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Ian Lucas y Sofía “la Reini” Gonet cada día más juntos: la foto que aviva los rumores de romance

Los finalistas de MasterChef Celebrity cada día se muestran más cerca y los rumores de romance no tardaron en reavivarse (Video: Instagram)
Ian Lucas y Sofía “La Reini” Gonet siguen alimentando los rumores de romance y complicidad tras el final de MasterChef Celebrity. Desde que el campeón del ciclo conducido por Wanda Nara puso punto final a su vínculo con Evangelina Anderson, los gestos de cercanía con su excompañera de programa se volvieron cada vez más evidentes y las especulaciones en redes no dejan de crecer.
En las últimas horas, la dupla compartió en sus historias el registro de una cena íntima. En la primera imagen se ven sus manos entrelazadas y señalando juntos una bandeja de sushi, en un clima de confianza y conexión. La luz baja, el encuadre cerrado y la composición de la fotografía refuerzan la intimidad de ese momento compartido, que fue rápidamente interpretado por sus seguidores como una muestra de que entre ellos hay algo más que amistad.
La noche continuó en un boliche, donde Ian y Sofía grabaron un video a pura complicidad: se los ve riendo, bailando, cantando y jugando con la cámara, en una secuencia llena de gestos espontáneos y miradas cómplices. Ambos se muestran distendidos y felices, compartiendo gestos de confianza y una cercanía que va mucho más allá del simple compañerismo nacido en la televisión. Las risas, los abrazos y la energía compartida alimentaron aún más la expectativa de los fans, que no tardaron en dejar cientos de comentarios alentando el posible romance.
Entre posteos, bromas y gestos en redes sociales, Lucas y Gonet alimentan semana a semana los rumores de romance. En las últimas semanas, una nueva foto juntos volvió a disparar especulaciones y revolucionó a sus fanáticos: Ian compartió en sus historias una imagen en la que se los ve abrazados y sonrientes, con una complicidad que traspasa la pantalla. La publicación fue rápidamente interpretada por muchos como una confirmación tácita de que entre ellos hay algo más que amistad.
El momento bisagra de esta historia se remonta a la previa de la final de MasterChef Celebrity. Allí, Ian sorprendió a todos al lanzar una promesa inesperada: aseguró que si se consagraba campeón del reality, se casaría con Sofía. Aunque la frase fue lanzada en tono de broma, la propuesta desató una ola de risas y comentarios tanto en el estudio como en las redes, donde los fanáticos no tardaron en fantasear con una boda entre los dos participantes. El tema incluso llegó al streaming oficial del canal, donde ambos hablaron con humor de la promesa y se mostraron más cómplices que nunca.
Lejos de esquivar la propuesta, Sofía respondió con su característico humor y redobló la apuesta: “Mirá, me conviene más perder yo para que ganes vos y después casarnos. Ian, mirá que hacemos mitad y mitad, todas tus cosas pasan a ser mías también”. Su reacción distendió el clima y sumó un nuevo capítulo a la relación, que sigue alimentando especulaciones en cada aparición conjunta.

El ida y vuelta continuó durante el react posterior, donde Sofía volvió a referirse al tema con el mismo tono divertido y cómplice: “Ian me prometió que si él ganaba, se casaba conmigo. Mirá que si gano yo no reparto el premio”, lanzó entre risas, dejando en claro que la buena onda entre ambos es innegable.
Por el momento, ninguno de los dos confirmó ni desmintió los rumores, pero cada vez que se muestran juntos, las versiones de romance se potencian. Los seguidores de ambos celebran cada gesto y cada aparición conjunta, alentando la posibilidad de que la amistad haya mutado en algo más, y pidiendo, con mensajes y corazones, una confirmación oficial. Así, Ian Lucas y Sofía Gonet siguen sumando capítulos de complicidad y expectativa en una historia que ya es una de las favoritas del mundo digital y televisivo.
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CHIMENTOS
Barby Franco en “Lo De Pampita”: “Era normal que mi papá, en vez de abrazarme, me pegue”

