POLITICA
Habla Adorni tras el reclamo de Bullrich, y mañana dará una conferencia de prensa en la Casa Rosada

El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, habla este jueves por la noche en una entrevista, tras la declaración esta semana del contratista Matías Tabar, que dijo que el funcionario pagó US$245.000 solo en la refacción de su casa de Indio Cuá; y también luego de que la jefa de la bancada libertaria en el Senado, Patricia Bullrich, le exigiera ayer que adelante su declaración jurada para que el Gobierno salga de una gestión “empantanada” por este caso.
Desde las 21, el jefe de Gabinete le da una entrevista al periodista Alejandro Fantino, en sus primeras expresiones también después de que el presidente Javier Milei lo volviera a ratificar anoche y asegurara que efectivamente presentará antes de lo previsto la declaración jurada para ahondar en sus explicaciones.
Además de la entrevista de esta noche, desde el Gobierno confirmaron que mañana a las 13, antes de la reunión de Gabinete de las 14, Adorni dará una conferencia de prensa en la Casa Rosada, aunque todavía se desconoce la modalidad y si va o no a aceptar preguntas de los acreditados.
El jefe de Gabinete es investigado en la Justicia por enriquecimiento ilícito. El expediente está en manos del juez Ariel Lijo y del fiscal Gerardo Pollicita, que investigan sus viajes y sus movimientos patrimoniales.
Según pudo saber este jueves, el jefe de Gabinete presentará su declaración jurada alrededor del próximo 31 de mayo. Así lo confirmaron fuentes cercanas al funcionario.
“La fecha andará por ahí [por el 31 de mayo]. Sería lo antes que se pueda”, dijeron cerca del jefe de Gabinete. Con ese plazo estimado para concretar su presentación, Adorni sigue su propia hoja de ruta y se distingue de Bullrich, quien en las últimas horas pidió públicamente que el funcionario presente “de inmediato” pruebas que justifiquen sus gastos, propiedades y viajes.
“Patricia spoileó a Manuel, adelantó lo que efectivamente va a suceder, que Manuel tiene ya los números”, dijo Milei en LN+ después, en un intento de relativizar los cortocircuitos en el Gobierno.
Noticia en desarrollo
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POLITICA
Los riesgos de la obstinación política en tiempos de ebullición social

La conversación digital de los argentinos muestra un clima social más áspero, con la negatividad en alza por cuarto mes consecutivo y un universo emocional dominado por fuerte sentimientos como la culpa, el odio, la tristeza, la preocupación, el enojo y la venganza.
En este clima social tan adverso, el caso de Manuel Adorni aparece como el segundo nombre más dominante en la charla digital local detrás del de Javier Milei, asociado a un debate digital que inflige un daño reputacional al corazón mismo del poder libertario.
Ante este escenario, cabe preguntarse si el Presidente, en modo “bombero incendiario” debe moderar su discurso buscando bajar la tensión pública o bien continuar con un agite político dañino para el humor de los argentinos.
La gobernabilidad, por otros medios
Desde el punto de vista institucional, un gobierno puede tener margen formal para tomar decisiones, con el riesgo de perder margen social para sostenerlas.
Abril mostró precisamente este problema: la conversación de los argentinos en redes sociales develó una negatividad que combinó el malestar social general, la crisis política de gobierno de Javier Milei, en un texto de ansiedad pública potenciada por ambos fenómenos.
En ese contexto, la gobernabilidad de Milei enfrenta un riesgo: que la confrontación permanente, que pudo haber servido como combustible electoral o como técnica de cohesión del núcleo duro, empiece a rendir cada vez menos como herramienta de gobernabilidad.
La motosierra comunica mejor cuando promete futuro, pero impacta peor cuando el público empieza a agitar sentimientos de culpa, odio, preocupación y desesperación.
La llamada polarización afectiva, como fenómeno en cuestión, puede amenazar la cohesión social, obstaculizar la formulación efectiva de políticas públicas y aumentar la distancia social entre grupos políticos.
