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Carca contó detalles de su foto con Lionel Messi y Adrián Dárgelos en 2006: “Era re pibito en una noche revolucionada”

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Carca recordó su encuentro con Lionel Messi y Adrián Dárgelos

A 20 años del icónico cruce entre los integrantes de Babasónicos y Lionel Messi, Carca repasó el detrás de escena de aquel encuentro, justo en la previa del duelo entre Argentina y Suiza por los cuartos de final del Mundial 2026. El músico, que por entonces formaba parte de la banda, compartió detalles inéditos de una noche que quedó registrada en una foto que, con el paso del tiempo, se transformó en símbolo de la conexión entre el fútbol y el rock argentino.

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El episodio tuvo lugar en julio de 2006, poco después de la eliminación de la selección argentina en el Mundial de Alemania, torneo que marcó el debut mundialista de un Messi de 19 años. Tras la competencia, el futbolista viajó a Bariloche para pasar unos días de descanso. Allí coincidió con los Babasónicos, quienes se encontraban en la ciudad para participar de un show de Emmanuel Horvilleur.

Según relató Carca, el grupo finalizó su presentación temprano y decidió trasladarse al Roxy, un local nocturno característico del invierno barilochense. En ese ambiente distendido, compartieron la noche con Messi, quien aceptó la invitación y se sumó al grupo. Juntos, brindaron con Dr. Lemon, una postal de la época que quedó inmortalizada en una fotografía.

Durante una reciente visita a El Living de NewsDigitales, Carca se refirió a su paso por Babasónicos y a ese encuentro con Messi. Definió su etapa en la banda como una experiencia artística y humana central en su carrera, y remarcó que nunca sintió que dejar su proyecto solista implicara una renuncia. “No hubo estrategia. Me dediqué a darlo todo ahí”, afirmó.

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La historia detrás del “fotón” de Babasónicos con Lionel Messi que se volvió meme

Es un fotón. A Messi lo encontramos ahí, un mono gigantesco no lo dejaba entrar. Dijimos que entrara con nosotros. Él era re pibito en una noche muy revolucionada por su presencia. Lo cuidamos esa noche, sobre todo Adri, que interceptó a alguien que se portó mal y que quería sacarle una foto con una chica arriba. La chica se tiró arriba de él para una foto. Estaba todo preparado, una inmundicia de parte del fotógrafo y la chica, la foto lo podría haber dañado”, recordó el artista.

Cuatro años atrás, en diálogo con Teleshow, Carca habló sobre esa misma fotografía: “Esa foto es como estar con Lennon y McCartney y vos en el medio. Y nos convertimos en un meme, que creo que es de un nivel de popularidad que está más allá, porque a veces no saben ni quién sos. He sabido que gente se lo manda por whatsapp para decir: ‘Esta noche la rompemos’. Me parece que propagar la alegría que vivimos esa noche con Lío, está bien”.

“Esa noche nos divertimos un montón. Habíamos hecho un show y cuando volvimos al hotel, enfrente estaba el Roxy, en el que tocaba Emmanuel Horvilleur. Fuimos a verlo y en la puerta nos encontramos a Messi, que estaba bloqueado por dos patovas gigantes y no lo dejaban pasar. Él estaba como vencido. Y nosotros nos miramos como diciendo: ‘¿Es verdad lo que estamos viendo o es alguien parecido?’. Nosotros entramos con la alfombra roja y al de la puerta le dijimos: ‘Che, es Messi’. ‘Ah, qué sé yo. No me rompan las pelotas, no sé quién es Messi. ¿Viene con ustedes? Bueh, que pase’, nos dicen”, sigue Carca con su relato.