Barby Franco es una modelo argentina reconocida en el mundo del entretenimiento y la moda. Su carrera comenzó en televisión como azafata en el programa A todo o nada de Guido Kaczka, donde se ganó la simpatía del público por su espontaneidad y carisma.
Su rol en el ciclo le brindó popularidad y la impulsó a establecerse como figura mediática en Argentina. Además de su carrera televisiva, trabajó como modelo, participando en campañas publicitarias y programas de espectáculos.
Desde hace 16 años está en pareja con el abogado Fernando Burlando. Se conocieron en televisión y demostraron una gran conexión que perdura a lo largo de los años. La deseada llegada de Sarah, en 2022, marcó un punto de inflexión para la pareja.
Tras más de una década de relación, celebraron el nacimiento de su primera hija, un acontecimiento que consolidó aún más su vínculo y les permitió experimentar una nueva etapa personal.
Acá, los momentos más destacados de la charla:
—Y un día llega un señor, abogado. ¿Fue amor a primera vista? ¿Cómo fue esa situación?
—Trabajaba en el programa de Guido Kaczca y Burlando fue a acompañar a su hija Delfi. Él tenía un jopo rarísimo. De muchos colores. Digo, “¿qué le pasa a este señor?“. Yo lo vi y digo “qué lindo señor”. Yo nunca en mi vida había salido con alguien tan grande. Como que lo veía con músculos, grandote, con su impronta de conocer el mundo. Empiezo a preguntar: “Che, ¿quién es el señor que estaba ahí?“. ”Ah, no, un señor que es abogado”. Y Burlando también preguntaba: “Che, ¿quién es la chica que estaba ahí?“.
—Flashearon los dos.
—Sí, fue tremendo.
—¿Y quién llamó a quién?
—No me acuerdo si él me mandó un mensaje o yo. Yo estaba en mi barrio, ahí, con mis primos, me acuerdo, tomando una birra… “Conocí a un señor que me regustó”. Y ellos me decían, “ay, Barby, es reviejo, es regrande, ¿qué te va a dar bola?“. Pero había algo ahí, yo sabía que se iba a dar.
—¿Cuál fue la primera cita?
—Me invitó a cenar. Yo estaba renerviosa, no sabía qué ponerme. Y me puse un shortcito de jean matado. Era de esos shortitos de batalla, que los tenés hace un montón. Unas zapatillas horribles y una remera blanca. Me pasa a buscar y me dice: “Estoy con un autito rojo”. Nada, yo en ese momento no entendía mucho de autos.
—¿Y con qué cayó?
—Y cae con un coso que hacía un ruido. Digo, “¿qué es esto?“. Yo no sabía cómo abrir el auto. Ahora, que entiendo… había caído con una Ferrari.
—¡Nooo!
—Yo no entendía nada. Digo, “¿qué hace con este auto de mierda, que es horrible, que hace un reruido?“. Digo, ”bajá, bajá el volumen del auto». Y fuimos a cenar a un restaurant italiano, que hoy en día seguimos yendo y es como nuestro lugar. Y de ahí no nos separamos más. Fue como reloco.
—Con el señor Burlando estamos hace quince años juntos. Cuando nos pusimos realmente en pareja, al cien por ciento, como que nunca nos cuidamos. Era como que si pasaba, pasaba.
—Pero no pasaba.