Lo que luce como una decisión de riesgo, para los libertarios pareciera ser una opción válida para darse volumen político y fundamentalmente lograr gobernabilidad.
Adorni, el “jarrón chino”
Sostener en el cargo al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, aparece como una decisión de alto costo reputacional para Milei.
Adorni es un actor central que ordena la conversación general en redes sociales, sólo detrás del presidente.
En una charla pública ya deteriorada, esa centralidad convierte su permanencia en un recordatorio constante de la crisis interna se sufre el gobierno.
Desde el punto de vista de la gestión de crisis, el peor escenario es aquel en el que el gobierno no logra cerrar el episodio ni resignificarlo.
De hecho, la gestión libertaria intentó obturar la crisis con la exposición desafiante de Manuel Adorni en el Congreso, en su presentación del informe de gestión.
La teoría situacional de comunicación de crisis, usada en estudios de reputación, diferencia entre negar, minimizar, reconstruir y dar respuestas de base.
La evidencia experimental muestra que las respuestas informativas —explicar qué pasó, cómo afecta al público y qué se hará para evitar repetición— pueden mitigar el deterioro reputacional, mientras que la ausencia de respuesta o el simple “recordatorio” de méritos previos puede empeorar la confianza y la percepción pública.
Si Manuel Adorni permanece sin una respuesta institucional robusta, el gobierno queda atrapado en una defensa de pertenencia.
Sirve para decir “no nos vencerán”, pero no servirá para reconstruir confianza.
Y en un contexto de alta crispación de la conversación pública, con 59% de negatividad en abril, la “épica del aguante” puede terminar pareciéndose demasiado a la obstinación.
Atacar a la prensa: útil para polarizar, malo para gobernar
El ataque a la prensa que el gobierno sostiene y profundiza puede tener un rendimiento táctico en pleno despliegue del Adornigate: activa identidad, ordena enemigos, retiene conversación y disciplina al propio espacio.
Pero en un clima digital deteriorado, su efecto de gobernabilidad es regresivo.
La agresión abierta al periodismo no sólo suma conflicto: transforma una crisis de gestión en una crisis de legitimidad informativa.
La investigación sobre acusaciones de desinformación realizadas por políticos muestra que esas acusaciones pueden reducir la confianza general en los medios entre ciudadanos con actitudes populistas fuertes.
La clave es que el ataque no impacta sólo sobre un medio específico: puede derramar sobre la confianza en la institución periodística en general.
Tal vez es lo que busca el gobierno de Javier Milei, contrariando los manuales de buenas prácticas políticas.
Para el presidente, el problema es práctico: un gobierno que necesita reformas, negociación legislativa, tolerancia social al ajuste y credibilidad externa no puede vivir indefinidamente en guerra con todos los intermediarios de confianza.
La prensa puede ser incómoda; convertirla en enemigo permanente es pegarle al termómetro que, en realidad, es el medio que marca la fiebre, pero no explica la enfermedad que la causa.
Moderar el discurso no es retroceder: es administrar poder
Más allá de si Javier Milei debe abandonar o no su identidad política, la cuestión es si puede gobernar con la misma intensidad discursiva con la que construyó poder: los datos de abril sugieren que no le conviene.
La moderación, en este contexto, no implica volverse “tibio”, sino separar la situación en tres planos:
- confrontar por temas (como fue la reforma laboral).
- negociar por gobernabilidad (como lo hizo con los gobernadores aliados)
- responder con transparencia ante crisis (como no lo hizo hasta ahora con Adorni)
En un contexto de negatividad en aumento, el gobierno debe bajar el volumen del conflicto identitario y subir la calidad de la explicación pública.
No es tan difícil, aunque resulte casi impracticable para el gobierno de La Libertad Avanza.
Según Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en su libro “Cómo mueren las democracias”, estos regímenes políticos no dependen sólo de reglas formales, sino también de normas informales como la tolerancia mutua y la contención institucional.
Cuando los rivales pasan a ser tratados como enemigos existenciales, aumenta la tentación de usar cualquier herramienta para bloquearlos o destruirlos.
