CHIMENTOS
“No cartoneo”: la fuerte decisión de Ximena Capristo que la dejó afuera del documental de Silvina Luna

La inminente llegada del documental sobre Silvina Luna reavivó emociones, recuerdos y también algunas tensiones inesperadas. En ese contexto, una de las ausencias que más llamó la atención fue la de Ximena Capristo, quien decidió no formar parte del proyecto impulsado por el entorno de la modelo.
Lejos de esquivar el tema, Capristo rompió el silencio y explicó con claridad los motivos detrás de su decisión. “La serie es sobre Silvina. Obviamente autoricé a que usen imágenes mías si querían, pero no quise participar”, expresó en una entrevista televisiva, dejando en claro que su postura no fue improvisada.
Sin embargo, lo que realmente encendió la polémica fue la frase que lanzó a continuación: “Yo no cartoneo. Jamás cartoneé con mi amiga”. Con esas palabras, la panelista marcó una línea firme respecto a cómo elige transitar el duelo y el recuerdo de quien fue una de sus amigas más cercanas.
La relación entre Capristo, su pareja y Silvina Luna se remonta a los tiempos de convivencia en Gran Hermano, donde nació un vínculo que se mantuvo durante más de dos décadas. Según contó, ese lazo fue siempre profundo y auténtico, al punto de considerarse familia.
Por eso, su ausencia en el documental no tardó en generar especulaciones. Algunos deslizaron que podría haber diferencias con la producción o incluso con el entorno de la modelo. Sin embargo, Capristo fue contundente al desmentir cualquier conflicto: su decisión, aseguró, es completamente personal.
“Yo sé la relación que tuvimos. Pudimos verla en su último momento y eso es lo que me llevo”, sostuvo, visiblemente movilizada. Además, reveló cómo elige recordarla en la intimidad: con una foto, una vela y una conexión espiritual que mantiene viva lejos de las cámaras.
En ese sentido, dejó en claro que su negativa no implica una falta de respeto hacia el proyecto, sino todo lo contrario. Para ella, participar sin la presencia de Silvina no tenía el mismo sentido. “Si ella me lo pedía en vida, hubiese estado. Pero hoy decido yo”, explicó, reafirmando su postura.
El documental, que ya genera expectativa antes de su estreno, promete recorrer la vida de Silvina Luna y arrojar luz sobre distintos aspectos de su historia. Sin embargo, la decisión de Capristo sumó un nuevo capítulo a la conversación pública, poniendo sobre la mesa el delicado límite entre homenaje y exposición.
Mientras tanto, el recuerdo de Silvina sigue más presente que nunca. Y en medio de ese escenario, la voz de Ximena Capristo aporta una mirada distinta: la de quien elige el silencio mediático para preservar lo más importante.
Ximena Capristo, Silvina Luna
CHIMENTOS
No sos vos: la ciencia explica por qué posponés la alarma una y otra vez y no podés levantarte

Para muchas personas, el momento en que suena la alarma es el más difícil del día. Aunque hayan dormido varias horas, levantarse se siente como una lucha interna: el cuerpo pide seguir en la cama y la mente tarda en reaccionar. Pero la ciencia tiene una respuesta clara para esto.
El principal responsable es un fenómeno conocido como inercia del sueño. Se trata de un estado de transición entre el sueño y la vigilia en el que el cerebro todavía no está completamente activo. Durante ese período, es normal sentirse desorientado, lento y con una fuerte necesidad de seguir durmiendo.
Este estado puede durar entre 30 y 60 minutos, e incluso más en algunos casos. En ese tiempo, funciones como la memoria, la atención y la toma de decisiones funcionan de manera más limitada, lo que explica por qué tareas simples parecen mucho más difíciles apenas uno se despierta.
A esto se suma otro factor clave: el momento en el que suena la alarma. El sueño no es uniforme, sino que está compuesto por distintas fases. Si el despertador interrumpe una etapa profunda, como el sueño de ondas lentas, la sensación de cansancio será mucho más intensa.
Además, el cuerpo funciona con un reloj biológico interno, conocido como ritmo circadiano. Este sistema regula cuándo sentimos sueño y cuándo estamos más alertas. Si la alarma suena en un horario que no coincide con ese ritmo, despertarse se vuelve aún más difícil.