—Pasaban cinco, seis, siete, ocho años y digo: “¿Qué está pasando?” Como mujer, ¿no? Digo, él tiene dos hijas, él no debe ser el problema, el problema debo ser yo. Me empiezo a estudiar yo, mi cuerpo, mis genes, el endometrio, toda la parte ginecológica: todo perfecto, todo impecable. Bueno, a los 28, 29 años, me saco óvulos. Digo, bueno, vamos, vamos con el primer intento. Yo estaba resegura que iba a quedar. Digo soy joven, tengo treinta años, voy a quedar. Me pongo el primer varón, que acá en Argentina ya tenés…
—Te pueden decir el sexo…
—Y yo quería el varón, moría por el varón. Me pongo el primer varón, digo, listo. A las dos semanas embarazada. Nada. La segunda vez que lo volvemos a intentar, dije listo, es mi año. Vamos a la casa de Punta del Este y dije “listo, acá con sol, tranquila”, capaz que la vez anterior estaba estresada. A las dos semanas me vuelven a decir: “No, mirá, no creció la hormona” y ahí nada, me empiezo a enroscar. Yo soñaba con ser mamá desde chiquita y dije “no debe ser para mí este señor”, como que yo no tenía tantas opciones. Y ahí caés vos y me dijiste vamos a Luján, venite.
—Y un día me dijiste “debo tener cáncer”. Y yo nunca sentí que tenías algo grave. “Vamos a caminar a la Virgen y vos pedile, entregale tu corazón”.
—Yo te juro que dije» uy, ¿voy a caminar 70 kilómetros? ¿Qué le digo? Si le digo que no, voy a quedar re mal. Si le digo que sí, no voy a llegar», decía yo por dentro. Y dije: Sí, vamos.
—No fue una caminata normal, yo camino todos los años. Vino un diluvio universal que terminamos con bolsas de residuos en la cabeza.
—Y habíamos empezado con el parlante que llevábamos. Íbamos meta cumbia, choripán, todo, caminando, diosas, no sé qué… ¡fue tremendo eso! Entramos a la basílica, saludamos a la virgen, rezamos y nos largamos a llorar todas.
—¿Ahí qué pediste? ¿Cómo de fuerte fue ese pedido?
—No, en alma y cuerpo como que yo no podía más, pero la vi a los ojos y dije: “Por favor, mandámela, mandámela, mandámela”. Y nada, y salimos de la basílica, ni una gota de lluvia. Y a los tres meses embarazada naturalmente, de la nada.
—Natural.
—De la nada.
—Para mí era re normal que desayune cerveza, que desayune vino, que meriende, que almuerce vino, como que todo el tiempo estaba, estaba con eso y yo lo veía como normal. Normal que venga y, en vez de darme un abrazo, me pegue, ¿entendés? Te estoy hablando yo de diez, once años.
—¿Le tenías miedo a tu papá?
—Sí, pánico. Sí, sí, sí.
—Ibas con moretones al colegio.
—Sí, sí, sí. Sin dormir, sin nada. Es más, en un momento me iba muy mal en el colegio y, claro, como que decían: “¿Qué pasa en la casa de esta chica?” Y nada: ahí tuvimos la decisión con mi mamá de denunciarlo.
—¿Vos la ayudaste?
—Sí, sí, con catorce, quince años de agarrar y decir: “Loca, vamos, dale”. Porque, pobre, mi mamá muy sumisa, una mujer como muy tímida, muy retraída, como que no agarraba la iniciativa. En ese momento no se escuchaba mucho a la mujer y en el barrio, menos. Hizo cinco, seis, siete denuncias…