Esta perspectiva aplica de lleno al problema argentino: la moderación discursiva no sería una concesión estética, sino un mecanismo de reducción de riesgo institucional.
Construir puentes con opositores cercanos
En presidencialismos fragmentados, gobernar exige algo más que voluntad ejecutiva.
En ese sentido, Javier Milei entendió que trabar acuerdos con gobernadores aliados (cercanos o lejanos ideológicamente) le permite construir un interesante músculo político, con resultados parlamentarios.
Esta suerte de coalición ad hoc del gobierno libertario dio sus resultados en leyes clave como la reforma laboral, que fue aprobada (no sin sobresaltos) en el Congreso, pese a haber tenido fuertes resistencias en la sociedad.
El problema es si el caso Adorni (y más aún la imposibilidad de librase de sus efectos) no está poniendo en juego esos méritos acuerdistas del gobierno con distintos sectores políticos.
¿Será esa la razón por la cual Patricia Bullrich vienen exigiéndole al gobierno una solución concreta a la situación de Manuel Adorni, para atemperar los ánimos opositores que se blandean sobre futuros acuerdos parlamentarios?
Leé también: La Casa Rosada cayó a la zona más peligrosa de las redes sociales
La realpolitik expone a Javier Milei a una inevitable corrección de método: si necesita aprobar nuevas reformas, sostener el vínculo con los gobernadores, ordenar el Congreso y administrar conflictos sectoriales, debe ofrecer algún tipo de previsibilidad a los opositores más cercanos.
Esta concesión no implica cogobierno, pero sí forjar la interlocución, fijar reglas (más o menos) claras y establecer un mínimo de respeto público, en favor de la salud del debate público.
Javier Milei, Manuel Adorni
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Una lista infinita de enemigos, traidores y golpistas

El jueves por la noche, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, contó que se sentía traicionado por “una persona” que conduce un noticiero porque vio cómo se indignaba ante uno de sus viajes, cuando originalmente había planeado compartir ese viaje con él. Horas después, la periodista Cristina Pérez se dio por aludida. “Mucha gente te votó y también se sintió traicionada”, le respondió. “Yo avisé y el que avisa no es traidor”. Unos días antes, la diputada oficialista Lilia Lemoine estaba enojada por un comentario editorial de Esteban Trebucq, también, respecto del futuro de Adorni. Entonces, sugirió que el periodista era golpista. “¿Qué sigue, Esteban? ¿Javier, bajate?”, le escribió en la red social X.
Los dos episodios contribuyen a explicar algunas de las cosas que le pasan al Gobierno en estos días. Pérez y Trebucq son dos colegas que muchas veces pusieron en riesgo su reputación por defender políticas oficiales, algo que siempre es difícil para cualquier periodista. Sus posturas respecto del caso Adorni reflejan hasta qué punto el escándalo genera una opinión casi unánime. No se trata de la oposición o del periodismo más crítico. Incluso quienes han sostenido una postura comprensiva hacia el Gobierno en otros momentos difíciles, consideran que las evidencias son categóricas. En el caso Adorni, el Gobierno está aislado como nunca; ese es el primer dato.
El segundo elemento es la reacción oficial: no tolera la disidencia ni siquiera entre aquellos más cercanos. Tarde o temprano, por hache o por be, toda cabeza rodará. La única alternativa para ser “un argentino de bien” consiste en obedecer todo, ser ciego, hincarse. Lo otro es traición o golpismo. Progresivamente, eso va aislando al Presidente incluso de los más cercanos, que muchas veces prefieren callar críticas muy elementales, por temor a una reacción destemplada.

En el caso Adorni se ha producido una disociación muy profunda entre la percepción de la sociedad y la del círculo más cerrado del poder político. Más allá de lo que defina la Justicia en su momento, hay evidencias contundentes de que incrementó su calidad de vida de manera sensible luego de llegar al poder, al punto de acceder a bienes y servicios -como un viaje en avión privado por motivos particulares- que son exclusivos de la elite más privilegiada de la sociedad. Nuevas propiedades, pasajes en primera clase, estadías en hoteles carísimos: la exposición pública de todos estos detalles derrumbó la imagen social de la mano derecha del Presidente. En ese contexto, durante sesenta días, Milei y Adorni tenían dos opciones: explicar lo que pasaba o que el jefe de Gabinete renunciara. No hicieron ninguna de las dos cosas.
