CHIMENTOS
Cine, lengua de señas y puente entre culturas: Emilio Insolera, el actor ítalo argentino que es sordo y conquista el mundo

Hay vidas que parecen hechas para el guion y Emilio Insolera lo sabe. Nació en Buenos Aires, pero su acento es global y su historia se mueve entre lenguas de señas, sets internacionales y una energía que desarma prejuicios. Protagonista de Sobran las palabras, la película italiana que escaló al primer puesto en Netflix y no para de sumar países y pantallas, Emilio es mucho más que un rostro: es un puente entre mundos que rara vez se rozan. En exclusiva con Teleshow, el actor comparte su recorrido, entre mudanzas, miradas y la certeza de que el cine puede decirlo todo sin una sola palabra.
En la industria, Insolera es ese nombre que aparece en los créditos de los grandes y se cuela en historias que cruzan fronteras. De trabajar con Johnny Depp, Jessica Chastain y Penélope Cruz, a recibir guiños de Ridley Scott y Jacob Elordi, el actor ítalo argentino se mueve entre sets de renombre internacional.
Hijo de una familia sorda, Emilio lleva el orgullo de su identidad como bandera, desarmando etiquetas con cada personaje y cada entrevista. Con una mirada que desafía, celebra y provoca, se planta ante el público y le recuerda que las palabras, a veces, sobran; lo que importa es lo que se siente, lo que se mira y lo que se comparte, sin traductores ni excusas.
—Mucha gente no sabe que naciste en Argentina… ¿qué vínculo tenés hoy el país?
—Es muy cercano. Nací y viví allí durante los primeros diez años. Mis primeras “grabaciones” de experiencia emocional y mental, que fueron muy bonitas y valiosas, quedaron profundamente impresas en mí y creo que se han reforzado desde el momento en que dejé el país. No faltan tampoco mi amor por la comida, desde las empanadas hasta los alfajores. Sigo teniendo experiencias increíbles cada vez que visito la gran ciudad azul y blanca.
—¿Recordás el momento en que dijiste: “quiero dedicarme a la actuación”?
—Desde niño, la actuación siempre fue parte de mí. En los pocos canales de televisión que había, entre estos Canal 7, 9, 11, 13, 2, veía películas sin subtítulos y sin sonido. Lo observaba todo de forma visual, incluso en los detalles más pequeños, pero me enfocaba principalmente en la actuación de los actores y desde ahí notaba algunas imperfecciones. Muchas veces terminaba imitándolos o imaginando cómo lo habría hecho yo mejor que ellos.
—Venís de una familia de personas sordas… ¿cómo influyó eso en tu identidad artística?
—Vengo de una familia de personas sordas, o, en otras palabras, de personas muy visuales que utilizamos una lengua exclusivamente visual. Mis padres, Alfio Insolera y María Cristina Drovetta, crecieron en una escuela para sordos, él en La Plata y ella en el Instituto Provolo; eran internos, por lo que la hermandad que mantienen con sus amigos y amigas de infancia es muy fuerte y profunda y, en términos cuantitativos, es una familia de sordos muy extensa, casi como una gran familia ampliada. Con esas líneas y rayos de luz, humor y slang en lengua de señas en la vida cotidiana con todos ellos, tuve sin dudas una influencia artística extremadamente positiva.
He incorporado en mí un lenguaje tejido de micro y macro expresiones faciales y una coreografía precisa desde brazos, manos hasta los dedos. No hay caos, aunque lo parezca desde fuera; hay gramática, estructura, arquitectura interna. Una lengua con reglas propias, orgánica y exacta, que exige años, décadas incluso, de refinamiento fino.

