CHIMENTOS
¡Y le funciona! La increíble forma en la que Marta Fort se presenta con un chico que le gusta: «Siempre digo la misma pelotudez»

Con apenas 22 años Marta Fort atravesó de todo, incluso muchas más cosas de las que podría haber enfrentado otra chica de su edad. Al menos desde lo particular de sus días cotidianos. No podía ser menos para la hija del inolvidable Ricardo El Comandante Fort: desde niña su vida estuvo expuesta al público, al igual que su hermano Felipe. Además, la crio una niñera y un papá que, como cualquier otro padre, hizo lo que pudo, millones de dólares al margen.
Hoy, Martita busca hacerse su propio camino, hacerse un nombre —porque el apellido, al fin, ya lo tiene—. Así es como estuvo en Blender at Night, el ciclo de José María Listorti en streaming. Y a pura picardía, dejó un tendal de confesiones hot. Pero también de afirmaciones curiosa.
Por caso, al contar de aquella vez que estuvo en Alemina por un viaje laboral, recordó cuando conoció a un muchacho por una app de citas y se presentó. Contexto: Marta es famosa en Argentina, pero en Europa es una completa desconocida, con todas las ventajas y las desventajas que tiene el anonimato.
Es por eso que al presentarse, ¿cómo explicar quién es? No resulta tan simple. Pero Marta le encontró la vuelta, como le explicó a Listorti: «¿Sabés qué dije, que me encanta, que siempre digo la misma pelotudez? ‘I’m like an argentinian Willy Wonka’», es decir: «Soy como una Willy Wonka argentina».
La original definición de la hija de Ricardo —quien ha contado que se mudó de casa porque sentía la presencia de su padre— hizo estallar de risa al estudio y dejó una broma de Jose María: «¡Tomá Rada! La tenés adentro».
LA APUESTA SEXUAL QUE GANÓ MARTA FORT
La definición venía a cuento porque con ese chico de 27 años que conoció en Alemania, Marta Fort ganó una apuesta sexual. Así, como leíste. La heredera explicó que compartió ese viaje laboral a Europa con «un grupo muy morboso», en el que cierto día se pactó un desafío: «‘Hoy pierde el que no coge’ (se planteó). Y yo no perdí«.
Marta lo contacó por una app, lo esperó en su hotel y, luego de esa presentación a lo Willy Wonka criolla, se quedó con el desafío. Y con una anécdota más para contar.
Marta Fort; Ricardo Fort
CHIMENTOS
Cine, lengua de señas y puente entre culturas: Emilio Insolera, el actor ítalo argentino que es sordo y conquista el mundo