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Carca, el músico increíble: entre un homenaje a Spinetta, el último disco de Babasónicos y convertirse en meme con Messi
Carca cuenta cómo Babasónicos “cuidó” a Lionel Messi en una salida nocturna

A partir de eso, el hoy astro -por aquel entonces apenas tenía encima dos temporadas en el FC Barcelona y algunos minutos mundialistas para la Selección, ingresando desde el banco- se mostró agradecido con la banda y se unió a ellos en el raid nocturno. “Estuvimos toda la noche compartiendo nuestro mundo y el suyo. Él nos miraba y se reía como diciendo: ‘Estos están re locos’. Estaba súper cómodo y se jugó todo, a la par nuestra. Nunca se quedó atrás a nivel careta, digamos. El pibe no tenía miedo de ser él. Porque hay otra gente que te quiere imitar, se prende en cualquiera. Él fue él, rodeado de locos, con ese aura de respeto a sí mismo”, rememora el músico.

“Y nos convertimos en meme porque realmente nuestras cara de felicidad así lo ameritan. Yo ya había hablado un montón con él y en un momento, cuando estaba hablando con Dárgelos, surge lo de la foto. Que dicen que la pedí yo, que la pidió Adri… ¡pero no la pedimos un carajo! Apareció uno, que para mi era el encargado del Roxy y dijo: ‘¿Hacemos una foto, Carca?’. Y yo lo agarré a Adri, porque me parecía que eso era lo que tenía que pasar. Y así surgió. En ese momento estaba re feliz porque mi sobrino es súper fana del fútbol y Messi es Dios. En lo único que pensaba era en eso: ‘¡Qué bueno cuando tenga esta foto porque se la doy al sobri y soy el tío número uno del mundo!’”, cierra.

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CHIMENTOS

El durísimo relato de la prima de Thiago Medina tras denunciarlo por abuso: «Él tiene dos nenas, tienen que saberlo»

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La denuncia contra Thiago Medina sumó un capítulo de altísimo impacto. Horas después de que el ex Gran Hermano negara las acusaciones en su contra, fue su propia prima quien decidió romper el silencio en LAM y brindar un extenso testimonio sobre el presunto episodio que denunció ante la Justicia. Conmovida, la joven explicó por qué decidió hablar ahora, recordó el momento en que asegura haber contado todo dentro de la familia y reveló una frase que dejó helado al estudio.

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Consultada por el momento en el que decidió avanzar con la denuncia, fue contundente. «Porque Camila salió a decir que yo mentía», aseguró en referencia a la hermana de Thiago. Según su versión, hasta ese momento el tema permanecía puertas adentro de las dos familias. «Este tema lo habíamos hablado únicamente entre las familias. Fue Camila la que salió a contarlo por todos lados. Después de eso hice la denuncia. Primero publiqué el video», explicó.

Lara Ledesma contó que el presunto abuso ocurrió cuando ambos eran menores y que durante años eligió guardar silencio. «Vivíamos a unas seis cuadras, pero no teníamos mucho contacto. Ese día pasó lo que pasó», relató. También recordó que recién a los 15 años reunió fuerzas para hablar de lo sucedido. «Me lo guardé durante mucho tiempo. Cuando cumplí 15 años decidí hablarlo. Ahí fue cuando nos reunimos con la familia de él. Estaban Brisa y el papá». Sin embargo, aseguró que no encontró el respaldo que esperaba. «No me creyeron. Brisa me había dicho que me iba a apoyar, pero bueno…».

Uno de los momentos más fuertes de la entrevista llegó cuando reveló cómo habría reaccionado Thiago durante aquella reunión familiar. «Llorando me pidió perdón. Mi mamá estaba presente», afirmó. Y agregó cuál fue la respuesta de su madre: «Le dijo que no lo iba a perdonar, pero que tampoco le iba a hacer nada. Lo único que queríamos era que no se enterara todo el mundo, aunque en el barrio todos lo saben».

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HABLÓ LA PRIMA DE THIAGO MEDINA TRAS DENUNCIARLO POR ABUSO

La denunciante también recordó el impacto que sintió al verlo convertirse en una figura popular tras su paso por Gran Hermano. «Fue muy difícil. Pensaba: ‘¿Cómo puede ser que una persona que hizo eso esté tan bien y siga con su vida como si nada?’», expresó. Además, rechazó las versiones que señalan que busca exposición mediática. «Si quisiera fama, no elegiría este camino. ¿Quién quiere que lo conozcan por haber sido abusada?».