Es impresionante la cantidad de miembros del oficialismo que, en este caso, desautorizaron la mirada presidencial sobre el asunto. Nicolás Márquez, el biografo presidencial que era hasta hace poco un incondicional, ahora también engrosa la larguísima lista de traidores. La senadora Patricia Bullrich, la principal aliada del Gobierno, se diferenció por segunda vez: la primera había sido con el escándalo Espert. Las relaciones con ella empiezan a derrapar hacia una ruptura paulatina pero inevitable. El ex jefe de Gabinete Guillermo Francos sumó su propio señalamiento y ahora amenazan con eyectarlo del directorio YPF. Es que para la inmensa mayoría de los argentinos, Adorni ha incurrido en conductas muy cuestionables. Pero un ínfimo puñado de ellos cree que no: el líder de ese grupito cerrado es el Presidente. El choque de percepciones es monumental.

Esa disociación, en la que existe consenso casi unánime en un sentido pero el Presidente va en otro, también se produce en el área económica. En las últimas semanas los tres medios económicos más importantes del mundo –The Wall Street Journal, Financial Times, The Economist- publicaron notas donde detallan los problemas de la gestión Milei. Hasta hace poco, en esas páginas elogiaban al Presidente. Ahora explican que la persistencia de la inflación crónica, la recesión y los escándalos de corrupción amenazan el futuro de la gestión libertaria. La coincidencia entre los editores de esos medios puede decir dos cosas: que realmente el programa de Caputo está en problemas, o que hay una conspiración internacional en contra de la Argentina. Para la inmensa mayoría de los economistas profesionales, sucede lo primero. Para el círculo áulico de Milei, se trata una conspiración.
Algo de esto se puede percibir en la ácida polémica que enfrentó esta semana a Milei y Caputo con el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo. Todo empezó hace casi dos años cuando, en su blog, Cavallo insinuó, en términos muy respetuosos, algunas críticas laterales al plan económico. A Milei le resultó intolerable, a tal punto que despidió del Gobierno a Sonia Cavallo, la hija del ex ministro, que no había hecho nada. Se ve que algo le molestó mucho al ex ministro porque el enfrentamiento tuvo, esta vez, una franqueza inédita. Cavallo sostuvo que a Milei no le interesa el funcionamiento de la macroeconomía porque prefiere dedicarse “a la filosofía económica, esas cosas de Keynes, Hayek o Rothbard” y que Caputo es un “trader”, no un buen economista. “Enfoca para un lado, y si no le sale cambia de rumbo y va para otro lado. No tiene un esquema definido de cómo funciona la economía”, dijo. Además, contó que el presidente lo bloqueó en Whatsapp y en la red social X. La reacción, otra vez, fue violentísima. Cavallo pasó de ser el mejor de la historia a un expropiador y un resentido que generó la crisis del 2001, cuando era fácil de evitar.
En medio del intercambio, intervino Joaquín Cottani, el ex secretario de política económica de Caputo y amigo personal de Cavallo.

“Durante mis ocho años en Wall Street tuve lo que se podía llamar ‘complejo de economista’. Muchas veces los traders nos menospreciaban –medio en joda, medio en serio- por nuestro exceso de teoría y falta de gimnasia y conocimiento del mercado en el día a día. Yo nunca me ofendía por eso porque, por un lado, tenían bastante razón y, por el otro, yo trabajaba de economista, no de trader, y ambos hacíamos falta en la organización. A diferencia de lo que me pasaba a mí en Wall Street, a Toto no le gusta que le digan que ‘como economista es un buen trader’. La diferencia es que él es ministro de Economía, y para eso no hace falta un buen trader sino un buen economista. Lo mismo ocurre con el presidente Milei. Como presidente es un buen filósofo del anarcocapitalismo”.