Incluso el hábito de usar el botón snooze puede empeorar la situación. Estudios recientes muestran que más de la mitad de las personas lo usan regularmente, lo que fragmenta el descanso y prolonga la sensación de somnolencia.
Qué cosas hacen más difícil levantarte a la mañana
- Dormir menos horas de las que el cuerpo necesita
- Acostarse en horarios irregulares
- Despertarse en medio de una fase profunda del sueño
- Usar repetidamente el botón snooze
- Tener un ritmo circadiano desordenado
- Exponerse poco a la luz natural al despertar
Los especialistas coinciden en que no se trata de poner más voluntad, sino de entender cómo funciona el cuerpo. Pequeños cambios, como mantener horarios regulares, evitar pantallas antes de dormir o exponerse a la luz natural al despertar, pueden ayudar a reducir esa sensación de pesadez.
Levantarse con la alarma no es solo una cuestión de actitud. Es un proceso biológico complejo en el que el cuerpo y el cerebro necesitan tiempo para activarse. Entenderlo no solo ayuda a dejar de culparse, sino también a encontrar formas más efectivas de empezar el día con más energía.
Alarma
CHIMENTOS
Jackita: “Me cerraron puertas por mi personalidad, me trataban de conflictiva”

Jackita -nacida como Jacqueline Acosta Lera el 5 de marzo de 1988 en Ciudad de Buenos Aires-, transita la última etapa de su primer embarazo junto a su pareja, José Alegre. Esperan un hijo al que llamarán Isaac.
La cantante lleva editada más de una decena de discos, con tres trabajos nominados a los Premios Gardel (2013, 2015, 2019) en la categoría de Música Tropical, y en 2019 fue seleccionada por Spotify como referente de la cumbia latinoamericana.
Sus inicios se remontan a 2003 con “La Loza”, la banda que formó junto a su hermano Marito en el barrio San Cristóbal. Durante esa época, gestionó de manera autodidacta sus primeras presentaciones, logrando hasta 10 shows seguidos en corsos de Capital Federal tras contactar personalmente a los organizadores.
Entre 2008 y 2009 adoptó el seudónimo “Jackita La Zorra”, inspirado por su rol de justiciera y por las letras de sus canciones feministas dentro de un género predominantemente masculino, desde 2010, utiliza solo “Jackita”.
Su carrera enfrentó un episodio crítico en 2016, cuando sufrió un accidente durante una gira en Salta y Jujuy que requirió una intervención de urgencia: un desprendimiento maxilofacial le provocó 40 puntos de sutura en el rostro, a causa de no llevar el cinturón de seguridad.
Quizás una faceta desconocida de Jacki, es su trayectoria en el taekwondo con campeonatos sudamericanos, títulos en Poomsae y su reconocimiento como Miss Taekwondo Sudamericana 2004, la única argentina que ha recibido esta distinción. Además de ser instructora certificada y cinturón negro en este arte marcial, la artista también tiene un rol solidario como predicadora en el Ministerio Maná de Vida, brindando asistencia a personas en situación de calle.
Acá, los momentos más destacados de la entrevista:
—Hola, Jackita, bienvenida. Primera invitada femenina a “Nunca me faltes”.
—Qué bueno, agradecida por eso.
—¿Cómo estás? ¿En qué momento te encontramos hoy?
—Totalmente embarazada (risas). Somos dos hoy, estoy con Isaac acá, de ocho meses y algo; es mi primer hijo. Y proyectando muchas cosas. Por más que esté embarazada, no es que me tiro a descansar, mi cabeza sigue trabajando.
—De hecho estuviste en escenario hasta hace no mucho…
—Sí, hasta hace dos semanas que anduvimos en Uruguay y ahí dije “Ya está”. Porque la verdad que estaba bien físicamente, pero cuando entré en los ocho meses me cansé; como que ya no puedo caminar igual. Pero bien, la verdad que me dejó trabajar mi hijo.
—O sea, cumbiero ya desde la panza.
—Sí, ya tiene sus llantitas, las zapatillitas con resorte, va a nacer con eso (risas).
—¿Esa convivencia del escenario y el embarazo la llevaste bien?
—Súper bién porque al ser ahora mi propia productora, hoy por hoy tengo toda la carga encima del grupo, pero puedo organizarme bien con los shows y los lugares puntuales donde ir. La verdad, por mí no cortaba, pero bueno, hay que descansar.
