreas.
En el fútbol moderno, donde las decisiones deben adoptarse en fracciones de segundo, la coordinación entre árbitro y asistentes resulta tan importante como la capacidad individual de cada integrante del equipo.

Mahmoud Abouelregal es considerado uno de los asistentes africanos con mayor experiencia internacional de los últimos años. Se destaca por su precisión en situaciones de fuera de juego ajustadas y por su excelente lectura de las transiciones ofensivas.
Por su parte, Ahmed Hossam Taha aporta velocidad de desplazamiento, concentración permanente y una destacada colaboración en el control de incidentes que se producen fuera del foco principal del árbitro.
Ambos representan una garantía para un encuentro donde la velocidad de los ataques argentinos y las transiciones austríacas exigirán máxima concentración y coordinación.
La presencia del español Alejandro Hernández Hernández como cuarto árbitro aporta además una importante cuota de experiencia internacional. Su función será clave en la gestión de las áreas técnicas, el control disciplinario de los bancos de suplentes y la coordinación operativa del encuentro junto al quinto árbitro, Diego Sánchez Rojo.

Nacido el 25 de septiembre de 1985 y abogado de profesión, Amin Mohamed Omar integra la nómina internacional de FIFA desde 2017.
A lo largo de estos años dirigió competiciones continentales africanas, Eliminatorias para la Copa del Mundo, encuentros de la Liga de Campeones de África, torneos juveniles organizados por FIFA y numerosas competencias internacionales de primer nivel.
Su recorrido supera ampliamente el centenar de encuentros internacionales oficiales entre competiciones FIFA, CAF y clasificatorios mundialistas, experiencia que le permitió consolidar un perfil arbitral caracterizado por el equilibrio disciplinario, la serenidad en la conducción y una destacada capacidad para administrar los momentos críticos de los partidos.
A diferencia de otros árbitros de corte estrictamente reglamentarista, Amin Mohamed Omar puede encuadrarse dentro de los denominados árbitros pragmáticos.
Su primera herramienta de control no es la tarjeta, sino la prevención.
Es un juez que busca dialogar, anticipar conflictos y administrar el partido desde la personalidad y la presencia física. Prioriza el desarrollo normal del juego, aplica con frecuencia la ley de ventaja cuando la situación táctica lo permite y evita interrupciones innecesarias que afecten el ritmo del encuentro.
Su filosofía arbitral se acerca al concepto moderno impulsado por FIFA: intervenir cuando es necesario y permitir que el fútbol mantenga continuidad cuando la infracción no altera significativamente el desarrollo de la acción.

Su estreno en la Copa Mundial de la FIFA 2026 se produjo en el encuentro entre Corea del Sur y República Checa. Los informes técnicos posteriores destacaron varios aspectos positivos de su actuación: correcta lectura táctica de las transiciones, buena utilización de la ley de ventaja, adecuado manejo disciplinario, excelente trabajo preventivo, correcta cooperación con el equipo arbitral y ausencia de errores relevantes o intervenciones polémicas del VAR.
La evaluación interna fue altamente satisfactoria y explica por qué la Comisión Arbitral decidió ratificarlo rápidamente para un nuevo compromiso dentro de la fase de grupos.
La selección argentina encontrará un árbitro que generalmente permite el contacto físico normal propio del fútbol moderno.
No suele sancionar faltas menores ni caer en un exceso de intervencionismo. Sin embargo, cuando detecta acciones temerarias o conductas que ponen en riesgo la integridad física de un adversario, aplica el reglamento con firmeza.
Desde el punto de vista disciplinario, sus estadísticas internacionales muestran una tendencia moderada: promedio cercano a cuatro tarjetas amarillas por partido, bajo índice de expulsiones, elevada utilización de advertencias preventivas y fuerte respaldo en la comunicación corporal.
Para los futbolistas argentinos esto implica que los reclamos reiterados o las protestas excesivas difícilmente modifiquen sus decisiones. Se trata de un árbitro que transmite seguridad y que rara vez pierde el control emocional del encuentro.
Dentro de la clasificación moderna de estilos arbitrales, Amin Mohamed Omar puede definirse como un árbitro conductor. Su prioridad es administrar el partido antes que castigarlo.
