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El caso Grassi: la dura historia del joven que lo denunció por abuso y la trama de una investigación histórica

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23 de octubre de 2002. 11 de la noche. Yo, Grassi (La investigación que más duele). Eso se leía en los avances del programa. Telenoche Investiga, el programa de investigación más importante de la historia de nuestra televisión emitía su informe más impactante, el que más consecuencias traería. El rating fue récord; alcanzó picos de 40.3. El contenido del informe, estremecedor.

Un joven de 19 años, cuya identidad se protegió en el momento, denunciaba al padre Julio César Grassi de haber abusado de él cuando tenía 12. El lugar de los hechos agravaba (si es posible) aún más la acusación: la Fundación Felices Los Niños que dirigía y manejaba a su antojo el cura y que era el lugar en el que estaba internado el chico, el lugar que debía cobijarlo, guarecerlo.

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Julio César Grassi, el cura que era protegido por hombres poderosos e influyentes, fue denunciado por abuso sexual

Hay que remontarse a 2002 para entender quién era el señalado por ese chico y por Telenoche Investiga. Era un hombre muy conocido -posiblemente el religioso más mediático de la Argentina moderna-, popular, con una presencia casi monopólica en los medios y muchos hombres poderosos e influyentes apoyándolo y protegiéndolo. Desde empresarios a dueños de medios, pasando por celebridades y periodistas de prestigio.

Esa emisión de Telenoche Investiga provocó mucho más que récords de rating y repeticiones en los días posteriores. Desató una investigación judicial que terminó con la condena y detención del religioso. Mientras el programa se emitía, en Canal 9 el cura rodeado de periodistas de esa emisora y abogados intentaba una defensa y desprestigiar a su joven denunciante. En medio de la emisión debieron dispensarlo porque un juez de Morón había librado una orden de arresto y la policía se dirigía a Canal 9 a detenerlo. El cura se profugó en vivo y en directo.

Unas semanas atrás apareció en todas las librerías del país Abusado por Grassi. La hora de romper el silencio de Oscar Aguirre y Carlos de Elía publicado por Editorial Planeta. Por primera vez Oscar (Gabriel en el informe), la víctima del abuso, cuenta su historia. Su testimonio no sólo es revelador sino que conmueve profundamente. El abandono de la madre, los hogares e institutos por los que pasó, la violencia, la vida en la calle, el desamparo. Y su tiempo en la Fundación, el abuso de Grassi y el calvario que debió pasar después de su denuncia con amenazas, agresiones, persecuciones y su carácter de testigo protegido. Carlos de Elía era el director de noticias de Canal 13 y de TN. Fue quien se sentó durante meses con Oscar para recoger su historia y quien narra, en la segunda parte del libro, los entretelones de la investigación. La decisión de seguir adelante, las presiones de importantes hombres de medios, el papel de Bergoglio y Monseñor Laguna, las decisiones periodísticas y éticas que debieron tomar.

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«Abusado por Grassi. La hora de romper el silencio», el libro de Oscar Aguirre y Carlos De Elía que publicó Planeta. (Gentileza: Editorial Planeta)

Oscar fue abandonado por su madre cuando tenía 6 o 7 años. Todo respecto a su origen es impreciso. Su lugar de nacimiento, la fecha, los progenitores. La madre lo dejó en la puerta de un colegio del Gran Buenos Aires y nunca volvió a retirarlo. Oscar debió arreglarse solo. Buscar en su memoria imágenes (e información) que no tenía. No había partida de nacimiento ni documento. Su primer DNI lo tuvo a los 14 años. Fue enviado a hogares y a institutos pero él siempre se escapaba. Vivió en la calle. Durmió en el último asiento del 60. Vendió estampitas en el subte. Siempre solo. Sin nadie que lo apoyara, que le diera un abrazo, que le facilitara comida. Ese estado de desamparo, de vulnerabilidad permanente agrava los hechos posteriores. Fue detenido decenas de veces y enviado a instituciones. Siempre se escapaba. Hasta que a los 12 llegó a la Fundación Felices Los Niños.

