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POLITICA

Con el fin de las PASO y un plan para pagar la deuda, Milei prepara el terreno para la batalla por la reelección

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Mientras Luis Caputo y Santiago Bausili terminan de definir los detalles del programa financiero con el que el Gobierno buscará despejar las dudas sobre el pago de la deuda hasta fines de 2027, Diego Santilli afrontará esta semana otra negociación igual de decisiva para el futuro de Javier Milei: empezar a construir la mayoría política y las condiciones que el presidente necesitará para intentar la reelección.

Las dos discusiones avanzan en paralelo. Una apunta a convencer a los mercados de que la Argentina podrá cumplir sus compromisos financieros sin sobresaltos durante el próximo año electoral. La otra busca convencer a gobernadores y aliados de acompañar una reforma electoral que elimine o suspenda las PASO y, al mismo tiempo, amplíe la base política del oficialismo.

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No son dos agendas independientes. Son los dos pilares sobre los que Milei empezó a preparar el terreno para la elección presidencial de 2027.

Después de un año y medio dedicado casi exclusivamente a estabilizar la economía, bajar la inflación, ordenar las cuentas públicas y sostener un programa de reformas con un Congreso donde nunca tuvo mayoría, el Presidente abrió una nueva etapa de gobierno. El objetivo económico sigue siendo el mismo. Lo que empezó a cambiar es la prioridad política.

Hasta hace pocos meses, la construcción del poder libertario giraba alrededor de una idea: consolidar La Libertad Avanza como una fuerza nacional con identidad propia, aun cuando eso implicara competir contra gobernadores y dirigentes que acompañaban al Gobierno en el Congreso.

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Ahora la lógica empezó a modificarse.

Javier Milei le tomó juramento a Diego Santilli en la Casa Rosada junto a Manuel Adorni

La jura de Diego Santilli como jefe de Gabinete dejó la primera imagen de esa nueva etapa. Los trece gobernadores que participaron de la ceremonia en la Casa Rosada no fueron invitados únicamente para respaldar al nuevo funcionario. El Gobierno buscó enviar un mensaje hacia adentro y hacia afuera: el segundo tramo del mandato necesitará más acuerdos políticos que el primero.

La fotografía volverá a repetirse parcialmente esta semana. El miércoles por la noche, Milei viajará junto con su Gabinete a San Miguel de Tucumán para participar de la vigilia por el Día de la Independencia. Varios gobernadores volverán a compartir esa escena con el Presidente, apenas unos días después de la asunción de Santilli. No será una imagen casual. La Casa Rosada quiere consolidar la idea de una nueva etapa en la relación con las provincias.

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El cambio no supone abandonar la confrontación que caracterizó buena parte del primer año y medio de gestión. Tampoco implica renunciar a la identidad libertaria. Significa otra cosa: aceptar que un eventual segundo mandato requerirá una mayoría política mucho más amplia que la actual.

Santilli lo resumió con una frase que pronunció en la entrevista que este fin de semana publicó Infobae y que dentro del oficialismo interpretan como una definición de método: “En la etapa que viene, los colores no definen. Lo que va a definir el futuro es si volvemos para atrás o seguimos para adelante”.

La frase tiene destinatarios concretos.

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Gobernadores del PRO.

Radicales.

Partidos provinciales.

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Y también sectores del peronismo que empezaron a mirar con preocupación la interna abierta entre Axel Kicillof y el kirchnerismo.

La discusión sobre las PASO aparece, justamente, en ese punto.

En la Casa Rosada dejaron de verla como una reforma electoral. La consideran una pieza central de la estrategia para 2027.

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La primera razón es parlamentaria.

El Gobierno necesita negociar con gobernadores que hoy concentran buena parte del poder real del Senado.

La Cámara alta dejó de ser solamente el lugar donde se votan las leyes.

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Se transformó en el principal ámbito de negociación entre la Casa Rosada y las provincias.

La primera prueba llegará este miércoles.

