SOCIEDAD
Caso Ariel Goyeneche: la Defensa de los policías imputados difundió una nueva autopsia

La defensa de los policías Lisandro José María Romero y David Diego Ismael Vázquez, imputados por la muerte de Ariel Goyeneche en Paraná, difundió este martes los resultados de una nueva autopsia incorporada a la causa que, según los letrados, respalda que el fallecimiento respondió a una “causa multifactorial compleja” y no a una conducta dolosa de los efectivos.
El informe fue elaborado por el Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional y, de acuerdo con el comunicado emitido por los abogados, la evidencia científica allí contenida “aporta claridad objetiva sobre los hechos investigados”. Según detallaron, los peritos determinaron la concurrencia de factores respiratorios, metabólicos, tóxicos y cardiovasculares en un contexto de “extrema exigencia fisiológica” vinculado a la resistencia física de la víctima durante la detención.
Uno de los elementos que los defensores pusieron en primer plano fue el hallazgo toxicológico: las pericias detectaron la presencia de sustancias compatibles con un cuadro de “delirium agitado”, una condición clínica que, según explicaron, lleva asociado un riesgo de muerte súbita. A eso se sumó el hallazgo de una condición cardiovascular previa, con alteraciones coronarias y lesiones cardíacas preexistentes que, según el informe, habrían incrementado el riesgo de una descompensación fatal ante un cuadro de estrés extremo y consumo de sustancias.
Frente a ese cuadro, los abogados remarcaron además que los estudios radiológicos “no constataron lesiones traumáticas letales, fracturas ni indicadores compatibles con una acción desmedida” por parte de los efectivos. Con ese conjunto de evidencias sobre la mesa, la defensa fue contundente: “Las pruebas científicas incorporadas a la causa respaldan con firmeza que nos encontramos frente a una tragedia humana profundamente compleja, atravesada por múltiples variables biológicas y médicas, y no ante una conducta dolosa dirigida a causar la muerte”, expresaron en el comunicado.
Los letrados también se refirieron a la situación personal de sus representados. Aunque reconocieron que “no existe reparación posible frente al dolor que implica la pérdida de una vida humana”, sostuvieron que la de Romero y Vázquez y sus respectivas familias es igualmente una carga difícil: atraviesan, según afirmaron, “una enorme carga emocional, social y humana” mientras esperan que “la verdad pueda establecerse con objetividad y sin prejuicios”.

La presentación de esta pericia abre una disputa técnica directa con las conclusiones que el fiscal Santiago Alfieri había alcanzado durante la investigación. En mayo de 2024, Alfieri sostuvo ante Uno Entre Ríos que las pruebas recabadas permitían establecer “sin dudas” que el «accionar policial causa la muerte al excederse en los términos“, y subrayó que Goyeneche “era orgánicamente sano”, extremo que la fiscalía había verificado con informes de distintos organismos de salud de la zona. La primera autopsia practicada tras el fallecimiento había determinado que la causa de muerte fue una «asfixia mecánica por compresión extrínseca a nivel toraco abdominal“, es decir, provocada por un elemento externo al cuerpo, y también reveló lesiones contusas y traumáticas en distintos órganos.
Fue sobre esa base que Alfieri imputó a dos suboficiales y a un oficial —quien estaba a cargo del operativo y se mantenía informado— por “homicidio en circunstancias de exceso del cumplimiento de un deber” en concurso real con el delito de vejaciones. Ninguno de los tres imputados optó por declarar, aunque sí designaron un asesor técnico y un perito de parte para analizar las conclusiones forenses.
Los hechos se remontan a la madrugada del 12 de febrero de 2024. Un vecino de la calle Piedrabuena llamó al 911 para alertar sobre un hombre en el techo de una vivienda. Agentes de la Comisaría 2° llegaron al lugar y encontraron a Ariel Goyeneche, de 38 años, quien explicó que estaba allí porque creía que alguien lo perseguía para matarlo. El parte policial indicó que aceptó ser esposado sin resistencia, un dato que el fiscal consideró clave para reconstruir el estado en que se encontraba antes de ser apresado.
Durante el traslado, la situación se deterioró. Según las cámaras de seguridad de la zona, unos 25 minutos antes de su muerte, Goyeneche era capaz de abrir la puerta de un auto, bajar, correr, subir escaleras, reaccionar ante la voz de alto y sostener la fuerza de tres policías, todo eso con las manos esposadas. Pese a ello, permaneció aproximadamente media hora dentro del patrullero para ser trasladado menos de una cuadra, y fue reducido entre el cordón cuneta y la vereda con un policía sobre su espalda durante 25 minutos y otro sujetándole las piernas. Dos videos difundidos en redes sociales dieron cuenta de esas condiciones y de algunos golpes por parte de un funcionario.
Goyeneche era padre de una niña de 12 años. Su hermana, Analía Goyeneche, había señalado en el velatorio que la policía no aplicó los protocolos correspondientes para una persona que, según reconoció la propia fuerza, presentaba “delirios y alucinaciones” desde el primer contacto. Existe una resolución del Ministerio de Seguridad de la Nación —la 843/2022— que establece como prioridad “solicitar la atención inmediata del equipo de salud” en esas situaciones; pese a ello, Goyeneche no fue atendido por el médico policial. El accidente ocurrió en la intersección de las calles Mendoza y Cervantes de Paraná, y la causa acumula a la fecha un nuevo pedido de justicia realizado a dos años del fallecimiento.
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SOCIEDAD
Del folclore familiar en Santa Fe y “Cantaniño” a los Latin Grammy: la voz argentina que emociona cantándole a Dios