En la Fundación, la vida era muy diferente para aquellos chicos que tenían acceso a Grassi, que eran sus preferidos. Había visitas a la radio, a la televisión, paseos varios, mejor ropa. Privilegios evidentes a los que todos querían acceder. Para eso había que estar cerca del sacerdote. Era a lo que todos aspiraban. En el medio, un sistema injusto, un niño interno que resulta ser el hijo de Telledín y una visita surrealista para ver Chiquititas a un teatro de la Avenida Corrientes.

Pasadas unas semanas, Grassi empezó a acercarse a Oscar hasta que hubo primero unos tocamientos hasta que una noche se produjo el abuso (descripto crudamente en el libro). Horas después Oscar escapó de la Fundación.

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Muchos años después, fue contactado por la producción de Telenoche Investiga para que diera testimonio sobre la vida en la Fundación. Su madrina, una exempleada del lugar, había brindado su contacto. En la primera oportunidad, Oscar contó algunas generalidades y alguna que otra sospecha pero no habló de él. Tiempo después, llamó para brindar un nuevo testimonio. Éste fue claro, contundente, veraz.

En el informe realizado por Miriam Lewin con la producción de Irene Bais, “Gabriel” hablaba entre sombras, de espaldas a cámara para que no se develara su identidad. Gabriel era un nombre de fantasía pensado con el fin de proteger la identidad del joven denunciante. Esa precaución no alcanzó. Porque pese a lo que dice la ley y a los pedidos de la justicia, los abogados de Grassi dieron a conocer en diferentes oportunidades su verdadero nombre. Recién ahora, casi un cuarto de siglo después, Oscar Aguirre puede contar su historia.

Entre el informe y la condena de Grassi, en esos siete años, Oscar vivió un calvario. Su condición de víctima, de niño abusado, su estado de orfandad absoluta y exposición, no significó un límite infranqueable para sus perseguidores. “En el programa de Canal 9 Grassi inventó que yo lo había ido a extorsionar unos días antes de Telenoche Investiga. Dijo que le pedí plata para no denunciarlo y que era todo mentira: jamás pudo explicar cómo lo iba a extorsionar si era mentira. A medida que lo escuchaba no podía creer lo hijo de puta que era. Hizo que dijeran varias veces mi verdadero nombre en ese programa —cosa que no se podía hacer por­ que era testigo de identidad reservada— y ahí empezó un calvario para mí. Ahora lo sabía todo el país”, narra Oscar en el libro.

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Fueron siete años de acoso y de escape constante, de temor y de estar en un estado de alerta las 24 horas. A los tres días de emitido el programa, debió escapar tirado en el piso de un auto del apart hotel en el que lo habían alojado. Luego recibió amenazas, ataques subrepticios en los departamentos en los que se alojaba, golpes y hasta estuvo a punto de perder un dedo una noche que ingresaron a su vivienda mientras él dormía. Si no fuera un caso real, si no se tratara de una historia llena de dolor, podría tratarse del argumento de un thriller (y hasta alguien diría que los guionistas se extralimitaron). Los involucrados en su protección y asistencia debían mirar el espejo retrovisor cada vez que se dirigían a visitarlo a los lugares en los que estaba oculto, para asegurarse de que no eran seguidos, para evitar tener que mudarlo una vez más. Después, un par de pasos por el programa de testigos protegidos. Custodiado, sin poder moverse del lugar y alejado de Buenos Aires. Casi sin poder ver a la poca gente con la que tenía relación. Mientras tanto, su agresor, el hombre que debía cuidarlo pero que en cambio había abusado sexualmente de él, seguía detentando su poder, acudiendo a la televisión, celebrado por famosos y circulaba libremente. Fueron años muy difíciles para Oscar que ya había tenido una vida muy difícil.

Julio César Grassi fue incluido en el registro de violadores.
Julio César Grassi fue incluido en el registro de violadores.

