ECONOMIA
El desconcierto de la IA: mucho ruido y pocas nueces

Casi todas las empresas usan algo de inteligencia artificial. Muy pocas saben qué hacer con ella. Y esa distancia no es tecnológica: es de liderazgo y de cultura.
La inteligencia artificial llegó a las organizaciones antes de que supieran qué hacer con ella.
Está en todas partes —en las herramientas, en los discursos, en los comités de innovación—. Pero los resultados no aparecen. Lo que predomina no es el entusiasmo ni el rechazo, sino algo más incómodo: el desconcierto.
Los números confirman que no es una impresión. El 88% de las organizaciones ya usa IA en al menos una función, pero solo el 39% percibe algún impacto en sus resultados, casi siempre inferior al 5%. El MIT fue más lejos: concluyó que el 95% de las inversiones en IA generativa todavía no produjo retornos medibles. Mucha adopción, poco valor.
En América Latina la foto es similar, aunque la brecha es más amplia. Solo el 23% de las organizaciones obtienen algún valor económico de la IA y apenas el 6% lo considera significativo (WEF y McKinsey, 2025). La región recibe, además, apenas el 1,12% de la inversión global en esta tecnología. Podría pensarse que el problema está ahí. No lo está: las compañías que más invierten en el mundo tampoco logran resultados consistentes. Si dependiera del dinero, ya estaría resuelto.
La inteligencia artificial llegó a las organizaciones antes de que supieran qué hacer con ella
La IA no es magia. El problema no es la herramienta: es todo lo que la organización no resolvió antes de encenderla.
Las organizaciones que atraviesan este proceso muestran siempre el mismo patrón. La tecnología avanza más rápido de lo que las personas pueden seguirla, y seguirla implica dos tiempos: entenderla y, mucho más lento, aceptarla. Son tres velocidades que rara vez coinciden —la de la tecnología, la de las personas y la del negocio—, y de ese desajuste nace buena parte del problema. Cuando una organización acelera solo la primera y descuida las otras dos, la IA entra en la empresa, pero no echa raíces. No es casual que el 92% de los líderes señale a la cultura y a la gestión del cambio —y no a la tecnología— como la principal barrera (Wavestone, 2026).
En las pymes el cuadro suele agravarse. Apremiadas por la necesidad de ganar eficiencia, muchas esperan que la IA resuelva problemas que en realidad son organizacionales.
Los síntomas se repiten. Se evitan las conversaciones difíciles. No se rediseñan los procesos: apenas una de cada cinco empresas reformuló sus flujos de trabajo, justamente la palanca de mayor impacto según McKinsey. Y se impone un cambio que genera incertidumbre, aunque nadie lo nombre. La adopción termina ocurriendo de abajo hacia arriba, sin que nadie la conduzca: ocho de cada diez trabajadores usan herramientas que su empresa nunca aprobó. La IA entró por la puerta de atrás.
El problema no es la herramienta: es todo lo que la organización no resolvió antes de encenderla
Hay, además, un costo que casi nadie mide. Buena parte de lo que produce la IA es workslop: contenido que parece terminado, pero puede ser superficial, contener errores o incluso inventar información. Alguien tiene que detectarlo, verificarlo y rehacerlo. El esfuerzo no desaparece: simplemente se traslada. La productividad no necesariamente aumenta; muchas veces se dispersa.
Debajo de todo esto late una decisión que la mayoría de las organizaciones posterga: si la IA viene a ampliar lo que las personas hacen o a reemplazarlas. Nadie lo anuncia, pero todos lo intuyen. Si las personas sospechan que el objetivo es prescindir de ellas, el miedo gana terreno y la adopción se frena. Si entienden que la IA viene a liberarlas de tareas de poco valor para que puedan concentrarse en las que realmente importan, el compromiso cambia. Esa definición no la toma el software: la toma quien conduce.
Las organizaciones que están capturando valor entendieron algo simple: no empezaron preguntándose qué herramienta comprar, sino qué problema querían resolver. La IA llegó después.