—¿Y cómo llevaste adelante tu educación?
—Yo iba al Instituto Oral Modelo, una escuela para personas sordas, pero no usábamos la lengua de señas. Yo utilizaba ambas lenguas: la sonora en la escuela y la visual fuera de ella. Este era el plan de mis padres: me preparaban para ser bi-modal y estar listo para convivir en ambos mundos, el audio-céntrico y el visual-céntrico. En Italia fui a una escuela para personas sordas, donde se usaba la LIS (Lengua de Señas Italiana) y luego cambié entre varias escuelas, tanto de oyentes como de sordos. Finalmente obtuve la beca Fulbright-Wirth y me fui a la Gallaudet University, en Estados Unidos, la única universidad del mundo para personas sordas. Este recorrido, y el aprendizaje de diferentes lenguas visuales, desde la LSA (Lengua de Señas Argentina), LIS hasta la ASL (Lengua de Señas Americana), me permitió desarrollar no solo un vocabulario visual más amplio, sino también una mayor sofisticación en las configuraciones manuales, las técnicas de movimiento, la fluidez y los distintos estilos de uso a nivel comunicativo.
—En una industria tan centrada en el sonido, ¿creés que todavía falta entender sobre el mundo de los sordos, o como decís, de los visual-centralistas?
—Sí, la fuerza lingüística de la industria cinematográfica es audiocéntrica, todavía no se ha comprendido del todo lo que queremos decir cuando hablamos de nuestro visualcentrismo. No se trata de imágenes visuales en el sentido convencional. Hablamos de lenguas, de nuestras manifestaciones expresivas del pensamiento y del sentimiento a nivel lingüístico. Es otro sistema de input y output comunicativo. Y, sin embargo, esta área sigue siendo en gran parte inexplorada. Aún no se ha entendido en profundidad este territorio.
—¿Sentís que hubo un progreso a raíz de los avances tecnológicos?
—Sí, muchos avances, desde las videollamadas hasta los subtítulos automáticos, que obviamente nos hacen respirar. Es exactamente comparable a lo que representaron para ustedes el nacimiento del teléfono o del cine sonoro. Lo que todavía falta explorar más profundamente es el reconocimiento de las lenguas de señas. A partir de ahí, podrían generarse subtítulos automáticos o incluso una voz de IA que hable por uno. Hay que asegurar siempre que ambas dimensiones, la sonora y la visual, estén bien equilibradas en cada innovación tecnológica para garantizar una accesibilidad justa para quienes las utilizan.
—Trabajaste con estudios enormes como Universal, Disney o Paramount… ¿hubo algún momento en el que sentiste “llegué”?
—“Llegar” no es una palabra que use para describirlo. Estoy de viaje dentro de esta industria y sé que todavía vienen nuevos capítulos. Hay directores y artistas con los que quiero colaborar, eso seguro. Pero, al mismo tiempo, tengo una responsabilidad en términos de representación. Además de romper estereotipos, todavía faltan historias realmente visuales, no como “tema”, sino como lenguaje en sí: una cultura más visual que pueda expresarse sin representaciones erróneas, sin distracciones, sin esa falta de foco en los detalles que realmente importan, y que pueda expandirse con precisión.

Eso es lo que quiero ver como resultado: algo más afilado, más consciente, más avanzado y estético en su intención visual, donde pueda decir sin dudas: “esta película me representa” o “me da orgullo verla”. Esto puede funcionar, sí, pero solo si hay un núcleo pequeño, muy afinado, de profesionales sordos trabajando en el centro del proceso junto a un equipo de oyentes. No como inclusión decorativa, sino como arquitectura real del lenguaje. El ojo del sordo ve lo que el ojo del oyente no ve.
—Tu película Sobran las palabras llegó al Top 10 en más de 40 países… ¿en qué momento te diste cuenta de que esto ya no era un proyecto más?
—Ya me di cuenta desde el momento en que me llamaron para este rol. Es el remake de la película francesa La Famille Bélier, que luego los estadounidenses adaptaron con CODA, hasta el punto de que Troy Kotsur, un actor sordo estadounidense, ganó el Óscar al mejor actor de reparto. Me preparé con algunos diálogos y, durante los primeros días de producción, le dije al director Luca Ribuoli que necesitábamos algunos ajustes en los diálogos, en particular con la lengua de señas, para que el mundo pudiera conectarse con la película. Él me respondió: “Esta es una película italiana, nacional, no pensada para el exterior. Es solamente para Italia.” En ese momento pensé: “No, todavía no entiende con quién está trabajando. Con Emilio Insolera. Y posiblemente no reconoce su propio talento; es un gran director”.

—También alcanzó el primer puesto en Argentina, ¿te sorprendió?
—Me imaginaba que en mi país natal, Argentina, de alguna manera, iba a alcanzar el número uno y así ocurrió. En una reciente video-entrevista con Matías Cufré, periodista sordo argentino de Locufre, la primera radio-streaming en Lengua de Señas Argentina accesible también para oyentes, descubrí un dato interesante a nivel estadístico: muchas personas en Argentina no utilizan Apple TV, por lo que no tuvieron la oportunidad de ver CODA. En ese contexto, Sobran las palabras se convirtió para muchos en la primera película de este tipo. El engagement generado por la comunidad sorda y sus aliados impulsó fuertemente la película en el ranking, acompañado también por el interés de la Generación Z y del público amante de la música. Desde una perspectiva de marketing, los datos muestran claramente que la lengua de señas en el cine es muy marketable: tiene un alto potencial de impacto y conexión con el público.
—¿Qué creés que conecta tanto con el público?
—Creo que lo que conecta tanto con el público de Sobran las palabras es la mezcla de varios elementos potentes. Primero, el contraste constante entre la música armónica y el ruido fastidioso. Esto genera tensión y humor al mismo tiempo, de una forma cómica un poco exagerada e irónica al estilo italiano. Segundo, el amor como lenguaje universal: la conexión y la desconexión entre los personajes muestran que el entendimiento va mucho más allá de las palabras.

