DEPORTE
El futuro de Dibu Martínez: ¿se queda en el Aston Villa?

Emiliano Martínez hoy está con la cabeza enfocada en Inglaterra, el rival de la Selección Argentina de este miércoles por una de las semifinales del Mundial. Pero su nombre volvió a circular con fuerza en este mercado de pases de clubes que está abierto en plena Copa del Mundo. Ante el fuerte interés de la Juventus, un directivo del Aston Villa fue contundente: «Dibu se quedará con nosotros. No tenemos intenciones de dejarlo ir en este receso».
De acá no se va
El que habló de manera oficial de parte del club inglés fue Damian Vidagany, director deportivo de los Villanos. «Nuestro equipo necesita su dedicación y larga experiencia. Es una pieza clave en nuestro proyecto para la próxima temporada. Todos los rumores sobre su posible salida a la Juventus no reflejan la verdadera postura del club. Martínez es un jugador muy importante para nosotros y esperamos que siga rindiendo a un nivel excepcional junto a sus compañeros», agregó, por las dudas.
De esta manera parecería caerse la posible transferencia del Dibu a la Juve. El club de Turín estaba dispuesto a abonar siete millones de euros por el pase del arquero argentino de 33 años. Incluso, ya se mencionaba la posibilidad de que Zion Sukuzi, arquero del Parma y de la selección de Japón en este Mundial, llegara al Aston Villa para cubrir el vacío que supuestamente iba a dejar Martínez con su partida a Italia.
Igualmente, con el correr de los días habrá que ver si la Juventus vuelve a la carga o aparece algún otro interesado por el Dibu.
El foco en Inglaterra
Mientras su nombre suena en el mercado de pases europeo, Dibu está concentrado para tener la mejor actuación posible ante Inglaterra. Al arquero le convirtieron seis goles en los seis partidos disputados hasta ahora en el Mundial (uno Jordania, dos Cabo Verde, dos Egipto y uno Suiza) y espera volver a tener la valla invicta como en los dos primeros encuentros ante Argelia y Austria.
Sobre el partido ante el conjunto inglés y toda la carga emocional que conlleva por la histórica rivalidad desde la Guerra de Malvinas, Martínez le puso paños fríos a ese tema: «El respeto va a estar: mis hijos nacieron ahí, hace 16 años que convivo ahí, así que sólo queda disfrutar ese partido y tratar de ganarlo como todos”.

Mirá también
La marca histórica que puede alcanzar Dibu Martínez ante Inglaterra

Mirá también
Malvinas, la bandera prohibida en Argentina-Inglaterra
Damián Emiliano Martínez,Selección Argentina,Aston Villa,Juventus
DEPORTE
Argentina vs. Inglaterra: El día que Diego Maradona venció al «ejercito» inglés con la «mano de Dios»

