DEPORTE
El Dortmund da por perdido a Adeyemi y negocia por su sustituto

El Borussia Dortmund rechazó la primera oferta del Barcelona por Karim Adeyemi. Los alemanes, no obstante, están abiertos a negociar por un futbolista que vence su contrato el próximo verano y esperan sacar la mayor tajada posible antes de que se marche con la carta de libertad en 2027.
La primera proposición de la dirección deportiva culé fue de 20 millones, algo que los ‘borussers’ consideraron insuficiente, pero las conversaciones siguen su curso. La intención del club de la cuenca del Ruhr es recuperar gran parte de los 30 millones que pagaron en su día al Leipzig por los servicios del extremo, aunque el Barça no alcanzará esa cifra aunque volverá a la carga con una propuesta más jugosa.
En el Signal Iduna Park, sin embargo, empiezan a explorar posibles opciones a la más que posible salida del internacional alemán. Según informa el periodista especializado Florian Plettenberg, la junta directiva del Borussia Dortmund lanzará sus redes sobre Said El Mala, futbolista del Colonia y que ocupa, a priori, la misma posición sobre el campo que Adeyemi.
La revelación de la Bundesliga
La misma información reconoce que ya ha habido contactos entre ambas partes, con buena sintonía. La madre de Said El Mala, que ejerce a su vez como agente del futbolista, considera que el Dortmund sería un destino ideal para su hijo y representado, que continuaría su progresión en un equipo de primer nivel europeo.
La operación entre Dortmund y Colonia está todavía lejos de cerrarse. La venta de Adeyemi lo acelerará todo, pero, como decíamos, todavía falta esa entente con el Barcelona. Eso sí, la incorporación no será fácil y requerirá de una negociación entre los clubes de la Bundesliga. El Colonia exige un montante cercano a los 50 millones de euros para dejar escapar a El Mala, una joven promesa que casa con la política de fichajes ‘borusser’ y que en su día también fue tentada por Deco.
Said El Mala, futbolista del Colonia / ‘X’
El Borussia Dortmund ya conoce las condiciones del traspaso y las exigencias económicas tanto del futbolista como de su entorno, pero mantiene importantes reservas sobre el precio de la transacción.
A sus 19 años, hará 20 a finales de agosto, Said El Mala se ha consolidado como una de las grandes promesas del fútbol alemán. El atacante firmó una destacada temporada en la Bundesliga, donde registró 13 goles y repartió cinco asistencias, unos números que han despertado el interés de varios clubes y que explican por qué el Borussia Dortmund lo considera una de las principales opciones para cubrir la posible salida de Karim Adeyemi.
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Una extraordinaria marca que aún se mantiene en el fútbol argentino: a 45 años del récord de Carlos Barisio

“Vamos a la cancha”. Con ocho años y una creciente pasión por el fútbol, mis oídos no podían recibir mejores palabras. Más aún, si eran dichas por mi viejo, que tanto tuvo que ver con ese amor por la número cinco. Era un feriado frío y lluvioso, cerca del mediodía, cuando me amplió la propuesta con más datos: “En la cancha de Ferro puede suceder un hecho histórico y me gustaría que lo vieras”. Mi vieja apuró el almuerzo con mano sabia, nos abrigamos bien y los dos caminamos cuatro cuadras hasta la estación Sáenz Peña de la línea A, para tomar el subte que nos iba a depositar en Caballito aquel 9 de julio de 1981.
El récord de Barisio. Esa marca que parecía imposible de batir, desde que el legendario Antonio Roma la había clavado en 783 minutos con la valla invicta, en la lejanía de 1969. Ferro era un equipazo, y entre sus muchas virtudes, estaba la solidez defensiva. Una última línea que sale de memoria, 45 años más tarde, aún para quienes nos son hinchas de ese equipo: Barisio; Gómez, Cuper, Rocchia y Garré.