Victoria Villarruel convocó a una nueva reunión de Labor Parlamentaria en un Senado donde el oficialismo sigue sin controlar los tiempos políticos. La vicepresidenta mantiene una relación distante con Milei y continúa administrando una Cámara en la que los gobernadores demostraron durante las últimas semanas que pueden construir una mayoría capaz de condicionar la agenda oficial.

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Victoria Villarruel y Javier Milei, un vínculo roto

En el Gobierno ya trabajan con la idea de que será muy difícil avanzar con una sesión. Varios senadores anticiparon que no estarán en Buenos Aires y los proyectos prioritarios volverán a depender, una vez más, del resultado de las negociaciones políticas.

Ese dato explica buena parte del cambio de método.

La muralla que levantaron los gobernadores no puede perforarse únicamente con discursos o confrontación.

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Necesita acuerdos.

Y Santilli llegó, precisamente, para abrir esos canales.

Pero la eliminación de las PASO persigue un objetivo todavía más ambicioso.

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El destinatario principal de esa decisión no son los gobernadores.

Es el peronismo.

Cristina Kirchner quedó fuera de la competencia electoral después de la condena y de la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.

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Axel Kicillof decidió avanzar con un proyecto presidencial propio.

Máximo Kirchner intenta preservar el liderazgo político de la ex presidenta y la centralidad de La Cámpora.

Mientras tanto, gobernadores, intendentes y otros sectores del PJ observan esa disputa sin terminar de definir quién conducirá el peronismo en la etapa posterior a Cristina.

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Las PASO constituyen hoy el único mecanismo institucional capaz de ordenar semejante interna.

Sin primarias, el conflicto quedará trasladado exclusivamente a la negociación política entre los distintos sectores del justicialismo.

En la Casa Rosada están convencidos de que ese escenario favorece al oficialismo.

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No solamente porque dificulta la reorganización del principal espacio opositor.

Trece gobernadores estuvieron presentes en la jura de Diego Santilli, en la Casa Rosada

También porque abre una oportunidad para atraer a dirigentes peronistas que ya no se sienten contenidos por la conducción kirchnerista y buscan preservar su poder territorial sin quedar atrapados en una pelea de liderazgo.

Ahí aparece la segunda parte de la negociación.

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El Gobierno ya no pretende que todos esos dirigentes se incorporen formalmente a La Libertad Avanza.

La Boleta Única de Papel permite pensar otra ingeniería electoral.

La candidatura presidencial de Milei podría convivir con listas legislativas de gobernadores o fuerzas provinciales que conservarían su propia identidad política.

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Es el cambio de método que sintetizó Santilli cuando afirmó que “los colores no definen”.

Pero antes de salir a negociar con gobernadores y dirigentes de otros espacios, Milei decidió ordenar la política propia.

Y ese movimiento empezó mucho antes de que Santilli jurara como jefe de Gabinete.

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La decisión de no abrir nuevos frentes internos quedó reflejada en un dato que pasó casi inadvertido fuera del oficialismo, pero que en la Casa Rosada consideran parte de la nueva etapa. Después de las tensiones que dejó la salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete en medio de las investigaciones judiciales sobre su situación patrimonial y de las diferencias que provocó la abstención de Patricia Bullrich en la votación del pliego de la jueza María Verónica Michellini, el Gobierno optó por contener antes que confrontar.

Bullrich seguirá participando de la mesa política que volverá a reunirse esta semana y mantendrá actividades con el armado político que conduce Karina Milei en la Ciudad de Buenos Aires. No es un dato menor. Hace apenas unas semanas muchos imaginaban que esas diferencias podían convertirse en una ruptura. Ocurrió exactamente lo contrario. Milei y su hermana resolvieron congelar las disputas internas para no distraer energías en el momento en el que el Gobierno empieza a negociar hacia afuera.

La decisión también ayuda a entender el nuevo reparto de funciones dentro del oficialismo.

