INTERNACIONAL
El ICE de Trump detuvo en Miami a la hermana de la presidenta de GAESA, el mayor conglomerado económico de Cuba

Las autoridades migratorias de los Estados Unidos anunciaron la detención de Adys Lastres Morera, hermana de la presidenta de GAESA, el mayor conglomerado económico de Cuba, durante las primeras horas del viernes en Miami. El operativo de detención quedó a cargo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), que luego justificó: «Su presencia en los Estados Unidos podría tener graves consecuencias para la política exterior de la nación».
El conglomerado cubano fue sancionado económica y financieramente por la administración Trump mientras avanza la presión de Washington sobre la isla.
Fue el propio ICE el que comunicó la detención de la mujer cubana, ligada estrechamente a la presidenta de GAESA. «La presencia de Adys Lastres Morera en Estados Unidos podría tener graves consecuencias para la política exterior de nuestra nación, y el secretario de Estado, Marco Rubio, ha determinado que es deportable conforme a la Ley de Inmigración y Nacionalidad», explica el comunicado oficial de la agencia migratoria.
«Permitir que Lastres Morera permanezca en el país enviaría un mensaje de que las redes vinculadas al régimen cubano podrían seguir accediendo a las instituciones financieras, educativas y sociales de Estados Unidos, lo cual no es el caso», amplía el parte oficial.
Y enfatiza: «Además, resulta incompatible con los esfuerzos actuales de EE. UU. por imponer sanciones y negar privilegios a las redes vinculadas a funcionarios cubanos que actúan en contra de los intereses estadounidenses».
La mujer había ingresado a los Estados Unidos como residente legal el 13 de enero de 2023, durante la administración de Joe Biden. Desde entonces permanecía en el país, aunque ahora las autoridades, luego de detenerla, señalan que no encotraron registros oficiales que indiquen que Lastres Morera haya solicitado la ciudadanía por naturalización o el pasaporte estadounidense.
Según la comunicación oficial, este miércoles el Departamento de Estado determinó que Lastres Morera podría ser deportada de los Estados Unidos de acuerdo a un apartado de la Ley de Inmigración y Nacionalidad. En esa línea, ICE señala que «permitirle permanecer en EE. UU. y seguir beneficiándose del acceso a las instituciones financieras, educativas y sociales estadounidenses conlleva el riesgo de socavar los objetivos de la política exterior de este país hacia Cuba».
La detención llega en un pico de avance de Washington contra La Habana. Además de la denuncia impulsada por Donald Trump contra Raúl Castro por la muerte de cuatro personas por el derribo de un avión en 1996, las autoridades estadounidenses comenzaron a imponer sanciones económicas y financieras a allegados al regimen castrista y a empresas ligadas al gobierno.
Por caso, a inicios de mayo Estados Unidos colocó en una lista negra y bajo sanciones al más poderoso conglomerado de empresas en Cuba bajo control de los militares (GAESA), una corporación creada por el propio Raúl Castro, que también fue ministro de Industria, tiene bajo su control decenas de tiendas minoristas, desde alimentos y electrodomésticos hasta ropa, locales de alquiler de autos, financieras, agencias de viaje, importadoras y maneja la administración de hoteles.
Las raíces de GAESA se remontan a la década de 1980. Tras la caída de la URSS, Cuba perdió a su principal socio comercial. Las FFAA estaban en ruinas y tenían dificultades para pagar a sus tropas. Fidel permitió que los militares se hicieran cargo de sectores de la economía, como el turismo, en un intento por salvar al país. Actualmente las finanzas de la corporación son secretas y no aparecen en el presupuesto del gobierno, por lo que no está claro si el Estado recibe alguna de sus ganancias. Se ha señalado que cuenta con depósitos de hasta 16 mil millones de dólares.
