INTERNACIONAL
Entre USD 40,000 y USD 375.000 millones: el abismo entre las cifras y los planes que dividen a los exiliados cubanos sobre el futuro de la isla

Jorge Mas Santos, presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana y dueño del Inter Miami, calcula que la isla necesitará entre USD 40,000 millones y USD 90,000 millones para su reconstrucción. Sostiene que ese capital “no es ningún problema” si existe un marco legal adecuado, se detalla en un amplio reportaje del periódico The Miami Herald.
La cifra contrasta con la de otro experto consultado por el mismo medio. Rafael Romeu, director ejecutivo de DevTech Systems y expresidente de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana, eleva la estimación a entre USD 275,000 millones y USD 375,000 millones, repartidos en diez a quince años de trabajo.
Qué está pasando hoy con la economía cubana
Cuba atraviesa en 2026 su crisis energética más grave en décadas. La isla sufrió su séptimo apagón nacional del año el 18 de septiembre, el duodécimo desde finales de 2024, según reportó la agencia AFP.
El bloqueo de combustible impuesto por Washington en enero agravó el colapso de las termoeléctricas y dejó cortes de más de 30 horas en La Habana y de hasta 60 horas en provincias del interior.
Un estudio del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo difundido esta semana calculó que el 66% de la población cubana vive en la pobreza, frente al 45% de mediados de 2025.
La organización atribuyó el salto al encarecimiento de los alimentos. La ONU advirtió además que los apagones comprometen equipos médicos críticos, entre ellos incubadoras y respiradores, y que solo había recibido USD 42 millones de los USD 94 millones que estimó necesarios para asistir a dos millones de cubanos.
El secretario de Estado Marco Rubio volvió a marcar la postura de Washington el 23 de septiembre, durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York. “La revolución cubana ha fracasado. Ha fracasado durante más de sesenta años”, declaró ante la prensa, según recogió la agencia Reuters. Rubio insistió en que Estados Unidos prefiere una transición negociada y no una intervención militar, aunque no descartó del todo esa vía.
El propio secretario de Estado había repetido semanas antes, en la audiencia del Congreso citada por el Miami Herald, que la administración aún no identificó a “un individuo singular” capaz de liderar el proceso de principio a fin.
El 3 de septiembre, Washington sancionó además al nieto de Raúl Castro, Fidel Ernesto Castro, de 31 años, junto a cinco empresas cubanas, según informó Reuters.
El dilema de qué hacer con los comunistas
Ese trasfondo de presión económica explica la urgencia detrás de los planes que circulan en Miami desde comienzos de año. La Fundación Nacional Cubano Americana presentó esta primavera uno de los proyectos más ambiciosos: reclama una “democracia de libre mercado” con un poder judicial independiente y un gobierno “limitado, transparente”.

Mas se declaró convencido, tras reunirse con el presidente Donald Trump y con Rubio, de que “vamos a ver un cambio en Cuba”. El empresario, que preside la compañía de infraestructura MasTec, predijo una red eléctrica de primer nivel “en el primer año” y pleno empleo en un plazo de seis meses a un año tras la caída del régimen.
¿Por qué preocupa tanto el rol de los funcionarios actuales en una eventual transición cubana? Porque cualquier plan necesita administrar hospitales, cuerpos policiales y servicios básicos desde el primer día, y los exiliados discrepan sobre si conservar a esos cuadros garantiza estabilidad o perpetúa al régimen bajo otra forma.
Rubio citó como modelo las transiciones de Polonia y la República Checa, que preservaron ciertas instituciones para dar continuidad.
Una propuesta de ley redactada por la Asociación de Abogados Cubano Americanos recoge esa lógica: permite que empleados públicos conserven sus puestos si no participaron en violaciones de derechos humanos.
Mas rechaza de plano esa idea. “Los incompetentes tienen que quitarse del camino: la familia Castro, el aparato burocrático dentro de Cuba”, afirmó al Miami Herald.
Un Grupo de Trabajo sobre Cuba de la Universidad Harvard propone en cambio que las propias autoridades cubanas “faciliten” el proceso. El informe generó rechazo inmediato: el canciller cubano Bruno Rodríguez lo calificó en la red social X de “guerra psicológica” alineada con el Departamento de Estado.
Alejandro de la Fuente, profesor de historia latinoamericana en Harvard y autor del informe, defendió su postura ante el Miami Herald. “¿Cómo lo ponemos en marcha sin una invasión?”, preguntó, y aclaró que “en ningún lugar decimos que el gobierno cubano manejará la transición”.

