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Cuando Uruguay inventó el Mundial

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Piezas históricas del glorioso fútbol uruguayo en el Museo del Football, en el Estadio Centenario (Fuente: AUF)

La historia comenzó con una medalla olímpica en 1924, se convirtió en leyenda con el primer Mundial de 1930 y tendrá un nuevo capítulo en 2030, cuando Uruguay celebre simultáneamente el bicentenario de su Constitución y los cien años de la Copa del Mundo. Otra vez, el Centenario volverá a abrir sus puertas al planeta.

Hubo un tiempo en que un Mundial de fútbol era una utopía. Un proyecto improbable. Un sueño que parecía demasiado grande para una época demasiado difícil. En 1930, el mundo acababa de entrar en la Gran Depresión: las economías se derrumbaban, los gobiernos enfrentaban una crisis sin precedentes y organizar un campeonato internacional parecía una extravagancia imposible.

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La FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) quería crear una Copa del Mundo, pero nadie quería asumir el desafío. Entonces apareció Uruguay. Un pequeño país del sur, con apenas dos millones de habitantes, decidió hacer algo que nadie más se animaba a hacer: organizar el primer Mundial de la historia.Un dato curioso: aunque hoy se usa en todo el mundo la sigla FIFA, conserva su nombre original en francés porque fue fundada en 1904 en París y el francés era entonces el idioma diplomático predominante en las organizaciones internacionales.

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La tipografía creada para el Mundial de 1930 se convirtió en uno de los legados visuales más reconocibles de aquel torneo fundacional (Recreación digital: Gemini)

Cuando Uruguay presentó su candidatura no era una nación desconocida en el fútbol. Muy por el contrario: la selección celeste había conquistado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París en 1924 y repitió la hazaña en Ámsterdam en 1928. En aquellos años, cuando todavía no existía la Copa del Mundo, los Juegos Olímpicos eran considerados el máximo campeonato internacional de fútbol.

La FIFA encontró en Uruguay al candidato ideal: un país ganador dentro de la cancha y dispuesto a asumir una responsabilidad que ninguna otra nación quería tomar.

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Uruguay, comienzan los preparativos del primer Mundial de fútbol, el torneo que daría origen a la mayor competencia deportiva del planeta (Recreación digital Gemini)

Una república moderna mirando al mundo

Para comprender la magnitud de aquella decisión hay que observar el Uruguay de comienzos del siglo XX. Bajo el legado reformista de José Batlle y Ordóñez y durante la presidencia de Juan Campisteguy, el país atravesaba uno de los períodos de mayor prosperidad y prestigio internacional de su historia. Sus niveles de alfabetización, desarrollo social y estabilidad institucional le habían valido el apodo de “la Suiza de América”.

Montevideo era una ciudad moderna para la época: los tranvías eléctricos recorrían sus avenidas, el puerto impulsaba el comercio internacional y una intensa vida cultural acompañaba el crecimiento urbano. Mientras gran parte del planeta intentaba recuperarse de la crisis económica de 1929, Uruguay decidió aprovechar una fecha simbólica para presentarse ante el mundo: el centenario de la Jura de la Constitución de 1830.

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Montevideo en 1930, cuando la capital uruguaya atravesaba uno de los períodos de mayor crecimiento y modernización de su historia; entre comercios, vehículos y una intensa actividad urbana, la ciudad proyectaba la imagen de una nación confiada en su desarrollo y abierta al mundo (Recreación digital Gemini)

La organización del Mundial fue mucho más que un acontecimiento deportivo. Fue una declaración de confianza nacional.

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El puerto de Montevideo en 1930, puerta de entrada de viajeros, inmigrantes y delegaciones llegadas de distintos rincones del mundo; en una ciudad en pleno auge económico y urbano, sus muelles fueron escenario de la llegada de los barcos que transportaron a los protagonistas del primer Mundial de la FIFA (Recreación digital Gemini)

Para recibir el campeonato se construyó una obra destinada a convertirse en leyenda: el Estadio Centenario. Su nombre homenajeó los cien años de la Constitución uruguaya y su construcción avanzó contra reloj. Levantado en pocos meses, en medio de una compleja situación económica internacional, simbolizó la capacidad de un país pequeño para concretar una obra de alcance global.

