CHIMENTOS
Osqui Guzmán, entre la resistencia y la emoción: la infancia que lo marcó y el premio que hizo llorar a sus padres

Hay obras que sobreviven al paso del tiempo y hay otras que consiguen algo todavía más difícil: convertirse en parte de la memoria emocional de varias generaciones. Vivitos y Coleando pertenece a esa categoría. Y para Osqui Guzmán, uno de los actores más queridos y respetados del teatro argentino, formar parte de este regreso significa mucho más que integrar un elenco del que es parte junto con Flavia Pereda, Julián Pucheta, Federico Dryzun, Lucia Lopez Curcio, Irupe Cruz y Hernan Cáceres. Es ingresar a una historia que lleva décadas acompañando a familias enteras, una creación de Hugo Midón y Carlos Gianni que, según él mismo define, forma parte del ADN cultural del país.
Sentado, tras un alto en los ensayos en el Auditorio Belgrano donde el 20 de junio subirá a ls tablas con Vivitos y colenado 2, disruta de un café con leche mientras habla de la obra con la misma pasión que un chico contando su juguete favorito,
Guzmán encuentra las palabras justas para explicar por qué este material sigue emocionando. “La obra de Carlos Gianni y Hugo Midón ha atravesado las infancias de cuatro generaciones. Mi hija de siete años, cuando entró al jardín, le dieron uno de los temas que hago acá en la obra. Es interminable la cadena de ADN cultural que creó el material de Midón y Gianni”, cuenta. Y no habla solamente desde la admiración profesional. Habla desde la emoción de quien sabe que está parado sobre un legado artístico irrepetible.
Para él, el gran desafío de actuar frente a chicos sigue siendo el mismo de siempre: mantenerse vivo. “Los niños no están enfermos de sociabilidad ni de protocolos como los adultos. Van al teatro y toman lo que les das de una manera que estalla en su imaginación. Son muy expresivos. El mayor desafío es mantenerse vivo, despierto, presente”. En esa definición aparece condensada buena parte de su filosofía artística. Porque Guzmán nunca entendió la actuación como una técnica vacía sino como una forma de presencia absoluta.
La fascinación que siente por el universo creado por Midón y Gianni atraviesa toda la conversación. “Carlos Gianni es un genio. Es un genio a la altura de Charly García, es un genio a la altura del Indio Solari. Te digo por qué: porque sus canciones son todas hits”. Y cuando habla de Hugo Midón, su voz adquiere un tono casi reverencial. “No subestimó a las infancias haciendo del teatro un entretenimiento para chicos. Le dio calidad. Vestuario, actuación, música, dramaturgia. Siempre hizo teatro para la familia”.
Quizás por eso este presente lo encuentra especialmente feliz. “Más allá del cansancio y de todo lo que cuesta, estoy dentro de una alfombra mágica”, resume.
La frase parece sencilla, pero detrás de ella hay más de cincuenta años de vida y décadas de trabajo. Porque antes de convertirse en Osqui, el actor reconocido por el público y respetado por sus colegas, existió un chico, Oscar Germán Walter Guzmán, nacido en Buenos Aires en 1971, hijo de inmigrantes bolivianos llegados desde Potosí y Oruro, que creció en una casa donde el trabajo era una forma de supervivencia.
La Boca de aquellos años no tenía nada que ver con las marquesinas teatrales. En una vivienda humilde de clase media baja funcionaba el taller de costura familiar. Allí pasó buena parte de su infancia acompañando a su madre mientras cosía durante jornadas interminables para sostener la economía de la casa. El ruido constante de las máquinas de coser forma parte de los primeros recuerdos que conserva.

La situación económica era compleja. Hubo privaciones, deudas de alquiler y momentos difíciles. Durante la adolescencia llegó a coser para ayudar en el emprendimiento familiar. Sin embargo, cuando recuerda aquellos años, no habla desde el resentimiento sino desde la gratitud.
“Mi mamá se encargaba de que yo no sufriera las necesidades. Vivíamos en un cuartito de cuatro por cuatro, pero ella siempre encontraba la manera. Nos hacía un puchero y decía: ‘Mirá que no todo el mundo come puchero’”, detalló, a la vez que recordó: “Hubo cumpleaños donde el regalo era salir a tomar un café con leche… cuando había regalo”.
La figura materna atraviesa toda su historia. Mientras ella cosía, él se sentaba a su lado y escuchaba historias sobre Bolivia. Aquellas conversaciones se transformaron en una escuela de vida. “Mi mamá me decía: ‘Agachá el lomo y trabajá’. Entonces yo aprendí eso. Cierro la boca y trabajo”.
“No invitaba amiguitos a mi casa, porque en mi casa no se podía invitar. Mi mampa no podía ponerse a limpiar. Se levantaba para cocinar y hacer la comida solamente. Y a veces la hacía mi papá también. Después deudas de alquiler y esas cosas y dolores al respecto de mis viejos de no poder darnos algo más, ¿viste? Y tratar de entender eso, que era doloroso, pero mi mamá siempre se encargaba de decirme: ”Todo bien, pero esto que hago no lo tiene cualquiera».

