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ECONOMIA

Consultoras estiman el precio más bajo que puede tocar el dólar, pese a la crisis del caso Adorni

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La tranquilidad cambiaria —reflejada en que el precio del dólar cae cerca de un 4% en lo que va del año como consecuencia del ingreso de divisas por exportaciones y emisiones de deuda— genera que un grupo de economistas de Wall Street y de la City porteña proyecten cuál puede ser el valor más bajo que alcanzará el billete estadounidense a fines de diciembre.

Es que acaba de publicarse el informe mundial FocusEconomics, donde entre los 44 economistas de bancos y consultoras nacionales y del exterior relevados, los más optimistas consideran que el dólar mayorista puede alcanzar un piso de $1.335 en adelante, como es el caso de la proyección de Barclays Capital.

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Por lo tanto, de cumplirse esta estimación tan específica, el tipo de cambio tendría espacio para seguir cayendo, ya que en la actualidad se ubica en torno a los $1.390. En concreto, salvo Barclays Capital y Pezco Economics, el resto de las consultoras y bancos más optimistas comienzan sus pronósticos más cerca de los $1.500 para fin de año.

En resumen, se puede decir que los 15 economistas con proyecciones más bajas para el precio del dólar estiman que en todo el 2026 avanzará alrededor de un 6% en promedio, un porcentaje que dista demasiado del consenso de los 44 analistas relevados por FocusEconomics para la inflación, que se ubica cerca del 30% para todo el corriente año. Entonces, de darse estos resultados, se agravaría el atraso cambiario.

Por lo pronto, existen algunos fundamentos que explican esta mirada optimista de los expertos nacionales y del exterior, tales como el fuerte ingreso de divisas de exportaciones agrícolas, petroleras y mineras, a lo que se suman las colocaciones de deuda corporativa y de provincias. Este ingreso de dólares le permite al Banco Central comprar moneda estadounidense a diario para reforzar las reservas, por lo que acumula adquisiciones por un total cercano a los u$s8.000 millones desde el 5 de enero pasado.

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Al mismo tiempo, el precio actual del dólar mayorista se ubica en los $1.392, un nivel que se mantiene estable en todo mayo y que, en el acumulado de 2026, desciende alrededor de un 4,5%. Esto genera que la distancia con el techo de la banda de flotación establecido por el Banco Central —en la que no interviene en el mercado y que se actualiza mensualmente en base a la inflación registrada dos meses atrás (t-2)— sea más amplia y ya se ubique en casi el 25%. En concreto, el límite máximo en el que puede moverse el dólar mayorista hoy es de $1.729, por lo que queda muy lejos de su valor actual de mercado.

«Esta brecha le otorga un respiro estratégico a la autoridad monetaria«, indica Ignacio Morales, jefe de Inversiones de Wise Capital.

Qué esperan los analistas para el tipo de cambio en diciembre

Por lo pronto, dejando de lado los pronósticos más optimistas, el consenso de todos los analistas relevados por FocusEconomics prevé un dólar mayorista de $1.687 para fin de año. Y en el mercado de opciones y futuros del Matba-Rofex, se espera que el tipo de cambio mayorista alcance los $1.617 a fines de diciembre; es decir, unos 70 pesos por debajo de lo consensuado por los economistas en el informe mundial.

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A ello se suman noticias positivas para el mercado que generan una mayor tranquilidad cambiaria, como la suba de la calificación de la deuda argentina por parte de Fitch Ratings de CCC+ a B-, un hecho que genera un mejor clima tras años de deterioro crediticio.

Precio de dólar más bajo previsto por 15 economistas locales y mundiales.

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De esta manera, los economistas más optimistas de bancos y consultoras, sobre todo del exterior, establecen que el precio del dólar se moverá levemente en todo el año. Así, los más optimistas en sus proyecciones de tipo de cambio mayorista para diciembre son:

  • Barclays Capital, con $1.335
  • Pezco Economics, con $1.382
  • Moody’s Analytics, con $1.478
  • 4Intelligence, con $1.488
  • La firma inglesa de inversiones EMFI, con $1.501
  • JP Morgan, con una estimación de $1.550 para fin de año

En resumidas cuentas, los expertos sostienen que en los próximos meses, cuando aminore el ingreso de divisas al finalizar el período de la cosecha gruesa, podría empezar a haber una mayor presión cambiaria.

«La hipótesis con la que trabajamos es que el proceso de estabilización (desinflación) continúa y, con eso, el tipo de cambio se apreciaría en términos reales en estos meses y corregiría marginalmente en el segundo semestre«, detalla Fernando Baer, economista de la consultora Quantum, que estima $1.585 para fin de año.

