POLITICA
Diego Santilli: “Para que la Argentina no vuelva atrás, Milei tiene que reelegir”

Una semana después de asumir como jefe de Gabinete, Diego Santilli ratificó que “para que la Argentina no vuelva atrás, el presidente tiene que reelegir” y sostuvo que su principal tarea será construir las mayorías políticas necesarias para aprobar las reformas que impulsa Javier Milei. En una entrevista con Infobae, aseguró que buscará profundizar el diálogo con gobernadores y otras fuerzas políticas, aunque aclaró que no será un diálogo “para chamuyar” ni para sostener “el statu quo”, porque, según definió, esa lógica representa “la casta”.
Santilli recibió a Infobae en su despacho de la Jefatura de Gabinete, en el primer piso de la Casa Rosada, el mismo lugar donde anteriormente fueron entrevistados Guillermo Francos y Manuel Adorni. Junto con Nicolás Posse, es el cuarto jefe de Gabinete de la administración Milei. Llegó al cargo después de la salida de Adorni, en momentos en que la Casa Rosada busca dejar atrás semanas atravesadas por la crisis política y volver a concentrarse en la gestión y en su agenda de cambios.
La salida de Manuel Adorni, en medio de las investigaciones judiciales sobre su situación patrimonial y de la controversia que generó la presentación de sus declaraciones juradas, terminó abriendo el camino para la llegada de Santilli a la Jefatura de Gabinete. Hacia el final de la entrevista, Infobae le preguntó si tenía toda su situación patrimonial en orden. “Declaro mis bienes hace veinte o treinta años. Está a la vista de todo el mundo, hace muchos años”, respondió.
“Estoy ante el desafío más importante de mi vida política y profesional”, afirmó. Entre las prioridades que fijó para esta nueva etapa, ubicó la reforma electoral que impulsa el Gobierno, con la eliminación de las PASO como principal objetivo legislativo. Aunque ratificó que esa sigue siendo la posición de la Casa Rosada, también dejó abierta la posibilidad de negociar alternativas en el Congreso para reunir los consensos necesarios. El objetivo, explicó, es que los argentinos “no tengan que ir seis veces a votar”, reducir el costo del sistema electoral y avanzar con el resto de la agenda legislativa del Gobierno. “Tenemos que recuperar la agenda pública” y lograr que “todo lo que el Gobierno tiene lanzado, suceda”, resumió.
El jefe de Gabinete aseguró además que los cambios en el equipo de Gobierno no implican una modificación del rumbo político de la administración libertaria. Sostuvo que la convicción del presidente Milei “es irrenunciable” y que la batalla cultural seguirá siendo uno de los pilares de la gestión. “La discusión es cómo se aborda”, explicó al diferenciar el método para construir acuerdos del contenido de las reformas. Según planteó, el diálogo con gobernadores y otras fuerzas políticas tendrá sentido únicamente si sirve para aprobar los cambios impulsados por el oficialismo.
En ese contexto, evitó polemizar con Mauricio Macri, pese a las críticas que el Presidente formuló contra el ex mandatario, destacó “el acompañamiento estoico” del PRO durante estos años y afirmó que “el PRO ayuda” a la gobernabilidad desde el Congreso. Cuando Infobae le preguntó si seguirá afiliado al PRO o si dará el salto a La Libertad Avanza, evitó responder en esos términos y prefirió una definición política más amplia: “Yo soy del proyecto que lidera el presidente Milei”.
En materia de gestión, confirmó que el Gobierno buscará cumplir el acuerdo alcanzado con las universidades nacionales tras el fallo de la Corte Suprema, aunque insistió en que cualquier solución deberá preservar el equilibrio fiscal. También reconoció que, por ahora, el Ejecutivo no analiza ninguna medida específica para enfrentar el aumento de la morosidad en los préstamos de familias y empresas. “No, por el momento yo no tengo nada en carpeta”, respondió.
También cuestionó con dureza la gestión de Axel Kicillof, a quien responsabilizó por la inseguridad, la elevada presión impositiva sobre el sector productivo bonaerense y por rechazar varias de las reformas impulsadas por el Gobierno nacional. Rechazó, además, que el gobernador represente una renovación del peronismo y ratificó que continuará dialogando con gobernadores de todos los signos políticos, incluidos los peronistas, siempre que esos acuerdos sirvan para aprobar reformas y ejecutar obras.

Sobre su futuro político, Santilli evitó confirmar una candidatura a gobernador de la provincia de Buenos Aires, aunque tampoco la descartó. Dijo que la provincia “le apasiona” y que tiene “toda la vocación del mundo”, pero aclaró que cualquier definición electoral quedará subordinada al proyecto nacional. “No puede estar nunca un proyecto personal por encima de un proyecto colectivo”, sostuvo. Para el jefe de Gabinete, ese proyecto tiene hoy un objetivo central: consolidar las reformas impulsadas por el Gobierno y lograr la reelección de Javier Milei en 2027.
Para Santilli, esta nueva etapa no supone un cambio de rumbo, sino una nueva forma de construir las mayorías políticas necesarias para profundizar las reformas impulsadas por Milei. El diálogo, sostuvo, será una herramienta para alcanzar ese objetivo, pero nunca un fin en sí mismo. “Todos los que pensamos de una manera tenemos que luchar para ir hacia adelante y no para abrir el riesgo a que vuelvan los de atrás”, resumió.
La entrevista a Diego Santilli
— Tuvimos una entrevista hace pocos meses como ministro del Interior y ahora como jefe de Gabinete. Pasaron varios. Usted es el cuarto. Cuénteme esta nueva etapa.
Es uno de los desafíos más importantes de mi carrera política. Estaba muy contento con el trabajo que venía haciendo en el Ministerio del Interior. El presidente y Karina Milei me habían convocado para la relación con los gobernadores y, desde noviembre del año pasado hasta ahora, hicimos un trabajo enorme.
Impulsamos algunas de las reformas más importantes que se discutieron durante décadas. Me refiero a la modernización laboral, la ley penal juvenil, la reforma penal, la ley antimafia y todos los temas que venimos llevando adelante.
— El Presupuesto, que nunca se había aprobado.
El Presupuesto, en el marco de las pautas de equilibrio que plantea el Presidente. También la corrección en el tema glaciares, para que nos permita tener una minería responsable, cuidando nuestros glaciares, pero habilitando la actividad para competir con Chile y Perú, que son nuestra referencia más cercana.
Ellos exportan 60.000 millones de dólares y nosotros 6.000 millones. Imagínese la distancia que tenemos para crecer.
Creo que hicimos reformas muy grandes, muy importantes. El RIGI, ahora la media sanción del SuperRIGI. Entro en este desafío muy contento y muy agradecido por la confianza del presidente y de Karina Milei. Y bueno… a trabajar.