Durante años creyó que su destino estaba lejos de los escenarios. Era fanático de las artes marciales y soñaba con convertirse en profesor de kung-fu. Más tarde estuvo a punto de estudiar traumatología. La medicina aparecía como una salida concreta y respetada. De hecho, su padre esperaba verlo convertido en médico.
La actuación llegó casi por accidente. Y cuando decidió abrazarla definitivamente, el conflicto familiar fue inevitable. Su padre no aceptó aquella elección. La decepción fue tan profunda que dejaron de hablarse durante tres años.
Tres años de silencio entre un hombre que soñaba con un hijo médico y otro que acababa de descubrir que su verdadera vocación estaba arriba de un escenario.
Lejos de abandonar, Guzmán siguió adelante. Debutó en el Teatro Callejero de la Ribera, en La Boca, haciendo sainetes. Después llegaron las experiencias en el circuito independiente, los años de búsqueda, las funciones para veinte espectadores y la construcción lenta de una carrera que jamás se apoyó en la popularidad televisiva. “Mi vida fue preguntarme cosas”, resume. Esa búsqueda encontró uno de sus momentos más conmovedores en 1999.

Aquel año recibió el Premio ACE Revelación por Los indios estaban cabreros, obra que protagonizaba en el Teatro Cervantes. Sus padres estaban sentados en la sala.
Lo que ocurrió esa noche permanece intacto en su memoria: “Antes de entrar me fui a Las Cuartetas y escribí un poema en un cuaderno”, recuerda.
Cuando anunciaron su nombre, algo inesperado sucedió: “Todos empezaron a cantar ‘¡Ole, ole, ole, Osqui!’ y yo pensaba: ‘¿Por qué pasa esto?’”.
Subió al escenario conmovido. Entonces abrió el cuaderno y leyó aquellas líneas escritas minutos antes: “Lo único que recuerdo del poema era un verso para mi mamá. Decía: ‘Esto es para mi mamá, que levantó la casa hasta el alba solo para que yo estudie teatro’”.
La sala entera quedó atravesada por la emoción. También sus padres. Aquella costurera que trabajaba hasta la madrugada y aquel hombre que alguna vez dejó de hablarle por abandonar la medicina estaban allí viendo cómo el hijo por el que habían sacrificado tanto recibía uno de los reconocimientos más importantes de su carrera.

Todavía hoy, cuando recuerda aquella escena, la emoción sigue intacta: “A mi papá lo veo sonriendo muchas veces desde la platea. Siento su sonrisa. Y a mi mamá siempre le digo que todo lo que hago es su trabajo”.
Con los años llegaron el reconocimiento, las giras internacionales, espectáculos emblemáticos como El Bululú, que continúa girando por el país y el exterior, además de El centésimo mono, de que es parte en Timbre 4, además de Waminix, en la misma sala, del que es director, todo actualmente en cartel.
Todo eso sumado a una larga lista de trabajos que lo transformaron en referencia indiscutida del teatro argentino. Sin embargo, su mirada sigue puesta en el mismo lugar: el trabajo cotidiano.
Por eso observa con preocupación el presente cultural del país: “En un momento tuvimos una mirada más clara hacia las infancias. Surgió Paka Paka, surgieron contenidos que no subestimaban a los chicos y tenían calidad. Hoy por hoy estamos retrocediendo”.