En tanto, Claudio Caprarulo, economista principal de Analytica Consultores —que prevé $1.632 para diciembre—, agrega: «Tenemos diferentes proyecciones de tipo de cambio de acuerdo a los escenarios que trazamos. Uno de ellos contempla que, ante la necesidad de acumular reservas y la menor oferta de dólares por la estacionalidad de las exportaciones, el tipo de cambio aumente a una tasa más alta».

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Por su parte, Pablo Repetto, jefe de Research en Aurum —que aguarda $1.650 para fin de año—, sostiene: «La proyección considera que se mantendría un tipo de cambio real relativamente mejor al actual, dado que, una vez que pase el mejor período de liquidación de dólares de la cosecha, podría haber una leve suba del tipo de cambio. En tanto, la inflación que esperamos está entre 2% y 2,5% hasta junio o julio, y luego alrededor del 2% hasta fin de año».

Por qué el dólar podría acelerarse en el segundo semestre

Para Fausto Spotorno, economista de OJF & Asociados (la consultora de Orlando Ferreres), que espera $1.701 para diciembre, «en el segundo semestre, el flujo de dólares se reduce un poco y, por eso, no hay necesidad de pensar en una mayor apreciación del tipo de cambio. Así que asumimos que, más o menos, siga a la inflación, aunque hacia fin de año, por el tema electoral, puede tener algún movimiento más especulativo», detalla a iProfesional.

Asimismo, Camilo Tiscornia, economista y director de C&T Asesores, que espera $1.710 para la conclusión de 2026, considera que «la proyección que realizamos supone que, en algún momento, el tipo de cambio se aceleraría, sobre todo durante el segundo semestre. Tal vez un poco antes. Por el momento viene bastante tranquilo el mercado, pero estimamos que podría haber algún ritmo un poco más fuerte de suba, pero en forma controlada«.

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Finalmente, Sebastián Menescaldi, economista y director asociado de Eco Go, que prevé $1.725 para diciembre, también considera que, «en algún momento, el dólar se va a reacomodar. O sea, creo que la coyuntura actual de exceso de oferta y falta de demanda, o demanda tranquila, es excepcional, y el Gobierno la está aprovechando, pero no sé si vamos a tener este flujo de dólares todo el año».

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ECONOMIA

La industria no repunta: la producción y las ventas cayeron en el 40% de las fábricas, según la UIA

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La industria sigue exhibiendo señales de freno, según la última encuesta de la UIA. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La crisis industrial sigue profundizándose en 2026: el 38% de las empresas industriales registraron caídas en producción, el 45,5% en ventas internas, el 30,4% en exportaciones y el 22,4% en empleo durante abril.

Estos datos, que reflejan un deterioro abarcativo del sector en la primera parte del año, se desprenden de la última encuesta elaborada por la Unión Industrial Argentina (UIA).

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De acuerdo con el relevamiento, la complejidad de la coyuntura se expresa en la persistente caída de los principales indicadores: actividad, ventas y exportaciones, junto al recorte de puestos de trabajo y al aumento de atrasos en pagos a empleados, proveedores e impuestos. Según el informe, esta situación afecta más a micro y pequeñas empresas y limita las expectativas de recuperación en todo el país.

El Monitor de Desempeño Industrial (MDI), que se utiliza como un indicador que anticipa la evolución de la actividad sectorial, se ubicó en 43,5 puntos en abril de 2026, un valor que permanece por debajo del umbral de expansión. Aunque se observó una mejora técnica respecto al primer trimestre por un efecto estacional, el contexto sigue siendo negativo si se compara frente al año anterior, con predominio de resultados adversos en la mayoría de las variables consultadas.

Vista dividida de una fábrica: lado izquierdo oscuro con máquinas paradas, lado derecho brillante con trabajadores y maquinaria en funcionamiento, con chispas.
El 45% de las empresas reportó una caída de sus ventas en abril, según la UIA. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Al analizar las principales variables, predominaron los resultados negativos. El 38% de las empresas relevadas indicó que su nivel de producción cayó en abril en comparación al promedio del primer trimestre del año”, destacó la UIA.

En términos interanuales, aumentó la proporción de compañías con caída en la actividad industrial y el índice de difusión se mantuvo en terreno negativo. En el empleo, el 22,4% de las empresas redujo personal en abril, mientras que solo el 9,9% informó incorporaciones. Entre las que efectuaron ajustes, el 35,1% también recortó turnos, el 21,3% adelantó vacaciones y el 14,3% aplicó suspensiones.