Una tarde mientras estaba en una casa custodiado por policías, Oscar vio en la televisión que Grassi había sido puesto en libertad luego de una breve detención. No entendía lo que estaba sucediendo. Le parecía estar viviendo en el mundo del revés: “Empecé a gritarles com­pletamente sacado: ‘¡Él está libre, acá el único que está preso soy yo! Mientras se suponía que estaba preso lo visi­taba todo el mundo. ¡El único que está encerrado soy yo!’. Decidí irme del programa de protección. No me importaba nada de nada. Si él estaba libre, yo no tenía por qué estar preso ahí. Además, si Grassi quedaba libre, seguro me iba a meter en cana a mí”, dice en el libro.

Mientras tanto la red de comunicadores que respondía a Grassi intentaba en cada oportunidad que encontraban develar que Gabriel en realidad era Oscar Aguirre. Y dedicaban grandes esfuerzos a difundir falsedades y a socavar su credibilidad.

Luego de negar los hechos, de convertir en el foco de la investigación al denunciante, los abogados de Grassi acusaron a Oscar de extorsión. Afirmaron, sin ninguna prueba, sin ningún correlato con la realidad, que el chico había amenazado a Grassi con denunciarlo si no le pagaba determinada suma de dinero. Una mentira que ni siquiera pudieron terminar de redondear con algún viso de realidad o una cifra estimativa. Acaso, sin darse cuenta de que esa falsedad tenía hasta algo de autoincriminatorio para Grassi: usualmente el extorsionador amenaza al perpetrador con dar a conocer algo que el otro hizo. Si todo se tratara de una fantasía, de una mentira, no habría temor en el extorsionado. Lo que sí sucedió fue que un renombrado abogado, con peso mediático, le ofreció al joven una suma de dinero considerable para que cambiara su testimonio y dejara de incriminar a Grassi. Él se negó a hacerlo.

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El testimonio de Oscar Aguirre fue el que hizo que Grassi fuera condenado. Fue el único de los denunciantes que nunca se desdijo. El único al que no pudieron quebrar.

Mientras tanto, cuenta Carlos de Elía que el Arzobispado de Buenos Aires comandado por Jorge Bergoglio que luego se convertiría en el Papa Francisco, pagaba al abogado Marcelo Sancinetti, reputado penalista, 300.000 dólares para que escribiera un largo opus que encuadernado en cuero fue distribuido tratando de demostrar la inocencia del sacerdote (el mismo abogado había hecho lo mismo un tiempo antes- por una cifra mayor- para la familia Yabrán).

En el medio, mientras la causa judicial proseguía con lentitud, se probó que la labor de la Fundación tampoco era lo que se pregonaba. En esas enormes hectáreas que recibían casi dos millones de dólares/pesos del estado en la época de la convertibilidad no se cuidaba una multitud de niños tal como se publicitaba. Según De Elía en su libro “los 6 200 chicos que Grassi decía atender y cuidar, en realidad eran treinta o sesenta según las épocas,y que a esa cifra se llegaba si se contaban los alumnos de las escuelas provinciales que estaban dentro del predio y que solo recibían de la fundación el desayuno”.

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Los nombres importantes que brindaron apoyo público (y se supone que privado) a Julio Grassi fueron legión. Entre ellos Raúl Portal (presidente de la Fundación), Menem, Cavallo, Yabrán, Monseñor Laguna, Jorge Bergoglio, Mariano Grondona, Daniel Hadad, Moreno Ocampo, Mauro Viale, Julio Ramos, abogados carísimos y muchos otros apoyaron al padre después de las denuncias. “En general, la defensa a Grassi fue ciega y salvaje, origi­nada en algunos casos en la buena fe, en otros en el miedo a quedar asociados a un cura pedófilo y en algún otro caso en intereses económicos. Tampoco faltaron empresarios y periodistas que ofrecían pantalla a Grassi por motivos muy diferentes: por aquellos días de espanto social, la presencia de Grassi en un programa generaba rating, probablemente porque la sociedad en shock esperaba de él una respuesta que lo alejara del horror que se había revelado”, escribe Carlos de Elía.

