POLITICA
De la indiferencia al abrazo en el Tedeum: la nueva relación entre Milei y Jorge Macri y su proyección al 2027

El abrazo entre Javier Milei y Jorge Macri durante el Tedeum por el 25 de Mayo funcionó este lunes como una de las claves políticas para entender el estado actual de la relación entre la Casa Rosada y el PRO. La escena contrastó con la del año pasado, cuando el Presidente decidió ignorar y dejarle la mano tendida tanto al jefe de Gobierno porteño como a Victoria Villarruel, hoy ausente, al ingreso a la Catedral Metropolitana. Ese gesto ocurrió pocos días después de la elección local del 18 de mayo de 2025, en la que Manuel Adorni ganó en la Ciudad y relegó al PRO al tercer lugar en el distrito que gobierna desde hace casi veinte años.
Aquel Tedeum se produjo en uno de los momentos más delicados para Jorge Macri desde que asumió al frente de la Ciudad. El PRO venía de sufrir una derrota simbólica y política en su principal bastión, mientras La Libertad Avanza consolidaba por primera vez una competitividad electoral real dentro de CABA, un territorio que durante casi dos décadas funcionó como el corazón político, institucional y cultural del macrismo.
Esta vez, el esquema fue distinto.
Jorge Macri asistió a la Catedral, compartió un abrazo afectuoso y el saludo protocolar con Milei —en marcado contraste con la indiferencia que dominó la escena del año pasado— y permaneció dentro del dispositivo institucional y político del oficialismo. Victoria Villarruel, en cambio, quedó afuera del acto por decisión de la Secretaría General de la Presidencia, que conduce Karina Milei. El Arzobispado de Buenos Aires aclaró que la decisión de excluir a la vicepresidenta del Tedeum fue del Gobierno.
La secuencia funcionó como una síntesis del mapa político actual alrededor del Gobierno nacional: la vicepresidenta aparece desplazada del círculo de confianza presidencial, mientras el vínculo entre el jefe de Gobierno porteño y la Casa Rosada se mueve dentro de una lógica de tensión, competencia, negociación y convivencia simultánea.
Ese equilibrio explica buena parte del proceso político que Jorge Macri empezó a desarrollar después del golpe electoral de 2025.
El jefe de Gobierno ya está lanzado de lleno a su proyecto de reelección y, según pudo reconstruir Infobae, considera que el principal desafío político del PRO ya no pasa solo por enfrentar al peronismo porteño o a la izquierda, sino por evitar que la lógica nacional de La Libertad Avanza absorba los liderazgos territoriales y los gobiernos locales.
La Ciudad ocupa ahí un lugar central.
En el macrismo existe una convicción: si el PRO pierde CABA, no pierde solo un distrito electoral. Pierde el núcleo identitario del proyecto político que llevó a Mauricio Macri a la Presidencia en 2015 después de haber construido desde 2007 una experiencia de gestión propia en la Ciudad.
Por eso Jorge Macri utiliza hoy la experiencia electoral de 2025 como ejemplo de la conveniencia política de una articulación futura entre el PRO y La Libertad Avanza rumbo al 2027.
La secuencia de resultados ocupa un lugar importante en esa lectura.
En la elección porteña del 18 de mayo, La Libertad Avanza obtuvo alrededor del 30% y el PRO cerca del 16%. Sumados, ambos espacios alcanzaron aproximadamente el 46%.
Meses después, cuando compitieron juntos en la elección nacional de octubre, la alianza entre el PRO y La Libertad Avanza alcanzó el 47% en Diputados y el 50% en el Senado.
En el entorno del jefe de Gobierno interpretan esos números como una demostración concreta de que ambos espacios, juntos, ampliaron el volumen electoral que habían mostrado por separado en la Ciudad.
Pero esa conclusión no deriva, según la mirada de Jorge Macri, en una absorción automática del PRO por parte de La Libertad Avanza. Al contrario: el alcalde porteño cree que el macrismo necesita preservar identidad política, volumen territorial y capacidad de negociación propia para discutir desde una posición de fortaleza con el oficialismo libertario.