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Los resultados de la encuesta exhiben que el impacto de la crisis varía según tamaño y sector. Las microempresas y pequeñas empresas fueron las más afectadas en producción, con un 43,9% que declaró caídas y el 52,8% con retrocesos en ventas internas. Estas cifras duplican a las de las medianas y grandes, que también sintieron la crisis, pero con mayor énfasis en el empleo, donde el 30% redujo su plantilla.

Por rama industrial, todos los servicios presentan un MDI inferior a 50 puntos. Las caídas más pronunciadas se dieron en edición e impresión, y en caucho y plásticos, seguidas por confecciones y productos químicos.

A los problemas de producción y ventas se suma un panorama financiero delicado. El 44,9% de las empresas manifestó dificultades para cumplir totalmente con pagos esenciales en abril, como salarios, impuestos (33,8%) y proveedores (32,3%). El 6,1% de las firmas tuvo atrasos en todos los conceptos relevados, marcando uno de los niveles más altos en los últimos cinco años.

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“Entre las principales consecuencias de los atrasos se destacaron el aumento del endeudamiento o la necesidad de financiamiento en el corto plazo (36,3%) y pago de intereses y mayores costos financieros (33,9%)”, señaló el reporte.

Una vista panorámica del interior de una fábrica textil con varios operarios trabajando en máquinas de telar, rodeados de bobinas de hilo y materiales fibrosos.
El 44,9% de las empresas manifestó dificultades para cumplir totalmente con pagos esenciales en abril. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La caída de la demanda interna constituye la principal preocupación para la mitad de las empresas consultadas por la II Encuesta UIA, especialmente por la merma en el consumo de otras industrias, hogares y obra pública. En segundo lugar figura el alza persistente de los costos (21,3%), donde el costo laboral es el factor de mayor incidencia (43,1%), seguido por materias primas nacionales.

La competencia con productos importados es un desafío creciente, señalado por el 15,6% de las compañías. Aunque su incidencia descendió respecto al trimestre previo, sigue por encima de los valores observados en años anteriores y supera a otras preocupaciones como el financiamiento empresarial.

El clima de negocios permanece cauteloso y predomina el escepticismo sobre una recuperación cercana. Solo el 46,2% de las firmas considera probable una mejora para su empresa en los próximos doce meses, una proporción levemente inferior al relevamiento anterior. Las expectativas optimistas a nivel sectorial y nacional superan apenas el 40% y el 46%, respectivamente.

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En cuanto a recursos, la utilización promedio de la capacidad instalada fue del 61,6% en abril, con casi dos tercios de las empresas funcionando por debajo de su capacidad óptima. Solo el 7,6% alcanzó o superó el máximo teórico, y el 93,1% estima que no podrá normalizar su nivel hasta el segundo semestre del año. La inversión mantiene registros bajos: únicamente el 45,3% considera que es un buen momento para destinar fondos a bienes de capital.

Al cierre del trimestre, la II Encuesta UIA indica que una proporción creciente de empresas percibe que el escenario actual resulta más desfavorable que el del año pasado, tanto en su propia situación como en la del sector y la economía general, consolidando así el alcance persistente del deterioro industrial.



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ECONOMIA

Explotan importaciones de lomo, asado y vacío de Brasil y precios se desploman hasta 25%

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El escenario era impensado hasta hace poco tiempo. La carne brasileña comenzó a ganar espacio en las góndolas y en las carnicerías argentinas. Lo que empezó como un fenómeno marginal se transformó en una tendencia cada vez más visible: las importaciones de carne vacuna desde Brasil se multiplicaron por quince en pocos meses y ya representan una porción relevante del consumo local.

La cuestión tiene impacto: algunos de los denominados cortes populares -desde asado, vacío y tapa de asado- y también lomo se ofrecen con precios muy competitivos en los comercios argentinos, hasta un 25% más baratos que los cortes «made in Argentina».

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Según referentes del sector, como el director de la Sociedad Rural Andrés Costamagna, el ingreso de carne vacuna desde el país vecino pasó de unas 1.000 toneladas mensuales a alrededor de 15.000 toneladas por mes.

Se trata de un volumen inédito para los estándares recientes del mercado argentino y que ya equivale a alrededor del 7% del consumo mensual.

La expectativa de los operadores es que esa participación incluso pueda seguir creciendo y acercarse al 10% del mercado bajo las condiciones actuales.

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Precios de carne más bajos: asado, vacío, lomo y otros

El fenómeno comenzó a sentirse en los puntos de venta. Los frigoríficos brasileños están desembarcando con mayor fuerza en la Argentina y varios de los principales distribuidores ya incorporaron mercadería importada.

