POLITICA
Dieter Lamlé: “Las relaciones son buenas, pero falta más confianza y seguridad jurídica en algunos rubros”

“No me quiero ir”, dice Dieter Lamlé con una sonrisa mientras se acomoda en el living de la embajada alemana en Buenos Aires. Luego de tres años encabezando la sede diplomática, y cuando faltan pocos días para regresar a Berlín, el embajador alemán luce relajado y dispuesto a enumerar los avances en la relación bilateral, pero también algunos lunares y deudas pendientes.
“En algunos rubros hay seguridad jurídica, en otros no”, dice el diplomático nacido en Pretoria, en perfecto castellano. “Lo que más falta es la confianza, está regresando poco a poco, pero con las experiencias anteriores en la Argentina eso va a tardar”, completa el embajador.
Más allá de marcar la buena sintonía entre ambos gobiernos –el ministro de Relaciones Exteriores, Johann Wadephul, prevé llegar al país el próximo 1° de julio y verse con el Presidente-Lamlé se permite además defender la libertad de prensa y al periodismo, blanco constante de los ataques del gobierno libertario. “Se necesita libertad para expresar sin ser intimidado. Podemos discutir sobre todo, pero no evitar ni prohibir”, se diferencia de la gestión de Javier Milei.
-Llegó al país en 2023 con un gobierno, luego asumió otro de signo contrario. ¿Influyeron los cambios en su tarea?
-Llegué aquí un día antes de las PASO de agosto, ganó Javier Milei y eso sí cambió nuestra vida profesional y personal. Cómo explicar la nueva Argentina fue la tarea más importante, y un desafío muy grande. Me preguntaban qué iba a pasar, yo les decía que no sabía, al final me decían que para qué me estaban pagando el sueldo si no podía decir nada (risas). Aquí tres meses es una eternidad, en Alemania es el corto plazo. Tenemos relaciones con países, hay un vínculo muy fuerte que no depende de qué tipo de gobierno haya aquí o allá. Somos amigos, socios estratégicos, siempre lo hemos sido y lo seremos. Apostamos por la Argentina, y estamos apoyando al Gobierno desde que llegó.
-¿Y si tiene que hacer un balance, qué logros marcaría y cuáles fueron las deudas pendientes?
-Las relaciones políticas se abrieron de manera muy rápida. Tres cancilleres pasaron en Argentina (y dos en Alemania), todos los cancilleres fueron a la conferencia de Múnich . Milei llegó a Berlín a ver a nuestro canciller anterior, Olaf Scholz, ahora estamos esperando la visita del ministro de Relaciones Exteriores. El canciller (Friedrich) Merz habló con Milei hace dos semanas. Las relaciones son buenas, y lógicamente eso se traslada a la economía y el comercio.
-¿Y en lo económico?
-En lo económico, hemos logrado el primer acuerdo para el gas natural licuado. Vamos a comprar el 80 por ciento de lo que necesitamos y lo llevaremos a Alemania. Es “el hito”, primer contrato de largo plazo, unas 2 millones de toneladas durante ocho años a partir de 2027. El otro punto importante fue que hace poco abrimos la planta automotriz de Mercedes Benz en Zárate, una inversión de 110 millones de euros, con 2500 empleados. El acuerdo UE-Mercosur es otro de los puntos clave en los que hemos avanzado, después de 26 años se pusieron de acuerdo. Es la respuesta europea a los países que suben los aranceles, nosotros los bajamos, apostamos por el mercado libre, no por el proteccionismo.
-Sobre todo un país…
-Sobre todo, dos (se ríe, en relación a Estados Unidos y China). Somos un tercer bloque, con reglas diferentes, y no solo hablamos de aranceles. Son 700 millones de consumidores nuevos, lo que creará un mejor clima para inversiones. Una empresa alemana importó miel sin aranceles de Entre Ríos, una de mis provincias preferidas, y es el primer embarque del acuerdo UE-Mercosur. También trabajamos en garantías del gobierno alemán para compras de maquinaria por parte de los empresarios argentinos.
-¿Están dadas entonces las garantías y la seguridad jurídica para que lleguen grandes inversiones desde Alemania?
