DEPORTE
El Masters de Roma, entre el mármol y la modernidad: la historia de un torneo con una identidad única

Hay torneos que nacen con identidad. Y hay otros que la van construyendo, con los años, con los cambios, con la historia que los atraviesa.
El Imperio, la Loba, Rómulo, Remo, César, el Duce, la República, Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini, Jannik Sinner, el polvo de ladrillo y la Vía Apia confluyen en un lugar. Y todos los caminos conducen a Roma.
El Abierto de Italia no es únicamente un torneo de tenis: es un escenario donde conviven deporte, historia y arquitectura como en pocos lugares del circuito. Aunque hoy resulte inseparable de Roma, el torneo no comenzó allí. El primer capítulo se escribió en Milán, en 1930, antes de trasladarse rápidamente a la capital italiana.
El cambio no fue casual. En aquellos años, el deporte formaba parte de una idea de país, de una construcción política: era utilizado por Benito Mussolini como herramienta política y símbolo de grandeza nacional.
El complejo que se aprestaba a recibir al torneo había sido inaugurado en 1932 bajo el nombre de Foro Mussolini, en pleno auge del régimen fascista. Con el tiempo, ese nombre mutaría para llamarse, simplemente, Foro Itálico, el mismo con el que hoy se sigue reconociendo a la casa del torneo.
El cambio de nombre significó también un cambio de época, pero las estructuras estaban firmes y permanecieron para dar su impronta de mármol, historia y supervivencia.
Hay algo en Roma que no se puede replicar en ningún otro torneo. No tiene que ver con la superficie, ni con la altura, ni siquiera con el público. Tiene que ver con el escenario.
El Foro Itálico no es sólo un complejo deportivo: es un espacio cargado de historia, atravesado por una estética que responde a otro tiempo. El racionalismo italiano está ahí, en cada detalle, en cada una de las imágenes que se alzan en el predio.
Las estructuras originales, el Estadio de los Mármoles y la pista Pietrangeli se transformaron en los mayores supervivientes. Sobrevivieron a todo: a los cambios políticos, al paso del tiempo e, incluso, a la guerra. Fueron preservadas como parte del patrimonio arquitectónico italiano.
El auge del deporte, impulsado como herramienta política de superioridad y poderío, se vio frenado por la guerra. Desde mediados de los años 30 hasta el final del conflicto, el ahora Masters de Roma dejó de disputarse.
En ese lapso y contexto, el Foro Itálico tuvo otros usos. Las instalaciones fueron adaptadas a las necesidades del momento y con funciones muy alejadas del tenis. Cuando todo terminó, hubo que reconstruir y el predio recién volvió a utilizarse en 1948, pero no precisamente para jugar tenis. Del 24 al 26 de septiembre de ese año, el estadio Pietrangeli fue sede del campeonato europeo de vóleibol masculino.