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Las tribunas del Estadio Centenario toman forma durante su construcción en 1930, reflejando la magnitud de una obra concebida para recibir al primer Mundial de la FIFA (Recreación digital Gemini)

No existe una cifra única y confiable sobre el costo total de aquel primer Mundial. Sí se cita habitualmente que la construcción del Estadio Centenario demandó alrededor de un millón de dólares de la época. Para un país de apenas dos millones de habitantes, la inversión era enorme. Pero Uruguay no solo levantó el estadio: también asumió gastos de traslado, alojamiento y manutención de las delegaciones para garantizar la presencia de los equipos extranjeros.

La FIFA había aceptado la candidatura uruguaya, pero el problema recién comenzaba. Cruzar el Atlántico demandaba casi tres semanas de navegación. Los clubes europeos no querían liberar a sus futbolistas durante tanto tiempo y muchas federaciones consideraban que el viaje era demasiado costoso.

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Los equipos ingresan al campo de juego durante la vuelta inaugural del Mundial de 1930 en el Estadio Centenario, en una ceremonia que marcó el comienzo de la primera Copa del Mundo de la historia (Fuente Montevideo Antiguo)

Finalmente solo cuatro países europeos aceptaron el desafío: Francia, Bélgica, Rumania y Yugoslavia. La historia de Rumania merece una mención especial: el rey Carol II intervino personalmente para convencer a los jugadores de viajar y les garantizó que conservarían sus empleos al regresar.

Las delegaciones europeas embarcaron rumbo a Sudamérica en el legendario transatlántico italiano Conte Verde. A bordo también viajaba Jules Rimet, presidente de la FIFA, llevando consigo el trofeo original de la competencia.

El torneo comenzó el 13 de julio de 1930. Participaron trece selecciones: Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Bolivia, Perú, Estados Unidos, México, Francia, Bélgica, Yugoslavia y Rumania.

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No había televisión ni transmisiones satelitales. Las radios apenas comenzaban a desarrollar coberturas internacionales. Tampoco había marketing deportivo, patrocinadores globales ni redes sociales. Había fútbol. Y una ciudad entera pendiente de cada partido.

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Los futbolistas uruguayos celebran la conquista del primer Mundial de la historia dando la vuelta olímpica en el Estadio Centenario, el 30 de julio de 1930 (Fuente AUF -Asociación uruguaya de Futbol-)

La Celeste no siempre fue celeste. Hasta 1910 Uruguay jugaba de blanco. El color que hoy identifica a la selección surgió como homenaje al club River Plate de Montevideo, que ese año derrotó al poderoso Alumni argentino vistiendo una camiseta celeste. Aquella victoria fue considerada un orgullo nacional y la Asociación Uruguaya adoptó ese color para la selección. Desde entonces, la Celeste se convirtió en una de las camisetas más emblemáticas de la historia del fútbol.El éxito deportivo tampoco fue casualidad. El fútbol había llegado tempranamente al Río de la Plata de la mano de los británicos y Uruguay desarrolló una estructura competitiva sólida antes que gran parte del mundo. La concentración de la población en Montevideo favorecía un nivel extraordinario entre los mejores jugadores.

Además, la selección celeste sorprendía por un estilo innovador. Mientras muchos equipos europeos privilegiaban el juego físico y directo, los uruguayos apostaban por la técnica, los pases cortos, la movilidad y la inteligencia táctica. Cuando conquistaron los Juegos Olímpicos de París en 1924, Europa descubrió que el mejor fútbol del planeta podía encontrarse no en Londres, Viena o Budapest, sino en una pequeña república del Río de la Plata.

El 30 de julio llegó el momento esperado. Uruguay y Argentina, los dos gigantes futbolísticos de la época, se enfrentaron ante más de 68.000 espectadores en el Estadio Centenario.

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Argentina se fue al descanso ganando 2 a 1. Pero en el segundo tiempo ocurrió lo inesperado: Uruguay reaccionó, marcó tres goles más y se impuso por 4 a 2. Jules Rimet entregó personalmente el trofeo a los campeones y Montevideo estalló en festejos. El gobierno uruguayo declaró feriado nacional.