Lo cierto es que GAESA hoy es más poderosa que nunca, pero la pobreza en la isla nunca ha sido peor. “El ejército ha sido el brazo más pragmático de la revolución, pero eso no significa que apoye la liberalización política”, explica Frank Mora, ex vice ministro de Defensa del gobierno de Barack Obama. “Es tanto una empresa económica como una institución militar. Por lo tanto, tienen menos incentivos para alterar el status quo, a menos que les resulte beneficioso”.
La familia Castro ha utilizado su autoridad sobre el conglomerado para mantener un control férreo sobre la economía. En 2011, poco después de asumir la presidencia, Raúl Castro puso a su yerno, el general Alberto Rodríguez López-Calleja, al frente de GAESA. Tras la muerte de ese militar fue designada una persona ajena a la familia: la general de brigada Ania Guillermina Lastres Morera, quien fue sancionada por Washington este mismo mes. Ahora su hermana también lo fue, y se espera que sea deportada.
INTERNACIONAL
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INTERNACIONAL
One of America’s oldest manufacturers says AI is creating jobs — not replacing them

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Before Henry Ford rolled out the Model T, before the Wright brothers took to the skies and before the Statue of Liberty welcomed millions to America’s shores, Corning was already charting a course of innovation that continues today.
Best known to many Americans for the glass products that have been fixtures in kitchens for generations, Corning has also spent decades developing technologies that quietly transformed the modern world. From the glass used in Thomas Edison’s light bulbs to the durable screens protecting billions of smartphones.
Nearly 175 years after its founding, Corning is once again helping shape a technological revolution. As demand for artificial intelligence infrastructure surges, the New York-based manufacturer is ramping up production of optical fiber, the backbone of the high-speed networks powering AI.
The company is also partnering with NVIDIA, the chipmaker at the center of the AI boom, to create 3,000 jobs in two states.
NVIDIA CEO JENSEN HUANG SAYS AI WILL RESHAPE WORK LIKE THE INDUSTRIAL REVOLUTION AND THE U.S. ‘SHOULD ABSOLUTELY LEAD’
For decades, Corning has been at the forefront of fiber optic innovation, developing technologies that enable faster, more reliable communications. (Courtesy of Corning)
At a time when many Americans worry artificial intelligence will replace human workers, Corning Chairman, CEO and President Wendell Weeks says the opposite is happening inside one of the nation’s oldest manufacturers.
«AI is a huge job creator, and it’s a huge manufacturing job creator,» Weeks told Fox News Digital.
He said the AI boom is driving demand for Corning’s optical fiber while fueling the company’s fastest period of growth in nearly two centuries.
«As a 175-year-old company, we’re going through our fastest growth period,» Weeks said. «We will probably double our size over the coming years and almost all of our new hires will be in advanced manufacturing, a significant part of them right here in America.»
That growth is already taking shape on Corning’s factory floors.
NVIDIA CEO JENSEN HUANG: WE ARE AT THE BEGINNING OF THE AI REVOLUTION

A Corning employee handles optical fiber as part of the manufacturing process that supports broadband and telecommunications infrastructure. (Courtesy of Corning)
«As the world develops and tells us what it needs, we’re right there at the forefront,» Emily Capek, planning supervisor at Corning’s Wilmington, North Carolina, facility told Fox News Digital.
She said employees are seeing firsthand how demand for AI platforms is driving the need for Corning’s products.
«Right now, the world needs our glass optical fiber to support the AI demand we’re seeing,» Capek said. «It’s a great feeling on the factory floor.»
Her comments reflect a much broader trend. While much of the attention surrounding AI has focused on chipmakers and software developers, companies like Corning are supplying the glass technology that connects AI systems and supports the industry’s rapid expansion. That investment is already translating into the opening of new U.S. factories and creation of American jobs.
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A Corning technician inspects optical fiber before it moves to the next stage of production. (Courtesy of Corning)
Earlier this year, NVIDIA partnered with Corning to build three advanced optical manufacturing facilities in North Carolina and Texas. It’s expected to create more than 3,000 jobs across both states while expanding Corning’s U.S. optical manufacturing capacity tenfold.
