CHIMENTOS
Lorena Maciel contó los detalles de su separación de Tato Young, después de 7 años: “Siempre vamos a ser familia”

La periodista habló por primera vez acerca de su presente sentimental y confesó que se separó del padre de sus tres hijos (Video: Hablemos de-Radio Zonica)
Lorena Maciel y Gerardo Tato Young fueron una de las parejas más queridas del mundo del periodismo. Cuando pusieron fin a su relación, después de 23 años juntos y tres hijos en común: Miranda, Camilo y Manuel, la familia logró adaptarse a la nueva realidad y encontrar nuevos caminos para seguir unida por la crianza de sus chicos.
Días atrás, la conductora de TN habló en el ciclo radial Hablemos de…, conducido por Osvaldo Menéndez, y se refirió con franqueza a los motivos que los llevaron a tomar rumbos separados.
La historia entre los dos periodistas arrancó en 1996, durante la cobertura del motín de Sierra Chica, cuando ambos daban sus primeros pasos en la profesión. Desde ese primer cruce, forjaron una conexión que los llevó a compartir más de dos décadas de relación, tres hijos y una carrera periodística en paralelo. Lo que construyeron juntos era, por cualquier medida, mucho.
La razón central que Maciel identificó no fue una crisis repentina sino un desgaste acumulado durante años. “Después de 23 años discutíamos mucho por la crianza. Fuimos padres muy presentes y no estábamos de acuerdo en cosas, sobre todo en el tema de poner límites”, explicó. Las diferencias en torno a la educación de sus hijos fueron erosionando un vínculo que, por mucho tiempo, ambos creyeron a prueba de todo.
“Siempre nosotros creíamos que la pareja era tan fuerte, habíamos pasado tantas adversidades juntos, que éramos indestructibles”, recordó. Esa convicción los sostuvo durante años, pero también les impidió ver lo que se estaba perdiendo en el camino. “Se fue como desgastando la relación”, admitió, con la precisión de quien ya procesó lo que vivió desde hace 7 años.
El diagnóstico que Maciel hace hoy es claro y no busca excusas. “La verdad, si te tengo que decir algo, descuidamos nuestro vínculo de pareja en pos de la crianza de los chicos“, planteó. ”No es nadie más culpable que nosotros dos, porque si había algo en lo que con Tato estábamos de acuerdo es que los pibes eran nuestra prioridad”, afirmó.
Esa prioridad, sostenida durante más de dos décadas, terminó pasando factura. Y Maciel lo ve con claridad ahora que tiene distancia. “Hoy en día veo parejas que se priorizan ellos antes que a los chicos y eso le hace bien a los hijos y a la pareja”, dijo. No lo plantea como una crítica a su pasado sino como una observación sobre lo que funciona. El contraste con su propia historia es inevitable: “Nosotros ya nos detonó todo por el aire cuando quisimos”, admitió.
Cuando Menéndez señaló que la separación no respondía a que se hubiera terminado el amor, Maciel fue contundente: “No, en nosotros siguió el amor”.

La unión familiar quedó plasmada en uno de los momentos más complicados que les tocó atravesar. Cuando Tato tuvo un ACV en septiembre de 2024 Lorena estuvo a su lado junto a sus hijos durante todo el proceso de internación. El vínculo que describe hoy tiene una estructura que pocas exparejas construyen. “De hecho, todos los martes siempre nos vemos para cenar con los chicos”, contó. La cena semanal como ritual, como punto de encuentro que mantiene la familia unida más allá de la pareja.
La primera llamada en los momentos difíciles también tiene destinatario fijo. “Yo tengo algún problema, la primera persona a la que llamo es Tato. Primera persona de consulta, mis miedos”, reveló Maciel.
La dimensión profesional tampoco desapareció con la ruptura. “Éramos muy compañeros en el laburo y lo seguimos siendo. Tato conmigo y yo con él. Estamos, estamos ahí”, describió. Y cerró con una definición que resume todo lo que quedó en pie después de 23 años: “Somos familia, siempre lo vamos a ser”.
CHIMENTOS
El error que muchos cometen al cocinar arroz y que lo deja muy difícil para comer