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Entrega de la Copa del Mundo (1930): la joya cincelada por el artífice galo Abel Lafleur y llegada bajo la celosa custodia de Monsieur Jules Rimet, pasa a manos del presidente de la AUF, Dr. Raúl Jude, quien dentro de su esfera hizo tanto como el más brioso de los «centauros» de la camiseta color cielo (Fuente AUF)

La derrota argentina generó protestas e incidentes frente al consulado uruguayo en Buenos Aires. Durante algunas horas, un partido de fútbol pareció capaz de alterar incluso las relaciones diplomáticas entre dos países vecinos. Era el comienzo de una rivalidad que atravesaría gran parte de la historia del fútbol sudamericano.

Veinte años después: el Maracanazo

La historia mundialista de Uruguay no terminó en Montevideo. Veinte años después de conquistar la primera Copa del Mundo, la selección celeste volvió a escribir una de las páginas más extraordinarias de la historia del fútbol.

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El 16 de julio de 1950, en el estadio Maracaná de Río de Janeiro, Uruguay enfrentó a Brasil ante una multitud estimada en casi 200.000 espectadores. Los locales necesitaban apenas un empate para consagrarse campeones del mundo. Brasil comenzó ganando y el festejo parecía inevitable, pero Uruguay reaccionó: Juan Alberto Schiaffino marcó el empate y, a once minutos del final, Alcides Ghiggia anotó el gol que silenció al estadio más grande del planeta.

Obdulio Varela, capitán de Uruguay, rodeado de periodistas en el Maracaná (Fuente AUF)
Obdulio Varela, capitán de Uruguay, rodeado de periodistas en el Maracaná (Fuente AUF)

La victoria por 2 a 1 le dio a Uruguay su segunda Copa del Mundo y dio origen a una palabra que todavía hoy forma parte de la memoria colectiva del fútbol: el Maracanazo. Años más tarde, el propio Ghiggia resumiría aquella tarde con una frase que se volvió inmortal: “Solo tres personas lograron silenciar el Maracaná: el Papa, Frank Sinatra y yo.”

Con aquel triunfo, Uruguay se convirtió en bicampeón mundial. Primero había inaugurado la historia de los Mundiales en 1930; dos décadas después conquistaba la copa más recordada de todas, en el corazón futbolístico de Brasil.

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El color celeste, adoptado por Uruguay en 1910, es uno de los símbolos más reconocibles del fútbol mundial; la nueva camiseta incorpora una tipografía inspirada en el diseño Art Déco de la época del Mundial de 1930, mientras las cuatro estrellas sobre el escudo evocan las conquistas de 1924, 1928, 1930 y 1950, que hicieron de la Celeste una leyenda (Recreación digital Gemini)

La conquista de 1930 fue mucho más que un título. Fue el tercer gran capítulo de una historia que había comenzado varios años antes. Antes de crear la Copa del Mundo, la selección uruguaya ya había sorprendido al planeta al conquistar los Juegos Olímpicos de París en 1924 y de Ámsterdam en 1928. Aquellos torneos, organizados por la FIFA, eran considerados en su época los campeonatos mundiales de fútbol y marcaron la irrupción definitiva de la Celeste en la escena internacional.

Cuando Uruguay organizó y ganó el Mundial de 1930, confirmó que aquellos triunfos no habían sido una casualidad. Y veinte años más tarde, en el inolvidable Maracanazo de 1950, volvió a demostrarlo al derrotar a Brasil en Río de Janeiro y conquistar su segunda Copa del Mundo.Por esa razón, la camiseta celeste luce cuatro estrellas sobre su escudo. Cada una representa una de esas conquistas históricas: París 1924, Ámsterdam 1928, Montevideo 1930 y Maracaná 1950. La FIFA reconoce oficialmente esa singularidad y ha autorizado a Uruguay a mantener las cuatro estrellas, una distinción única en el fútbol mundial. Ninguna otra selección combina en su camiseta dos títulos olímpicos reconocidos como campeonatos mundiales y dos Copas del Mundo FIFA.De alguna manera, la historia de Uruguay resume la propia historia del fútbol internacional: antes de ganar el Mundial, ayudó a demostrar que una competencia global era posible; después, fue el primer país en conquistarla.

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El trofeo entregado en 1930 era una pequeña escultura diseñada por el artista francés Abel Lafleur. Representaba a Niké, la diosa griega de la victoria, sosteniendo una copa octogonal. Décadas más tarde, la FIFA decidió que el país que ganara tres veces el campeonato conservaría definitivamente el trofeo. Brasil alcanzó esa marca en 1970 y se quedó para siempre con la histórica Copa Jules Rimet.