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Karina Milei y Eduardo “Lule” Menem siguen concentrando las decisiones políticas. Nadie les disputó ese lugar. Pero la ejecución empezó a distribuirse de otra manera. Santilli quedó a cargo de la negociación política cotidiana; Adrián Ravier asumió la vocería presidencial con una lógica más institucional; Fabián Fernández comenzó a coordinar una estrategia de comunicación orientada a ordenar el mensaje del Gobierno en una etapa menos atravesada por la confrontación permanente y más enfocada en la construcción de acuerdos.

La foto que difundieron desde el oficialismo, para destacar el empoderamiento que tuvo Karina Milei

No cambió el centro de gravedad del poder.

Cambió el modo de administrarlo.

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La señal más evidente de ese cambio es que el Gobierno ya no discute solamente cómo aprobar una ley o cómo superar la próxima votación en el Congreso. Empieza a discutir cómo construir una mayoría política que sobreviva al mandato actual.

Por eso la semana que comienza tiene una importancia mayor que la de una agenda cargada de actividades oficiales.

El lunes, Caputo y Bausili buscarán responder una pregunta que inevitablemente aparece cuando un gobierno entra en la antesala de un proceso electoral: de dónde saldrán los dólares para afrontar los vencimientos de deuda.

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El mensaje está dirigido a los mercados, pero también a la política.

La Argentina atravesó demasiadas campañas presidenciales condicionadas por la incertidumbre económica como para subestimar esa discusión.

La Casa Rosada pretende demostrar que el Estado dispone de un programa financiero capaz de garantizar el cumplimiento de los compromisos asumidos durante lo que resta de este año y durante 2027. El objetivo no consiste únicamente en presentar números. Busca instalar una idea de previsibilidad.

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En el Gobierno consideran que esa previsibilidad es un activo político.

La apuesta consiste en llegar a la próxima elección presidencial con una economía creciendo, una inflación estabilizada, una recuperación gradual de los ingresos, creación de empleo privado, un mercado cambiario sin sobresaltos y un esquema de financiamiento que elimine las dudas sobre la deuda.

No es una discusión técnica.

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Es la plataforma política sobre la que Milei pretende construir su proyecto de reelección.

Los antecedentes pesan.

Desde 2015 ningún oficialismo consiguió conservar el poder presidencial dentro de su propio espacio político.

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El kirchnerismo perdió con Daniel Scioli frente a Mauricio Macri.

Macri no consiguió renovar su mandato frente a Alberto Fernández.

Y el Frente de Todos tampoco logró sostener la Presidencia con Sergio Massa frente a Milei.

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Las razones fueron diferentes en cada caso, pero todos esos procesos compartieron un elemento común: la economía terminó condicionando la política.

Milei pretende romper esa secuencia.

Por eso decidió trabajar simultáneamente sobre los dos factores que considera decisivos para llegar competitivo a 2027.

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La política.

Y la economía.

Mientras Santilli intenta ampliar la base de sustentación del oficialismo y negociar con gobernadores una salida para las PASO, Caputo busca reducir la incertidumbre financiera que suele reaparecer cuando un gobierno entra en un año electoral.

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Las dos tareas están íntimamente vinculadas.

Una economía previsible facilita los acuerdos políticos.

Y una mayoría política más amplia fortalece la credibilidad del programa económico.

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La vigilia por el Día de la Independencia en Tucumán volverá a mostrar esa lógica.

Después de la fotografía que dejó la jura de Santilli con trece gobernadores en la Casa Rosada, Milei volverá a compartir una escena con mandatarios provinciales en un momento en el que el Gobierno necesita reconstruir puentes sin resignar liderazgo.

No será una postal inocente.

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Será la continuidad de una estrategia que empezó a desplegarse hace pocos días y que busca transmitir que el oficialismo está dispuesto a negociar sin alterar el rumbo.

El Presidente no dejó de confrontar con el kirchnerismo ni abandonó la batalla cultural que convirtió en una marca de su gestión.

Lo que empezó a hacer fue diferenciar a sus adversarios de sus potenciales aliados.