— Le tengo que preguntar inevitablemente porque el caso de Manuel Adorni, su antecesor, que derivó en su llegada. ¿Qué mirada tiene sobre todo lo que pasó en torno a Adorni y cómo el Gobierno enfrentó una situación tan compleja?
El Presidente fue claro. Primero: el que pone y saca a los funcionarios es el Presidente. Segundo: el Presidente le había planteado a Adorni que presentara su declaración jurada. La presentó y después fue el propio Adorni el que dijo que quería dar un paso al costado porque sentía que el impacto ya le había llegado a sus hijos, que son chicos en edad escolar, y a su familia. Entonces decidió dar un paso al costado.
No obstante ello, nosotros seguimos trabajando. Algunos colegas suyos me preguntaban por “los cien días” (de la crisis que abrió las investigaciones judiciales sobre la situación patrimonial de Adorni). En ese período sacamos, por ejemplo, la media sanción del Super RIGI, una ley para inversiones superiores a los 1.000 millones de dólares en sectores en los que la Argentina busca convertirse en una potencia.
Tomemos el caso de Polonia. Exporta 40.000 millones de dólares en industria del conocimiento. Nosotros estamos creciendo: hoy estamos en 8.800 millones y camino a los 10.000 millones. Tenemos las mismas condiciones: universidades y jóvenes con capacidades. La exportación de servicios va a ser uno de los sectores que más va a empujar el crecimiento y el Presidente está impulsando ese camino.
También obtuvimos la media sanción del SuperRIGI y pudimos avanzar con los holdouts.
— Pero todo se lo llevaba el caso Adorni.
Es cierto. Ustedes saben más que uno de comunicación. Muchas veces las buenas noticias no son noticia. “Good news, no news”.
— Exacto.
Pero, más allá de eso, es verdad que costaba instalar la agenda. Ese es uno de los desafíos que tengo: recuperar la agenda pública.
El otro desafío es la gestión transversal con los ministerios. Tenemos un equipo de ministros extraordinario, liderado por el Presidente, pero tenemos que mostrar la agenda de todo lo que están haciendo, que es profundamente transformadora y revolucionaria.
Recuperar la agenda pública forma parte de esta etapa. Y seguir con las reformas, porque este ya es el gobierno más reformista de nuestra historia democrática. Hay que seguir todavía más.

— ¿Es una nueva etapa? Su llegada como jefe de Gabinete, el ingreso de un nuevo secretario de Comunicación y el nombramiento de Adrián Ravier como vocero presidencial. ¿Está empezando una nueva etapa del Gobierno?
El Presidente, en ese marco, tomó decisiones. Adrián Ravier es un gran vocero, un economista que entiende la materia y que va en la dirección de lo que el Presidente quiere mostrarles a los argentinos, porque las cosas están pasando. Ya venían pasando, pero ahora empiezan a verse con mayor contundencia en materia económica.
También hay un nuevo secretario de Comunicación (Fabián Fernández), que viene de YPF, con toda su experiencia profesional. Y a mí me toca asumir como jefe de Gabinete.
Paradojas de la vida: cuando uno no busca las cosas, las cosas pasan. Cuando uno las busca, a veces no pasan. La vida es eso. Pero estoy ante el desafío más importante de mi vida política y profesional.
— Nombro a todos, incluso a usted, y son perfiles muy distintos a los que había antes. Había un perfil de mayor confrontación y de “batalla cultural”, que es batalla al fin y con mucha confrontación. ¿Eso queda relegado y ahora empieza la etapa del consenso?
No.
— ¿Cómo lo tiene que entender la gente?
Yo lo entendería de esta manera. La decisión y la convicción del presidente Milei son irrenunciables. Él sostiene que la Argentina debe progresar durante 20, 30 o 40 años. Para que eso suceda, las reformas tienen que avanzar. Nosotros no nos corremos de esa convicción.
La batalla cultural también sigue. Durante años se dijeron muchas cosas falsas. Por ejemplo, que la Argentina solo salía adelante por el sector externo. ¡Sí, obviamente! Pero la pregunta es qué hacemos para que eso suceda.
Llegó el presidente Milei, logró estabilidad macroeconómica —condición sine qua non para poder exportar más— y demostró que muchas recetas que parecían indiscutibles no eran tales. Algunos decían que el dólar tenía que valer el triple para exportar. No pasó. Ni siquiera cuando el dólar valía el triple.
En cambio, cuando tenés estabilidad macroeconómica, un régimen de inversiones competitivo frente a Chile y Perú, y eliminás burocracia como lo está haciendo el ministro Federico Sturzenegger, aparecen las condiciones para producir, exportar más y cambiar la historia. Empiezan los récords de exportación, baja la inflación y el país entra en otro camino.
Ahora bien, la convicción del cambio cultural y la visión sobre hacia dónde tiene que ir la Argentina no se negocian. La discusión es cómo se aborda.
Ahí aparece el consenso. ¿Consenso para qué? ¿Diálogo para qué? No es chamuyar por chamuyar. Ese también es un rasgo de la casta: cambiar los nombres para que nada cambie. No. El Presidente dice exactamente lo contrario: las cosas tienen que cambiar.
Entonces dialogamos para conseguir reformas estructurales, para avanzar con la modernización laboral, bajar impuestos, aprobar la ley penal juvenil, la reforma penal, la ley antimafia, el RIGI y el Super RIGI; para que lleguen inversiones, exportemos más, baje la inflación y haya más trabajo formal.
Ese es el para qué del diálogo. Dialogar por dialogar nunca resolvió ninguno de los problemas de la Argentina.

— En la reunión que tuvo con diputados y senadores en el Salón Héroes de Malvinas, el Presidente hizo un largo discurso, de más de tres horas, y planteó algunas prioridades. ¿Cuáles son las prioridades que tiene que encarar como jefe de Gabinete, concretamente, a partir de ahora? Creo que la reforma electoral es una importante, pero después quiero meterme en ese tema. ¿Cuáles son las prioridades?
Son un montón, pero las pondría en tres ejes centrales.
El primero es la gestión: que todo lo que el Gobierno tiene lanzado suceda. Por ejemplo, los 120.000 millones de dólares en proyectos del Super RIGI, que ahora hay que aprobar. Las concesiones viales, que gracias a Dios arrancaron, con 9.000 kilómetros de rutas que pasarán al sector privado. Es infraestructura para la Argentina hecha por privados, un concepto central del presidente Milei.