Las estructuras no estaban muy dañadas, pero Italia recién estuvo preparada en infraestructura y emocionalmente para volver a recibir tenis allí cuatro años después de culminada la Segunda Guerra Mundial. En 1949, el Foro Itálico fue escenario de una serie de Copa Davis entre Italia y Yugoslavia. Fue la competencia que le abriría la puerta al regreso del torneo al año siguiente. Desde entonces, no se movió más.
Roma mantuvo su lugar sobre ese suelo rojo anaranjado que define y caracteriza a la gira europea de canchas lentas que desemboca en Roland Garros, segundo Grand Slam del año.
Pero el del Foro Itálico nunca fue un torneo más dentro de esta mini temporada: siempre tuvo algo distintivo, una atmósfera particular, un ritmo propio. Se las ingenió en los 90 para atraer a las figuras que no eran muy afectas a esta superficie y que, sin embargo, solían llegar a la otrora capital del imperio, como lo hizo Pete Sampras, quien conquistó el torneo en 1994, aprovechando que la velocidad de la superficie no era tan lenta como el resto. Pistol Pete consiguió en Roma uno de los tres títulos sobre polvo de ladrillo de su carrera: Kitzbühel 92 y Atlanta 98 fueron los otros dos.
Sin embargo, en los últimos años del siglo pasado, eso empezó a cambiar. La organización ajustó la preparación de las canchas y buscó hacerlas más lentas, para hacer un circuito más homogéneo y parecerse más a las de París.
Para ese momento, el torneo ya contaba con una nueva cancha central, que casi duplicaba en butacas a su antecesora y la dejaba, con sus estatuas, en segundo lugar.
Allí Rafael Nadal ganó 10 títulos y lidera el listado de campeones del torneo: lo sigue Novak Djokovic con seis. En 2005, el español inauguró su historial de trofeos en el Foro Itálico con una inolvidable final ante Guillermo Coria que se extendió durante cinco sets y más de cinco horas.
A lo largo de la historia, el tenis argentino obtuvo 10 títulos en el Masters de Roma: Gabriela Sabatini festejó cuatro veces, mientras que Guillermo Vilas, José Luis Clerc y Alberto Mancini lo hicieron en una ocasión.
Dentro del Foro Itálico hay una cancha que resume mejor que ninguna esa mezcla que se produjo con las innovaciones necesarias para sostener a este torneo: el estadio Pietrangeli.
Inaugurado en 1934 con el nombre de Stadio Olímpico della Racchetta, fue sede del match de Copa Davis entre Italia y Suiza. Un año más tarde cambió la denominación a Stadio della Pallacorda, con el que permaneció hasta 2006, cuando se rindió homenaje al mejor tenista italiano hasta ese momento, Nicola Pietrangeli.
Es una de las joyas del tenis mundial y se debate entre la tradición y la modernización, lo estético y el pragmatismo. Considerada una de las canchas más lindas del planeta, rodeada por 18 estatuas de mármol de Carrara que fueron esculpidas por Eugenio Baroni antes de su inauguración, excepto la escultura denominada Lanciatore di palla vibrata, realizada en 1942, por Domenico Ponzi.
En los últimos años, el estadio Pietrangeli sufrió modificaciones importantes. Se ampliaron las tribunas para aumentar la capacidad y se agregaron estructuras superiores que desataron una polémica inevitable, porque las nuevas gradas tapan parcialmente a las estatuas y, de esta manera, alteran la estética original, cambiando la apariencia de un estadio que parecía intocable.
El torneo fue creciendo, el tenis fue cambiando y los jugadores presionaron con sus reclamos por mayores comodidades. Todo esto obligó a ampliación de espacios y, entonces, llegaron las reformas. La tensión entre tradición y modernización atraviesa hoy a todo el torneo.

El Estadio Central fue remodelado de manera profunda en 2010 para cumplir con los requisitos exigidos por la ATP y conservar la categoría de Masters 1000. Desde entonces, el Foro Itálico no dejó de expandirse.
La edición 2026 marca otro punto de transformación. El torneo, consolidado desde hace años en un formato de dos semanas, duplicó el tamaño del predio y pasó de 10 a 20 hectáreas. Actualmente cuenta con 21 canchas entre competición y entrenamiento.
Además, el SuperTennis Arena, con capacidad para 3.000 espectadores, ya se instaló como el tercer estadio en importancia dentro del complejo.
Los próximos pasos apuntan todavía más alto. Entre 2027 y 2028 se proyecta la instalación de un techo retráctil en el Estadio Central, en línea con las reformas que ya realizaron otros grandes torneos al aire libre para minimizar las interrupciones por lluvia.
Sin embargo, más allá de las obras y los cambios, Roma conserva algo difícil de explicar. Una atmósfera propia.
El ruso Daniil Medvedev lo resumió alguna vez al describir el ambiente del Foro Itálico: la cercanía del público vuelve los partidos más intensos, más cerrados y más ruidosos.
Esa sensación atraviesa cada rincón del torneo. Porque Roma cambió, se expandió y se modernizó. Pero incluso en medio de esas transformaciones, nunca dejó de ser Roma.