—¿Qué te dejó este personaje a nivel personal?
—Me recordó a mi padre de alguna manera. De niño dejó Sicilia para ir a Buenos Aires, a los 10 años, y más tarde, cuando tenía alrededor de 50 años, regresó a Italia con toda la familia, incluido yo, que en ese momento tenía 10 años. Círculo interesante que se repite. Bueno, él tuvo una educación discontinua debido a la situación de la posguerra. A pesar de ser profundamente sordo y comunicarse exclusivamente a través de la lengua de señas, siempre tuvo una gran determinación y una fuerte voluntad para alcanzar sus objetivos.
Su pasión por los autos era tan intensa que, gracias a su fuerte base en matemática aplicada y precisión técnica, logró trabajar como matricero, para varias empresas automotrices. Aparte de mi padre, hoy en día el personaje de Alessandro Musso me deja sonrisas. Sería interesante explorar más este personaje. Me hago preguntas: “¿Qué haría como político?, ¿cómo manejaría el trabajo?» Ya me río solo imaginándolo: un caos total, como un casino, todo desordenado.
—¿Sentís que hoy hay un cambio real en la representación o todavía es más excepción que regla?
—Sí, hoy hay cambios. Hay más apertura por parte de la industria. Pero, al mismo tiempo, todavía sigue siendo más la excepción que la regla. Para mí, el cambio concreto sería cuando el mundo entienda que hablar visualmente es humano y no está reservado únicamente para una categoría de personas.
—¿Alguna vez te ofrecieron un rol que rechazaste por cómo representaba la sordera?
—Sí, he recibido guiones y he tenido que rechazarlos cuando la representación no estaba bien hecha, estaba mal planteada o claramente escrita por personas que imaginan lo que es la sordera o intentan explicar cómo se vive siendo sordo sin haberlo vivido. Siempre estoy abierto a modificarlo si hay espacio para cambios y mejoras.


—¿Cómo ves la relación entre actores de Hollywood y la lengua de señas dentro de la industria actual?
—Debo decir que muchos actores en Hollywood tienen una excelente relación con la lengua de señas y algunos conocen lo básico. Lo primero que me dijo Joaquin Phoenix en una fiesta en Los Ángeles, llevando todavía en la mano el Globo de Oro que acababa de ganar por su papel en Joker, fue que conocía el alfabeto manual. Era muy entusiasta y abierto a expandir la conversación desde ese ámbito. Sebastian Stan también me comentó que tenía un amigo sordo, así que nuestra conversación fue bastante fluida durante las semanas que compartimos rodaje. Incluso me dijo que le gustaría usar más lengua de señas en algunas películas.
El problema muchas veces no son los actores, sino los equipos de producción: hay que formar e instruir mejor a los equipos. Con Quentin Tarantino, por ejemplo, se mostró más bien reservado e inquieto, casi como si su percepción dominante era lo auditivo, con cierta dificultad para mantener una conversación fluida. Aun así, creo que puede ser una figura capaz de generar un gran cambio en la forma de contar historias y en la inclusión de actores sordos en el cine.

—¿Hay prejuicios en Hollywood que el público no ve?
—Sí, seguramente por falta de información correcta y de diversidad mediática. Todo empieza con los guionistas, donde muchas veces no se incorpora la diversidad desde el inicio del proceso creativo. Luego está el casting, donde las agencias de talento no siempre proponen a sus clientes para personajes sordos o visuales. Y después están los directores y productores, que no se atreven a hacer pequeños cambios en el lenguaje del diálogo o en la estructura misma de la escena.

Por ejemplo, en la película The 355, la actriz Jessica Chastain, ganadora del Oscar a la Mejor Actriz y una de las productoras de este proyecto, me ayudó a conseguir una audición con Simon Kinberg, lo que me permitió obtener un papel en la película. Todo esto fue posible no solo porque ella reconocía mi talento, sino también porque estaba familiarizada con lo básico de la lengua de señas y la cultura sorda. Por esto los medios de comunicación, como ustedes, los que moldean cómo se habla de nosotros y de nuestra comunidad visual, tienen un rol muy importante.
—¿Trabajaste alguna vez en una película en Argentina?
—Hace como una década aparecí en el videoclip de María Eva Albistur, “Flash”. Me gustó mucho la vibra, la identidad y el concepto del personaje interpretado por mí. Sería interesante expandir este ángulo y convertirlo en una película. Durante más o menos este mismo periodo me crucé con Gaspar Noé en un bar en la calle Honduras, en Buenos Aires, ambos estábamos de visita, y hablamos de nuestra movida en Japón, él para Enter the Void y yo para Sign Gene. Muy buena onda. Incluso estábamos armando un encuentro, pero el tiempo era corto: ambos en la capital por la misma razón, nuestros padres no estaban bien de salud, y al final perdimos el contacto.