Mi viejo fue un médico admirable y admirado, que dedicó gran parte de su vida al estudio y la investigación. Futbolero en su niñez y adolescencia, teñida con los colores de River. Le gustaba jugarlo y verlo, pero sin ser fanático. Al ingresar a la facultad, se abocó de lleno, ya no siguió a su equipo y apenas se enteraba de los resultados de los partidos. Fue un paréntesis de 10 años. Hasta que, a su único hijo, apenas terminada la final del Mundial ‘78, se le desató la pasión por este deporte, que él supo acompañar, llevándome a distintas canchas y escuchando por radio aquellas jornadas inolvidables de domingo con todos los partidos a la misma hora.

El campeonato de 1981 tuvo el estruendo del pase de Maradona a Boca, que conmocionó al ambiente. Para paliar este impacto, River fue en busca de Mario Kempes, que actuaba en el Valencia de España, para sumarlo a su constelación de estrellas. Los Xeneizes, también incorporaron a Miguel Brindisi, que sería uno de los mejores socios de Diego.
Lo más lógico era que entre ambos equipos se disputaran el título. Sin embargo, Ferro tenía otros planes. Carlos Griguol había llegado a principios de 1980, comenzando un paciente trabajo, con un plantel equilibrado, inteligente y con hambre de cosas grandes. El Viejo Timoteo fue un adelantado. Con un dinero que tenía ahorrado, como relató alguna vez, en lugar de comprarse un auto, decidió invertirlo en un equipo de video cassette, super innovador para la época, donde grababa los partidos de su equipo y de los futuros rivales, para luego reproducirlos en el entonces moderno sistema de VHS.
Desde ese laboratorio, salían las ideas que se iban plasmando en los entrenamientos del estadio de Caballito y en el campo de deportes de Pontevedra. River prontamente se bajó de la pelea por varios factores: un Kempes que no llegó en el mejor estado físico, el ciclo de Ángel Labruna con el desgaste de seis años y el mazazo de la eliminación en la fase de grupos de la Copa Libertadores, su gran asignatura pendiente, ante Deportivo Cali.

Boca parecía encaminarse al título, pero Ferro le opuso resistencia, siguiéndolo de cerca, no aflojando nunca y desestimando a los agoreros que nunca faltan, que sentenciaban el “ya se va a caer”. Tuve ocasión de entrevistar a Carlos Barisio, que nos dejó en 2020, y así recordaba el funcionamiento de ese cuadro inolvidable: “Estaba todo tan bien sincronizado y trabajado que nos entendíamos casi sin mirarnos entre los cinco. Ferro era un chico, pero con espíritu de grande. Un arquero de equipo chico recibe muchas situaciones de gol por partido. La defensa era tan buena que casi no me llegaban, pero tenía que estar atento y no fallar en esos momentos. Era mucha concentración durante los 90 minutos. Llegaba a mi casa y parecía que me había pasado un tren por encima (risas)”.
Ese jueves 9 de julio, con fecha entre semana, la diferencia entre ambos era de dos puntos y enfrentaban a equipos que estaban en la mitad de la tabla. Boca jugaba con Vélez en la Bombonera, al tiempo que Ferro recibía a Instituto. La expectativa estaba repartida, pero apenas comenzados los partidos, Maradona convirtió un gol que daba tranquilidad a la parcialidad azul y oro. En Caballito los minutos pasaban y la gran expectativa era poder ver si Barisio llegaba a la hazaña. Marca que casi se frustra, como él mismo evocó: “Ese día hice la mejor atajada de mi vida, antes de batir el récord. Saccardi fue a cubrir a Garré que se había ido al ataque y le ganó la posición al puntero derecho Rodolfo Rodríguez. Al tener la pelota, quiso cambiar de frente para salir con Mario Gómez, nuestro lateral derecho, pero se la puso en el pecho a Juan José Meza, el excelente número 10 de ellos, que estaba en la medialuna. La mató y le pegó fuerte, abajo a la derecha mía. Volé y la saqué con lo justo”.

En mi memoria quedó grabada esa tarde. Con la ansiedad de los plateístas de Ferro, que miraban en forma incesante sus relojes, esperando que llegasen los 23 minutos del segundo y soltar la felicidad del récord. También, la locura que se desató en un instante en particular. El árbitro Juan Carlos Ponfil había pitado el final y los jugadores iban camino a los vestuarios, tras un deslucido 0-0. Allí se produjo un estruendo que se activó cual onda expansiva. Las radios portátiles trajeron la novedad del empate de Vélez, anotado por su máximo goleador y a la postre, ídolo de Boca: Carlos Bianchi.