Europe,Sport,Tensid,Tennis
DEPORTE
FIFA despeja dudas y explica decisiones arbitrales en el Argentina vs. Egipto

FIFA explica polémicas. Foto: EFE
La heroica clasificación de la Selección Argentina a los cuartos de final tras vencer por 3 a 2 a Egipto luego de ir 2 a 0 abajo en el marcador, sigue dejando muchas opiniones divididas en los fanáticos del fútbol, sobre todo por las declaraciones tanto del técnico como algunos futbolistas egipcios qué no quedaron conforme con el arbitraje. Sin embargo desde FIFA salieron a defender las decisiones de François Letexier.
El entrenador Hossam Hassan en conferencia de prensa había dicho que Argentina presionó al árbitro porque era francés y envuelto en llamas comunicó que no iba a volver a ver ni un solo partido más de este torneo, esto porque porque considera que fue perjudicado en dos jugadas claves: la del gol anulado y la de un supuesto penal antes del gol de Enzo Fernández.
Y ante a estos reclamos, mediante el director de la división de arbitraje Pierluigi Collina, FIFA salió a desmentir lo dicho por el entrenador y explicó cada una de las jugadas por las que Egipto cree haberse visto perjudicado.
La explicación de FIFA ante las polémicas
“Cada vez que se marca un gol, el VAR revisa la fase de posesión en ataque. Si se observa una falta en la elaboración de la jugada y se considera que ha influido en el gol, el VAR recomendará una revisión en el terreno de juego. No hay ningún límite preestablecido con respecto a la distancia a la portería o el tiempo transcurrido entre el incidente y el gol”, arrancó explicando el ex árbitro FIFA.
“Vimos un ejemplo de esta situación en el Argentina-Egipto, donde el número 19 egipcio, Marwan Attia, pisa claramente al número 6 argentino, Lisandro Martínez. Una falta es una falta. Independientemente de que parezca ‘obvia’, si el árbitro no la ha visto sobre el terreno de juego, el VAR puede intervenir”. dijo sobre el gol anulado a Egipto.
Luego explicó la jugada que se dio en el área de Argentina, en el que muchos pidieron penal por un toque de Julián Álvarez sobre Mohamed Salah. justamente justo antes del gol de Enzo Fernández: Histórico silbato, riguroso en cada uno de sus fallos, Collina explicó: “Del mismo modo, si no se observa ninguna falta en una jugada que acaba en gol, el VAR se lo notificará al árbitro. Pisar a un rival es falta. En cambio, si un defensor toca primero el balón y, a continuación, se produce un contacto normal entre los jugadores, no se considera infracción. De nuevo, tuvimos un ejemplo de esta situación en los últimos minutos del mismo partido. Tanto el árbitro como el VAR consideraron que entre el número 10 de Egipto, Mohamed Salah, y el número 9 de Argentina, Julián Álvarez, se produjo un contacto normal en el fútbol”.
Finalmente cerró aplaudiendo lo hecho por letrexler durante el encuentro: “Por supuesto, algunas decisiones siempre tienen cierto componente subjetivo, pero estamos satisfechos con el modo en que se ha aplicado este principio a lo largo del torneo”.
FIFA,Argentina
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Una extraordinaria marca que aún se mantiene en el fútbol argentino: a 45 años del récord de Carlos Barisio

“Vamos a la cancha”. Con ocho años y una creciente pasión por el fútbol, mis oídos no podían recibir mejores palabras. Más aún, si eran dichas por mi viejo, que tanto tuvo que ver con ese amor por la número cinco. Era un feriado frío y lluvioso, cerca del mediodía, cuando me amplió la propuesta con más datos: “En la cancha de Ferro puede suceder un hecho histórico y me gustaría que lo vieras”. Mi vieja apuró el almuerzo con mano sabia, nos abrigamos bien y los dos caminamos cuatro cuadras hasta la estación Sáenz Peña de la línea A, para tomar el subte que nos iba a depositar en Caballito aquel 9 de julio de 1981.
El récord de Barisio. Esa marca que parecía imposible de batir, desde que el legendario Antonio Roma la había clavado en 783 minutos con la valla invicta, en la lejanía de 1969. Ferro era un equipazo, y entre sus muchas virtudes, estaba la solidez defensiva. Una última línea que sale de memoria, 45 años más tarde, aún para quienes nos son hinchas de ese equipo: Barisio; Gómez, Cuper, Rocchia y Garré.
Mi viejo fue un médico admirable y admirado, que dedicó gran parte de su vida al estudio y la investigación. Futbolero en su niñez y adolescencia, teñida con los colores de River. Le gustaba jugarlo y verlo, pero sin ser fanático. Al ingresar a la facultad, se abocó de lleno, ya no siguió a su equipo y apenas se enteraba de los resultados de los partidos. Fue un paréntesis de 10 años. Hasta que, a su único hijo, apenas terminada la final del Mundial ‘78, se le desató la pasión por este deporte, que él supo acompañar, llevándome a distintas canchas y escuchando por radio aquellas jornadas inolvidables de domingo con todos los partidos a la misma hora.