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La medalla otorgada por la FIFA a los campeones del Mundial de 1930 fue entregada varios meses después de la consagración, el 11 de noviembre de ese año, en la sede de la Asociación Uruguaya de Fútbol (Recreación digital Gemini)

Pero aquella copa tuvo un destino novelesco. En 1983 fue robada de la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol, en Río de Janeiro, y nunca volvió a aparecer. Se cree que fue fundida, aunque su paradero definitivo sigue siendo uno de los grandes misterios del fútbol mundial.

A partir de 1974 comenzó a entregarse la actual Copa Mundial de la FIFA, diseñada por el escultor italiano Silvio Gazzaniga. La nueva pieza muestra a dos figuras humanas sosteniendo el planeta y simboliza la dimensión universal que alcanzó el torneo.

A la distancia, aquel primer Mundial parece una aventura romántica: trece equipos, un viaje de tres semanas en barco, una economía mundial en crisis y un puñado de dirigentes convencidos de que el fútbol merecía una competencia global. Sin embargo, ese campeonato terminó convirtiéndose en el acontecimiento deportivo más importante del planeta.

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Hoy la Copa del Mundo moviliza a miles de millones de espectadores, genera ingresos multimillonarios y paraliza países enteros cada cuatro años. Todo comenzó en Uruguay durante el invierno de 1930, con un barco llamado Conte Verde cruzando el Atlántico, con una copa viajando en la valija de Jules Rimet y con un pequeño país que se atrevió a imaginar lo que el resto del mundo todavía no podía ver.

Mientras el Mundial 2026 vuelve a reunir al planeta alrededor de una pelota, la ilusión sigue intacta. La selección que conquistó París 1924, Ámsterdam 1928, Montevideo 1930 y el Maracaná de 1950 vuelve a perseguir una hazaña reservada para muy pocos: alcanzar una quinta estrella y seguir escribiendo capítulos en una historia que ayudó a comenzar.Casi un siglo después, el contraste resulta asombroso. El Mundial 2026, organizado por Estados Unidos, México y Canadá, cuenta con un presupuesto de FIFA de 3.839 millones de dólares solo para la competencia masculina, dentro de un ciclo 2023-2026 que proyecta ingresos por 11.000 millones de dólares.

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Pocas naciones pueden decir que cambiaron la historia del fútbol. Uruguay lo hizo. Desde la gloria olímpica de 1924 hasta el Mundial de 1930 y la epopeya de Maracaná, la Celeste construyó una leyenda que sigue viva. En 2030, cuando se celebren los cien años de la Copa del Mundo, Montevideo volverá a ocupar el centro de la escena. Allí donde todo comenzó, la historia tendrá un nuevo capítulo (Recreación digital Gemini)

La comparación no necesita demasiada explicación: en 1930 todo se jugó en una sola ciudad; en 2026, el torneo se expande por tres países, 16 sedes, 48 selecciones y 104 partidos. Lo que nació como una apuesta audaz del Río de la Plata se convirtió en una de las mayores industrias deportivas del planeta.

Cien años después de aquel torneo pionero, Uruguay volverá a ocupar un lugar central en la historia del fútbol mundial. En 2030, cuando se cumpla el centenario de la primera Copa del Mundo, el Estadio Centenario de Montevideo será nuevamente escenario de un partido oficial del Mundial, en homenaje al país donde todo comenzó. La FIFA confirmó que Uruguay, Argentina y Paraguay albergarán los encuentros conmemorativos del centenario, mientras que el resto de la competencia se disputará en España, Portugal y Marruecos.

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Será la primera Copa del Mundo organizada en tres continentes y seis países. Aunque la sede principal estará en Europa y África, el puntapié inicial de la celebración volverá a darse en el Río de la Plata, allí donde nació la competencia más importante del planeta. Cada uno de los tres países sudamericanos recibirá un partido oficial de sus respectivas selecciones como parte de los festejos por los 100 años del Mundial.Otra vez, el Centenario volverá a ser protagonista. El estadio construido para celebrar los cien años de la independencia uruguaya será también el escenario donde el mundo recordará que fue en Montevideo donde comenzó esta historia. Una historia que, un siglo después, sigue escribiendo nuevos capítulos de gloria.