Sobre el final de la entrevista, explicó por qué finalmente decidió llevar el caso a la Justicia y hacer pública su historia. «Lo pensé muchísimo. Fue una decisión muy difícil, pero creo que la gente tiene que saber quién es, sobre todo porque tiene dos hijas», sostuvo. Y cerró con una frase que resumió el motivo de su exposición: «Más que nada que la gente sepa qué clase de persona es y lo que hizo. Y que cuiden a sus hijas. Yo también soy mamá, tengo una nena de tres años».

 

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Thiago Medina

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Alejandra Perlusky, una vida atravesada por la danza, el teatro y los grandes musicales: “El arte puede salvar el alma”

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La actriz Alejandra Perlusky personifica a Mrs. Wilkinson en una escena de la producción teatral de Billy Elliot.

Hay recuerdos que nunca abandonan a un artista. No importa cuántos escenarios haya recorrido, cuántas ovaciones haya recibido o cuántos personajes haya habitado. Siempre existe una imagen que permanece intacta, inmune al paso del tiempo. En el caso de Alejandra Perlusky, esa postal no tiene marquesinas iluminadas, ni telones de terciopelo, ni aplausos interminables. Está mucho más cerca de una placita de Martínez, donde una nena de apenas cinco años caminaba tomada de la mano de su mamá rumbo a una clase de ballet, sin imaginar que esos pasos diminutos terminarían marcando el camino de toda una vida.

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En momentos en que transita los últimos días de funciones de Billy Elliot -hasta el 9 de agosto en el Teatro Ópera- hoy, cuando mira hacia atrás, entiende que aquello no era un pasatiempo ni una actividad extracurricular. Era una necesidad. Una forma de habitar el mundo.

“Yo me percibía siempre distinta en el colegio y con mis compañeros. Recién ahora pude entenderlo”, cuenta mientras busca las palabras exactas para describir una sensación que la acompañó durante toda la infancia. Habla de una intensidad emocional difícil de explicar. De una energía que necesitaba encontrar un cauce. Y fue precisamente el movimiento el que le permitió ordenar ese universo interior.

Por eso, cuando escucha la célebre frase de Billy Elliot sobre esa “electricidad” que recorre el cuerpo cuando baila, siente que también está hablando de ella. “Sentía una pulsión muy parecida. En la danza encontré la posibilidad de canalizar una emocionalidad muy potente que tenía como niña. Gracias a Dios pude descubrirlo y llevarlo adelante”.

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No es casual que hoy interprete a Mrs. Wilkinson, la profesora que descubre el talento oculto de Billy antes que nadie. Quizá ese personaje la atraviese de una manera tan profunda porque ella misma sabe lo que significa que un adulto vea algo en un chico que todavía ni siquiera entiende quién es.

Retrato de una mujer con cabello largo oscuro y liso, camisa blanca, y aretes dorados, que toca su oreja derecha con la mano. Fondo liso de color beige
La actriz argentina Alejandra Perlusky posa con una camisa blanca lisa frente a un fondo beige.

Las primeras clases llegaron casi naturalmente. El ballet apareció antes que cualquier otra disciplina artística y ocupó durante años el centro de su vida. La disciplina era rigurosa. Había ejercicios, repeticiones, correcciones permanentes y una exigencia que para muchos niños podía resultar agotadora. Para ella, en cambio, era el lugar donde todo cobraba sentido.

Mientras otros chicos soñaban con ser médicos, futbolistas o astronautas, Alejandra ya intuía que su futuro estaba vinculado al escenario: “Nunca pensé la actuación como un hobby. Desde muy chica tuve la convicción de que quería dedicarme a esto. Nunca me imaginé haciendo otra cosa”, recuerda.

Apenas hubo una duda pasajera, casi una travesura del destino. La fascinaban los animales y durante un tiempo creyó que podía estudiar Veterinaria. Pero esa posibilidad desapareció tan rápido como había llegado. “Entendí que para curar a un animal quizás tenía que abrirlo, coserlo, enfrentar situaciones muy difíciles… y ahí se me fueron todas las dudas”, dice entre risas.