También que se ejecuten las obras que los gobernadores han planteado y solicitado. Por ejemplo, la transferencia de rutas. Me viene a la cabeza la 012, con el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro; el acueducto de Comodoro Rivadavia, con el gobernador de Chubut, Ignacio Torres; las rutas 40, 20 y 150 en San Juan, vinculadas al desarrollo minero y turístico; la ruta 40 en Mendoza; o el acueducto entre Catamarca y Santiago del Estero.
Hay obras de infraestructura importantes que tienen que salir adelante y que harán los gobernadores junto con el sector privado, que es la visión del Presidente… Ahora, eso tiene que pasar.
El segundo eje es recuperar la agenda pública, que es lo que hablábamos al principio.
Y el tercero son las reformas. Que el Super RIGI complete su trámite en el Senado. Que consolidemos el acuerdo con los holdouts, un problema que la Argentina arrastraba desde el default de 2001.
Tenemos que avanzar con la ley de propiedad privada; con la modificación de la Ley de Sociedades para hacerla más ágil y acorde a los tiempos del emprendedor y de las pymes; con la ley Hojarasca, que apunta a eliminar burocracia; y con las correcciones a la Ley de Inocencia Fiscal que propusieron los colegios de contadores de todo el país, sobre un trabajo muy importante que hizo el Ministerio de Economía con el ministro “Toto” Caputo.
También están las energías renovables, un capítulo que quedó pendiente en el Presupuesto, para evitar que las inversiones paguen impuestos e Ingresos Brutos. Y la compensación histórica vinculada a CAMMESA con las provincias, que viene desde la pandemia.
Y, por supuesto, la reforma electoral. En la visión del Presidente tiene que haber una reforma pensada para el ciudadano, en tres dimensiones. La primera: que el ciudadano no tenga que ir seis veces a votar. Es insoportable. La segunda: que no le cueste entre 250 y 300 millones de dólares al Estado. Y la tercera: revisar el enorme espacio cedido a la publicidad de los partidos políticos, porque la gente termina apagando la televisión y ese sistema ya no cumple el objetivo para el que fue creado. Después viene la discusión electoral de los partidos. Pero esos tres conceptos son los que sostiene el Presidente.
— Trascendió una negociación con los gobernadores para eliminar las PASO y habilitar las colectoras en la próxima elección. Preguntas concretas: ¿el Gobierno quiere la eliminación de las PASO? ¿Aceptaría suspenderlas si no tiene los votos? ¿Qué significan estas colectoras y cuál es la posición del Gobierno? ¿Es una propuesta del Gobierno o de los gobernadores?
El concepto del Gobierno es el de la ley que enviamos: la eliminación de las PASO.
El objetivo es ordenar el sistema de partidos, evitar que el ciudadano tenga que votar seis veces, ahorrar unos 300 millones de dólares y corregir un esquema de publicidad política que, en definitiva, ya casi nadie mira.

— ¿Y Ficha Limpia?
Por supuesto. Ficha Limpia forma parte de nuestra visión y está incluida en el proyecto que enviamos. Hay un debate sobre ese tema.
— ¿Adentro de la ley?
Hay un debate entre senadores y diputados. Nosotros la sostenemos dentro del proyecto, pero es una discusión que daremos más adelante. Nuestra posición es clara: queremos Ficha Limpia.
— ¿Pero podrían sacarla?
Lo discutiremos cuando llegue el momento, en el Senado y después en Diputados. Respecto de las colectoras, esa es una discusión que están llevando adelante los representantes de los partidos políticos. Pero nuestra propuesta es la que enviamos al Congreso.
Sobre la eliminación o la suspensión de las PASO, nuestra posición sigue siendo la eliminación. Después habrá que ver cuál es el consenso que se construye, pero el objetivo es que el ciudadano no tenga que ir seis veces a votar.
— Pero no está descartado que, si no hay votos, se habilite una suspensión…
Podemos discutirlo. Lo vamos a discutir en el Senado. Es una de las conversaciones que estamos teniendo con los senadores y con Patricia.
— ¿Las colectoras también podrían ser una alternativa?
Puede ser una alternativa para los partidos políticos. Es un planteo que ellos están haciendo respecto de cómo competir. Nosotros vamos a competir con La Libertad Avanza. Después habrá que discutir con diputados y senadores cuál será el formato definitivo.

— Una pregunta que no le hice cuando introdujimos la entrevista. ¿Usted le pidió al Presidente ser gobernador para aceptar el cargo? ¿Ser el candidato a gobernador?
De ninguna manera. Yo no le pediría algo así al Presidente.
Te dije antes que estoy ante el desafío más importante de mi carrera política. Estoy acá para dejar todo en la Jefatura de Gabinete.
— No fue una condición: “Agarro, pero voy a ser el candidato”.
No. Ponerle condiciones a un presidente, y menos a Javier Milei, no me parece adecuado. Mucho menos a Javier o a Karina Milei.
Te decía al principio que parece un chiste: cuando uno va detrás de determinadas cosas, muchas veces no suceden; cuando uno se despoja de eso, empiezan a pasar.
Creo que alguna vez lo dije en un programa, cuando iba a ser candidato. Dije que no me importaba en qué lugar firmar. Algunos me cargaron por eso, pero respondí que iba a firmar donde hiciera falta porque quería acompañar.
En 2023 la sociedad tomó una decisión. Había dos propuestas de cambio y ganó la que lideraba Javier Milei. Desde ese día nosotros lo acompañamos, incondicionalmente y sin pedir nada a cambio.
Cuando llegó el proceso electoral del año pasado hicimos lo mismo. Firmé tercero en la lista.
Después pasó lo que pasó y, otro domingo más, el Presidente me pidió que me hiciera cargo, después de una elección muy difícil, en la que habíamos perdido por 14 puntos en septiembre y terminamos ganando en octubre.
— Es el bombero del Presidente, parece.
No, no soy el bombero.
Yo creo en los proyectos colectivos. Estoy convencido de los proyectos colectivos.
— Lo digo porque tuvo que salir después del lío con José Luis Espert y ahora vuelve a aparecer después del caso Manuel Adorni.
Es como te decía: cuando uno busca las cosas, muchas veces no suceden; cuando uno se despoja, pasan. Creo que la vida tiene bastante de eso.
— Y volviendo al tema de la provincia de Buenos Aires. ¿Mantiene la idea o la intención de ser candidato a gobernador?
Yo creo en los proyectos colectivos.
— No me la tire a la tribuna.
No, no. Proyecto colectivo significa que la Argentina no vuelva atrás. Y para que la Argentina no vuelva atrás estoy convencido de que el presidente Milei tiene que reelegir. Esa es mi convicción.
El Presidente tiene que reelegir porque este proceso debe profundizarse, con más desarrollo, más crecimiento y más empleo formal. Hace quince años que en la Argentina no se genera un puesto de trabajo formal y hace veinte que no nace una pyme neta.