Diego Maradona. Foto: Captura de pantalla
Hay partidos que se juegan con la pelota y partidos que se juegan con la historia. El próximo miércoles, cuando el reloj marque las 16:00 de nuestro país y la Selección Argentina pise el césped del Mercedes-Benz Stadium en Atlanta, cada jugador argentino llevará en su camiseta un hilo invisible que conecta directo con el 22 de junio de 1986, el día en que todo argentino celebró no solo una victoria en la cancha, sino algo más.
Hablar de un Argentina vs. Inglaterra en los mundiales es evocar, de manera inevitable, los noventa minutos más perfectos, contradictorios y cinematográficos de la historia del deporte. Aquella tarde en el Distrito Federal de México, Diego Maradona no solo eliminó a los británicos; inventó un mito de dos cabezas que modificó el ADN del fútbol argentino para siempre.
La mano de Dios y el barrilete cósmico
Primero fue la trampa hermosa, el arte del potrero elevado a escala mundial. El salto contra Peter Shilton, el puño izquierdo escondido, la red que se infla y el festejo corriendo hacia el córner rezando para que el árbitro tunecino Alí Bennaceur no viera el engaño. «La Mano de Dios». Una genialidad nacida de la picardía criolla que dejó a los ingleses masticando la impotencia de la ley vulnerada en sus propias narices.
Pero el destino, o el propio Diego Maradona, sabían que la trampa necesitaba una redención inmediata para convertirse en arte eterno. Cuatro minutos después, arrancando desde atrás de la mitad de la cancha, Maradona frotó la lámpara para dejarle al mundo una de sus más grandes creaciones, «El Gol del Siglo». Dejó en el camino a Hoddle, Reid, Sansom, Butcher, Fenwick y al propio Shilton tirado en el piso, desparramando al «ejercito» británico en una carrera memorable de 52 metros que Víctor Hugo Morales inmortalizó para siempre entre lágrimas. Fue la revancha poética, el fútbol puro y el barro combinados en una obra maestra insuperable.
«¿Qué mano de Dios? ¡Fue la mano del Diego! Y después les dibujó el cuadro entero en la cara. Eso es lo que todavía les duele«, repite el hincha argentino cada vez que asoma la camiseta blanca con tiras azules.
La hora de los herederos
El presente nos encuentra en una dimensión paralela pero extrañamente similar. Tras una prórroga sufrida ante Suiza que destrabaron los goles de Mac Allister, Julián y Lautaro, el equipo de Lionel Scaloni está a un paso de otra final. E Inglaterra espera con los dientes afilados, liderada por un Bellingham implacable y el eterno Harry Kane.
No estará Diego Maradona físicamente ni en el campo, ni en el banco, ni en la tribuna, ni desde su casa, pero como dice la canción, «Al Diego en el cielo lo podremos ver con Don Diego y con la Tota, alentando a Lionel«, por lo que el Pelusa estará acompañando a toda la Selección Argentina en uno de sus partidos más importantes en los últimos años.
Diego Maradona,Argentina
DEPORTE
A 40 años del Argentina-Inglaterra del 86: cambiaron los televisores y las reglas del juego, quedan los recuerdos como puente generacional

Hay un televisor de tubo en un balcón de un departamento en Nápoles. Es el 22 de junio de 1986. En la pantalla las siluetas de camiseta azul brillosa y números plateados de fútbol americano se recortan contra el césped del Estadio Azteca. Sentados uno al lado del otro están Fabietto, un pibe de 17 años con la mirada de asombro, ojos saltones y su tío Alfredo, interpretado por Renato Carpentieri. La escena es una perla de la película autobiográfica de Paolo Sorrentino, Fue la mano de Dios. El viejo mira el partido, lo padece y lo vive como si la existencia misma se jugara en esos noventa minutos. El pibe mira y lo mira.
Alfredo, hombre de convicciones extremas que amenazó con quitarse la vida si Diego Maradona no fichaba para el Napoli, encarna el ser napolitano. Mientras siguen el partido, el relator narra en tiempo real: “Maradona tocó la pelota con la mano… Ahora lo volvemos a ver, puede ser también que haya mano. Aquí está la jugada, aquí está Valdano que parece haberlo desperdiciado todo… Y va con el puño, y va con el puño…”

—¡Con la mano! Ese Dios marcó con la mano. Vengó al gran pueblo argentino, vejado por la innoble agresión imperialista en las Malvinas.
La intensidad de Alfredo aumenta.
—¡Es un genio, un genio! Es un acto político. Es la revolución.
El joven lo mira en silencio y sonríe.
—A Inglaterra con un puño. ¡Los humilló, ¿entendés?! ¡Los humilló!
La escena termina con la mano del viejo apretando a la del joven. Todo el amor en un gesto.
La película de Sorrentino es una historia autobiográfica en donde se mezcla la tragedia que marcó su vida siendo adolescente tras la muerte accidental de sus padres por una fuga de gas con la llegada de Diego Maradona a Nápoles.
40 años después cambian los televisores, los estadios, las reglas del juego y hasta la manera de mirar un Mundial. Lo que permanece son los recuerdos que se instalan en la biografía colectiva. Desde Nápoles hasta cualquier rincón de la Argentina. Desde la ficción hasta la más pura realidad. A los 39 años, Lionel Messi enfrentará por primera vez en su vida a la selección de Inglaterra.
Ya no existe la Argentina que salía de la dictadura, tampoco la Inglaterra de Margaret Thatcher, ni el mundo dividido por la Guerra Fría. Diego Maradona pertenece al territorio de la memoria y Messi transita los últimos capítulos de una carrera inverosímil. Y ahora hay algo que vuelve a activarse cuando ambos equipos se cruzan otra vez: una conversación que atraviesa generaciones.
Para quienes eran adultos en 1986, el nuevo partido reactiva recuerdos: el lugar donde estaba apoyado el televisor, el grito del barrio, el abrazo con el padre, la madre, la sensación de que durante un rato el fútbol había condensado el dolor todavía abierto de Malvinas. Para quienes nacieron décadas después, aquel encuentro existe como un relato heredado, la historia que se narró mil veces.
¿Cómo se transmite esa memoria a hijos y nietos? ¿Qué papel juegan hoy las nuevas tecnologías para conservar —o transformar— esos recuerdos?
Dialogamos con cuatro especialistas cuyas miradas se complementan. El historiador Camilo Scaglia reconstruye el contexto político y social que convirtió un partido de fútbol en un hecho histórico. La psicóloga Ileana Mateo explica por qué ciertas emociones sobreviven durante décadas y cómo los recuerdos familiares construyen identidad. El médico gerontólogo José Trop analiza el valor que estos acontecimientos tienen para las personas mayores y para el diálogo entre generaciones. Finalmente, el especialista en inteligencia artificial Fredi Vivas propone pensar cómo las nuevas tecnologías modificarán la manera en que las próximas generaciones accederán a la memoria colectiva.
Entrevista al profesor e historiador Camilo Scaglia.