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Ese matiz explica buena parte de los movimientos de las últimas semanas.

El Gobierno ya no mira solamente el próximo dato de inflación o la próxima sesión del Congreso.

Empezó a mirar el calendario de 2027.

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Y, desde esa perspectiva, cada decisión adquiere otro sentido.

La eliminación de las PASO deja de ser apenas una reforma electoral y se convierte en una herramienta para rediseñar el escenario en el que deberá reorganizarse el peronismo.

La negociación con los gobernadores deja de ser una necesidad parlamentaria y pasa a formar parte de la construcción de una mayoría para un eventual segundo mandato.

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Santiago Bausili, presidente del Banco Central; y Luis

La presentación del programa financiero deja de ser un anuncio económico y se transforma en una señal de estabilidad para el año electoral.

Incluso los cambios dentro del propio Gobierno responden a esa lógica.

Santilli, Ravier y Fabián Fernández no llegaron para modificar el rumbo de la administración libertaria. Llegaron para ejecutar una etapa distinta del mismo proyecto político.

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Durante el primer año y medio, Milei construyó poder diferenciándose del resto del sistema político.

Ahora empezó a construir poder seleccionando con quiénes está dispuesto a compartir parte de ese camino.

No cambió el objetivo que se fijó el 10 de diciembre de 2023.

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Cambió el método con el que pretende alcanzarlo.

Y esa, probablemente, sea la principal novedad política de un Gobierno que ya empezó a preparar el terreno para la elección presidencial de 2027.

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El massismo alertó que la confrontación con Brasil impacta en la economía argentina

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El Frente Renovador, que lidera Sergio Massa, defendió la alianza productiva con el gobierno de Lula da Silva y Brasil, en respuesta a las recientes críticas del presidente argentino Javier Milei al mandatario brasileño durante su visita de este sábado para sumarse al lanzamiento de la candidatura de Flávio Bolsonaro.

A raíz de los dichos de Milei, el Gobierno de Brasil llamó este domingo a consulta a su embajador en la Argentina, Julio Bitelli, una decisión que profundizó la tensión diplomática entre ambos países.

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Dirigentes massistas de todo el país advirtieron que estos desencuentros diplomáticos afectan directamente el empleo, la producción y a miles de PyMEs argentinas vinculadas al principal socio comercial de la Argentina.

Desde el massismo se remarcó que “el respeto al principal socio comercial del país no es un exabrupto menor, es un costo económico concreto que terminan pagando las PyMEs, las exportaciones y los trabajadores argentinos”. La postura de los dirigentes del massismo fue en favor de preservar una relación bilateral basada en el diálogo, el respeto y una agenda común orientada a la producción y el empleo.

El Gobierno de Brasil llama a consulta a su embajador en la Argentina y crece la tensión bilateral

El bloque massista en la Cámara de Diputados advirtió que la confrontación política con Brasil tiene un impacto directo sobre la economía argentina. Legisladores nacionales como Sabrina Selva recordaron que “detrás del vínculo bilateral hay miles de PyMEs, empleos e industrias argentinas que dependen de nuestro principal socio comercial”.

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Por su parte, Diego Giuliano, presidente del Frente Renovador, sostuvo: “Un presidente viaja para defender los intereses de la Argentina, no para hacer campaña ni agraviar al mandatario de nuestro principal socio comercial”.

En palabras de Giuliano, “cada pelea diplomática de Milei la terminan pagando nuestra industria, nuestras exportaciones y nuestros trabajadores”. La diputada Cecilia Moreau calificó como “inaceptables” los agravios y subrayó que “jamás en la historia un presidente argentino viajó a otro país para insultar públicamente a su mandatario”.

La reciente escalada verbal del presidente Milei contra Lula da Silva ha sido señalada por referentes del Frente Renovador como un factor que pone en riesgo la relación comercial más relevante para la industria y el empleo argentino. La tensión entre ambos gobiernos se da en un contexto de fuerte deterioro del entramado productivo nacional y destrucción de empleo formal, profundizando la preocupación sobre el futuro de miles de empresas y trabajadores.