Preparar arroz parece una de las tareas más simples de la cocina, pero un pequeño error puede cambiar por completo el resultado final. Muchas veces, cuando queda pegajoso, gomoso o demasiado pastoso, el problema no está solo en la cantidad de agua ni en el tiempo de cocción, sino en un hábito muy común: revolverlo mientras se cocina.
A diferencia de otras preparaciones, el arroz necesita quietud durante buena parte del proceso. Cuando los granos empiezan a hidratarse con el calor, se vuelven más delicados. Si se los mezcla demasiado, pueden romperse y liberar más almidón en el agua. Ese almidón suelto espesa el líquido de cocción y termina envolviendo los granos, lo que genera una textura mucho más pesada y apelmazada.
Por eso, la recomendación general para un arroz blanco suelto es simple: una vez que se agrega el líquido y comienza la cocción, conviene tapar, bajar el fuego y evitar moverlo constantemente. No se trata de abandonarlo por completo, sino de no tratarlo como si fuera una salsa, un guiso o un risotto.
La diferencia es importante. En el risotto, por ejemplo, revolver sí forma parte de la técnica porque se busca una textura cremosa. Pero si la idea es lograr granos separados, livianos y aireados, mover el arroz durante la cocción puede jugar en contra.
También influye el almidón que ya viene en la superficie del grano. En muchas variedades, lavar el arroz antes de cocinarlo ayuda a retirar parte de ese almidón superficial y puede mejorar la textura final. No siempre es obligatorio, porque depende del tipo de arroz y de la receta, pero sí puede marcar una diferencia cuando se busca un resultado más suelto.
Qué hacer para que el arroz no quede gomoso
- No revolverlo durante toda la cocción: moverlo demasiado puede romper los granos y liberar más almidón.
- Usar una proporción adecuada de agua: el exceso de líquido favorece una textura más pesada o pastosa.
- Cocinar a fuego bajo después del hervor: esto permite que el arroz absorba el agua de manera más pareja.
- Mantener la olla tapada: levantar la tapa muchas veces altera el vapor y puede afectar la cocción.
- Dejarlo reposar al final: unos minutos fuera del fuego ayudan a que la humedad se distribuya mejor.
- Separar los granos con tenedor: al terminar, es mejor airearlo suavemente y no aplastarlo con cuchara.
El arroz perfecto no depende de un solo truco, sino de respetar su proceso. La clave está en entender que, para lograr una textura suelta, menos movimiento suele ser mejor. Ese gesto de revolver por las dudas puede ser justamente el que transforme una guarnición liviana en un arroz pesado, pegajoso y muy distinto al esperado.
Arroz; Recetas; Cocina
CHIMENTOS
María Eugenia Ludueña compartió las fotos del primer mes de su hijo Vito: la intimidad de 30 días repletos de amor

El calendario marcó el 30 y las emociones se desbordaron en la casa de María Belén Ludueña y Jorge Macri. Hace exactamente un mes, la vida de la conductora se transformó por completo con la llegada de Vito Macri, su primer hijo, el pequeño que vino a darle un nuevo ritmo a los días y a convertir cada instante en una fiesta familiar. El amor, la expectativa y la ternura que envolvieron el nacimiento de Vito siguen intactos, multiplicados en cada gesto y en cada mirada cómplice entre los flamantes papás.
Lejos del vértigo de los estudios de televisión y de las agendas recargadas, Ludueña eligió celebrar el gran momento de su hijo con una serie de postales que desbordan dulzura. En su cuenta de Instagram, la periodista compartió imágenes de Vito y un mensaje que resume el huracán de emociones vivido en estas primeras semanas. “Feliz cumplemes, hijo. Te amamos Vito. 30 días de mucho amor. Gracias por llegar a nuestras vidas. BeVito”.
La publicación no tardó en encender los corazones de figuras y colegas del espectáculo como Elina Costantini, Jimena La Torre y Liliana Parodi. Pero el mensaje que más se destacó fue el de Jorge, que celebró: “Un mes maravilloso. Trajiste mucha vida y alegría a toda la familia. Abuelos, tías, hermanos y mamá y papá. Te amamos”. En paralelo, a sus emotivas palabras se sumaron las de varios seguidores, quienes escribieron: “Es precioso Vito”; “Me mata de amor”; “Disfrutalo que crecen rápido”; “¡Muñequito hermoso! Que Dios te bendiga”; “¡Qué bendición ese bebé”; “Divinura total”.