A los 10 del segundo tiempo, Miguel Ángel Juárez, el artillero de Ferro, convirtió el primero, que hizo delirar a todos, superando a Guibaudo con un remate bajo y enseguida, Rocchia de cabeza puso el 2-0. Era la tarde soñada, solo había que esperar que llegase el momento. Y allí fue, cuando el árbitro detuvo el juego, porque Barisio era el nuevo hombre récord de nuestro fútbol: “Fue algo muy emocionante, compartido con los muchachos de Instituto, que me vinieron a abrazar. Recuerdo especialmente a Krasusemann, un defensor, que lloraba y al mono Guibaudo, que se cruzó desde el otro arco. Ese día había venido a verme mi mejor amigo, que se quedó esperando en la calle, apoyado en un árbol, porque tardé mucho en poder salir. Nos abrazamos y le dije: ‘Acompañame a Canal 9 que me invitaron a Polémica en el bar (el programa más visto)’. Tenía que llegar a una determinada hora, porque se grababa antes y había que compaginarlo. Pensé que iban a ser un par de preguntas y listo, pero me hicieron actuar con esa gran mesa que conformaban Minguito Altavista, Rolo Puente, Mario Sánchez, Julio de Gracia y el gordo Porcel. Estaba más nervioso en el momento de entrar en escena que cuando batí el récord (risas)”.
Pero la montaña rusa de sensaciones para Carlos no había concluido ahí: “Llevé a mi amigo hasta Tigre y luego tenía que pasar a buscar por la casa de mi suegra en Escobar a mi esposa y el nene más grande, que entonces tenía tres años. Luego de dejar a mi amigo, me quedé por primera vez solo. Puse la radio y hablaban de mí, entonces puse música. Me relajé y comencé a acelerar, sin tener noción de la velocidad por Panamericana. Calculo que iría a 150 cuando agarré un badén de agua, porque llovía bastante y me fui de golpe a la banquina. Me asusté. El médico luego me dijo que era lógico lo que me había pasado. Lo más emocionante fue llegar a mi casa en San Isidro, subir hasta el departamento del décimo piso y ver toda la puerta llena de mensajes de los vecinos con las felicitaciones. Ese fue el mejor premio, porque se referían primero a mí como persona”.

Con otro gol de Juárez y uno del Beto Márcico, Ferro redondeó un contundente 4-0, al tiempo que Boca igualó con Vélez. Los muchachos de Timoteo ya estaban solo a un punto de la cima. Las emociones para el arquero, se extendieron un poco más: “Recién caí al otro día, cuando llegué al entrenamiento y estaban Amadeo Carrizo y Antonio Roma, dos glorias del arco, que los habían citado para que hiciéramos una nota los tres juntos para la revista Estadio. Yo había estado en la cancha de Vélez, el día que Amadeo había batido el récord, porque estaba en la tercera de River. Increíbles las vueltas de la vida. Amadeo fue un maestro. Cuando jugaba en las inferiores me decía: ‘Pibe, cuando termines de entrenar y nosotros hagamos fútbol, venite y te sentás atrás mío, para ver como hago las cosas’. Un genio”.
El domingo, alcanzó a Boca en lo más alto de las posiciones, al superar a Central 2-0. La marca de Barisio se extendió también ante Racing una semana después. En la jornada siguiente, frente a Talleres, Ferro ganaba 1-0 y se mantenía en la punta, hasta que, faltando dos minutos, el récord fue un recuerdo. “Promediaba el segundo tiempo y veníamos tranquilos. De repente vi que comienza a hacer calentamiento para entrar en Talleres Humberto Bravo. No, por favor pensé, este tipo es un goleador nato. Ingresó y entre Cuper y Rocchia lo controlaron, hasta que faltando dos minutos la paró con el pecho en el borde del área y la clavó en un rincón. Me hizo un golazo. Igual si no era ahí, era en el partido siguiente con Boca en la Bombonera (risas)”.