El obstáculo del dinero internacional
A diferencia de las transiciones poscomunistas de Europa del Este, que recibieron USD 165,000 millones en apoyo multilateral entre 1990 y 1995, Cuba no puede recurrir al Fondo Monetario Internacional ni al Banco Mundial.
La Ley Helms-Burton de 1996 obliga al gobierno estadounidense a bloquear el ingreso de la isla a esas instituciones hasta que exista “un gobierno elegido democráticamente”.
Romeu, quien presentó su hoja de ruta “Cuba Día Cero” en un evento del Museo Americano de la Diáspora Cubana en julio, calcula que la isla necesita entre USD 180 millones y USD 270 millones en ayuda de emergencia para los primeros seis meses. Ese dinero cubriría salarios de funcionarios, policías y médicos.
Una recién creada Cámara de Comercio Nacional Cubano Americana reúne a familias adineradas dispuestas a invertir, pero solo después de que exista un gobierno democrático con garantías legales. Juan Omar Sixto, integrante del grupo, señaló al Miami Herald que si alcanzan su meta de cien familias, su patrimonio combinado rondaría los USD 200,000 millones.

La sombra de Oswaldo Payá
El debate actual repite tensiones que ya enfrentó Oswaldo Payá, el disidente católico que redactó planes de transición desde La Habana durante dos décadas. Su programa de 1992 proponía que el Partido Comunista no fuera prohibido y que sus cuadros mantuvieran sus funciones bajo supervisión de comisiones de transición.
David E. Hoffman, exeditorialista de The Washington Post y biógrafo de Payá, explicó al Miami Herald la tensión de fondo: “Una purga de toda la gente del antiguo régimen habría sido una calamidad (…) pero si los incluyes, entonces tienes que reconciliarte con ellos”.
Rosa María Payá, hija del disidente y líder del grupo Pasos de Cambio, sostiene en cambio que el liderazgo actual debe marcharse el primer día. Su organización impulsa el Acuerdo por la Libertad, que reúne a varios grupos opositores y prevé que “nadie será desalojado de su hogar” durante la transición.
El papel de los cubanos que se quedaron en la isla
El volumen de planificación concentrado en Miami plantea una pregunta de fondo sobre quién decidirá realmente el futuro de Cuba. El informe de Harvard calcula que tres millones de cubanos emigraron entre 2013 y 2024, una pérdida cercana al 30% de la población.

Hoffman advirtió que ya no existe dentro de la isla un trabajo de planificación comparable al que hacía Payá. “Cuba está como vacía. ¿Está su idea desactualizada? Tal vez sí lo esté”, planteó.
Una encuesta de El Toque, plataforma independiente dirigida por periodistas cubanos en el exilio, encontró que el 54% de los encuestados dentro de la isla respalda que los exiliados participen en un gobierno de transición en igualdad de condiciones. Solo el 6% los excluiría por completo.
Will Freeman, investigador del Council on Foreign Relations, organización estadounidense de análisis de política exterior, advirtió al Miami Herald que en la isla cualquier plan de transición puede verse como “una amenaza a la pequeña forma de subsistencia a la que se aferran” muchos cubanos. Hoffman, especialista en el colapso soviético, fue más categórico: las transiciones “básicamente nunca han seguido el plan” original.
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INTERNACIONAL
“Una consulta oportuna y rápida puede cambiar la historia de la enfermedad”, oncóloga guatemalteca recomienda ampliamente la prevención