Sus críticas no apuntan únicamente a la producción de contenidos. También se detiene en el debilitamiento de organismos históricos vinculados a la actividad teatral: “Lo del Instituto Nacional del Teatro nos duele mucho. Para los artistas independientes esos lugares son vitales. No es la plata. Es todo lo que cuesta construir esos espacios de organización”.
Sin embargo, lejos de instalarse en la queja, reivindica el papel del teatro como refugio y resistencia: “La lucha está en el cuerpo de los artistas. Resistimos con nuestra respiración, con nuestro cansancio, con nuestra danza, con nuestro canto”.
Para Guzmán, el teatro argentino sigue siendo uno de los más potentes del mundo gracias al movimiento independiente: “En Argentina el teatro es importantísimo gracias al teatro independiente. El que viaja por el mundo es el teatro independiente. Los maestros que enseñan afuera vienen de ahí”.
“Esto que llaman batalla cultural es una ridiculez. La cultura se devora cualquier cosa. No podés batallar contra la cultura. No te pertenece la cultura. Es como si dijéramos que los actores somos la cultura. No la somos, somos trabajadores de la cultura, en todo caso, pero siempre la cultura es lo que sucede y lo que pasa, lo que pasa entre los que estamos en el escenario y los que estaban en el público. Algo ahí en el medio que nos pertenece a todos”.

Esa convicción aparece una y otra vez durante la charla. Lo mismo ocurre con la idea del trabajo como motor de toda existencia. Una enseñanza heredada directamente de aquella costurera boliviana que marcó su vida. “Mi mamá decía: ‘Todo es el trabajo, hijo. Todo es el trabajo’. Y tenía razón”.
Tal vez por eso, a pesar de los premios, las giras internacionales, el reconocimiento del público y el cariño que recibe cada noche al bajar del escenario, Osqui Guzmán sigue pareciéndose mucho a aquel chico que observaba coser a su madre en una casa humilde de La Boca. Sigue creyendo que el arte nace de las preguntas, que el teatro es un acto de fe y que el trabajo es la única herramienta capaz de sostener los sueños.
Y cada vez que se apagan las luces de la sala y escucha los aplausos, vuelve a sentir que detrás de cada función, de cada personaje y de cada emoción compartida con el público, siguen estando ellos: su padre sonriendo desde alguna platea invisible y su madre levantando la casa hasta el alba para que él pudiera estudiar teatro.
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CHIMENTOS
Nico Cotton, el productor argentino que redefine la música en español: cómo es su relación con Cazzu y su rol clave en “Latinaje”

A los 37 años, Nico Cotton ya dejó su marca en la música en español. El productor argentino, ganador del Grammy al Productor del Año en 2025, camina entre consolas y melodías con la misma naturalidad con la que, de chico, tocaba cualquier objeto que encontrara en su casa. Su nombre aparece en los créditos de discos de Juanes, Jorge Drexler, Soledad Pastorutti, Cazzu, Wos, Conociendo Rusia, Aitana, Ca7riel y Paco Amoroso. Desde los estudios de Buenos Aires, donde vive y crea, hasta las ceremonias de los Latin Grammy, su trabajo cruzó fronteras y se coló en los rankings más importantes.
Cotton habla del éxito sin solemnidad: reconoce la sorpresa de un premio, la intensidad de una nominación y la emoción de ver su labor reconocida en una industria donde todo parece medirse en números. Pero insiste en que lo esencial está en la música, en la búsqueda de un sonido propio y en la conexión con los artistas. Así fue como, junto a Cazzu, construyó “Latinaje”, álbum que conquistó el Gardel y los Latin Grammy, y como produjo canciones que llegaron al #1 en Argentina y España.
En esta charla con Teleshow, Cotton abre la puerta a su universo creativo. Recuerda anécdotas con Juanes y Drexler, revela el proceso detrás de hits como “Con Otra” y cuenta cómo la amistad, la intuición y el trabajo constante se mezclan en cada proyecto. Lejos de la pose de estrella, el productor se muestra tan apasionado como el adolescente que grababa casetes en casa, convencido de que, al final, la mejor recompensa sigue siendo hacer música.
— ¿Cómo te sentís tras ganar un Latin Grammy?
— Me sorprendió lo de los Latin Grammy el año pasado, tuve la suerte de llevarme el Latin Grammy a productor del año y eso sí me tomó bastante por sorpresa. Fue loco. Yo vivo en Buenos Aires y para mí, que me toca viajar mucho por trabajo, es muy lejos, vivimos muy lejos. Y cuando estás en los Latin Grammy, que hay gente de todas partes de Latinoamérica, y no solo de Latinoamérica, sino también de España, es muy loco estar tan lejos y poder llegar a esos lugares. Para mí no me deja de sorprender.