Ese cruce a tres fechas del cierre del torneo, fue una final anticipada. El gol de Bravo que le sacó el invicto a Barisio, también dejó a Ferro un punto debajo de su rival. “La llegada al estadio fue increíble. El vestuario visitante está debajo de La 12, imaginate. Temblaba todo. Lo preparamos de la misma manera que los anteriores, nada especial. Griguol no quiso marca personal para Maradona, había que tomarlo desde donde arrancara, pero era una cosa de locos. No merecimos perder esa tarde, pero Diego es de otro planeta. Si tenía una, cambiaba la historia y así fue: le puso un pase maravilloso a Perotti, que me definió perfecto, bien al lado del palo, me pasó rozando el guante. Años después, viendo el video, no puedo creer la avalancha que hubo detrás de mí. No se cuánta gente hubo ese día, pero seguro cerca de 80.000 personas. Cuando nos saludamos al final, recuerdo que Diego nos dijo: ‘Ustedes tienen un equipazo. Los felicito’”.
El título fue para Boca, con la ya mítica vuelta olímpica de Maradona. Ferro quedó apenas un punto por detrás, como antesala de la gloria que llegaría un año más tarde, con la conquista de su primer título en la máxima categoría. Han pasado 45 años y el récord de Barisio sigue intacto. Como el recuerdo de aquella tarde inolvidable para el pibe de 8 años, que le respondió con un sí inmenso a la mejor propuesta que le pudo hacer su papá.
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Alerta en Boca Juniors en el mercado de pases

Boca Juniors en la victoria por 1 a 0 frente a Athletic Paranaense. Foto: Twitter @BocaJrsOficial
Boca Juniors estaría por perder a uno de sus mejores jugadores para este semestre. En pleno mercado de pases, el Napoli tomó la delantera para quedarse con los servicios de Exequiel «Changuito» Zeballos y ya aparecen versiones que indican que la negociación podría cerrarse en los próximos días. La situación contractual del futbolista obliga a la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme a evaluar seriamente una venta para evitar que el jugador pueda marcharse sin dejar dinero en las arcas del club.
El contrato del Changuito finaliza en diciembre de 2026 y, pese a los intentos de Boca Juniors por renovar el vínculo, las conversaciones con el entorno del futbolista no llegaron a un acuerdo. Ese escenario cambió por completo el panorama y abrió la puerta a una transferencia durante este mercado de pases.
Napoli, el mejor posicionado
El conjunto del sur de Italia aparece como el principal candidato para quedarse con Zeballos. Según trascendió, el interés del Napoli es concreto y las conversaciones ya comenzaron para intentar cerrar una operación que rondaría los 10 millones de dólares, una cifra que Boca considera razonable teniendo en cuenta la situación contractual del delantero.
En el Xeneize entienden que el extremo todavía tiene un importante potencial de crecimiento y que el fútbol europeo representa una oportunidad ideal para continuar su carrera. Además, el propio jugador siempre manifestó su intención de dejarle un rédito económico al club que lo formó, por lo que una venta aparece como la salida más beneficiosa para todas las partes.
Boca espera una oferta formal
Por el momento, la negociación todavía no está cerrada y en Boca Juniors aguardan una propuesta oficial para comenzar a definir el futuro del futbolista. Mientras tanto, Zeballos continúa entrenándose con normalidad y mantiene el foco puesto en la competencia, aunque todo indica que podría estar transitando sus últimos días con la camiseta azul y oro.
Si el Napoli presenta una oferta que satisfaga las pretensiones económicas de la dirigencia, el Changuito tendría su primera experiencia en el fútbol europeo y pondría punto final a un ciclo en el que mostró destellos de su enorme talento, aunque también estuvo marcado por las lesiones que frenaron su crecimiento en varias oportunidades.
Con el dinero que podría ingresar por esta venta, el Xeneize podría terminar de cerrar la vuelta de Sebastián Villa en este mercado de pases. Uno de los pedidos primordiales que realizó Rodolfo Arruabarrena a la dirigencia para afrontar el Torneo Clausura de la Liga Profesional y la Copa Sudamericana.
