CHIMENTOS
El error que muchos cometen al cocinar arroz y que lo deja muy difícil para comer

Preparar arroz parece una de las tareas más simples de la cocina, pero un pequeño error puede cambiar por completo el resultado final. Muchas veces, cuando queda pegajoso, gomoso o demasiado pastoso, el problema no está solo en la cantidad de agua ni en el tiempo de cocción, sino en un hábito muy común: revolverlo mientras se cocina.
A diferencia de otras preparaciones, el arroz necesita quietud durante buena parte del proceso. Cuando los granos empiezan a hidratarse con el calor, se vuelven más delicados. Si se los mezcla demasiado, pueden romperse y liberar más almidón en el agua. Ese almidón suelto espesa el líquido de cocción y termina envolviendo los granos, lo que genera una textura mucho más pesada y apelmazada.
Por eso, la recomendación general para un arroz blanco suelto es simple: una vez que se agrega el líquido y comienza la cocción, conviene tapar, bajar el fuego y evitar moverlo constantemente. No se trata de abandonarlo por completo, sino de no tratarlo como si fuera una salsa, un guiso o un risotto.
La diferencia es importante. En el risotto, por ejemplo, revolver sí forma parte de la técnica porque se busca una textura cremosa. Pero si la idea es lograr granos separados, livianos y aireados, mover el arroz durante la cocción puede jugar en contra.
También influye el almidón que ya viene en la superficie del grano. En muchas variedades, lavar el arroz antes de cocinarlo ayuda a retirar parte de ese almidón superficial y puede mejorar la textura final. No siempre es obligatorio, porque depende del tipo de arroz y de la receta, pero sí puede marcar una diferencia cuando se busca un resultado más suelto.
Qué hacer para que el arroz no quede gomoso
- No revolverlo durante toda la cocción: moverlo demasiado puede romper los granos y liberar más almidón.
- Usar una proporción adecuada de agua: el exceso de líquido favorece una textura más pesada o pastosa.
- Cocinar a fuego bajo después del hervor: esto permite que el arroz absorba el agua de manera más pareja.
- Mantener la olla tapada: levantar la tapa muchas veces altera el vapor y puede afectar la cocción.
- Dejarlo reposar al final: unos minutos fuera del fuego ayudan a que la humedad se distribuya mejor.
- Separar los granos con tenedor: al terminar, es mejor airearlo suavemente y no aplastarlo con cuchara.
El arroz perfecto no depende de un solo truco, sino de respetar su proceso. La clave está en entender que, para lograr una textura suelta, menos movimiento suele ser mejor. Ese gesto de revolver por las dudas puede ser justamente el que transforme una guarnición liviana en un arroz pesado, pegajoso y muy distinto al esperado.
Arroz; Recetas; Cocina
CHIMENTOS
María Eugenia Ludueña compartió las fotos del primer mes de su hijo Vito: la intimidad de 30 días repletos de amor

El calendario marcó el 30 y las emociones se desbordaron en la casa de María Belén Ludueña y Jorge Macri. Hace exactamente un mes, la vida de la conductora se transformó por completo con la llegada de Vito Macri, su primer hijo, el pequeño que vino a darle un nuevo ritmo a los días y a convertir cada instante en una fiesta familiar. El amor, la expectativa y la ternura que envolvieron el nacimiento de Vito siguen intactos, multiplicados en cada gesto y en cada mirada cómplice entre los flamantes papás.
Lejos del vértigo de los estudios de televisión y de las agendas recargadas, Ludueña eligió celebrar el gran momento de su hijo con una serie de postales que desbordan dulzura. En su cuenta de Instagram, la periodista compartió imágenes de Vito y un mensaje que resume el huracán de emociones vivido en estas primeras semanas. “Feliz cumplemes, hijo. Te amamos Vito. 30 días de mucho amor. Gracias por llegar a nuestras vidas. BeVito”.
La publicación no tardó en encender los corazones de figuras y colegas del espectáculo como Elina Costantini, Jimena La Torre y Liliana Parodi. Pero el mensaje que más se destacó fue el de Jorge, que celebró: “Un mes maravilloso. Trajiste mucha vida y alegría a toda la familia. Abuelos, tías, hermanos y mamá y papá. Te amamos”. En paralelo, a sus emotivas palabras se sumaron las de varios seguidores, quienes escribieron: “Es precioso Vito”; “Me mata de amor”; “Disfrutalo que crecen rápido”; “¡Muñequito hermoso! Que Dios te bendiga”; “¡Qué bendición ese bebé”; “Divinura total”.