Cabe recordar que la emoción por la llegada del pequeño se siente hace semanas. Una de las postales más emotivas quedó registrada el mismo día del nacimiento. En el Sanatorio Otamendi de la ciudad de Buenos Aires, una cámara capturó la primera foto de la familia Macri-Ludueña: María Belén, recostada en la camilla tras una cesárea, sonríe aún con la emoción fresca mientras sostiene a Vito sobre su pecho. El bebé, envuelto en una manta blanca y con un gorro tejido, es el centro de todas las miradas. A su lado, Jorge, todavía con barbijo y cofia, se inclina, acaricia a su hijo y se suma al retrato familiar con un gesto de orgullo y ternura.
“¡Bienvenido Vito! ¡Somos muy felices por tu llegada! Te amamos. ¡Muchas gracias a todos por el cariño!”. La reacción fue instantánea: las redes sociales se llenaron de mensajes de afecto, felicitaciones y buenos deseos, en una avalancha de cariño que envolvió a la pareja y al recién nacido.


Vito llegó para cumplir un deseo largamente esperado. Para Ludueña, su primer hijo es la respuesta a un sueño que fue creciendo en silencio, entre proyectos y rutinas compartidas con el jefe de gobierno porteño. Para él, la experiencia suma un capítulo nuevo a su vida como padre, ya que tiene tres hijos, Antonio, Giorgio y Martina, de una relación anterior con Florencia De Nardi. Ahora, la familia se expande y se reinventa, encontrando en el pequeño Vito una fuente diaria de alegría y energía renovada.


El primer mes de Vito estuvo lleno de pequeños grandes momentos. Ludueña abrió una ventana a su intimidad y mostró a sus seguidores escenas cotidianas: el primer paseo por la casa, los abrazos interminables, las visitas de abuelos y tías, la complicidad de amigos que acompañan desde lejos y cerca. La periodista, que suele mantener reserva sobre su vida privada, eligió agradecer el cariño de su comunidad y mostrar el costado más tierno de su nueva maternidad. Y de esa manera, cada palabra, cada gesto y cada mirada reflejan el presente luminoso de la familia Macri-Ludueña, que celebra la vida con emoción y esperanza.
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CHIMENTOS
Por qué el domingo puede despertar recuerdos, tristeza y nostalgia más que cualquier otro día

El domingo tiene una carga emocional distinta a la de otros días. Para muchas personas no es solo el cierre del fin de semana, sino una especie de frontera entre el descanso y las obligaciones. Por eso, cuando cae la tarde, pueden aparecer recuerdos, tristeza suave, sensación de vacío o una nostalgia difícil de explicar.
La nostalgia no es simplemente extrañar el pasado. En psicología suele describirse como una emoción agridulce: puede traer calidez, imágenes felices y sensación de conexión, pero también una puntada de melancolía por aquello que ya no está igual. Ese contraste se vuelve más visible los domingos porque el ritmo baja, hay menos distracciones y la mente tiene más espacio para mirar hacia atrás.
También influye el cambio de estado mental. Durante el sábado, muchas personas sienten que todavía tienen tiempo por delante. En cambio, el domingo activa la idea de cierre: se termina el descanso, se acerca el lunes y vuelve la rutina. Esa anticipación puede generar ansiedad, especialmente en quienes asocian la semana con presión laboral, estudio, responsabilidades familiares o agendas difíciles.
El fenómeno es tan común que incluso se popularizó el término Sunday scaries para describir la inquietud que aparece antes del inicio de la semana. En encuestas citadas por organizaciones vinculadas al sueño, cerca del 79,5% de los adultos dijo haber tenido problemas para dormir los domingos en comparación con otras noches.
No siempre es nostalgia pura: muchas veces es una mezcla de cansancio, balance del fin de semana y preocupación por lo que viene.
Qué puede estar detrás de la nostalgia de los domingos
- Más silencio mental: al bajar el ritmo, aparecen recuerdos que durante la semana quedan tapados por la actividad.
- Sensación de cierre: el domingo marca el final simbólico del descanso y eso puede disparar balances personales.
- Ansiedad anticipatoria: pensar en el lunes puede teñir el presente con tristeza o inquietud.
- Recuerdos familiares o de infancia: para muchas personas, el domingo está asociado a comidas, rutinas, visitas o momentos compartidos.
- Soledad más visible: si hay menos planes o contacto social, la nostalgia puede sentirse con más intensidad.
- Contraste emocional: después de un sábado activo, el domingo puede sentirse más quieto, lento o vacío.
Sentir nostalgia un domingo no significa necesariamente estar mal. Muchas veces es una reacción normal ante un día que combina pausa, memoria y anticipación. Pero si esa tristeza se vuelve intensa, frecuente o empieza a afectar el sueño, el ánimo o la vida diaria, puede ser una señal para revisar qué está pasando con la rutina, el descanso y las emociones que aparecen antes de empezar la semana.
Psicología; Domingos
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