La médico oncóloga Agatha Reyes recomendó conocer los factores de riesgo, realizar controles preventivos y consultar ante cambios en las mamas. También pidió no postergar la atención por miedo o inseguridad: “Una consulta oportuna y rápida puede cambiar la historia de la enfermedad”.
Factores de riesgo y medidas de prevención
Reyes señaló que la prevención comienza por conocer los factores de riesgo modificables y los que no pueden cambiarse.
Entre las medidas que las pacientes sí pueden adoptar, recomendó una alimentación adecuada, actividad física, evitar el alcohol y el tabaco, y no prolongar el uso de terapias hormonales.
La oncóloga explicó que los antecedentes genéticos no se pueden modificar. También incluyó en este grupo haber tenido la primera menstruación a los nueve o diez años y una menopausia tardía.
“Lo primero que diría es tratar de manejar o conocer los factores de riesgo de estas enfermedades”, sostuvo Reyes.
Controles, autoexamen y señales de alerta
—¿Cuándo deben iniciarse los controles preventivos?
—A partir de los cuarenta años debemos empezar a llevar un control preventivo de la enfermedad, con mamografía y ultrasonido.
—¿Por qué se recomiendan ambos estudios?
—Van de la mano porque hay lesiones que se llaman microcalcificaciones, que reflejan una enfermedad premaligna y se pueden identificar en una mamografía, pero no en un ultrasonido. En un ultrasonido podemos definir lesiones que en la mamografía no, entonces al final son complementarias.
—¿Qué ocurre si existen antecedentes familiares?
—Si tengo una familiar con antecedente de cáncer de mama. Mamá, hermana o abuela, tengo que identificar las edades en que ellas presentaron la enfermedad y, dependiendo de eso, empezar controles de manera más temprana.
—¿Cuándo conviene hacer la palpación mamaria?
—Después de siete días del ciclo menstrual. Es muy importante conocer nuestras mamas, ver en el espejo si no hay cambios en la piel, si no hay hundimientos y palparnos conforme a la orientación de las agujas del reloj.
—¿Cuáles son las señales de alerta?
—Engrosamiento en la piel, eritema, hundimiento en la mama, secreción del pezón y palpar una lesión. Todos esos son signos de alerta.
—¿El dolor es una señal suficiente?
—Muchas veces se puede ver una lesión sin necesidad de dolor. Ya cuando hay dolor, puede venir asociado a otras causas, a veces también causas infecciosas.

Recomendaciones tras el diagnóstico y durante el tratamiento
—¿Qué debe hacer una paciente cuando recibe un diagnóstico?
—Lo primero que les digo es que busquen un especialista en el área. Es muy importante que se sientan con confianza y tranquilas con el especialista que las vaya a tratar.
—¿Por qué es necesario seguir la orientación del especialista?
—Muchas veces están con el especialista, pero oyen a la amiga, a la prima y otras historias. Al final, cada historia y cada paciente es diferente.
—¿Qué recomendaciones da durante el tratamiento?
—Todo lo que coman debe ser cocido, hecho en casa y sin cáscara, porque las defensas bajan y puede haber infecciones.
—¿Qué lugar tiene la alimentación?
—En general, recomiendo una alimentación balanceada. Si tienen un tratamiento oncológico, es fundamental tener una nutricionista de la mano.

Cirugía, tratamientos y acompañamiento emocional
—¿Cuándo puede indicarse una cirugía?
—Lo ideal es identificar muy temprano una lesión muy pequeña y empezar con una cirugía. Esto también va a depender del subtipo y de qué tipo de enfermedad es: hormonal, luminal o triple negativo.
—¿La cirugía es necesaria en todos los casos?
—La cirugía es fundamental en el tratamiento. No se puede obviar.
—¿La quimioterapia y la radioterapia siempre son necesarias?
—La radioterapia depende del tipo de cirugía y de la etapa clínica en la que estamos. La quimioterapia también podría no ser necesaria, dependiendo de la etapa en que se diagnosticó.
—¿Qué apoyo se recomienda para una paciente que duda de continuar el tratamiento?
—Trabajo mucho al lado de especialistas de la salud mental, psicólogos y psiquiatras, con los cuales podemos dar apoyo emocional a los pacientes para que entiendan la importancia de los tratamientos.
—¿Qué necesita saber la paciente sobre su atención?
—Lo más importante es hablar el mismo idioma con el paciente para que tenga claro qué estamos haciendo y hacia dónde vamos.

Seguimiento médico y diagnóstico oportuno en Guatemala
Después del tratamiento, Reyes indicó que las pacientes deben mantener una vigilancia estricta durante diez años.
Durante los primeros dos años, recomendó controles cada tres meses. A partir del tercer año, las consultas pueden realizarse cada cuatro meses.
Luego del cuarto año, el seguimiento puede ser cada seis meses. Después de cinco años, puede pasar a ser anual.
La oncóloga aclaró que no existe un momento específico en el que pueda reaparecer la enfermedad. El riesgo cambia según el tipo de cáncer de mama, su agresividad y los riesgos de recurrencia.
Reyes explicó que existen cánceres de mama hormonales, HER2 y triple negativos. “Son diferentes enfermedades con un mismo nombre, que se llama cáncer de mama, pero se tratan diferente”.
En el Hospital Roosevelt, el cáncer de mama ocupa el primer lugar de incidencia entre los tipos de cáncer, según la especialista. También afirmó que los diagnósticos aparecen a edades cada vez más tempranas.
“La mayoría de los casos son localmente avanzados”, señaló. Añadió que disminuyeron los casos que se presentan inicialmente con enfermedad metastásica en otras partes del cuerpo y que empiezan a observarse diagnósticos más tempranos.
Para Reyes, una consulta rápida ante un cambio en las mamas puede modificar el curso de la enfermedad. “Estas enfermedades diagnosticadas a tiempo se curan”.
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Obama’s lengthy reaction to Omar investigation triggers instant backlash: ‘Spare me’