Cabe recordar que la emoción por la llegada del pequeño se siente hace semanas. Una de las postales más emotivas quedó registrada el mismo día del nacimiento. En el Sanatorio Otamendi de la ciudad de Buenos Aires, una cámara capturó la primera foto de la familia Macri-Ludueña: María Belén, recostada en la camilla tras una cesárea, sonríe aún con la emoción fresca mientras sostiene a Vito sobre su pecho. El bebé, envuelto en una manta blanca y con un gorro tejido, es el centro de todas las miradas. A su lado, Jorge, todavía con barbijo y cofia, se inclina, acaricia a su hijo y se suma al retrato familiar con un gesto de orgullo y ternura.
“¡Bienvenido Vito! ¡Somos muy felices por tu llegada! Te amamos. ¡Muchas gracias a todos por el cariño!”. La reacción fue instantánea: las redes sociales se llenaron de mensajes de afecto, felicitaciones y buenos deseos, en una avalancha de cariño que envolvió a la pareja y al recién nacido.


Vito llegó para cumplir un deseo largamente esperado. Para Ludueña, su primer hijo es la respuesta a un sueño que fue creciendo en silencio, entre proyectos y rutinas compartidas con el jefe de gobierno porteño. Para él, la experiencia suma un capítulo nuevo a su vida como padre, ya que tiene tres hijos, Antonio, Giorgio y Martina, de una relación anterior con Florencia De Nardi. Ahora, la familia se expande y se reinventa, encontrando en el pequeño Vito una fuente diaria de alegría y energía renovada.


El primer mes de Vito estuvo lleno de pequeños grandes momentos. Ludueña abrió una ventana a su intimidad y mostró a sus seguidores escenas cotidianas: el primer paseo por la casa, los abrazos interminables, las visitas de abuelos y tías, la complicidad de amigos que acompañan desde lejos y cerca. La periodista, que suele mantener reserva sobre su vida privada, eligió agradecer el cariño de su comunidad y mostrar el costado más tierno de su nueva maternidad. Y de esa manera, cada palabra, cada gesto y cada mirada reflejan el presente luminoso de la familia Macri-Ludueña, que celebra la vida con emoción y esperanza.
María Belén Ludueña,Vito,bebé,maternidad,familia,primer mes,celebración,periodista,Argentina
CHIMENTOS
Por qué el domingo puede despertar recuerdos, tristeza y nostalgia más que cualquier otro día