El campeonato de 1981 tuvo el estruendo del pase de Maradona a Boca, que conmocionó al ambiente. Para paliar este impacto, River fue en busca de Mario Kempes, que actuaba en el Valencia de España, para sumarlo a su constelación de estrellas. Los Xeneizes, también incorporaron a Miguel Brindisi, que sería uno de los mejores socios de Diego.
Lo más lógico era que entre ambos equipos se disputaran el título. Sin embargo, Ferro tenía otros planes. Carlos Griguol había llegado a principios de 1980, comenzando un paciente trabajo, con un plantel equilibrado, inteligente y con hambre de cosas grandes. El Viejo Timoteo fue un adelantado. Con un dinero que tenía ahorrado, como relató alguna vez, en lugar de comprarse un auto, decidió invertirlo en un equipo de video cassette, super innovador para la época, donde grababa los partidos de su equipo y de los futuros rivales, para luego reproducirlos en el entonces moderno sistema de VHS.
Desde ese laboratorio, salían las ideas que se iban plasmando en los entrenamientos del estadio de Caballito y en el campo de deportes de Pontevedra. River prontamente se bajó de la pelea por varios factores: un Kempes que no llegó en el mejor estado físico, el ciclo de Ángel Labruna con el desgaste de seis años y el mazazo de la eliminación en la fase de grupos de la Copa Libertadores, su gran asignatura pendiente, ante Deportivo Cali.

Boca parecía encaminarse al título, pero Ferro le opuso resistencia, siguiéndolo de cerca, no aflojando nunca y desestimando a los agoreros que nunca faltan, que sentenciaban el “ya se va a caer”. Tuve ocasión de entrevistar a Carlos Barisio, que nos dejó en 2020, y así recordaba el funcionamiento de ese cuadro inolvidable: “Estaba todo tan bien sincronizado y trabajado que nos entendíamos casi sin mirarnos entre los cinco. Ferro era un chico, pero con espíritu de grande. Un arquero de equipo chico recibe muchas situaciones de gol por partido. La defensa era tan buena que casi no me llegaban, pero tenía que estar atento y no fallar en esos momentos. Era mucha concentración durante los 90 minutos. Llegaba a mi casa y parecía que me había pasado un tren por encima (risas)”.
Ese jueves 9 de julio, con fecha entre semana, la diferencia entre ambos era de dos puntos y enfrentaban a equipos que estaban en la mitad de la tabla. Boca jugaba con Vélez en la Bombonera, al tiempo que Ferro recibía a Instituto. La expectativa estaba repartida, pero apenas comenzados los partidos, Maradona convirtió un gol que daba tranquilidad a la parcialidad azul y oro. En Caballito los minutos pasaban y la gran expectativa era poder ver si Barisio llegaba a la hazaña. Marca que casi se frustra, como él mismo evocó: “Ese día hice la mejor atajada de mi vida, antes de batir el récord. Saccardi fue a cubrir a Garré que se había ido al ataque y le ganó la posición al puntero derecho Rodolfo Rodríguez. Al tener la pelota, quiso cambiar de frente para salir con Mario Gómez, nuestro lateral derecho, pero se la puso en el pecho a Juan José Meza, el excelente número 10 de ellos, que estaba en la medialuna. La mató y le pegó fuerte, abajo a la derecha mía. Volé y la saqué con lo justo”.