Having worked with innovators such as Apple co-founder Steve Jobs during his career, Weeks said he’s proud to now partner with NVIDIA CEO Jensen Huang as Corning helps build the infrastructure powering the AI revolution.
While companies like NVIDIA have become synonymous with artificial intelligence, Weeks said many people overlook the role optical fiber plays in connecting AI systems.
«The common story is AI being powered by chips, but actually, those chips are connected by glass,» Weeks said.
The AI manufacturing boom isn’t just fueling growth at longtime American companies like Corning. It’s also attracting foreign investment into U.S. manufacturing. Wistron, a Taiwan-based electronics manufacturer, is establishing AI supercomputer manufacturing operations in Texas for NVIDIA, bringing advanced manufacturing jobs to the state.
«Building in America is essential for speed, resilience and strategic advantage,» Wistron Chairman Simon Lin told Fox News Digital.
«Texas offers the talent, industrial strength, and strategic location to help power the next generation of AI infrastructure, while creating durable, high-value jobs at scale for the local workforce,» he added.
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As America marks 250 years of independence, Weeks said the country’s next chapter of innovation will depend not only on breakthrough ideas, but on manufacturing them at home.
«The tools change, but the approach doesn’t,» Weeks said.
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INTERNACIONAL
Trump cerró un acuerdo minero de 1000 millones de dólares que beneficiará a sus hijos

Durante la llamada, Trump y su equipo consiguieron que el líder kazajo accediera a otorgar a una empresa estadounidense poco conocida acceso a una de las mayores reservas de tungsteno no explotadas del mundo, un metal que Estados Unidos necesita con urgencia para la producción de ojivas de misiles, aviones de combate, chips informáticos y otros productos esenciales.
Antes del acuerdo, el gobierno de Trump aprobó solicitudes preliminares de hasta 1600 millones de dólares en financiación federal para la empresa estadounidense, ahora llamada Kaz Resources, la cual tiene previsto iniciar las obras del proyecto en una zona rural de Kazajistán.
No solo Trump y Lutnick vieron una oportunidad. Sus hijos no tardaron en hacer negocios con socios en un acuerdo que sus padres negociaban, continuando así un patrón de enriquecimiento personal en el segundo gobierno de Trump que tiene pocos precedentes en la historia de Estados Unidos.
A las pocas semanas de las negociaciones en el St. Regis, inversores de una empresa llamada Dominari Securities -con sede en la Torre Trump de Nueva York y de la que son copropietarios los dos hijos mayores del presidente, Donald Trump Jr. y Eric Trump– se unieron a otros socios para adquirir una participación del 20 por ciento en una entidad corporativa relacionada con el proyecto de Kazajistán.
Por esas mismas fechas, Cantor Fitzgerald, una empresa de inversión controlada por la familia de Lutnick y dirigida por sus hijos Brandon y Kyle Lutnick, ayudó a uno de los principales inversores que colaboraba con Dominari en el acuerdo kazajo a recaudar 210 millones de dólares en capital nuevo para una entidad relacionada. Este tipo de rondas de recaudación de fondos suelen reportar a Cantor millones de dólares en comisiones.
El acuerdo con Kazajistán finalmente se firmó el 6 de noviembre, seis días después de la inversión en la que participaron los hijos de Trump y sus socios, algo que no se hizo público en ese momento.
Este acuerdo no es, ni mucho menos, un caso aislado. Una de las familias, o ambas, tiene vínculos financieros con al menos 14 empresas que colaboran activamente con el gobierno federal en acuerdos mineros clave, incluido el proyecto de Kazajistán, según documentos federales analizados por The New York Times.