El domingo tiene una carga emocional distinta a la de otros días. Para muchas personas no es solo el cierre del fin de semana, sino una especie de frontera entre el descanso y las obligaciones. Por eso, cuando cae la tarde, pueden aparecer recuerdos, tristeza suave, sensación de vacío o una nostalgia difícil de explicar.
La nostalgia no es simplemente extrañar el pasado. En psicología suele describirse como una emoción agridulce: puede traer calidez, imágenes felices y sensación de conexión, pero también una puntada de melancolía por aquello que ya no está igual. Ese contraste se vuelve más visible los domingos porque el ritmo baja, hay menos distracciones y la mente tiene más espacio para mirar hacia atrás.
También influye el cambio de estado mental. Durante el sábado, muchas personas sienten que todavía tienen tiempo por delante. En cambio, el domingo activa la idea de cierre: se termina el descanso, se acerca el lunes y vuelve la rutina. Esa anticipación puede generar ansiedad, especialmente en quienes asocian la semana con presión laboral, estudio, responsabilidades familiares o agendas difíciles.
El fenómeno es tan común que incluso se popularizó el término Sunday scaries para describir la inquietud que aparece antes del inicio de la semana. En encuestas citadas por organizaciones vinculadas al sueño, cerca del 79,5% de los adultos dijo haber tenido problemas para dormir los domingos en comparación con otras noches.
No siempre es nostalgia pura: muchas veces es una mezcla de cansancio, balance del fin de semana y preocupación por lo que viene.
Qué puede estar detrás de la nostalgia de los domingos
- Más silencio mental: al bajar el ritmo, aparecen recuerdos que durante la semana quedan tapados por la actividad.
- Sensación de cierre: el domingo marca el final simbólico del descanso y eso puede disparar balances personales.
- Ansiedad anticipatoria: pensar en el lunes puede teñir el presente con tristeza o inquietud.
- Recuerdos familiares o de infancia: para muchas personas, el domingo está asociado a comidas, rutinas, visitas o momentos compartidos.
- Soledad más visible: si hay menos planes o contacto social, la nostalgia puede sentirse con más intensidad.
- Contraste emocional: después de un sábado activo, el domingo puede sentirse más quieto, lento o vacío.
Sentir nostalgia un domingo no significa necesariamente estar mal. Muchas veces es una reacción normal ante un día que combina pausa, memoria y anticipación. Pero si esa tristeza se vuelve intensa, frecuente o empieza a afectar el sueño, el ánimo o la vida diaria, puede ser una señal para revisar qué está pasando con la rutina, el descanso y las emociones que aparecen antes de empezar la semana.
Psicología; Domingos
CHIMENTOS
Marcos Carreras, el violinista argentino de 12 años que tocará a Piazzolla en Beijing: “No sé si soy un niño prodigio”

Marcos Carreras tiene 12 años, oído absoluto y una calma que descoloca. Habla con una seguridad y una vivacidad que sorprenden en alguien de su edad. Cuando habló con Teleshow estaba preparando sus valijas: ayer, viernes, viajó a China, porque el próximo martes 2 de junio, el pequeño violinista porteño subirá al escenario de la Sala de Conciertos de la Ciudad Prohibida, en Beijing, para tocar como solista junto a la Orquesta Sinfónica de Beijing, dirigida por el maestro Xia Xiaotang. Será el 3° Concierto Especial del Día del Niño “La Esperanza del Futuro”, y el repertorio elegido para ese momento no podría ser más elocuente: “Decarisimo”, de Astor Piazzolla.
Un pibe de Almagro (“re porteño”, se define), hincha de Ferrocarril Oeste, llevará el tango al corazón del poder imperial chino, ese vasto complejo palaciego que durante casi 500 años fue residencia de los emperadores y centro del mundo conocido para millones de personas. Marcos lo procesa con la naturalidad de quien ya aprendió que los escenarios grandes no asustan, sino que energizan. “Cuanta más gente me mire en un concierto, mejor. No me pone nervioso. Al contrario, me motiva tocar para mucha gente”, dice.
La convocatoria fue internacional. La Orquesta Sinfónica de Beijing buscaba músicos menores de 16 años para actuar como solistas. Los candidatos debían presentar una obra de movimiento rápido, una pieza clásica y una composición con violín y piano. Marcos fue pasando instancias hasta quedar entre los diez finalistas, en un universo juvenil donde, según su mamá, María José Camacho, “el 80 por ciento son chicos orientales”. El domingo previo al viaje, llegó la noticia: había sido seleccionado entre los cuatro elegidos para el concierto. El resultado llegó tan tarde que el lunes —feriado en Argentina— ya era poco tiempo para los trámites. Su madre, violinista de la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, recuerda la vorágine de esas horas: visita a la embajada, papeles de último momento, pasajes que confirmar. El viernes a la noche, Marcos viajará a China acompañado por su padre, Lisandro Carrera, violinista de la Orquesta del Tango de Buenos Aires. María José se quedará en Buenos Aires: la organización cubre el pasaje del menor y un acompañante.
Que ambos padres sean violinistas no es un dato menor en esta historia. Marcos creció con el instrumento antes de entender qué era. Lo tomó como juguete, lo incorporó como lenguaje. Aprendió a tocarlo antes de aprender a leer, a los cuatro años, en el Centro Suzuki de Buenos Aires, donde su primer maestro fue Eduardo Ludueña. A los 6 ya lo invitaban al Live Virtual Concert; a los 7, al Concierto Cuatro Naciones. “Estaba condenado a tocar el violín”, bromea citando a su maestro actual, Rafael Gíntoli.
El salto cualitativo llegó alrededor de los nueve años, cuando dejó el método Suzuki y comenzó a trabajar con Gíntoli en forma particular. Desde entonces, la agenda no paró: el Teatro Colón, la Usina del Arte, el Palacio Libertad, el Centro Cultural San Martín, entre otros escenarios. Como solista tocó junto a cuatro orquestas, entre ellas la Orquesta del Tango de Buenos Aires y la Orquesta Sinfónica Municipal de Avellaneda. En el plano internacional, una master class con Maxim Vengerov en Buenos Aires, clases con Pierre Amoyal en Milán —que continúan por Zoom— y, en Alemania, el Premio al Sonido Thomastik tras ser finalista del International Anton Rubinstein.
Luego del viaje a China, el mes que viene recibirá el Premio Revelación de la Asociación de Críticos de la Argentina, que se entregará en la Legislatura porteña.