Y acá no alcanza con más tecnología: hace falta criterio. Quien logre que la IA aporte valor no será quien compre la herramienta más avanzada, sino quien tenga claro para qué la quiere. Quien abra la conversación que faltaba, rediseñe el proceso que quedó viejo y nombre el miedo en lugar de esconderlo. Su trabajo no es acelerar. Es sincronizar el ritmo de la tecnología, el de las personas y el del negocio para que el cambio ocurra a una velocidad que la organización pueda sostener. La inteligencia artificial es la parte fácil. Lo difícil, como siempre, son las personas.
Por eso, antes de dar el próximo paso, vale la pena hacerse algunas preguntas. ¿La IA amplía lo que las personas hacen o busca reemplazarlas? ¿Se rediseñaron los procesos o simplemente se le pidió a la máquina que hiciera más rápido lo que ya estaba mal hecho? ¿Qué conversación se está evitando?
El desconcierto tiene salida. Y es menos una cuestión tecnológica que una decisión de liderazgo: conducir el cambio en lugar de padecerlo.
El autor es CEO y Fundador de Modobeta
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ECONOMIA
El dólar tuvo una leve baja tras cuatro ruedas consecutivas de subas

El mercado de cambios negoció con un muy alto monto operado de USD 704,4 millones, oferta que contribuyó a una baja de 3,50 pesos o 0,2% del dólar mayorista, a 1.477,50 pesos.
Gustavo Quintana, operador de PR Corredores de Cambio, recordó que fue la “primera baja del dólar mayorista luego de cuatro ruedas consecutivas con subas”, que “acumula en los dos primeros días de esta semana una baja de 50 centavos, lejos de la caída de 16,50 pesos de los dos primeros días de la semana anterior”.
El BCRA estableció un techo para las bandas cambiarias en los $1.832,54, con lo cual el tipo de cambio oficial quedó a 355,04 pesos o 24 por ciento.
El dólar mayorista cede ahora 4,50 pesos o 0,3% en julio, mientras que en 2026 mantiene una suba de solo $22,50 o 1,5%, frente a una inflación próxima a 18% en lo que va del año.
“Atentos al canje del dollar-linked que vence a fin de mes, dado que permitiría evitar presiones, el dólar mayorista sigue relativamente estable en torno a los $1.480 con una operatoria más expandida y un BCRA comprando reservas, aunque regulando el ritmo al ritmo de la demanda. Que el clima financiero continúe tan calmo juega a favor de la desaceleración de la inflación, tal como quedó reflejado recientemente no sólo en el IPC sino también de manera incluso más pronunciada -a partir también de otros factores- a nivel mayorista», analizó el economista Gustavo Ber.
El Tesoro convocó para este martes a una licitación extraordinaria para renovar bonos vinculados al dólar que vencen este mes.
“La propuesta oficial busca canjear una letra cambiaria por dos opciones de igual cobertura. Los inversores podrán elegir títulos con vencimientos a agosto de este año o a diciembre de 2028. El ministro Luis Caputo intenta aliviar la carga financiera previa a la subasta de la próxima semana”, afirmó Ignacio Morales, jefe de Inversiones de Wise Capital.
“Los antecedentes del mercado señalan una fuerte preferencia por alternativas de corto plazo. En la última operación similar, la mayoría de los tenedores eligió instrumentos con vencimiento a un mes. La decisión medirá el nivel de confianza en la gestión de la deuda gubernamental. Los tenedores de activos evaluarán el atractivo de mantener cobertura ante posibles fluctuaciones del dólar. La respuesta de los fondos determinará el margen de maniobra oficial para las próximas colocaciones”, añadió Ignacio Morales.
El dólar al público permaneció a 1.500 pesos para la venta en el Banco Nación, mientras que el dólar blue subió cinco pesos o 0,3%, a $1.545 para la venta, en su tercer ascenso seguido, para alcanzar el precio más alto desde el 22 de octubre.