Busca que los jugadores sean protagonistas y que el árbitro aparezca únicamente cuando la situación lo requiere. Este perfil suele generar encuentros dinámicos, con mayor tiempo efectivo de juego y menor cantidad de interrupciones.
Su desplazamiento físico es eficiente y económico. Mantiene habitualmente distancias de observación cercanas a los 12 y 15 metros de la acción, lo que le permite combinar ángulo y proximidad para evaluar correctamente disputas, entradas y contactos dentro de las áreas.
Más allá de los aspectos técnicos, Argentina-Austria representará una prueba superior respecto de su debut mundialista.
La presencia de una de las selecciones candidatas al título, el volumen mediático global y la presión propia de una Copa del Mundo obligarán al árbitro egipcio a exhibir sus mejores recursos de gestión emocional, control disciplinario y lectura táctica.
Los partidos de Argentina suelen exigir una rápida interpretación de las transiciones, una adecuada administración de las protestas y una valoración precisa de los contactos físicos, especialmente en los duelos individuales y las disputas dentro del área penal.
En ese escenario, la FIFA apuesta por un árbitro que combina experiencia internacional, serenidad, criterio preventivo y una conducción pragmática del juego.
DEPORTE
Los secretos de los goles de Maradona a los ingleses: del sándwich que lo motivó a la ventaja que solo vio Diego

El 22 de junio de 1986, Diego Maradona se despertó más temprano que nunca en el predio del América de México. “Se quedó boludeando un rato, compartía el cuarto con (Pedro Pablo) Pasculli. En un momento dijo: ‘Tengo unas ganas de comerme un sánguche de mortadela’. Y nosotros teníamos mortadela, eh, habíamos llevado mucha comida de Argentina”, le contó Roberto Mariani, uno de los ayudantes de campo de Carlos Bilardo, a Andrés Burgo, autor del libro “El partido”, que se sumerge en la apasionante historia de aquel duelo por los cuartos de final ante Inglaterra del Mundial de 1986, y que luego se convirtió en documental.
Sí, a horas de pisar el césped del estadio Azteca, de componer su obra más trascendente y recordada, de abrir el marcador con una mano camuflada de cabezazo y de rematarla con un eslalon artístico, inolvidable; Maradona pedía un “sánguche de mortadela” cual Popeye reclamando su espinaca. Esa paz, tal vez, tenía raíces en su vaticinio, que procuró regar entre sus íntimos y sus compañeros.
“Diego también contó que había hablado con sus hermanos, con Lalo (Raúl) y el Turco (Hugo) de una jugada en la que él se recostaba sobre la derecha, encaraba, dejaba rivales en el camino y definía al segundo palo. Y entonces dijo: ‘Tengo unas ganas de hacerle un gol de esos a los ingleses’. Y bueno, un rato después, de esa manera, hizo el gol de su vida”, completó Mariani.
Más: a Raúl Madero, el médico del plantel, Pelusa le dijo que había soñado que iba a hacer dos goles. Y tan envalentonado estaba que con su augurio en un puño le propuso una apuesta al recordado José Luis Brown. “¿Podés creer que Diego había dicho antes del partido que ganábamos 2 a 1 y hacía los dos goles?”, le dijo entonces el Tata a la revista Sólo Fútbol.
En ocasión del aniversario N° 34 de su oda, Maradona contó que la revivió frente a la pantalla en una entrevista con Infobae. Cada replay le ofrecía nuevas perspectivas. “El segundo gol me sigue emocionando. Siempre le encuentro algo nuevo, la mala salida de Shilton o el pase del Negro Enrique. Porque joden con eso, pero yo arranqué ahí. Otro por ahí la tiraba a la mierda, pero él me vio y me dio la pelota”, señaló sobre ese toque del mediocampista que en principio supo a instrascendente, pero que puso en marcha a la corrida eléctrica del Diez que terminó en su toque a la valla vacía tras superar a todos los adversarios que tuvo por delante para firmar el 2 a 1 definitivo.