Por otro lado, recientemente, fui contactado por Disney en Estados Unidos para prestar mi voz de doblaje en inglés a un personaje sordo en la serie argentina Limbo, producida por Mariano Cohn y Gastón Duprat. Lo hice, pero en Argentina la serie se realizó con un actor oyente que fingía ser sordo. Lamentablemente, el resultado de su actuación fue incorrecto en varios aspectos. Habría sido mejor contar con un actor sordo real y utilizar su propia voz en castellano, para lograr una representación más auténtica y respetuosa. Hoy en día, me encantaría trabajar en una película argentina, además de Gaspar, Mariano y Gastón, quizá con Ricardo Darín. Creo que juntos podemos crear algo potente.
—Si hoy ese chico que nació en Buenos Aires te viera, ¿qué creés que diría?
—Estaría orgulloso de mí mismo, sin dudas. Quizás me haría algunas preguntas, porque todavía no hago otro tipo de películas que admiraba y sigo admirando.

—¿Qué mensaje le darías a alguien que siente que su diferencia es un límite?
—Para mí, es una forma de bullying no intencional usar el término “capacitado” en oposición a “discapacitado”. Nadie es perfecto. Todos tenemos nuestros límites. Muchas veces, esos límites pueden superarse si buscamos soluciones en lugar de quedarnos dentro del problema. También es importante distinguir si se trata de un límite individual o de un límite externo. Y si lo es, se puede evitarlo o trabajar para cambiarlo. Lo peor es adaptarse pasivamente.
CHIMENTOS
Cuando el Indio Solari se convirtió en El Artista Invitado: un viaje por sus grabaciones con otros músicos