La divisa en esta plaza informal es tomada por las agencias de cambio a sus clientes a $1.525, esto es 75 pesos o 5,2% más que los $1.450 que pagan los bancos, brecha que justifica liquidar billetes atesorados en el comercio informal.
En cuanto al ingreso de divisas a la economía, el INDEC informó que en junio último la balanza comercial registró un superávit de USD 2.194 millones, para acumular un saldo positivo de USD 13.923 millones en la primera mitad del año. El superávit energético alcanzó USD 611 millones, equivalente al 28% del superávit comercial total. Las exportaciones crecieron 24,5% interanual y cayeron 0,9% respecto de mayo. Las importaciones aumentaron 7,3% interanual y 3,4% mensual si estacionalidad.
“Las importaciones parecen haberse estabilizado en un nivel inferior al observado antes de las elecciones, posiblemente reflejando una actividad doméstica más débil. Dentro de las importaciones, las cantidades importadas de bienes de capital cayeron 12,1% interanual, mientras que las de bienes de consumo disminuyeron 2% interanual. La relativa fortaleza de las importaciones de bienes de consumo sigue respaldando la visión de una moneda fuerte, aunque también responde a la reducción de barreras no arancelarias”, evaluaron los expertos de Max Capital.
Los últimos datos disponibles sobre depósitos privados en dólares, actualizados por el BCRA al 16 de julio, mostraron una caída de las colocaciones en efectivo de USD 45 millones, hasta 40.486 millones de dólares.
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ECONOMIA
La última apuesta de Milei para reactivar la economía antes de la campaña sin tener que emitir

El resultado en la final del Mundial no fue el esperado, pero la Casa Rosada no va a cambiar los planes por eso.
Javier Milei proseguirá con el plan diseñado tras la salida de Manuel Adorni del Gobierno.
En aquel momento hubo un relanzamiento del oficialismo, con modificaciones claves en la cúpula del poder, y que incluyó la decisión de enviar al Congreso proyectos de leyes que Milei considera prioritarias para lo que viene: la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y una nueva versión de blanqueo fiscal, para atraer a los dólares que los argentinos tienen guardados «bajo el colchón».
A 15 meses de las presidenciales, donde el Presidente irá por su reelección, el Gobierno enfrenta un desafío completamente distinto al que tenía cuando llegó al poder: la discusión ya no pasa solamente por seguir bajando la inflación o sostener el equilibrio fiscal.
La nueva etapa del plan económico apunta a algo bastante más complejo: conseguir que la estabilidad cambiaria y de los precios empiece a transformarse en crédito, consumo, inversión y crecimiento.
En otras palabras, que la mejora de las variables financieras llegue finalmente a la economía real.
La discusión se da en medio del golpe sobre los ingresos de las familias y la caída del consumo masivo. Según el Indec, los salarios registrados tuvieron un alza de 1,8% frente a una inflación de 2,1% en mayo.
La era post Mundial: bienvenida campaña
Hasta ahora, la gestión de La Libertad Avanza logró ordenar buena parte de los desequilibrios heredados.
El equilibrio de las cuentas públicas es un hecho, la emisión monetaria también se ordenó, la inflación volvió a desacelerarse en los últimos meses y el Banco Central recuperó capacidad para acumular reservas.
Pero ese proceso tuvo un costo que se hizo sentir y perdura hoy mismo, a dos años y medio del inicio del mandato presidencial.
La prioridad absoluta fue estabilizar. No expandir la actividad. Se suponía que eso iba a quedar para una segunda instancia. Que hasta ahora no se evidenció.
Por eso, buena parte del esfuerzo oficial estuvo orientado a retirar pesos de circulación para evitar que la recuperación de la liquidez terminara alimentando una nueva ola inflacionaria.
El resultado fue una economía mucho más ordenada desde el punto de vista macroeconómico, aunque todavía con un mercado interno que sigue estancado. E incluso con caídas que aún no encontraron el piso, como ocurre con varios nichos industriales.
Ahora la apuesta empieza a cambiar.