— ¿Cómo es el detrás de escena de esos eventos?
— Primero, vos postulás tus proyectos, en este caso yo soy miembro, pagás una membresía en los Latin Grammys. Si sos músico, productor, ingeniero, podés postular tus proyectos y después pasa por un comité de un montón de gente especializada en el tema y te nominan. Tuve la suerte de que me hayan nominado cuatro veces y la cuarta recién ahí lo pude ganar. Y cuando estás nominado es una locura porque ya se te viene todo ese viaje de esa semana de Latin Grammys que es un flash porque estás ahí rodeado de artistas y de productores, colegas, conocés mucha gente también. Es muy intensa, muy divertida a la vez.
— ¿Cómo te sentiste cuando ganaste?
— La verdad no tenía nada armado porque realmente pensé que no lo iba a ganar. Me tomó por sorpresa. Encima el premio al productor te lo dan en una premiación a la tarde que no se televisa, que es más para la industria. Entonces estás todo ese día esperando a que digan tu nominación recontra nervioso. Y cuando toca el momento es terrible. Es muy loco porque uno no le quiere dar la importancia, porque obviamente un premio no es lo más importante en la vida, ya tener la suerte de trabajar de lo que me gusta es el premio más grande. Pero cuando estás ahí, están por decir tu nombre, se te afloja todo. Yo lo que no quería era ponerme a llorar, soy medio sensible, entonces te ponés a pensar en tus viejos, pero creo que pude decir algunas cosas coherentes (risas).
— En unos Latin Grammy también conociste a Juanes, con quien trabajaste hace poco…
— Sí, estábamos en un evento con Mateo de Conociendo Rusia, esto fue hace dos o tres años, y de repente aparece Juan. Y viene a Juanes a saludarlo a Mateo, a decirle: “Yo soy muy fan de lo que vos hacés”. Y yo estaba ahí, el productor atrás, escuchando y viendo todo, y contento por Mateo. Ahí Juan no me saludó nunca. Y el año pasado produje su álbum y se lo conté, le dije: “¿Te acordás cuando saludaste a Mateo? Yo estaba ahí atrás”. Me dice: “No lo puedo creer”. Así que fue divertido contarle esa anécdota.
— ¿Cómo es trabajar con Juanes?
— Él es un capo total, una leyenda viva, superfácil, superabierto musicalmente, está todo el tiempo curioseando y pegamos mucha onda porque yo también soy bastante obsesivo a la hora de grabar. Y me acuerdo que él después me dijo que eso fue lo que más le gustó de trabajar conmigo, de esa dedicación y esa pasión por el sonido y por la producción. Fue como cumplir un sueño haber trabajado con Juan.

— ¿Cuál fue la máxima figura que te cruzaste en los Latin Grammy?
— La primera vez que fui a los Latin Grammy, creo que 2018, fuimos al baño ahí con unos colegas y de repente lo cruzamos a Jorge Drexler y le dijimos: “Jorge, te admiramos. ¿Nos podemos sacar una foto?” Y nos sacamos una selfie con Jorge. Y después, hace poquito, pude producirle una canción a Jorgito y con Mateo también de Conociendo Rusia.
— ¿Cómo fue tu infancia? ¿a qué jugabas?
— Al Family Game. Era muy fanático del Mario Bros y el Wonder Boy. Jugaba esas cosas con mis hermanas, suena medio raro lo que voy a decir, pero estaba todo el día tocando cosas, instrumentos. Había un tacho, lo tocaba, había un minicomponente que tenía doble casetera y grababa cosas, cantaba.
— ¿Cómo reaccionaron tus papás cuando les dijiste que querías ser músico?
— La verdad que no les di mucha opción, ya de chiquito era como que lo único que hacía era hacer música y medio que se dieron cuenta. Por suerte tuve dos papás muy capos que me dieron todo el apoyo del mundo. Mi viejo me llevaba a los 12 a tocar la batería en algunas bandas. Cargábamos la batería en el auto y me llevaba ahí a tocar.
— ¿Alguna vez sentiste envidia por un colega?
— No envidia. Sí, a veces te pasa que como la música a veces se pone media competitiva simplemente por el hecho de que todo hoy en día se mide con números, ¿no? Los seguidores, las escuchas mensuales, cuántos views tuvo tu video. Entonces, se me pudo armar como una cosa de: “Che, ¿por qué esto no tuvo tantos plays o esto no tuvo tantos likes?”. Pero después con el tiempo entendí que eso no sirve para nada, que realmente para un artista que está tratando de hacer música, lo más importante es la música, no la cantidad de escuchas. Si después sucede que la canción, como me pasó con Cazzu, que tuvimos “Con otra”, que fue una de las canciones más vistas en YouTube en el mundo, eso se celebra.