Entonces uno se pregunta qué nos pasó.
En ese marco digo que me apasiona la provincia de Buenos Aires, me encanta y tengo toda la vocación del mundo. Pero es un proyecto colectivo.
No puede haber nunca un proyecto personal por encima de un proyecto colectivo. Sobre todo, cuando está en juego una Argentina próspera y grande.

— Hablando de la provincia de Buenos Aires, usted viene criticando muy duramente a Axel Kicillof. Tanto por su gestión como porque hoy aparece como uno de los dirigentes que busca posicionarse para una candidatura presidencial. ¿Por qué esa insistencia en ser tan crítico?
Lo que me saca de lugar es escuchar a Carlos Bianco, que es el jefe de Gabinete de Axel Kicillof, decir que estábamos mejor en 2023 que ahora.
¿Cómo estábamos mejor en 2023 con 57% de pobreza? ¿Con 60% de pobreza infantil? ¿Con 20% de indigencia? ¿Con una inflación acumulada de 1.147% durante los cuatro años del gobierno anterior?
¿Y con un gobernador que no se hace cargo de la inseguridad en la provincia de Buenos Aires ni enfrenta el delito?
Si querés ir más lejos, hace pocos meses el presidente resolvió el desastre que dejó el caso YPF, una contingencia de 18.000 millones de dólares que podía costarle muchísimo a la Argentina.
Entonces digo: ¿de qué están hablando?
Todo el esfuerzo que hizo la sociedad durante estos dos años fue para salir del desastre que dejó el gobierno anterior.
Por lo menos deberían llamarse un poco a silencio.
— Hablando de la provincia y de los gobernadores. En su asunción estuvieron presentes trece gobernadores. Hay un grupo importante que acompaña al Gobierno. ¿También va a convocar a los gobernadores peronistas, por ejemplo Axel Kicillof, para dialogar?
Es buena la pregunta. Pero vuelvo a lo mismo: ¿dialogar para qué? ¿Para una foto? Si el propio Kicillof no fue al Pacto de Mayo. No quiere bajar impuestos; al contrario, los aumenta. La presión fiscal sobre la industria en la provincia de Buenos Aires es 34% más alta que en Córdoba y 30% más alta que en Santa Fe.
No quiso acompañar la ley de reiterancia, que apunta a terminar con la puerta giratoria. No acompaña la ley penal juvenil, que ya resolvió prácticamente todo el mundo. No acompañó el RIGI y, de esa manera, la provincia pierde inversiones. Entonces vuelvo a la misma pregunta: ¿dialogar para qué?
Si es dialogar para chamuyar y para sacarse una foto, no. Él es quien no quiso avanzar en ningún acuerdo.

— Hablo de Axel Kicillof, pero también de Gildo Insfrán o Ricardo Quintela.
El otro día estuve en el CFI con los gobernadores del Norte.
Estaban el gobernador de La Rioja y el gobernador de Formosa.
— O sea, con todos sí; con Axel Kicillof no.
Él es quien no quiso. Ahora después aparecen títulos diciendo que me convocan o que me llaman. Pero vuelvo a lo mismo: en la Argentina estamos demasiado acostumbrados al diálogo para no hacer nada, al diálogo para sostener el statu quo. No.
El diálogo para el statu quo, no.
— El gobernador plantea que la Nación le debe mucho dinero y que le retiene fondos…
Nación también reclama lo que le deben por los hospitales.
— Dígame.
¿Quién está pagando hoy las cuentas de los hospitales? Nación.
Pregúntele al ministro Mario Lugones. Entonces ojo con eso. Y cuando la Nación tuvo que rollear su deuda, estuvo.
— ¿Y va a seguir estando?
Cuando tenga que rollear deuda, va a estar. Esa es la posición política y filosófica del Presidente.
Yo me reuní con el gobernador de La Pampa, Sergio Ziliotto, con quien tenemos diferencias muy importantes. Sin embargo, encontramos un acuerdo respecto de la caja jubilatoria, por ejemplo.
— Siguiendo con la política. Le pregunto por una frase que pronunció el Presidente, primero en la Fundación Faro y después en una entrevista por streaming, cuando dijo que el gobierno de Mauricio Macri había “estafado a los argentinos” al reperfilar la deuda. ¿Qué piensa de esa frase?
Primero quiero destacar y agradecerle al PRO por el acompañamiento estoico que tuvo durante todo este tiempo.
Me tocó verlo cuando era ministro del Interior y había que trabajar con Diputados, pero también en todas las reformas que impulsamos.
Tenemos un excelente diálogo, aunque no siempre coincidimos, con Cristian Ritondo en Diputados, con Martín Goerling en el Senado, con Fernando de Andreis y con los gobernadores del PRO.
Quiero destacar eso.
Después, el Presidente hace sus exposiciones y muestra datos de la historia económica. Ustedes saben que permanentemente contrasta datos y series históricas.
No me olvido de que, en diciembre, cuando yo era ministro del Interior, el Presidente me dijo: “Vamos a tener un enero difícil, un febrero difícil y un marzo peor”. Ahí le planteé: “¿Pero si ganamos la elección?”.
Y me respondió: “Abril va a ser el piso. Mayo va a empezar a mejorar, junio también y, a partir de ahí, los meses van a ser cada vez más positivos”.
Es un Presidente que decidió no quitarle los depósitos a la gente ni aplicar recetas del pasado que terminaron destruyendo a la sociedad, a las pymes y a los ciudadanos.
Por eso la salida es mucho más seria y contundente, aunque también más larga.
Ese es el camino.
Y, como él mismo dice, los libertarios no somos una manada. Eso implica aceptar visiones diferentes y posiciones distintas.
En ese marco, lo más importante es que quienes pensamos de manera parecida —no digo igual, parecida— estemos juntos hacia adelante. Yo me quedo con eso.

— Pero no me responde concretamente sobre esa frase.
Todos han dicho cosas desde distintos lugares. Creo que hay que pararse sobre las cosas que nos unen.
— ¿Macri ayuda o Macri obstaculiza al Gobierno?
El PRO ayuda.
— Hablo de Mauricio Macri.
El PRO ayuda. Sus representantes están votando y acompañando las reformas. ¿Y sabés por qué las acompañan? Porque también estaban en su plataforma. No es a cambio de algo. Es porque son temas que venimos discutiendo desde hace mucho tiempo.
— Quiero ir a cuestiones muy puntuales, ya entrando en el tramo final de la entrevista. ¿Qué va a pasar con el financiamiento universitario después del fallo de la Corte?
Se hizo un acuerdo con las universidades.
— Las universidades sostienen que el fallo obliga a algo que va más allá de ese acuerdo. Se lo pregunto porque sé que usted participó de esa negociación.