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Como ocurre en muchas familias, la elección artística despertó más incertidumbre que entusiasmo. Sus padres conocían perfectamente las dificultades de una profesión atravesada por la inestabilidad, los contratos temporarios y la incertidumbre económica. Querían verla feliz, pero también protegida. “Eran personas de una sensibilidad enorme”, rememoró.

Con el tiempo descubriría que, detrás de esos temores, también se escondía una historia personal.Su padre había sido cantor de tangos durante la juventud. Amaba profundamente el arte, pero nunca se animó a convertirlo en profesión. Eligió Medicina. Años después le confesó algo que Alejandra jamás olvidaría: sentía que, de alguna manera, había traicionado ese sueño artístico que siempre había llevado adentro.

Una mujer con leotardo y falda, brazos levantados con abanicos de plumas blancas, rodeada de bailarinas en tutús rosas y otros disfraces de plumas
La actriz Alejandra Perlusky interpreta a Mrs. Wilkinson durante una escena del musical Billy Elliot acompañada por otras bailarinas en el escenario.

Quizá por eso, al principio, la preocupación era inevitable. No querían verla sufrir. No querían que la pasión terminara convirtiéndose en frustración. Sin embargo, hubo una persona que nunca dejó de empujarla hacia adelante: su mamá.

La mujer que la llevó una y otra vez a aquellas clases de ballet frente a la placita de Martínez. La que, sin saberlo, estaba alimentando una vocación que terminaría definiendo toda una existencia. Hoy, varias décadas después, Alejandra sigue emocionándose cuando habla de ella: “Le agradezco enormemente que me haya llevado tantas veces. Es tan importante el arte… puede hacer tan feliz a una persona. Puede salvar el alma, el corazón y ayudar a atravesar un montón de situaciones”.

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Durante años creyó que ese camino terminaría exclusivamente en la danza. Pero la vida tenía preparada otra sorpresa. Llegó el momento de presentarse a un seminario de técnica de la danza clásica del Colón. Y su madre dijo ‘no’.

Fue entonces que decidió probar suerte como actriz. No buscaba una revolución. Ni siquiera imaginaba que esa decisión modificaría para siempre su destino. Sin embargo, fue durante una audición cuando descubrió una herramienta que desconocía: la voz. No solamente la capacidad de cantar. También la posibilidad de contar historias desde otro lugar.

Después vendrían las clases de canto junto a Marcelo Velasco y Carlos Vittori, maestros fundamentales para construir un instrumento que, con el tiempo, terminaría convirtiéndose en una de las marcas distintivas de su carrera. Pero, sobre todo, apareció una certeza.

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Dos personas, una con suéter estampado fucsia y turquesa y otra con camiseta a rayas y pantalones vaqueros, se abrazan en un escenario oscuro
La actriz Alejandra Perlusky, interpretando a Mrs. Wilkinson, abraza al actor que encarna a Billy Elliot durante una escena del musical.

La danza seguía siendo parte de ella. La actuación también. Y la música unía ambos mundos. Sin proponérselo, estaba empezando a recorrer el camino que años más tarde la convertiría en una figura indispensable del teatro musical argentino.

Pasaron los años. Aquella nena que cruzaba una placita de Martínez con un bolso de ballet al hombro terminó convirtiéndose en una artista capaz de emocionar desde los escenarios más importantes del país y del exterior.

Hoy ese escenario es el del musical Billy Elliot. Y mientras el público ocupa lentamente las butacas y el murmullo de la sala reemplaza al silencio de los camarines, Alejandra se prepara para transformarse, una vez más, en Mrs. Wilkinson. La profesora de danza que, en medio de un pueblo atravesado por la dureza, las huelgas mineras y los prejuicios, es la primera persona que se anima a mirar a un chico diferente y decirle, sin rodeos, que su destino puede ser mucho más grande de lo que él mismo imagina.

“Es un rol soñado. Es un personaje súper divertido y muy exigente”, resumió. Pero detrás de esa definición breve hay mucho más. Cada vez que Billy habla de esa “electricidad” que siente cuando baila, Alejandra recuerda inevitablemente a la chica que fue. La niña que tampoco encontraba palabras para explicar por qué necesitaba moverse, cantar o actuar para sentirse completa.