Depende del rubro. Todavía en muchos rubros no existe esa seguridad jurídica, por ejemplo, en un proyecto que tenemos de hidrógeno verde, que tenemos un consorcio alemán que estaría dispuesto a invertir, y el Gobierno nos dice que este proyecto estaría incluido en el RIGI. Le decimos que no, porque para entrar en ese régimen se necesita una inversión muy grande al principio. Tal vez en el Super RIGI podamos ingresar, estamos negociándolo.
-¿Hay confianza en la Argentina?
-La confianza necesita tiempo, se está ganando confianza en el sector minero, en el agro, en la infraestructura, pero falta confianza política, legislación, seguridad. Lo que más falta es la confianza, está regresando poco a poco, pero con las experiencias anteriores en la Argentina eso va a tardar.
-No tenemos un buen currículum de antecedentes…
-Los hay mejores (se ríe). Pero algo que sí está cambiando con el gobierno de Milei es que todo el mundo lo conoce, la motosierra y lo que viene detrás, las empresas saben que la Argentina es un país que se está abriendo. El primer año les decíamos wait and see, ahora les decimos wait, see and look, para que miren, examinen dónde se quieren meter y con qué socios. Es un paso mucho más adelante.
-¿Con el acuerdo UE-Mercosur se abre una puerta para las empresas alemanas en Argentina?
-Es una base importante, da la seguridad que no teníamos antes. Es mucho más que aranceles: inversión, seguridad, confianza. Ustedes tienen todo lo que necesitamos y no tenemos: minería, energía, agro, con eso ya somos buenos socios. Tenemos la tecnología de punta, podemos hacer algo con la materia prima, capital humano hay de sobra en ambos países. Tenemos 300 empresas alemanas acá, ninguna crisis los pudo hacer volver. Apostamos también a la educación dual, en el que el trabajador ocupa el 70 por ciento del tiempo en una empresa trabajando, y el 30 estudiando en la universidad o escuela técnica. Varios gobernadores (Córdoba, Mendonza) están muy interesados, se necesita mano de obra calificada, y las puertas están abiertas.
-Uno de los países que pone aranceles altos es Estados Unidos con Donald Trump. ¿Es bueno para un país atarse tanto como lo hace Argentina con EE.UU.?
-No voy a comentar aquí las relaciones entre Argentina y Estados Unidos. Lo que nosotros sufrimos en Alemania fue la dependencia del gas con Rusia. Tuvimos una experiencia muy negativa, y hemos aprendido, nos estamos diversificando, no tenemos solamente un socio, y lo hacemos en todos los sectores.
-La UE está, como la Argentina, haciendo equilibrio entre EE.UU. y China. ¿Cómo se hace?
Ninguno puede no hacerlo, todos necesitamos a Estados Unidos y a China. La pregunta no sería China o Estados Unidos, sino China y Estados Unidos, aunque lógicamente los chinos hace veinte años nos compraban todo lo que les vendíamos y hoy somos competencia, es lo más normal del mundo. No pasamos el mejor momento con Estados Unidos, pero sigue siendo uno de nuestros principales socios comerciales.
-El embajador británico criticó las intimidaciones a la prensa en la Argentina por parte del Gobierno. ¿Qué postura tiene su país en relación a este tema?
-Estamos exactamente en la misma línea que Gran Bretaña y Finlandia. Para nosotros, una prensa libre forma parte indispensable de cualquier democracia. La prensa tiene el rol de informar correctamente, para eso hay que hablar, investigar, discutir contra las fake news, y también formar opinión, se necesita libertad para expresar sin ser intimidado. Podemos discutir sobre todo, pero no evitar ni prohibir. Estamos en contacto con Fopea, tenemos reuniones con periodistas, sabemos que no están muy contentos, y tratamos de apoyar. Lo mismo ocurre con los derechos humanos, corresponde al ADN de Alemania y siempre vamos a estar atentos. La prensa tiene el rol de informar correctamente, para eso hay que hablar, investigar, discutir contra las fake news, y también formar opinión, se necesita libertad para expresar sin ser intimidado. Podemos discutir sobre todo, pero no evitar ni prohibir.”— Dieter Lamlé
-Esa visión de los derechos choca con la postura del Gobierno, que pregona la memoria completa y discute lo ocurrido en los años setenta…
-Ahí también Alemania tiene un legado importante, en la forma en que trabajamos la memoria y la Justicia. Hicimos hace poco en la UBA un taller que relacionaba los 80 años de los Juicios de Nuremberg (contra el nazismo) con los 40 años de los juicios a las Juntas Militares, con juristas, periodistas y académicos. No solamente respetamos esos procesos, también hablamos de ellos, hay que estar muy atentos. La historia no puede escribirse de nuevo, la evitamos si conocemos la verdad.
