POLITICA
El plan de Milei para blindar la economía del ruido político: superávit, dólar estable y rebote económico

El Gobierno consiguió mantener el superávit fiscal y financiero pese a la caída de la recaudación. El FMI aprobó la revisión de las cuentas públicas y liberará para la Argentina otros US$ 1000 millones. El Banco Central, por ahora, no levantará el cepo para las empresas y ya compró casi US$ 8800 millones en los primeros cinco meses del año. Javier Milei anunció además una baja de retenciones para el campo y la actividad económica mostró en marzo una recuperación de 5,5% interanual.
Todas esas medidas y resultados, aun con matices, son consecuencia de una decisión que el Gobierno mantiene desde el inicio de la gestión: sostener un control férreo del gasto público. Es un compromiso que Milei asumió con el FMI y que cumple incluso a costa de postergar pagos de deuda flotante. El objetivo es preservar dos pilares que el oficialismo considera inamovibles: el superávit fiscal y la estabilidad cambiaria.
El plan económico avanza, aunque con zonas grises como la lenta recuperación del poder adquisitivo. Y, tal vez por primera vez en la Argentina, parece moverse sin quedar condicionado por el ruido político.
Durante la semana escaló la interna oficialista. No fue un enfrentamiento con la oposición sino una pelea dentro del propio Gobierno, expuesta a cielo abierto. Una fractura que dejó al descubierto tensiones de poder.
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La gestión política ya venía afectada por las derivaciones del caso de Manuel Adorni. Resulta difícil entender por qué Milei decidió soportar las críticas por no desplazar de inmediato a su jefe de Gabinete y todavía más difícil comprender la demora en la presentación de su declaración jurada. Patricia Bullrich, que semanas atrás había cuestionado públicamente esa situación, se adelantó y presentó la suya. Otro gesto para marcar diferencias dentro del oficialismo.
A eso se sumó el conflicto entre Santiago Caputo y Martín Menem. Se trata de una disputa interna más, aunque esta vez con exposición pública. Hace una semana, el asesor presidencial publicó un mensaje dirigido contra el presidente de la Cámara de Diputados. Hubo respuestas, cruces y acusaciones. Con el correr de los días, Milei intentó equilibrar la situación: sostuvo que Caputo es “su hermano del alma” y al mismo tiempo elogió la tarea de Menem al frente de Diputados.
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La pelea, sin embargo, continuó. Los “celestiales” acusaron a Menem de haber engañado al Presidente. Luego, el tercero en la línea de sucesión presidencial buscó bajar la tensión al señalar que estos conflictos se resuelven “dentro del vestuario” y que el entorno de Caputo no debería subestimar a Milei.
Esta semana no se reunió la mesa política del oficialismo. Pero el martes próximo Menem y Caputo volverán a verse cara a cara.
Dos mundos paralelos
Hay distintas maneras de interpretar estas guerras digitales. El filósofo español Daniel Innerarity sostiene que los conflictos virtuales tienen un aspecto positivo: quedan confinados al plano simbólico y excluyen la violencia física. Hay capturas de pantalla, hashtags, posteos y ataques cruzados, pero no golpes ni sangre. “Es una interna de metaverso”, define un senador aliado del oficialismo.
Sin embargo, existe otra lectura, igual de pertinente: ese clima genera ruido político, distrae de la gestión, paraliza la agenda de gobierno y termina opacando cualquier iniciativa. Un proyecto tratado en el Congreso, una inversión o incluso la aprobación del FMI quedan relegados por la pelea interna.
La verdadera novedad, por ahora casi inadvertida, es que ese ruido político no parece trasladarse a la economía.
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El modelo económico luce inmune a las disputas internas y mantiene su propia dinámica. Las oscilaciones que puedan verse en el riesgo país o en la Bolsa tienen más relación con movimientos internacionales o, en todo caso, con el todavía lejano riesgo electoral que representa el peronismo.
También Mauricio Macri criticó esta semana al Presidente. Dijo que Milei “se siente un profeta” y cuestionó su intolerancia. Pero tampoco hubo impacto visible en el modelo económico. Lo mismo ocurrió cuando Unión por la Patria, la izquierda y el socialismo intentaron frenar en Diputados la sesión sobre Zonas Frías para introducir el debate por la interpelación de Adorni. El intento no prosperó.