Ahí aparece uno de los ejes más importantes de su estrategia: la defensa de las PASO.

Jorge Macri está decidido a sostener las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias en la Ciudad de Buenos Aires y considera que la ofensiva libertaria para eliminarlas difícilmente prospere en el Congreso.
La discusión tiene un contexto político amplio. El Gobierno nacional impulsa una reforma electoral que incluye como ejes centrales la eliminación de las PASO y el proyecto de Ficha Limpia. La Casa Rosada sostiene que las primarias implican un gasto excesivo y obligan al electorado a intervenir en la vida interna de los partidos.
Pero en la Ciudad el escenario político es distinto.
El PRO, el radicalismo, el peronismo y la izquierda coinciden en sostener el sistema. Cerca de Jorge Macri consideran que la posición libertaria sigue siendo minoritaria dentro del ecosistema político porteño y observan que incluso Juan Manuel Olmos, el principal articulador político que tiene hoy el peronismo —con diálogos abiertos con todos los sectores del PJ—, no está dispuesto a resignar una herramienta que le permite ordenar tensiones múltiples dentro del peronismo de CABA.
En el macrismo interpretan que las PASO le permiten al peronismo administrar, al mismo tiempo, la presión de sectores de izquierda —en particular, una eventual candidatura de Myriam Bregman— y el crecimiento de Horacio Rodríguez Larreta sobre un electorado socialdemócrata que históricamente también dialogó con sectores peronistas de la Ciudad.
La tensión también atraviesa al peronismo bonaerense.
En el PRO observan que Axel Kicillof enfrenta un equilibrio delicado entre los intendentes territoriales, las demandas políticas del kirchnerismo duro y el liderazgo todavía gravitante de Cristina Kirchner.
La discusión por las re reelecciones de los intendentes ocupa un lugar central dentro de esa disputa de poder.
Según la lectura de Jorge Macri, si los jefes comunales recuperan las reelecciones indefinidas, Kicillof necesitará unificar el calendario bonaerense con la elección nacional para garantizar el alineamiento político detrás de su proyecto presidencial rumbo al 2027.

La provincia de Buenos Aires ocupa un lugar decisivo dentro de la mirada estratégica del PRO y también del oficialismo nacional. En el macrismo consideran que, sin un resultado competitivo en territorio bonaerense, la posibilidad de éxito de Javier Milei en un proyecto reeleccionista entra rápidamente en una zona de incertidumbre política.
Y ahí aparece un nombre que cerca de Jorge Macri observan con atención: el ministro del Interior, Diego Santilli.
En el PRO consideran que Santilli es hoy uno de los dirigentes con mayor nivel de articulación política entre el oficialismo y sectores del macrismo, en particular con Karina Milei. A la vez, lo ubican entre los candidatos con mayores posibilidades de construir una propuesta competitiva frente al peronismo en la provincia de Buenos Aires.
Toda esa discusión excede la Ciudad y se conecta con otro de los proyectos políticos que Jorge Macri impulsa dentro del PRO: la idea de un “súper domingo” electoral para el año próximo.
El esquema contempla elecciones simultáneas en distritos como Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza, Corrientes o Chubut, con el objetivo de obligar a La Libertad Avanza a dividir recursos políticos, liderazgo nacional y capacidad organizativa en múltiples territorios al mismo tiempo.
La lógica que imaginan en el PRO es defensiva y territorial.
Mientras el Gobierno nacional debería dispersar esfuerzos en distintas provincias de manera simultánea, cada distrito podría concentrar su estructura política sobre una sola elección local, con liderazgos consolidados y capacidad propia de movilización.

La experiencia de 2023 ocupa un lugar importante en esa mirada. Milei tuvo desempeños extraordinarios en las PASO, la elección general y el balotaje presidencial, pero La Libertad Avanza mostró mayores dificultades para construir proyectos provinciales competitivos frente a gobernadores, intendentes y estructuras territoriales consolidadas.
