CHIMENTOS
El conmovedor gesto de Viru, la esposa del Indio Solari con una fan desconsolada: “Yo le doy un beso de tu parte”

Viru, la compañera del Indio Solari por 45 años, abrazó a una fan del músico, y la contuvo con palabras alentadoras frente a su llanto (Video: Tik Tok)
En medio de la multitud que colmó las calles y el velatorio para despedir al Indio Solari, una escena logró conmover incluso a quienes creían haberlo visto todo en jornadas de duelo tan intensas. Entre el ir y venir de los seguidores, una joven fan, desbordada de emoción, se acercó a las vallas que protegían el acceso al féretro. Lloraba con una angustia genuina, su llanto resonando entre la muchedumbre y alcanzando a Virginia Mones Ruiz, conocida por todos como Viru, la esposa del Indio durante cuarenta y cinco años.
Viru, que siempre eligió el perfil bajo y la distancia del centro de la escena, cruzó las vallas, se acercó a la joven y le brindó un gesto que quedará en la memoria colectiva. La tomó de la cara con ambas manos, le habló con ternura y le pidió que se tranquilizara, que la escuchara. “Tenés que ser fuerte, quedate todo lo que quieras”, le dijo con calma, en medio de la emoción de quienes presenciaban la escena. La fan, entre lágrimas y palabras cortadas, buscaba consuelo. Viru no dudó en abrazarla, en sostenerla en ese momento de fragilidad compartida. “Yo le doy el beso al Indio de tu parte”, le prometió, sellando el instante con un acto de empatía y contención que resumió, en pocos segundos, el espíritu de la despedida.
No hubo cámaras ni discursos grandilocuentes. Solo quedaron el murmullo de las voces y el sonido inconfundible de la música que el Indio supo regalar. El video del encuentro se viralizó en cuestión de minutos, replicando ese abrazo miles de veces en redes sociales y grupos de seguidores. Para muchos, la imagen de Viru conteniendo a la joven se transformó en símbolo de la última despedida, un gesto que encarnó el amor y el respeto que definieron la vida de la pareja.
Mientras la conmoción recorría el lugar, otras dos mujeres se acercaron a Viru. Le dieron la mano y le agradecieron entre sollozos. “La mejor compañera fuiste vos en todos estos años. Gracias, gracias por lo que hiciste por nosotras”, le dijeron, en una síntesis de gratitud colectiva. Viru, sin abandonar su calma, escuchó y recibió cada muestra de afecto, cada palabra de agradecimiento, sin buscar protagonismo.
La escena se dio en el contexto de una despedida multitudinaria. Desde que la noticia de la muerte del Indio circuló el viernes, cerca de un millón de personas salieron a las calles. Primero en Parque Leloir, frente a la casa del músico, después en el Obelisco y en Plaza de Mayo, para finalmente llegar al velatorio en Villa Domínico. La fila se extendió por nueve kilómetros a lo largo de Avellaneda, hasta el Microestadio Gatica. Allí, durante horas, los fans ingresaron en grupos organizados, venciendo la lluvia y el frío para despedirse. La logística permitió el arribo de micros de distintas provincias y el acceso de miles de personas por hora, según datos oficiales.

La familia del Indio eligió un mensaje sencillo y directo para cerrar la ceremonia. Agradeció el esfuerzo de los organizadores y de quienes viajaron kilómetros para estar presentes: “Gracias a todos los que hicieron este esfuerzo: tanto los que se acercaron y los que lloraron donde los sorprendió la pena, como las toneladas de muchachos y muchachas que hicieron posible y formaron parte de la organización descomunal que supuso esta despedida, en tiempo récord”. En ese texto, la familia citó una frase que el Indio solía repetir: “Él nos anticipó que las despedidas son estos dolores dulces. Lo que no nos avisó fue que dolores dulces como estos iban a durar toda nuestra vida”. El mensaje finalizó con una imagen poderosa: el artista dejó encendidos su equipo Marshall y el equipo de sonido donde escuchaba las canciones en las que trabajaba, sugiriendo que la música debía seguir sonando más allá de la despedida.
El evento se inscribió entre las mayores manifestaciones populares de la cultura argentina, apenas comparable con los funerales de Juan Domingo Perón y Evita. La avenida Bartolomé Mitre se convirtió en epicentro de una vigilia que cruzó límites distritales y sociales, en la que la música y las historias personales se entrelazaron. El eco de la jornada quedó sintetizado en la consigna que eligió la familia: “Que su música no pare nunca más”.
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CHIMENTOS
¡Dramático! Los abuelos de Agostina revelaron que el papá le pegaba a la nena: «Patadas en el piso y trompada en el estómago»