Por ahora parece distante la posibilidad de que el peronismo logre un liderazgo unificado y fuerte, el único escenario que el mercado considera potencialmente capaz de alterar el rumbo económico. A diferencia de la tensión que domina la cima del poder político, en el Ministerio de Economía y en el Banco Central prevalece una lógica más prudente.
Menos motosierra, más recaudación

El ministro de Economía, Luis Caputo, empieza a advertir que el margen para profundizar el ajuste es cada vez menor. Seguir generando superávit exclusivamente mediante recortes ya no parece suficiente.
El gasto público representa hoy el 15% del PBI, varios puntos menos que el pico de 24,6% alcanzado en 2020. Con una estructura estatal más reducida, cada nuevo recorte produce un impacto menor. Además, dentro del oficialismo también entienden que la motosierra ya no tiene el mismo efecto simbólico que en 2023. Entonces predominaba la expectativa; ahora aparece un mayor cansancio social, incluso entre quienes apoyan el programa económico.
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Es probable que Milei conserve fortaleza electoral, pero también que necesite construir un discurso diferente al de hace cuatro años. El desafío, ahora, es crecer y recaudar más.
Durante la semana, Milei volvió a defender el rumbo económico en exposiciones realizadas en el Malba y en una universidad privada. Ratificó que el desarrollo económico no depende del Estado sino de los empresarios, que ahora —según dijo— pueden acceder a financiamiento más barato.
También sostuvo que no forma parte de la filosofía del Gobierno intervenir para “calibrar precios”. Y volvió a diferenciarse de Macri, a quien criticó por no haber realizado el ajuste fiscal desde el comienzo de su mandato.
La recuperación empezó a mostrar señales

Mientras continúa el ajuste, empiezan a aparecer algunos datos económicos alentadores, aunque todavía desiguales.
Las exportaciones alcanzaron un récord de US$ 8914 millones.
Los salarios volvieron a perder contra la inflación en marzo. Según el Indec, los ingresos del sector registrado —privado y público— crecieron 7% promedio en el primer trimestre, frente a una inflación acumulada de 9,4%. También quedaron por debajo en la comparación interanual.
Sin embargo, marzo mostró un cambio parcial: los salarios del sector público, el segmento más golpeado, crecieron 5% y comenzaron a recuperar parte de lo perdido en el último año. Aun así, el salario disponible sigue presionado. Un estudio de la UBA-Conicet indicó que entre abril y mayo el costo de la canasta de servicios públicos subió 17%, impulsando los gastos fijos de los hogares.
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La desaceleración de la inflación minorista sigue siendo uno de los datos más favorables. El índice marcó 2,6% y el Gobierno estima que este mes podría cerrar cerca de 2,2%. Pero el alivio convivió con un salto en la inflación mayorista, que trepó a 5,2%, más del doble de la inflación minorista.
Caputo atribuyó esa suba al impacto internacional del petróleo y sus derivados, como combustibles, aceites y plásticos. Según explicó, descontando ese efecto, la inflación mayorista habría sido de 1,1%.
La incógnita es cuánto de ese aumento trasladará la industria a los precios minoristas. Por ahora, el traslado aparece limitado por una demanda que todavía no termina de reaccionar.
El dato más relevante de la semana fue la recuperación de la actividad económica: creció 5,5% interanual y 3,5% respecto de febrero, mes en el que había caído 2,1%. La mejora alcanzó a todos los sectores, incluida la industria, que avanzó 4,6%.
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Marzo y abril dejaron además otros indicadores positivos. En febrero volvió a crecer el empleo registrado tras ocho meses de caída. En marzo aumentó la utilización de la capacidad instalada de las empresas, que llegó a 59,8%, cinco puntos por encima del mismo mes de 2025. El Índice de Producción Manufacturera subió 5% interanual y la construcción avanzó 12,6%.
La inflación minorista de abril fue de 2,9% y las proyecciones oficiales ubican la de mayo entre 2,1% y 2,5%.