¿Por qué el Argentina-Inglaterra de 1986 trascendió lo deportivo y se convirtió en un hecho histórico para varias generaciones?
—Porque no era un partido más contra una potencia futbolística. Era un hecho político donde lo que pasaba adentro de la cancha se hacía inseparable de lo que había pasado afuera, cuatro años antes, en el Atlántico Sur. La Guerra de Malvinas había terminado en junio de 1982 con la rendición argentina, 649 soldados propios muertos y el fin de la dictadura de Galtieri. La rendición y el inicio del Mundial de España 1982 coincidieron con un día de diferencia: Argentina llegó al torneo europeo con la derrota todavía sin procesar y la dictadura. En 1986, el país era una democracia de apenas tres años.
Alfonsín gobernaba sobre los escombros de siete años de terrorismo de Estado y una economía en llamas: la inflación anual rondaba el 80% y el salario real había caído a la mitad respecto de la década anterior. Inglaterra, bajo Thatcher, quien desde 1979 aplicaba un programa de desregulación y ajuste que había partido a la sociedad británica en dos, había salido de la guerra con la imagen de potencia restaurada y con su primera ministra en el pico de su popularidad. Los dos países llegaron al Azteca cargando esa historia. Adentro de la cancha, sin embargo, solo había once contra once.

—¿Qué contexto político y social rodeaba aquel partido apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas?
—El contexto internacional de 1986 era el de la Guerra Fría, que llevaba cuatro décadas dividiendo el planeta en dos bloques: el occidental, liderado por Estados Unidos, y el soviético, encabezado por la URSS. Era la era de Reagan y Thatcher, dos líderes que habían llegado al poder casi simultáneamente en Estados Unidos y el Reino Unido, respectivamente, con una visión compartida del mundo: anticomunismo militante, libre mercado, reducción del Estado y fortalecimiento de la alianza atlántica. La relación personal e ideológica entre ambos era estrecha.
Para Washington, el Reino Unido era el aliado más confiable en Europa: potencia nuclear, guardia del flanco atlántico y único país dispuesto a acompañar a Estados Unidos en casi cualquier iniciativa militar. Argentina ocupaba en ese mapa un lugar periférico. La dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983 se había presentado como baluarte anticomunista en América Latina y eso le había valido apoyo tácito de Washington durante años: los militares argentinos colaboraron con la CIA en operaciones en América Central y entrenaron a grupos paramilitares en varios países de la región. Al mismo tiempo, la junta militar había desarrollado una intensa relación comercial con la Unión Soviética (Argentina le vendía granos cuando Estados Unidos aplicaba un embargo cerealero tras la invasión soviética a Afganistán en 1980) sin que eso alterara su pertenencia formal al bloque occidental.