El «Caso Agostina» sigue sumando capítulos de horror, dolor y desolación. A las atrocidades que se conocieron sobre el asesinato de la menor de 14 años se ha sumado ahora la revelación, por parte de sus abuelos, del calvario que la menor sufría con su padre, con quien mantienen una disputa desde hace muchos años que no pudieron zanjar ni siquiera en el velatorio de la nena, que decidieron no compartir. Según ellos, la nena abandonó la casa del papá después de recibir una golpiza que incluyó patadas y tompadas cuando estaba en el piso.
En un duro testimonio que le brindaron a Moria Casán en su programa de Canal 13, los padres de la mamá de Agostina contaron que la nena no se fue de la casa del papá «porque él le ponía límites» como se dijo en su momento. «Yo estaba en el club con mi otra hija y Agostina me hace un llamado una tarde, tipo seis de la tarde, pidiéndome por favor que le dijera a la madre que la fuera a buscar» arrancó la abuela.
«Yo la notaba con la voz rara y le digo «Agostina decime qué te pasó, ¿Te pasó algo?» «no, no, no, abue»… porque ella me dice así, «buela», con be, nos dice así desde los 4 años. «Buela, no, decile a la ma que me venga a buscar pero que no se enteré mi papá que te estoy llamando». «Bueno hija» le digo yo «no le voy a decir, pero de dónde me estás llamando», «de acá de la casa» nosotros no sabíamos que tenían hasta un teléfono fijo porque tampoco le dejaban decir esas cosas» siguió.
Posteriormente, contó que tras recibir ese llamado «Nos fuimos a buscarla esa tarde nosotros con mi marido y Melisa a la casa. Ella salió con la ropita que llevaba puesta del colegio y su mochila. Fue lo único que se trajo porque su papá no le devolvió absolutamente nada, ni un par de medias, nada. Cuando ella vino esa noche que se quedó sola con mi hija, con Melisa, ella le contó por qué se quería venir y por qué no quería volver más con su papá».
Luego vino la parte más dramática de su relato. «El papá dice que él le ponía límites. A ver, vos le querés poner límites a tu hija dándole patadas en el piso y una trompada en el estómago. ¿Eso es poner límites? Y después le decís a la madre «buen no, yo no quiero saber nada con esta chiquita, encargate vos» porque a la chiquita supuestamente, porque así decía él, «tenés que llevarla a un psiquiatra porque está mal de la cabeza» porque era una adolescente» recordó.
Después, la mujer aclaró que «la tenencia era compartida. Agostina el año pasado quiso ir a vivir con su papá, porque nunca había vivido con tu papá, siempre estuvo con su mamá, entonces su mamá le dijo «bueno, listo, viví con tu papá» porque no tenía ningún problema con eso. Cuando ella va a vivir con si papá después nosotros nos enteramos del maltrato psicológico de parte de la mujer, que ella no podìa escuchar música, que ella no podía prender el televisor, ella no tenía que hacer ni ruido.
LOS ABUELOS DE AGOSTINA ACUSARON AL PADRE DE LA NENA DE TIRARLA AL PISO Y DARLE UNA GOLPIZA
«El primer día que Agostina se va a vivir con él y se lleva su ropita de acá de la casa, contado por mi nieta, ella le contó a mi hija de que el padre le tiró esa ropa en el patio y le dijo que le prendiera fuego a la ropa porque ella iba a empezar otra vida con él» cerró la abuela. Allí tomó la palabra su marido para asegurar que «El tipo este siempre fue medio raro. Siempre. Un tipo manipulador. Mi nieta hacía patín artístico junto con mi hija. Patinaba hermoso mi nieta, estaba federada, todo, había empezado a competir. El padre le empezó a decir que con el patín era una pérdida de tiempo, que no iba a llegar a ningñún lado, que tenía que dejar que era una pòrquería. Esas eran las palabras de él. Hasta que la convenció y mi mieta dejó. ¿Por qué? Porque él tenía miedo que uno le pidiera plata, el que sabe de patín artístico sabe que es un deporte medio caro. Todo le pagábamos nosotros porque nos encantaba que hiciera».
«La manipulación del padre hizo que lo dejara. Entonces ahora no puede venir a salir a los medios a decir que mi hija es culpable de todo cuando no fue un padre presente. Mi nieta cuando iba a su casa volvía enojada, de mal humor. El no la disfrutó a su hija y su hija no disfrutó a su padre. Cuando uno está separado se separa de la pareja no de los hijos. Ella venía siempre mal, de mal genio, enojada. No puede decir que fue un papá presente, él no fue nunca un papá presente» cerró el abuelo de Agostina.
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Dolor total en el espectáculo: Murió María Rosa Fugazot a los 83 años