  • 1910 Nace la Celeste. Uruguay adopta la camiseta celeste tras la histórica victoria de River Plate sobre Alumni.
  • 1924 Oro olímpico en París. El mundo descubre el fútbol uruguayo.
  • 1928 Oro olímpico en Ámsterdam. Uruguay confirma que es la potencia del fútbol mundial.
  • 1930 Montevideo organiza el primer Mundial de la historia y Uruguay conquista la Copa.
  • 1950 Maracanazo. Uruguay vence a Brasil en Río de Janeiro y logra su segundo título mundial.
  • 2026 La ilusión continúa. Una nueva generación defiende el legado de las cuatro estrellas.
  • 2030 El Mundial vuelve a casa. A 100 años de la primera Copa del Mundo, Uruguay será sede de los partidos inaugurales del centenario.

Artículo publicado originalmente en Punta del Este Internacional

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Guido Herrera fue presentado en Bahía, donde será dirigido por un histórico arquero

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Tras casi toda una carrera en Talleres, donde disputó más de 300 partidos, Guido Herrera se marchó de Córdoba y fue presentado en el Bahía de Brasil el viernes, donde será dirigido por otro arquero: Rogerio Céni, campeón del mundo con Brasil en 2002, ídolo de San Pablo y recordado además por sus golazos de tiro libre y de penal.

Con múltiples videos en las redes sociales y un comunicado oficial, Bahía hizo la presentación del arquero de 34 años. «Esporte Clube Bahia SAF anuncia el fichaje del arquero Guido Herrera. El futbolista de 34 años firmó un contrato hasta el final de la temporada 2027», expresaron, además de recordar lo que fue toda su etapa en Talleres y sus pasos por Defensores de Belgrano, Yeni Malatyaspor y hasta amistosos con la Selección Argentina, allá por 2018.

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En uno de los videos, de hecho, se lo ve a Céni recibirlo en el club y conversar con él, haciéndose incluso algunos chistes. La realidad es que Bahía buscaba un arquero del perfil de Herrera, con liderazgo y experiencia, debido a la lesión de rotura de ligamentos cruzados que sufrió Leo Vieira, de 35 años, y que dejaban a Ronaldo (29) y el joven Victor (20) como las otras opciones para el arco.

«Hola nación Tricolor. Acá les habla Guido. Estoy muy feliz de estar acá. Ansioso de conocerlos y que sea con todos los éxitos. ¡Bora, Bahía!», dijo en un video Herrera. Su pase se hizo por alrededor de un millón de dólares.

Bahía este segundo semestre, vale recordar, afrontará solo el Brasileirao, pues, ya quedó eliminado de la Copa de Brasil y no logró meterse ni a la Libertadores ni a la Sudamericana.

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La despedida de Guido Herrera

En la T, por su parte, también le brindaron una emotiva despedida con fotos y videos: «El Club Talleres informa que luego de más de una década junto a la Institución, Guido Gabriel Herrera continuará su carrera en el Esporte Clube Bahia, equipo protagonista de la liga brasilera. Desde su llegada en 2016, Guido eligió defender el arco albiazul con una entrega incondicional. Fue protagonista del crecimiento deportivo e institucional del Club, líder dentro y fuera de la cancha y capitán de un equipo que volvió a ilusionar a toda una provincia».

«Más allá de los números, los récords y los partidos disputados, Guido deja un legado que no se mide en estadísticas. Deja el ejemplo de quien entendió lo que significa representar a Talleres, de quien hizo del compromiso una forma de vivir y de quien llevó la cinta de capitán con orgullo, responsabilidad y un profundo sentido de pertenencia (..) Hay historias que trascienden los partidos. Historias construidas con esfuerzo, convicción, liderazgo y un amor genuino por una camiseta. La de Guido Herrera con Talleres es una de ellas. ¡Gracias por todo, Capitán! Y el mayor de los éxitos en esta nueva etapa de tu carrera», completaron desde la T.

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Herrera, por su parte, se mostró muy conmovido tras salir de Talleres: «No hace falta que diga lo que es Talleres para mí. Son casi 11 años. Es todo nuevo, pero era un desafío que me debía. Me costó muchísimo tomar la decisión de salir del club. Ayer saludé hasta a los cocineros. Es mi casa. Es difícil, pero son desafíos de la vida».