—Y te agarra también ya con mucho más recorrido en tu carrera. ¿Qué te pasa cuando pensás en esos inicios tuyos?
—Ayer, justamente, estuve mirando las fotos en mi primer Facebook y yo le decía a mi esposo, le digo: “Guau, mirá la cantidad de años que yo estoy haciendo esto”, ya estamos cumpliendo diecisiete años.
—¿Diecisiete ya?
—Sí, y este es el momento para que yo sea madre, sinceramente. “Jackita” fue mi primer hijo en realidad, y como que cuidé mucho de mi carrera y le dediqué mucho tiempo, le dediqué mi vida y hoy estoy en una etapa donde tengo todo bajo control: me siento muy realizada, muy valorada. En otras épocas por ahí pensaba que si tenía un hijo iba a tener que parar un montón de tiempo y no era el momento. Este es el momento, así que lo disfruto mucho. Y si cuento mi primer grupo del barrio ya son más de veinte seguro.
—Y hace veinte años no era la misma escena que hoy en en un montón de aspectos, ¿no?
—Sí.
—¿Y cómo es ser mujer en el ambiente y la movida de la cumbia?
—Yo creo que los logros son triples, y más en esa época. Cada logro mío valía por tres, porque realmente era una escena que no… (piensa). Hoy, gracias a Dios, ya hay muchas artistas femeninas. Pero en aquella época, en la movida tropical había una o dos cantantes. Cuando entro yo estaba Dalila, Ángela, Karina, vigentes te hablo. Y yo venía con una propuesta diferente encima: hacer cumbia base.
—No ibas por el lado romántico…
—Claro, yo era barrio y quería cantar a favor de las mujeres. Y otro mensaje también: “Pará, no nos insultemos, vamos a levantarnos nosotras”. Yo hice una cumbia base tipo mezclado con plena uruguaya, una cosa rara. Y claro, también se lleva para el lado de la cumbia villera. Y me decían: “No, ¿qué querés con este material?” Pero vos no sabés la cantidad de lugares que yo llevaba mis CD y me decían: “No, mi amor, cantá romántico, cantás lindo, te armo la banda, te vas a Santa Fe y grabás allá. El sábado salís en el canal…” ¡Representantes grosos te hablo, ¡eh! Y yo decía: “No, está bien, si no tenés otra propuesta yo sé que se va a dar”. Dura, yo, ¿viste?, firme en mis convicciones. Y se dio en el 2009, pero tuve que esperar.
—Y todo ese momento de esperar, ¿te hizo sentir subestimada o no valorada? Una mujer en un mundo de hombres…
—Sí, todo eso, en ese orden (risas). Pero yo creía tanto en lo que hacía porque lo disfrutaba; era la música que yo escuchaba en ese entonces, yo soy fan de Leo Mattioli de toda la vida. Yo me sentía recómoda en ese estilo de cumbia. Y más con mi forma de vestir, parecía una manifestación. También me decían: “Pero vos, vestida así con lo deportivo”. Ponele, yo usaba los jeans sueltitos, los babuchas, las chombitas, la gorrita, la mochilita. Los productores me decían: “Mirá, esa onda no va. ¿Por qué no te pones unas botas, una pollera”, ¿viste? Y yo no quería saber nada con ser sexy, digamos. Quería mostrar que una también lo podía lograr sin tener que estar mostrando de más. Con eso tuve muchas guerras, muchos frentes que enfrentar realmente. Y bueno, lo logré. Pero antes me cerraron puertas por mi personalidad, me trataban de conflictiva.
—¿Cómo fue ese momento? Porque vos estás convencida en lo que ofrecés como artista y te dicen: “Che, mostrame un poco más de piel, un poco más de…” (risas)
—Me daba mucha bronca. Una vez, me acuerdo, fui a una oficina y me miran, me hicieron dar una vueltita… a ver qué ofrecía…
—Antes de escucharte cantar querían verte.
—Claro, querían ver si tenía cola, ¡Ay, Dios, pasé por muchas cosas de esas! Yo lo que tenía era fe. Si hay algo que yo tengo es fe. O sea, vos me podés decir no y yo sé que si lo tengo, yo lo veo, lo visualizo porque se va a dar. Eso me hacía no bajar los brazos ni venderme, porque era fácil venderme y salir más rápido.