Hay vidas que parecen hechas para el guion y Emilio Insolera lo sabe. Nació en Buenos Aires, pero su acento es global y su historia se mueve entre lenguas de señas, sets internacionales y una energía que desarma prejuicios. Protagonista de Sobran las palabras, la película italiana que escaló al primer puesto en Netflix y no para de sumar países y pantallas, Emilio es mucho más que un rostro: es un puente entre mundos que rara vez se rozan. En exclusiva con Teleshow, el actor comparte su recorrido, entre mudanzas, miradas y la certeza de que el cine puede decirlo todo sin una sola palabra.
En la industria, Insolera es ese nombre que aparece en los créditos de los grandes y se cuela en historias que cruzan fronteras. De trabajar con Johnny Depp, Jessica Chastain y Penélope Cruz, a recibir guiños de Ridley Scott y Jacob Elordi, el actor ítalo argentino se mueve entre sets de renombre internacional.
Hijo de una familia sorda, Emilio lleva el orgullo de su identidad como bandera, desarmando etiquetas con cada personaje y cada entrevista. Con una mirada que desafía, celebra y provoca, se planta ante el público y le recuerda que las palabras, a veces, sobran; lo que importa es lo que se siente, lo que se mira y lo que se comparte, sin traductores ni excusas.
—Mucha gente no sabe que naciste en Argentina… ¿qué vínculo tenés hoy el país?
—Es muy cercano. Nací y viví allí durante los primeros diez años. Mis primeras “grabaciones” de experiencia emocional y mental, que fueron muy bonitas y valiosas, quedaron profundamente impresas en mí y creo que se han reforzado desde el momento en que dejé el país. No faltan tampoco mi amor por la comida, desde las empanadas hasta los alfajores. Sigo teniendo experiencias increíbles cada vez que visito la gran ciudad azul y blanca.
—¿Recordás el momento en que dijiste: “quiero dedicarme a la actuación”?
—Desde niño, la actuación siempre fue parte de mí. En los pocos canales de televisión que había, entre estos Canal 7, 9, 11, 13, 2, veía películas sin subtítulos y sin sonido. Lo observaba todo de forma visual, incluso en los detalles más pequeños, pero me enfocaba principalmente en la actuación de los actores y desde ahí notaba algunas imperfecciones. Muchas veces terminaba imitándolos o imaginando cómo lo habría hecho yo mejor que ellos.
—Venís de una familia de personas sordas… ¿cómo influyó eso en tu identidad artística?
—Vengo de una familia de personas sordas, o, en otras palabras, de personas muy visuales que utilizamos una lengua exclusivamente visual. Mis padres, Alfio Insolera y María Cristina Drovetta, crecieron en una escuela para sordos, él en La Plata y ella en el Instituto Provolo; eran internos, por lo que la hermandad que mantienen con sus amigos y amigas de infancia es muy fuerte y profunda y, en términos cuantitativos, es una familia de sordos muy extensa, casi como una gran familia ampliada. Con esas líneas y rayos de luz, humor y slang en lengua de señas en la vida cotidiana con todos ellos, tuve sin dudas una influencia artística extremadamente positiva.
He incorporado en mí un lenguaje tejido de micro y macro expresiones faciales y una coreografía precisa desde brazos, manos hasta los dedos. No hay caos, aunque lo parezca desde fuera; hay gramática, estructura, arquitectura interna. Una lengua con reglas propias, orgánica y exacta, que exige años, décadas incluso, de refinamiento fino.

—¿Y cómo llevaste adelante tu educación?
—Yo iba al Instituto Oral Modelo, una escuela para personas sordas, pero no usábamos la lengua de señas. Yo utilizaba ambas lenguas: la sonora en la escuela y la visual fuera de ella. Este era el plan de mis padres: me preparaban para ser bi-modal y estar listo para convivir en ambos mundos, el audio-céntrico y el visual-céntrico. En Italia fui a una escuela para personas sordas, donde se usaba la LIS (Lengua de Señas Italiana) y luego cambié entre varias escuelas, tanto de oyentes como de sordos. Finalmente obtuve la beca Fulbright-Wirth y me fui a la Gallaudet University, en Estados Unidos, la única universidad del mundo para personas sordas. Este recorrido, y el aprendizaje de diferentes lenguas visuales, desde la LSA (Lengua de Señas Argentina), LIS hasta la ASL (Lengua de Señas Americana), me permitió desarrollar no solo un vocabulario visual más amplio, sino también una mayor sofisticación en las configuraciones manuales, las técnicas de movimiento, la fluidez y los distintos estilos de uso a nivel comunicativo.
—En una industria tan centrada en el sonido, ¿creés que todavía falta entender sobre el mundo de los sordos, o como decís, de los visual-centralistas?
—Sí, la fuerza lingüística de la industria cinematográfica es audiocéntrica, todavía no se ha comprendido del todo lo que queremos decir cuando hablamos de nuestro visualcentrismo. No se trata de imágenes visuales en el sentido convencional. Hablamos de lenguas, de nuestras manifestaciones expresivas del pensamiento y del sentimiento a nivel lingüístico. Es otro sistema de input y output comunicativo. Y, sin embargo, esta área sigue siendo en gran parte inexplorada. Aún no se ha entendido en profundidad este territorio.
—¿Sentís que hubo un progreso a raíz de los avances tecnológicos?
—Sí, muchos avances, desde las videollamadas hasta los subtítulos automáticos, que obviamente nos hacen respirar. Es exactamente comparable a lo que representaron para ustedes el nacimiento del teléfono o del cine sonoro. Lo que todavía falta explorar más profundamente es el reconocimiento de las lenguas de señas. A partir de ahí, podrían generarse subtítulos automáticos o incluso una voz de IA que hable por uno. Hay que asegurar siempre que ambas dimensiones, la sonora y la visual, estén bien equilibradas en cada innovación tecnológica para garantizar una accesibilidad justa para quienes las utilizan.
—Trabajaste con estudios enormes como Universal, Disney o Paramount… ¿hubo algún momento en el que sentiste “llegué”?
—“Llegar” no es una palabra que use para describirlo. Estoy de viaje dentro de esta industria y sé que todavía vienen nuevos capítulos. Hay directores y artistas con los que quiero colaborar, eso seguro. Pero, al mismo tiempo, tengo una responsabilidad en términos de representación. Además de romper estereotipos, todavía faltan historias realmente visuales, no como “tema”, sino como lenguaje en sí: una cultura más visual que pueda expresarse sin representaciones erróneas, sin distracciones, sin esa falta de foco en los detalles que realmente importan, y que pueda expandirse con precisión.