Según pudo reconstruir Infobae, Jorge Macri imagina incluso un calendario separado de la elección nacional, ubicado entre junio y julio, para evitar que la dinámica presidencial absorba por completo la discusión distrital.
La estrategia no implica una ruptura con Milei ni un replanteo total de la relación con La Libertad Avanza.
En el PRO porteño hablan de una lógica de convivencia competitiva: preservar identidad política propia, defender gobiernos territoriales y mantener, al mismo tiempo, canales de entendimiento con sectores del oficialismo.
Esa dinámica atraviesa también la relación entre Mauricio Macri y Javier Milei.
Jorge Macri cree que el ex presidente busca revitalizar al PRO y devolverle musculatura política para negociar desde una posición de fuerza, sin resignar autonomía ni quedar absorbido por el oficialismo libertario.
Según esa mirada, Mauricio Macri mantiene tensiones con Milei más vinculadas a las formas políticas, los estilos de conducción y el manejo del poder que al rumbo económico o al proceso de cambio impulsado por el Gobierno nacional.

Dentro del PRO no descartan que en algún momento exista una candidatura presidencial propia que compita con La Libertad Avanza, pero hoy la hipótesis dominante sigue siendo otra: repetir el esquema de 2025, con tensiones previas, disputas territoriales y, finalmente, acuerdos electorales en la elección nacional.
Mientras tanto, la relación con el Gobierno nacional mantiene una dinámica de cooperación en áreas sensibles.
El vínculo entre Jorge Macri y el ministro de Economía, Luis Caputo, es uno de los principales canales de articulación entre la Ciudad y la Casa Rosada.
En el PRO destacan el acuerdo alcanzado para compensar, mediante bonos, la deuda que Nación mantenía con la Ciudad y la reciente colocación de deuda porteña a una tasa inferior al 7,4% anual. En el Gobierno porteño interpretan ese dato como una señal positiva hacia el mercado y hacia la administración local.
Pero el principal desafío electoral del jefe de Gobierno sigue dentro del universo libertario.
En el PRO observan que, después del deterioro político de Manuel Adorni por las investigaciones vinculadas a su patrimonio y sus viajes al exterior, La Libertad Avanza empezó a instalar a Patricia Bullrich como posible candidata en la Ciudad.
Cerca de Jorge Macri, sin embargo, no consideran inevitable esa definición.
El jefe de Gobierno cree que Bullrich empezó a mostrar ciertos matices respecto de las posiciones más duras del mileísmo para preservar capital político propio y autonomía hacia adelante.
Y ahí aparece una de las dudas que observan en el PRO: cuánto espacio tiene, dentro del esquema político que administra Karina Milei, una candidata con volumen propio y autonomía relativa.
La secretaria general de la Presidencia ocupa hoy un rol central dentro del oficialismo. En el PRO la describen como la principal ordenadora de candidaturas, alineamientos y acuerdos políticos alrededor del Presidente.

Por eso consideran que la definición final sobre Patricia Bullrich dependerá, en última instancia, del propio Javier Milei.
Mientras esa discusión se desarrolla, Jorge Macri apuesta a reconstruir su competitividad electoral a través de mejoras sensibles en la gestión porteña, con el objetivo de recuperar el vínculo cotidiano entre el PRO y los vecinos después del impacto político del 18 de mayo de 2025.
En el Gobierno porteño admiten que, después de la salida de Horacio Rodríguez Larreta, existió un período de reordenamiento interno que derivó en problemas de gestión visibles para el electorado.
Y la nueva etapa busca reconstruir la relación entre el vecino y la experiencia cotidiana de la Ciudad.
Villa Devoto ocupa un lugar importante dentro de esa estrategia.
La remodelación integral del Hospital Zubizarreta es vista en el Gobierno porteño como una intervención de impacto directo sobre un barrio que mantiene una relación histórica con el hospital.
La obra incluye ampliación, nuevos edificios y una refuncionalización general del complejo.
Lo mismo ocurre con la limpieza urbana.