Hoy Oscar tiene 42 años. Trabaja como pintor, plomero y albañil. Nunca formó una familia. Durante muchos años estuvo en pareja con una chica y todavía mantiene el vínculo con la hija de esa mujer. Todavía se ve con su madrina, la mujer que conoció en la Fundación, que luchó para que él pudiera conocer su origen, que le tramitó su primer DNI y una de las pocas de ese lugar que no lo traicionó cuando la denuncia salió a la luz. Oscar todavía tiene miedo de que se sepa su nombre, de ser reconocido y que alguna represalia llegue, que algún estertor del viejo poder del sacerdote abusador lo alcance.

La condena para Grassi, pese al accionar mediático y judicial que desplegó un ejército de influyentes y abogados muy bien pagos no se sabe por quién, llegó recién siete años después de la denuncia. Abuso sexual y corrupción agravada. De los denunciantes, el único cuyo testimonio terminó siendo aceptado por la justicia fue el de Oscar Aguirre. Tras una avalancha de apelaciones y recursos rechazados en cada instancia, en septiembre de 2013, la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires confirmó la condena. Finalmente, 11 años después de la denuncia, del informe de Telenoche Investiga, Grassi fue detenido y llevado al penal de Campana.

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Después recibió otras dos condenas. Una por malversación de fondos y la otra por desviar bienes donados a la Fundación hacia el penal de Campana para favorecer su situación personal y comprar diversas prebendas que mejoraran su estadía carcelaria. La defensa de Grassi solicitó la libertad condicional en agosto de 2024. El pedido fue denegado. El cura permanecerá detenido hasta mayo de 2028.

Julio Cesar Grassi, Telenoche Investiga, abusos a menores

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“Saludos a Papá”: el significado real de la frase que envió el presidente de Bolivia a los generales que tenían cautivo al Che Guevara

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La orden fue directa y llegó de boca del entonces presidente de Bolivia, general René Barrientos Ortuño, en la tarde del 8 de octubre de 1967. Fue transmitida en clave, apenas tres palabras: “Saludos a Papá”. Quería decir: “Maten al Che Guevara”. Se cumplió con estricta rigidez militar. Al día siguiente, 9 de octubre de hace cincuenta y nueve años, Guevara fue asesinado a balazos por un sargento del ejército en una escuela de La Higuera, un pequeño pueblo de los valles bolivianos, al sur de la provincia de Vallegrande y a sesenta kilómetros de su ciudad capital.

Así terminó el sueño de Guevara de exportar al sur del continente la Revolución Cubana de la que había sido líder. Su intención era la de instalar un foco guerrillero en Argentina y así se lo había confiado primero a Fidel Castro en los días de gloria del triunfo revolucionario, en enero de 1959, y luego al presidente Arturo Frondizi cuando lo visitó en secreto, o casi en secreto, en la residencia de Olivos en agosto de 1961.

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Guevara había dejado Cuba, sus cargos públicos y su familia; había cambiado su fisonomía hasta hacerse ajeno hasta para quienes lo conocían; también era irreconocible en las fotos de sus falsos documentos personales; había ingresado en Bolivia en noviembre de 1966 como Adolfo Mena González, un economista uruguayo, para liderar un pequeño grupo de guerrilleros cubanos, bolivianos y argentinos, cerca de sesenta, organizados como el Ejército Nacional de Liberación (ENL): esa sería, confiaba el Che, la cuna de la insurrección continental.

Guevara llegó a Bolivia en 1966 bajo la identidad de Adolfo Mena González. (Foto: AFP)

El campamento base de Guevara ocupó una propiedad rural junto al río Ñancahuazú, a unos doscientos cincuenta kilómetros de Santa Cruz de la Sierra. Fue un desastre. Guevara y su grupo enfrentaron al ejército boliviano que tenía el asesoramiento militar y de inteligencia de Estados Unidos. Contra lo que el jefe guerrillero esperaba, no tuvo el apoyo de los campesinos locales, pequeños propietarios de sus tierras que en realidad colaboraron con el ejército; el Partido Comunista de Bolivia, también contra todo lo que Guevara esperaba, le retiró su apoyo formal por una disputa de poder sobre quién debía liderar aquella operación política y militar.