En una era de la industria dominada por feats, repasar las colaboraciones del Indio Solari puede parecer un trabajo de arqueología que se hace más sencillo al andar. En una conducta que se espeja con su obra integral, todos los caminos conducen a la amistad o a la gratitud, a su casa suburbana y a la cofradía de graciosos y valientes. Al fin de cuentas, el hombre que elegía no figurar ni en sus propios discos, que fue Caballo Loco, Monsieur Sandoz, El Fisgón Ciego, El Cantante Tímido o, simplemente, El Artista Invitado, puso su garganta en proyectos ajenos en contadísimas ocasiones, de orígenes y propuestas bien diversas y solo al servicio de sus compañeros de ruta.
Es parte del mito ricotero aquello del Solos y de Noche, que el Indio enarboló como nadie. La premisa autoimponía no compartir cartel con otros artistas y presentarse una vez que el sol moría. El escenario fue constituido como un espacio sagrado y celoso de cada movimiento. Por ello, Skay Beilinson, Horacio Fontova y hasta Luca Prodan pasaron por el micrófono principal cuando la máxima amenazaba con romperse. La misma regla nunca escrita parecía correr también para las vistas al estudio, con contadas excepciones.
La primera vez que el Indio colaboró con otro artista ya tenía casi 20 años de carrera con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la banda que se acercaba inexorablemente a una desbordante masividad. Se trata de Tren de Fugitivos (1997), el álbum debut de El Soldado, y no casualmente participan todos los integrantes de la banda originada en La Plata.
El Soldado es el alias de Rodolfo Luis González, plomo de Los Redondos desde los 80, bautizado así por el Indio cuando lo vio llegar a un ensayo luego de participar del servicio militar. Del disco participaron todos los músicos de Los Redondos, incluido Gabriel Jolivet, el Conejo, muy cerca del grupo en aquellos años, y guitarrista iniciático en el camino musical de El Soldado.
Solari interpreta dos canciones. En “Trago especial”, cabalga en la línea clásica del rock sureño, pisando fuerte en el coro y con Skay aportando su guitarra eléctrica en un duelo de banjo y slide. La otra es “Ángel de los perdedores”, que se convirtió en un clásico y se prestó a confusiones. En los comienzos de Internet, cuando la información circulaba difusa, muchos pensaron que se trataba de uno de los tantos inéditos de Los Redondos que empezaban a trasladarse de las cintas analógicas al mundo digital. El tema conmueve con su cadencia de balada rutera, intercalando las estrofas y el estribillo en un tema cuyas reproducciones se cuentan de a millones.
Tuvieron que pasar casi diez años, incluida la separación de la banda, para que el Indio volviera a un estudio de visitante. Y mucho tuvo que ver Lito Vitale, ingeniero y productor en Gulp, el primer disco de estudio de Patricio Rey sus Redonditos de Ricota grabado en 1985. Pero Lito fue mucho más que eso. Los Redondos se inspiraron en MIA, el colectivo liderado por los padres de Vitale, el modelo independiente para gestar su música.
Sus caminos se cruzaron nuevamente en 2006. Con el Indio ya erigido como uno de los artistas más populares de su tiempo, Vitale encaró la tarea de homenajear al rock argentino, que por entonces cumplía simbólicas cuatro décadas. Para ello, se propuso superar definitivamente una de sus grietas: le propuso a Gustavo Cerati que interpretara “La bestia pop”, de Los Redondos. Cerati aceptó, con la condición de que el Indio hiciera suya “La ciudad de la furia”, de Soda. “Yo participo, pero voy a cantar ‘El Salmón’, fue lo que dijo Solari según el relato de Lito.
La elección tiene sus motivos en un tema que se volvió alter ego y declaración de principios de Andrés Calamaro y sus años en Deep Camboya. Más allá de algún cruce ocasional en el febril under de los 80, el vínculo entre ambos se cimentó en los 2000, desde el mito de Calamaro pogueando de incógnito en uno de los River de Los Redondos hasta el mimo de Solari a la gesta de Andrés de editar un disco quíntuple como rebeldía ante las discográficas.
Además de grabar “El Salmón” –Cerati finalmente hizo “Los libros de la buena memoria”, del Spinetta de Invisible- el Indio invitó a Calamaro para “Veneno paciente”, canción de Porco Rex, donde se lo escucha susurrar, casi como si fuera un aporte clandestino. El ciclo se cerró en diciembre de 2008, cuando Andrés estuvo invitado en La Plata en los conciertos por la presentación del disco. Además de estas dos canciones, hicieron “Esa estrella era mi lujo”, canción de amor del repertorio ricotero. “Los artistas populares no son nuestros enemigos” lo defendió cuando algunos fans ortodoxos cuestionaron con silbidos la presencia de Andrelo.
En aquel hiperactivo 2008, Solari tendió un puente entre su pasado y su presente al grabar con Sergio Dawi y Pablo Sbaraglia. En Quijotes al ajillo, segundo álbum del saxofonista de Los Redondos, puso su gola (Dawi dixit) en “Gato Negro”, mientras que para el disco del tecladista de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado resucitó un personaje del imaginario ricotero en “Nada (Zippo Rock)”. Del espíritu circense del gato (un pariente lejano de “La Pajarita Pechiblanca”, el tema que volvería a juntar a Dawi, Semilla y Walter con el Indio los siete años después) al rock cancionero de quien tomó la posta en el liderazgo fundamentalista.
La siguiente parada de este viaje se sitúa en 2011, cuando la voz del Indio se escucha en Blindado, el disco de Baltasar Comotto, en el que también participaron Luis Alberto Spinetta y Ricardo Mollo. A Solari se lo siente muy a gusto en el perfil industrial que propone uno de los guitarristas fundamentalistas. Y permite desentrañar parte de ese sonido que Solari fue a buscar para su proyecto post Redondos.
María Victoria Lata era una piba que como tantas otras seguía a Los Redondos. Conocida como Mavi, es el símbolo de una generación crecida en los 90 que encontró en el Indio y su banda las respuestas que no encontraba en el estado ni en una sociedad cada vez más individualista. Su vida terminó demasiado pronto, el 22 de mayo de 1999, cuando tenía 19 años, después de luchar contra un cáncer y plantando una llama que recién empezaba a flamear.
Del dolor de esa pérdida nació Mavirock, la banda que fundaron sus padres Luis Rolando Lata y Silvia Cattino para mantener vivo el espíritu de una adolescente que congregaba a sus amigos con guitarras, poesías y lecturas profundas en su cuarto de Ramos Mejía.
Mavi era ricotera desde los siete años y asistía a los recitales de Los Redondos junto a su familia. Esa pasión la llevó, durante su enfermedad, a forjar un vínculo con Indio Solari, quien respondió a una carta desesperada de Silvia con una visita que la familia atesoró para siempre. “Ese día la vimos reírse después de mucho tiempo”, contó Silvia.
De ese período surgió “Grito de Guerra” (Transmutaciones, 2016), una canción grabada junto Solari y compuesta por Mavi, inspirada en el libro Primavera Negra de Henry Miller, que el músico le había recomendado.
Al año siguiente participó en el disco de Tamboor, alter ego del guitarrista Emanuel Sáez. El hijo de Julio, quien fuera manager y músico de Solari al comienzo de su camino solista, conoce al Indio desde chico y se dio el gusto de tocar con Los Fundamentalistas en vivo.
Para “Súper tribu” eligió convocarlo para un recitado y lo que se escucha es un Indio gutural y enigmático como inconfundible, con un cierre con su sello: “Usted y todos hemos dejado de ser libres ya”.
En 2023, Sergio Colombo, saxofonista de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, editó La Misión junto a su proyecto reggae El Natty Combo. Allí reversionó su tema Cinco y sumó la voz del Indio en una rareza al verlo incursionar en el género jamaiquino.
El cantante registró su parte en Luzbola, el estudio ubicado en su casa de Parque Leloir, en una pieza que participaron las guitarras de Comotto y Benegas y las voces de Deborah Dixon y Luciana Palacios, también del universo fundamentalista: “Cuando terminamos de mezclarla, la escuchamos juntos. Quedó muy contento. Recuerdo que ni bien terminó la primera escucha, me pidió que la pusiera de nuevo. Estaba muy cómodo con el resultado de su voz. Eso me tranquilizó”, explicó Colombo en una nota con la revista Rolling Stone.
La última colaboración del Indio queda como legado y símbolo de su curiosidad artística. Se trata de “Quemarás”, un feat con Wos en clave balada oscura, que tiende un puente con la música urbana en uno de sus exponentes más ligados al universo del rock.
El tema se publicó en marzo de 2024 y fue adelantado por Solari en una entrevista con el Mariskal Romero. “Probablemente cante una canción con Wos, me vino a invitar el otro día”, le dijo al español, algo que ratificó luego en una entrevista con Julio Leiva en Caja Negra. “Tengo la suerte de que los jóvenes se siguen enganchando con cosas que yo hago. Probablemente los que tengan 10 años ya no, pero a los pibes que tiene 14 o 15 todavía les gusta eso”. Las postales de su multitudinaria despedida, en la jornada plomiza de Domínico, certifican estas palabras. Las de un artista que atravesó generaciones y clases con su obra. Y que hasta el último momento se propuso trascender.
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Se hartó: la drástica decisión de Bautista Cuiña tras el escándalo con Juanita Tinelli