Fue en ese contexto que Galtieri ordenó la invasión de las Malvinas en abril de 1982, confiando en que Estados Unidos se mantendría neutral o incluso favorecería los reclamos de soberanía argentina por su colaboración anticomunista. Fue un error de cálculo: para Washington, la derrota británica en el Atlántico Sur hubiera sido una señal de debilidad del bloque occidental en plena segunda Guerra Fría. Reagan terminó apoyando incondicionalmente a Thatcher con inteligencia satelital y apoyo logístico. Argentina quedó militarmente derrotada, diplomáticamente aislada y excluida del sistema de seguridad hemisférico que, paradójicamente, había contribuido a sostener con su propia represión interna. Cuando Maradona saltó en el Azteca cuatro años después, toda esa historia estaba en el aire.
—¿Qué elementos hicieron que las dos jugadas de Maradona —el gol con la mano y el segundo gol— se transformaran en símbolos culturales?
—Diego Maradona marcó los dos goles y ambos quedaron en la memoria popular, grabada en imágenes, murales, remeras, documentales y cánticos populares. El primero, un poco con la cabeza y otro poco con la mano… de Dios. Solo cuatro minutos después de este gol insólito (hoy imposibilitado por la existencia del VAR) vino el segundo: una corrida de 60 metros en la que gambeteó a seis jugadores ingleses que para muchos sigue siendo el mejor gol de la historia del fútbol. En Argentina, en cada casa, en cada bar, en cada plaza donde alguien había puesto una tele, la gente lloraba. Era la sensación de que por muy pocos minutos se le estaba robando algo al ladrón. Los pibes de Malvinas, los chicos de 18 y 19 años que habían peleado en el frío del Atlántico Sur sin equipamiento, sin información y sin apoyo, nunca se habían ido del todo de la memoria colectiva. Aquel gol no los devolvía, pero algo saldaba y los jugadores lo sabían.

—¿Cómo fue cambiando la interpretación histórica de ese encuentro con el paso del tiempo?
—Quienes tenían entre 20 y 35 años en 1986 y hoy tienen entre 60 y 75 recuerdan ese partido con una precisión que solo tienen algunos momentos de la vida: recuerdan en qué lugar estaba apoyado el televisor, qué comieron ese día, con quién se juntaron a festejar cuando sonó el pitazo final. Ese tipo de recuerdo fijado por la emoción es lo que los psicólogos llaman memoria episódica. El relato de Víctor Hugo Morales con su “barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?” forma parte de esa memoria viva, de ese instante que quedó grabado no solo en la mente sino en el cuerpo.
—¿Cómo se transmite hoy el significado de aquel partido a quienes nacieron décadas después y no lo vivieron?
—Las generaciones posteriores accedieron al partido de otra manera: a través de los relatos de sus padres y sus abuelos, del audio de Víctor Hugo, de repeticiones en YouTube o en TikTok, de las imágenes que aparecen cada vez que Argentina juega contra Inglaterra. Lo que aquellos sintieron visceralmente, estos lo procesan de otra manera. Después del partido contra Suiza en estos cuartos de final, Scaloni repitió en conferencia de prensa como un mantra: “Es solo un partido de fútbol.” Lo mismo decían los técnicos y jugadores del 86’ en público en la previa del partido. En privado, varios reconocieron años después que la emotividad por lo que había pasado en el país cuatro años antes les corría por la sangre antes de salir al campo de juego. Para toda una generación, aquel partido fue la consagración de Maradona y, durante noventa minutos, la sensación de que se le podía, aunque fuera con trampa, robar un poco al ladrón. El contexto de 2026 no tiene esa densidad. No hay guerra reciente, no hay dictadura en el pasado inmediato. Pero sí hay historia, memoria e identidad. Y hay algo más concreto: Messi a los 39 años llega a sus últimos minutos vistiendo la camiseta nacional en un Mundial. Para los jóvenes de hoy, el partido tiene su propia carga.
—¿Qué diferencias encuentra entre la rivalidad de 1986 y la que puede existir en un Mundial actual?
—La mano de Maradona fue defendida en Argentina, durante años, como una forma de justicia poética: si Inglaterra nos quitó las Malvinas, Maradona les quitó el Mundial con la mano. Después de 1986, Argentina e Inglaterra se volvieron a cruzar en dos Mundiales más: en Francia 1998 hubo victoria argentina por penales en octavos de final, en uno de los partidos más dramáticos del fútbol moderno; y en 2002 una victoria inglesa en fase de grupos. Desde entonces, solo se vieron en un amistoso en 2005, partido en el que Messi ni siquiera jugó por suspensión. El de hoy en Atlanta será la primera vez que Messi enfrenta a Inglaterra en un partido oficial.
Entrevista a la psicóloga Ileana Mateo (Mat. 2713).