Explotaron las importaciones de carne de Brasil

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Como consecuencia, cortes tradicionales comenzaron a aparecer en las góndolas con precios inferiores a los de la producción local:

  • Asado
  • Vacío
  • Bife ancho
  • Bife angosto
  • Tapa de cuadril
  • Tapa de nalga
  • Lomo

Un kilo de lomo brasileño se vende en algunas cadenas a $23.400 contra $30.000 que cuesta habitualmente en las mismas tiendas.

En el caso de otros cortes, como la tapa de asado, el valor asciende $12.000, lo mismo que la tira de asado. Un precio promedio «argentino» ronda los $15.000, un 25% más caro que su similar brasileño.

Precios más competitivos: los motivos de un fenómeno

La principal explicación es que Brasil cuenta hoy con una materia prima más barata. El valor del novillo medido en dólares se encuentra por debajo del similar argentino, lo que permite que los frigoríficos brasileños lleguen al mercado local con precios más competitivos.

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En algunos casos, la diferencia ronda el 15%, una brecha suficiente para captar la atención de consumidores que vienen de enfrentar fuertes aumentos en los precios de la carne durante los últimos meses, y que recién ahora volvieron a estabilizarse pero en valores caros en relación a los importados.

Para los especialistas, la creciente presencia de carne brasileña no responde a una caída de la demanda doméstica sino a un problema de oferta.

Durante años, la Argentina produjo entre 65 y 70 kilos de carne vacuna por habitante. De ese volumen, alrededor de 15 kilos se destinaban a la exportación y entre 50 y 55 kilos quedaban para el mercado interno.

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La situación cambió durante el último año. La producción cayó a niveles cercanos a los 60 kilos por habitante y ese menor volumen obliga a repartir una torta más pequeña entre consumo local y exportaciones.

En consecuencia, las exportaciones medidas en toneladas disminuyen y el consumo interno también se reduce respecto de los niveles históricos. Para tener una idea: durante abril se exportaron 46.100 toneladas de carne bovina por u$s321 millones, lo que representó una baja del 26,7% en el volumen.

En precios, las ventas al exterior muestran un alza del 20%.

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Consumidor local: demanda interna insatisfecha

Costamagna, en diálogo con iProfesional, argumentó que eso no significa necesariamente que el consumidor haya abandonado la carne por falta de poder adquisitivo.

Por el contrario, señaló que existe una demanda insatisfecha. En otras palabras, los consumidores comprarían más carne si hubiera una mayor oferta disponible a precios más accesibles.

Esa es precisamente la oportunidad que están aprovechando los frigoríficos brasileños.

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La menor producción argentina genera un espacio que las importaciones comienzan a cubrir.

Al mismo tiempo, Brasil enfrenta cambios en algunos de sus principales mercados internacionales. Las dificultades para colocar determinados volúmenes en destinos como China o Estados Unidos impulsan a los exportadores brasileños a buscar alternativas comerciales en otros países de la región.

Argentina, una opción atractiva

Paradójicamente, mientras ingresan más cortes importados, el negocio exportador argentino podría cerrar el año con un récord de ingreso de divisas. La razón es que los precios internacionales de la carne se encuentran en niveles elevados.

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Por eso, aun cuando el país exporte menos toneladas que en años anteriores, el valor total de las ventas externas podría resultar superior.

Durante abril, el valor promedio de las ventas al exterior alcanzó los u$s6.900 por tonelada, un récord para la carne vacuna argentina. La cifra representa un incremento del 86% respecto del mismo mes de 2024 y del 38% versus abril 2025.

Mientras tanto, en las góndolas ya comenzó a observarse un fenómeno poco habitual para el mercado local: carne brasileña compitiendo de igual a igual con la producción nacional y ofreciendo precios más bajos en algunos de los cortes preferidos por los argentinos.

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Lo que parecía una excepción se está convirtiendo rápidamente en una nueva realidad para el negocio de la carne.



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ECONOMIA

Qué porcentaje del boleto de colectivo paga el Estado en el AMBA y cuál es el nivel de los subsidios en otras ciudades de América Latina

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En el AMBA, el Estado cubre el 69% del costo del boleto de colectivo, según un relevamiento de Aaeta sobre once ciudades de América Latina. (NA)

El precio que paga un pasajero al subirse a un colectivo rara vez refleja lo que cuesta mover ese vehículo. En la mayoría de las grandes ciudades de América Latina, la diferencia entre lo que abona el usuario y el costo real del servicio, la cubre el Estado a través de subsidios. El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) no es la excepción: es, de hecho, uno de los sistemas con mayor participación estatal de la región. Pero según las empresas del sector, ni así alcanza para cubrir los gastos operativos.