El desafío del Gobierno, ya de cara al año electoral, consiste en permitir que una mayor disponibilidad de dinero vuelva a transformarse en préstamos para empresas y familias, sin poner en riesgo la estabilidad.
Cuál es el plan de Milei para reactivar la economía sin emitir
No se trata de volver a emitir pesos para financiar gasto público. Distintos economistas, como Carlos Melconian, sugieren que el Gobierno debería aprovechar la compra de divisas que realiza el Banco Central para generar una expansión monetaria compatible con una inflación en descenso.
En esa lógica, la acumulación de reservas deja de ser un objetivo exclusivamente financiero.
Pasa a convertirse en una herramienta para alimentar el crédito.
Si una parte de los pesos que nacen cuando el Banco Central compra dólares permanece circulando dentro del sistema financiero, aumentan las posibilidades de que crezcan los préstamos hipotecarios, prendarios, personales y para capital de trabajo.
Por ahora, Economía se muestra renuente a ese mecanismo: en la última licitación de deuda en pesos volvió a absorber pesos para que no quede liquidez dando vuelta en la economía.
Por ahora, la estrategia oficial pareciera correrse hacia más adelante. La lógica va más por el lado de que se afiance la dinámica de la desinflación.
Si eso fuera así, entonces los ingresos disponibles de los asalariados podrían destinarse a un mayor consumo.
En simultáneo, la baja de la inflación abriría las puertas a un descenso de las tasas de interés de los créditos, aun en un escenario de elevada morosidad. Con una inflación cada vez más baja, el crédito vuelve a ser una herramienta atractiva tanto para quienes necesitan financiar inversiones como para las familias que buscan adelantar consumos.
Y cuanto mayor sea el volumen de préstamos, mayor será también el impulso sobre la demanda interna.
La entrada de capitales, la otra vía
En paralelo, el Gobierno apuesta a que continúe mejorando el acceso al financiamiento externo.
La reducción del riesgo país, sumada a las mejoras recientes en la calificación crediticia de la Argentina, abre la posibilidad de refinanciar vencimientos de deuda en condiciones más favorables y disminuir la presión sobre las reservas internacionales.
Ese cambio resulta especialmente importante pensando en los fuertes compromisos financieros que deberá afrontar el país en 2027. Si el Tesoro consigue acceder a un refinanciamiento más barato, el Banco Central podrá preservar reservas.
Al mismo tiempo, empezarían a aparecer señales positivas del lado de la inversión privada.
Los grandes proyectos vinculados con energía, minería y litio prometen un ingreso creciente de dólares durante los próximos años, reforzando la capacidad exportadora del país.
Entrada de dólares: doble efecto
El ingreso de divisas genuinas serviría para sostener la estabilidad cambiaria.
Además, abriría espacio para una expansión de la actividad sin que aparezca inmediatamente la tradicional restricción externa que históricamente frenó los ciclos de crecimiento argentinos.
Sin embargo, el escenario dista de estar completamente despejado.
La consolidación del proceso dependerá de que continúe la disciplina fiscal, siga descendiendo el riesgo país y avance la reducción de impuestos que todavía afectan la competitividad de numerosos sectores.
También será determinante que el sistema financiero gane profundidad y que el crédito continúe creciendo sin deteriorar la calidad de las carteras.
En definitiva, el Gobierno parece haber dejado atrás la etapa más urgente de su programa económico.
La primera fase consistió en apagar el incendio macroeconómico.
La segunda exige algo bastante más difícil: demostrar que la estabilidad puede convertirse en crecimiento sostenido.
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ECONOMIA
Qué autos híbridos y eléctricos entrarán al país con el cupo de 2027: el cambio que se evalúa y que podría beneficiar a Tesla

El éxito del programa diseñado por el Gobierno para promover la electromovilidad y la competencia de marcas en busca de bajar los precios de los autos 0 km en Argentina cumplirá en diciembre dos años de vigencia de los cinco que se establecieron desde su lanzamiento, a comienzos de 2025.