Guido Herrera,Talleres de Córdoba,Bahia de Brasil

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Chelsea puso en venta a Alejandro Garnacho: el club italiano que mostró interés

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Roma puso sus ojos en Alejandro Garnacho, sin lugar en Chelsea (REUTERS/Tony O Brien)

Mientras el Mundial ingresó a su etapa final, el futuro de Alejandro Garnacho en Chelsea comienza a definirse tras una temporada marcada por expectativas y desilusiones. El club inglés, según informó Daily Mail, ha iniciado los preparativos para concretar la venta del delantero argentino, quien llegó hace menos de un año a Stamford Bridge tras un traspaso de 40 millones de libras desde Manchester United (aproximadamente 53.6 millones de dólares). La decisión de la directiva londinense surge en medio de un contexto de cambio bajo la conducción del nuevo entrenador, Xabi Alonso, y responde a una combinación de factores deportivos y de integración interna.

Garnacho, de 22 años, no ha participado en las primeras actividades de pretemporada bajo el mando de Alonso, hecho que intensificó las especulaciones sobre su permanencia en la institución. Mientras jugadores como Cole Palmer y Joao Pedro, que no participaron en la última Copa del Mundo, regresaron al complejo de Cobham para iniciar las pruebas físicas y los primeros entrenamientos, la ausencia del argentino resultó notoria. El rotativo británico detalló que el club evitó dar explicaciones públicas sobre los motivos de la ausencia, sin confirmar si se vincula a una lesión o a otra causa.

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Fuentes cercanas a Chelsea reconocieron al mismo medio que la directiva prioriza una transferencia definitiva sobre la opción de una cesión condicionada. Esta postura responde tanto a la necesidad de ajustar la plantilla como al deseo de recuperar parte de la inversión realizada el verano anterior. El nombre de Garnacho ya circula entre los posibles refuerzos de varios equipos europeos, especialmente de Roma, que ha mostrado interés ante la demanda de extremos para la próxima campaña. Hasta esta semana, no se habían abierto negociaciones formales con otros clubes, pero la expectativa en el mercado de pases es alta.

El rendimiento del atacante español nacionalizado argentino en su primer año con la camiseta de Chelsea no cumplió con las expectativas iniciales. Durante el tramo final de la temporada 2025/26, el argentino solo fue titular en uno de los últimos 12 compromisos oficiales, actuación que se produjo en la victoria 1-0 ante Leeds United en la semifinal de la FA Cup en Wembley. Según el diario inglés, el futbolista habría manifestado su decepción por la escasez de oportunidades en el cierre del ciclo, una situación que incidió en su disposición a plantear un cambio de aire.

La relación con el público de Chelsea no logró consolidarse. El extremo quedó relegado al banco de suplentes en el partido decisivo ante Sunderland, encuentro en el que el equipo londinense perdió 2-1 y quedó fuera de las competiciones europeas para la próxima temporada. Junto a Garnacho, otros nombres como Jesse Derry, que pasará a préstamo al Sporting CP, y Andrey Santos, transferido a Manchester United por una cifra cercana a los 50 millones de libras, tampoco sumaron minutos en el cierre del campeonato.

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La llegada de Xabi Alonso al banquillo de Chelsea representa una nueva etapa en la planificación deportiva. El técnico español, de 44 años, fue presentado oficialmente como “manager” y no solo como “head coach”, lo que implica una participación activa en las decisiones de altas y bajas dentro del plantel. Su conferencia de prensa de presentación está prevista para el próximo lunes, ocasión en la cual se espera que aborde el futuro de jugadores como Garnacho y otros integrantes cuya continuidad genera dudas. Alonso tendrá margen para definir junto a la dirigencia la composición definitiva del equipo.

Desde la perspectiva del club, la venta de Garnacho podría contribuir a reorganizar la plantilla y a generar recursos frescos para otras incorporaciones. El traspaso de Andrey Santos al Manchester United incluyó un acuerdo por 48 millones de libras más dos millones en variables y un 10 por ciento de plusvalía ante una futura venta, lo que refleja la estrategia de la directiva en el actual mercado de pases.