— ¿Cómo fue la producción de esa canción?
— “Con otra” fue una canción que vino de después de una búsqueda muy grande con Juli. Estábamos haciendo “Latinaje”, su último álbum, y yo le estaba insistiendo bastante para que haga una cumbia y ella no quería. Entonces estábamos haciendo un merengue, después haciendo una bachata, y en un momento le digo: “Juli, tenemos que hacer una cumbia”. Entonces, medio enojada, me dijo: “Okey, dale, vamos a una cumbia”. Y la primera que hicimos fue “Con otra”.
— ¿Por qué no quería que sea cumbia?
— No sé, imaginate que Juli respira cumbia porque empezó con eso y es increíble cuando empezamos a componer esa canción, yo le tiraba unos acordes y ella tiraba melodías, y yo dije: “Claro, esta piba tiene la cumbia en la sangre”. Fue como esas canciones que rompen todo lo que uno espera y uno no está preparado para eso.
— ¿Y siempre tuvo esa línea o podría haber tenido otra letra?
— Juli tiene eso de que va componiendo y va escribiendo. Entonces la ayudo más en la parte de la música, pero ella agarra un cuaderno, arranca y no para. Entonces, me dice: “A ver, grabame esto”. Y ya cuando empieza a cantar, yo dije: “Hija de p…, cómo escribe”. La verdad que tiene un talento muy grande para lo que es letra, melodía y para cantar, obviamente. Pero me sorprende cada día más cómo escribe y cómo está perfeccionándose.

— ¿Qué cosas te gustan musicalmente de la canción?
— Y también tiene esta cosa de falso vivo, que si la escuchan cuando empieza, se escucha el público y yo quería lograr una especie de falso vivo, de como que la canción está viva, la está cantando ahí en el momento. Me encanta esa canción y aparte tiene muchos acordes, no es tan sencilla. Eso también me gusta, que tenga como una riqueza musical interesante.
— Por la dimensión de Latinaje, ¿es el álbum más grande que has producido?
— Todos los álbumes que hago los hago porque elijo hacerlos y los disfruto mucho. Tengo la suerte hoy en día de poder elegir lo que hago. En el caso de “Latinaje”, lo que tiene de especial es que fue un proceso de casi dos años con Juli. Veníamos de hacer un álbum super urbano, “Nena trampa”, y yo medio que le venía rompiendo a Juli para que cante: “Che, probá sin autotune a ver qué pasa”. Y fue todo un proceso de no querer hacer eso a de repente meternos de a poquito en géneros que nunca habíamos hecho juntos, y viviendo todo ese proceso hasta llegar a un concepto que se armó en el medio de un viaje con Juli, de que cada canción tenga un ritmo latino.
— Con Cazzu son amigos, ¿sos casi un tío de su hija Inti?
— Sí, cuando grabamos, a veces le digo que la traiga al estudio. Es muy divertida Inti, es hermosa. Y ella es una madre espectacular. Uno cuando produce a un artista te terminas haciendo amigo. Porque pasás mucho tiempo, se generan cosas muy lindas.
— Incluso los han relacionado amorosamente…
— Sí, es gracioso. A veces se dicen cosas que no son verdad. Lo tomamos con mucho humor, por suerte. Obviamente hay cosas que uno habla con el artista: “Che, mirá, pasó esto”. “Che, no pasa nada. O sea, cag…de risa, listo y ya está”. Pero sí, me pasó eso y bueno, en un momento muy delicado también donde se decía cualquier cosa, hay que tomárselo con humor.
CHIMENTOS
El horóscopo de hoy: domingo 2 de agosto