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El presidente argentino Javier Milei y el senador brasileño Flavio Bolsonaro, que fue presentado como candidato a las elecciones presidenciales de Brasil (REUTERS/Jean Carniel)

Referentes nacionales y provinciales del massismo coincidieron en que la salida para la Argentina debe ser la integración regional y el trabajo conjunto con Brasil. La diputada Jimena López subrayó que “la unidad también se construye mirando a la región” y que el país necesita “integración, inclusión y futuro”. Ramiro Gutiérrez sostuvo que “los líderes siempre hermanan a sus pueblos” y que la solidez regional depende del diálogo y el respeto.

En la provincia de Buenos Aires, el senador Marcos Pisano defendió “un modelo de desarrollo que incluya a todos, no sólo a los amigos del poder”, mientras que la legisladora Ayelén Rasquetti reivindicó la historia compartida y la necesidad de “diálogo, trabajo conjunto y solidaridad”. La diputada Sofía Vannelli advirtió que “un país que crece para pocos, no sirve”, y resaltó el ejemplo de conducción de Sergio Massa y Lula en materia de integración regional.

El ministro bonaerense Martín Marinucci declaró que “la integración entre Argentina y Brasil no es una consigna: es una decisión estratégica para generar trabajo, producción y oportunidades”. Marcela Passo, subsecretaria provincial, lamentó que “la agenda de odio que impulsa el actual gobierno argentino se haya puesto por encima de esos ideales”.

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Legisladores massistas de diversas provincias se sumaron al reclamo. Vanesa Abril (Chubut) destacó que “Argentina hoy más que nunca necesita del diálogo y la unidad regional”. Sara Aparicio (Corrientes) reclamó una política exterior orientada al desarrollo y la producción, y Germán Braillard subrayó la importancia de la cooperación diaria entre provincias argentinas y brasileñas. Gabriela Lizana (Mendoza) advirtió que “los agravios nunca fortalecen a un país” y que millones de puestos de trabajo dependen de una relación madura con Brasil.

Los cruces diplomáticos entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva tensionan el principal vínculo comercial argentino (EFE/ Isaac Fontana)

El diputado nacional por Tierra del Fuego, Jorge “Koky” Araujo, afirmó: “Vecinos. Amigos. Aliados estratégicos. Con Brasil podemos progresar juntos. Poco importa el ego de un presidente que quiere que se hable de él en el exterior y hace daño a nuestro comercio y a nuestras chances de desarrollo. Primero, el país”.

El espacio liderado por Sergio Massa advirtió que las palabras contra Lula no son solo un problema de forma, sino “un ataque a los intereses económicos de millones de argentinos que ya sufren la pérdida de empleo formal y el retroceso del aparato productivo”.

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En ese sentido, los dirigentes ratificaron el liderazgo de Massa y su propuesta de construir una Argentina con más diálogo, cooperación y crecimiento con inclusión social.

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El conflicto entre Brasil y Argentina: qué significa llamar a consultas a un embajador

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El gobierno de Brasil llamó a consultas a su embajador en la Argentina, Julio Bitelli, luego de los insultos y descalificaciones que el presidente Javier Milei profirió contra Luiz Inácio Lula da Silva durante un acto del Partido Liberal (PL) en San Pablo, junto a Flavio Bolsonaro.

El llamado a consultas es una medida de conflicto intermedia en la diplomacia internacional que evidencia una fuerte tensión bilateral. Mediante este recurso, un gobierno exige el regreso temporal de su embajador para evaluar una situación crítica o preocupante junto a las autoridades de la Cancillería.

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En un acto junta a Favio Bolsonaro, Milei insultó a y su homólogo brasileñoap – AP

El gesto busca manifestar un profundo descontento, revisar la estrategia geopolítica o presionar al Estado receptor sin llegar al extremo de romper relaciones diplomáticas. Se trata de un mecanismo protocolar que subraya la fragilidad del vínculo tras un incidente específico.