Former President Barack Obama sparked an online firestorm on Sunday after posting his support for Rep. Ilhan Omar, D-Minn., amid multiple federal investigations into her immigration status and finances.
«It is a basic principle of American democracy that the government can’t selectively target individuals simply because of their political beliefs or what they say,» Obama wrote. «But that’s exactly what the Trump Administration is doing to Congresswoman Ilhan Omar of Minnesota.»
The former president went on to explain in the lengthy post that the Omar situation is «appalling» and suggested the reason she is facing an investigation is that she is a critic of the Trump administration.
«Think about that,» Obama said. «The full weight of the federal government is being brought down on a law-abiding elected official because she has dared to criticize the president.»
ILHAN OMAR’S TURBULENT WEEK EXPLAINED: THE DUELING PROBES THAT THREW THE SOMALI-BORN PROGRESSIVE INTO CHAOS
Obama added, «The fact that any president, or any administration, is willing to engage in such transparent efforts to intimidate someone should outrage all Americans, regardless of how they feel about Congresswoman Omar’s political views.»
Obama’s post, viewed over 5 million times, was quickly blasted by conservatives, many of whom pointed to the political targeting that occurred during his administration, including the Internal Revenue Service (IRS) going after Tea Party groups and the Crossfire Hurricane investigation into then-candidate Donald Trump’s presidential campaign.
«This cannot be real,» conservative commentator and former FBI Deputy Director Dan Bongino posted on X. «This petty tyrant lecturing us about ‘American democracy’ is like being lectured by a screaming five-year-old about self-control. Sit down Mr. President, everyone knows who you really are.»
«Think about the utter gall of the man behind the Russian collusion hoax, and who, along with his henchmen and hitmen, helped bloom a million poisonous ‘probes’ and persecutions whereby the ‘full weight of the federal government’ was ‘brought down’ on the ENTIRETY OF THE OPPOSING POLITICAL PARTY,» Federalist senior contributor Benjamin Weingarten posted on X.
«Say, didn’t this guy bug Trump Tower?» Center of the American Experiment policy fellow Bill Glahn posted on X.
MIKE DAVIS: JUSTICE DEPARTMENT MUST BE WRAPPING UP REP. ILHAN OMAR’S CHRISTMAS PRESENT
«The original community organizer rushes to the defense of one of his protégés,» conservative commentator Dinesh D’Souza posted on X. «Both of them are part of a deliberate scheme to ‘decolonize’ America by uprooting its western and Christian roots.»
«This is the same guy whose IRS went after Tea Party groups,» conservative influencer Gunther Eagleman posted on X. «Spare me the lecture, Barack.»
«No one investigated more perceived ‘enemies’ of the administration than Obama did,» political commentator Matthew Brodsky posted on X. «Of course, if you support Abdul El Sayed, you’d support Ilhan Omar. Obama was the original booster of the Muslim Brotherhood (and the regime in Iran) in US politics. We continue to deal with those repercussions.»
The White House also pushed back on Obama’s comments in a statement to Digital on Sunday.
«Unlike Joe Biden, President Trump has not weaponized the Department of Justice against his political foes,» White House spokeswoman Lauren Bis said. «The Department is focused on restoring law and order and keeping Americans safe.»
DEMOCRATS’ FURY OVER ILHAN OMAR RAID DRAWS STINGING GOP REMINDER ABOUT RAID FROM THE PAST: ‘SET THE PRECEDENT’
Trump has denied involvement in the investigation, previously telling reporters that the matter was up to the Justice Department.
Digital reached out to Obama’s office for comment.
Sources previously told Digital that investigators are examining whether Omar or her father committed fraud on immigration paperwork when she became a U.S. citizen decades ago. Digital was first to report that Omar’s Washington, D.C., home was raided by federal agents last week.
Additionally, Jeanine Pirro, U.S. attorney for the District of Washington, D.C., announced her office was investigating Omar’s financial disclosures, which had previously been subject to public scrutiny and congressional oversight, but never by authorities.
Omar has defended herself on social media in recent days.
«This raid by Trump’s DHS is an outrageous abuse of power and an unprecedented escalation in the weaponization of federal law enforcement to target political enemies,» Omar’s office said in a statement.
«For a decade, Donald Trump has relentlessly targeted Congresswoman Ilhan Omar with inflammatory rhetoric, repeatedly putting a target on her back. Now, those attacks have escalated to a pointless federal raid. The Congresswoman has done nothing wrong. No president should be able to use the power of the federal government to intimidate his political enemies.»
Stephen Sorace and Peter D’Abrosca contributed to this report
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INTERNACIONAL
Francia: del Mayo del 68 a la épica del caos