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Pero hay otro elemento que vuelve único este trabajo: los chicos. En la mayoría de los espectáculos, los actores construyen una dinámica que se repite noche tras noche. Las escenas adquieren una mecánica casi automática. Los silencios aparecen siempre en el mismo lugar. Las miradas encuentran exactamente el mismo recorrido.

Nuevo elenco Mamma Mía
Equipo completo de producción para la sesión de fotografías de «Mamma Mía»

“Lo más inolvidable es trabajar con niños, con elencos rotativos que cambian semana a semana. Es simplemente mágico porque cada noche tengo un Billy distinto, una hija distinta y un grupo diferente de alumnitas. Cada uno tiene su propia emocionalidad, una forma muy personal de sentir y de expresar cada escena. Esa rotación hace que nunca aparezca la rutina. Es una experiencia única que posiblemente no olvide nunca”.

Habla de ellos con la ternura de una maestra y la admiración de una colega. Porque, aunque sean niños, arriba del escenario sostienen una responsabilidad enorme. Entiende que cada uno necesita tiempos distintos, estímulos diferentes y una confianza particular para encontrar su mejor versión.

Y esa búsqueda también genera momentos inolvidables. Como aquella noche en la que una falla técnica puso en riesgo una de las escenas más importantes del musical: “En el momento casi me infarto”, cuenta. En una escena clave, Mrs. Wilkinson se dirige hasta los baños del gimnasio para convencer a Billy de continuar estudiando danza en secreto y preparar la audición para la Royal Ballet School. Todo transcurre normalmente, hasta que deja de hacerlo. El mecanismo que debía abrir los paneles del baño se trabó. Del otro lado quedó encerrado Mateo, uno de los chicos que interpretaba a Billy. Durante algunos segundos nadie supo cómo resolver la situación. El tiempo, sobre un escenario, tiene otra velocidad, cada segundo parece eterno.

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“Por suerte Mateo fue muy ágil y encontró una salida alternativa. Lo solucionó enseguida y el público prácticamente no se dio cuenta de nada”. Son esos pequeños accidentes los que terminan construyendo la memoria íntima de una compañía.

Detrás de la perfección que el espectador observa desde la platea existe un universo invisible hecho de nervios, respiraciones compartidas, abrazos antes de levantar el telón y miradas cómplices cuando algo inesperado sucede.

Astor, Piazzolla Eterno Colón
Astor, Piazzolla Eterno, en el Teatro Colón (Crédito: Gentileza de Prensa)

Pero antes de los grandes personajes hay cientos de ensayos en salas diminutas, funciones para pocas personas, audiciones que terminan en silencio y otras tantas en las que alguien pronuncia ese esperado “quedaste”. Alejandra conoce ese recorrido de memoria porque nunca fue una artista fabricada por una moda ni impulsada por la popularidad televisiva. Su carrera se construyó exactamente igual que se construye una obra: escena tras escena.

Después de descubrir que la actuación podía convivir con la danza y el canto, el siguiente paso fue ingresar al Conservatorio Nacional de Arte Dramático. Paralelamente aparecieron las clases de técnica vocal. El teatro musical exige un nivel de preparación poco frecuente: actuar, cantar y bailar al mismo tiempo, con la misma intensidad durante dos o tres horas.

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Las primeras oportunidades llegaron en el circuito independiente, ese universo donde muchas veces el presupuesto escasea pero la libertad artística sobra. Allí aprendió una lección que jamás olvidaría: el escenario nunca distingue entre una sala para cincuenta espectadores y un teatro para dos mil. La entrega debe ser exactamente la misma.

Fue en ese ámbito donde comenzaron a aparecer trabajos que llamaron la atención de la crítica especializada. Sally, una farsa, Canciones degeneradas, Berlín, hora cero y Plumas y sangre fueron consolidando una intérprete capaz de moverse con la misma naturalidad entre el drama, la comedia y el musical. No tardaron en llegar los reconocimientos. Por Sally, una farsa obtuvo el Premio Hugo como Mejor Actriz, una distinción que confirmaba lo que muchos dentro del ambiente ya sabían: estaba frente a una artista integral, de esas que podían sostener una obra completa desde el escenario.