Después de detectar un deterioro fuerte en el servicio, el Gobierno porteño endureció las condiciones sobre las empresas recolectoras: multiplicó multas, demoró pagos y trasladó el control político del contrato desde un ministerio hacia la órbita directa del jefe de Gabinete, Gabriel Sánchez Zinny.
Además, Jorge Macri ya decidió que este mismo año enviará los nuevos pliegos para el contrato de basura y limpieza de la Ciudad para los próximos 30 años.
Las empresas recibieron una advertencia concreta: quienes no cumplan con los estándares exigidos podrían quedar afuera de la futura licitación.

En el PRO interpretan que el electorado porteño volvió a poner el foco sobre cuestiones vinculadas a la experiencia cotidiana de la Ciudad: limpieza, seguridad, espacio público, tránsito, circulación y personas viviendo en la calle.
Ahí aparece otro de los temas que Jorge Macri considera centrales para la próxima etapa de gestión: la reforma de la Ley de Salud Mental.
El jefe de Gobierno está decidido a involucrarse personalmente en el debate para habilitar herramientas de intervención sobre personas con consumos problemáticos o cuadros psiquiátricos graves que hoy permanecen viviendo en la calle sin posibilidad de internación.
Toda esa agenda convive con una convicción política que atraviesa hoy al PRO porteño: la idea de que la Ciudad sigue teniendo mayor afinidad con un modelo de gestión urbana, territorial y moderada que con los extremos políticos, tanto libertarios como kirchneristas.
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POLITICA
Dubois habló sobre la caída de la confianza en el Gobierno: “Una medición aislada no marca una tendencia”

La caída del Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que elabora mensualmente la Universidad Torcuato Di Tella fue el punto de partida de la entrevista que el parlamentario del Mercosur Iván Dubois mantuvo con el equipo de Infobae al Regreso. A partir de ese dato, el dirigente analizó el presente político y económico del Gobierno de Javier Milei, relativizó el impacto de las encuestas de opinión y también se refirió al respaldo electoral del oficialismo, la situación de las PyMEs, la causa Libra y el funcionamiento del Parlasur.
El informe de la Universidad Torcuato Di Tella mostró que el índice descendió un 6,5% respecto de junio y se ubicó en 1,94 puntos sobre un máximo de cinco. Consultado sobre esa medición, Dubois evitó interpretar el resultado como un cambio de tendencia y pidió observarlo con cautela.
“Este índice yo lo sigo, pero a mitad de un gobierno se las tomo con pinzas”, sostuvo. En esa línea, consideró que una medición aislada no alcanza para anticipar un escenario electoral y remarcó que será necesario esperar las próximas publicaciones para determinar si la baja responde a una fluctuación mensual o si refleja un deterioro más sostenido en la confianza hacia el Gobierno.
Durante el intercambio también se repasó la evolución histórica del indicador. El periodista Matías Barbería recordó que el promedio de la gestión de Javier Milei se ubica en 2,37 puntos y señaló que, en experiencias anteriores, los gobiernos que descendieron por debajo de los 1,6 o 1,7 puntos en este índice terminaron enfrentando derrotas electorales. Sin embargo, aclaró que el valor actual todavía se mantiene por encima de ese umbral.
Uno de los datos que más llamó la atención del informe fue el comportamiento de los menores de 29 años, uno de los segmentos donde el oficialismo había construido su mayor fortaleza electoral. Según la medición, la confianza en ese grupo cayó cerca de un 23% respecto del mes anterior.
La conversación sumó además otro relevamiento, elaborado por el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), que analizó la fidelidad electoral entre quienes votaron a Javier Milei en 2023. De acuerdo con ese estudio, solo el 58% de los jóvenes que acompañaron al Presidente volvería hoy a elegir a La Libertad Avanza. El resto se repartiría entre distintas opciones: un 16% votaría al peronismo, un 3% a la izquierda, otro 3% al PRO y un 18% elegiría votar en blanco, todavía no decidió su voto o se inclinaría por otra alternativa.
Durante el debate, el panel analizó si ese porcentaje representa un alejamiento definitivo del oficialismo o si podría volver a acompañarlo en un escenario de mayor polarización. Barbería destacó que se trata del segmento donde Milei históricamente mostró sus mejores desempeños electorales, por lo que el dato merecerá un seguimiento en las próximas mediciones.