—Sí, uno tiene la sensación de que tenés carácter fuerte…
—Sí, me enojé y les paré el carro por ese carácter que yo tengo de hacerme respetar y más en ese momento, ¿no? “No, esta piba es complicada”, decían. “No vas a trabajar con esta cantante, se te va a parar de manos con el tema de la plata, con la producción”. Porque es verdad, yo miraba todo. No era una pibita que estaba ilusionada nada más que con cantar. Y eso me complicó las cosas también. Pero bueno, fue porque ellos andaban en cosas raras, querían pasarme por encima, ¿viste? O tratarme como un objeto.
—¿A qué te referís con “cosas raras”…?
—Que tienen cosas para ocultar. Los productores de antes, a los artistas, nos daban dos monedas y ellos cobraban un millón de pesos. Yo siempre estuve muy atenta con esas cosas y molestaba.
—Y ahí te plantás. ¿Y cómo te lográs imponer ante eso también?

—Me costaba porque yo a su vez tenía una persona en el medio, el productor de la banda, y en realidad es como que él tenía la última palabra. Entonces yo ahí tenía mucho choque con esta persona. Pero bueno, fue cuestión de años hasta que me pude salir de todo ese sistema. Por ejemplo, trabajé tres años para dos representantes y me venía enterando que hacían mucha pero muuuuucha plata. Nos reunimos y le digo: “Chicos, me enteré que allá en Rosario se llenó el lugar y a mí me pasaron lo mínimo”. Y claro, los tipos me miraron y me odiaron. Y les digo: “Vamos a respetar la agenda hasta donde esté y después de eso ya no me vendas más”. Fue la primera vez que tuve como un encontronazo con un representante.
—¿Cómo es eso? ¿Vos te enterás que por un show que hiciste, ponele, se pagó cien y vos cobraste diez, y el resto se repartieron entre otros’?
—Entre millones de personas (risas). Había muchos intermediarios en esa época. Eran otros tiempos. Necesitabas el representante, necesitabas todo eso para poder trabajar. Y cuando les dije que me retiraba, me dijeron “Vos no vas a volver a trabajar nunca más en ninguna parte de la Argentina”. Y yo “Bueno, eso lo vamos a ver”, le digo. “Prefiero no trabajar, pero no hacerte ganar más plata a vos y yo llevarme un centavo”, porque yo me la pasaba en la camioneta.
—Entiendo…
—Yo vivía en una combi, esto fue en el 2012. Me acuerdo de que un día llego al Chaco, me bajo de la camioneta y me desmayo. Dije: “¿Qué me pasó?” Claro, llevaba tres años sin parar de verdad. Salíamos jueves, viernes, sábado, domingo y lunes, el martes llegaba a mi casa destruida y ya el jueves salíamos de nuevo. O sea, no tenía vida, ¡y tampoco tenía plata! (risas). Porque de última vos me decís: “Te estás trabajando todo pero te estás llenando de plata”. O sea, podía vivir bien pero no era la plata que yo me tenía que llevar, ¿me entendés?
Estaba siendo tratada como un producto y me estaban exprimiendo, esa es la realidad. Pasa eso, me separo de esa oficina y con mi productor propongo hacer una oficina propia. Y ahí nos hicieron ver estrellas, nos iban cerrando las puertas. Pero gracias a Dios había otro empresario que no era tan importante que dijo “Che, Jacki, vamos, vení”. Y ahí trabajé en todas las provincias. Y nos fue súper bién. Pero sí, pasé por muchas cosas de estas, de tener que defendermi grupo. O sea, te estoy contando de que antes de entrar a la movida tuve que pasar por mucho también para que se me valorara como mujer, para que se me escuchara la propuesta que yo quería hacer, que no era solamente una cantante sino que venía con una producción. Decir: “Che, yo quiero cantar este estilo y vestirme así y decir esto”.
—¿En algún momento dudás o siempre firme y plantada?
—No, firme y plantada. Prefería no ir a ningún lado y quedarme en mi casa diciendo: “Yo sé que esto es lo que yo quiero hacer”, porque yo lo veía. Dios fue muy bueno conmigo, me dio mucho más de lo que imaginé. Yo quería salir a cantar para tocar en Fantástico, Metropolis, que eran los boliches que yo iba, para mí eso ya era un montón porque ahí estaban todos mis amigos. Y todo lo que vino después fue enorme, grande en Uruguay y acá en Argentina. Como que me encontré con un universo nuevo y vi que había mucha gente detrás de la banda.