Tanto reconocimiento no lo despega de su cotidianidad. Cursa primer año en la Escuela Juan Pedro Esnaola, orientada a artes y música, con un programa adaptado por el Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires bajo la figura de “Artista de Alta Dedicación”. Sus padres, dice, no lo presionan. “Diagraman mi vida para que también juegue como cualquier niño de mi edad.” En los ratos libres sale con amigos, ordena su cuarto con una lógica propia —“puedo tener todo desparramado, pero sé dónde está cada cosa”— y escucha Queen, Luis Miguel o murga uruguaya. Antes de cada concierto, hay un ritual detrás de bambalinas: “Pienso cómo cautivar al público”, confiesa, con una madurez que no se aprende en los libros.
— ¿Qué significa para vos tocar en la Sala de Conciertos de la Ciudad Prohibida con una orquesta sinfónica?
— Para mí es todo lo que voy haciendo, cosas internacionales. Yo de hecho siempre lo dije, que mi sueño era tocar en los teatros más grandes del mundo. Por suerte se está cumpliendo. Tocar en China también es, para mí, re exótico, re raro. Me espero cualquier cosa. Pero lo más importante para mí siempre va a ser disfrutarlo, y es lo que hago siempre.
— ¿Cómo se prepara un tango con una orquesta china?
— Puesto así es raro, pero a ver, obviamente espero que puedan hacer cualquier cosa. Puede salir muy bien, que es lo más probable. Ellos tienen una superorquesta. Probablemente se acoplen perfecto, porque Piazzolla es de las palabras más repetidas en el mundo en un minuto —contaba mi maestro Rafael Gíntoli: ‘está Jesucristo, Beethoven, alguien más y Piazzolla’—. Así que supongo que van a acoplar superbién. Va a ser hermoso. Estoy segurísimo.