Eso es lo que quiero ver como resultado: algo más afilado, más consciente, más avanzado y estético en su intención visual, donde pueda decir sin dudas: “esta película me representa” o “me da orgullo verla”. Esto puede funcionar, sí, pero solo si hay un núcleo pequeño, muy afinado, de profesionales sordos trabajando en el centro del proceso junto a un equipo de oyentes. No como inclusión decorativa, sino como arquitectura real del lenguaje. El ojo del sordo ve lo que el ojo del oyente no ve.
—Tu película Sobran las palabras llegó al Top 10 en más de 40 países… ¿en qué momento te diste cuenta de que esto ya no era un proyecto más?
—Ya me di cuenta desde el momento en que me llamaron para este rol. Es el remake de la película francesa La Famille Bélier, que luego los estadounidenses adaptaron con CODA, hasta el punto de que Troy Kotsur, un actor sordo estadounidense, ganó el Óscar al mejor actor de reparto. Me preparé con algunos diálogos y, durante los primeros días de producción, le dije al director Luca Ribuoli que necesitábamos algunos ajustes en los diálogos, en particular con la lengua de señas, para que el mundo pudiera conectarse con la película. Él me respondió: “Esta es una película italiana, nacional, no pensada para el exterior. Es solamente para Italia.” En ese momento pensé: “No, todavía no entiende con quién está trabajando. Con Emilio Insolera. Y posiblemente no reconoce su propio talento; es un gran director”.

—También alcanzó el primer puesto en Argentina, ¿te sorprendió?
—Me imaginaba que en mi país natal, Argentina, de alguna manera, iba a alcanzar el número uno y así ocurrió. En una reciente video-entrevista con Matías Cufré, periodista sordo argentino de Locufre, la primera radio-streaming en Lengua de Señas Argentina accesible también para oyentes, descubrí un dato interesante a nivel estadístico: muchas personas en Argentina no utilizan Apple TV, por lo que no tuvieron la oportunidad de ver CODA. En ese contexto, Sobran las palabras se convirtió para muchos en la primera película de este tipo. El engagement generado por la comunidad sorda y sus aliados impulsó fuertemente la película en el ranking, acompañado también por el interés de la Generación Z y del público amante de la música. Desde una perspectiva de marketing, los datos muestran claramente que la lengua de señas en el cine es muy marketable: tiene un alto potencial de impacto y conexión con el público.
—¿Qué creés que conecta tanto con el público?
—Creo que lo que conecta tanto con el público de Sobran las palabras es la mezcla de varios elementos potentes. Primero, el contraste constante entre la música armónica y el ruido fastidioso. Esto genera tensión y humor al mismo tiempo, de una forma cómica un poco exagerada e irónica al estilo italiano. Segundo, el amor como lenguaje universal: la conexión y la desconexión entre los personajes muestran que el entendimiento va mucho más allá de las palabras.