El nombre de Bautista Cuiña quedó en el centro de la escena mediática tras el fuerte escándalo con Juanita Tinelli, un conflicto que derivó en una denuncia y que continúa generando repercusiones tanto en los medios como en redes sociales.
En las últimas horas, y en medio del crecimiento exponencial de comentarios, versiones y especulaciones sobre lo ocurrido en un boliche de la zona de la Costanera, el joven decidió tomar una determinación que no pasó desapercibida: restringir por completo su exposición en redes sociales.
Según se pudo ver en su perfil de Instagram, Bautista optó por dejar su cuenta en modo privado, limitando así el acceso a su contenido únicamente a seguidores aprobados. La decisión llega en un contexto de fuerte presión pública, donde su nombre comenzó a circular en programas de televisión y portales de espectáculos a raíz del conflicto.
Hasta el momento, el joven había intentado mantener un bajo perfil, alejado de la exposición mediática, pero la magnitud del caso lo colocó inesperadamente en el centro de la escena. En cuestión de horas, su vida privada pasó a ser tema de debate en redes, donde se multiplicaron opiniones, hipótesis y mensajes de todo tipo.
La medida adoptada también se refleja en la actividad de su cuenta, que mantiene un número reducido de publicaciones y una dinámica mucho más cerrada en comparación con semanas anteriores. Este giro digital es interpretado por muchos como un intento de frenar la exposición en un momento especialmente delicado.
Mientras tanto, la situación judicial continúa su curso. La investigación por la denuncia presentada sigue en manos de la Justicia, que deberá analizar testimonios y pruebas para determinar con precisión lo sucedido aquella noche. Por ahora, no hay resoluciones oficiales y el caso sigue abierto.
En paralelo, el entorno del joven evita hacer declaraciones públicas, mientras el tema continúa escalando en los medios de comunicación y sumando nuevos capítulos con el correr de los días. La decisión de cerrar su perfil marca así un punto de inflexión en medio del escándalo, en un intento por recuperar algo de privacidad en un escenario donde cada movimiento es observado con atención.
Bautista Cuiña, Juana Tinelli
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Jorge Marrale, el fútbol, Malvinas y un papel que lo conecta con sus grandes pasiones: “El que ama, resiste”