-¿Le preocupan los índices de pobreza en el país?
-Me preocupa, todos estamos preocupados, espero que la inflación siga en baja y que las nuevas locomotoras agro, minería, energía funcionen. Esto facilitaría generar más empleo.
¿Y qué aprendió en estos tres años?
– A los quince años me preguntaban qué quería ser, y yo les decía embajador en la Argentina. Fue cumplir un sueño, viví muchos años en Perú, y eso me dio sello criollo y el amor al continente. He aprendido muchísimo; las cosas aquí se manejan distinto. Son expertos en flexibilidad, en manejar las cosas a último momento, aunque después termina saliendo bien (se sonríe). Admiro también la resiliencia, aquí están felices con este nivel de inflación, en Alemania sería una catástrofe.
Jaime Rosemberg,Javier Milei,Conforme a,,Análisis. Lo que logró y lo que perdió Milei,,Un día clave. El Gobierno envía señales de que Adorni tiene las horas contadas para evitar que sesione el Senado,,»La tierra no es una mercancía». La Iglesia criticó el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada del Gobierno,Javier Milei,,Drástico cambio en Wall Street. Entusiasma a los grandes bancos una “bala de plata” argentina,,Minuto a minuto. Javier Milei y sus medidas: un año de prisión domiciliaria de Cristina Kirchner y el oficialismo resguarda a Adorni,,Análisis. Lo que logró y lo que perdió Milei
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La mirada de Washington sobre la Argentina: la ley de Milei que preocupa, la definición sobre Malvinas y tres escenarios para 2027

Javier Milei llegó el miércoles a Washington para encontrarse con una Argentina que entusiasma. La de los proyectos petroleros y gas en Vaca Muerta, los minerales críticos y las inversiones que prometen cambiar la escala de las exportaciones. El jueves recibió aplausos y una distinción por su defensa de la libre empresa en la Cámara de Comercio de Estados Unidos, frente al parque Lafayette, a metros de la Casa Blanca. Ese mismo día, por la tarde, frente al Congreso argentino hubo piedras, gases y enfrentamientos durante la movilización por el financiamiento universitario.
Las dos escenas condensaron la distancia entre las expectativas que despierta el país afuera y los conflictos que atraviesan su transformación adentro. Son las dos Argentinas que el Gobierno necesita acercar antes de 2027. En Washington las observan con atención: quienes celebran las oportunidades de inversión también se preguntan si el costo de la transición puede poner en riesgo la continuidad del programa.
El Presidente llevó una respuesta confiada. Calificó los resultados sociales de su gestión como un milagro, defendió la apertura aun cuando genere efectos distintos entre sectores y se mostró convencido de que los argentinos volverán a elegir su modelo. Su certeza electoral, sin embargo, no clausura el debate en los despachos políticos y financieros estadounidenses.
En los ámbitos políticos, diplomáticos y financieros de Washington, el respaldo al rumbo argentino convive con advertencias. El interés estratégico por la Argentina excede la afinidad entre Milei y Donald Trump. Pero esa alianza tiene límites, y el entusiasmo económico también depende de decisiones que se toman en Buenos Aires.
La preocupación por una ley que puede levantar barreras
En Washington, el entusiasmo por las oportunidades de inversión en la Argentina convive con una preocupación concreta: que el proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, la denominada ley por las Malvinas termine levantando nuevas barreras para las empresas y complique los negocios que el propio Gobierno busca atraer.
El temor es que la iniciativa levante nuevas barreras en un mercado que el Gobierno busca abrir. La preocupación no se limita a una discusión diplomática: apunta al alcance económico de las sanciones vinculadas con la explotación de recursos en Malvinas y a cómo podrían afectar las decisiones empresariales.