ARIES (del 21 de marzo al 20 de abril)
Con la Luna en tu signo, te sentís invencible. Esta energía te pide que tomes el control y avances sin dudar. Es un día ideal para arrancar proyectos o hacer algo que venías postergando. Solo cuidado con las reacciones impulsivas: no te quieras comer el mundo de un bocado.
TAURO (del 21 de abril al 20 de mayo)
Hoy puede que sientas cierta ansiedad o intranquilidad, pero lo mejor será que te tomes el tiempo para escuchar tu cuerpo y respetar tu propio ritmo, sin apurarte. La Luna transita por Aries y esta energía suele pedirnos acción y reacción.
GÉMINIS (del 21 de mayo al 21 de junio)
La Luna en Aries activa tu lado social. Vas a estar súper enérgico, con ganas de hablar y conectar con tus amigos. Es un buen momento para salir, divertirte o planear algo en grupo. Eso sí, no te metas en debates innecesarios, porque con esta energía las discusiones pueden explotar.
CÁNCER (del 22 de junio al 22 de julio)
Esta Luna en Aries te pone a full con temas de trabajo o con tus metas a largo plazo. Tenés la motivación necesaria para dar pasos importantes en tu carrera. Aprovechá la energía ariana para tomar decisiones que venías analizando, pero tratá de no dejarte llevar por la presión del momento.
LEO (del 23 de julio al 22 de agosto)
Con la Luna en Aries, sentís un llamado a la aventura. Tenés ganas de aprender, viajar o hacer algo que te saque de la rutina. Es un momento ideal para lanzarte a descubrir nuevos horizontes, ya sea con un curso, una escapada o simplemente explorando nuevas ideas.
VIRGO (del 23 de agosto al 21 de septiembre)
El cielo te invita a revisar temas profundos, quizá relacionados con tus emociones más intensas o con tus finanzas compartidas. Puede ser un buen momento para resolver asuntos pendientes que requieran coraje. Cuidado con los impulsos en temas económicos: no te lances sin calcular.
LIBRA (del 22 de septiembre al 22 de octubre)
Con la Luna en Aries se pone el foco en tus relaciones. Vas a estar súper sensible a lo que te pasa con los demás, y puede que surjan chispas si sentís que no te están dando lo que necesitás. Es un buen momento para hablar de lo que te molesta, pero con paciencia, sin apurarte.
ESCORPIO (del 23 de octubre al 21 de noviembre)
La energía te pide que te enfoques en tu salud y en tus rutinas diarias. Podés sentir la necesidad de moverte más, hacer ejercicio o poner más energía en tu día a día. La clave está en canalizar esa energía de manera constructiva, sin estresarte demasiado con los detalles.
SAGITARIO (del 22 de noviembre al 22 de diciembre)
La Luna en Aries te prende fuego la creatividad y el deseo de divertirte. Es un momento ideal para conectar con tu lado más espontáneo, hacer lo que te gusta y disfrutar del presente. Además, es probable que te sientas súper atractivo y con ganas de mostrarte al mundo.
CAPRICORNIO (del 23 de diciembre al 21 de enero)
La energía ariana te lleva a enfocarte en tu hogar y en tus emociones. Podés sentirte más irritable en casa o con ganas de hacer cambios en tu espacio. Es un buen momento para mover muebles, limpiar o simplemente poner orden en tus emociones. Eso sí, no te pongas demasiado exigente con los demás.
ACUARIO (del 22 de enero al 21 de febrero)
La Luna en Aries te llena de energía mental. Vas a estar con ganas de hablar, aprender y moverte. Es un buen momento para comunicar tus ideas y conectar con los demás, pero cuidado con los impulsos verbales, porque podrías decir cosas de las que te arrepientas después.
PISCIS (del 22 de febrero al 20 de marzo)
Hoy puede que sientas la necesidad de hacer compras impulsivas o de tomar decisiones rápidas con tu dinero. Lo ideal será que aproveches esta energía para organizarte mejor, pero sin apresurarte en temas que necesiten más reflexión.
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CHIMENTOS
Virginia Lago regresa con Historias de corazón: “En momentos tan difíciles como este necesitamos el abrazo y el respeto”