Para Jorge Marrale, La casaca de Dios es mucho más que una película sobre uno de los partidos más importantes en la historia de los mundiales, aquel Argentina versus Inglaterra del inolvidable México 86. El lema aseguraba que mundo estaba unido por un balón, pero estos dos países seguían atravesados por una guerra demasiado latente, con la pelota como inesperado botín y un héroe todavía de carne y hueso dispuesto a convertirse en leyenda. Por eso, para el actor de mil batallas, reconocido tanto por su labor sobre los escenarios como por su gestión como dirigente de SAGAI, la película encerraba muchos guiños a su historia personal.
En el filme dirigido por Fernán Mirás y protagonizado junto a Natalia Oreiro, Marrale interpreta a Titi Malvestiti, el utilero de un club venido a menos pero que guarda en su foja de servicios haber estado en aquel inolvidable vestuario de México. La ficción disparada de un hecho real –el intercambio de camisetas entre Diego Maradona y el inglés Steve Hodge y el derrotero posterior de la número 10 del astro-, propone una gesta entre un relato desgarrador y los pasos de comedia que surgen mientras busca recuperarla. A él no le interesa tanto aquel pedazo de tela azul, conseguida de apuro en la previa del 22 de junio de 1986 y cosida a mano por las costureras de la concentración del América. Él sabe que guarda un secreto vinculado a su hijo caído en combate en la guerra de Malvinas. Y nadie le quita de la cabeza que eso tuvo mucho que ver con lo que ocurrió sobre el césped del Azteca.
Por eso, Titi Malvestiti sufre con las apariciones de su hijo en las noches, mientras (sobre) vive en las entrañas de un club que se cae a pedazos. Por eso, Jorge Marrale conecta con aquel pibe que creció en Barracas “sin más alternativas que ser de Boca”, habitué de la Bombonera y admirador de Pescia, Edwards, Rattín, Gonzalito y Valentim”. En esta charla con Teleshow, los recita como quien se aferra a una niñez a la que, gracias a la magia del oficio, cada tanto puede reconectar.
Las imágenes quedaron marcadas para siempre. Las caminatas con su padre, su tío y su primo a la cancha, cuando todavía se entraba gratis en el segundo tiempo. “Era emocionante estar frente a los molinetes, escuchar el griterío y ver que con una seña pasábamos a la gloria”, evoca. Y entremezcla el eco de la voz del estadio y el clamor de la hinchada mientras apuraba los escalones hasta la tercera bandeja, con el aroma de un menú que repite hasta hoy. “Pizza de cancha previo al partido y a veces choris a la pomarola. Estómagos de acero”, suelta con una carcajada.
—Con este bagaje futbolero, qué recuerdo tenés de aquel Argentina vs Inglaterra y el momento en el que se confabularon la mano de Dios y el gol del siglo?
—El recuerdo del partido es una mezcla de lo real con una montaña de emociones desbordadas, afonía, palpitaciones lágrimas y miradas infinitas para inaugurar el DIOS para siempre. Enfrentar a los ingleses era una historia aparte. Estaba Malvinas amasándose en el pecho de todo el país. Y de los ingleses seguro que tambien pero con signo distinto. ¿Quien podía dudar de lo que se jugaba en esa cancha? Esa batalla había que ganarla. Todos teníamos en la cabeza y el corazón a los pibes que no volvieron más. A los veteranos que ya empezaban a ser descuidados o corridos por aquellos insensibles, necios, brutos de corazón, ciegos idiotas que insistían en depositar la derrota en el cuerpo de esos pibes. Todo esto que te cuento lo tuve en mente y cuerpo todo el rodaje. La película para mí, por el rol que tuve que asumir, estaba sumergida en esa mezcla de hecho mítico y al mismo tiempo doloroso. Un hijo que no vuelve más y una camiseta que lo contiene y de alguna manera lo revive.
—¿Cómo viviste la guerra en tiempo real?
—La viví como el espanto y horror que significó la dictadura. Como la continuidad de un proyecto de destrucción en manos de seres perversos. Pasados 44 años de un período aberrante, la guerra, la muerte que conlleva forma parte de uno mismo. No hay que recordar porque ya está alojada en un estado de permanencia. Forma parte de mi historia. Hoy, apoyando la teoría de que el tiempo no pasa sino que todo esta al mismo tiempo interactuando dentro nuestro (presente, pasado y futuro), la significación de la guerra es la confirmación de cómo se pudo romper un país y al mismo tiempo verificar cómo se lo puede seguir rompiendo.