Desde antes de la llegada de Guevara a Bolivia, el gobierno de Estados Unidos había desplegado allí a un grupo de sus comandos “boinas verdes”, para que entrenaran, y algo más, a los “Rangers” bolivianos expertos en contrainsurgencia. Cuando la inteligencia boliviana supo de la presencia de Guevara en el país, la CIA destacó a uno de sus agentes, Félix Rodríguez, un cubano que había formado parte del ejército mercenario que había invadido Cuba por Bahía de Cochinos en abril de 1961. Rodríguez se consideraba un enemigo personal de Fidel Castro y de Guevara. Escribió luego un libro, “Shadow Warrior – Guerrero en las sombras”, sobre su experiencia como agente de la CIA y como figura central en la captura y el asesinato de Guevara.

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El Gobierno acumula malestar contra García Cuerva, pero diferencia la tensión del vínculo con la Iglesia

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“Trabajamos mejor con Kicillof que con García Cuerva”. La contundente y sorpresiva frase de un miembro de la mesa chica del Gobierno grafica como pocas veces el malestar que la Casa Rosada acumula, casi hasta el hartazgo, contra el arzobispo de Buenos Aires. La impensada afirmación resume el descontento tras los recientes cuestionamientos del monseñor Jorge García Cuerva, a quien diferencian de la Conferencia Episcopal, con la que aseguran mantener un buen vínculo.

Desde el oficialismo reconocieron que la relación con García Cuerva es “tensa” y confesaron que las diferencias también se trasladaron al plano de la organización de la visita del papa León, que estará en el país del 8 al 11 de noviembre, pero aclararon que se pudieron zanjar. “Cuerva aprovecha cualquier situación para bajar un mensaje más político. Todo el tiempo está buscando diferenciarse y ser funcional al discurso de la oposición”, le facturaron desde la mesa política.

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Durante la celebración por el Día de la Virgen de Luján, el arzobispo volvió a mostrarse crítico: cuestionó “la descalificación” y planteó que León XIV encontrará “una Argentina dividida y en crisis” durante su visita.

Sus palabras aumentaron el descontento que crecía en las filas libertarias, entre quienes sienten que García Cuerva “no está jugando limpio”, y que intenta influir en la percepción previa del país que tendrá el Papa. “Cruzó un límite. Habló de una Argentina desigual. Eso es querer pasarle un mensaje al papa, no es la posición de la Iglesia”, detectaron desde el entorno de Karina Milei.

Karina Milei recibió al presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, en Casa Rosada

Asimismo, en Balcarce 50 aseguran ser respetuosos de la agenda alternativa que le atribuyen al arzobispo, quien le sugirió al Sumo Pontífice la visita a la cárcel de Devoto, en su calidad de delegado pontificio de la pastoral carcelaria, pese a no coincidir con la idea. “Hubiésemos preferido que fuera a visitar a las víctimas de la inseguridad, pero aún así lo respetamos”, expresaron.

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Uno de los pocos que se atrevió a expresar públicamente su malestar fue el asesor Felipe Núñez, quien se expidió a través de su cuenta de X y sostuvo que como católico estaba “cansado” de García Cuerva, al que referenció como “este tipo”. “Menos política y más predicar la palabra de Dios, Cuerva”, expresó y recibió el reposteo del ministro de Economía, Luis Caputo.

En paralelo a los cuestionamientos, en el Gobierno destacaron el vínculo construido con Marcelo Colombo, titular del episcopado, a quien Karina Milei recibió en su despacho, y se cuidaron de mantener la sintonía alcanzada a las puertas de la llegada de León XIV. “Es como si organizásemos la Navidad y nos peleáramos un día antes. No podemos dar la imagen de que no tenemos la suficiente madurez para dejar los temas de lado”, sostuvo un ladero de la funcionaria.

El mensaje del asesor económico, Felipe Núñez, contra García Cuerva que fue compartido por el ministro de Economía, Luis Caputo

No obstante, en la administración libertaria se muestran al tanto de las divergencias existentes con la Iglesia, pero la llegada de León XIV al país funciona como un factor ordenador del vínculo, que nació complejo. Como contó este medio, los contrapuntos giran en torno a temas sensibles y centrales para la administración libertaria como la Ley de Tierras, la de Emergencia en Discapacidad, el aumento de la pobreza y el uso de las redes sociales.