—Cuarenta años después, ¿por qué un partido sigue despertando emociones tan intensas en quienes lo vivieron?
—Es interesante pensarlo desde distintos lugares. Las emociones intensas se expresan porque hay una historia entre Argentina e Inglaterra y cada vez que juegan no solo se enfrentan dos selecciones, también se reactiva una memoria colectiva que tiene que ver con el fútbol y también con la guerra. Por eso Scaloni recalca que se trata de un partido de fútbol y lo que queda implícito es que esto no es una guerra. Hubo un partido que dejó huella cuando Argentina enfrenta a Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de México 86.
Habían pasado cuatro años desde la guerra. Ese partido quedó cargado de un significado simbólico. Para muchos argentinos, no fue solo un partido de fútbol, sino una escena donde se condensaron el dolor, el orgullo, la derrota bélica y el deseo de reparación. El propio Maradona dijo en distintas oportunidades que, aunque no podía devolver la vida de los soldados, sentía que aquel partido tenía un valor simbólico para el pueblo argentino.
El fútbol se convierte entonces en mucho más que un deporte, es un escenario donde una comunidad expresa alegrías, dolores, orgullos e identificaciones. El desafío es que la memoria nos permita comprender la historia, y como en esa historia están inscriptos los dos goles de Maradona a Inglaterra: el famoso gol de la mano de Dios que se simboliza D10S, y el gol del siglo en el que Maradona deja atrás a varios jugadores, es el mejor gol de la historia de los mundiales y que se repite y sigue viendo. Muchos vivieron esto como una reparación simbólica de la derrota de Malvinas. Por eso en ese partido quedaron condensados todos estos entrecruzamientos históricos. Y de ahí el canto “el que no salta es un inglés”. Tal vez la herida de Malvinas a partir de esa victoria fue transformada en memoria, en el registro de que podemos.
—¿Qué papel juega la nostalgia cuando se acerca un nuevo enfrentamiento con Inglaterra? ¿Es una emoción que fortalece o puede distorsionar los recuerdos?
—La nostalgia es una emoción que nos conecta con aquello que tuvo un significado especial. Puede fortalecernos cuando nos permite reconocer el camino recorrido, valorar los vínculos y resignificar experiencias compartidas. Sin embargo, también puede idealizar el pasado si creemos que “todo tiempo pasado fue mejor”. El desafío es que la nostalgia sea un puente y no un refugio permanente o una presión donde se trate de repetir o sostener el pasado idealizado. Que nos permita recordar sin dejar de habitar el presente. En este caso sería saber que contamos con recursos de resiliencia, de lucha que nos fortalecen como argentinos y saber que les podemos ganar, pero ubicados en este nuevo partido con otro equipo y nuevos líderes. Es importante sobre todo para los jugadores sacarles la presión de lo pasado para que con lo pasado se puedan apropiar de este nuevo partido.
—¿Compartir el recuerdo de ese Mundial con hijos o nietos puede convertirse en una herramienta para fortalecer los vínculos familiares?
—Los relatos familiares construyen historia e identidad, generan conversaciones y acercan generaciones. Cuando un padre, una madre o un abuelo cuenta dónde estaba cuando vio ese partido, qué sintió o con quién lo compartió, no solo transmite información: transmite pertenencia. Muchas veces los hijos o nietos no heredan el recuerdo del partido, pero sí la emoción con la que fue contado. Esa emoción fortalece el vínculo y hoy le da intensidad a la vivencia de este nuevo partido.

—¿Qué les diría a quienes sienten que este nuevo partido es una oportunidad para revivir una parte importante de su historia personal?
—Que disfruten esa emoción, pero sin intentar repetir el pasado. Ningún partido podrá devolver exactamente lo que se vivió en 1986, porque también nosotros somos otros. Cada encuentro deportivo puede convertirse en una oportunidad para crear nuevos recuerdos, compartir tiempo con quienes queremos y transmitir el valor de los momentos que construimos juntos. Creo que esta nueva selección tomó lo mejor de sus antepasados y cuenta con nuevos valores, recursos y enseñanzas que siguen dejando nuevas marcas.
Entrevista a José Trop, presidente de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Rosario.