La pregunta sigue siendo la misma: ¿el bolsillo llega más holgado a fin de mes? Por ahora, para muchos sectores la respuesta todavía es negativa. Pero una sucesión de datos positivos como la que empezó a insinuarse en los últimos meses puede modificar gradualmente las expectativas sociales.
Javier Milei, Luis Caputo, Dólar, La Libertad Avanza
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Jorge Macri celebró el fallo que revocó la decisión de la jueza De Marinis: “Si quieren legislar, vayan al Congreso”

El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, celebró la decisión de la Cámara de Apelaciones en lo Penal de la Ciudad que revocó el fallo de la jueza Laura Beatriz De Marinis, quien había declarado inconstitucional la aplicación del nuevo Régimen Penal Juvenil y sobreseído a un adolescente de 14 años.
“Un necesario freno al garantismo judicial. La ley está para cumplirse. Si quieren legislar, vayan al Congreso”, publicó Jorge Macri en sus redes sociales después de que se conociera la resolución del tribunal de alzada.
La Cámara no solo dejó sin efecto la decisión de la magistrada, sino que también dispuso apartarla del expediente. De esta manera, el caso deberá continuar con otro juez, que podrá investigar al adolescente de 14 años por la tentativa de robo.
El nuevo Régimen Penal Juvenil, establecido por la Ley 27.801, fijó en 14 años la edad mínima de responsabilidad penal y comenzó a regir el 5 de septiembre.
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El Estado cambia la forma de auditarse: la SIGEN actualizó sus reglas tras casi 25 años

La Sindicatura General de la Nación (SIGEN) actualizó las reglas que rigen la auditoría interna en el Estado. Después de más de dos décadas de vigencia, las Normas de Auditoría Interna Gubernamental (NAIG) fueron reformuladas para incorporar los cambios producidos en la administración pública, los nuevos riesgos y los avances tecnológicos.
La decisión quedó formalizada a través de la Resolución SIGEN N° 292/2026, que deja sin efecto las normas aprobadas en 2002 y establece un nuevo marco técnico y metodológico para la actividad de auditoría interna en el Sector Público Nacional y las Universidades Nacionales.
La actualización no supone un quiebre con el modelo anterior. Parte de la experiencia acumulada durante más de veinte años y suma nuevos criterios y prácticas profesionales para fortalecer el sistema de control interno.
Uno de los principales cambios es la concepción de la auditoría como una herramienta que no solo revisa lo ocurrido, sino que también identifica riesgos, anticipa problemas y aporta información para mejorar la toma de decisiones.

Del control que revisa al control que anticipa
Las nuevas Normas de Auditoría Interna Gubernamental fortalecen la independencia y objetividad de la auditoría interna y amplían su función como instancia de aseguramiento y asesoramiento estratégico.
El nuevo enfoque pone el acento en la gobernanza, la gestión de riesgos y el control, con una mirada orientada a generar recomendaciones y oportunidades concretas de mejora.
La idea es que la auditoría pueda aportar una visión prospectiva y basada en evidencia sobre el funcionamiento de las organizaciones públicas.
Tecnología y nuevos riesgos
La transformación tecnológica ocupa un lugar central en las nuevas normas.
Las Normas de Auditoría Interna Gubernamental incorporan el uso de herramientas tecnológicas para la recopilación, análisis y evaluación de información, además de contemplar la gestión de recursos tecnológicos y los riesgos asociados a su utilización.
También se profundizan las capacidades profesionales requeridas para los equipos de auditoría, entre ellas conocimientos actualizados, análisis de riesgos, herramientas de datos y capacidad para comunicar con claridad sus conclusiones.
En otras palabras, si cambió la forma de gestionar el Estado, también tenía que cambiar la forma de controlarlo.
Un control con mirada productiva
Otro de los ejes de la actualización es la incorporación de un enfoque productivo de la acción pública.
Las nuevas normas establecen que la auditoría debe prestar especial atención a los costos y gastos innecesarios, la calidad de los bienes y servicios, el impacto económico de los controles y los indicadores de desempeño.

Incluso las recomendaciones de nuevos controles deberán contemplar la relación entre costo y beneficio, y considerar tanto los riesgos que se busca reducir como los posibles efectos sobre los procesos de gestión.