El mundo artístico argentino atraviesa una jornada de profunda tristeza tras conocerse la muerte de la actriz, cantante y exvedette María Rosa Fugazot, quien falleció a los 83 añoa, esta mañana, en su casa de Palermo. La noticia generó conmoción entre colegas, amigos y admiradores que durante décadas siguieron la trayectoria de una de las grandes figuras de la televisión, el teatro de revista y la comedia nacional.
Nacida en Vicente López el 20 de diciembre de 1942, Fugazot construyó una extensa carrera que atravesó más de seis décadas. Hija de los artistas Roberto Fugazot y María Esther Gamas, María Rosa debutó siendo adolescente y participó de recordados ciclos como Operación Ja-Já, además de compartir proyectos con figuras emblemáticas como Jorge Porcel y Alberto Olmedo.
Este último año, la actriz había atravesado el golpe más duro de su vida: la muerte de su hijo, el actor y director René Bertrand, ocurrida en junio de 2025. A pesar de ese dolor, continuó vinculada a la actividad artística y mantuvo una presencia activa en los escenarios, convirtiéndose en un símbolo de fortaleza y vocación.
Meses después de la partida de su René, María Rosa Fugazot habló con sinceridad sobre el dolor que atravesaba. “Estoy bien, estoy. Ya van cuatro meses de la muerte de René. La llevo como se puede, uno está acostumbrado a recibir disgustos y malos momentos, pero no hay nada igual a la pérdida de un hijo. Es un agujero muy difícil de cubrir, pero uno trata”, expresó.
En desarrollo…
María Rosa Fugazot
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El llanto de Lali Espósito en River: la emoción desbordó el estadio con el tema Perdedor