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Pese a los disgustos que generan los reproches, en Balcarce 50 admiten que toman nota y que trabajan para mejorar la situación social del país. Para eso, repiten, al igual que lo hace el presidente Javier Milei, que la foto “no es la que más gusta”.

”No queremos ser insensibles con un tercio de la población que la está pasando mal y que está debajo de la línea de la pobreza. Es humillante que en la Argentina hayamos hecho las cosas tan mal en política económica para tener tanta gente debajo de la línea de la pobreza. Ahora, recibimos una Argentina donde más del 50% de la gente estaba debajo de la línea de la pobreza», precisó el vocero presidencial, Adrián Ravier, sobre el tema durante la última conferencia de prensa.

En Casa Rosada aseguran que la coordinación para garantizar la seguridad del papa funciona correctamente, por lo que descuentan que la buena sintonía se mantendrá hasta la visita. El operativo está a cargo de Karina Milei e involucra a los gobiernos de Córdoba, de la provincia de Buenos Aires y de la Ciudad de Buenos Aires.

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Lo cierto es que todas las semanas representantes de los Poderes Ejecutivos, el Episcopado y el Vaticano se reúnen para avanzar en los detalles de la extensa agenda que León XIV protagonizará del 8 al 11 de noviembre. “Sería muy tonto de ambas partes pelearse ahora, en las vísperas de la visita de la persona más influyente de todas. A la Iglesia no se lo perdonarían y el Gobierno no es tan idiota”, expresó un libertario ante este medio.

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¿Gana la derecha o pierden los oficialismos? Qué dicen los analistas sobre el triunfo de Bolsonaro en Brasil y los planes electorales de Milei

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El triunfo de Flávio Bolsonaro sobre Luiz Inácio Lula da Silva en la primera vuelta electoral de Brasil le dio al Gobierno argentino un nuevo argumento para su teoría de que el avance de la derecha favorece a la reelección de Javier Milei en 2027, aunque el resultado también admite una lectura menos cómoda para la Casa Rosada. Desde 2015, en 21 de las 25 elecciones presidenciales de la región suramericana se impusieron candidatos opositores y en siete de los nueve países el oficialismo no ganó ningún comicio.

Esa regularidad obliga a mirar la elección argentina del año próximo más allá de la afinidad ideológica entre Milei y otros liderazgos de derecha. “Hoy, el antioficialista es mayor que el oficialista. La desaprobación es casi 2 a 1”, planteó el politólogo Mario Riorda, en diálogo con TN. Sin embargo, marcó como condición decisiva a “la consolidación de figuras opositoras que la encarnen para que se constituya en algo competitivo electoralmente”.

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Facundo Cruz, politólogo y coordinador de Pulsar UBA, llegó a una conclusión similar a partir de la experiencia suramericana. “Si esta tendencia regional se repite, entonces el gobierno de Javier Milei estará en un problema de cara a 2027, porque están presentes cada uno de los componentes del contexto global de la pospandemia. Solo falta uno: que la oposición esté unificada detrás de una candidatura competitiva”, señaló.

La fragmentación opositora aparece así como uno de los factores que todavía juegan a favor del oficialismo. Riorda estimó que, dentro del universo crítico del Gobierno, “un tercio estará cubierto por un liderazgo peronista y el otro tercio está en disputa y no es de nadie”, con la particularidad de que allí se ubican más votantes desencantados con Milei que opositores consolidados, dijo. “Está en disputa qué anti es más anti”, resumió.

Ese escenario también vuelve más difícil trasladar a la Argentina de manera automática lo ocurrido en Brasil. Gustavo Córdoba, director de Zuban Córdoba y Asociados, aclaró que los sistemas electorales de ambos países son distintos y que uno de los pocos puntos comparables es la fragmentación partidaria. Aun así, encontró otro elemento común en la creciente centralidad de la identidad política, con “la radicalización y la polarización ideológica, mucho más potente que los buenos resultados económicos”.