“La auditoría tiene que ser una herramienta útil para la gestión. Controlar no es poner obstáculos: es ayudar a que las cosas se hagan mejor”, señaló Alejandro Díaz, síndico general de la Nación.
Una agenda que también estuvo en el Congreso
La actualización de las Normas de Auditoría Interna Gubernamental se conoce después del 2° Congreso Internacional de Control Gubernamental, organizado por la SIGEN bajo el lema “La auditoría pública frente a los desafíos del siglo XXI”.
Durante tres jornadas, especialistas, funcionarios y referentes del control de distintos países debatieron sobre innovación, tecnología, gestión de riesgos, calidad y las transformaciones que enfrenta el Estado.
El encuentro reunió a más de 750 visitantes acreditados, 42 speakers y representantes de 11 países, y recibió más de 60 trabajos en el marco del concurso de ponencias sobre innovación y nuevos desafíos para el control gubernamental.

En ese contexto, las nuevas NAIG representan un paso concreto en una agenda que busca adaptar el control público a una gestión cada vez más compleja y tecnológica.
Cinco componentes y 13 principios
El nuevo marco organiza las normas en cinco componentes y 13 principios, que abarcan el propósito de la auditoría, las condiciones para su ejercicio, el gobierno de la función, su gestión y el desempeño de los servicios de auditoría.
El esquema incorpora, además, criterios de planificación basada en riesgos, gestión de recursos, tecnología, comunicación, calidad y mejora continua.
Las nuevas normas también contemplan requisitos mínimos para un Sistema de Gestión de la Calidad de las Unidades de Auditoría Interna.
Después de más de veinte años, la SIGEN actualiza así el marco que regula la auditoría interna gubernamental y consolida una visión del control como una herramienta para mejorar la gestión, cuidar los recursos públicos, prevenir riesgos y generar valor para el Estado.
POLITICA
La delgada línea entre el milagro y la catástrofe

Javier Milei y Axel Kicillof convivieron dos días bajo el cielo de Nueva York sin verse, pero como si se persiguieran con las palabras. Desplegaron un duelo de desmesuras ante inversores y políticos. Donde el presidente libertario ve un boom de crecimiento y consumo, una Argentina a la que “los dólares le salen por las orejas”, el gobernador peronista distingue “una catástrofe”, un desierto de empresas quebradas y desempleo masivo. Lo que dejaron fue una estela de desconfianza, acompañada por una suba del riesgo país hasta el nivel más alto desde abril.
La doble visita resultó una puesta en escena del carácter provisorio de la transformación que experimenta la Argentina. Milei ha optado por aferrarse a la polarización con el kirchnerismo, o sus herederos, y esa decisión lo expone delante de los actores económicos a los que seduce para que se lancen a invertir.
Su lógica de empujar reformas del 50%, sin buscar mínimos puntos de consenso con una oposición a la que baña de insultos a diario, cubre su programa de un manto de incertidumbre. Lejos de ser una brújula fiable, el famoso “rumbo” queda sometido a un examen permanente de opinión pública. Preso de los resultados de corto plazo. El apego al equilibrio fiscal, la nueva legislación laboral, la apertura comercial, el incentivo a las grandes inversiones del RIGI y el alineamiento geopolítico con Estados Unidos se asumen como decisiones personales de Milei.
“Si aparecen pelotudos hablando por Nueva York, (el riesgo país) sube, obvio”, dijo Milei el miércoles, cuando la tasa ya superaba los 550 puntos. Aludía a Kicillof, por ahora el dirigente que lo sigue más de cerca en las encuestas de intención de voto presidencial, aunque todavía le quede un pedregoso camino para afianzarse como el candidato del peronismo. Lo llamó “enano soviético” y otras lindezas por el estilo ante auditorios que tienen un temor innato a los políticos de inclinación intervencionista.
Agitar el “riesgo kuka” es un cuchillo de dos filos. Agrupa a un sector del electorado al que le causa escalofríos el recuerdo de los gobiernos kirchneristas, pero vuelve conservadores a los que mueven el dinero. Lo sabe el ministro Luis Caputo, que por eso hace tiempo decidió declarar que, a su juicio, es imposible que en 2027 el peronismo vuelva a gobernar el país.