—Yendo a tu personaje, Titi tiene una ligazón muy fuerte con su club, su lugar en el mundo, y al que se aferra a pesar de que siempre parece la peor posibilidad o a cada rato surge un inconveniente. ¿Qué lectura hacés de esa resistencia? ¿Hay una declaración de principios o se parece más a una resignación?
—Entendí a Titi como un ser real pero al mismo tiempo no pude correrlo de considerarlo un ser metafórico. Un viejo en los tiempos presentes. Un viejo que amó apasionadamente su pertenencia a un espacio de enseñanza, participación, crecimiento de pibes ilusionados por triunfar pero con conciencia de poder creer en lo creativo de lo que cada uno ellos es dueño. El que ama, resiste. Aunque el objeto se diluya. Más que una declaración de principios es una acción básica para poder seguir, para sostener el motor que le da vida y pertenencia. Por eso el personaje puede desdoblarse y ser metafórico. ¿Quien puede sobrellevar la perdida de la pasión sin dejar en esa lucha todo lo que lo sostiene? Titi, un poco, somos todos. Todos los que no aceptan la resignación. Los que eligen seguir hasta que las velas no ardan.
—Actuás con tu hijo Federico, quien hace el mismo papel en su juventud y el parecido es realmente impactante ¿Conversaron entre ustedes sobre la construcción de ese personaje?
—Actuar con Federico fue un hallazgo de Fernán Mirás. Él lo propuso desde el inicio. Hay una serie de escenas en donde presente y pasado se unen. Y ahí nos cruzamos el Titi del 86 y el Titi de hoy. Fede y yo. Vernos haciendo esas acciones, por más ficción que sea, resuena de una manera única. Transitar lo que nos enamora a los dos, lo que nos da felicidad y caminar mirándonos en esa secuencia me hizo ver en un sentido existencial lo que Fede “es en mí “y lo “que yo soy en Fede”. Es difícil de explicar, sólo se puede sentir por ser lo que somos: padre e hijo.
—¿Y cómo se generó la química con Natalia Oreiro? Ella tiene un amor fuerte por su padre y, a su manera, por el club, pero hay un vínculo que resulta complejo a partir de algunas discrepancias.
—Titi y su hija tienen un mundo del pasado no resuelto. Titi está cognitivamente averiado. Los recuerdos no pueden verificarse como sucedidos lo cual hace que esos dos mundos choquen sin poder repararse. Lo que considero notable en el encuentro con Nati Oreiro es que esa dificultad insalvable nos haya hecho crear ese vínculo tan particular. La ausencia del hijo, de su hermano, es el pilar desde donde pueden reencontrarse. Confieso que toda la secuencia que va desde ir a reconocer la camiseta hasta el final sentados en un sillón es una de las secuencias más emotivas transitada por mi en mi historia como actor. Solo había que sentir y mirarnos. Natalia y su entrega serán inolvidables para mí.
Luego de su estreno en salas comerciales el pasado 9 de abril, La casaca de Dios puede verse desde principios de junio en Amazon. Una realidad de estos tiempos que corren, donde el cine y las plataformas dialogan con mayor o menor fluidez en un momento de la industria particular, diferente a otros que atravesó Marrale. La ficción en televisión parece una quimera y el teatro se ofrece como un lugar de resistencia en un escenario en el que la cultura parece ser enemiga de las políticas oficialistas. “La gente en general ama el cine y sus variables audiovisuales”, dice el actor con la autoridad que le otorga su experiencia, y se dispone a analizar este presente, tanto desde su rol de artista como de dirigente en la presidencia de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (SAGAI).
—¿Cómo es esto de ser actor en tiempos del dominio de las plataformas?
—Las plataformas se instalaron en el mundo para ser mercados activos de venta del audiovisual. También generaron trabajo para el universo que crea esos audiovisuales. Los actores somos, con los técnicos, probablemente el mayor número de beneficiados. No entro a considerar acá las notables diferencias que hay entre los países que imponen a conciencia una cuota de obra nacional con respecto a aquellos, como el nuestro, que no propone, desde el estamento estatal, ninguna cuota. Esto hace que algunas industrias audiovisuales se desarrollen de una manera sustantivamente superior a otras. No quiero abundar en lo que está sucediendo en nuestro espacio laboral, pero es importante resaltar que la falta de ficción en TV sumado a la casi parálisis del fomento al cine y la escasa inversión privada generan una desocupación más que preocupante en todo nuestro universo laboral.

—¿Cómo se explica el éxito de algunas producciones locales en el mundo?
—Es cierto que nuestras obras audiovisuales, muchas de ellas, tienen llegada a otros públicos con reconocimiento y repercusión. Esto es porque hay talento y perseverancia en la concreción de las obras. Lo que no hay es estímulo y apoyo a ese desarrollo. Esa es la consecuencia de este parate cultural. La negación de lo propio. El ataque a la cultura es un proyecto, un próposito. Las demoliciones de las culturas generadas por la humanidad tienen larga data. Son las formas más arcaicas de dominación.
—¿Cuál es la tarea de SAGAI en este escenario?
—Desde SAGAI lo que hacemos es conectar con las distintas plataformas para conformar acuerdos en donde se respete la Propiedad Intelectual de nuestros socios. Trabajo arduo si los hay. No todas las plataformas responden en tiempo y forma lo cual provoca una restricción en cobro y distribución de regalías. Pero estamos avanzando en acuerdos de reciprocidad con distintas Sociedades de Gestión del mundo y eso hace que sus obras y las escasas obras nuestras, puedan ser cobradas.
—En este panorama el teatro parece vivir una etapa de florecimiento del que formás parte con Cuestión de Género, la obra con Moria Casán. ¿Cuál es el secreto de ese éxito?
—Cuestión de Género es un evento. Encara un acontecimiento particular que promueve carcajada y silencio transitando prejuicio y realidad cruda y dura. Una mezcla explosiva. La química que conseguimos con Moria es un factor esencial en el suceso de la obra, sumado al trabajo de Paula Kohan y Ariel Pérez De María, con los cuales armamos un cuarteto por momentos desopilante. Felices todos de estar haciendo esta obra en el Metropolitan. El teatro puede pasar por momentos críticos pero lo que no pierde nunca es una renovación permanente de nuestro publico que no solo va al teatro, sino que lo necesita. Nuestra historia da cuenta de esto. El teatro independiente, que nació hace tantos años, desarrolló un camino que no tiene retorno. Seguirá dando muestras acabadas de lo que es con nuevos autores más actrices y actores. Es una fuente inagotable de creación teatral. Solo hay que esperar que los ramalazos de los que no lo quieren no lleguen a dañarlo más de lo esperable.
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