Las 14 empresas se han beneficiado directamente de ofertas de ayuda financiera del gobierno de Trump o tienen solicitudes de permiso pendientes ante el Departamento de Comercio, que supervisa Lutnick, según descubrió el Times. La cantidad total de fondos federales que el gobierno de Trump ha otorgado o está considerando proporcionar a estas empresas supera los 8900 millones de dólares, según declaraciones públicas de las empresas y del gobierno federal.
Esta mezcla descarada de política federal y negocios personales empezó poco después de que Trump volviera al cargo el año pasado, cuando los hijos de Trump y de Lutnick participaron en acuerdos de criptomonedas por valor de miles de millones de dólares, mientras sus padres ayudaban a establecer políticas que impulsaron el sector de las criptomonedas.
Ahora, la búsqueda de ganancias de estas familias, marcada por cuestiones éticas, se extiende a la nueva carrera armamentística por los minerales críticos.
Este tipo de acuerdos son una señal de alarma, dijo la representante por Oregón Maxine Dexter, la principal demócrata en la comisión de la Cámara de Representantes que investiga las acusaciones de irregularidades en la industria minera.
“El Congreso tiene que asegurarse de que el dinero de los contribuyentes se utilice en beneficio del interés público y no para beneficiar a familiares o a personas estrechamente vinculadas al gobierno de Trump”, dijo Dexter en una entrevista.
La Casa Blanca y el Departamento de Comercio, en comunicados separados, rechazaron cualquier insinuación de que el gobierno de Trump estuviera mezclando de forma indebida las acciones del gobierno con los negocios familiares.
“El único interés especial que guía la toma de decisiones del gobierno de Trump es el bien del pueblo estadounidense”, dijo Kush Desai, vocero de la Casa Blanca, en un comunicado al Times. “Asegurar y repatriar las cadenas de suministro críticas de Estados Unidos ha sido una prioridad máxima para el presidente Trump, y el secretario Lutnick, junto con el resto del gobierno, sigue tomando medidas históricas para salvaguardar la seguridad nacional y económica de Estados Unidos”.
En el centro del acuerdo con Kazajistán está un rabino nacido en Australia llamado Pini Althaus, quien se mudó a Estados Unidos hace años y puso sus miras en los minerales críticos.
Althaus es el presidente ejecutivo de Kaz Resources y de la empresa relacionada que explotará el yacimiento de tungsteno de Kazajistán, y aún es accionista de otra empresa de minerales críticos que él mismo fundó y que este mes ha conseguido hasta 1600 millones de dólares en financiación del Departamento de Comercio.
Ha demostrado ser un actor muy astuto, al solicitar –y recibir– apoyo directo de altos cargos federales, incluido Lutnick, en sus esfuerzos por cerrar acuerdos.
En una serie de entrevistas, dijo que sus conversaciones con el gobierno de Estados Unidos sobre el acuerdo del tungsteno comenzaron durante el gobierno de Joe Biden y que no se beneficiaron de ningún favor político.
Althaus dijo que, en las semanas posteriores a la reunión en el St. Regis, se le acercaron nuevos inversores, pero que nunca había conocido a los hijos de Trump y no sabía que estuvieran involucrados. Más tarde se enteró de la participación de la familia Trump y entendió que eso pudiera generar dudas, según explicó.
“Entiendo que la impresión que da pueda resultar inquietante para algunas personas”, dijo Althaus. “Pero desafortunadamente, esta empresa y este proyecto van mucho más allá de cualquier presidente, y mucho más allá de cualquier familia”.
La promesa de Asia central
Más allá de las manadas de caballos que pastan en libertad, del esqueleto abandonado de un pueblo obrero soviético y de las onduladas colinas de la verde estepa kazaja, se encuentran los gigantescos cráteres llenos de agua que están en el centro del acuerdo estadounidense.
Aquí, a las afueras del pueblo de Unrek, con 407 habitantes, los pequeños lagos marcan los lugares donde la Unión Soviética excavó en busca de tungsteno.