—¿Qué te dejó este personaje a nivel personal?
—Me recordó a mi padre de alguna manera. De niño dejó Sicilia para ir a Buenos Aires, a los 10 años, y más tarde, cuando tenía alrededor de 50 años, regresó a Italia con toda la familia, incluido yo, que en ese momento tenía 10 años. Círculo interesante que se repite. Bueno, él tuvo una educación discontinua debido a la situación de la posguerra. A pesar de ser profundamente sordo y comunicarse exclusivamente a través de la lengua de señas, siempre tuvo una gran determinación y una fuerte voluntad para alcanzar sus objetivos.
Su pasión por los autos era tan intensa que, gracias a su fuerte base en matemática aplicada y precisión técnica, logró trabajar como matricero, para varias empresas automotrices. Aparte de mi padre, hoy en día el personaje de Alessandro Musso me deja sonrisas. Sería interesante explorar más este personaje. Me hago preguntas: “¿Qué haría como político?, ¿cómo manejaría el trabajo?» Ya me río solo imaginándolo: un caos total, como un casino, todo desordenado.
—¿Sentís que hoy hay un cambio real en la representación o todavía es más excepción que regla?
—Sí, hoy hay cambios. Hay más apertura por parte de la industria. Pero, al mismo tiempo, todavía sigue siendo más la excepción que la regla. Para mí, el cambio concreto sería cuando el mundo entienda que hablar visualmente es humano y no está reservado únicamente para una categoría de personas.
—¿Alguna vez te ofrecieron un rol que rechazaste por cómo representaba la sordera?
—Sí, he recibido guiones y he tenido que rechazarlos cuando la representación no estaba bien hecha, estaba mal planteada o claramente escrita por personas que imaginan lo que es la sordera o intentan explicar cómo se vive siendo sordo sin haberlo vivido. Siempre estoy abierto a modificarlo si hay espacio para cambios y mejoras.


—¿Cómo ves la relación entre actores de Hollywood y la lengua de señas dentro de la industria actual?
—Debo decir que muchos actores en Hollywood tienen una excelente relación con la lengua de señas y algunos conocen lo básico. Lo primero que me dijo Joaquin Phoenix en una fiesta en Los Ángeles, llevando todavía en la mano el Globo de Oro que acababa de ganar por su papel en Joker, fue que conocía el alfabeto manual. Era muy entusiasta y abierto a expandir la conversación desde ese ámbito. Sebastian Stan también me comentó que tenía un amigo sordo, así que nuestra conversación fue bastante fluida durante las semanas que compartimos rodaje. Incluso me dijo que le gustaría usar más lengua de señas en algunas películas.
El problema muchas veces no son los actores, sino los equipos de producción: hay que formar e instruir mejor a los equipos. Con Quentin Tarantino, por ejemplo, se mostró más bien reservado e inquieto, casi como si su percepción dominante era lo auditivo, con cierta dificultad para mantener una conversación fluida. Aun así, creo que puede ser una figura capaz de generar un gran cambio en la forma de contar historias y en la inclusión de actores sordos en el cine.

—¿Hay prejuicios en Hollywood que el público no ve?
—Sí, seguramente por falta de información correcta y de diversidad mediática. Todo empieza con los guionistas, donde muchas veces no se incorpora la diversidad desde el inicio del proceso creativo. Luego está el casting, donde las agencias de talento no siempre proponen a sus clientes para personajes sordos o visuales. Y después están los directores y productores, que no se atreven a hacer pequeños cambios en el lenguaje del diálogo o en la estructura misma de la escena.

Por ejemplo, en la película The 355, la actriz Jessica Chastain, ganadora del Oscar a la Mejor Actriz y una de las productoras de este proyecto, me ayudó a conseguir una audición con Simon Kinberg, lo que me permitió obtener un papel en la película. Todo esto fue posible no solo porque ella reconocía mi talento, sino también porque estaba familiarizada con lo básico de la lengua de señas y la cultura sorda. Por esto los medios de comunicación, como ustedes, los que moldean cómo se habla de nosotros y de nuestra comunidad visual, tienen un rol muy importante.
—¿Trabajaste alguna vez en una película en Argentina?
—Hace como una década aparecí en el videoclip de María Eva Albistur, “Flash”. Me gustó mucho la vibra, la identidad y el concepto del personaje interpretado por mí. Sería interesante expandir este ángulo y convertirlo en una película. Durante más o menos este mismo periodo me crucé con Gaspar Noé en un bar en la calle Honduras, en Buenos Aires, ambos estábamos de visita, y hablamos de nuestra movida en Japón, él para Enter the Void y yo para Sign Gene. Muy buena onda. Incluso estábamos armando un encuentro, pero el tiempo era corto: ambos en la capital por la misma razón, nuestros padres no estaban bien de salud, y al final perdimos el contacto.