Todas estas personas, como los medios internacionales mencionados, comparten la filosofía pro mercado de Milei y participan de su marco conceptual. A todos ellos, tanto en lo que se refiere a los escándalos de corrupción como a los desmanejos de la economía, les ocurre lo mismo: se preocupan por los errores, nadie les presta atención, disienten en público, son agredidos brutalmente y entonces todo termina como termina. Una y otra vez, cientos de veces.
La disociación presidencial llega, por momentos, a dimensiones preocupantes. Esta semana hubo un episodio estremecedor cuando un frigorífico anunció en Moreno que se abrían sesenta puestos de trabajo. Se presentaron más de 4000 personas. Una cola interminable de doce cuadras, por momentos bajo la lluvia. Jóvenes que habían dormido allí para ser los primeros en ser atendidos, argentinos desperados por un trabajo fijo, que sobreviven como pueden, con menos de 500 mil pesos al mes, al mando de familias con cuatro o más integrantes. Los dueños de la empresa se sorprendieron porque había postulantes mayores de 70 años y otros que no sabían leer y escribir. Los testimonios recogidos por los medios durante todo el día eran estremecedores, entre otras razones, porque todos contaban que sus casos eran de lo más comunes, o sea, que todo el mundo en su entorno está así.

Esa noche, el Presidente habló por televisión, a los gritos, para defender a Adorni. Eso ya marcaba una disociación obvia con la mayoría de la población. Pero había otra: no hizo ninguna referencia a lo que había sucedido en Moreno. Si alguna de las personas que había hecho cola bajo la lluvia durante horas escuchó la nota, habrá deducido que Milei no le hablaba a él o a ella. No le importaba. Estaba en otra cosa. ¿Llegarán la imágenes de Moreno a los despachos oficiales o solo miran las que postea el Presidente, de las colas cuando frente a los bazares con chucherías importadas? ¿Alguien recuerda algún discurso donde el Presidente se refiriera a los haberes de los jubilados, por ejemplo, o a los trabajadoresque tienen tres trabajos y aun les cuesta llegar a fin de mes, o a los millones de sobreendeudados? “El consumo récord, la exportación récord, la producción récord”, dijo el Presidente, el jueves, en su enésimo viaje a los Estados Unidos.
La disociación compromete en estos días también al ministro Caputo. “Muchos argentinos tomaron crédito porque creían que la inflación les iba a licuar la deuda. Pero como no hubo inflación ahora no la pueden pagar”, dijo esta semana. Nadie se endeudó por necesidad, o para financiar consumos básicos, o con la tarjeta. Él no tuvo responsabilidad alguna en la desregulación del mércado de crédito, que gatilló una campaña agresiva para convencer a quien lo necesitaba de endeudarse a altas tasas de interés.

Tal vez a todo esto se refería la revista The Economist, cuando editó su última nota sobre la Argentina. El título decía: “Javier Milei está en serios problemas”. Luego, se leía: “El presidente sostiene que es la verdadera víctima de una economía en crisis”. Es que unos días antes, en uno de sus últimos discursos, el Presidente se golpeó el pecho y gritó: “El que más perdí fui yo, que no actualicé mi salario”.
Por momentos, pareciera que hay un mundo real -el de las colas interminables de personas que desesperan por un puesto de trabajo, el de los escándalos de corrupción, el de la opinión pública- y otro mundo, muy distante, en el que vive el Presidente. Para conocer este segundo universo, basta mirar un poco sus redes sociales. Su nuevo berretín son los videítos de inteligencia artificial. En uno de los últimos aparece como arquero de un equipo argentino donde juegan también Lionel Messi Guillermo Francella, Susana Gimenez y Agustín Laje, tamaña ensalada. El equipo contrario es un seleccionado comunista integrado por Lenin, Fidel Castro, Nicolás Maduro, Mao Zedong y Hugo Chávez. Cuando aparecen las imágenes de estos últimos, se escucha una música de fondo.
“Tirapiedras, Kuka, tirapiedras”.