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Qué tenemos que saber de Suiza, un viejo conocido de la selección argentina

Las victorias se saborean poco en una Copa del Mundo. Las hazañas emocionan durante unas horas. Al rato, el reloj vuelve a correr y obliga a preparar lo que viene. No hay tiempo para la nostalgia cuando el sueño sigue en juego.
Los cuartos de final ya están a la vuelta de la esquina y enfrente aparecerá un viejo conocido. Imposible no viajar doce años en el tiempo. Imposible no recordar aquel cruce de octavos de final en el Mundial de Brasil 2014, cuando Ángel Di María, en el minuto 118 del tiempo suplementario, rompió la resistencia suiza y le dio a la Argentina el pasaje a la siguiente instancia.
De aquel equipo argentino solamente queda Lionel Messi, el único al que, evidentemente, los años le pasan distinto. Del lado suizo, todavía permanecen vigentes Granit Xhaka y Ricardo Rodríguez. Ambos son titulares y piezas importantes del equipo, sobre todo el primero: Xhaka es el eje futbolístico de Suiza, el encargado de manejar los tiempos y darle sentido a la mitad de la cancha. Juntos ya compartieron cuatro Copas del Mundo.
El equipo helvético, dirigido por Murat Yakin, viene de eliminar a Colombia por penales, tras un partido muy cerrado y de poco fútbol. En una Copa del Mundo en la que fue de menos a más —tras empatar con Qatar en la primera jornada y evidenciar una preocupante falta de eficacia—, tendrá ahora el mayor desafío de todos: derrotar por primera vez en su historia a la vigente campeona del mundo. Suiza no brilla ni vuela, pero es un equipo pragmático, equilibrado y competitivo. De esos que, por alguna razón, siempre encuentran la manera de aparecer en las fases eliminatorias.
La selección argentina viene de abrazarse a la épica como método de supervivencia bajo el ala del mago torcedor Lionel Messi. Mejoró considerablemente respecto a su partido con Cabo Verde, pero todavía expuso algunas falencias defensivas cuando el equipo queda volcado sobre campo adversario. De una manera u otra, los rivales le fueron encontrando la vuelta y entendieron que, bloqueando el centro del campo, pueden complicarlo. Por ese sector pasa la mayor parte del fútbol argentino, animado por las características de los volantes que tiene Lionel Scaloni. Todos con pie de enganche.
Los equipos que lograron anular esa zona del campo obligaron al conjunto de Scaloni a apelar a otras variantes: pelotas largas para las proyecciones de los laterales, sobre todo de Nicolás Tagliafico; pelotas pinchadas de los mediocampistas para Messi cuando pica a espaldas de los centrales; y centros al área para explotar el juego aéreo. Todas esas respuestas surgieron a raíz de no encontrar la ecuación por dentro.

Suiza es un equipo al que también le gusta jugar con la pelota y hacerlo desde la salida. Tanto Manuel Akanji como Nico Elvedi, sus dos centrales, son dúctiles con el balón y los primeros encargados de iniciar la circulación.
Akanji, el central del Inter de Milán, tiene una característica muy similar a la de Lisandro Martínez. Es un defensor que, en cualquier momento, te pone un pase vertical capaz de romper líneas y dejar a un compañero de cara al ataque.
Granit Xhaka suele ser el primer pase en la gestación. Es el bastión que decide hacia dónde va a jugar el equipo. En esa mitad de la cancha, el jugador del Sunderland comparte con Remo Freuler, un mediocampista de menos juego, pero de mucho despliegue físico. Se complementan muy bien. El del Bologna es el que le permite a Xhaka encontrar mayores libertades para adelantarse en el campo y tener peso en el ataque.
Sin embargo, la selección europea no destaca por sus ataques internos. Más bien elabora por dentro para explotar por afuera con sus extremos, apoyados generalmente por los laterales. Rubén Vargas y Ndoye suelen acaparar las bandas: dos futbolistas rápidos y bravos en el uno contra uno. Creo que gran parte de las alarmas de Argentina deberían pasar por las bandas, teniendo en cuenta que viene mostrando problemas defensivos a partir de ellas. Fortaleza de uno y debilidad del otro.