En la Argentina todos hicimos un esfuerzo durante estos dos años, especialmente los ciudadanos. Todos hicimos un esfuerzo. Y ese esfuerzo tiene que permitirnos cumplir nuestras obligaciones. Es verdad que debemos respetar el Presupuesto y la Ley de Responsabilidad Fiscal. Tenemos que cumplir todas las normas.
Ahora, también es cierto que si eso genera un desequilibrio fiscal, puede terminar provocando un problema todavía mayor para todos. Se llegó a un acuerdo con las universidades y ese acuerdo fue presentado ante la Corte. Quiero destacar el trabajo de la ministra Sandra Pettovello, que terminó con la intermediación social y, junto con la ministra de Seguridad, también con los piquetes.
Nosotros vamos a empezar a cumplir ese acuerdo y, al mismo tiempo, tenemos que encontrar el equilibrio para que las universidades sigan creciendo y haciendo el trabajo tan importante que realizan en todo el país.
— ¿El Gobierno está pensando en alguna medida concreta frente al aumento de la morosidad, tanto de las familias como de las empresas?
Muchos bancos están tomando decisiones en ese sentido. También veo que algunas provincias están reestructurando situaciones de deuda. Si alguien tenía una deuda con una tasa del 200% y esa tasa baja, ahí ya aparece un mecanismo de alivio.
Pero la posición del Presidente es muy clara: no cree en la intervención del Estado ni en los subsidios. Cada sector irá encontrando soluciones a medida que bajen las tasas de interés, el riesgo país y continúe bajando la inflación.
Si uno mira el riesgo país del bono emitido durante la gestión del presidente Milei, está en torno a los 60 puntos básicos. Hoy el riesgo país ronda los 420 puntos, cuando el Gobierno lo recibió cerca de los 2.000. Ahí está el camino: bajar la tasa. Los números empiezan a aparecer y la inflación sigue cediendo.
— ¿Pero no hay en carpeta ningún plan concreto para atacar este problema?
No.
— ¿No, o no por ahora?
No. Por el momento no tengo nada en carpeta.

— Hablamos de muchos temas y usted, como jefe de Gabinete, está en la línea de fuego de todos ellos. ¿Qué asunto le preocupa más o cuál cree que puede generar una complicación?
Lo que estamos viendo es que la economía crece. Doce de los dieciséis sectores de la economía ya están creciendo. Necesitamos que ese crecimiento llegue también al comercio y al ciudadano de a pie. Y necesitamos que todo lo que el Gobierno tiene lanzado suceda.
Cuando digo “todo”, hablo de los 9.000 kilómetros de concesiones viales, de los RIGI, de las inversiones en las provincias, de la producción y de las exportaciones.
Estoy ocupado en esas tres dimensiones que te planteé al principio.
— Fue diputado, vicejefe de Gobierno, ministro del Interior y ahora jefe de Gabinete. Tiene la posibilidad de competir para gobernador. ¿Alguna vez pensó en ser presidente?
Nunca lo pensé.
— ¿Nunca?
Nunca. Siempre tuve objetivos mucho más cercanos. Cuando fui ministro de Seguridad tenía un objetivo concreto. Ahí es donde diferencio al que quiere que nada cambie —eso para mí es la casta— del que quiere transformar. Recibí una ciudad con una tasa de homicidios de 5,4 cada 100.000 habitantes y la dejé en 2,4.
Enfrentamos al narcotráfico. Las tres principales organizaciones criminales terminaron completamente detenidas. Fuimos al frente. Transformamos. Eso es concreto.
Nunca pensé en la Presidencia porque siempre trabajé sobre objetivos mucho más palpables.
— ¿No es un tema?
No.
— ¿Va a seguir siendo afiliado al PRO o se va a afiliar a La Libertad Avanza?
Yo soy del proyecto que lidera el presidente Milei.
— No me responde.
Para mí, en la etapa que viene, los colores no definen. Lo que va a definir el futuro es si volvemos para atrás o seguimos para adelante.
— Si usted quiere la reelección del presidente Milei, eso implica que no quiere cualquier otro candidato. Por ejemplo, si Mauricio Macri quisiera volver a ser candidato a presidente.
Yo creo en la reelección del presidente Milei. Lo dije y lo sostengo. Estoy convencido de que el presidente Milei tiene que reelegir.
— El PRO puede presentar un candidato. De hecho, algunos dirigentes ya lo plantean.
Por supuesto. El PRO puede presentar un candidato y el radicalismo también, si quiere. Ahora, yo creo que todos los que pensamos de una manera tenemos que luchar para ir hacia adelante y no abrir el riesgo de que vuelvan los de atrás.
— Usted nació políticamente en el peronismo, después fue parte del grupo fundador del PRO y ahora integra el Gobierno de Javier Milei. ¿Qué le está pasando hoy al peronismo? Usted habla permanentemente con gobernadores e intendentes peronistas. ¿Cómo lo ve?
No me gusta opinar sobre otros partidos.
El peronismo estará discutiendo una reestructuración, una renovación o como quieran llamarla.
Es una discusión que tiene que dar el propio peronismo.
— Con Cristina Kirchner presa y Axel Kicillof disputando el liderazgo… ¿Qué ve que está pasando?
Es un tema del peronismo.
Tengo que ser respetuoso de eso.
Nosotros tenemos que ocuparnos de que el enorme esfuerzo que hizo la sociedad durante estos dos años continúe hacia adelante.
Lo peor que nos puede pasar es volver a una Argentina pendular, que va para un lado y después para el otro, sin consolidar nunca un rumbo.

— ¿Axel Kicillof representa la renovación del peronismo?
Para mí, no. Pero, más allá de eso, es una discusión que debe resolver el peronismo.
Lo voy a explicar con una lectura muy personal. Europa tuvo los dos grandes epicentros de las guerras mundiales: Francia y Alemania. La Unión Europea nació como un proceso de paz, para que eso no volviera a ocurrir. Después vino la unión aduanera y, más tarde, la moneda común. Pero el origen fue un proceso de paz.
Los países a los que más les costó hacer los esfuerzos que hoy está haciendo la Argentina —como España, Portugal, Italia o Grecia— terminaron haciéndolos. Sus ciudadanos hicieron un enorme sacrificio. Y fijate cómo crecieron desde 1993 hasta hoy.
Se desarrollaron, redujeron la pobreza y después empezaron a enfrentar otros problemas, que son los problemas del crecimiento. Ese fue el corsé que encontraron para no volver atrás.
La Argentina tiene que evitar el movimiento pendular que la llevó una y otra vez de un extremo al otro. Si logramos bajar la presión fiscal, producir más y exportar más, vamos a resolver uno de los problemas históricos del país, que es la falta de dólares.