—Recién contabas esa anécdota en Chaco, desmayándote. Después pasó tu accidente, en 2016…
—Sí, eso fue en Salta. Estábamos llegando al quinto de la noche y el hombre que había armado la gira…
—¿El quinto show de la noche, decís?
—Claro, íbamos al sexto, una cosa así, y había una neblina tremenda. Y el que había armado la gira me dice “Vamos en el auto”. Entonces llegamos primero, porque era la época que en Jujuy cerraban a las cuatro de la mañana. Imaginate de lo que te hablo, cinco bailantas a las cuatro mañana habíamos metido, ¡una locura! Estaba todo blanco y el tipo aceleró. Y había una curva y era una montaña (risas). ¡Imaginate! Salimos volando, nos hicimos pelota. La que peor la pasó fui yo: se me había despegado todo esto del maxilar, me dieron cuarenta puntos en la boca.
—Te reconstruyeron la cara.
—Sí, pero gracias a Dios, fue solo piel y no hueso. Tenía la cara colgando. Llegué al hospital y le digo a los médicos: “¿Me pueden poner la gotita que yo me arreglo allá en Buenos Aires?” Se me rieron todos como diciendo: “No te ves la cara cómo la tenés. ¿no?” Me trataron bárbaro en el hospital de Orán, les mando un beso: me quedó la cara perfecta. Cuando vuelvo de ahí, yo quise parar y reorganizar las cosas, pero seguía teniendo este productor de por medio que no quería parar…
—¿Ni siquiera después del accidente?
—Sí, en un mes y medio ya estaba en la ruta de nuevo y con ataques de pánico. Me acuerdo que en la camioneta me caía agua de las manos del miedo que tenía. Me subía al escenario temblando, fue horrible. Aparte tenía la cara mal, comía papilla, la pasé re mal. Hoy me río, pero la pasé re mal.
—Pero cuando tuviste el accidente, ¿después seguías con ataque de pánico en la gira? ¿No hay un momento en el que decís “Che, hay que parar un poco”?
—Sí, me paró la pandemia (risas). Para mí fue un antes y un después. Me quedo en casa, como todo el mundo, y empecé a replantearme muchas cosas: la pandemia fue lo mejor que me pasó a nivel persona y a nivel espiritual. Ahí prácticamente me abro del productor este que tenía. Y empecé a darme cuenta de que yo sufría de ansiedad. O sea, en mi casa me doy cuenta de las cosas que padecía. Me encontré conmigo misma, digamos.
—Claro…
—Que sufría de ansiedad, que sufría de pánico, que tenía un vacío tremendo. O sea, que todas las cosas que había logrado no me servían de nada. No me llenaba. No sabía qué hacer. Pensaba: si voy a, a los premios Gardel me voy a sentir bien, iba y me sentía horrendo. Hacíamos una gira por México, llegábamos y me sentía horrible. Como que yo siempre buscaba esos premios de mi trabajo, del reconocimiento… Pero de lo que nunca me voy a quejar es de que la gente siempre explotó en todos lados. Si yo estoy sentada acá todavía es por la gente. Y cuando me encuentro a solas conmigo me doy cuenta que yo tenía una necesidad tremenda, y que me sentía muy sola.
Y ahí es donde yo hago un click. Veo una película, “Cuarto de guerra”; parece que yo laburo para esa película porque lo cuento en todos lados (risas). Ahí veo que la mujer tenía una Biblia, la empieza a leer y le cambia la vida. Al otro día empecé a buscar una Biblia por todos lados. Fui a todas las iglesias. En una iglesia me dicen: “Mirá, hoy justo hay reunión y al final damos la Biblia”; me quedé, me dan la Biblia y empecé a leerla y me cambió la vida: literal. Lo primero que me pasó fue que me encuentro con Dios en mi casa. Y con el tiempo ese vacío se va, se me va la ansiedad, se me va el miedo, o sea, fue impresionante lo que me pasó. Yo sola en mi casa. Me empecé a replantear las cosas, a darme cuenta que yo tenía puesto mi corazón en el grupo, que era lo más importante para mí. Por eso también me fallaba, porque obviamente es un trabajo, es el afán de querer cada vez más y no, no te contentás. Eso trae muchas consecuencias, porque te agarra ansiedad, porque querés más…
—¿Como que antes te pasaba que no sabías a dónde ibas?