Mesa Política
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La impactante frase de Milei sobre Adorni, la carta de Bullrich y el viaje secreto de Santiago Caputo que irrita a Karina

Esta vez no hubo pogo, ni sonrisas ni pulgares para arriba. En realidad Javier Milei no participó de la reunión de gabinete: solo entró con cara de sus hijitos de cuatro patas, se paró de manos sobre la mesa para ratificar a Manuel Adorni como jefe de Gabinete y antes de irse dejó una frase impactante delante de todos los ministros, con asistencia completa: “Prefiero perder las elecciones a destruir a una familia”.
El Presidente niega la teoría de la plusvalía de Karl Marx, pero cuánto exceso. Adorni lleva dos meses resistiéndose a explicar el crecimiento patrimonial del último año. La duda ronda el medio millón de dólares con un sueldo de 3 millones de pesos.
“La posición del Presidente fue fuerte, muy, muy fuerte”, reconstruye un ministro. “No voy a tirar la honra de una persona porque sale en la prensa. Los periodistas son una mierda”, cargó Milei.
La advertencia iba dirigida a Patricia Bullrich que había pedido que Adorni presente la declaración jurada “ya”. La senadora llevó el planteo a la reunión, pero no llegó a decirlo delante de Milei porque ni tuvo la oportunidad.
Con el Gabinete a pleno de testigo, Bullrich insistió y Adorni también: “La postura del Presidente es apoyarme a mí y a cualquier funcionario honesto atacado por operaciones. Al que le gusta bien y el que no… esa es la postura oficial. La palabra que vale es la del Pre-si-den-te”, estiró las sílabas como el plazo para la presentación de la declaración jurada: “La voy a presentar cuando la tenga”. No confirmó fecha. ¿Patricia spoleó a Manuel, como dijo el Presidente? Claro está: “Pato es una fenómena” fue una frase de animales sueltos en la charla del jefe de Gabinete con Alejandro Fantino.
“Ya está: lo dije públicamente y lo dije en el Gabinete, dónde más lo voy a decir”, soltó en la intimidad Bullrich cuando salía de la Casa Rosada y clausuró el tema: “Lo que planteé es que las cosas se habían ido de mambo, que había que apurar todo. Si está todo bien apurá la presentanción, evidentemente, no sé si lo puede hacer o no, pero, bueno, yo lo dije”.
El lunes, Milei había hablado con la senadora. “Lamentablemente sí”, comentó Bullrich a un colaborador cuando la consultó si el caso Adorni seguía igual. El miércoles, algo cambió. La senadora pidió públicamente que Adorni presente cuanto antes la DDJJ porque si no “sufre el Gobierno, sufre el país”.
“Ni en pedo Adorni se va”, desmintió el Presidente. Milei cargó contra una operación mediática y mejoró la metáfora de Lilia Lemoine sobre la cascada de la casa de Adorni en Indio Cua: habló de “dos cañitos” en vez de “tres chorritos” como había señalado la diputada libertaria. Una corrección pertinente.
Pero la frase más impactante Bullrich pasó inadvertida: “Si tenés la declaración jurada del año pasado es fácil, es más o menos igual”. Todo el Gabinete sabe que no. El fiscal Gerardo Pollicita macera el pedido para saber qué hay dentro de las dos cajas de seguridad a nombre de la esposa del jefe de Gabinete.
De todo el embrollo, empezó a surgir una teoría: “Patricia no hace movimientos así de manera inconsciente ni inconsulta. Sería una de las muy pocas veces que haría algo, sin hablarlo antes con alguno de los hermanos. Con Espert, fue más fuerte aún y no fue autónoma”.
¿Todo esto es una puesta en escena para llegar a un desenlace como el que tuvo el caso de José Luis Espert?