Y, ojalá, vamos a tener el problema inverso: el de una economía que genera cada vez más divisas. Fijate que el presidente y el ministro de Economía ya consiguieron este año las reservas que necesitaba el programa económico. También quedó asegurado el pago de los vencimientos de deuda de este año y del próximo. Eso le da previsibilidad a la Argentina.
Por eso estoy convencido de que el presidente Milei tiene que reelegir.
— La última. Adorni dejó la Jefatura de Gabinete en medio de una investigación judicial sobre su patrimonio y de una fuerte polémica por sus declaraciones juradas. Le hago una pregunta muy concreta: ¿usted tiene todo en orden?
Sí. Declaro mis bienes hace veinte o treinta años.
— ¿Está todo en orden?
Está a la vista de todo el mundo, hace muchos años.
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POLITICA
La delgada línea entre el milagro y la catástrofe

Javier Milei y Axel Kicillof convivieron dos días bajo el cielo de Nueva York sin verse, pero como si se persiguieran con las palabras. Desplegaron un duelo de desmesuras ante inversores y políticos. Donde el presidente libertario ve un boom de crecimiento y consumo, una Argentina a la que “los dólares le salen por las orejas”, el gobernador peronista distingue “una catástrofe”, un desierto de empresas quebradas y desempleo masivo. Lo que dejaron fue una estela de desconfianza, acompañada por una suba del riesgo país hasta el nivel más alto desde abril.
La doble visita resultó una puesta en escena del carácter provisorio de la transformación que experimenta la Argentina. Milei ha optado por aferrarse a la polarización con el kirchnerismo, o sus herederos, y esa decisión lo expone delante de los actores económicos a los que seduce para que se lancen a invertir.
Su lógica de empujar reformas del 50%, sin buscar mínimos puntos de consenso con una oposición a la que baña de insultos a diario, cubre su programa de un manto de incertidumbre. Lejos de ser una brújula fiable, el famoso “rumbo” queda sometido a un examen permanente de opinión pública. Preso de los resultados de corto plazo. El apego al equilibrio fiscal, la nueva legislación laboral, la apertura comercial, el incentivo a las grandes inversiones del RIGI y el alineamiento geopolítico con Estados Unidos se asumen como decisiones personales de Milei.
“Si aparecen pelotudos hablando por Nueva York, (el riesgo país) sube, obvio”, dijo Milei el miércoles, cuando la tasa ya superaba los 550 puntos. Aludía a Kicillof, por ahora el dirigente que lo sigue más de cerca en las encuestas de intención de voto presidencial, aunque todavía le quede un pedregoso camino para afianzarse como el candidato del peronismo. Lo llamó “enano soviético” y otras lindezas por el estilo ante auditorios que tienen un temor innato a los políticos de inclinación intervencionista.
Agitar el “riesgo kuka” es un cuchillo de dos filos. Agrupa a un sector del electorado al que le causa escalofríos el recuerdo de los gobiernos kirchneristas, pero vuelve conservadores a los que mueven el dinero. Lo sabe el ministro Luis Caputo, que por eso hace tiempo decidió declarar que, a su juicio, es imposible que en 2027 el peronismo vuelva a gobernar el país.
Pero la tentación de culpar al enemigo es más fuerte cuando la economía no llega al lugar que el Gobierno espera. A estas alturas del año, Milei y Caputo proyectaban que la inflación habría caído por debajo del 1 por ciento mensual y que el crecimiento sería perceptible para la mayoría de la población. Tienen, en cambio, la actividad en retroceso, el empleo planchado, niveles de mora crediticia récord y movimientos de precios que aún impiden un despegue de los salarios.
Como consecuencia de este presente de estabilidad escuálida, el liderazgo de Milei en la carrera presidencial se ha vuelto difuso.
El ministro de Economía, que llegó a imaginar las elecciones del año que viene como “un paseo por el parque” para los libertarios, se desvive por garantizar un blindaje de reservas que le permita pulsear con el mercado en la temporada de votación. El objetivo número 1 de su gestión es evitar una corrida cambiaria ante el miedo a un vuelco radical en las reglas de la economía. La estabilidad se mantiene como el mayor tesoro a cuidar. La tasa de inflación de agosto, de 1,7% y la más baja en 14 meses, lo invita a perseverar en esa dirección.
Milei ajusta las promesas al andar. Los “mejores 18 meses” de la historia que según Caputo iban a empezar en abril se mudaron a un futuro hipotético. “Si somos reelectos, el 2028 va a ser el mejor año de la Argentina”, pontificó el Presidente el jueves. Un arquero que no para de correr el arco. Fue otra invitación a que los grandes jugadores del mercado profundicen su inclinación al “esperar y ver”.
El dilema peronista
Kicillof buscó aguarle la fiesta. En sus charlas con financistas y políticos refutó la orientación liberal y desreguladora de Milei. Se presentó como defensor de un rol fuerte del Estado en la economía, habló de una “tragedia educativa” y descalificó la doctrina trumpista de intervención en la región. A su propuesta le falta aún una definición nítida sobre cuál es la receta que lleva al crecimiento. En las últimas semanas mencionó al pasar la necesidad de “orden económico”, sin que surja aún de esas palabras un mensaje explícito contra el prejuicio muy extendido de que un triunfo del peronismo implicaría el regreso de la inflación desbocada.
Ni él ni ninguno de los integrantes del disuelto Frente de Todos ha ofrecido una explicación concreta sobre por qué fracasó el gobierno de Alberto Fernández y qué se hizo mal para que al entregar el mando la inflación interanual fuera del 211%. Sergio Massa, el ministro de Economía que perdió contra Milei, no volvió a hablar en público sobre su gestión. Cristina Kirchner mantiene la centralidad a pesar de estar en prisión domiciliaria y se limita a recordar que ella señaló en su momento las disidencias con Fernández. Una verdad a medias, porque nunca abandonó en aquellos años la jefatura del oficialismo y el poder sobre áreas centrales de la administración.
La carencia de una autopsia del último gobierno peronista opera como un freno de mano en la renovación opositora. Contrasta con lo que hizo Mauricio Macri después de su derrota en 2019. Él se tomó un tiempo para explicar por qué no había logrado sus objetivos económicos y concluyó que, si tuviera la posibilidad, “haría lo mismo, pero más rápido”. Esa autocrítica desdibujó a Juntos por el Cambio y anticipó a Milei.
Un peronismo sin el vigor de otras épocas, desprovisto de un liderazgo claro y sometido a batallas internas destructivas, le da a Milei oxígeno para pensar cómo salir del laberinto del estancamiento económico. La imagen positiva que perdió el Presidente no engorda a sus rivales. Pero el descontento social y las expectativas menos optimistas respecto del futuro producen efectos inmediatos en el plano político.