En su segunda noche en el estadio de River, Lali vivió un momento cargado de emoción que marcó a fuego la velada. Frente a más de 80 mil personas, la artista se quebró en pleno escenario durante la interpretación de Perdedor, una de las canciones con mayor peso introspectivo de su repertorio. La escena, acompañada por la lluvia y una puesta minimalista, se convirtió en uno de los hitos del show y generó una reacción inmediata tanto en el público presente como en redes sociales.
La cantante, vestida con un diseño claro y con el cabello empapado, se detuvo en el centro del escenario, iluminada por una luz puntual y rodeada de penumbra. El silencio del estadio solo fue interrumpido por los primeros acordes del violinista, Javier Casalla, lo que acentuó la atmósfera de intimidad. A medida que avanzaba la canción, la voz de Lali Espósito comenzó a quebrarse, evidenciando la carga personal que implica para ella este tema. El llanto no tardó en brotar y, lejos de ocultarlo, la cantante permitió que la vulnerabilidad formara parte de la experiencia compartida con su público.
La magnitud de la audiencia no impidió que el momento se sintiera cercano. En el sector de plateas y en el campo, miles de personas acompañaron a la artista, coreando la letra y sosteniendo el clima con una ovación cerrada. Bajo la lluvia, el estadio se unió en una misma emoción, generando una comunión poco habitual en shows de esta envergadura. Al finalizar la interpretación, la cantante se acercó al violinista, quien la acompañó durante todo el segmento, y se fundió en un abrazo que resumió la intensidad vivida.
El trasfondo de la canción Perdedor excede el plano musical y conecta con experiencias personales de la propia intérprete. En palabras de Lali, el tema “empieza diciendo ‘mi casa rota en pedazos, y yo no me dicuenta que esto pasó’, Y es un poco tambíen una analogía con la vida. con las familias… son una cosa muy frágil así no parezca. Como que uno dice ‘bueno, la familia es lo más importante’, Sí, obvio, pero dentro de las familias hay unas aristas, unas… Y es muy fundacional lo que te pasa en tu vida, en tu familia, en tu núcleo familiar. Una enfermedad, una pérdida”.

La artista reveló que atravesó una pérdida “muy zarpada” en su familia, lo que la llevó a observar la vida desde otro lugar. “Eso te coloca en otro lado, te hace ver las cosas de otra manera. Y me interesaba hablar de eso, de cuando uno está con la casa prendida fuego y tenés que reconstruirte y reconstruir eso que es tu casa. No tenés dónde ir a vivir, tenés que reconstruir esa. Bueno, y ese laburo de encontrar que dice como guardar los recuerdos y después los quiere, después los vuelvo a guardar, como una cosa de aceptar esa cosa irreversible que genera lo emocional dentro del campo familiar, de lo fundacional de una persona”.
El momento de quiebre no pasó inadvertido ni en el estadio ni en el universo digital. Al difundirse el video de la interpretación en redes, los comentarios se multiplicaron y dieron cuenta del efecto que tuvo tanto en quienes asistieron al concierto como en aquellos que siguieron la transmisión a distancia.

Una seguidora expresó: “Me voy a guardar este video en el corazón para siempre porque así mismo me siento yo cada vez que escucho Perdedor. Te amo, Mariana, no existe ni va a existir nadie como vos, ni volviendo a nacer”. Las respuestas reflejaron identificación y emoción: “Me duele esa canción y eso que no sabemos detalles del trasfondo”, escribió otra usuaria, mientras que una más se refirió al desenlace del tema: “Lo poético que fue el final de Perdedor, con Lali llorando y el violín. Soy un mar de lágrimas en este momento”.
El segmento de Perdedor estuvo marcado por una escenografía sobria, donde el protagonismo recayó en la interpretación vocal y el acompañamiento instrumental. La iluminación tenue y el uso de elementos mínimos en escena crearon el clima propicio para el despliegue de emociones. Javier Casalla, cuya presencia fue clave, aportó un matiz melódico que acentuó la intensidad del momento, con la melodía de su violín. En las imágenes del show, se observa el diálogo visual entre cantante y músico, así como el abrazo final que selló la actuación.

Las condiciones climáticas, con la lluvia como telón de fondo, sumaron un elemento extra de dramatismo y autenticidad. La artista, lejos de dejarse vencer por las inclemencias, incorporó este factor al relato, potenciando la carga simbólica de la presentación.
El público, atento y respetuoso, acompañó con aplausos sostenidos, contribuyendo a que el cierre se transformara en uno de los puntos más recordados del concierto. La interacción artística y el clima generado en el estadio de River convirtieron ese instante en una experiencia colectiva de alto impacto, donde la música y la emoción compartida se fundieron sin barreras.
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