Canta con los ojos cerrados. No es un gesto escénico ni una marca de estilo. Es la forma en la que Athenas Vénica se concentra y reza con el poder de su voz. En esos momentos, dice, la escena que la rodea deja de ser un lugar de exposición en la que ella es el centro para convertirse en otra cosa. “En ese momento yo desaparezco. Y las personas, por medio de mi voz, conectan con Dios. Y cuando eso pasa es hermoso”, dice conmovida.
En esa manera de habitar el escenario condensa buena parte de su historia: una cantante argentina de música católica que fue niña prodigio en la televisión, pero que antes cantó folclore. Luego integró un grupo juvenil que llenó teatros y llenó de giras todo el país; y años más tarde reorientó su vida hacia la música católica. En 2013 vivió uno de los momentos más decisivos y emotivos de su carrera cuando participó de la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, durante la visita del Papa Francisco, frente a millones de personas.
Desde entonces, su carrera fue atravesada por el deseo de hacer de la música un espacio de encuentro espiritual, donde las personas no solamente se encuentren para escucharla, sino que se encuentren en la fe que comparten, dice. Y en ese camino, plagado de amor, conoció al que desde 2017 es su esposo, el músico y compositor: Tobías Buteler.
Las raíces de su voz
Athenas María Vénica nació el 10 de enero de 1992 en Buenos Aires, pero creció con una fuerte conexión con el norte santafesino, de donde proviene su familia, oriunda de las ciudades Reconquista y Avellaneda. Esa identidad marcó su vínculo con la música y con la cultura popular desde la infancia. “Mi papá es del paraje El Timbó, una zona agropecuaria que quiero mucho. Todavía está mi abuelo con su casa, ahí en el campo”, cuenta orgullosa.
Y la música era parte de la vida cotidiana en su hogar. Cantar en familia era una costumbre y su madre —a quien define como una cantante extraordinaria— la alentó desde pequeña a explorar distintos géneros. Antes de aprender canciones infantiles, Athenas ya cantaba zambas, chamamés y tangos. “Lo primero que aprendí fue una zamba, El Chúcaro, de Horacio Guarany. La segunda fue un chamamé, Puerto Tirol. Tenía seis años y la música estaba muy presente en mi infancia. Son canciones que aprendés de chico y se te quedan grabadas para toda la vida”, cuenta.

Mientras el folclore echaba raíces en su casa, la televisión de comienzos de los 2000 despertaba en ella nuevos sueños. Programas como Popstars y el fenómeno de Bandana y Mambrú ampliaron su universo musical, sin desplazar a sus referentes populares. Entre todos ellos, hubo una figura que la marcó especialmente: Soledad Pastorutti. “Yo tenía ocho años en 2001, así que todo eso me marcó mucho. Me acuerdo que en los libritos de los CD escribía que mi cantante favorita era La Sole”, cuenta. Fue también en esa época cuando hizo una promesa que todavía recuerda, admirada de su propia seguridad: “Le dije a mi mamá: ‘Si hay un concurso así para niños, yo voy a ir, voy a concursar y lo voy a ganar’”.
Con los años, ese vínculo con el folclore permaneció intacto, aunque tomó nuevos caminos. Después de vivir un tiempo fuera del país, regresar a la Argentina significó también reencontrarse con la música que había acompañado su infancia. “Hace mucho tiempo que teníamos ganas de hacer canciones con nuestras raíces. Volver a estar en Argentina, con nuestra gente, con nuestra cultura, fue el contexto perfecto”, explica.
Ese reencuentro dio origen a uno de los proyectos más personales de su carrera: un chamamé dedicado a la Virgen de Itatí, patrona de Corrientes y del Nordeste Argentino. “Fue como unir dos amores: la música popular y la fe. Es una canción que hice con muchísimo amor”, afirma. Para Athenas, esa obra no solo representó un regreso al género con el que creció, sino también una forma de volver a sus raíces familiares y culturales desde la música que siente que más la identifica.