Se cumplen 40 años de aquel triunfo histórico, de “la Mano de Dios”, del “gol del siglo”. De una victoria que, por más de que se tratara sólo de una contienda deportiva, traía la carga emotiva de la guerra de Malvinas, desarrollada apenas cuatro años antes del partido. Se cumplen 40 años de un gol ilegal, que el VAR no hubiera permitido, pero con la astucia del campito de tierra; un regate al reglamento, a los seis ojos del árbitro y los jueces de línea, y también a buena parte de la multitud que no lo captó en el primer golpe de vista, que necesitó de la repetición. Se cumplen 40 años de su majestuosa jugada individual, la alabanza a la gambeta rioplatense, a la reversión del fútbol en las narices de sus creadores. En 61 metros de recorrido pasaron Glenn Hoddle, Peter Reid, Kenny Sansom, Terry Butcher, Terry Fenwick y el arquero Shilton.
“Con el tiempo dije que el segundo gol a Inglaterra fue para que después no digan que les había hecho un gol con la mano, ja. Creo que fue justo para eso, así no tenían excusas”, añadió en aquella entrevista, una de las últimas antes de su muerte, el 25 de noviembre de 2020.
La enorme virtud del fantasista argentino se complementó en el imperdonable error de planificación de Bobby Robson, entonces entrenador de Inglaterra. También está indicado en el libro “El partido”. “Yo esperaba que el técnico nos detallara cómo íbamos a marcar a Maradona hombre a hombre, pero Sir Bobby tenía otras ideas: la orden era marcarlo colectivamente y que se ocupara el jugador que estuviera más cerca. Sir Bobby me llevó a un costado para decirme que Maradona sólo tenía un pie del que debía estar atento, pero claramente no me explicó cuán bueno era ese pie”, sorprendió Fenwick con su testimonio. “Tuvimos reuniones para hablar del partido, pero Bobby nunca fue de hacer demasiados análisis tácticos. Era más un motivador”, firmó Hodge en su biografía. Insuficiente para enfrentar a Diego en estado de gracia.
“A una selección como Brasil, Uruguay o alguna otra potencia como Alemania o Francia, creo que no le hubiese podido hacer el gol, porque me hubiesen bajado antes. Mirá si un uruguayo me va a correr al lado o me va a tirar un manotazo al estómago. Me la ponen en la cara…”, se rió fuerte Pelusa al confirmar que la forma de marcar de los ingleses lo benefició.
El 22 de junio de 1986 Diego cumplió con todos sus ritos. “Uno de ellos fue poner un calendario grande que pegamos en la pared entre las dos camas. Primero íbamos marcando los días que faltaban para el Mundial. Segundo, marcábamos con crucecitas cada vez que un seleccionado perdía y se volvía a su casa. Anotábamos los partidos que se iban a jugar y los veíamos por la tele. Era un ritual. Además, en las paredes colgábamos fotos de nuestros familiares antes de los encuentros para sentirnos cerca de ellos. Él ponía las de son Diego, doña Tota y de Claudia (Villafañe). Pero no sólo de los familiares, sino también de dos mujeres que eran muy bellas para Diego, que le gustaban mucho: Valeria Lynch y Pata Villanueva”, detalló Pedro Pablo Pasculli en una entrevista con Infobae.
Tito Benros, el utilero principal, le lustró los botines Puma talle 37 que le calzaban como un guante. Salvatore Carmando, el masajista del Napoli al que se llevó a México (además, era un experto cocinero) trabajó en su cuerpo durante una hora. En las prácticas previas, aunque suene increíble, había practicado el salto con el puño camuflado detrás de su cabellera frondosa. En realidad, se trataba de un gesto característico en el área, cuando sabía que iba a ser anticipado por el arquero.
“En el primer gol Shilton pensó que yo iba a chocar contra él. Eso es lo que pasa en esas jugadas, siempre. Pero yo me hice chiquito y salté. No sabía si iba a llegar, tampoco si me lo iban a cobrar, pero no la iba a dejar pasar”, describió su picardía. Una picardía que cumple 40 años, como el mejor gol de la historia de los Mundiales. En el fondo, es solo una excusa para recordarlos, porque la eternidad no tiene edad.