La economía y el desafío de sostener la recuperación
Más allá de las encuestas, la entrevista derivó hacia la situación económica. Dubois reconoció que la recuperación todavía no llegó a todos los sectores y descartó una mirada triunfalista sobre el presente del país.
“No es una fiesta. Hay gente que no llega y que la pasa mal. Caminamos la calle, no es que vivimos en un palacio”, afirmó. No obstante, consideró que el Gobierno logró avances importantes en materia macroeconómica y destacó que la desaceleración de la inflación comenzó a generar un escenario de mayor previsibilidad.
“Hay diez millones menos de pobres y el camino está lejos de llegar a la meta, pero hoy existe una previsibilidad que antes no había”, sostuvo.
Desde su experiencia como empresario PyME, explicó que la estabilización de los precios permitió resolver algunos de los problemas cotidianos que enfrentaban las pequeñas y medianas empresas.
“Al arreglar gran parte del problema de la inflación ya no estás permanentemente remarcando precios, buscando proveedores o enfrentando faltantes de mercadería. Se fueron resolviendo cuestiones estructurales, aunque todavía falta”, señaló.
La causa Libra, los viajes oficiales y el Parlasur
Durante la entrevista también hubo lugar para hablar sobre la situación judicial del Presidente. Consultado por la causa Libra, Dubois remarcó que una imputación no implica una condena y defendió la necesidad de respetar el proceso judicial antes de sacar conclusiones.

“Imputado no es culpable. Yo no creo que sea culpable”, afirmó. Luego de un intercambio sobre los distintos estados procesales, reconoció la confusión entre los términos jurídicos y corrigió su primera interpretación.
Otro de los temas abordados fue la participación de Javier Milei en un acto político en Brasil y la utilización de recursos públicos para ese viaje. Mientras desde la mesa se planteó el debate sobre el uso de bienes del Estado para actividades partidarias, Dubois sostuvo que esos desplazamientos deben analizarse también por el impacto internacional que puede generar la figura del Presidente.
“Cuando una persona de fama global como Javier Milei va y se muestra en otro país, hay que analizar esos viajes en función de los resultados y de las inversiones que pueden atraer a la Argentina”, argumentó.
Sobre el cierre de la conversación, el parlamentario también se refirió al funcionamiento del Parlasur y aseguró que uno de los objetivos de su gestión es reducir el gasto público. En ese sentido, explicó que los representantes argentinos dejaron de cobrar viáticos y sostuvo que el organismo perdió parte de su relevancia política en los últimos años.
Aunque relativizó el impacto de la última medición de la Universidad Torcuato Di Tella, Dubois reconoció que el Gobierno enfrenta el desafío de sostener el respaldo social mientras busca consolidar las reformas económicas. A su entender, las próximas encuestas permitirán determinar si la caída registrada en julio fue una fluctuación puntual o el inicio de un cambio más profundo en el humor social.
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iván dubois
POLITICA
Un presidente con el método del escrache

Nada podría ser como parece. Un alto funcionario del Gobierno aseguraba ayer que el alboroto de Javier Milei en Brasil, durante el furioso fin de semana último, fue una sobreactuación del presidente argentino por una sugerencia de Donald Trump para que ayude a la familia Bolsonaro en el país vecino y perjudique al actual mandatario brasileño Lula da Silva. Lula buscará la reelección frente a Flávio Bolsonaro el próximo 4 de octubre; este Bolsonaro es hijo del expresidente de ese país, Jair Bolsonaro, condenado por el Tribunal Supremo de Justicia a 27 años de cárcel por el delito de liderar una organización criminal que intentó un golpe de Estado en 2023 para impedir que Lula asumiera la presidencia. Pero ningún funcionario del Gobierno dice saber si Trump le pidió tanto a Milei o si este decidió por su cuenta llegar hasta donde ningún otro presidente argentino había llegado en sus controversias internacionales.