Por otro lado, recientemente, fui contactado por Disney en Estados Unidos para prestar mi voz de doblaje en inglés a un personaje sordo en la serie argentina Limbo, producida por Mariano Cohn y Gastón Duprat. Lo hice, pero en Argentina la serie se realizó con un actor oyente que fingía ser sordo. Lamentablemente, el resultado de su actuación fue incorrecto en varios aspectos. Habría sido mejor contar con un actor sordo real y utilizar su propia voz en castellano, para lograr una representación más auténtica y respetuosa. Hoy en día, me encantaría trabajar en una película argentina, además de Gaspar, Mariano y Gastón, quizá con Ricardo Darín. Creo que juntos podemos crear algo potente.
—Si hoy ese chico que nació en Buenos Aires te viera, ¿qué creés que diría?
—Estaría orgulloso de mí mismo, sin dudas. Quizás me haría algunas preguntas, porque todavía no hago otro tipo de películas que admiraba y sigo admirando.

—¿Qué mensaje le darías a alguien que siente que su diferencia es un límite?
—Para mí, es una forma de bullying no intencional usar el término “capacitado” en oposición a “discapacitado”. Nadie es perfecto. Todos tenemos nuestros límites. Muchas veces, esos límites pueden superarse si buscamos soluciones en lugar de quedarnos dentro del problema. También es importante distinguir si se trata de un límite individual o de un límite externo. Y si lo es, se puede evitarlo o trabajar para cambiarlo. Lo peor es adaptarse pasivamente.
CHIMENTOS
Diego y Omar Romay: “Billy Elliot es ese tipo de historia que interpela tanto a los padres como a los más chicos”