Recap: la cabeza de lista de La Libertad Avanza para las elecciones del 26 de octubre cayó después de negar una evidencia: la firma de un contrato millonario con el empresario Fred Machado, investigado por la justicia de EE.UU . por narcotráfico. Bullrich entonces pidió: “Tiene que aclararlo ya”. Espert tuiteó desde la Residencia presidencial de Olivos, acompañado por Javier y Karina Milei. “No renuncio”. “Son charlas de peluquería”, había minimizado el Presidente. Al día siguiente, Espert renunció. “El tiempo demostrará que todo fue una gran mentira”, dijo el candidato fallido.
El Gobierno arrasó en las elecciones, aún con la cara de Espet en la boleta.
La narrativa libertaria parece aferrarse a la lógica de la fe cristiana. El jefe de Gabinete convenció a los hermanos Milei y es suficiente. La duda es vulgaridad. No hay expulsados en el reino anticasta. En todo caso, pasado el tiempo una dimisión como ofrenda y ratificación a la razón. Roma no paga traidores. ¿Les fía?
El celular de Bullrich estalló después de recortarse del discurso oficial: “La gente feliz. Había que dar un empujón”.
Un Gabinete bipolar. Después de la escena de apoyo total en Diputados durante la exposición de Adorni, las intrigas volvieron a la Casa Rosada.
“Santiago (Caputo) lo banca. Y no conviene que se caiga o se vaya. Tampoco se esmeró en hacerlo público. Alguna vez puso algo y nada más. Los tuiteros están cansados. Si bien de alguna manera están vinculados al ala santiaguista, son militantes con voz propia, ideas propias. Los mearon, les sacaron poder, trascendencia y le dieron lugar a ex kirchneristas. ¿Cómo querés que estén?“, dicen en Las Fuerzas del Cielo.
El enredo toca al ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques, que llegó al cargo por Karina Milei para colonizar una parcela de Santiago Caputo. Mahiques es amigo del fiscal Pollicita que tiene en vilo a Adorni. “A Manuel le conviene canalizar su enojo con Mahiques siendo funcionario y no ex”, dicen en un ala de la Casa Rosada.
El viaje secreto de Santiago Caputo a EE.UU.
La rivalidad entre Karina Milei y Santiago Caputo suma porciones de poder en disputa. Ahora la minería. La Hermana de Hierro fue la protagonista de la Expo San Juan Minera. Pero esta semana el asesor presidencial tiene previsto, según pudo saber TN, un viaje secreto a los Estados Unidos para un encuentro con el secretario de Energía Chris Wright.
El Gobierno busca recuperar la agenda con anuncios de inversiones. La única salvación. El súper RIGI, que anticipamos acá el 4 de enero, era un pedido de Chevron para invertir u$s 10.000 millones en Vaca Muerta.
Lara Goyburu, politóloga y directora ejecutiva de la consultora Management and Fit, resume un escenario complejo, pero, aún con todo, peor para la oposición que para el oficialismo: “Los sentimientos negativos principales de la gente son la desmovilización, la tristeza o la preocupación. El enojo está más abajo en las encuestas. Cuando la situación es peor, bajan las demandas. La gente se conforma con menos. Ya no piden una casa, piden llegar a fin de mes. El porcentaje que quiere un cambio de gestión, no tiene a donde ir. Del otro lado del oficialismo hay fragmentación. Axel Kicillof mide, pero el peronismo no lo acompaña. Todos saben lo que es Milei y lo que va a hacer. Pero con la oposición no queda claro. Hoy no vemos a nadie que capitalice la caída de la imagen del gobierno. En todo caso, eso lo captura el ausentismo”.
Elisa Carrió rompió con Provincia Unidas por la negativa de los gobernadores a interpelar a Adorni. La oposición arremete. Hasta una aliada del Gobierno advirtió: “Si en dos semanas el jefe de Gabinete no se va, nosotros vamos a acompañar el pedido de interpelación”.
Para Milei, “un hombre de bien”. Para la oposición, de bienes. Queda por revelar qué hay detrás del dedo que levantó Bullrich. Si todo termina como una uña negra, como la que le quedó después de agarrarse la mano izquierda con una puerta.
Javier Milei, Manuel Adorni, Patricia Bullrich, Karina Milei, Santiago Caputo, Axel Kicillof
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