En ese mismo fin de semana, Milei vio desde un stand de la Exposición Rural a José Ignacio de Mendiguren y le gritó, desaforado, “ladrón”. De Mendiguren fue un mal ministro de Duhalde y, más tarde, se camufló como presidente de la Unión Industrial cuando ya tenía el corazón cooptado por el peronismo massista. Con todo, un presidente de la Nación que se precie no puede imitar los modos del escrache que inauguraron aquí Quebracho y La Cámpora.
Sin duda, los desmanes que Milei protagonizó en Brasil fueron peores porque comprometieron con sorprendente inconsciencia el futuro de su país. Bolsonaro padre está bajo el régimen de prisión domiciliaria por su delicado estado de salud. La decisión de prorrogar la prisión domiciliaria del expresidente brasileño de forma indefinida la tomó el vicepresidente de ese Tribunal, Alexandre de Moraes, el mismo que decidió prohibirle a Milei que visitara al patriarca de los Bolsonaro en su casa cuando fue a Brasil en el fin de semana, que el Presidente convirtió aquí y allá en días de saña y delirio. De Moraes, tildado por Milei de “basura calva”, argumentó que Bolsonaro no podrá recibir visitas políticas antes de las elecciones presidenciales de octubre.
Nunca antes se había visto a un presidente tratar de la manera que Milei trató a Lula o a un juez supremo de un país extranjero sin que estos le hayan hecho nada ni le hayan dicho nada. Pero, ¿es una estrategia sobreactuada de Milei ante una sugestión de Trump o responde de algún modo a la necesidad de Milei de volver a la furia que lo hizo presidente en 2023? Las últimas encuestas en poder del gobierno indican que el Presidente está en el límite mismo, o por debajo del límite, de su reelección en primera vuelta dentro de más de un año. La última encuesta de Poliarquía coincide con aquellas mediciones. Si su porcentaje de votos en octubre de 2027 fuera de menos del 40 por ciento, Milei deberá ir a una segunda ronda electoral con el segundo candidato más votado. Y no importará la diferencia de votos en la primera vuelta de esos comicios. No obstante, nada justifica semejante empellón verbal y público del mandatario argentino a un presidente votado por su sociedad, en abierta campaña, además, a favor del candidato opositor a Lula. Si eso no es injerencia en los asuntos internos de otro país las palabras habrán perdido su sentido.
Milei, ni su canciller, Pablo Quirno, quien aplaudió al presidente argentino durante su diatriba contra Lula, tuvieron en cuenta los datos económicos que deberían prevalecer por encima de las ideologías. La influencia de la ideología en la política exterior es nociva si la aplica Cristina Kirchner, que la aplicó, o si la practica Milei. La única frontera que no existe para impedir el principio de no injerencia en asuntos internos de otro país son la violación de los derechos humanos o la ruptura del orden democrático mediante un golpe de Estado en un determinado país. Esta es una regla nueva, que antes no existía en la política internacional. Por eso, Fidel Castro estuvo tantos años en el poder refugiado injustamente en ese principio. De todos modos, la progresía o el liberalismo de sus gobernantes no son motivos para alterar las relaciones entre dos países.
La falta de respeto a la investidura presidencial de otro presidente le resta autoridad moral a un jefe del Estado para reclamar el respeto a su propia investidura. En síntesis, lo que Milei provocó con Brasil tiene el tamaño de una gravedad nunca vista antes. Para empeorar las cosas, este martes se sumó a la polémica la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, en solidaridad con Lula y con serios cuestionamientos a Milei por la forma con que trató al mandatario brasileño. México y Brasil son las dos principales economías de América Latina.
Aunque esa no es la razón principal por la que todos los presidentes deben respetar a sus colegas, es oportuno recordar que Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y que el comercio bilateral es de unos 30.000 millones de dólares anuales. Brasil es también el principal destino de las exportaciones industriales argentinas; ambos países, nucleados en el Mercosur, constituyen el principal mercado exportador de productos agropecuarios del mundo. Por eso extrañó aún más la presencia risueña y despreocupada al lado de Milei del canciller Quirno, que es también un economista diplomado en la Universidad de Pensilvania, en los Estados Unidos. Sabe, por lo tanto, la importancia real y estratégica de Brasil para la economía argentina.