La preocupación tiene una explicación concreta: la industria petrolera depende de una red internacional de proveedores especializados que no siempre permite separar los negocios de Malvinas de los proyectos argentinos. Las restricciones sobre esas compañías podrían encarecer servicios, demorar inversiones o dificultar campañas de exploración. El efecto podría alcanzar incluso a las operaciones de las propias empresas argentinas.
El cruce ya tiene ejemplos públicos. La firma Bluewater fabricó las monoboyas del oleoducto Vaca Muerta Sur, impulsado por un consorcio encabezado por YPF, y tiene vínculos con Sea Lion. Fugro, también investigada por sus actividades relacionadas con las islas, anunció un contrato para el proyecto Argentina LNG de YPF y sus socios.
El Gobierno exhibe como un resultado favorable que grandes proveedoras hayan descartado trabajar en Malvinas para priorizar el mercado argentino. Pero la superposición de contratos muestra el riesgo de que el endurecimiento de las sanciones termine complicando también los proyectos energéticos que busca impulsar dentro del país.
La situación es seguida con atención en distintas oficinas públicas de Washington, donde se considera que la previsibilidad de las reglas y el acceso a los mercados son condiciones centrales para sostener el interés empresarial.
Milei anunció la iniciativa el 3 de septiembre, en una cadena nacional que combinó el rechazo al avance del proyecto petrolero Sea Lion con la expectativa abierta por declaraciones de Trump sobre una posible revisión de la posición estadounidense. La elaboración del texto tuvo a Legal y Técnica en el centro de la redacción y a Santiago Caputo entre sus impulsores políticos. El proyecto incorporó, además, modificaciones en seguridad y defensa que exceden las sanciones por recursos naturales.
La iniciativa todavía debe atravesar el Congreso. El miércoles 14, el oficialismo no consiguió cerrar un acuerdo para firmar dictamen y continuó negociando cambios con los bloques aliados.
La paradoja es que la inquietud aparece en sectores que acompañan la apertura argentina y esperan avances en el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos, conocido como ARTI. Durante la visita presidencial, Pablo Quirno y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, firmaron un protocolo adicional para habilitar el envío del entendimiento al Congreso.
El interés comercial convive con la búsqueda de garantías frente al calendario político. En ese punto, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones es valorado como una herramienta para sostener los proyectos aun durante la incertidumbre electoral.
Malvinas, el límite que no modifica la afinidad con Trump
La apuesta de Estados Unidos por profundizar la relación con la Argentina es decidida. La afinidad entre Milei y Donald Trump acelera ese acercamiento, pero el interés también responde al valor estratégico de los recursos argentinos. Ese respaldo, sin embargo, no implica un cambio de posición frente a Malvinas: en Washington no se prevé abandonar la neutralidad en la disputa por la soberanía de las islas.
El contraste pone un límite a la traducción doméstica de la cercanía con Trump. La alianza abre oportunidades, pero no supone que Washington vaya a acompañar a Buenos Aires en cada uno de sus reclamos.
¿Por qué, entonces, Trump abrió la puerta a revisar esa posición? La interpretación que circula en Washington remite a una herramienta habitual del presidente estadounidense: la ambigüedad estratégica. Sus declaraciones sobre Malvinas son leídas como una forma de presionar al Reino Unido y desequilibrar a sus interlocutores, sin comprometerse con una decisión concreta. Para la Argentina, el riesgo consiste en convertir esa ambigüedad en una promesa.
El interés de Estados Unidos, de todos modos, tiene fundamentos que van más allá de la relación personal entre los mandatarios. La energía, los minerales y la competencia con China ocupan un lugar central en esa agenda. La Argentina ofrece recursos y una posición regional que Washington considera valiosos.
En YPF proyectan que el desarrollo energético permita sumar más de US$30.000 millones anuales de exportaciones para la Argentina a partir de 2030. La compañía también estima una balanza comercial energética positiva de US$45.000 millones para 2031 y los años siguientes. Son proyecciones para el conjunto del país, que ayudan a dimensionar el valor estratégico de sus recursos.

En Pan American Energy (PAE) destacan que Southern Energy, el consorcio en el que participan, ya acordó exportar a Alemania dos millones de toneladas anuales de gas natural licuado durante ocho años, a partir de 2027. Según las estimaciones de la empresa, ese acuerdo representa más de US$7000 millones en exportaciones. La oportunidad energética argentina empieza así a traducirse en compromisos comerciales de largo plazo.