Sin esas condiciones, sería impensable el libertarianismo crítico que ensaya Patricia Bullrich o la candidatura en gestación del economista Hernán Lacunza desde el Pro, a pesar de que, en paralelo, Macri y la hermana del Presidente abrieron la negociación de una alianza de alcance nacional. “Tengo mucha confianza en que los argentinos van a quedarse con la versión del cambio de primera mano, no con la segunda marca o la tercera”, dijo Milei el jueves, en lo que pareció un mensaje a quienes lo desafían desde su andarivel ideológico.
Los retrocesos de Milei
Esa rigidez narrativa contrasta a menudo con la dinámica real de su gobierno. Milei no pacta de antemano, pero suele retroceder después. Empuja reformas sin acuerdos previos y frena cuando la realidad le pone un límite. Solo lo disimula con una pose dogmática y palabras incendiarias.
Se volvió el primer malvinero después de la oalista que se impuso a raíz del partido del Mundial entre Argentina e Inglaterra. Tardó en entenderlo y lo asumió cuando debió resignar las modificaciones a la ley de tierras que impulsaba como parte esencial de su revolución. Esta semana, ante la Asamblea General de la ONU, se presentó como el único presidente argentino dispuesto a pasar a la acción para recuperar la soberanía, pese a que su mayor gesto hasta ahora ha sido proponer una versión más dura de una ley vigente desde 2011 para sancionar a las empresas que extraen recursos en las islas y el mar circundante.
Otro giro sin sutilezas se dio en la discusión por el financiamiento para el área de discapacidad, al renunciar a los recortes que había impulsado la semana pasada en el texto del presupuesto 2027. La reacción política y social desató un clamor de los propios. El clima ya no está para presumir de crueldad con los más débiles, como solían hacer algunos de los libertarios más conspicuos. Aquellos que desafiaban en redes sociales a un chico autista o usaban como insulto el término “mogólico”.
Los aliados parlamentarios están menos propensos a convalidar nuevos ajustes impopulares. “Hay campo fértil para que nos toreen con leyes que amenazan el superávit fiscal. Ya pasó el año pasado antes de las legislativas”, dice uno de los integrantes de la conducción legislativa de La Libertad Avanza. Milei llama a no ceder, salvo en los casos que lo expongan a una crisis.
El termómetro del humor social aconsejó también pasar a pérdida a Manuel Adorni, que el lunes explicó ante los tribunales que había hecho su patrimonio gracias a ganancias extraordinarias con criptomonedas que ocultó al fisco durante años. Contó que guardó en su casa casi 600.000 dólares en 2017 y vivió con disimulo, austeramente, hasta que fue designado en el Gobierno, a finales de 2023. Milei no volvió a clamar la inocencia de su amigo. En las redes sociales no hubo ni un “fuerza, Manu”. El vocero Adrián Ravier se limitó a decir que será la Justicia la encargada de determinar si la explicación del exjefe de Gabinete es cierta o no. El último hilo de cortesía con Adorni consiste en mantenerle la custodia y el auto oficial.
La nueva tierra prometida
El foco del Presidente estaba puesto en la visita a Manhattan. En desplegar otra vez su oferta de una nación abierta a la inversión, destinada a convertirse en un proveedor privilegiado de minerales críticos, energía y espacio físico para el desarrollo de la Inteligencia Artificial. “Argentina es la nueva tierra prometida”, anunció en Nueva York. Explicó que su problema hoy consiste en que no se aprecie más el peso ante el auge de las exportaciones. Ahí encajó su metáfora de los dólares que nos salen por las orejas. Incluso se permitió fantasear con pasiones personales, como cuando dijo que soñaba con tener un Tesla Cybertruck negro con un león dorado para pasearse por Buenos Aires.
Pudo celebrar un acuerdo con Estados Unidos sobre proyectos de infraestructura estratégica por 7000 millones de dólares. Es otro triunfo en espera, sujeto a que el péndulo argentino no se active otra vez.
Antes de volverse, Milei describió los éxitos de lo que llama “el milagro libertario”. Refutó a los que, en línea con Kicillof, denuncian una crisis de ingresos. Dijo: “Con la baja de la inflación les devolvimos a los argentinos 100.000 millones de dólares; una inyección de dinero que se siente en el bolsillo”. Las últimas estadísticas oficiales del Indec hablan de caídas del consumo, la inversión y el empleo, y un repunte de la pobreza. Será que prendió el ejemplo de Adorni y todos decidieron guardar el dinero y vivir deliberadamente como si no lo tuvieran.
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POLITICA
Video: el baile de Mauricio Macri en el acto del PRO en Jujuy donde alternó apoyos y críticas al Gobierno de Milei

En su viaje a Jujuy, el expresidente Mauricio Macri dejó algo más que definiciones políticas del PRO y alguna crítica leve al gobierno de Javier Milei. Segundos antes de iniciar su discurso, ensayó unos pasos de baile con un colaborador.
No es la primera vez que lo hace, de hecho fue una suerte de marca registrada durante su gobierno, y en campaña. Ahora, desde hace unos meses volvió a reeditar los bailes, en una maniobra para mostrarse cercano a la gente.
Macri también aumentó su exposición pública, con entrevistas en redes sociales y canales de streaming; en este nuevo rol como presidente del PRO se lo ve más activo en el mundo virtual.
El exjefe de Estado volvió este viernes al centro de la escena política con una postal que el PRO construye desde hace meses: un acto propio, rodeado de dirigentes propios y en un marco federal, con el foco puesto en el armado rumbo a las elecciones del año que viene. La reaparición llega después de una semana en la que el partido fundado por el expresidente volvió a diferenciarse del Gobierno por el Presupuesto 2027 y el capítulo vinculado a discapacidad.
POLITICA
Gremios, empresarios y movimientos sociales buscan articular un documento económico para la visita del Papa León XIV

Cuando falta un mes y medio para que el papa León XIV viaje a la Argentina, gremialistas, empresarios y dirigentes de movimientos sociales iniciaron conversaciones con el objetivo de elaborar un informe crítico sobre la situación económica y social del país que aspiran a entregarle al Sumo Pontífice en el marco del encuentro que mantendrá con representantes del “mundo del trabajo” en la sede de la Universidad Católica Argentina (UCA), en Puerto Madero.
Esa reunión, que forma parte del cronograma oficial que difundió el Vaticano para la visita de León XIV al país y será organizada por la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), genera nerviosismo en la Casa Rosada. Es que desde el gobierno de Javier Milei transmitieron a los obispos su temor de que los sindicatos o referentes sociales intenten hacer un uso político de la presencia del Papa en la UCA. La misma preocupación despierta en los despachos oficiales la recorrida que hará el Pontífice por el Cottolengo Don Orione, en Claypole, donde viven unas 400 personas con discapacidades severas. Los preparativos para el viaje papal tienen lugar en momentos en que Milei enfrenta complicaciones por los efectos del ajuste y su programa de estabilización. Según el Indec, la pobreza creció al 32,3% en el primer semestre del año y la economía retrocedió en julio un 2,9%.