En mi memoria quedó grabada esa tarde. Con la ansiedad de los plateístas de Ferro, que miraban en forma incesante sus relojes, esperando que llegasen los 23 minutos del segundo y soltar la felicidad del récord. También, la locura que se desató en un instante en particular. El árbitro Juan Carlos Ponfil había pitado el final y los jugadores iban camino a los vestuarios, tras un deslucido 0-0. Allí se produjo un estruendo que se activó cual onda expansiva. Las radios portátiles trajeron la novedad del empate de Vélez, anotado por su máximo goleador y a la postre, ídolo de Boca: Carlos Bianchi.
A los 10 del segundo tiempo, Miguel Ángel Juárez, el artillero de Ferro, convirtió el primero, que hizo delirar a todos, superando a Guibaudo con un remate bajo y enseguida, Rocchia de cabeza puso el 2-0. Era la tarde soñada, solo había que esperar que llegase el momento. Y allí fue, cuando el árbitro detuvo el juego, porque Barisio era el nuevo hombre récord de nuestro fútbol: “Fue algo muy emocionante, compartido con los muchachos de Instituto, que me vinieron a abrazar. Recuerdo especialmente a Krasusemann, un defensor, que lloraba y al mono Guibaudo, que se cruzó desde el otro arco. Ese día había venido a verme mi mejor amigo, que se quedó esperando en la calle, apoyado en un árbol, porque tardé mucho en poder salir. Nos abrazamos y le dije: ‘Acompañame a Canal 9 que me invitaron a Polémica en el bar (el programa más visto)’. Tenía que llegar a una determinada hora, porque se grababa antes y había que compaginarlo. Pensé que iban a ser un par de preguntas y listo, pero me hicieron actuar con esa gran mesa que conformaban Minguito Altavista, Rolo Puente, Mario Sánchez, Julio de Gracia y el gordo Porcel. Estaba más nervioso en el momento de entrar en escena que cuando batí el récord (risas)”.
Pero la montaña rusa de sensaciones para Carlos no había concluido ahí: “Llevé a mi amigo hasta Tigre y luego tenía que pasar a buscar por la casa de mi suegra en Escobar a mi esposa y el nene más grande, que entonces tenía tres años. Luego de dejar a mi amigo, me quedé por primera vez solo. Puse la radio y hablaban de mí, entonces puse música. Me relajé y comencé a acelerar, sin tener noción de la velocidad por Panamericana. Calculo que iría a 150 cuando agarré un badén de agua, porque llovía bastante y me fui de golpe a la banquina. Me asusté. El médico luego me dijo que era lógico lo que me había pasado. Lo más emocionante fue llegar a mi casa en San Isidro, subir hasta el departamento del décimo piso y ver toda la puerta llena de mensajes de los vecinos con las felicitaciones. Ese fue el mejor premio, porque se referían primero a mí como persona”.

Con otro gol de Juárez y uno del Beto Márcico, Ferro redondeó un contundente 4-0, al tiempo que Boca igualó con Vélez. Los muchachos de Timoteo ya estaban solo a un punto de la cima. Las emociones para el arquero, se extendieron un poco más: “Recién caí al otro día, cuando llegué al entrenamiento y estaban Amadeo Carrizo y Antonio Roma, dos glorias del arco, que los habían citado para que hiciéramos una nota los tres juntos para la revista Estadio. Yo había estado en la cancha de Vélez, el día que Amadeo había batido el récord, porque estaba en la tercera de River. Increíbles las vueltas de la vida. Amadeo fue un maestro. Cuando jugaba en las inferiores me decía: ‘Pibe, cuando termines de entrenar y nosotros hagamos fútbol, venite y te sentás atrás mío, para ver como hago las cosas’. Un genio”.
El domingo, alcanzó a Boca en lo más alto de las posiciones, al superar a Central 2-0. La marca de Barisio se extendió también ante Racing una semana después. En la jornada siguiente, frente a Talleres, Ferro ganaba 1-0 y se mantenía en la punta, hasta que, faltando dos minutos, el récord fue un recuerdo. “Promediaba el segundo tiempo y veníamos tranquilos. De repente vi que comienza a hacer calentamiento para entrar en Talleres Humberto Bravo. No, por favor pensé, este tipo es un goleador nato. Ingresó y entre Cuper y Rocchia lo controlaron, hasta que faltando dos minutos la paró con el pecho en el borde del área y la clavó en un rincón. Me hizo un golazo. Igual si no era ahí, era en el partido siguiente con Boca en la Bombonera (risas)”.
Ese cruce a tres fechas del cierre del torneo, fue una final anticipada. El gol de Bravo que le sacó el invicto a Barisio, también dejó a Ferro un punto debajo de su rival. “La llegada al estadio fue increíble. El vestuario visitante está debajo de La 12, imaginate. Temblaba todo. Lo preparamos de la misma manera que los anteriores, nada especial. Griguol no quiso marca personal para Maradona, había que tomarlo desde donde arrancara, pero era una cosa de locos. No merecimos perder esa tarde, pero Diego es de otro planeta. Si tenía una, cambiaba la historia y así fue: le puso un pase maravilloso a Perotti, que me definió perfecto, bien al lado del palo, me pasó rozando el guante. Años después, viendo el video, no puedo creer la avalancha que hubo detrás de mí. No se cuánta gente hubo ese día, pero seguro cerca de 80.000 personas. Cuando nos saludamos al final, recuerdo que Diego nos dijo: ‘Ustedes tienen un equipazo. Los felicito’”.
El título fue para Boca, con la ya mítica vuelta olímpica de Maradona. Ferro quedó apenas un punto por detrás, como antesala de la gloria que llegaría un año más tarde, con la conquista de su primer título en la máxima categoría. Han pasado 45 años y el récord de Barisio sigue intacto. Como el recuerdo de aquella tarde inolvidable para el pibe de 8 años, que le respondió con un sí inmenso a la mejor propuesta que le pudo hacer su papá.
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Alerta en Boca Juniors en el mercado de pases