Se trata de un cupo de 50.000 autos híbridos y eléctricos con un precio máximo de USD 16.000 FOB (en puerto de embarque), que pueden llegar al país sin pagar el arancel de importación extrazona del 35% que rige tanto en Argentina como en Brasil hasta junio de 2029. De ahí la validez de cinco años del programa argentino, que es parte del Acuerdo de Complementación Económica (ACE14) que tienen firmados ambos países como modo de protección de la industria automotriz regional.
Si bien no se logró la baja de precios en los vehículos más accesibles del mercado – porque el 90% de los vehículos que entraron pertenecen a la gama media de modelos del mercado-, lo que sí se pudo conseguir fue una mayor oferta de autos híbridos e híbridos enchufables, además de un crecimiento leve de los eléctricos puros, que por su costo de origen y tecnología, todavía siguen siendo mayormente caros para el usuario común argentino.
Cuándo se hará la próxima licitación
El Gobierno tiene previsto lanzar la licitación del tercer año (2027) para fines de agosto o comienzos de septiembre, por lo que informalmente ya comenzaron las consultas con las automotrices e importadoras para tener un escenario previo que pueda generar algún cambio o no en la reglamentación para el cupo.

En los primeros dos años, producto de haber comenzado tarde y de los tiempos lógicos que demanda pedir producción de autos a las plantas del exterior, esperar que esa producción se complete, se embarque y llegue a Argentina, casi el 80% de los autos fueron nacionalizados entre diciembre y enero últimos.
De hecho, en la primera licitación no se completó el cupo de 50.000 autos anuales, y se debió hacer una segunda llamada en julio del año pasado, donde sí se logró el objetivo. Inicialmente, el programa le asigna 25.000 autos a los fabricantes y 25.000 a los importadores, algo que funcionó de ese modo el primer año, pero no en la licitación 2026, cuando el reparto fue 40% y 60% debido a que las automotrices locales no alcanzaron a completar su mitad.
Ante esa situación es que se iniciaron las consultas previas a la licitación 2027, oportunidad que sirvió también para que algunas marcas y representantes oficiales hicieran saber al Gobierno (siempre en el terreno de la informalidad y no de un pedido oficial) que verían con buenos ojos si el cupo subiera el tope de precio máximo de USD 16.000 FOB, de modo tal que el programa sea accesible para todos y no solo para autos de producción china, tanto de marcas de ese país como de marcas occidentales que tienen socios locales, como ocurrió en los primeros dos años.
“Para empezar estuvo bien, porque llegó un gran parque de autos con una tecnología de propulsión de la que había muy poca oferta. Hoy está lleno de híbridos y eso es bueno. Pero con dos años de experiencia, también queda claro que ese precio de USD 16.000 beneficia casi exclusivamente a las marcas chinas o a autos producidos en China por otros fabricantes, lo que no deja de ser un poco injusto para el resto. Hoy es más un cupo para autos chinos que un cupo abierto sólo por ese límite de precio”, explicaron a Infobae desde una automotriz que no participa del cupo.
Un ejemplo del cambio que se podría generar al subir el precio máximo de autos en puerto de embarque lo dio un importador que tiene autos fuera del cupo porque vende marcas con modelos más caros. “Si suben a USD 30.000 FOB podría entrar Tesla”, aseguró el empresario, a propósito del reciente desembarco de la marca de Elon Musk en Uruguay, que se espera continúe con un anuncio similar en poco tiempo en Argentina.
Si bien el cupo estaba pensado para representar un 8% del mercado total de autos 0 km argentino, a raíz del retraso en las dos primeras licitaciones, se decidió abrir la convocatoria para este año en septiembre de 2025, lo que generó que se sumen casi 80.000 autos para fines del primer semestre que acaba de concluir, y que la cuota sea un 50% más alta, con un impacto del 12% en la actualidad.
Sin embargo, esa proporción ya comenzó a bajar en las últimas semanas en alguna marcas chinas que agotaron buena parte de su stock y deben administrar unidades hasta que lleguen los próximos embarques, ya sean los de este año en aquellos casos que aún sigan pendientes o directamente del cupo 2027.
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