—¿Por qué eventos deportivos como un Mundial pueden tener un impacto positivo en la calidad de vida de las personas mayores?
—Para quienes tenían 30 años en 1986, vivir el campeonato de Argentina con Maradona fue uno de los momentos más felices de su vida. Hoy, esas personas tienen 70 años. En estas cuatro décadas, la Argentina atravesó muchas dificultades: decaimiento, pérdidas, tristezas y un ánimo social que muchas veces está en baja. Por eso, cuando llega un acontecimiento como un Mundial, que nos transporta a un recuerdo de éxito y alegría, se genera algo magnífico. Ese sentimiento positivo se comparte y se transmite en las relaciones familiares: une a las personas mayores con sus hijos, nietos e incluso bisnietos, permitiendo que todos disfruten juntos de la alegría y el orgullo de ser argentinos, más allá de las dificultades cotidianas.

Pensemos también que quienes tenían 40 años en 1986 hoy tienen 80. Un acontecimiento deportivo como un Mundial es una experiencia igualitaria, que puede disfrutarse a cualquier edad: da alegría tanto a personas mayores como a jóvenes y niños, porque es una oportunidad de alentar al país y celebrar juntos el deporte argentino. Así como sucedió en 1978, en 1986 y hace apenas cuatro años, estos momentos se convierten en hitos compartidos que nos unen más allá de las generaciones.
—¿Qué beneficios tiene para un adulto mayor ver un partido acompañado en lugar de hacerlo en soledad?
—Creo que es una oportunidad para unir a los distintos integrantes de una familia, para unir a viejos, adultos, jóvenes, niños. Es una oportunidad para acercar diferencias, para acercar posiciones, para acercar sentimientos y poder compartir las mismas emociones, lo que hace, en definitiva, una actividad de mucho placer, de goce, pero de identidad y de unión en la familia argentina.
—Desde la gerontología, ¿qué valor tienen los recuerdos compartidos para mantener activa la memoria y reforzar la identidad personal?
—Los recuerdos compartidos tienen un enorme valor porque unen a distintas generaciones. No importa la edad, las habilidades o las preferencias de cada uno: la memoria colectiva atraviesa todas esas diferencias y nos conecta a todos. El fútbol, al ser un deporte que puede disfrutarse en cualquier etapa de la vida, permite que niños, jóvenes y personas mayores se sientan parte de la misma experiencia, alentando juntos al país y reforzando la identidad argentina.
—¿Qué recomendaciones daría para organizar encuentros inclusivos donde las personas mayores puedan participar plenamente de la experiencia del Mundial?
—Como médico gerontólogo, recomiendo que las familias incluyan siempre a las personas mayores, incluso a quienes estén viviendo en residencias. Es importante invitarlos a casa, compartir juntos la emoción del partido en un televisor grande, celebrar los goles, vivir las alegrías y también los nervios, todos unidos. No hay que dejarlos afuera bajo ningún motivo. Aprovechemos estos momentos únicos para fortalecer los vínculos entre abuelos, hijos, nietos y bisnietos. Además, compartir una comida —ya sea un desayuno, un almuerzo o una cena— alrededor del partido ayuda a relajar el ambiente y facilita el diálogo, permitiendo disfrutar y mejorar la comunicación familiar.
Entrevista a Fredi Vivas, ingeniero, profesor y especialista en inteligencia artificial. CEO de RockingData y autor de los libros Generación IA, Invisible y ¿Cómo piensan las máquinas?

—En 1986 el recuerdo de un partido dependía de la memoria, los relatos familiares y unas pocas imágenes de televisión. Hoy la inteligencia artificial puede recrear, resumir y hasta “revivir” esos momentos. ¿Cómo cambia eso nuestra relación con el pasado?
—Creo que la forma en que registramos y recordamos los acontecimientos cambió y seguirá cambiando gracias al mundo digital y la inteligencia artificial. Ahora, todo queda registrado: videos de la gente festejando en el Obelisco, hinchas mirando el partido en sus casas, cada momento se almacena y puede recuperarse después. Si un chico nace dentro de treinta años y quiere saber cómo se vivió el Mundial 2026, podrá reconstruirlo con mucha más información, aunque nunca sea una reconstrucción perfecta. En 1986, en cambio, casi no hay registros: solo contamos con los recuerdos que nos transmitieron quienes lo vivieron, y cada relato está teñido por la experiencia personal de quien lo cuenta. Yo, por ejemplo, tenía seis años en ese Mundial, recuerdo que la antena a veces no funcionaba y había vecinos que venían a casa porque no tenían televisor. Pero eso no significa que antes se disfrutara más o menos: para mí, el disfrute es igual, aunque la experiencia haya sido distinta.