La relación también responde a necesidades estadounidenses. Milei facilita y acelera el acercamiento, mientras los recursos argentinos ofrecen razones para sostenerlo más allá de la afinidad personal entre los presidentes.
Los tres escenarios para 2027
Entre los análisis que circulan en la banca internacional hay tres hipótesis electorales: la reelección de Milei, un gobierno peronista moderado que preserve aspectos centrales del rumbo y una oposición dispuesta a revertirlo. En esa evaluación, la continuidad del Presidente sigue siendo el escenario más probable.
La segunda alternativa introduce un matiz relevante. Un cambio de signo político no necesariamente implicaría desarmar el programa. Podría aparecer un peronismo que conserve su orientación general y preste más atención al mercado interno.
El tercer escenario, que aparece con menor probabilidad en ese esquema, sería un regreso a políticas que subordinen la estabilidad de largo plazo a objetivos inmediatos. La evaluación distingue esos programas de las personas: también reconoce que en los espacios opositores hay equipos que comprenden las restricciones económicas, aunque su capacidad de influir en una eventual gestión sea otra incógnita.
En ese mapa también pesan los vínculos que Sergio Massa conserva en Washington, un activo dentro de un peronismo dividido. En la misma evaluación pesan su imagen negativa y las dificultades para reunir consensos internos. Esos contactos no equivalen a una candidatura definida ni a una preferencia estadounidense por su regreso.
Para estimar las probabilidades, el análisis también mira a los gobernadores. Muchos de los proyectos vinculados con la energía y los recursos naturales se concentran en provincias del interior. Sus mandatarios tienen incentivos para que esas inversiones avancen, aun cuando no compartan la identidad partidaria del Presidente.
Esos intereses pesan también en la composición del Congreso y en los apoyos que necesitaría cualquier intento de cambiar el rumbo. A eso se agregan las divisiones opositoras y las dificultades para construir una propuesta y un liderazgo comunes. La tesis es que existen obstáculos políticos para una reversión, incluso más allá del resultado presidencial. No que ese riesgo haya desaparecido.
Cómo administrar la transición sin perder la elección
La discusión sobre 2027 conduce a una pregunta económica inmediata: qué hacer con los sectores que soportan el costo del cambio de modelo mientras las nuevas inversiones todavía no producen un beneficio extendido.
Entre quienes siguen la economía argentina desde Washington también se discute la necesidad de introducir medidas para gestionar la transición. La preocupación alcanza a sectores que acompañan la orientación general del programa y quieren que perdure: estabilizar la economía es una condición necesaria, pero insuficiente, para transformar las oportunidades en crecimiento. En ese debate aparecen propuestas como reducir la carga de Ingresos Brutos mediante una negociación con las provincias y revisar el rechazo general a las regulaciones.
Una de las discusiones financieras reconoce el esfuerzo de estabilización y, al mismo tiempo, plantea que parte del costo del ajuste podría haberse amortiguado, especialmente en áreas como universidades y discapacidad.
La Argentina de la energía, la minería y el agro concentra expectativas de crecimiento. La de las actividades que enfrentan mayores dificultades no puede esperar indefinidamente a que esos proyectos se conviertan en empleo, ingresos y demanda. En el análisis financiero aparece una objeción concreta: el traslado de trabajadores desde los sectores que pierden actividad hacia las provincias mineras y energéticas difícilmente ocurra con la velocidad que necesita la política. El desafío político consiste en que los tiempos de una y otra no vuelvan incompatible la continuidad de las reformas con la necesidad de ganar una elección.
Milei defendió en Washington la lógica de la reasignación de recursos y sostuvo que la Argentina no tiene un problema de empleo. En los ámbitos económicos y financieros de la capital estadounidense, el debate se desplaza hacia la forma de administrar sus consecuencias. Cuánto acompañamiento hace falta, con qué instrumentos y cómo evitar que el malestar termine frustrando las inversiones que hoy despiertan entusiasmo. La expansión del crédito y de un mercado de capitales estable aparece como una vía para que los ingresos exportadores lleguen también a la construcción, los servicios y el consumo. Pero ese proceso requiere tiempo.