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El mejor gol, el mejor relato y los dos medios que no le pusieron 10 puntos a Maradona: a 40 años del partido inmortal

Único e irrepetible. De esos partidos tocados por la varita mágica del tiempo para alojarse eternamente en la mente y el corazón. Como también lo fue la final de Qatar 2022. Esa clase de encuentros que uno siempre va a recordar dónde y con quién estaba. Y que nos sacarán por siempre una sonrisa y una lágrima. Argentina e Inglaterra por los cuartos de final del Mundial de México ‘86 tenía todos los condimentos. Como si la mano de un escritor fértil e inspirado, lo hubiese tramado con lujo de detalles. En medio de ese combo apasionante, una actuación extraordinaria. Un Diego Armando Maradona que minuto a minuto iba superándose a sí mismo, hasta elaborar su obra máxima.
El partido con Inglaterra. El que muchos soñaban, borroneando los límites del fútbol. No hay que mezclar, suelen sentenciar los sabiondos. Pero aquella vez sí. El sentimiento estaba a flor de piel, aún las heridas lacerantes, ardían desde cuatro años antes. Como tan bien resumió Víctor Hugo Morales, luego de su extraordinario relato, el mejor de su admirable carrera, cuando llegó el pitazo final: “Argentina le ha ganado a Inglaterra. Y lo voy a decir una sola vez y que Dios me perdone, porque no es un golpe bajo: por todos los pibes que no pueden gritar esta victoria”.
Siguiendo la línea de los medios, aquella debe haber sido la actuación individual menos discutible de la historia para poner un puntaje. Sin embargo, hubo dos publicaciones en nuestro país que no le colocaron un 10 a Maradona. Para el diario “Tiempo Argentino” jugó apenas para 8, mientras que la revista “Sólo Fútbol”, no tuvo dudas en ponerle 11…
La previa tuvo muchos matices. Argentina contaba con la ventaja de dos días más de descanso, porque había eliminado a Uruguay el lunes 16, mientras que Inglaterra dejó en el camino a Paraguay 3-0 el miércoles 18. Bilardo tenía que hacer una modificación obligada, ya que Oscar Garré estaba suspendido por acumulación de amarillas y no había dudas que su lugar sería ocupado por el Vasco Olarticoechea, en la novedosa posición de lateral – volante por la izquierda.
Cuando llegó la noticia que Argentina debía vestir casaca alternativa, comenzó la novela. El doctor había quedado disconforme con las azules utilizadas ante Uruguay, porque carecían del moderno sistema air tech, con pequeños agujeros, que sí tenía la celeste y blanca titular. Portando una tijera, intentó hacerlo rústicamente sobre las suplentes, con un resultado tan esperado como espantoso: quedaron inutilizadas.

El utilero Tito Benrós y el administrativo de AFA, Rubén Moschella, recorrieron contrarreloj los negocios del centro de la capital mexicana en busca del tesoro. La tarea fue agotadora, pero consiguieron dos juegos azules, con el isologo de Le Coq Sportif. Uno de ellos fue rápidamente desechado por el entrenador, porque era muy similar al que ya tenían, mientras que el otro era más liviano y brilloso. “No, tienen que ser caladas”, respondía el Narigón. Hasta que el azar se apiadó de esos dos hombres exhaustos, cuando Maradona pasó justo por allí y le dijo el DT: “Que linda camiseta, Carlos”. Éste no dudó y dijo: “Es esta”, dando inicio a la leyenda.
Además del cambio obligado de Olarticoechea por Garré, el entrenador hizo otra variante que cambiaría tácticamente al equipo y resultó ser un acierto: Héctor Enrique por Pedro Pasculli. La formación que inició el match frente a los ingleses sería la misma que lo haría ante Bélgica en la semifinal y con Alemania en la final.
El Tata Brown recordaba cómo fueron los instantes previos: “Antes del partido, nosotros jamás tuvimos una declaración, nada de nada, pero interiormente sí. Yo siempre digo lo mismo: hay que estar en ese momento en el túnel, con la gente de Inglaterra a la derecha, en el medio los árbitros y a la izquierda el grupo argentino, Y Diego, que cuando íbamos caminando nos decía: ‘Vamos, eh, vamos que estos capaz nos mataron a un vecino o un familiar’. Entonces llegás a la mitad de la cancha, escuchás el himno y yo, por ejemplo, me pongo el cuchillo entre los dientes. Por eso se festejó tanto”.