Aquel Mayo del 68 fue el retorno de la agitación callejera, pero también estuvo envuelto en cierto romanticismo y en la recuperación de una épica política. Los estudiantes salían a las calles a conquistar espacios de poder -antes de que se inventara esa estúpida palabra, “empoderarse”- y el objetivo era desafiar a Charles de Gaulle, su concepción autoritaria del poder y el conservadurismo de una Francia que parecía resistirse al cambio. A ello se sumaba el repudio a la guerra de Vietnam, que inscribía aquella rebelión en una causa de alcance universal. Las fotos de la época -sin quererlo- eran a favor de los manifestantes.
Visto con cierta perspectiva, aquel movimiento tenía, incluso, algunos puntos de interés. Los estudiantes marchaban junto a los obreros y contaban con el respaldo de una constelación de intelectuales prestigiosos que aportaban ideas, legitimidad y una poderosa capacidad de agitación. Recordar a Jean Paul Sartre es imperioso.
Hoy el fenómeno es parecido y, al mismo tiempo, profundamente distinto. Hay mucho más vértigo y mucha menos elaboración ideológica. Toda época es ideológica, desde luego, pero la nuestra ha sustituido buena parte de la reflexión por la imagen, el argumento por la consigna y la complejidad por el impacto visual. De ahí su carácter cada vez más esquemático, confuso y explosivo.
Seamos claros: las izquierdas saben fogonear movilizaciones tanto como las derechas. Pero las izquierdas radicales poseen una destreza histórica para detectar la ira, la cólera y la insatisfacción social, y convertirlas en combustible político. Son hijas de la revolución. Llevan incorporado, en su disco duro, el reflejo de la insurrección, esa pulsión que las empuja a encontrar en las calles una épica que ya no consiguen construir desde las ideas.
La izquierda radical francesa sabe, además, que una nueva derecha, remasterizada y políticamente más eficaz, avanza hacia el poder. Sabe también que el poder actual es claudicante. Francia tiene hoy un presidente que conserva la solemnidad de la investidura, pero cuya autoridad política parece agotarse en el ejercicio formal del cargo. Y comprende que, ante la perspectiva de una derrota histórica, la invocación del fascismo puede convertirse en su último recurso para intentar detener lo que se avecina. Siempre la teoría del enemigo, siempre.
La operación es conocida: cuando las ideas ya no alcanzan, se recurre al miedo. Y cuando el miedo tampoco basta, la calle vuelve a ocupar el centro de la escena.
Por cierto, las movilizaciones contemporáneas no necesariamente requieren sofisticadas organizaciones clandestinas ni complejas estructuras de agitación. Bastan algunos agitadores digitales, una buena dosis de alienación -en el sentido marxista del término-, una sociedad predispuesta al resentimiento y el momento oportuno. Las redes sociales hacen el resto. Operan como un gigantesco flautista de Hamelín: convocan, arrastran, amplifican y conducen, muchas veces sin que quienes siguen su melodía adviertan hacia dónde se dirigen.
Lo que ocurre en París rara vez termina en París.
Francia ha perdido buena parte de su condición de potencia de primer orden. Sin embargo, conserva una influencia singular: sigue siendo uno de los grandes laboratorios políticos, culturales e intelectuales de Europa. Lo que allí sucede se observa, se interpreta y, con frecuencia, se reproduce en otras sociedades. Por eso conviene prestar atención. Lo que hoy vemos en Francia puede anticipar fenómenos que mañana se manifestarán en otras latitudes.
Son las consecuencias de sociedades cada vez menos cohesionadas, atravesadas por una fragmentación persistente y por décadas de fracasos en sus políticas de integración y de respuestas económicas básicas. Francia permitió la consolidación de barrios segregados, de comunidades que, incluso después de varias generaciones, no siempre encontraron una pertenencia efectiva a la nación francesa sino que la identidad de origen es lo que primó. En demasiados casos, el territorio ofreció oportunidades materiales sin conseguir construir una identidad compartida.