Pero el verdadero crecimiento no llegó únicamente a través de los premios. Llegó con los personajes. Cada uno la obligó a correrse un poco más de su zona de confort, cada uno le dejó una herramienta distinta.

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Astor, Piazzolla Eterno Colón
Astor, Piazzolla Eterno, en el Teatro Colón (Crédito: Gentileza de Prensa)

Con el tiempo comenzaron a aparecer los grandes títulos del teatro musical argentino. Chicago fue uno de esos desafíos que marcan un antes y un después. Su trabajo le valió una nominación como Mejor Actriz Protagónica en los Premios Hugo. Poco después llegaría Falsettos, completamente diferente, más íntima, más emocional. Otra vez, la crítica destacó su labor y volvió a reconocerla con una nueva nominación a los Hugo.

También hubo lugar para los grandes clásicos familiares: Aladín, Mamma Mia!, Pretty Woman. Producciones enormes, cambios escenográficos permanentes y una maquinaria técnica que convierte cada función en una coreografía perfecta incluso detrás del telón.

En Mamma Mia! interpretó a Tanya, uno de los personajes más queridos del espectáculo. Su desempeño le permitió recibir el premio a Mejor Cantante en los Premios Carlos 2024. Después llegaría Kit De Luca en Pretty Woman, otro personaje completamente distinto, donde volvió a demostrar esa capacidad para cambiar de registro sin perder autenticidad.

Su recorrido también incluyó una de las experiencias más prestigiosas que puede vivir un artista argentino: el Teatro Colón.

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Participar de Astor, Piazzolla eterno significó mucho más que sumar un título al currículum, era llegar al escenario más emblemático del país, el lugar con el que sueñan generaciones enteras de músicos, cantantes y actores. Pero el recuerdo más fuerte de aquella noche no está relacionado con el espectáculo, está en la platea. O, mejor dicho, en el final de la función.

Revive la emoción del aclamado espectáculo ‘Astor Piazzolla Eterno’ en el majestuoso Teatro Colón. Un viaje musical y visual a través de la vida y obra del genio del tango, con una orquesta en vivo, cantantes extraordinarios y bailarines apasionados.

Cuando todo terminó y los aplausos comenzaron a apagarse, su padre apareció con un ramo de flores. La emoción fue inmediata. “Me partí en llanto”, recuerda. No lloraba únicamente por el éxito de la función. Lloraba porque comprendía el significado de ese gesto. Su padre, aquel hombre que alguna vez había sentido miedo por su futuro artístico, estaba allí, orgulloso. El mismo hombre que le había confesado que nunca se había animado a seguir su propia vocación como cantor de tangos. “Uno siempre busca la mirada de aprobación de sus padres”, dice. Y esa noche sintió que finalmente había llegado. “Sé que mi papá está muy orgulloso de mí. Cantar Piazzolla en el Colón fue una emoción única para los dos”.

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Su carrera, sin embargo, nunca se limitó a la Argentina. Todavía muy joven apareció una oportunidad inesperada: España. Junto a Omar Calicchio emprendió una aventura que, vista con perspectiva, parece casi una locura. Viajaron con Vivitos y coleando para participar de un festival en Madrid, en un momento en que la comedia musical apenas comenzaba a abrirse camino en ese país: “Éramos como extraterrestres”, recuerda entre risas.

Mientras los grandes musicales recién empezaban a instalarse con producciones como My Fair Lady, ellos recorrían salas independientes mostrando un lenguaje escénico que todavía resultaba novedoso para buena parte del público español.

Después llegaría otra experiencia completamente distinta. México. Los Cabos. Allí trabajó como cantante en un exclusivo hotel internacional. Las jornadas eran extenuantes. Cuatro sets diarios. Seis días por semana. Horas y horas cantando frente a un público tan exigente como imprevisible. Entre los huéspedes aparecían algunas de las figuras más conocidas del mundo: George Clooney, Cindy Crawford, Luis Miguel. Celebridades acostumbradas a los mejores espectáculos del planeta.