“Necesitamos un poquito de cariño, necesitamos un poquito el abrazo. Y este programa lo tiene: el encuentro, el abrazo, el cuidarse, el respetarse. En Historias de corazón hablamos de eso y yo creo que es fundamental, en momentos tan difíciles como este, poder cambiar sentimientos con la gente, quererse. Demuestra que necesitamos tener una mirada buena con las personas. Es así. Y aquí estamos queriendo hacer eso”.
Virginia Lago palpita con Teleshow el regreso de su programa, el que hace 11 años dejó de emitirse por Telefe, pero siguió vivo en la cultura viral y de memes de las redes sociales. Esa permanencia convergerá este lunes 3 de agosto a las 16:45 horas donde desde la misma pantalla vuelva a invitar un “matecito, un vinito, un bizcochito”. Un diálogo televisivo que la actriz emprendió hace seis décadas cuando no existía TikTok, ni los likes, y su figura adolescente aparecía en La familia Falcón y El amor tiene cara de mujer en la década del 60.
Primero Virginia presentó películas dramáticas, luego series, telenovelas brasileñas y turcas. Estuvo a la tarde, pero también de noche. Incluso fue parte del unitario de Historias de corazon con libros originales y actores argentinos. La idea fue de Tomás Yankelevich, exgerente de programación del canal, un verano de 2013 cuando la competencia con Eltrece hacía peligrar el rating de la segunda franja horaria. La confianza en una presentadora que pueda establecer un dialogo cercano con el televidente terminó en la elección de la actriz, una cara conocida y querida de las telenovelas, y fue ella quien le dio forma al formato. Lo hizo suyo y la magia sucedió.
—¿Cómo se siente esta nueva etapa de Historias de corazón después de su final en 2015?
—Estoy muy contenta porque fui muy feliz con Historias de corazón. Fue un programa que me dio muchas satisfacciones y lo quiero mucho. Me dio una posibilidad de contacto con la gente muy grande. A alguien se le ocurrió volverme a llamar y fue como inesperado, ¿no? Yo no esperaba que sucediera, pero sucedió.
—¿Cómo fue este tiempo desde que terminó el programa a esta vuelta?
—Siempre, en la calle, todo el tiempo me dicen: “¿Cuándo volvés, cuándo volvés, cuándo volvés?”. Y yo decía siempre: “algún día voy a volver”. Pero así es como suceden las cosas. A veces uno espera e, inesperadamente, aparece. Yo estoy muy feliz. Estamos trabajando mucho, haciendo que las cosas salgan bien. Hace ya dos semanas que estamos haciendo cosas para poder concretar el regreso, en pleno trabajo.
—Volvés a presentar Avenida Brasil, una telenovela que fue todo un éxito para el canal, con vos presentándola y que se repitió varias veces, incluso en el cable. ¿Por qué sentís que ocurre esta elección, aun cuando está disponible en varias plataformas de streaming?
—Porque hay cosas que pasan. A la gente le gustaban mucho las tardes. Eso tuvo un éxito enorme, enorme, enorme. Hay una manera, un ida y vuelta con la gente, una cosa cariñosa. Necesitamos un poquito de cariño, necesitamos un poquito el abrazo. Y este programa lo tiene. El programa tiene eso: el encuentro, el abrazo, el cuidarse, el respetarse. Hablamos de eso y yo creo que es fundamental, en momentos tan difíciles como este, poder cambiar sentimientos con la gente, quererse. Eso demuestra que necesitamos tener una mirada buena con la gente. Es así. Estamos aquí queriendo hacer eso.
—¿Cómo vivís el fenómeno de los memes y los virales alrededor tuyo? Recuerdo que en un prinicipio no te gustó.
—Eso sucedió, pero al principio, un día mi hijo Pablo me dice: “Mami, las cosas que están diciendo y haciendo”. Hoy yo tengo una generación de adolescentes, de gente joven muy pegada a mí. En aquel momento se lo conté a Tomás Yankelevich y me dijo “bueno, Vicky…”. Lo que pasa es que eso fue un éxito muy enorme y los chicos se divertían, pero sanamente. No era una cosa agresiva: era una cosa cariñosa y eso a mí me gustó.
La actriz y conductora sigue vigente gracias a la cultura de los memes y los videos que arrasan en las redes sociales
—Dentro de la cultura viral argentina, hay figuras del espectáculo como Moria Casán o Mirtha Legrand que son muy frecuentes. Vos sos parte de ese grupo. ¿Qué te sucede?
—Bueno, yo no soy ni Moria ni Mirtha, no por nada. Ellas tienen otra historia. Las quiero mucho a las dos, muchísimo, pero no sé explicarlo. Estoy contenta de que compartamos esto que yo siento que hay que hacer. Y yo lo que hago, lo hago con todo mi amor. Evidentemente, tenemos con la gente un ida y vuelta. Es bueno que eso suceda y está sucediendo. La alegría de la gente, la cantidad de mensajes fue impresionante cuando se enteraron de que volvíamos. Se ve que necesitamos eso: un abrazo, afecto, conectarnos con la gente y de buena manera. Yo lo necesito.
—¿Extrañás la ficción en la televisión? ¿Te gustaría que vuelva el unitario de Historias de corazón que tuvo a tantos actores, guionistas y producción argentina?
—Yo eso se lo propuse a Tomás. Entonces él me escuchó. Veíamos películas, series. Pasábamos Pulseras rojas, que era una joya. Le dije: “Mirá, esto tiene tanto éxito” y él me escuchó. “Bueno, Vicky, vamos a hacerlo”, me dijo después de un tiempo. Fue maravilloso. Lo hicimos durante un año. Hay tantos escritores, directores, actores, que estamos esperando hacer ficción. Hagamos ficción porque a la gente le gusta que le cuenten cuentos.
—Una de tus últimas telenovelas fue Amar después de amar (ADDA). Tu personaje de villana, Myriam Cohen viuda de Kaplan, es otro personaje muy recordado por la gente en las redes, y su catarata de insultos. ¿Es verdad que “los malos” son más divertidos para los actores a la hora de componer?
—Fue una novela hermosa. Era un personaje extraordinario. Extraordinario, extraordinario. Fue lindo hacer un personaje muy rico. Para una actriz, hacer un personaje así es magnífico. Me gustó mucho. No sé si los malos son más atractivos, pero este personaje era riquísimo. Yo no hice tantos personajes así, siempre hacía más las buenas, las sufridas, pero me encantó componerlo y tuvo mucha repercusión también. Fue precioso.