Mientras la transmisión de televisión nos traía imágenes con los equipos en el campo de juego, seguramente no reparamos en los suplentes de Inglaterra. Allí estaba Barnes con el número 19, desconocido para la mayoría de nosotros y que nos haría sufrir muchísimo una hora y media más tarde. En ese momento, antes de iniciar su incomparable relato por radio Argentina, Víctor Hugo tuvo una apreciación acertada sobre el juez: “Alí Bennaceur de Túnez, no puede ser el árbitro de un partido de esta naturaleza. No puede tener este hombre toda la experiencia y toda la capacidad que se necesitan”.
Argentina comenzó mejor, siendo el dominador, luego de unos primeros minutos de estudio, donde las dos primeras intervenciones que tuvo Maradona, terminaron con una infracción en su contra. Ya a los 8 trazó su primera pincelada: apareció por el sector derecho, la durmió en el pecho, enganchó hacia adentro dejando dos rivales por el camino, hasta que Fenwick le cometió una nueva falta y se ganó la amarilla. La única aproximación de Inglaterra en ese primer tiempo fue a partir de un error argentino, cuando Nery Pumpido quiso salir a rechazar al borde del área grande, patinó y Beardsley remató con poco ángulo y la pelota se estrelló en la parte externa de la red.

Según dijo Bilardo en su autobiografía, ese fue el primer partido donde pudo plasmar la táctica con la que venía soñando: 3 – 5 – 2. Brown como eficiente líbero, Ruggeri implacable stopper sobre el goleador Lineker y Cuciuffo haciendo lo propio con Beardsley, Batista bien plantando como volante central, con Giusti y Olarticoechea a sus costados como laterales volantes. De allí en adelante, los restantes cuatro hombres, sin posiciones fijas y desorientando al rival. El ingreso de Enrique ayudó en la recuperación de la pelota y liberó a Diego para actuar más arriba.
A los 32, un tiro libre de Maradona, desde su posición favorita, salió al lado del poste izquierdo de Peter Shilton. Y dos minutos más tarde, se produjo una situación risueña, que hizo desacartonar la tensión con la que se vivía el cotejo. Diego fue a patear un tiro de esquina, pero como no tenía espacio para tomar carrera por la gran cantidad de fotógrafos, sacó el poste del banderín del córner. El juez de línea, Benny Ulloa, le indicó que debía colocarlo en su lugar. Así lo hizo, volviéndolo a clavar. Pero le señaló que aún faltaba el banderín. El capitán lo apoyó sobre la punta, cosa que no dejó satisfecho el hombre de negro, que le pidió que lo colocara en forma correcta. Finalmente, el 10 lo dejó como estaba, ante la ovación del público.

Con una Argentina dominante y una Inglaterra desconcertada, se cerró el primer tiempo. Nadie podía presentir que se estaba en la antesala de 45 minutos históricos, cambiantes y con un frenesí inolvidable. Apenas iniciado, Víctor Hugo señaló que había incidentes en las tribunas entre hinchas de ambos países. Raúl Gámez, quien participó de aquella pelea, así nos lo recordó: “Todo se inició por una discusión muy simple, por una banderita. Se acercaron desafiantes unos ingleses, que querían ocupar un lugar que era para los argentinos. Comenzaron los forcejeos, hasta que me perdí mentalmente, pero logramos conseguir el espacio para nuestra gente. Yo soy de la idea que los hinchas ingleses son buena gente, trabajan y estudian de manera normal. Nosotros estamos confundidos, y más en ese momento, con el tema de Malvinas. Ellos son peligrosos cuando toman de más, porque ahí son capaces de cualquier cosa. Di y recibí bastante, porque nos agarramos varias veces. Incluso a la salida me estaban esperando los muchachos (risas). A veces me pone mal cuando me lo recuerdan, sobre todo por mis nietos”.
Pero en el campo de juego, comenzaba a gestarse el primer gol, uno de los más polémicos de la historia de los Mundiales. La ya legendaria “Mano de Dios”, con la que Diego impactó, superando la salida de Peter Shilton. Resulta increíble que el juez de línea, perfectamente ubicado, no lo haya percibido, ni tampoco el árbitro tunecino que lo convalidó. Lo cierto es que nuestro país explotó por primera vez en aquella soleada y fría tarde de domingo.