Gracias a su excepcional dureza, densidad y alto punto de fusión, el tungsteno se hizo conocido como el “metal de la guerra”, con usos clave en municiones, aviación y armamento.
El colapso de la Unión Soviética interrumpió sus planes de abrir nuevas minas en Kazajistán, una antigua república soviética. La extracción de tungsteno en Estados Unidos también se fue diluyendo, y la última mina en funcionamiento, situada en Utah, dejó de producir hace aproximadamente una década.
China llegó a dominar el comercio mundial del tungsteno. Pero justo cuando Trump volvía a la Casa Blanca, Pekín empezó a restringir las exportaciones de tungsteno y otros minerales críticos, lo que hizo que el precio de referencia de este metal fuera de China se multiplicara por seis en el último año.
Trump y sus asesores respondieron al impulsar, con la ayuda del Congreso, una enorme oleada de financiación federal para respaldar a una nueva generación de empresas mineras estadounidenses.
Desde que Trump volvió al cargo, el gobierno federal ha dado su aprobación condicional o definitiva a 60 proyectos de minerales críticos en todo el mundo, respaldados por 18.600 millones de dólares en préstamos federales, garantías de préstamos u otras formas de financiación, según un recuento realizado en mayo por BMO Capital Markets, un banco líder en el sector. Esa es la mayor cantidad en la historia de Estados Unidos, dijo un ejecutivo del banco.
El Pentágono y el Banco de Exportación e Importación -donde Lutnick forma parte de la junta directiva- figuran entre las agencias federales que financian dicha iniciativa. Estas medidas han desatado una auténtica fiebre del oro moderna en el sector de los minerales críticos, ya que las empresas emergentes buscan obtener una parte de la generosidad federal.
Por ejemplo, Donald Trump Jr. es socio de otra empresa de inversión que, el verano pasado, adquirió una participación en una pequeña empresa minera de nueva creación llamada Vulcan Elements. Meses después, la empresa firmó un acuerdo por casi 700 millones de dólares con el gobierno federal para ayudar a financiar la expansión de su producción en Carolina del Norte.
“El nivel de actividad, comparado con, digamos, el de 2023, es como el día y la noche”, dijo Max Yerrill, vicepresidente de BMO. “Ha sido uno de los sectores más en auge”.
Para los oficiales kazajos, este tipo de acuerdos ofrecen a su país, sin salida al mar, una nueva baza en materia de relaciones exteriores y una vía de acceso a Trump.
El país puede producir y procesar 25 de las 60 materias primas que figuran en la lista de minerales críticos de Estados Unidos, según Olzhas Alibekov, un alto cargo del Ministerio de Industria y Construcción de Kazajistán.
“Kazajistán se posiciona como un actor importante en el mercado mundial de metales raros y de tierras raras”, dijo Nurlan Zhakupov, director ejecutivo del fondo soberano kazajo, propietario de la empresa minera estatal que colabora con Kaz Resources en el proyecto de tungsteno.
Ese proyecto requerirá una inversión enorme, que, según calcula Althaus, ascenderá a unos 650 millones de dólares inicialmente y a 1100 millones a lo largo de la vida del proyecto. Según los cálculos de su propia empresa, el tungsteno de allí podría valer hasta 80.000 millones de dólares.
Su empresa no podía sacar adelante el proyecto por sí sola. Necesitaba que el gobierno de Estados Unidos llegara a un acuerdo con Kazajistán al más alto nivel y se comprometiera a aportar financiación para que las cuentas cuadraran. A cambio, Estados Unidos podría tener acceso a unas 12.000 toneladas métricas de tungsteno al año, más o menos lo mismo que se importa actualmente cada año.
Un acuerdo en Nueva York
Aquel día de septiembre de 2025, en el Hotel St. Regis, el presidente de Kazajistán, Kassym-Jomart Tokáyev, se encontraba en medio de una sucesión de reuniones, a modo de “citas rápidas”, con ejecutivos de gigantes corporativos como Citigroup, Amazon y Chevron.