Creo que a veces caemos en la nostalgia y tendemos a idealizar el pasado, cuando teníamos pocos vinilos o CDs y el acceso a la música era más limitado. Esa escasez nos hacía desear más lo que no teníamos, y hoy, como todo está tan al alcance, parece que perdemos ese deseo. Pero yo lo veo distinto: valoro poder acceder ahora a música que de chico no podía escuchar por cuestiones económicas. No creo que los jóvenes de hoy disfruten menos de lo que nosotros disfrutábamos un Mundial en 1986; simplemente lo viven de otra manera. No se trata solo de mirar una pantalla: también se juntan con amigos, salen a las plazas. Una cosa no reemplaza a la otra, son formas diferentes de compartir y disfrutar.
—¿La inteligencia artificial puede ayudar a que las nuevas generaciones comprendan mejor la dimensión histórica y emocional de un partido como Argentina-Inglaterra de 1986? ¿De qué manera?
—Cuando en mi último libro, Generación IA, me puse a pensar sobre esta cuestión de los recuerdos y de la tecnología, encontré cosas interesantes. Por ejemplo, cuando empezó a usarse la fotografía, se decía que no estaba bueno porque estabas preservando a una persona que ya no está. Se hablaba así en algún momento, en términos de que era vista como algo que no era natural.
La tecnología, aunque creada por el ser humano, es un artificio: ya sea una foto, un video o incluso un chatbot que simule a alguien que ya no está, permite perpetuar recuerdos de una manera que la memoria humana, por sí sola, no podría lograr. Lo que hoy puede parecernos extraño, tal vez para nuestros nietos sea algo completamente natural, así como hoy nos resulta habitual tener videos familiares. En lo personal, perdí a mi papá cuando tenía quince años, en 1995, y no tengo ninguna grabación ni recuerdo su voz. Me encantaría poder tener una recreación de eso, aunque no sé qué sentiría. Lo cierto es que lo que hoy nos parece antinatural, quizás en algunas décadas lo vivamos como una forma más de preservar y compartir recuerdos.

—Hoy cualquier persona puede pedirle a una IA que explique qué significó el gol de Maradona o que reconstruya el contexto de aquella época. ¿Estamos frente a una nueva forma de transmitir la memoria colectiva?
—Sí, estamos ante una nueva forma de transmitir la memoria colectiva. Hoy cualquiera puede buscar en Google una duda sobre un partido y, gracias a la inteligencia artificial, recibir en segundos una respuesta precisa, incluso con el reglamento actualizado. Esa misma tecnología la usan tanto adultos como adolescentes: es, de algún modo, hablar el mismo lenguaje. Además, la IA puede ir más allá de los datos fríos y las estadísticas: puede crear memes o imágenes, como uno de Messi replicando el gol de la mano de Dios, y así generar conversaciones divertidas que conectan el fanatismo de quienes vivimos la era de Maradona con lo que experimentan los chicos hoy con Messi. Las tecnologías digitales, y en especial la inteligencia artificial, pueden abrir nuevos puentes para dialogar entre generaciones.

—¿Existe el riesgo de que las recreaciones generadas por inteligencia artificial mezclen hechos reales con contenidos manipulados y terminen alterando la memoria histórica?
—Siempre existe ese riesgo. Las tecnologías, desde la fotografía, el cine, hasta lo digital, pueden manipular la realidad. Es importante desarrollar pensamiento crítico y educación digital para poder distinguir qué es un registro fiel y qué es una creación o una manipulación. La memoria histórica se puede enriquecer, pero también se puede distorsionar. La clave está en el uso responsable de estas herramientas.
—Pensando en la generación silver, ¿cómo puede la inteligencia artificial convertirse en una herramienta para acercar a abuelos, hijos y nietos alrededor de un acontecimiento deportivo?
—La IA puede ayudar al diálogo intergeneracional. Hay gente mayor que ya interactúa con IA, que busca información o consulta sobre partidos, lo mismo que hace un adolescente. Hablan el mismo lenguaje. Además, una IA puede generar contenidos, estadísticas o hasta memes que pueden disparar conversaciones divertidas y unir generaciones alrededor de figuras como Maradona o Messi. Las tecnologías digitales y la IA pueden ser una puerta para acercar y compartir experiencias.
—¿Cree que la inteligencia artificial reemplazará el relato oral y los recuerdos familiares, o terminará potenciándolos?
—Ojalá que no reemplace eso del relato oral o la transmisión familiar. Por ahí reemplaza, si querés, el dato concreto, como cuántos goles hizo tal selección. Eso lo podés ver en una IA y va a ser más preciso. Pero lo que le pasaba a tu abuelo, a tu padre, a tu tío viendo el partido, o cómo vivió ese día, eso sí es irreemplazable.