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Murió Antonio Ubaldo Rattín, gloria de Boca Juniors y la selección argentina

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Rattín disputó dos Mundiales con la selección argentina

Una triste noticia impactó al fútbol argentino en la mañana de este sábado 11 de julio: a los 89 años, murió el ex futbolista de Boca Juniors y la selección argentina Antonio Ubaldo Rattín. Ganó seis títulos con el Xeneize y fue dos veces subcampeón de América con la Albiceleste, además de representar al país en los Mundiales de Chile 1962 e Inglaterra 1966.

Rattín fue uno de los futbolistas más representativos de Boca y de la Selección: jugó 382 partidos en el club, convirtió 28 goles, ganó seis títulos nacionales y su expulsión en el Mundial del 66 quedó ligada a un episodio que empujó a la FIFA a incorporar las tarjetas arbitrales.

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Nacido en Tigre, provincia de Buenos Aires, el 16 de mayo de 1937, Rattín fue futbolista profesional, entrenador y político. Se desempeñó como mediocampista defensivo y se distinguió por su presencia en la mitad de la cancha, sostenida en su estatura de 1,90 metros, su ubicación, tenacidad, control del balón, voz de mando y valentía.

Antonio Ubaldo Rattín
Junto a O Rei Pelé, del Santos

Los medios de su época y los fanáticos lo bautizaron como “el alma de Boca”. Esa identificación se apoyó en una carrera íntegra en el club, una rareza incluso para su tiempo. La dimensión de su trayectoria también se mide por su permanencia: vistió la camiseta azul y oro durante 14 años, surgió de sus divisiones inferiores y en 2015 fue homenajeado con una estatua en el Museo de la Pasión Boquense por su carrera y su lugar en la historia del club.

Rattín ingresó a las divisiones inferiores de Boca en 1955, procedente de Club Atlético Tigre. Debutó en Primera División en 1956, cuando tenía 19 años. Con el equipo xeneize obtuvo los campeonatos de 1962, 1964, 1965 y 1969, además de la Copa Argentina de 1969. El repaso de sus títulos en el club convive con otro dato central de su carrera: fue subcampeón de la Copa Libertadores de América de 1963. Su producción en Boca quedó cerrada en 382 encuentros y 28 goles. Esa cifra lo consolidó como una referencia de una posición en la que el peso del juego no pasaba por la estadística ofensiva sino por el mando y el equilibrio del equipo.

En el plano internacional, fue convocado por la selección argentina durante 10 años y disputó 32 partidos. Participó en dos Copas del Mundo consecutivas, en Chile 1962 e Inglaterra 1966, y también jugó las Copas América de Ecuador 1959 y Uruguay 1967. Con el seleccionado nacional ganó la Copa de las Naciones de 1964, un torneo organizado por la Confederación Brasileña de Fútbol en el que compitieron Argentina, Brasil, Inglaterra y Portugal. En el Mundial de 1966 fue además capitán del equipo argentino.

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El día que fue expulsado contra Inglaterra en el Mundial 66
El día que fue expulsado contra Inglaterra en el Mundial 66

Uno de los momentos más recordados de Rattín ocurrió en los cuartos de final del Mundial de Inglaterra. Argentina enfrentó al seleccionado local y el árbitro alemán expulsó al capitán argentino, que llevaba la camiseta número 10. El equipo argentino protestó porque no comprendía los motivos de la decisión y reclamaba un traductor. El partido estuvo detenido durante unos 10 minutos hasta que Rattín dejó el campo. Antes de salir, apretó con fuerza el banderín del córner con el emblema de Inglaterra y luego se sentó durante varios minutos sobre la alfombra roja destinada a la Reina. Ese incidente derivó en una consecuencia reglamentaria posterior: la FIFA implementó el uso de tarjetas por parte de los árbitros.

Después de su etapa como jugador, Rattín fue entrenador. Dirigió a Estudiantes de Río Cuarto en 1976 y a Gimnasia y Esgrima La Plata en 1979. También condujo a Boca en el Metropolitano de 1980. El equipo tuvo una primera rueda difícil, con muchas derrotas, pero mejoró en la segunda, encadenó una racha de 12 partidos invictos y terminó en el séptimo puesto del torneo. Al año siguiente, en el Nacional 1980, Boca hizo una mala campaña y quedó eliminado en la primera ronda. Rattín no volvió a dirigir desde entonces.

Noticia en desarrollo…

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