Desde el momento que Maradona la tocó con la mano hasta que tomó contacto con la pelota en el pase de Enrique para iniciar la obra maestra, pasaron exactamente 3 minutos y 40 segundos. No nos habíamos repuesto del festejo, que primero tuvo la lógica pátina de incredulidad, porque todos vimos la mano, y llegó ese instante supremo. Tiempos sin delay, donde la mayoría silenciamos la tele y poníamos la radio. Víctor Hugo lo fue acompañando. Sus palabras corrían a la par que el genio dejaba ingleses en el camino: “Arranca por la derecha el genio del fútbol mundial. Siempre Maradona. Genio, genio, genio. Tocó gol”. Y allí su grito, que se unió al nuestro en cada punto de la geografía nacional. Donde no supimos qué hacer. Algunos se quedaron extasiados frente a la pantalla, siguiéndolo en su carrera rumbo al banderín del córner. Otros lloraron como el relator o se abrazaron hasta el infinito con quienes tenían al lado. En mi caso, con la suerte enorme de hacerlo con mis adorados abuelos maternos, amantes de todos los deportes y a quienes tanto les debo.

Las cámaras mostraban al doctor Bilardo dando indicaciones, como si el gol hubiese sido algo natural. No quería que el equipo se desordenase. Se había producido un hecho fantástico y sin precedentes, como para decretar el final, pero el partido debía seguir. Argentina estaba en estado de gracia, con una enorme lucidez, sabiendo cada futbolista lo que tenía que hacer y con el as de espadas más afilado que nunca. Pero Inglaterra no claudicó y se fue para adelante en busca del descuento. El primer aviso fue un muy buen tiro libre de Waddle que Pumpido, en uno de sus mejores intervenciones del torneo, mandó al córner.
A falta de 16 minutos, el técnico inglés mandó a la cancha a Barnes, para actuar como puntero, bien abierto a la izquierda, en el mismo lugar donde Rubén Paz había hecho estragos seis días antes. Y en la primera ocasión que tuvo, eludió a Enrique y a Giusti, llegó al fondo y mandó un centro preciso que aterrizó en la cabeza del temible Lineker, que por primera vez en la tarde le ganó a Ruggeri para colocar el 1-2. Pero ese equipo argentino no se amedrentaba ante ninguna adversidad. Sacó del medio y entre Maradona y Tapia, que había ingresado por Burruchaga, armaron una hermosa doble pared que concluyó con un violento derechazo del volante de Boca que fue devuelto por la base del palo, en una injusticia más grande que el estadio Azteca.
Inglaterra seguía atacando por la izquierda. En su autobiografía, el doctor Bilardo hizo una autocrítica: “En el banco todos los suplentes me decían: ‘Carlos, perdemos, saque a Giusti’. Lo veía hasta un ciego. El cambio era cantado: Clausen, que era marcador de punta por el Gringo. No lo quise hacer, estuve mal, porque era una variante cantada”. Y nuevamente Barnes la recibió en esa zona y sacó otro centro impecable. Cayó en la boca del arco con Pumpido superado. Era gol, pero el Vasco Olarticoechea se vistió de héroe y así nos los evocó: “Sobre el final se dio esa jugada que bautizaron ‘La nuca de Dios’ (risas), porque me tiré de palomita contra nuestro arco y con la nuca la pude sacar ante la presencia de Lineker, que estaba listo para empatarnos. Por suerte lo anticipé y llegué antes, porque estaba calcada a la jugada del gol de ellos”.
Fue la última zozobra. Del mismo modo que contra Uruguay, un partido para ganar cómodo, se convertía en un sufrimiento tremendo. Llegó el final y se desató un festejo inmenso, allá y acá, porque la gente por primera vez en ese Mundial, salió a las calles. Argentina estaba entre los cuatro primeros. Maradona se probaba la corona y el trono. No necesitaba salir campeón para demostrar que era el mejor del planeta. Ya había dejado un legado irrefutable: el más grandioso gol de todos los tiempos.
Próximo episodio: Bélgica
Fecha: 25 de junio
Locación: Estadio Azteca
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