—Y no le hacían caso a tu mamá.
—Nada. “No, vaya, esto es problema de familia, no pasa nada, lo van a resolver”. Tenía un conocido con Fernando en ese momento, que yo no sabía que ese amigo había llamado a Fernando. El tipo dice: “Bueno, hoy les mando un móvil”. Fuimos a mi casa, cae todo: Prefectura, Gendarmería, la Policía. Claro, se ve que Fernando había…
—No estaba en tu vida, pero ya estaba en tu vida.
—Pero yo no tenía ni idea. O sea, yo lo había llamado a mi conocido, que se ve que era amigo de él.
—Y tu mamá golpeada, ¡qué desesperación!
—¡No dábamos más! Vienen y se lo llevan preso. ¡Nunca sentí tanta paz y felicidad en el momento que lo estaban llevando!
—¿Y él qué te dice cuando llega la policía?
—Nada, él estaba borracho, creo.
—Te hubiera gustado que se curara, tener ese papá que no tuviste.
—Sí, sí, pero ya no. Imposible. Imposible. Hicimos todo lo que hicimos, internarlo en la famosa granjita de rehabilitación. No, nada, nunca más.
“Burlando me pidió matrimonio haciéndose el muerto”
—¿Qué pasó con el casamiento? Yo tengo el vestido listo. Voy a ir a esa propuesta. Ya una semana antes te empezó a decir que sentía mal del pecho.
—Sí, que le dolía el pecho. Dije: “Uy, le va a agarrar un paro, se va a morir”. Lo llamaba al cardiólogo. Y él me dice: “No, quedate tranquila, no tiene nada, pero puede ser que le pase”. Bueno, okey. Estaba en un partido de polo, tenía cámaras por todos lados. Empieza a decir: “Ay, me duele, me duele el pecho, me duele el pecho”. Se cae del caballo. Muerto.
—Un actor de película.
—“¡Boluda, se murió, se murió! ¡Andá, andá!”. Y yo tipo: “¿Cómo que se murió?”. Y me empujaban para que vayan a verlo. Subo a la ambulancia. Y él así, muerto con la máscara. Electroshock, no sé qué. Digo: “No, no, ¿qué hago? ¿Cómo le digo a las hijas, que…?”. Los médicos me miran y dicen: “No, no podemos hacer más nada”. Yo llorando: “¿Cómo que no podés hacer más nada?”. Y él se levanta y me saca el anillo. Estuve con estrés postraumático, como dos semanas con fiebre. Me mató.
—Y ahí saca el anillo, ¿y qué le decís, Barby?
—¡Nada, lo reputeé! Obviamente le dije que sí y lo reputeé porque no podía creer toda la situación, y todo el mundo atrás aplaudiendo. Yo mirando a la situación, y pensando “pero si se acaba de morir”.
—Y tu cabeza decía: “Ha muerto en serio”.
—Sí, sí, estuve retraumada. Bueno, le digo sí, organizo el casamiento, todo en dos, tres, cuatro meses. Y no sé qué pasó. Hice un chiste en la tele, no me acuerdo. Me dijo: “Suspendé todo”.
—¿Qué hiciste con el anillo?
—¿Te acordás que lo había vendido por una aplicación? Mucho de marcas no entiendo. Pero hoy en día me entero que era un Piaget. Lo vendí por quinientos pesos. Salía como 15 mil dólares. ¡Yo qué sabía que era un diamante con no sé qué! ¡Ni idea! Ahí yo dije: “No, ya está, nunca más”.
—¿Hicieron terapia alguna vez?
—Nunca. Si hay amor, la vida sigue. Aunque yo investigo mucho.
—Ojito, ambas investigamos mucho.
—¿Es verdad que te habías separado de Martín Pepa?
—Sí, obvio, pero dos semanas nada más.
—¿Y por qué?
—Y porque nos cuesta la distancia. Cada tanto nos desesperamos. Pero me la estoy bancando rebién. Imaginate que estoy tres semanas acá, viajo una, tres semanas acá, viajo una, hago lo que puedo.
—Y él es re bueno.
—Sí, él es lo más. Vale la pena el esfuerzo.
—Sí.
—Porque es una persona muy especial.
—La nena viene y me dice: “Mamá, vino Jesús”. ¿Cómo que vino Jesús? “Sí, mamá, vino cuando yo estaba durmiendo en la cuna, vino Jesús. Me saludó y me dijo: ‘Hola, Sarah, ¿cómo estás?’”. Y yo digo: “No, está inventando”. O viste cuando decís: “No puede ser”. Y yo tipo ¡dura, pálida, intacta! A las dos semanas nos vamos al campo, Viernes Santo.
—Justo Viernes Santo también.
—Por eso, es como todo muy raro. Vamos manejando re tranquila, en ochenta, setenta, ahí por ruta tres. Súper relajada, ella atrás en su sillita, con la niñera, re bien. Y de la nada veo un rastrojero de color naranja, que yo… ¿viste?, ya tenés el instinto de “se va a mandar, se va a mandar”…
—Que se va a mandar en contramano.
—¡Nunca pensé que se me iba a venir de frente! A todo esto, yo al lado tengo un camión de nafta. O sea, si yo me mandaba para allí, iba a chocar con el camión, iba a ser todo como un desastre. El tipo dobla, yo como que hago una maniobra, que estaba con esta camioneta que me regaló Burlando, que hoy en día tipo agradezco a la vida de haber estado con esa camioneta. Hago como el frenado letal, pero el de atrás, claro, me la pega a mí. Pero nada, por suerte no nos pasó nada, ella no se enteró de nada, fue como un golpecito, muy poquito. Ella no se enteró de nada, pero lamentablemente los de atrás sí se golpearon, una pareja de jubilados con un perrito… El tipo se mandó contramano por la banquina y siguió. Pudimos detectar al señor, tenía como ochenta años, que encima se dio a la fuga. El tipo cuando llega a su casa deja el rastrojero, agarra una camioneta para irse, se estaba yendo para la costa, nivel fuga. Y Burlando haciendo su trabajo legal, lo pudieron encontrar y le sacaron el carnet.
—Ahí estabas protegida.
—Pero fue un milagro.
—Protegida. Jesús las protegió.
—Después yo también me quedé como todo un día en shock, como que empecé a unir todo, toda la situación: que yo había visto a Jesús, Viernes Santo, Pascuas, como que dije, bueno, no, Barby, ¡quedate tranquila que estás protegida!
—¿Alguna vez te agarraste de los pelos con alguien?
—Sí, me robaron la cortina.
—¿Qué?
—Había ahorrado un montón de plata para ponerme una cortina. ¿Viste esas que te ponen pelo y que quedás divina?
—Tu primer cortina.