Lionel Messi,Diego Maradona,fútbol,Copa Mundial,Argentina,gol
DEPORTE
¿Dónde ver EN VIVO y ONLINE el Francia vs España por el Mundial 2026?

Francia vs España por el Mundial 2026. Foto: EFE
El Mundial 2026 entra en su etapa decisiva y este martes tendremos uno de los mejores encuentros de todo el torneo. Francia y España, dos de las selecciones más candidatas a ganar la competencia, lucharán entre sí por un lugar en la final de la Copa del Mundo. El AT&T Stadium, ubicado en Arligton, será el estadio designado para el cotejo.
El equipo dirigido por Didier Deschamps volvió a demostrar por qué es uno de los grandes candidatos al título. En los octavos de final dejó en el camino a Suecia con autoridad, luego eliminó a Paraguay en un partido muy disputado y en los cuartos de final venció 2-0 a Marruecos para meterse entre los cuatro mejores del Mundial 2026.
Con Kylian Mbappé como principal figura, Francia cuenta con un plantel repleto de talento. Ousmane Dembélé, Desiré Doué, Michael Olise y William Saliba forman parte de una base que combina experiencia y juventud, convirtiendo al seleccionado francés en uno de los equipos más completos del torneo.
España también tuvo un recorrido de alto nivel. La Roja superó con autoridad a Austria en los octavos de final, eliminó a Portugal en un ajustado clásico ibérico y, en los cuartos de final, derrotó a Bélgica para conseguir el pase a las semifinales.
El conjunto de Luis de la Fuente se caracteriza por su intensidad para recuperar la pelota y por la calidad de sus mediocampistas. Rodri continúa siendo el equilibrio del equipo, mientras que Lamine Yamal se consolidó como una de las grandes figuras del Mundial 2026 gracias a su desequilibrio y capacidad para resolver partidos importantes.
Más allá de las individualidades, el gran atractivo estará en el enfrentamiento de dos estilos completamente diferentes. Francia intentará explotar cada transición rápida y sacar provecho de la velocidad de sus atacantes, mientras que España buscará controlar el ritmo del partido mediante la posesión y el dominio territorial.
El aspecto táctico también será determinante. Deschamps y De la Fuente prepararán un encuentro donde cada detalle puede inclinar la balanza, especialmente en una instancia donde los errores suelen pagarse muy caro.
¿Dónde ver el partido entre Francia vs España por el Mundial 2026?
El partido entre ambos europeos se podrá ver por la pantalla de Telefe para toda la Argentina y por DSports y el servicio de Paramount+ para toda Latinoamérica.
Telefe:
- Flow: Canal 10 (SD) y 100 (HD).
- DirecTV: Canal 123 (Digital) y 1123 (HD).
- Telecentro: Canal 10 (Digital).
- Claro TV: Canal 10 (HD).
DSports:
- Canales 610 (SD) y 1610 (HD)
- Canal 109 (HD) de Flow
- Canal 116 (HD) en Claro TV
Paramount+:
El partido del Mundial 2026 se podrá ver en vivo en la Argentina y Latinoamérica por Paramount+. La plataforma de streaming confirmó que incorporará las señales DSports, DSports 2 y DSports+.
Lo que permitirá ofrecer la totalidad de los encuentros del Mundial 2026 a sus suscriptores en países como Ecuador, Argentina, Colombia, Chile, Perú y Uruguay.
Francia,España
CHIMENTOS2 días agoEl álbum de las vacaciones soñadas de Darío Barassi con su familia: “Ibiza, nos vas enamorando”
ECONOMIA2 días agoEl petróleo sube más de 3% tras la reanudación de los ataques de EEUU contra Irán y la amenaza de cierre del estrecho de Ormuz
INTERNACIONAL3 días agoCámara de Comercio panameña cierra filas y llama a fortalecer la Zona Libre de Colón

