— Sos hijo de violinistas y aprendiste a tocar antes que a leer. ¿Cuándo el violín dejó de ser un juguete y pasó a ser algo más serio?
— A ver, hoy en día sigue siendo algo no tan serio, porque yo me lo tomo como algo muy divertido, relajado. El cambio no fue muy grande. A los nueve, por ahí, fue cuando todo empezó a ser un poco más profesional, más encaminado. Cambié el método Suzuki por un maestro particular, Rafael Gíntoli, maestro tradicional. Ese, yo creo, que fue el mayor cambio, lo que me abrió tal vez más puertas aún. Pero nada, yo sigo divirtiéndome. A mí no me gusta tomarme nada tan serio, porque me gusta disfrutar todo lo que hago.
— ¿Qué fue lo más difícil de aprender?
— Tocar, de lejos. La afinación, tal vez. En el Centro Suzuki te ponen tiritas donde van los dedos, pero el violín tiene el gran problema de la afinación y del manejo del arco. Lo que más se me dificulta es el manejo del arco. Pero lo voy trabajando poco a poco.
— A los diez años debutaste como solista en el Colón. ¿Qué sentiste en ese escenario?
— Que es extraordinario, es único, es una atmósfera única. La acústica es única, todo es único. Yo soy particularmente porteño, me encanta Buenos Aires, es la mejor ciudad que hay. Y además tocar en el Teatro Colón es fascinante, porque es todo especial.

— Muchos te llaman “niño prodigio”. ¿Esa etiqueta te incomoda, te halaga o te es indiferente?
— A ver, obviamente si me lo dicen, será bien recibido. Pero yo lo llevo todo con calma. Tal vez no soy un niño prodigio, sino un niño que arrancó de muy chico y ya incorporó todo desde hace mucho tiempo. Uno dice doce años y no preguntan cuánto tiempo llevo tocando: van a ser nueve años que hago esto, sin contar iniciación musical, que hice desde el año y medio. No sé si soy un niño prodigio, pero sí soy un niño encaminado desde hace mucho tiempo y con experiencia, ponele.
— Milán, Alemania, ahora China. ¿Qué expectativas te genera todo esto para el futuro?
— Lo de la Sinfónica de Beijing es increíble, pero todo me hace pensar que pueden salir cosas mayores. Me doy un golpe de realidad y digo: en abril fui a Milán, en Alemania me saqué un premio, el maestro Amoyal de Milán me quiere seguir dando clase, el otro día tuve una clase por Zoom con él, que es de los mejores del mundo. También tomé una master class acá en Buenos Aires con el maestro Maxim Vengerov, que es de los cinco mejores violinistas de la historia. Y ahora toco con la Sinfónica de Beijing en China. Me entusiasma cada vez más.
— ¿Cómo hacés con la escuela?
— Re bien. Estoy en el plan del Ministerio de Educación de Artistas de Alta Dedicación, que ayuda a estos casos a aflojar un poco la cursada, a no hacer una cursada igual que todos. Además voy al colegio Juan Pedro Esnaola, que es orientado a música y artes, y eso me ayuda un montón. Son dos plus. Lo de Artistas de Alta Dedicación me ayudó en todo, porque ese era un problema, el pasaje del primario al secundario, cómo íbamos a hacer.

— ¿Qué música escuchás?
— Me gusta escuchar música pop, pero no del tipo pop, pop. Me gusta mucho Queen, la mejor banda que hay. Y también me gustan cosas como la murga uruguaya, Luis Miguel me gusta un montón y Caetano Veloso. Ese es el tipo de música que me gusta escuchar.
— ¿Y la música urbana, hoy de moda?
— No. Respeto un montón, obviamente, todo es música, pero no, para nada. Es ruido. Perdón, pero no me gusta nada.
— ¿Tus amigos qué dicen de todo esto?
— Ahora voy al Esnaola, así que los chicos van a tener la misma reacción que si vaya a comprar fruta a la esquina o me vaya a Beijing, porque ya están re acostumbrados, están en el ambiente. Pero obviamente me hacen un montón de fiesta. Siempre, todos estos años, tuve dos grupos —el del colegio anterior y este—, y son grupos hermosos que me festejan un montón. De hecho me van a escuchar. Por suerte fue re bien.
marcos carreras
POLITICA3 días agoMauricio Macri insistió en “apoyar el cambio”, pero pidió prepararse para competir en 2027
SOCIEDAD16 horas agoQuién era Agostina Vega, la adolescente de 14 años que encontraron muerta tras una semana desaparecida en Córdoba
CHIMENTOS18 horas agoLa peor de las sospechas: encontraron restos humanos en el descampado donde buscan a Agostina y se espera la palabra de las autoridades