Lula ha hecho también sus travesuras en la Argentina. Estuvo muy cerca de Daniel Scioli, en 2015, cuando este compitió con Mauricio Macri; dicen que le confesaba al entonces perdidoso candidato peronista (actual mileísta convencido, vale recordar) que su triunfo era esencial para conservar una línea progresista en América Latina y se puso abiertamente de su lado. Luego, fracasado el intento de aupar a Scioli a la presidencia, en 2019 se ocupó personalmente de apoyar a Alberto Fernández, a quien recibió en la sede de la Policía Federal de Curitiba, donde estaba preso acusado de corrupción; el político argentino era en ese momento solo un candidato que enfrentaba a Macri para impedir la reelección de este. Lo logró.
Antes, Alberto Fernández y el excanciller de Lula, Celso Amorim, recorrieron el mundo en defensa del expresidente brasileño que sobrellevaba acusaciones de prácticas corruptas. Por esos trámites, Alberto Fernández conoció al papa Francisco, a quien había visto de casualidad una sola vez cuando el entonces Pontífice era el cardenal de Buenos Aires. En 2023, Lula le envió unos veinte asesores electorales a Sergio Massa cuando este competía contra Milei por la presidencia. Lula siempre invocó la importancia de la Argentina en la configuración ideológica de América Latina. Fue improcedente que un presidente extranjero incursionara en cuestiones internas argentinas, pero Milei rompió todos los moldes previos cuando lo llamó a Lula “ladrón” y “presidiario”. Lula se metió en cruciales elecciones argentinas, pero nunca insultó a ningún presidente argentino, al menos públicamente.
Hasta hace poco, los presidentes convivían pacíficamente en el mundo con presidentes de otras ideologías. Trump rompió esa tradición cuando comenzó a agredir verbalmente a sus propios aliados de Europa o cuando descerrajó una guerra innecesaria contra Irán, a pesar de que el régimen de Teherán mereció siempre la protesta internacional por sus opresiones a los ciudadanos iraníes y por su promoción de atentados en países extranjeros, como los dos que impulsó y financió en la Argentina. En América Latina sucedía lo mismo. De hecho, hasta la misma Cristina Kirchner se llevó muy bien con Sebastián Piñera, el presidente chileno de derecha moderada que gobernó su país durante casi todo su primer mandato con la expresidenta argentina también en funciones en su país. Macri cohabitó en el sur de América con el progresista Tabaré Vázquez en Uruguay. El propio Tabaré Vázquez confesó luego que “con Macri resolví en 10 minutos cuestiones bilaterales que no había podido resolver con el kirchnerismo durante años”.
La chilena Michelle Bachelet fue presidente cuando Macri lo era de su país; Bachelet tiene una larga carrera política en el socialismo chileno, que formó parte de la Concertación, una alianza de centroizquierda que gobernó Chile desde el fin de Pinochet, en 1990, hasta el arribo de outsider Gabriel Boric en 2022, aunque ese período de 32 años incluyó también dos mandatos de Piñera, que no perteneció a la Concertación. Macri y Bachelet convivieron sin sobresaltos. Piñera y la concertación eran el establishment político chileno hasta que llegaron los outsiders Boric, de izquierda, y el actual José Antonio Kast, de derecha. Ni Boric ni Kast cometieron las transgresiones del presidente argentino. No todos los outsiders son lo mismo. A Macri, presidente de la Argentina en ese momento, le tocó también reunirse dos veces con la entonces presidenta brasileña, Dilma Rousseff, del lulista Partido de los Trabajadores, y los dos se entendieron sin arrebatos de ningún lado.