—¿Cómo ves el presente de la ficción en las plataformas de streaming?
—Yo creo que tenemos que insistir con hacer ficción, los actores. Hay muchísimos actores. Nosotros, los argentinos, tenemos una cantidad de actores extraordinarios. A la gente le gusta que le cuenten cuentos, desde siempre: desde los radioteatros hasta los teleteatros, miles de novelas. A la gente le gusta ver a sus actores. Los actores son parte de la educación. Es parte del entretenimiento de la gente. Contar historias.
—¿Qué pensás de las últimas polémicas que se han dado entre el mundo artístico y funcionarios de la política?
—No me gusta eso. Eso tiene que ver con la maldad. Yo quiero ser buena y hacer cosas que le hagan bien a la gente, que nos haga bien a todos. A mí, a vos… No me gusta vivir eso y creo que uno tiene que tener una participación para que estemos todos juntos, que nos abracemos en vez de castigarnos. Nos necesitamos siempre todos. No sirve ser malo.

—Después de tantos años de carrera en televisión, cine y teatro, ¿qué asignatura pendiente te queda?
—Yo hago mucho teatro. Lo que tengo que agradecer a la vida es que he trabajado mucho, desde los quince años hasta el día de hoy. Me gusta: yo quiero trabajar y elijo lo que hago. Lo que no me gusta, no lo hago. Pero siempre pienso en cómo me comunico con la gente, cómo me comunico con vos. Siempre uno tiene sueños de a ver qué obra podría hacer. Me encanta buscarlas, leerlas y hacerlas. A veces las escriben para mí, y si me gusta hacerlo, lo hago. Muchas veces hago las obras sin productor, hago cooperativas. Elijo obras, tengo un grupo de teatro. Hacemos teatro independiente también de obras que nos gustan. Me gusta ser actriz, me encanta bucear en este arte.
—El arte está en tu familia. Zully Moreno, una de las máximas divas del cine de oro argentino, era tu prima. ¿Cómo era la relación?
—Yo era prima hermana de Zully Moreno. El papá de Zully era hermano de mi mamá. El vínculo era bueno, ella vivía cerca de casa en Villa Ballester y venía a vernos. Mi hermana vivió mucho tiempo en España y eran muy amigas. Yo no tenía ninguna relación con ella porque era muy chiquita. Yo soy la menor de siete hermanos. Recuerdo cuando fui a visitarla y ella ya era una estrella, estrella, estrella. Yo tenía seis años. Muy chiquita. Fue a ver las obras mías varias veces. Nos invitó a la casa, pero yo no era amiga de ella, pero sí éramos parientes. Era una mujer muy encantadora. Muy bella. Dios mío, qué bella era, por favor.

—¿Qué actores o actrices de la nueva generación admirás?
—A muchos. Admiro a muchos actores de mi generación y de generaciones distintas. Una actriz que yo admiro mucho, una mujer grande a quien amé mucho, que no está con nosotros, es María Rosa Fugazot. Creo que era una actriz extraordinaria. Paola Krum es alguien a quien quiero mucho y me parece una actriz hermosa. Hay muchísimos actores jóvenes buenísimos. Me encantan ir a ver a los actores. Juan Gil Navarro me encanta, hemos trabajado juntos hace poco en el Teatro Metropolitan en Votemos. Carlos Portaluppi me encanta cómo trabaja. Hacen cosas realmente hermosas. Disfruto a mis compañeros.
—El teatro argentino comercial está registrando cifras récord, de acuerdo a la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y Musicales (AADET). ¿Cuáles son tus sensaciones?
—Sí, gracias a Dios. Está funcionando muy bien el teatro. Yo por supuesto lo veo y lo hago también. La gente va, porque además, al no haber ficción en la tele, la gente ama a sus actores. Aquí, en Argentina, es así: aman a sus actores, sus bailarines, sus cantantes. Y eso es parte de la educación. Es así, es una fiesta.
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