—Sí, es que en este ambiente todos son muy competitivos. Entonces te ponen la vara muy alta. Y vos te empezás a comparar con los demás también. O decir “Che, ¿por qué yo no estoy en este circuito?» Boludeces.
—No, hoy lo ves como boludeces, pero en ese momento se te iba la vida ahí…
—Claro. Y no era de envidiosa sino porque yo amaba mucho a mi grupo y quería que crezca y que esté en todos lados. Y después que pasa eso, se me calmó todo: me ordené y pude empezar a disfrutar de mi trabajo. Antes me pasaba, en realidad, que no disfrutaba el momento. No sabía lo que era disfrutar todo lo que había logrado. Y es horrible, de verdad, que trabajaste tanto por algo, lo lográs y no lo podés disfrutar. ¿Me entendés? O sea, era, era feo para mí y eso me hacía mal, muy mal.
—Y hoy que ya atravesaste todo esto, te ves más preparada para ese proyecto familiar, personal, ¿no?
—Sí, después de la pandemia, que logro separarme de este productor, el tipo hace quinientas maldades…
—¿Cómo qué?
—Como querer bajarme todo el catálogo musical siendo que yo nunca le había firmado que él podía subir mi música a una compañía discográfica; él, por maldad, me quería borrar los quince álbumes que yo tenía. O cerrarme mi canal de YouTube, cosas así todo el tiempo… Ahí me tomé el 2022 para parar. Entendí que tenía que parar para reconstruirme. Y bueno, me puse mi productora; no tenía ni un contacto de teléfono porque esta persona manejaba todo. Empecé a subir contenido, a hacer cosas y se empezaron a comunicar. Fue maravilloso. Te digo que estos últimos tres años, ¡por lejos! fueron mucho mejor que los catorce años anteriores.

—¿En qué sentido?
—En todo. Económicamente, abismal, por lejos. Y de poder trabajar en paz, también.
—Digo, para entender la diferencia: lo que antes se tercerizaba -y mordían en cualquier show-, ahora es cien por ciento tuyo, digamos.
—Claro, ya no hay vampiros (ríe). Y te repito, empecé a trabajar en paz también: si un finde no quiero trabajar, me lo tomo. Empecé a manejar mis tiempos.
—Y hoy, ¿cómo te imaginás a Jacki mamá?
—Estoy re preparada. Es el momento perfecto porque ya vengo de estar bien organizada con mi trabajo, con mi vida personal. Siento que este es el mejor momento de mi vida. Creo que voy a ser una buena mamá; voy a hacer lo mejor que esté a mi alcance para criar a Isaac y seguir con mi trabajo también.
—Escúchame, ya vimos lo fuerte que es tu personalidad y carácter por cómo manejaste el tema productores. Como mamá, ¿crees que va a aparecer también esa personalidad?
—Sí, sí, sí, aunque igual yo quiero hacer el papel de la buena. Y que mi marido haga del malo (ríen).
—Vos aparte sos taekwondista, ¿no?
—Sí, yo era cinturón negro, y tricampeona sudamericana de taekwondo.
—Bueno, Jackita, gracias por venir. ¿Le querés decir algo Isaac, por si algún día ve esta nota?
—Que lo amo, que vino a completar esa felicidad que a mí me faltaba: ser mamá… ¡Ay, voy a llorar!
Ya vamos a volver con él… (ríe)
Fotos: Jaime Olivos
CHIMENTOS
La separación de Guido Kaczka y Flor Bertotti: la infidelidad más dolorosa de la historia y la novela maldita que marcó el final

A veces pasa.
A veces pasa la curiosidad de los apellidos que coinciden o combinan con las profesiones de sus dueños.
Por ejemplo, un neurólogo se puede apellidar Cabezas, un gomero Rueda, alguien que arregla o hace rejas Herrero, un militar Guerrero, un abogado Leyes, un arquitecto Paredes, un banquero o prestamista Cash, un árbitro de fútbol Amarilla, un bombero Cienfuegos, un nutricionista Delgado o el dueño de una inmobiliaria Casas. Sí, a veces pasa.
Cada tanto sucede, como esta vez: la historia del amante que se llama Federico Amador.