Cantaniño y la irrupción de la exposición
Haciendo una línea de tiempo imaginaria sobre su vida, Athenas cuenta que a los diez años ingresó al reality musical Cantaniño, de Telefé, un programa que reunía a chicos de todo el país y que fue el punto de quiebre entre la vida cotidiana y la exposición pública. Pronto se formó un grupo infantil con el que recorrió escenarios de Argentina y Uruguay. Desde allí entendió de qué se trata ser una estrella pop, con apenas once años. “El primer evento que hicimos fue en La Rural, frente a doce mil personas. Pasamos de cero a cien en un instante”, cuenta. Ensayos, grabaciones, televisión y shows multitudinarios se volvieron parte de su día a día.
La rutina del grupo era intensa: los chicos ensayaban varias veces por semana, grababan discos, participaban de programas de televisión y viajaban a distintas provincias. “Recuerdo que lo primero que me llamó la atención fue la energía de los ensayos, el esfuerzo colectivo y la pasión de todos los chicos por la música”, relata. La exposición trajo reconocimiento, pero también una dinámica difícil de asimilar a esa edad. “Fue fuerte, no te lo voy a negar, pero la familia estaba muy presente. Las familias estaban super presentes. Mi familia, absolutamente. Creo que uno a esa edad no llega a tomar conciencia de todo. Yo tenía mis amigas y seguí viéndolas. Hice el colegio normal, pero afuera de todo eso no había mucho tiempo”, reconoce.

El grupo fue nominado a premios como los premios Martín Fierro y Gardel, y durante un tiempo, la fama fue parte de lo cotidiano. “Esas experiencias duran un tiempo y después rápidamente se apagan, y volvés casi a la normalidad. Como mucho, años después, algún comentario: ‘Vos eras la de Cantaniño, la de KtrasK’... El tiempo fuerte de mucha fama no fue tan largo tampoco. Se dio con naturalidad”, admite. Para ella, la experiencia fue una escuela de vida: aprendió a trabajar en equipo, a enfrentar el escenario y a manejar la presión de los grandes eventos desde muy pequeña.
Con el paso de los años, la vida del grupo fue perdiendo intensidad. No hubo un final brusco, sino un proceso gradual en el que cada uno fue tomando su propio rumbo.
“La exposición se fue apagando de a poco, no fue algo traumático. Cada uno siguió su camino, algunos en la música, otros no. Pero todos nos llevamos recuerdos muy fuertes y un aprendizaje enorme”, afirma. Con el tiempo, el silencio reemplazó a las luces del escenario y, en ese espacio, surgió la oportunidad de descubrir otras facetas de la música y de la vida.
El silencio elegido y la reconstrucción
A los quince años, Athenas sintió la necesidad de poner una pausa a la exposición y al ritmo que había marcado su infancia y preadolescencia. No fue una decisión motivada por el rechazo, sino por el deseo de experimentar una adolescencia diferente, lejos de los escenarios y las cámaras. “Dije: no quiero hacer nada por uno, dos, tres años. Tenía ganas de vivir mi adolescencia con mis amigos, salir, disfrutar de la vida cotidiana sin cámaras ni giras”, explica. Ese período funcionó como un descanso necesario, una oportunidad de reencontrarse con la música desde otro lugar.
Durante ese tiempo, la música siguió estando presente, pero de manera menos pública. Poco a poco, el deseo de explorar nuevos géneros y aprender más sobre su instrumento la llevó al Conservatorio Julián Aguirre, donde se acercó a la formación clásica y se animó a probar diferentes estilos e instrumentos, incluso la batería. “No era lo mío, pero fue divertido. La música ya no era solo escenario, era proceso”, relata. Participó en bandas de tango, de rock y de folclore, volviendo sobre las raíces que había cultivado en su casa y en su infancia.
A la par de la búsqueda musical, apareció un movimiento personal y espiritual que cambiaría el sentido de su vocación. “Empecé un proceso de fe y espiritualidad en el movimiento de la Palabra de Dios, que es una experiencia muy linda para los jóvenes”, cuenta. Fue allí donde descubrió, por primera vez, que la música podía ser un medio de conexión con Dios y no solo de expresión artística. “Nunca había utilizado la música como un medio para conectarme con mi fe, con mi espiritualidad. Y ahí por primera vez lo descubrí… La música te conmueve, te emociona, te ayuda a ir más allá de lo racional”, asegura emocionada.
Ese descubrimiento reorganizó su manera de cantar, componer y pensar el arte. El deseo de compartir lo que vivía en lo personal se volvió motor para integrar la música y la fe en un mismo proyecto vital. “Descubrí que la música podía ser mucho más que expresión artística; por primera vez la sentí como un medio para conectarme con Dios y con mi fe. Esa experiencia fue tan profunda que quise compartirla, y pensé que, si yo estaba viviendo algo así a través de mi voz, también podía ayudar a otros a experimentar lo mismo”, revive. Así empezó a sumarse a grupos de música católica contemporánea, a escribir canciones y a buscar nuevas formas de llegar a quienes también buscaban una experiencia transformadora.