Entre los invitados empresariales de Tokáyev se encontraba Althaus, que estaba allí para presionar a Kazajistán para que aprobara el proyecto minero. Lutnick tuvo su propia reunión con el presidente kazajo en el hotel ese mismo día.
“Tienen minerales críticos fantásticos en los que podemos invertir juntos”, le dijo el secretario de Comercio a Tokáyev, según una grabación de partes de la reunión que el líder kazajo publicó en las redes sociales.
Lutnick había dado diversos pasos a lo largo de varios meses para ayudar a impulsar el acuerdo.
El año pasado envió una carta a Tokáyev instando al país a adjudicar el contrato a Althaus y a sus inversores, y les dijo que el gobierno de Trump “apoya plenamente” a la empresa (entonces conocida como Cove Kaz) en sus esfuerzos.
El Banco de Exportación e Importación y una segunda agencia federal en cuya junta también está Lutnick, la Corporación de Financiación Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos, emitieron sendas cartas de interés el verano pasado para proporcionar a la empresa de Althaus financiación provisional para el proyecto. Esos préstamos, en conjunto, podrían ascender a 1600 millones de dólares.
Para cuando se celebró la reunión en el St. Regis, Lutnick estaba a punto de conseguir el visto bueno de Tokáyev para el acuerdo. Fue entonces cuando Trump intervino.
“El presidente Trump, el secretario Lutnick y el secretario Rubio se involucraron personalmente”, dijo Althaus, quien no asistió a la reunión a puerta cerrada. “El presidente Trump llevó a cabo la negociación final con el presidente Tokáyev para este acuerdo”.
Los postores chinos también buscaban acceder a la mina de tungsteno kazaja, lo cual fue una de las razones por las que Althaus necesitaba la ayuda del gobierno de Estados Unidos.
La firma definitiva tuvo lugar el 6 de noviembre, durante una cumbre de alto nivel en Washington, donde Trump recibió a los cinco líderes de Asia central y destacó su interés por sus minerales críticos.
Según los términos del acuerdo, la empresa de Althaus ahora posee el 70 por ciento de la empresa conjunta, y la empresa minera estatal kazaja tendrá el 30 por ciento.
Los inversores que participan en el acuerdo con Kazajistán tienen varios planes de negocio diferentes que pretenden beneficiarse del apoyo del gobierno de Trump –y que además hacen negocios con Cantor Fitzgerald.
Este mes, por ejemplo, el gobierno de Trump se comprometió a proporcionar hasta 1600 millones de dólares en ayuda financiera a USA Rare Earth, la otra empresa minera que fundó Althaus y en la que aún es accionista.
Ese acuerdo otorga al Departamento de Comercio 16 millones de acciones de la empresa. Por otra parte, Cantor Fitzgerald ganó millones de dólares en comisiones al ayudar a USA Rare Earth en una serie de operaciones desde el año pasado que, en última instancia, recaudaron 1500 millones de dólares para la empresa.
Cantor Fitzgerald, que Lutnick dirigía antes de convertirse en secretario de Comercio, cuenta desde hace tiempo con una división que ayuda a las empresas mineras a recaudar capital. Pero ha experimentado un auge en su actividad de apoyo a la creación o financiación de empresas mineras, especialmente de aquellas que se benefician del respaldo del gobierno de Trump.
Los demócratas del Congreso han pedido que se investigue la participación propuesta del Departamento de Comercio en USA Rare Earth. Le dijeron a Lutnick en una carta que era “el ejemplo más reciente de cómo los asuntos oficiales del Departamento de Comercio se han entremezclado con los intereses financieros de Cantor Fitzgerald durante tu mandato”.
Incluso algunos funcionarios del gobierno de Trump directamente implicados en la iniciativa –que hablaron con el Times bajo condición de anonimato porque no estaban autorizados a comentar el asunto– dijeron que les decepcionaba ver los vínculos entre las familias Lutnick y Trump y los proyectos que el gobierno se ha propuesto ayudar a financiar.