No cualquiera…
Cuando “salir a jugar” quería decir exactamente eso, salir a jugar a la pelota (en la vereda) o a la escondida con los amigos del barrio (“¡piedra libre para todos los compa!!!!“) y no sentarse fente a la compu para ”jugar a la Play“… En esos días no cualquiera podía darse el gusto de, con tan solo 17 años, encontrarse produciendo un programa de la tele muy pero muy visto, Musica en Libertad, o conocer de primera mano el back de la polémica y bizarra visita de Los American Beetles, en 1964, que además de sobrarles una E y faltarles una A, lo que más les faltaba, claro, era Paul, John, George y Ringo, más allá de sus morochos flequillos…
Todo eso le pasó a Omar Romay desde muy chico.
O corretear, por ejemplo, entre los auténticos decorados de Darío Vittori o las mesitas tipo bar de Grandes Valores del Tango…
Eso también le pasó a Diego Romay desde muy chico.
Claro, así cualquiera: porque Omar y Diego son de la dinastía Romay, hijos de Alejandro, el Zar, para cualquiera que tenga más de 40, sinónimo automático de Canal 9, el canal de la palomita, que es como decir José de Zer (“¡Seguime, Chango!“”), Raúl Rossi, “¡Y feliz domingo para todossssssssssss!“, en fin, horas y horas de TV, teta nutritiva de más de una generación de cuando la tele era blanco y negro y, al apagarla, quedábamos colgados de ese sugestivo puntito luminoso que seguía titilando en la pantalla.
Todo eso es ayer. Hoy, ahora mismo, Diego y Omar están reunidos con Teleshow (“¡Nuestra primera nota juntos, eh!”, vende con estusiasmo el encuentro Diego), y es que Omar vive en Miami y está recién llegado para el inminante estreno… Lo que están por estrenar los hermanos —este 27 de mayo— es Billy Elliot, el Musical en el teatro Opera.
Seguramente, todo el mundo recuerda la película; incluso los que no la vieron saben de qué va: estrenada en el año 2000, cuenta la historia de Billy, un niño de clase obrera de 11 años, que crece en el proletario condado de Durham, Inglaterra. Hacia 1984/85 descubrirá su pasión por el ballet justo en los críticos días de Margaret Thatcher, cuando un profundo ajuste estatal dispara conflictos sociales… Entre ellos, la famosa huelga minera, el principal sustento económico de la región, que deja sin trabajo tanto a su padre, Jackie, como a su hermano mayor, Tony, ambos mineros. Con este trasfondo social, el nudo conflictivo del filme se plantea cuando Jackie descubre que Billy, a quien mandó a practicar boxeo “como los hombres”, en realidad se enamora del ballet, luego de ver una clase accidental en su gimansio. Billy lo sabe, lo siente, está seguro: la danza es su vocación.Y abrazará ese sueño más allá de la oposición familiar y de los prejuicios sociales. Fin. Aplausos, lágrimas, saquen los pañuelos…
—Imposible hablar de Billy Elliot, entonces, sin remontarnos a la peli. ¿Cuándo recuerdan haber visto la peli?
Diego: —Hará diez años atrás la habré visto. Y recién después vi el musical.
Omar: —Yo la película no la vi, vi la obra en Madrid, cuando estrenamos -en coproducción- en nuestro teatro, el Alcalá, hace cuatro años atrás. Pero fue Diego el que se enamoró de la pieza antes que yo, y empezó a explorar la posibilidad de traerla a Buenos Aires.
Diego: —Y ahí Omar me dijo: “¿Por qué no la hacemos juntos? Yo te ayudo, te acompaño”.
Omar: —Totalmente, pero me acuerdo como si fuera hoy, la hora cero habrá sido casi dos años atrás en el Círculo Italiano, ahí, en Libertad al 1200, un restaurant al que mi papá iba mucho. En Madrid duró… ¿cuánto, tres, cuatro años…?
Diego: —… tres temporadas.
Omar: —Fue un éxito enorme. Estamos hablando… no sé, unas quinientas mil personas habrán pasado.
—Y acá están a punto de estrenar la versión argenta, el proximo miércoles 27 de mayo, o sea, días de ensayo general…
Omar: —Sí, pero en el caso de Billy…, como hay tres elencos, se tienen que pasar tres ensayos generales…
—¿Cómo es eso de los tres elencos? Desarrollenlo un poco…
Omar: —Un tema de minoridad.
Diego: —Minoridad te obliga a que ningún chico menor de dieciocho años puede hacer determinadas cantidades de funciones semanales. Pensá que en total tenés ochenta y cuatro personas en escena.
—Repasemos, entonces, el proceso desde el casting inicial hasta esta realidad del estreno…
Diego: —Bueno, Teleshow tuvo la oportunidad de ver todo desde el casting inicial que se hizo en la Fundación Julio Bocca. Primero tuvimos las audiciones, que fueron hace un año y medio atrás. Ahí fueron quedando seleccionados los chicos candidatos para Billy… De ahí pasamos a ensayar durante un mes y medio en un estudio cerrado, que buscamos uno estudio que replique las medidas del escenario, porque requería un espacio grande, que, ¿sabés dónde fue?