La música como misión, el amor y el escenario
Con esa nueva perspectiva, Athenas decidió profesionalizar su camino en la música católica. Jonatan Narvaez fue el productor que la invitó a grabar y, sin saber que ese paso marcaría un antes y un después, aceptó el desafío. “Me dijo: ‘Si hacés esto es para tomártelo en serio, puede ser que tengas que viajar’. Yo tenía entre diecinueve y veinte años, y era justo lo que estaba buscando”, cuenta. Los primeros videos, grabados en un entorno sencillo y familiar, pronto alcanzaron una gran repercusión digital. “Subimos esos videos a una plataforma que entonces era nueva, YouTube, y rápidamente se volvieron virales. Llegó al millón de reproducciones. En ese momento llegar al millón era una locura, porque recién comenzaba YouTube”, recuerda.
Esa masividad inesperada abrió nuevas puertas: invitaciones a eventos, viajes a otros países y la oportunidad de compartir su música en escenarios internacionales. Uno de los momentos más impactantes llegó en la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, en 2013, donde cantó ante millones de jóvenes y el Papa Francisco.
“Por una ‘diocidencia’ —una combinación entre Dios y coincidencia—, como me gusta decir, me invitaron a cantar en el escenario principal, donde estaba el Papa. Todavía no había terminado de lanzar mi primer disco y ya estaba ahí, ¡frente a millones de personas! Era una emoción gigante, no lo podíamos creer”, revive.

En ese contexto religioso, en 2014, conoció a Tobías, su esposo y compañero musical. Pianista, compositor y con una formación académica sólida, compartía la visión de la música como vocación de servicio. “Nos conocimos en un encuentro musical católico y fue muy natural empezar a trabajar juntos. Los dos queríamos que nuestro primer amor fuera Dios”, resume el eje de la relación que también nació como un designio.
“Realmente nos conocimos gracias a una especie de ‘señal’. Tobías me contó que, mientras rezaba el rosario con su papá en el auto, sintió en el corazón que debía invitarme a salir. No es que estuviera interesado de antes ni nada parecido, simplemente tuvo esa intuición. Le pidió a un amigo, Maxi Largie —que también canta música católica—, que nos presentara. Maxi organizó una grabación y, con la excusa de que yo fuera a hacer coros para un video, logró que coincidamos. Fue ahí donde empezamos a hablar, y poco después comenzamos a salir y nos pusimos de novios”, resume. Desde entonces, componen y producen juntos, e hicieron de la música y la fe un proyecto compartido. La maternidad y la vida familiar también se integraron a ese viaje, aportando nuevas dimensiones a su arte y a su misión.