Pero la tentación de culpar al enemigo es más fuerte cuando la economía no llega al lugar que el Gobierno espera. A estas alturas del año, Milei y Caputo proyectaban que la inflación habría caído por debajo del 1 por ciento mensual y que el crecimiento sería perceptible para la mayoría de la población. Tienen, en cambio, la actividad en retroceso, el empleo planchado, niveles de mora crediticia récord y movimientos de precios que aún impiden un despegue de los salarios.
Como consecuencia de este presente de estabilidad escuálida, el liderazgo de Milei en la carrera presidencial se ha vuelto difuso.
El ministro de Economía, que llegó a imaginar las elecciones del año que viene como “un paseo por el parque” para los libertarios, se desvive por garantizar un blindaje de reservas que le permita pulsear con el mercado en la temporada de votación. El objetivo número 1 de su gestión es evitar una corrida cambiaria ante el miedo a un vuelco radical en las reglas de la economía. La estabilidad se mantiene como el mayor tesoro a cuidar. La tasa de inflación de agosto, de 1,7% y la más baja en 14 meses, lo invita a perseverar en esa dirección.
Milei ajusta las promesas al andar. Los “mejores 18 meses” de la historia que según Caputo iban a empezar en abril se mudaron a un futuro hipotético. “Si somos reelectos, el 2028 va a ser el mejor año de la Argentina”, pontificó el Presidente el jueves. Un arquero que no para de correr el arco. Fue otra invitación a que los grandes jugadores del mercado profundicen su inclinación al “esperar y ver”.
El dilema peronista
Kicillof buscó aguarle la fiesta. En sus charlas con financistas y políticos refutó la orientación liberal y desreguladora de Milei. Se presentó como defensor de un rol fuerte del Estado en la economía, habló de una “tragedia educativa” y descalificó la doctrina trumpista de intervención en la región. A su propuesta le falta aún una definición nítida sobre cuál es la receta que lleva al crecimiento. En las últimas semanas mencionó al pasar la necesidad de “orden económico”, sin que surja aún de esas palabras un mensaje explícito contra el prejuicio muy extendido de que un triunfo del peronismo implicaría el regreso de la inflación desbocada.
Ni él ni ninguno de los integrantes del disuelto Frente de Todos ha ofrecido una explicación concreta sobre por qué fracasó el gobierno de Alberto Fernández y qué se hizo mal para que al entregar el mando la inflación interanual fuera del 211%. Sergio Massa, el ministro de Economía que perdió contra Milei, no volvió a hablar en público sobre su gestión. Cristina Kirchner mantiene la centralidad a pesar de estar en prisión domiciliaria y se limita a recordar que ella señaló en su momento las disidencias con Fernández. Una verdad a medias, porque nunca abandonó en aquellos años la jefatura del oficialismo y el poder sobre áreas centrales de la administración.
La carencia de una autopsia del último gobierno peronista opera como un freno de mano en la renovación opositora. Contrasta con lo que hizo Mauricio Macri después de su derrota en 2019. Él se tomó un tiempo para explicar por qué no había logrado sus objetivos económicos y concluyó que, si tuviera la posibilidad, “haría lo mismo, pero más rápido”. Esa autocrítica desdibujó a Juntos por el Cambio y anticipó a Milei.
Un peronismo sin el vigor de otras épocas, desprovisto de un liderazgo claro y sometido a batallas internas destructivas, le da a Milei oxígeno para pensar cómo salir del laberinto del estancamiento económico. La imagen positiva que perdió el Presidente no engorda a sus rivales. Pero el descontento social y las expectativas menos optimistas respecto del futuro producen efectos inmediatos en el plano político.
Sin esas condiciones, sería impensable el libertarianismo crítico que ensaya Patricia Bullrich o la candidatura en gestación del economista Hernán Lacunza desde el Pro, a pesar de que, en paralelo, Macri y la hermana del Presidente abrieron la negociación de una alianza de alcance nacional. “Tengo mucha confianza en que los argentinos van a quedarse con la versión del cambio de primera mano, no con la segunda marca o la tercera”, dijo Milei el jueves, en lo que pareció un mensaje a quienes lo desafían desde su andarivel ideológico.