—¿Dónde?
Diego: —¡En Canal 9, justo! Y de ahí ya saltamos a los ensayos finales acá, en el Opera.
—¿Cómo está la venta previa? ¿Expectativas…?
Diego: —Supercaliente, lo notamos en llamadas a la boletería y, sobre todo, en redes. Mirá, te muestro -y muestra-. “¿Cuándo agregan funciones? ¿Cuándo agregan funciones?” -le preguntan varios posteos.
Omar: —Eso es, aclaremoslé a la gente, porque la obra va a estar hasta el 2 de agosto: sólo ocho semanas.
—¿¡Solo ocho!? ¿Por? ¿No es una inversión muy grosa para presentarla sólo ocho semanas?
Diego: —Por el teatro; el Opera, después del 2 de agosto, ya tenía programado otros shows. Pero sí que hay dos o tres semanas de agosto que por ahí seguimos… Billy Elliot es una obra auténticamente familiar; muchos pueden verla como una infantil, pero no: acá se interpela tanto a los chicos como a los mayores. Y tiene ese gran mensaje de que, más allá de las dificultades sociales que te ha tocado atravesar, con determinación, y creyendo en vos mismo, los sueños se pueden hacer realidad.
Omar: —Incluso fijate que incluye el tema de la grieta mucho antes de lo que se hablaba acá…
—¿Te referís al hecho de que la historia sucede en Inglaterra a mediados de los ‘80, plena época de la Thatcher, cuando la famosa crisis de los mineros?
Omar: —Claro, esa grieta se internacionalizó. Acá la vivimos muy de cerca, pero la obra la encara frontal, en el sentido de la importancia de la unidad del obrero para proteger sus derechos y sus luchas. Y por el otro lado, la libertad que Billy representa, que es la individualidad, los deseos personales de superación. Y esa discusión que existe en la obra entre qué hay que privilegiar: si el avance del sindicato o el progreso individual…
—Bueno, una cosa no quita la otra, pero sí está muy presente ese conclicto, es cierto, y salir de un teatro y poder hablar de esas cosas con los pibes siemprre está bueno, ¿no?
Omar: —Absolutamente. Para mí, es ese tipo de historia que interpela tanto a los padres como a los más chicos, ya vas a ver…
—Ya veremos, entonces. Ahora sí, los llevo un poco hacia atrás, o bien para atrás mejor: ¿dónde comienzan, para cada uno, sus primeros recuerdos en relación a “mi papá es el dueño de Canal 9″?
Omar: —El Nueve nace en el ’63, yo tenía siete años. Y me acuerdo que una mañana de domingo papá nos llamó a los tres más grandes al dormitorio y nos dijo que se iba a meter en un proyecto muy grande, que le iba a llevar veinticuatro horas-siete en la cabeza. Y si estábamos de acuerdo, si lo apoyábamos, ¿qué pensábamos de eso?
—Bueno, si pienso en tanta tarea hecha con Bonanza de fondo (¡ese mapa quemándose en los títulos!), en tantos Feliz Domingo con Marconi primero y Soldán después, los aplausos para Darío Vittori cuando abria esa puerta en su living de vodevil, y así podría seguir, digo está claro que en aquella reunión familiar le dieron su okey a papá Romay…

Omar: —Hasta ahí la radio había sido una experiencia familiar y la televisión ya no lo iba a ser. Cuando en el ’58 papá accede a Radio Libertad, la radio era un espacio donde íbamos a visitarlo, participaba toda la familia. El estaba en una cabina de locutores trabajando o podía estar en la oficina y nosotros íbamos a verlo. En cambio después viene la televisión y él ya sabía que le iba a chupar la cabeza. A partir de ahí vivimos otra experiencia. Ahí mi recuerdo más grande tiene que ver con los programas ómnibus, sábado y domingo, que eran de ocho horas de duración. Papá los dirigía desde una cabina en el segundo piso, que tenía una gran vidrio sobre el estudio principal…
—¿Qué programas eran?
Omar: —Y, ahí arranca Sábados Continuados, originalmente con Antonio Carrizo y después con Emilio Ariño. Los domingos también estaba Domingos de la ciudad...
—¡Cómo! ¿No era Feliz domingo?
Omar: —¡Noooooo! Domingos de la ciudad es anterior. Pero el recuerdo más intenso no es con Sabados continuados sino con Sabados de la bondad, con Héctor Coire. Ibamos a ese lugar en el segundo piso. Mamá llevaba comida o cocinaba (había una pequeña cocinita) y comíamos mientras veíamos el programa desde arriba. Había muchos invitados, de pronto venía Pelé desde Brasil, por ejemplo; o Cantinflas, Mario Moreno, desde México, o Mina desde Italia, y yo aprovechaba para pedirles una foto, claro…


—¿Estamos hablando de qué año… 1963, ‘64?
Omar: —Un poquito más: ‘65-’66…
—O sea, pasaron a vivir en el canal, entre comillas…
Omar: —Total. Y pasamos a ser parte de un mundo de artistas, qué sé yo… —Se queda pensando—. Mirtha empieza con sus almuerzos… En realidad, la anécdota es que ella viene a competir por una institución de bien público -pasaba mucho eso- y hacía tiempo que no hacía cine. Sube al segundo piso y estaba muy hermosa con un sombrero, me acuerdo. Y papá le dice: “¿Por qué no te venís en la semana y hablamos?“, y ahí se inicia el primer contacto que la lleva a firmar con papá por los almuerzos.