Siguiendo con la radiografía de Suiza, podemos identificar a un nueve corpulento como Breel Embolo, especialista en jugar de espaldas y pivotear para quienes llegan de frente. Aquí vale la pena detenerse para remarcar que la selección europea tendrá una ausencia de peso: no podrá contar con el joven Johan Manzambi, que todavía se recupera de una contusión en la rodilla. El chico de Friburgo era quien jugaba con mayor libertad por detrás del centrodelantero, moviéndose hacia donde el equipo lo necesitara para generar superioridades.
Esa es una gran noticia para Argentina, teniendo en cuenta que el rival pierde a su mayor joya ofensiva, autor de tres goles y dos asistencias en lo que va del Mundial. Fue una pieza clave para el equipo, aportando ruptura desde su verticalidad y mucha claridad para potenciar a sus compañeros.
En cuanto a la presión, Suiza suele pararse en un bloque medio. No es un equipo que trabaje una presión asfixiante ni que se caracterice por ello. De hecho, su entrenador, Murat Yakin, prioriza el orden defensivo para luego contraatacar, algo que el conjunto helvético hace realmente bien.
En todos los momentos de este Mundial en los que le tocó asumir el protagonismo, le costó mucho llegar al arco rival con claridad. Cayó en tenencias previsibles y mostró una evidente falta de ideas. Es un equipo que golpea mucho mejor a campo abierto.
Por eso, todo hace suponer que le convendrá esperar a la Argentina y buscar atacarla como ya lo hicieron la mayoría de sus rivales: con transiciones rápidas, aprovechando los espacios que muchas veces concede el equipo de Scaloni.
Hay algunas falencias que Argentina puede aprovechar seriamente. Suiza es un equipo ordenado, pero sus centrales no siempre se sienten cómodos cuando tienen que correr hacia atrás. En general, el equipo no repliega bien. Si la Selección logra atraer la presión y atacar rápido los espacios a espaldas de Akanji y Elvedi, puede encontrar un camino. Las rupturas de Julián Álvarez o Lautaro Martínez serán fundamentales, pero también la movilidad del mediocampo y la enorme calidad técnica de sus volantes. Mac Allister, Enzo Fernández o Leandro Paredes tienen la sensibilidad para detectar esos espacios y la precisión para explotarlos. Y, por supuesto, si alguien puede poner ese pase imposible, ese sigue siendo Lionel Messi.
También será importante que los laterales argentinos interpreten bien cuándo pasar y cuándo quedarse. Porque Suiza puede dejar espacios, pero también castiga cualquier desorden con sus extremos. Ahí estará una de las claves del partido: atacar con paciencia, pero sin perder equilibrio. Animarse a lastimar, sin regalarle al rival el escenario que más disfruta.
Tampoco habría que descartar a la bendita pelota parada. Ese partido dentro del partido que tantas veces termina inclinando la balanza. Cuando el juego asociado no encuentra caminos, Argentina ha demostrado que también sabe lastimar desde el juego aéreo, una variante que ya le dio resultados en este Mundial.
Como vemos, cada capítulo presenta nuevas oportunidades y nuevas advertencias. Cada partido plantea preguntas diferentes. Lo que nunca cambia en esta Selección es el amor por la camiseta. La entrega. La rebeldía de competir hasta el último segundo. Sea cual sea el once que salga a la cancha, hay una certeza que este grupo se ganó: va a representar a la Argentina con toda honra. Porque los nombres cambian. Los rivales cambian. Los escenarios cambian. Lo que permanece intacto es la manera de defender ese escudo. Y mientras eso ocurra, el Sol de Mayo siempre volverá a asomar.
Y recuerden: este puede ser el último o, si Dios quiere, el antepenúltimo partido de Lionel Messi con la camiseta argentina en una Copa del Mundo. Sus lágrimas después de Egipto expusieron su costado más humano y sensible, pero también nos acercaron a una verdad que duele asumir. Nuestro rock nacional ya lo dijo todo: nada es para siempre.
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