Los retrocesos de Milei
Esa rigidez narrativa contrasta a menudo con la dinámica real de su gobierno. Milei no pacta de antemano, pero suele retroceder después. Empuja reformas sin acuerdos previos y frena cuando la realidad le pone un límite. Solo lo disimula con una pose dogmática y palabras incendiarias.
Se volvió el primer malvinero después de la oalista que se impuso a raíz del partido del Mundial entre Argentina e Inglaterra. Tardó en entenderlo y lo asumió cuando debió resignar las modificaciones a la ley de tierras que impulsaba como parte esencial de su revolución. Esta semana, ante la Asamblea General de la ONU, se presentó como el único presidente argentino dispuesto a pasar a la acción para recuperar la soberanía, pese a que su mayor gesto hasta ahora ha sido proponer una versión más dura de una ley vigente desde 2011 para sancionar a las empresas que extraen recursos en las islas y el mar circundante.
Otro giro sin sutilezas se dio en la discusión por el financiamiento para el área de discapacidad, al renunciar a los recortes que había impulsado la semana pasada en el texto del presupuesto 2027. La reacción política y social desató un clamor de los propios. El clima ya no está para presumir de crueldad con los más débiles, como solían hacer algunos de los libertarios más conspicuos. Aquellos que desafiaban en redes sociales a un chico autista o usaban como insulto el término “mogólico”.
Los aliados parlamentarios están menos propensos a convalidar nuevos ajustes impopulares. “Hay campo fértil para que nos toreen con leyes que amenazan el superávit fiscal. Ya pasó el año pasado antes de las legislativas”, dice uno de los integrantes de la conducción legislativa de La Libertad Avanza. Milei llama a no ceder, salvo en los casos que lo expongan a una crisis.
El termómetro del humor social aconsejó también pasar a pérdida a Manuel Adorni, que el lunes explicó ante los tribunales que había hecho su patrimonio gracias a ganancias extraordinarias con criptomonedas que ocultó al fisco durante años. Contó que guardó en su casa casi 600.000 dólares en 2017 y vivió con disimulo, austeramente, hasta que fue designado en el Gobierno, a finales de 2023. Milei no volvió a clamar la inocencia de su amigo. En las redes sociales no hubo ni un “fuerza, Manu”. El vocero Adrián Ravier se limitó a decir que será la Justicia la encargada de determinar si la explicación del exjefe de Gabinete es cierta o no. El último hilo de cortesía con Adorni consiste en mantenerle la custodia y el auto oficial.
La nueva tierra prometida
El foco del Presidente estaba puesto en la visita a Manhattan. En desplegar otra vez su oferta de una nación abierta a la inversión, destinada a convertirse en un proveedor privilegiado de minerales críticos, energía y espacio físico para el desarrollo de la Inteligencia Artificial. “Argentina es la nueva tierra prometida”, anunció en Nueva York. Explicó que su problema hoy consiste en que no se aprecie más el peso ante el auge de las exportaciones. Ahí encajó su metáfora de los dólares que nos salen por las orejas. Incluso se permitió fantasear con pasiones personales, como cuando dijo que soñaba con tener un Tesla Cybertruck negro con un león dorado para pasearse por Buenos Aires.
Pudo celebrar un acuerdo con Estados Unidos sobre proyectos de infraestructura estratégica por 7000 millones de dólares. Es otro triunfo en espera, sujeto a que el péndulo argentino no se active otra vez.
Antes de volverse, Milei describió los éxitos de lo que llama “el milagro libertario”. Refutó a los que, en línea con Kicillof, denuncian una crisis de ingresos. Dijo: “Con la baja de la inflación les devolvimos a los argentinos 100.000 millones de dólares; una inyección de dinero que se siente en el bolsillo”. Las últimas estadísticas oficiales del Indec hablan de caídas del consumo, la inversión y el empleo, y un repunte de la pobreza. Será que prendió el ejemplo de Adorni y todos decidieron guardar el dinero y vivir deliberadamente como si no lo tuvieran.
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