También aparece una duda sobre el propio Presidente: si la convicción que le permitió ejecutar el ajuste puede convivir ahora con la flexibilidad que requiere esta etapa.
Las imágenes del jueves dejaron esa distancia expuesta: los aplausos de una audiencia empresaria y, horas después, las piedras y los gases frente al Congreso. Desde Washington se apuesta por la Argentina que promete crecer. También se sigue a la que necesita llegar hasta ese crecimiento.
Javier Milei, Washington
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De cara al debate por el endeudamiento familiar, el Gobierno sostiene un discurso duro y considera que funciona para la imagen de Milei

En los últimos días la Casa Rosada vio repuntar levemente la imagen de Javier Milei, y de cara al debate de temas sensibles vinculados a la economía en el Congreso durante los próximos días mantendrán incólume el discurso duro que en la oposición consideran cruel.
Después de la batalla campal en la calle y de la pelea minuto a minuto el jueves pasado, dentro del recinto, por el DNU 70, la Cámara de Diputados volverá a ser el eje de la atención en la semana que se inicia mañana. Esta vez, para retomar la serie de proyectos controversiales cuyo debate se aplazó; donde el endeudamiento familiar aparece como principal tema que vincula el plano económico con el social y que afecta a amplios sectores.
En el oficialismo, a pesar de todo, le restan importancia.
“No es un tema”, dijeron en Economía. “No se endeudan para comer. No son grandes gastos, es que la gente administra mal el dinero”, sostienen funcionarios que analizaron los números en profundidad y atribuyen esos problemas a las compras online y a las nuevas facilidades para importar productos a bajo precio del exterior.
No obstante, hay cierto registro: saben que es políticamente incorrecto decir tal cosa en público y sólo lo manifiestan por lo bajo, aunque con total convencimiento.
El diagnóstico del Gobierno es, lisa y llanamente, que el endeudamiento es el resultado de un plan virtuoso. Por un lado, porque es una señal -como suele repetir el vocero presidencial, Adrián Ravier, en sus conferencias de prensa- de que “volvió el crédito”. Pero también, agregan en privado, porque el Gobierno “generó una cuestión de aspiración”. En la mirada de los libertarios, la mora es una señal de que hay mayor confianza. “Se generó una competencia de mercado”, justifican, con seguridad.
Con estas premisas en mente, durante los próximos días encararán el debate por los endeudados sin recalcular, a pesar de que el tema, cuentan los analistas locales, fue un problema grave para Lula da Silva en Brasil.
Milei está convencido del rumbo económico a pesar de los llamados de atención desde el ala política. Pero también desoye los pedidos de algunas voces libertarias de que al menos sus alfiles intercalen los latigazos con “caricias”, como dijo un referente violeta de vínculo directo con la cúpula y con llegada al territorio bonaerense.
Esas voces están convencidas también del rumbo económico, pero sugieren cambios en el terreno declamativo. En la mesa política, en cambio, no creen necesario matizar la narrativa tajante. Milei deslizó algún concepto conciliador hace tres semanas, cuando reconoció que “la foto es horrible”. Pero ni el jefe de Estado ni los ministros creen que haga falta algún tipo de matiz en el tema social. “Así nos quisieron, así nos quieren”, dijeron en LLA.
Mientras, Axel Kicillof aún no dio detalles de eventuales avances de la investigación que lanzó en agosto, cuando el tema se ubicó en el centro de la agenda, junto a su Secretario de Hacienda, Augusto Costa. Dijo que investigaría a entidades como Mercado Libre, en una conferencia de prensa sobre las condiciones de los créditos otorgados por billeteras virtuales y posibles abusos contra los consumidores.
Más allá de esa medida, en la oposición trabajan para que en Diputados el Gobierno sufra un revés el miércoles, tras su propio fracaso en la búsqueda del quórum para derogar el DNU 70/23. En la mesa política, en cambio, están convencidos de que la sesión del 21 -que convocaron para dar de baja la del jueves pasado- está “atada”.
“Esta semana no va a ser tan complicada. Los dictámenes ya fueron consensuados y firmados con los aliados”, dijeron.