Un vocero de Cantor, en una declaración al Times, dijo que los ejecutivos de la empresa no participaron en las conversaciones sobre financiación gubernamental en nombre de sus clientes del sector minero.
“Cantor es un socio natural para las empresas que buscan capital para satisfacer la creciente demanda de minerales críticos”, dijo el vocero, Stan Neve.
En un comunicado, el Departamento de Comercio dijo que ni Lutnick ni nadie del departamento habían “interactuado ni mantenido conversación alguna con Cantor Fitzgerald en relación con el sector de los minerales de tierras raras”. Además, dijo que Lutnick había vendido su participación en Cantor.
La participación de los Trump
Los vínculos de los hermanos Trump con el acuerdo de Kazajistán comenzaron en la torre de su padre en la Quinta Avenida de Nueva York.
Ahí es donde Dominari Securities, una pequeña empresa de servicios financieros, había establecido sus oficinas después del final del primer mandato de Trump en la Casa Blanca.
Esa proximidad a la sede de la Organización Trump les dio a los ejecutivos de Dominari la oportunidad de entablar amistad –y luego relaciones de negocios– con los hijos de Trump.
“Así es como empezó y se desarrolló la relación”, dijo Allan Evans, uno de los socios de Dominari, en una entrevista.
Después de que Trump volviera a la Casa Blanca, Dominari contrató a Donald Trump Jr. y a Eric Trump como asesores remunerados, y les dio acciones que ahora valen unos 7 millones de dólares, lo que representa alrededor del 10 por ciento del total de acciones de la empresa. La empresa puso en marcha una estrategia explícita para invertir en empresas alineadas con la agenda del presidente, desde drones militares hasta minerales críticos.
Para llevar a cabo la inversión en tungsteno de Kazajistán, Dominari recurrió al tipo de maniobras corporativas complejas que caracterizan sus operaciones.
En primer lugar, Dominari se asoció con Paul Mann, un inversor y empresario británico que, más recientemente, también ha buscado entrar en el sector de los minerales críticos.
A través de una filial de la empresa de energía nuclear de Mann, ASP Isotopes, el grupo de inversores compró el verano pasado una participación mayoritaria en una empresa de construcción de carreteras en quiebra llamada Skyline Builders. Puede parecer una jugada extraña, pero lo hicieron por una razón: Skyline cotiza en el Nasdaq. Así que la filial de ASP controlaba ahora una empresa que cotiza en bolsa.
Dominari y los hijos de Trump se sumaron a esta iniciativa a través de lo que se conoce como una “entidad con fines especiales”, que adquirió una participación en Skyline, tal y como informó por primera vez The Financial Times. Los hijos de Trump tienen una segunda participación menor en el acuerdo, a través de una inversión que hicieron directamente en la filial de ASP a finales del año pasado, según Mann.
A finales de septiembre, el gobierno de Trump consiguió el acuerdo verbal del gobierno kazajo para los derechos sobre el tungsteno.
Eso puso en marcha su estrategia.
En octubre, Cantor Fitzgerald ayudó a recaudar 210 millones de dólares para ASP Isotopes.
Para el 31 de octubre, Skyline, ahora controlada por ASP, adquirió una participación del 20 por ciento en la entidad corporativa de Althaus centrada en Kazajistán, por 20 millones de dólares. La antigua empresa de construcción de carreteras se metió de forma repentina en el negocio minero.
Seis días después, Lutnick firmó en Washington el acuerdo definitivo con el gobierno kazajo.
Mann, en una entrevista, insistió en que el dinero que Cantor recaudó para ASP Isotopes no se utilizó en el acuerdo minero. Sin embargo, Cantor –la empresa de inversión dirigida por los hijos de Lutnick– recaudaba fondos para la empresa de Mann mientras su filial se preparaba para invertir en un acuerdo que Lutnick negociaba como secretario de Comercio.