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Sin embargo, lo que más recuerda de aquella etapa no son los nombres. Es la disciplina, la resistencia, el aprendizaje cotidiano: “Me dio un entrenamiento vocal enorme y me enseñó a mantener siempre el mismo nivel, me escucharan o no”.

Un hombre y una mujer se abrazan. El hombre tiene pelo gris y chaqueta verde. La mujer tiene pelo oscuro y labial rojo. Ambos tienen los ojos cerrados
El director teatral Pepe Cibrián y la cantante Alejandra Perlusky se abrazan afectuosamente

Años más tarde también llegaría Nueva York. Integrar el ciclo American Songbook, en el Lincoln Center, significó cumplir uno de esos sueños que parecen reservados para unos pocos. Compartir una tradición teatral que inspiró a generaciones enteras de artistas argentinos.

Paradójicamente, después de todos esos viajes, Alejandra siempre termina regresando al mismo lugar: Buenos Aires. Porque es aquí donde eligió construir su carrera, donde el teatro musical pelea función tras función para seguir creciendo, donde continúa creyendo que cada nuevo personaje representa una oportunidad para volver a empezar.

Porque, para ella, el oficio no consiste en acumular personajes, consiste en seguir encontrando, en cada uno de ellos, una nueva forma de conocerse a sí misma.

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A pesar de haber recorrido algunos de los escenarios más importantes de la Argentina y del exterior, Alejandra nunca perdió la costumbre de observar lo que sucede alrededor. Mientras muchos artistas se concentran exclusivamente en el próximo estreno, ella suele detenerse a pensar en el lugar que ocupa el teatro musical dentro de la cultura argentina y en los desafíos que todavía tiene por delante un género que, aunque creció enormemente en las últimas décadas, continúa peleando por consolidarse como una verdadera industria.

No habla desde la queja, habla desde la experiencia, desde la mirada de alguien que atravesó casi todos los formatos posibles. Por eso, cuando analiza el presente del musical argentino, evita las frases grandilocuentes y prefiere apoyarse en la realidad cotidiana de quienes viven de este oficio: “El gran desafío es desarrollar una industria que pueda sostener al género”, explica.

Dos mujeres de pie abrazándose frente a un cartel con letras blancas que dicen "MAMMA MIA" y flores púrpuras, sobre un fondo azul
Alejandra Perlusky abraza a Flor Peña en tiempos de Mamma Mia

Y enseguida aparece la comparación inevitable con Broadway, ese faro al que cualquier artista de teatro musical mira alguna vez. Allí, recuerda, espectáculos como Chicago, Cats o El Rey León permanecieron durante años en cartel gracias a un circuito turístico y cultural que garantiza una afluencia constante de espectadores de todo el mundo.

Buenos Aires, sostiene, todavía está lejos de ese escenario: “No somos la meca de los musicales. Tenemos un nivel artístico enorme, pero todavía no existe esa industria que hace que la gente viaje específicamente para ver teatro musical. Ojalá podamos convertirnos, al menos, en un polo de atracción para los países vecinos. Siento que, de a poco, eso empieza a suceder”. No es una crítica, es un deseo.

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Porque después de tantos años de profesión sabe que detrás de cada estreno hay cientos de trabajadores que dependen de que una obra funcione. El teatro nunca es el triunfo de una sola persona. Siempre es una construcción colectiva.

Quizás por eso también entiende una de las discusiones más incómodas del ambiente: la presencia cada vez más frecuente de figuras mediáticas encabezando los elencos. Y prefiere analizar el fenómeno con honestidad: “Como buena trabajadora del teatro, lucho permanentemente con las figuras mediáticas. Ellas siempre tienen una ventaja porque los productores necesitan vender entradas. Muchas veces eso nos deja en desventaja a quienes venimos exclusivamente del oficio”.

No hay resentimiento en sus palabras, hay comprensión. Sabe perfectamente cómo funciona la industria. También sabe que el público suele acercarse atraído por un nombre conocido, pero inmediatamente agrega un matiz que considera fundamental.