En la Iglesia tienen muchas expectativas puestas en el encuentro que encabezará León XIV en el auditorio San Juan Pablo II del campus universitario. Ese día, los obispos pretenden exhibir una convocatoria amplia y plural de dirigentes del mundo laboral en un ámbito académico. En la casa de estudios pontificia, planean congregar a empresarios, gremialistas, integrantes de organizaciones populares, representantes de la cultura y de universidades públicas y privadas. El Papa escuchará tres testimonios sobre la realidad de cada sector y dará un mensaje frente al auditorio.
En ese contexto, Jorge Sola, secretario general del sindicato del Seguro e integrante del triunvirato que conduce la CGT, y Osvaldo Cornide, referente de Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y líder de la corriente de opinión Fuerza Suma, un espacio transversal y apartidario que se basa en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, articulan un documento en el que apuestan a describir las dificultades que atraviesa la economía del país. Los equipos técnicos ya empezaron a trabajar en los borradores.
La idea de los impulsores de la iniciativa es incluir en la elaboración del informe la visión de los movimientos sociales y diversas entidades económicas. Quieren exhibir ante el Papa que existe un consenso entre los diversos sectores que conforman el mundo del trabajo en la Argentina en torno al diagnóstico de los problemas sociales y las propuestas para desarrollar la economía. En otras palabras, procuran hacer un gesto de diálogo tripartito. Es lo que pretende la Iglesia: que se priorice la construcción de consensos y evitar el conflicto entre los actores.
En la cúpula de la CGT esperan aprovechar la visita del Papa para hacer una convocatoria al diálogo social. “Tendremos que hacer un esfuerzo para que seguramente lo acompañe el sector empresario con sus miradas. Queremos mostrar una mesa de diálogo entre el capital y el trabajo hacia una Argentina de desarrollo”, anticiparon fuentes sindicales. El documento está en una fase de construcción. No obstante, los organizadores ya tienen claros los lineamientos. Por ejemplo, prevén imprimirle un tono moderado al informe. Procuran evitar que se interprete como un intento de confrontar con el gobierno de Milei durante la visita papal y apelarán al espíritu de unidad nacional, en sintonía con el mensaje que transmite el Papa León XIV, defensor a ultranza del diálogo.
En concreto, aún no está definido cómo presentarán las conclusiones del trabajo. Por ahora evalúan la posibilidad de brindar una conferencia de prensa o de publicar una solicitada en los diarios entre el 8 y el 11 de noviembre, cuando el Papa estará en el país. Además, ya iniciaron consultas con la Iglesia para explorar la chance de entregarle el documento a León XIV durante la actividad que se desarrollará en la UCA. Allí, el Pontífice dará un discurso -¿alertará sobre los peligros de la IA y su efecto en el mundo del trabajo, como sospechan en el Gobierno?-. Pero no está previsto que se acerque a dirigentes sindicales, empresarios o de las organizaciones sociales que concurran a la UCA, donde se esperan unos mil asistentes. El acto es cerrado y la comisión de Pastoral Social del Episcopado está a cargo de cursar las invitaciones.
Eso marcará una diferencia con la centralidad que consiguió la CGT durante la visita de Juan Pablo II al país en 1987. En ese momento, durante la gestión de Raúl Alfonsín, Saúl Ubaldini, que estaba al frente de la central obrera, tuvo un papel protagónico durante la misa que celebró el entonces Santo Padre en el Mercado Central.
En la cúpula de la Iglesia son cautos. En línea con el pedido del cuerpo diplomático del Vaticano, procuran que no se haga un uso político de la presencia de Robert Prevost en la Argentina. Remarcan que su visita es “pastoral” y “apostólica”. En reserva, aseguran que persisten las diferencias con el Gobierno, critican la visión económica de los libertarios y admiten su inquietud por las consecuencias del ajuste en el tejido social de los grandes conurbanos. El Gobierno, por lo pronto, definió que Milei participará de la misa que celebrará el Papa en el Monumento de los Españoles. También está planeado que el Presidente lo reciba en Aeroparque.
Gestiones reservadas
En la antesala del viaje de León XIV, gremialistas y empresarios buscaron reforzar sus vínculos con las autoridades de la Iglesia en la Argentina. Por caso, Cornide y Sola gestionaron una reunión con el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, que se concretó la semana pasada. También hubo contactos con el secretario general del organismo, monseñor Raúl Pizarro, y el obispo de La Rioja, monseñor Dante Braida.
Cornide había participado del tradicional encuentro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social en Córdoba, donde los obispos reclamaron trabajar por un país con justicia social y empatía. Previamente, el extitular de CAME se había visto con el arzobispo de La Plata, monseñor Gustavo Carrara, para analizar la marcha de la economía y las dificultades que sufren pequeñas y medianas empresas. En resumen, Cornide apuesta a que la visita de León XIV fomente el diálogo social entre los distintos sectores y permita visibilizar la situación de las pymes.
La semana pasada, Alejandro Gramajo, el titular de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) y dirigente del Movimiento Evita, le llevó a León XIV un informe crítico de la gestión de Milei, en el que se alerta sobre pobreza y consumo, endeudamiento y los “discursos de odio”.
Gramajo le entregó el documento al Papa en una audiencia privada, después de que finalizara el IV Encuentro Sinodal Fratelli Tutti, en el que participaron organizaciones sociales y gremiales. En Roma también estuvieron Gerardo Martínez, jefe de la Unión de Obreros de la Construcción (Uocra) y secretario de Relaciones Internacionales de la CGT, y Cristian Jerónimo, otro de los jefes de la central obrera. Martínez participó como miembro de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En el Vaticano se encontraron con el dirigente empresario Daniel Funes de Rioja, extitular de la Unión Industrial Argentina y presidente de la CEATAL en la OEA.
En las últimas horas, antes de que viajara a París, el Pontífice volvió a toparse con una comitiva de argentinos. Después de una audiencia en el Vaticano, los senadores de Santa Fe Felipe Michlig, Alcides Calvo y Germán Giacomino y el embajador argentino ante la Santa Sede, Luis Pablo María Beltramino, entre otros, pudieron saludar al Papa y tener un breve intercambio. Le entregaron una nota sobre la gestión de Maximiliano Pullaro y hablaron sobre la situación social. “¿Argentina? Pronto voy a estar ahí”, respondió Prevost.
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