A lo largo de los años, Athenas lanzó varios discos, oraciones grabadas, salmos cantados y colaboraciones con otros músicos. En 2022, su álbum “Alfa y Omega” fue nominado al Latin Grammy como Mejor Álbum Cristiano. “Fue tremendo. Uno cuando se dedica a la música cristiana piensa que ciertas cosas no le van a pasar, pero que haya pasado es un reconocimiento al esfuerzo y también una oportunidad para que la música católica se conozca más”, explica y agradece a Dios —lo hace en todo momento— por ser ella ese nexo que un día supo en su interior que debía ser.
En el escenario, Athenas conserva la costumbre de cantar con los ojos cerrados, no como una pose, sino como un gesto de interioridad y conexión. Y dice que es inevitable. “Cuando cantamos, tenemos que desaparecer. Somos un medio para que la experiencia de fe y la música lleguen a los demás. El centro no soy yo, es la posibilidad de encuentro entre el público y Dios. Yo hasta desaparezco físicamente porque me arrodillo en el escenario”, afirma. Esa búsqueda de trascender lo individual y habilitar una experiencia colectiva es, en definitiva, el hilo que une toda su historia. “Mi misión es hacer música para que la gente pueda conectarse con su fe y que pueda conectarse con Dios”, finaliza.
Athenas Vénica
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¿Habrá nuevo Pokémon Presents este verano? Repasamos lo sucedido en los últimos años – Nintenderos

Seguro que muchos tenéis la mente en el siguiente Pokémon Presents. Tras conocer un estudio actualizado de los Pokémon más populares en cada país, ahora tenemos más noticias.
En el post que tenéis abajo, podemos ver que en los últimos años casi siempre ha habido un Presents en julio o en agosto:
Historial de Pokémon Presents de verano
- 2025 — 22 de julio
- 2024 — No hubo Pokémon Presents de verano
- 2023 — 8 de agosto
- 2022 — 3 de agosto
Desde 2021, cada Pokémon Presents de verano se ha anunciado oficialmente solo unos pocos días antes de su emisión. Ahora solo queda ver si se anunciará uno para este año con Pokémon Viento y Oleaje en el horizonte.
Summer Pokémon Presents history:
2025 — July 22
2024 — No summer Pokémon Presents
2023 — August 8
2022 — August 3
One interesting detail: every summer Pokémon Presents since 2021 was officially announced just a few days before it aired.
Do you think we’ll get a… pic.twitter.com/bizJJef2n4
— Light (@Light_88_) July 5, 2026
¿Qué os ha parecido? No dudéis en compartir vuestra opinión en los comentarios. Podéis consultar además todos los juegos de Pokémon para Nintendo Switch. También puedes consultar en la web los mejores juegos de Pokémon de la historia.
Vía.
Pokémon Presents
SOCIEDAD
Para emular a su madre: el oso hormiguero bebé que quedó huérfano y vive abrazado a un oso de peluche para sobrevivir

El Ministerio de Ambiente y Cambio Climático de la provincia de Jujuy dio a conocer un video en el que un oso hormiguero pequeño es asistido por un equipo de profesionales para, posteriormente, ser devuelto a la naturaleza.
En el registro audiovisual se observa una particularidad y es que el ejemplar está acompañado por una peluche de color blanco. Esto se debe a que el ejemplar rescatado es muy pequeño y está lejos de su madre, por lo que es preciso quitarle el miedo a través de un elemento que le sirva de compañía y se le asemeje en tamaño.
La utilización del peluche es de gran importancia porque cumple la función de reemplazar, en parte, el cuerpo de la madre. La cría se abraza al peluche, duerme con él y se siente protegida mientras recibe los cuidados necesarios de los especialistas.
El oso hormiguero fue encontrado en la localidad jujeña de Ledesma y una vez que se recupere, crezca en edad y tamaño, será reintroducido al ecosistema. Este proceso, según conta en el material audiovisual, llevará tiempo y está pautado que se realice en la provincia de Corrientes.
Gracias a este método, muchos osos hormigueros logran crecer con menos estrés, recuperan fuerzas y, cuando están listos, pueden regresar a su hábitat natural.
Cuando el oso hormiguero fue encontrado, estaba solo, fuera de su hábitat y sin chances de sobrevivir. Fue así que el equipo de fauna silvestre del Ministerio de Ambiente y Cambio Climático lo recibió y empezó a cuidarlo.
“Para que pueda volver al monte tiene que crecer, pasar una cuarentena sanitaria completa, y entrar en un programa de reintroducción profesional”, explica el video que acompaña la publicación en redes sociales.
A su vez, este organismo estatal, que en varios rescates trabaja con la Fundación Rewilding Argentina, informa el procedimiento que debe seguir la ciudadanía en caso de encontrar un ejemplar de alguna especie de fauna silvestre.
A nivel local, el equipo de fauna silvestre recomienda no tocar al animal y contactarse inmediatamente a través del servicio de mensajería WhatsApp, al número 3886080263 y esperar la asistencia del equipo profesional que realiza un análisis clínico del animal, evalúa su estado general y proyecta las condiciones para devolverlo a la naturaleza, según las características de cada ejemplar.
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