2010
Para mediados de 2010 Guido Kaczka ya pintaba para transformarse en lo que es hoy, el tipo más querido de la televisión argentina. El que mejor cae. El más simpático. El que convierte en oro (o en plata, porque ahora está segundo detrás de Gran Hermano) todo lo que toca o todos los proyectos que se pone entre manos. En la radio sí es Mister Rating, el conductor más escuchado de la FM en yunta con Santiago Del Moro. Ejem, el que le gana a la noche en la tele.
En fin, es 2010 y Guido ya se perfila como uno de los grandes proyectos de la pantalla chica. Es simpático, carismático, querible, afable, bonachón, talentoso, emprendedor y, sobre todo, laburador como pocos. O como ninguno: si hay que estar a las tres de la mañana filmando una escena, está. Si hay que grabar abajo de la lluvia no solo no dice ni mu: además, se saca la campera y se la da a una compañera para que se cubra. Si hay que salir al toro para cubrir a alguien que falta se muestra en vez de esconderse.
Igual que ahora -la gente, al fin y al cabo, no cambia- para Guido no hay primeros de mayo: todos son días buenos y oportunos para laburar. Esa presencia permanente en el candelero, esa fama de tipo bonachón y amiguero y esa pinta de hombre sencillo y padre de familia atento y ocupado lo van poniendo en carrera para volverse, en un momento dado, en un número uno indiscutido.
También lo ayuda a dar unos cuantos saltos en esa escalera rumbo al firmamento su matrimonio con Flor Bertotti, una de las más queridas de la escudería de Cris Morena, lo que es toda una definición en sí misma. Por ahí no pasa, ni mucho menos triunfa, cualquiera. Ese lugar está reservado para las elegidas: Lali Espósito, La China Suárez, Camila Bordonaba, Luisana Lopilato, Agustina Cherri. Al lado de esa «fórmula uno» Guido aceleró y avanzó un montón de casilleros.
Pero de pronto sucede lo inesperado y, para la enorme mayoría de la gente, lo inexplicable. Sin que ninguno de los dos dijera nada la información deja a todos absortos y patas para arriba: Guido y Florencia estaban separados. No era una crisis, no era algo pasajero, no era un cimbronazo y vemos, no era tomarse un tiempo ni darse un espacio. No, ruptura definitiva y a otra cosa. Cero chances para una reconciliación, para una nueva oportunidad, para una segunda vuelta. El casorio no fue para toda la vida, la ruptura sí. Para colmo, el silencio agigantó el misterio. ¿Qué pasó ahí para que la cosa se resolviera en un santiamén y de manera tan contundente?
2008
Dos años antes de ese final tan abrupto y tan intrigante, Guido siente que es momento de dar un paso más. Le hierve por la sangre el deseo de hacer algo también «atrás de cámaras». Tuvo al mejor maestro que podría haber tenido, al menos para esos menesteres. Aprendió de Gerardo Sofovich, uno de los hombres que «inventó» la televisión, y sabe que está a las puertas de convertirse en otra cosa. Ya fue un principiante, ya fue un secundón, ya fue segunda guitarra, ya fue protagonista y ahora quiere ser otra cosa. Quiere ser productor.
Guido, lo demostró su trayectoria, tiene buen ojo para las iniciativas televisivas. Pero no siempre se puede acertar. Ya dice el refrán que al mejor cazador se le escapa la liebre, y Guido no sabe que la idea que le cuenta a Flor Bertotti lo va a condenar a una de las peores experiencias de su vida, sino la más traumática. De haberlo sabido es probable que no le hubiera dicho nada, pero no lo sabe y termina convenciendo a su mujer de encarar un proyecto que sería la decisión más errada de todas, la novela Niní.

Nadie sabe bien por qué, pero para acompañar a Florencia Bertotti, que encarnará el protagónico femenino, el elegido es Federico Amador, un muchacho que venía en ascenso pero que nunca había interpretado un rol central. La principal hipótesis, aun hoy, es que querían a alguien que al menos en la previa «no le hiciera sombra» a ella, que con esa jugada de ajedrez se garantizaba ser la que recogiera (¡Ejem II!) los frutos del éxito en caso de que existiera.
El primer capítulo se emitió el 8 de setiembre de 2009 por Telefe, el mismo canal que transmitió las 137 episodios distribuidos en el curioso fixture de «de lunes a jueves de 18 a 19 horas». Hoy en día, los 19,1 puntos que promedió aquel punto de partido serían una verdadera locura. Aquella vez se celebró con un dejo medio amargón por no llegar a los 20 puntos. Igual la novela anduvo bien, hasta que, como dijo alguna vez un presidente de la Nación, pasaron cosas.