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Ocho personas sonrientes posan sobre una alfombra roja frente a una pared azul decorada con flores rosas y la inscripción Mamma Mia; un televisor muestra Teatro Coliseo
Un grupo de ocho actores de la obra Mamma Mia posa sonriente sobre una alfombra roja

Cuando un espectáculo tiene un peso propio, cuando la producción ya despierta interés por sí misma, cree que los personajes deberían quedar en manos de quienes cuentan con la preparación necesaria para interpretarlos. Y pone un ejemplo, Osvaldo Laport: “Es un artista completísimo. Canta, actúa, baila, tiene presencia. Siempre hay que nivelar para arriba”.

La frase resume buena parte de su filosofía profesional. Nunca habló de competir con otros artistas. Siempre habló de elevar el nivel. De exigir más. Exactamente igual que Mrs. Wilkinson.

Después de tantos personajes, Alejandra sigue sintiendo los mismos nervios antes de cada estreno. Sigue repasando mentalmente las escenas. Sigue escuchando las indicaciones del director. Sigue buscando pequeños detalles que puedan mejorar una interpretación.

Tal vez esa sea una de las razones por las cuales tantos directores vuelven a convocarla. Nunca deja de trabajar, nunca cree que ya lo sabe todo. Todavía se permite aprender de un compañero, de un director, incluso de un niño.

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Todavía siente esa electricidad de la que habla Billy Elliot. Todavía cree, como creía entonces, que el arte puede salvar el alma, aliviar el corazón y convertirse en un refugio cuando todo lo demás parece tambalear.

Una mujer con vestido largo brillante y micrófono canta en un escenario junto a otros artistas con trajes brillantes
Alejandra Perlusky canta y celebra en el escenario de Mamma Mia rodeada de otros artistas.

Quizás esa sea la verdadera explicación de una carrera construida con paciencia, talento y perseverancia. No hubo fórmulas secretas. No hubo golpes de suerte. Hubo trabajo, disciplina, maestros, padres que primero sintieron miedo y después orgullo, escenarios enormes y salas diminutas, aplausos inolvidables y también noches difíciles.

Y hubo, sobre todo, una certeza que nunca cambió, la misma que acompañaba a aquella niña mientras acomodaba sus zapatillas de ballet antes de entrar a clase. La misma que hoy la acompaña unos segundos antes de que se abra el telón.

Que el escenario no era solamente el lugar donde quería trabajar, era, desde el principio, el lugar donde siempre había pertenecido.

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Los cuatro signos del horóscopo chino que comenzarán agosto con una advertencia, según Ludovica Squirru

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Agosto comienza con una energía que invita a bajar el ritmo y priorizar las decisiones bien pensadas. Según las enseñanzas de Ludovica Squirru, los primeros días del mes serán ideales para fortalecer lo que ya está en marcha, colaborar con otros y evitar movimientos impulsivos que puedan traer complicaciones más adelante.

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Squirru señala que será un período más favorable para el trabajo silencioso, la organización y las tareas que requieren constancia que para dar grandes golpes de timón. Mudanzas, inauguraciones, casamientos o proyectos de construcción podrían encontrar un mejor momento si se postergan unos días.

Caballo

El comienzo de agosto le pedirá serenidad y estrategia. Antes de tomar una decisión importante, será conveniente revisar cada detalle y evitar actuar por ansiedad. La paciencia será la clave para obtener mejores resultados.

Conejo

Encontrará estabilidad en las pequeñas acciones cotidianas. Los primeros días del mes favorecerán los vínculos cercanos, el trabajo en equipo y los proyectos que avancen paso a paso, sin necesidad de acelerar los tiempos.

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Perro

Será importante no dejarse llevar por la presión del entorno. La energía aconseja reflexionar antes de asumir compromisos o realizar cambios importantes, especialmente en cuestiones familiares o económicas.

Búfalo

Su capacidad de organización será una gran ventaja. Agosto empezará con la oportunidad de ordenar asuntos pendientes, fortalecer proyectos ya iniciados y preparar el terreno para desafíos que llegarán más adelante.

 

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horóscopo chino, Ludovica Squirru, agosto 2026, signos chinos

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