De acuerdo con un relevamiento elaborado por la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (Aaeta), que compara once sistemas de transporte urbano de América Latina, el AMBA es el segundo con mayor subsidio estatal sobre el costo del boleto. El Estado cubre el 69% del valor del pasaje, mientras que el usuario aporta el 31% restante. Solo Ciudad de México supera ese nivel de intervención pública, con un subsidio del 70% y un boleto que en dólares es el más barato de la muestra: USD 0,43. En el AMBA, el costo del boleto según ese relevamiento es de USD 0,51 (se usó el dólar como unidad de medida para unificar criterios y poder comparar las diferentes ciudades).

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Por detrás aparece Santiago de Chile, donde el Estado financia el 65% del costo, con un boleto de USD 0,81. Santo Domingo registra un subsidio del 60%, Panamá del 55% y Bogotá del 52%. En Cali, la participación es pareja: 50% el usuario, 50% el Estado, con un boleto de USD 0,92 (92 centavos de dólar).

Subsidios colectivos

Lima y São Paulo tienen esquemas donde el usuario ya carga con la mayor parte: 54% y 55% respectivamente. Montevideo, con un subsidio del 41%, se ubica hacia el otro extremo del espectro. Y San José de Costa Rica representa el caso más atípico del grupo: el usuario paga prácticamente la totalidad del costo, con una participación del 99%, aunque el boleto en dólares es de USD 0,82, un valor intermedio respecto al resto.

El cuadro regional contrasta con la situación que describen las empresas de colectivos del AMBA. Según el Índice Bondi de Aaeta, que releva mensualmente los costos del sistema metropolitano, en abril de 2026 las empresas recibieron en promedio $1.609,11 por cada boleto vendido, entre la compensación del Estado y lo que abonan los usuarios. Sin embargo, el costo real de operar el servicio —sin IVA— asciende a $1.923,38 por pasajero. La diferencia es una pérdida de $314,27 por cada viaje realizado.

El boleto mínimo vigente en el AMBA para las líneas nacionales era en ese momento de $700 (hoy es de $714 con SUBE registrada). Si no existiera ningún tipo de subsidio, ese mismo boleto debería costar $2.125,34 con IVA incluido, según el cálculo del Índice Bondi. La brecha entre el precio que paga el pasajero y el valor sin subsidio es, entonces, de más de tres veces.

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A nivel del sistema en su conjunto, la Secretaría de Transporte reconoce un costo mensual de mantenimiento de $326.608 millones, pero Aaeta estima que el costo real asciende a $389.945 millones. Esa diferencia de $63.336 millones es la que, según el sector, se traduce en déficit de calidad: menos frecuencias, menor seguridad y postergación en la renovación del parque de unidades.

El costo del boleto sin subsidio no es uniforme dentro del propio AMBA. Según la apertura por jurisdicción que elabora Aaeta, el valor más alto corresponde a las líneas de jurisdicción nacional: $2.357 con IVA. Le siguen las líneas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con $2.123, y el promedio general del Índice Bondi, de $2.125. Los valores más bajos corresponden a las líneas de la Provincia de Buenos Aires ($1.969) y a los municipios bonaerenses ($1.861).

El costo real del boleto sin subsidio varía entre $1.861 y $2.357, según la jurisdicción. (NA)
El costo real del boleto sin subsidio varía entre $1.861 y $2.357, según la jurisdicción. (NA)

Esa dispersión refleja diferencias en los costos operativos según el tipo de recorrido y la estructura de cada red. Las líneas de mayor extensión y complejidad, como las nacionales, tienen costos unitarios más elevados.

El financiamiento del transporte público en el AMBA lleva años en el centro de la discusión entre el Gobierno nacional, la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires. Las tres jurisdicciones aplican criterios distintos para actualizar las tarifas y distribuyen el peso del subsidio de manera diferente, lo que genera brechas crecientes entre los boletos según la línea que tome el pasajero.

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Las empresas del sector sostienen que la compensación actual es insuficiente y plantean dos alternativas: que el Estado amplíe su aporte o que se autoricen aumentos de tarifa que acerquen el precio al costo real.

Lo que el cuadro regional de Aaeta pone en perspectiva es que subsidiar el transporte urbano es una práctica extendida en América Latina, no una particularidad de Argentina. La mayoría de las ciudades relevadas optaron por sostener tarifas por debajo del costo real para garantizar el acceso al servicio. La discusión, en cada caso, es quién paga la diferencia y cuánto.

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