Durante un discurso de unos 25 minutos en San Pablo, Milei cuestionó duramente al presidente brasileño. Sin nombrarlo por su nombre de pila, se refirió a Lula da Silva como “el zurdo”, “el ladrón”, “el presidiario” y hasta ironizó sobre un desperfecto técnico en el acto al preguntar si “los micrófonos los mandó a tocar el ladrón”.

En la reciente crisis diplomática entre España y Argentina, el llamado a consultas funcionó como una herramienta de presión de Madrid hacia la Casa Rosada para exigir disculpas públicas a Javier Milei por sus declaraciones contra la esposa de Pedro Sánchez. Aunque el mandatario argentino se negó, España designó posteriormente a un nuevo embajador, Joaquín María de Arístegui Laborde, lo que ayudó a desactivar la tensión bilateral.

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Tensión bilateral

Desde el entorno del mandatario de Brasil y el propio Partido de los Trabajadores calificaron la diatriba de Milei como “inadmisible” y sentenciaron que el libertario “no está a la altura de su cargo”.

La relación entre Javier Milei y Lula da Silva está plagada de fuertes rispideces discursivas, desplantes y frialdad protocolar desde antes de que el libertario asumiera la presidencia del país. Durante su campaña presidencial en 2023, Milei apuntó repetidamente contra Lula da Silva, tildándolo públicamente de “comunista” y “corrupto”.

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, a la izquierda, y el presidente de Argentina, Javier Milei, están juntos mientras se sitúan para la foto de grupo con otros mandatarios que atienden a la Cumbre del Mercosur en Buenos Aires, Argentina, el jueves 3 de julio de 2025. (AP Foto/Natacha Pisarenko)Natacha Pisarenko – AP

En junio de 2024, Lula da Silva dijo que Milei le debía una disculpa tanto a él como al pueblo de Brasil por decir “bobadas” sobre su gestión. El gobierno libertarios se negó y en julio de 2024 el mandatario argentino decidió bajarse de la Cumbre del Mercosur en Asunción para asistir una conferencia conservadora junto a Jair Bolsonaro en esa misma fecha en Camboriú (Brasil).

Cuatros meses después, ambos presidentes coincidieron en la Cumbre del G20 en Río de Janeiro. El frío y rígido saludo protocolar de bienvenida propiciado por Lula evidenció una vez más el vínculo conflictivo.

Durante la Cumbre del Mercosur de julio de 2025 celebrada en Buenos Aires, Milei y Lula expusieron visiones antagónicas de la economía regional. Mientras Milei apuntó contra el funcionamiento del bloque y amenazó con que Argentina avanzaría sola hacia el libre mercado, Lula defendió la unión aduanera. Aunque el saludo inicial fue frío, el encuentro terminó con un abrazo protocolar en el momento del traspaso de la presidencia pro tempore del bloque hacia el mandatario brasileño.

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A finales de 2025, Milei y Lula cruzaron sus posicionamientos por la crisis en Venezuela. El argentino respaldó la política de máxima presión y sanciones de Estados Unidos, en tanto Lula rechazó intervenciones externas y se posicionó como mediador.

La distancia geopolítica entre respecto a la situación del país caribeño se profundizó drásticamente a comienzos de 2026 debido a la captura de Nicolás Maduro por las fuerzas norteamericanas.




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El gobierno de Brasil llamó a consulta a su embajador en la Argentina tras los dichos de Javier Milei sobre Lula

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El Gobierno de Brasil llamó a consulta a su embajador en la Argentina, Julio Bitelli, después de que Javier Milei criticara en San Pablo a Lula da Silva durante un acto partidario, una decisión que profundizó la tensión diplomática entre ambos países.

Según pudo confirmar Infobae de fuentes oficiales, la medida la adoptó el canciller brasileño Mauro Vieira y ya fue comunicada a la representación diplomática en Buenos Aires. Bitelli viajará a su país en las próximas horas.