—Mi primer cortina, literal. Fui al boliche con amigas y en un momento había una piba que me miraba raro. Estaba ahí, en el VIP, viene la piba, me mira y medio que me empuja. Claro, yo tenía veinte años, me sale el barrio de adentro: “Eh, ¿qué hacés? ¿Qué me tocás?“, plum, plum, plum, plum, me arranca el pelo, me arranca la cortina, se queda con el gato en la mano. Yo la miro y digo: “No, mi cortina”. Y la hija de p… agarra el pelo y se lo lleva.
—¡¿Salió corriendo con la cortina?!
—Humillada, pelada quedé.
—Es más, lo cara que la cortina.
—No, no, no entendés lo que lloré.
—Aprendiste la lección, por cabrona.
—Y ahí nunca más, dije: “¡No me van a chorear otra vez el pelo!”
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Maximiliano Luna
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Qué ver en Netflix: la película del Dibu Martínez ideal para palpitar el mundial

A medida que crece la expectativa por el Mundial 2026, Netflix decidió jugar una carta fuerte para meterse de lleno en el clima futbolero. La plataforma estrenó Dibu Martínez: El pibe que ataja el tiempo, un documental que repasa la vida del arquero de la Selección Argentina y muestra el recorrido que lo llevó desde su infancia en Mar del Plata hasta convertirse en uno de los grandes héroes deportivos del país.
La producción, de poco más de una hora de duración, propone un viaje por los momentos más importantes de la carrera de Emiliano Martínez. Desde sus primeros pasos en el fútbol hasta las noches más gloriosas con la camiseta argentina, el film reconstruye una historia marcada por la perseverancia, los sacrificios y la convicción de perseguir un sueño que parecía lejano.
Uno de los grandes atractivos del documental es la presencia de figuras fundamentales en la vida profesional del arquero. Entre los testimonios aparecen Lionel Messi y Lionel Scaloni, quienes aportan su mirada sobre el impacto que tuvo el Dibu dentro del grupo campeón del mundo y la importancia que adquirió en los momentos más decisivos de la historia reciente de la Selección.
Además de las entrevistas, la película incorpora material de archivo inédito, recuerdos familiares y secuencias animadas ilustradas por Liniers. Esa combinación le aporta un tono dinámico y emotivo que busca conectar tanto con los fanáticos del fútbol como con quienes simplemente disfrutan de las historias de superación personal.
LA SERIE DEL DIBU MARTÍNEZ QUE LA ROMPE
Basada en un relato de Hernán Casciari, la propuesta también pone el foco en el costado más humano del arquero. Lejos de quedarse únicamente en sus atajadas históricas o en los títulos obtenidos, la producción intenta mostrar quién es Emiliano detrás de los guantes y cómo construyó una personalidad que hoy despierta admiración en millones de personas.
Con el Mundial cada vez más cerca, Netflix encontró una forma ideal de encender la pasión futbolera. Y lo hizo contando la historia de un chico que soñó con defender un arco, trabajó durante años para lograrlo y terminó transformándose en una de las figuras más queridas del deporte argentino.
Netflix
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Grego Rossello lució un edredón en su cama que generó debate y le hizo un planteo a Wanda Nara: “Fue toda su culpa”

Grego Rossello alteró las redes sociales al compartir una insólita polémica de su departamento que terminó salpicando a nada menos que Wanda Nara. Todo comenzó cuando el influencer mostró en sus stories de Instagram una imagen de su cama, con un edredón color bordó oscuro que generó una catarata de comentarios, debates y memes entre sus seguidores y amigos. El propio Grego reconoció que no esperaba semejante repercusión y, fiel a su estilo descontracturado, le echó la culpa a Wanda por no pasarle la marca del edredón que le había gustado en una de sus historias.