Vienen con aires triunfalistas de la pelea contra la oposición en la Cámara baja a pesar de que en el saldo total tuvieron problemas serios, las dudas que se generaron por el operativo de seguridad en las inmediaciones del Congreso, y los incidentes con la policía. Y las encuestas que miran en la Casa Rosada son el principal sostén de la estrategia narrativa. El Presidente subió en algunas de ellas, y eso refuerza la idea de que “decir la verdad”, como lo plantean, no tiene costo para su imagen. Para el oficialismo, el electorado valora la firmeza del mensaje, incluso cuando es incómodo.
La oposición, en cambio, lee otra cosa. Sus referentes señalan que el Gobierno naturaliza una situación que golpea a miles de familias y que el discurso de que “la gente administra mal” desconoce el contexto de ingresos y consumo. De ahí la acusación sobre la “crueldad”, que se repetirá en el recinto cuando llegue el turno del proyecto de endeudamiento familiar.
Mientras en el Congreso la oposición se ilusiona con que el oficialismo sufra un nuevo revés, en la Casa Rosada creen que no ocurrirá. Con los dictámenes firmados por los aliados, la sesión del 21 es para ellos una oportunidad de demostrar que, más allá del ruido, tienen los números. Y de seguir sin recalcular el mensaje.
South America / Central America
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Batalla de Curupaytí: por qué la derrota de la Triple Alianza sigue generando debate

Curupaytí duró apenas unas horas, pero sus consecuencias todavía generan debates. Después de los avances aliados en territorio paraguayo, el ataque chocó contra una posición defensiva cuidadosamente preparada, un terreno convertido en barro por las lluvias y una cadena de decisiones militares que todavía es objeto de debate.
La pregunta central permanece abierta: ¿fue Curupaytí una derrota provocada principalmente por los errores del mando aliado o una victoria paraguaya producto de una defensa excepcionalmente preparada?
Las respuestas de los especialistas consultados por TN no son idénticas. Sin embargo, existen coincidencias: la importancia de las fortificaciones paraguayas, las dificultades del terreno, la ineficacia del bombardeo naval, los problemas de coordinación y el enorme costo humano.
Las diferencias aparecen cuando se intenta establecer cuánto de la derrota correspondió a Bartolomé Mitre, cuánto a los mandos brasileños y cuánto a una estructura de comando que ya presentaba problemas.
Once historiadores sobre Curupaytí
TN consultó a once especialistas de los cuatro países involucrados y a uno de los principales historiadores extranjeros dedicados al conflicto.
Thomas Whigham, profesor emérito de Historia de la Universidad de Georgia y autor de seis libros sobre la Guerra Guasú; Carlos Aleksy Von Horoch Benítez, miembro de la Academia Paraguaya de la Historia; Esteban Chiaradia, investigador argentino del INDEAL y director de un proyecto sobre las historiografías de la Guerra de la Triple Alianza; Carlos A. Díaz Vecino, presidente del Instituto de Historia y Cultura Militar del Uruguay; Miguel Domingo Escalante Galain, director del Museo Histórico del Ejército Argentino; y Carlos María Fraquelli, oficial de Estado Mayor argentino y magíster en Historia de la Guerra.
También participaron Pablo Palermo, abogado e investigador de la Guerra del Paraguay e integrante del Instituto Argentino de Historia Militar; Héctor Horacio Prechi, general de división retirado del Ejército Argentino y exsubjefe del Estado Mayor; Eduardo Ortíz Mereles, especialista en Historia del Paraguay; José Emilio Urdapilleta Romero, académico de la Academia de Historia y Geografía Militar del Paraguay; y Helton Costa, historiador brasileño cuyas investigaciones incluyen la Guerra del Paraguay y la prensa de los países involucrados.
Una batalla que cambió el ritmo de la guerra
Para Díaz Vecino, Curupaytí fue posiblemente el principal “punto de quiebre estratégico y político” de la guerra. Después de una sucesión de avances aliados, Paraguay obtuvo una victoria defensiva que alteró el ritmo de las operaciones y obligó a los aliados a reorganizar su conducción.
Von Horoch Benítez introduce un matiz: considera un mito afirmar que Curupaytí paralizó completamente la guerra. Según su interpretación, la derrota obligó al mando aliado a buscar otros caminos hacia Humaitá.


