Niní finalmente fue considerada «la novela maldita» para aquellos que aun siguen atentamente los pasos de Guido y de Florencia. Llevarse «todo el trabajo a la casa» y estar prácticamente las 24 horas juntos desgastó completamente a la pareja. Los dos reaccionaron diferente frente a la abulia y el aburrimiento: a él lo hizo pensar en nueva ideas y en nuevos emprendimientos televisivos, y a ella la acercó más de lo aconsejable a Amador, que estaba casado y tenía dos hijos. Era un problema para los dos, que resolvieron de la única manera que se puede en estos casos: dejaron todo y se fueron a vivir su amor contra todo y contra todos.
La «maldición de Niní» se completó poco tiempo después, cuando Cris Morena pateó el tablero y les metió un terrible juicio por la filosa acusación de plagio sobre sus productos Chiquititas y Floricienta. Para colmo, se los ganó y logró un fallo que puede considerarse histórico. La decisión de la justicia precipitó el final de la tira, que salió al aire por última vez el 10 de abril de 2010 c un capítulo doble cuyo rating se midió en 16,1 puntos. La separación trascendió poco antes, en marzo. Más claro, imposible.
1998 Y 2006
Cris Morena. Siempre Cris Morena. En 1997 ella pensó que una novela llena de pibes podía funcionar. Algunos se le rieron y ella siguió adelante. Y con fuerza, tesón, garra y también un par de gritos armó uno de los éxitos más grandes que recuerde la televisión argentina, Verano del 98. No hay adolescente de aquella pibe que haya sido indiferente a esa novela. Para amarla o para rechazarla, para seguirla o para hacer zapping, para soñar con uno de esos galanes o para ilusionarse con encontrar a una de esas doncellas en algún lado. Avasallante.
Hubo, claro, historias de amor. Algunas furtivas, otras importantes. Y hubo una que fue más allá y llegó a convertirse en matrimonio. Guido Kaczka, medio timidón entre tantos galanes aunque ya tenía la experiencia televisiva que les faltaba ella, empezó a flirtear con una de las más bonitas del elenco. Florencia Bertotti le correspondió el interés y allí nació todo.
El noviazgo fue largo. Uno, dos, tres…siete años. El 2 de diciembre de 2006, cuando sus carreras ya habían tomado sus rumbos definitvos, se convirtieron en marido y mujer. Dos años más tarde llegó uno de los días más felices de su vida. Romeo, un hermoso bebé, hoy un prometedor adolescente, llegó al mundo para iluminarles aquellas vidas. A los pocos meses a él se le ocurrió hacer Niní.
2026
Curiosamente, Guido sigue sin hablar de aquella separación. En aquel momento prefirió no hacerlo, o no pudo, y con el correr del tiempo la historia fue perdiendo peso y presencia en los medios, que se interesaron más por las nuevas parejas de los dos, más que nada con la de Bertotti y Amador. Un tiempo más tarde él blanqueó con Soledad Rodríguez, su actual mujer, con quien tuvo tres hijas más. Con Florencia tuvo a Romeo, el mayor de sus herederos. Bertotti y Amador no tuvieron hijos pero ensamblaron su familia y con los míos y los tuyos son cinco: ella, él, el hijo de ella y los dos dos de él, Vito y Cirio.
Muy por arriba, hace unos añitos, dijo en una entrevista que «las madres de mis hijos por suerte se llevan bien y hablan por cosas de Romeo, de los chicos. La convivencia tiene que ser buena por ellos» pero jamás dijo nada de los motivos que los llevaron a separarse. Cuentan, algunos que los conocen, que le costó mucho superar lo que había pasado. Que salió adelante y «le debe todo, literalmente todo», a su actual mujer. Incluso todo lo que es hoy, adelante y atrás de cámara. Bertotti tampoco dijo mucho de la cuestión, pero en su caso se entiende un poco más. ¿Qué iba a decir? «¿Sí, lo engañé?» Difícil, ¿Verdad?
Para eso no hay apellido ni identidad que alcance. Nunca. Jamás. Antes y ahora, ayer y hoy, en el pasado y en el presente, hay dolores y situaciones que no tienen nombre.


Guido Kaczka, Flor Bertotti, Federico Amador, Niní
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