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Economía, demandas y expectativas

De acuerdo con el análisis de los especialistas consultados por TN, la economía puede pesar en 2027 sin necesariamente explicar por sí sola el resultado. Para Riorda, aunque el desempeño económico previo a las elecciones es clave, el componente ideológico conserva una capacidad de ordenamiento muy fuerte. “La ideología es un buen predictor electoral. Vemos esta tendencia en América Latina corrida hacia las derechas, pero mucho más a las ultraderechas”, explicó. En ese terreno, definió a Milei como “ordenador”, “nítido” y “un verdadero mojón ideológico”.

Para los analistas políticos, Milei puede escapar a la dinámica regional de castigo a los oficialismos si logra dar respuesta a las principales demandas de los argentinos (Foto: Presidencia).

Córdoba también relativizó la posibilidad de que un deterioro económico determine automáticamente un voto castigo. “Para muchos votantes la economía no es el tema central, no es el tema dominante, sino que lo es el tema ideológico”, coincidió, y recordó que en la elección de octubre del año pasado hubo electores que, aun atravesando dificultades económicas, terminaron acompañando al Gobierno de Milei.

Lucas Klobovs, director de Opinión Pública de QSocial Big Data, puso el foco en otra condición para que Milei pueda escapar a la dinámica regional de castigo a los oficialismos, la de “dar respuesta a las principales urgencias que tienen los argentinos”. Según su análisis, la baja de la inflación es reconocida y valorada, pero convive con una evaluación sobre “el costo que pudo generar el remedio utilizado”, entre ellos la caída de ingresos, las dificultades para llegar a fin de mes y los problemas para conseguir empleo.

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Para Klobovs, esas variables pueden convertirse en un castigo electoral “si no se ve una mejora concreta”. A la recuperación económica le sumó la dimensión política de que Milei necesitará “no solo revertir percepciones del metro cuadrado de los argentinos, sino también recrear expectativas a futuro, que hoy están muy bajas”.

Claudio Montiel, director de Zentrix, también vinculó las posibilidades electorales para la reelección con la respuesta a problemas cotidianos. Entre las demandas que sondea mensualmente, mencionó el empleo y el endeudamiento de las familias y consideró que Milei todavía está “a tiempo” de modificar el rumbo. “Si el Gobierno no entiende o sigue enfrascado en una discusión de ‘está todo bien y todos los demás se equivocan’ —que ya le pasó al kirchnerismo y al macrismo y que el Gobierno está entrando en la misma discusión—, es probable que termine prácticamente en el mismo camino”, advirtió.

¿Gana la derecha o pierden los oficialismos?

El debate sobre si el resultado brasileño debe leerse como otro avance de la derecha o como una nueva derrota oficialista divide menos a los especialistas cuando se amplía la perspectiva. Cruz sostuvo que los ciclos actuales de América están “más guiados por la alternancia recurrente” que por un péndulo entre izquierda y derecha. “Los oficialismos que perdieron en los últimos 6 años fueron de distinto signo y los giros muestran que los electorados mayoritarios van de un lado al otro, sin importar mucho el signo político saliente. La regularidad es la alternancia”, afirmó.

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Para los analistas políticos, la capacidad de reelección de Milei también dependerá de que la oposición no logre unificarse detrás de una candidatura competitiva (Foto: PJ).
Para los analistas políticos, la capacidad de reelección de Milei también dependerá de que la oposición no logre unificarse detrás de una candidatura competitiva (Foto: PJ).

Klobovs coincidió en que, hacia 2027, puede resultar más determinante la condición de oficialista que la identidad ideológica. “Lo que creo que más va a terminar pesando es una dicotomía de oficialismo y opositor y no de izquierda o derecha, porque eso es lo que está primando debido al descontento social. Esa es la variable clave”, planteó.

Montiel introdujo un matiz. A su entender, el desgaste de los gobiernos explica mejor el fenómeno regional, pero las fuerzas de derecha encontraron una ventaja al interpretar con mayor eficacia algunas demandas actuales.

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