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Cabe resaltar que Brasil es el principal socio comercial de la Argentina, a pesar de que desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, las relaciones bilaterales nunca fueron fluidas.

El conflicto se produjo un día después de que el mandatario argentino participara en la convención del Partido Liberal en apoyo a la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro para las elecciones del 4 de octubre. En ese acto, Milei llamó a Lula “ladrón”, “presidiario” y “basura socialista”, y también insultó al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes, a quien definió como “basura calva”.

El Presidente respaldó a Flávio Bolsonaro como postulante del principal espacio opositor al actual jefe de Estado brasileño. Durante un discurso de unos 25 minutos, planteó que Brasil enfrentaba un “Riesgo Lula” y afirmó que el país iba hacia una crisis de deuda porque, a su juicio, el mandatario brasileño no hizo el ajuste fiscal necesario.

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Milei y Lula solo se encontraron en distintas cumbres internacionales, como la del Mercosur que se celebró en Buenos Aires en 2025. Foto: AFP

En el gobierno de Lula interpretaron la intervención de Milei en la campaña brasileña como una injerencia en asuntos internos. La reacción se agravó porque los ataques personales ocurrieron en territorio brasileño y estuvieron dirigidos tanto al jefe de Estado como a un magistrado del máximo tribunal.

El presidente del Supremo Tribunal Federal, Luiz Edson Fachin, repudió los agravios contra De Moraes. También hubo críticas de integrantes del gabinete de Lula y de dirigentes del Partido de los Trabajadores.

Edinho Silva, presidente nacional del PT, cuestionó el tono del discurso de Milei y escribió que “es inadmisible que un jefe de Estado extranjero venga a nuestro país y se dirija en términos irrespetuosos a sus poderes constituidos”. José Guimarães, ministro de Relaciones Institucionales de Brasil, sumó otra crítica al sostener en X que esperaba que el argentino aprovechara su paso por Brasil para “aprender que gobernar es cuidar a las personas, y no desmontar los derechos”.

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La visita fue la tercera de Milei a Brasil desde que asumió la Presidencia y no incluyó contacto con el gobierno de Lula. Su agenda volvió a concentrarse exclusivamente en dirigentes del bolsonarismo.

La visita de Milei a Brasil y su agenda política en San Pablo

El acto en San Pablo formó parte del lanzamiento de la candidatura de Flávio Bolsonaro por el Partido Liberal, que competirá contra Lula en los comicios de octubre. Milei llegó acompañado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, el canciller Pablo Quirno y el cónsul general en San Pablo, Luis María Kreckler.

Antes de la convención, el mandatario argentino fue recibido por el gobernador del estado de San Pablo, Tarcísio Gomes de Freitas, en el Palacio dos Bandeirantes. Allí recibió la Orden de Ipiranga en el grado de Gran Cruz, la principal distinción que entrega el estado paulista.

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El viaje se desarrolló en un momento adverso para el candidato apoyado por Milei. Una encuesta de Genial/Quaest indicó que 55% de los votantes cree que Lula será reelegido, contra 25% que apuesta por una victoria de Flávio Bolsonaro.

Otro sondeo de AtlasIntel/Bloomberg publicado el 1 de julio ubicó a Lula con 48,8% frente a 42,3% de Flávio Bolsonaro en escenarios de segunda vuelta. Entre los independientes, la distancia también aparecía amplia: 52% veía ganador al actual presidente y 14% al senador.

La tensión escaló además por la defensa que Milei hizo de Jair Bolsonaro, a quien definió como un “amigo injustamente encarcelado”. El expresidente brasileño cumple prisión domiciliaria y fue condenado a más de 27 años de cárcel por encabezar un intento de golpe de Estado en enero de 2023 contra Lula.

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En la cancillería brasileña compararon el episodio con otros momentos de fricción exterior protagonizados por Milei, aunque remarcaron la gravedad singular de esta secuencia. Lula, según las versiones recogidas, mantuvo hasta ahora un trato respetuoso hacia el mandatario argentino, pese a su distancia política y personal.

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