Boca Juniors en la victoria por 1 a 0 frente a Athletic Paranaense. Foto: Twitter @BocaJrsOficial
Boca Juniors estaría por perder a uno de sus mejores jugadores para este semestre. En pleno mercado de pases, el Napoli tomó la delantera para quedarse con los servicios de Exequiel «Changuito» Zeballos y ya aparecen versiones que indican que la negociación podría cerrarse en los próximos días. La situación contractual del futbolista obliga a la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme a evaluar seriamente una venta para evitar que el jugador pueda marcharse sin dejar dinero en las arcas del club.
El contrato del Changuito finaliza en diciembre de 2026 y, pese a los intentos de Boca Juniors por renovar el vínculo, las conversaciones con el entorno del futbolista no llegaron a un acuerdo. Ese escenario cambió por completo el panorama y abrió la puerta a una transferencia durante este mercado de pases.
Napoli, el mejor posicionado
El conjunto del sur de Italia aparece como el principal candidato para quedarse con Zeballos. Según trascendió, el interés del Napoli es concreto y las conversaciones ya comenzaron para intentar cerrar una operación que rondaría los 10 millones de dólares, una cifra que Boca considera razonable teniendo en cuenta la situación contractual del delantero.
En el Xeneize entienden que el extremo todavía tiene un importante potencial de crecimiento y que el fútbol europeo representa una oportunidad ideal para continuar su carrera. Además, el propio jugador siempre manifestó su intención de dejarle un rédito económico al club que lo formó, por lo que una venta aparece como la salida más beneficiosa para todas las partes.
Boca espera una oferta formal
Por el momento, la negociación todavía no está cerrada y en Boca Juniors aguardan una propuesta oficial para comenzar a definir el futuro del futbolista. Mientras tanto, Zeballos continúa entrenándose con normalidad y mantiene el foco puesto en la competencia, aunque todo indica que podría estar transitando sus últimos días con la camiseta azul y oro.
Si el Napoli presenta una oferta que satisfaga las pretensiones económicas de la dirigencia, el Changuito tendría su primera experiencia en el fútbol europeo y pondría punto final a un ciclo en el que mostró destellos de su enorme talento, aunque también estuvo marcado por las lesiones que frenaron su crecimiento en varias oportunidades.
Con el dinero que podría ingresar por esta venta, el Xeneize podría terminar de cerrar la vuelta de Sebastián Villa en este mercado de pases. Uno de los pedidos primordiales que realizó Rodolfo Arruabarrena a la dirigencia para afrontar el Torneo Clausura de la Liga Profesional y la Copa Sudamericana.
Boca Juniors,mercado de pases
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