Y en esa fractura, por supuesto, el islamismo radical encontró un terreno fértil. Supo explotar el sentimiento de exclusión, instrumentalizar los conflictos de identidad y ofrecer pertenencia allí donde el Estado y la sociedad habían fracasado en construirla. Allí la bandera de Palestina es el santo y seña para la tropa de los hijos de la cólera.
Durante mucho tiempo creí que Francia podía convertirse en el gran ejemplo de integración cultural del planeta. Imaginaba una sociedad capaz de fundir etnias, identidades, tradiciones y orígenes en una síntesis más profunda, incluso, que aquella que el imaginario contemporáneo atribuye a Nueva York como ciudad universal.
Una vez más, me equivoqué.
La integración no se produce por decreto, ni por la simple convivencia territorial, ni mediante la invocación retórica de la diversidad. Una sociedad necesita algo más que individuos compartiendo un espacio geográfico: necesita vínculos, reglas, lealtades y, sobre todo, un sentido reconocible de pertenencia. Cuando esos elementos se debilitan, la diversidad puede dejar de ser una riqueza compartida para convertirse en una suma de comunidades que apenas se toleran. La ley y el orden no bastan, se necesita la asunción de una cultura común.
Daniel Cohn-Bendit fue uno de los rostros del Mayo del 68. Y aquella revuelta quedó asociada a una consigna extraordinaria: “La imaginación al poder”.
Difícilmente un publicitario hubiera podido concebir una frase más poderosa. En apenas cuatro palabras condensaba el hastío de una generación frente a las formas protocolares del poder, su rigidez institucional y la distancia casi aristocrática que separaba a los gobernantes de los gobernados.
El poder suele ser incapaz de comprender esa distancia. Solo algunos líderes excepcionales logran advertirla a tiempo y sobrevivir políticamente a sus consecuencias. Se cuentan con los dedos de una mano. La mayoría termina protagonizando una suerte de suicidio público, atrapada en el intento de interpretar a las masas y, simultáneamente, reinterpretarse a sí misma a través de ellas. La historia cuenta con cientos de idiotas políticos en el poder y con pocos, poquísimos talentos que lograron marcar y orientar su tiempo.
Pero estos tiempos no tienen un Cohn-Bendit (que tampoco era Lassie). No tienen una consigna equivalente a “La imaginación al poder”. No tienen siquiera una promesa intelectualmente articulada de transformación. Son tiempos puramente reactivos.
Tienen rostros encapuchados, las banderas palestinas convertidas en símbolos de identificación política, sectores de la inmigración atravesados por el temor al presente y al futuro, y una evidente insuficiencia de proyectos de integración social. Tienen frustración, desarraigo y desesperación. Y tienen, también, actores políticos dispuestos a transformar ese malestar en una maquinaria de confrontación. El cóctel está servido y la combustión puede tener resultados inesperados. Nunca buenos.
No se trata de negar la existencia de causas legítimas detrás de la protesta. Se trata de reconocer que la desesperación social puede convertirse en materia prima de operaciones políticas cuyo objetivo ya no es resolver los conflictos, sino administrarlos, amplificarlos y obtener réditos de su persistencia. Allí está el nudo gordiano.
Hay una diferencia enorme entre representar el descontento y explotarlo. Entre conducir una protesta y convertir el caos en una estrategia. Y esa diferencia es, precisamente, la que hoy debería preocuparnos.
Porque seamos francos: en política, el caos no perjudica a todos por igual. Algunos pierden con la inestabilidad. Otros encuentran en ella una oportunidad inmoral pero apetitosa.
Quienes aspiran a beneficiarse políticamente de estos episodios deberían ser los primeros interesados en despejar cualquier sospecha de instrumentalización de la violencia. Y quienes pretenden presentarse como intérpretes exclusivos de la indignación popular deberían explicar si su proyecto consiste en reconstruir la convivencia o simplemente en administrar sus ruinas.
El Mayo del 68, con todos sus excesos, pretendía llevar la imaginación al poder.
El riesgo de este nuevo tiempo es exactamente el inverso: que el caos termine siendo la única imaginación que le queda a la política.
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