En diciembre, Mann se puso en contacto con Althaus con una propuesta para una maniobra conocida como “fusión inversa”, que sustituiría a Skyline Builders en la bolsa Nasdaq por una nueva entidad llamada Kaz Resources, dijo Althaus. La fusión, que básicamente sacará a bolsa la operación minera, se anunció en abril.
La cotización en bolsa permitirá a los inversores obtener ganancias con el proyecto de Kazajistán al negociar sus acciones incluso antes de que se extraiga tungsteno del suelo. El respaldo del Gobierno de Estados Unidos a este tipo de proyectos suele hacer subir el precio de las acciones, lo que genera ganancias para los inversores iniciales que salen en el momento oportuno.
Como parte de la fusión, Skyline acordó aportar unos 50 millones de dólares al proyecto de Kazajistán, además de la inversión inicial de 20 millones, dijo Althaus.
Althaus dijo que necesitaba el dinero de la fusión para empezar a trabajar en el proyecto de Kazajistán. La fusión aún necesita la aprobación de las autoridades reguladoras de Estados Unidos para cerrarse.
Dominari no respondió a las solicitudes de comentarios.
Eric Trump y Donald Trump Jr. dijeron en declaraciones separadas que no estaban involucrados en los detalles del acuerdo; Eric Trump escribió que “siempre ha sido un inversor pasivo sin ningún tipo de función directiva”.
Mann confirmó que los hijos de Trump tienen intereses económicos en el acuerdo. Pero dijo que no había hablado con ellos, ni con nadie de la familia Trump, al respecto.
“Si lo analizas con perspectiva, no hay ningún conflicto de intereses aquí”, dijo Mann. “Y sin duda, al gobierno de Estados Unidos le conviene cerrar este acuerdo”.
También dijo que no eligió a Cantor para recaudar fondos para su empresa porque Lutnick es secretario de Comercio.
“Por supuesto que no”, dijo, y añadió: “¿Debería Cantor excluirse de todos los acuerdos del sector minero? Eso sería injusto para Cantor”.
Avanzar a la producción
Hasta ahora, no se ha recibido nada de los 1600 millones de dólares de ayuda financiera del gobierno de Estados Unidos para el proyecto minero de Kazajistán, ya que está sujeto a aprobaciones adicionales, dijo un funcionario del gobierno de Trump. La empresa de Althaus lleva a cabo un estudio de viabilidad final que se revisará.
Eso no significa que nadie haya ganado dinero.
Los documentos presentados ante las autoridades federales indican que tanto Cantor Fitzgerald (dirigida por los Lutnick) como Dominari Securities (de la que los Trump son copropietarios) han cobrado honorarios por su trabajo. A ambas se les pagó por sus servicios, que consistieron en ayudar a los ejecutivos implicados en la serie de transacciones a recaudar nuevo capital.
Althaus dijo que ahora se enfoca en llevar el proyecto a la fase de producción, que espera que comience en 2030, aunque hay presión para acelerar el calendario.
“Si hubiéramos tenido una puerta a la que llamar, por así decirlo, lo habríamos hecho”, dijo. “Lo hemos hecho por el camino difícil, a base de abogar”.
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Kitty Bennett, Oleg Matsnev y Alina Lobzina colaboraron con investigación.
Paul Sonne es un corresponsal internacional que se enfoca en Rusia y las diversas repercusiones de la política interior y exterior del presidente Vladimir Putin, con especial atención a la guerra contra Ucrania.
Eric Lipton es un periodista de investigación que profundiza en una amplia gama de temas, desde el gasto del Pentágono hasta los productos químicos tóxicos.
Kitty Bennett, Oleg Matsnev y Alina Lobzina colaboraron con investigación.
The New York Times, data-cc, data-cc-nyt
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