La furia de Milei contra Lula llevó a la diplomacia de Brasil a tensar las cuerdas con la Argentina. El canciller brasileño, Mauro Vieira, es un experto en la Argentina porque fue un excelente embajador de su país en Buenos Aires durante varios años. Vieira, un diplomático de carrera, llegó al extremo de calificar de “provocación sin precedentes” lo que hizo Milei en San Pablo cuando el fin de semana se fue a apoyar al hijo de su amigo Bolsonaro. Luego, Vieira llamó en consulta al embajador brasileño en Buenos Aires y él conoce la gravedad de esa decisión, que precede por lo general al retiro del embajador de un país. Es probable que Brasil no tome esa resolución por el momento porque valora lo suficiente la relación con la Argentina como para no darle tanta importancia a lo que dice (y a cómo lo dice) un presidente argentino con fama mundial de disruptivo, salvo la chicana del partido lulista de pedirle a la Justicia que investigue quién pagó el viaje de Milei. Es improbable también que no lo haga porque nadie pueda responder esta pregunta: ¿lo perjudican o lo benefician a Lula semejante agravios por parte de un presidente argentino? Lula es el jefe político de una nación con históricos rasgos nacionalistas.
Dicen en Madrid, por ejemplo, que el jefe del gobierno español, Pedro Sánchez, otra obsesión de la cólera mileísta, lo deja hacer y decir al mandatario argentino cuando este pasa por España, porque comprobó que le hace más bien que mal las injurias de un dignatario extranjero. Sánchez sobrelleva una historia de corrupciones demasiado cerca de él, pero la sociedad española prefiere juzgarlo ella y no dejar ese veredicto en una lengua foránea, que carece de inhibiciones. La otra pregunta que no tiene respuesta es cómo será en adelante la relación entre la Argentina y Brasil, sobre todo la que refiere al intercambio comercial. Como dice Andrés Malamud, si no pasara nada entre los dos países “entonces el mundo está cambiando ante nuestra vista”. Trump habrá inaugurado una nueva era en las relaciones internacionales, y la Argentina habrá cambiado su histórica política exterior que optó por el multilateralismo y respetó a todas las naciones. Habrá triunfado una política exterior de exclusivo sometimiento a las políticas de Washington y se habrá impuesto la paradoja en la que coexisten la ofensa y la subordinación.
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Diego Santilli recibió al embajador de EE.UU. y repasó el paquete de reformas que el Gobierno buscará aprobar en el Congreso

El jefe de Gabinete, Diego Santilli, encabezó hoy en la Casa Rosada un encuentro bilateral con el embajador de los Estados Unidos en la Argentina, Peter Lamelas. En la reunión, ambos funcionarios repasaron el paquete de reformas que el Poder Ejecutivo buscará impulsar en los próximos meses en el Congreso de la Nación. Allí aparecen desde la reforma del Banco Central a la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada.
Según se informó oficialmente, el encuentro tuvo carácter institucional y protocolar con el objetivo de profundizar la alianza estratégica entre ambas naciones. En ese marco, se abordaron temas como comercio, inversiones, seguridad, defensa e innovación, además del seguimiento de la agenda legislativa que la administración libertaria planea debatir en la Cámara de Diputados y en el Senado.
La novedad más reciente en la relación entre la Argentina y Estados Unidos es la imposición de aranceles del 10% desde el viernes pasado. El país recibió el menor porcentaje dispuesto por Donald Trump a nivel global.
Entre las iniciativas normativas que formaron parte de la conversación se destacan el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (BCRA) —que será presentado este jueves en cadena nacional por el presidente Javier Milei—, las modificaciones a la Ley de Inocencia Fiscal y la iniciativa sobre propiedad privada, entre otras reformas de fondo. Tras el encuentro en Balcarce 50, el diplomático estadounidense utilizó sus redes sociales para calificar la reunión como una “excelente conversación” y felicitó al ministro coordinador por su flamante puesto, al tiempo que reafirmó la predisposición de la Casa Blanca para profundizar la cooperación bilateral.
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La visita del representante diplomático de la administración de Donald Trump a Balcarce 50 se produjo horas después del paso por el palacio de Gobierno de la directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, consolidando una intensa agenda internacional del Ejecutivo.
Diego Santilli, Embajada de Estados, Donald Trump
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