Todo empezó de la manera más inocente: el presentador de Ferné con Grego (Telefe) subió la foto de su dormitorio y preguntó a sus seguidores si era “muy polémico el bordó”. “Me gustaba que haga juego con las mesas de luz. Pero parece el cuarto de Hugh Hefner”, bromeó, abriendo una encuesta para saber si la su comunidad bancaba el color o si, como temía, era demasiado jugado. Por si acaso, admitió que también lo había comprado en gris “por las dudas”.
La reacción fue inmediata y feroz. Los mensajes iban desde el elogio (“Hermoso, pero parece cama de telo”) hasta la crítica despiadada (“Es un espanto. Perdón. Pero parece buena calidad jajajaja”; “Un horror”; “Me da a telo”). Algunos seguidores lo acusaron de haber montado un prostíbulo, otros sugirieron que era la habitación de Sandro, Leo Mattioli o “un telo low cost”. Incluso, sex shops lo contactaron por privado para ofrecerle juguetes y productos para “ese telo”, a lo que el conductor respondió entre risas: “¡Es mi cuarto lpm no es un telo!”.



El propio influencer no pudo evitar reírse de la cantidad de mensajes y del ingenio de la gente: “Récord de mi Instagram, la cantidad de gente que votó por el acolchado horrendo. Son malos, ¿eh? Porque si pongo algo lindo, no aguanta nadie. Pongo algo feo, cómo me dan, hijos de p…”.
La polémica siguió cuando Grego decidió probar con distintas luces y estilos de fotografía. “Con la luz cálida no queda tan chillón y me gusta bastante. Pero con la luz de día realmente es un telo”, admitió, compartiendo otra imagen de la habitación teñida de rojo intenso. “Con esta luz encima que puse ahora, realmente es el cuarto de Christian Gray del tercer cordón del conurbano. A mí me gusta. Me la banco”, sentenció, aceptando con humor el veredicto popular.


Entre los consejos de sus seguidores, uno se destacó por intentar “salvar” la decoración: “Combínalo con más almohadas de color gris y tal vez una manta en los pies”. Rossello no tardó en confesar que había comprado un acolchado gris de repuesto, cediendo ante la presión de la comunidad y de su propia madre, que intervino a través de un mensaje: “¡No compres solo! Volando llegó el gris. Es re lindo”. El influencer, resignado, replicó: “Tengo 34 años, puedo comprar solo”.
La historia dio un giro inesperado cuando el creador de contenido mostró la conversación privada que mantuvo con Wanda Nara. Todo había comenzado días antes, cuando Wanda subió una foto de uno de los cuartos de su casa y Grego, rápido de reflejos, aprovechó la excusa del edredón para escribirle: “Hola Wan, vi la historia del cuarto en tu casa. ¿Te puedo preguntar de dónde es el edredón? Y de paso si tenías ganas que vayamos a tomar algo juntos”. Wanda, lejos de esquivarlo, le siguió el juego: “Ja, ja,ja. Es hermoso el edredón. Pero no sé si me decís de verdad o es una excusa ja, ja, ja, ja”. Rossello respondió con honestidad: “Me encantó el edredón”.


El intercambio, que el influencer compartió con sus seguidores, terminó viralizándose y desató una ola de especulaciones sobre si realmente había habido un coqueteo o si todo quedó en una divertida anécdota virtual. “Después les cuento si funcionó la del edredón”, bromeó el humorista.
Fiel a su estilo, Grego cerró la secuencia con un mensaje que resumió la experiencia: “Fue todo culpa de Wanda que no me pasó su marca de edredón”.
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