—En cambio a vos, Diego, te agarra más pequeño…
Diego: —Claro, con ocho… no, nueve años.
—¿Y tenés imágenes vivas todavía?
Diego: —¡Muuuuuuuuuy! Y así como Omar lo toma a mi viejo en el viaje de ida en el canal, yo lo tomo en el viaje de vuelta. Era la época en la que estaba volviendo la democracia… a mí me agarra con doce, trece años. En esa época era muy divertido ir a jugar entre los decorados de las novelas…
—¿Hablamos del histórico pasaje Gelly, no?
Diego: —¡Gelly tres tres siete ocho, claro! Ahí arranca mi historia en el canal. Ya un poquito más de preadolescente me acerqué a un director muy legendario de esa época, Raúl Caserta, y jugábamos mucho con su hijo también. Era el placer de salir del colegio —aparte yo iba medio día— y a la tarde mandarme para el canal a divertirme.

—Por cierto, leí por ahí que ya en la secundaria, participaste con tu escuela en Feliz Domingo y gracias a que tenías algunos contactos… en fin, perdían pero seguían. ¿Verdadero o falso?
Diego: —(Risas) Cierto. Yo iba al colegio Dorrego, que ya no existe más. Llegó quinto año y obviamente nos anotamos, a ver si ganábamos el vviaje a Bariloche! Pero perdimos.
—Momento, ¿etapa Marconi o Silvio Soldán?
Diego: —No, no, Silvio Soldán…
Omar: —Con Jorgito Rossi…
Diego: —… claro. Pasó que perdimos en primera ronda.
—¡Pará, pará, Diego!, diría Fantino. Pensá que fuimos toda una generación tratando de combatir la culpa porque en lugar de estar estudiando para el otro día Historia (¡con la Menotti en mi caso, muy brava, la Menotti!) o Física (¡con el Toto Epstein!, sigue recordando el cronista), en lugar de eso nos colgábamos con Feliz Domingo hasta que tarde o temprano mi viejo me preguntaba “¿no tenés nada que estudiar, vos?» Así que despacio, Diego…
Diego: —(Risas) No, y nada… lo confieso: si bien perdimos, se hicieron algunas gestiones sobre la marcha y logramos llegar al repechaje…
—¿Y… cómo les fue?
Diego: —Ni así, perdimos igual (más risas).
Fin.
Fotos: Jaime Olivos
CHIMENTOS
Yanina Latorre explotó de furia como nunca, a puros insultos contra un famoso actor: «No hay que darle trabajo a ese hijo de p…»

La polémica en torno a la biopic de Andrea Del Boca sigue creciendo y sumó un capítulo explosivo tras las durísimas declaraciones de Yanina Latorre. Todo se originó a partir de la versión que indica que Juan Darthés podría formar parte del proyecto, una biopic sobre su historia con Ricardo Biasotti, una posibilidad que generó un inmediato rechazo.
El dato no tardó en instalarse en los medios y, como era de esperarse, abrió un fuerte debate. En ese contexto, Yanina fue una de las voces más críticas y no dudó en manifestar su indignación frente a esta eventual decisión.
“¿Ustedes saben a qué actor están buscando para que haga a Biasotti? A Juan Darthés. ¿Hay algo más estigmatizante?”, lanzó en primer lugar, dejando en claro su sorpresa por el rumbo que estaría tomando el proyecto, desde su canal en El Observador.
Pero lejos de quedarse ahí, profundizó su postura con una frase aún más fuerte, en la que expuso cómo se construiría ese personaje: “¿Hay algo más estigmatizante? Lo quieren dejar como un hijo de p…, violador y abusador”, disparó, generando un fuerte impacto.
YANINA LATORRE FURIOSA CONTRA JUAN DARTHÉS
La panelista también apuntó directamente contra Andrea Del Boca, cuestionando el trasfondo de la decisión. “Me parece de una mente diabólica. No hay que darle trabajo a ese hijo de p… y menos para estigmatizar a un hombre que hoy es inocente», sostuvo, sin filtros, alimentando aún más la polémica.
En la misma línea, Yanina fue por más y dejó una definición contundente sobre Darthés: “Es un hijo de p…”, afirmó, dejando en claro su postura personal frente al actor y todo lo que lo rodea.
Finalmente, cerró con una frase que resume su enojo: “Es demasiado, se fueron todos los límites”. La biopic, que aún ni siquiera comenzó a rodarse, ya quedó envuelta en un escándalo que promete seguir sumando repercusiones.
Yanina Latorre, Andrea del Boca, Ricardo Biasotti
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