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CHIMENTOS

Sergio Torres: “Cuando era chico buscaba calzado en los basurales para poder jugar al fútbol”

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Sergio Torres en Nunca me faltes, con Manu Jove

A los 13 años, Sergio Torres decidió dejar la escuela para dedicarse al canto, una determinación que marcó el origen de una trayectoria que lo convirtió en uno de los máximos exponentes de la cumbia santafesina. Nacido en la ciudad de Santa Fe el 17 de abril de 1966, el cantante construyó su carrera entre empleos precarios, una formación musical con la que nunca se dio por vencido y el paso por grupos que definieron una parte central de la movida tropical argentina.

En 2005, después de su paso por Los Palmeras y Grupo Alegría, y un años después de abandonar de manera definitiva Grupo Cali, Torres lanzó su proyecto solista con la banda Los dueños del swing. Esa etapa consolidó un recorrido que ya incluía presentaciones en festivales, peñas, boliches y shows privados para figuras como Lionel Messi.

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Torres nació y se crió en un ranchito de Villa Hipódromo, en Santa Fe. Hijo de padres separados y el mayor de cinco hermanos, pasó buena parte de su infancia entre la casa de su madre, que trabajaba muchas horas, y la de su abuela. Entre los ocho y los diez años asumió tareas de cuidado cuando nació su hermano menor.

«Yo vengo de dos familias de músicos: cantantes, acordeoneros, guitarreros. Mi madre tenía el espejo de su padre, de mi abuelo y conocía el paño, entonces lógicamente no quería saber nada con que cante», dice (Maximiliano Luna)

Sergio Torres se convirtió en referente de la cumbia santafesina gracias a un camino de puro esfuerzo: trabajó desde temprano para salir adelante y se formó casi sin recursos. Su rica trayectoria liderando proyectos musicales icónicos, antes de lanzarse como solista, lo ubicó por peso propio entre las voces más grandes de la música tropical.

Acá, los momentos más destacados de la charla:

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—Bienvenidos a Nunca me faltes, hoy con una eminencia de la música tropical, Sergio Torres.

—Gracias, Manu.

—Bueno, no sé si te considerás eminencia, yo sí, pero tenés una trayectoria muy importante…

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—No, no me creo una eminencia; sí que hace mucho tiempo que estoy sobre los escenarios. Ya hace cuarenta y siete años que paseo mi voz, mi música, por muchos lugares de mi Argentina y he visitado alguno que otro país también. Y también estamos con las Sesiones Sedientas.

—¿Contame de eso?

—Vamos a contar con otros intérpretes invitados; de lo más destacado de la movida, no solamente de Santa Fe, sino de gran parte del país. Ya hemos comenzado a grabar la primera sesión y la verdad que la gente está muy ansiosa. Es un poco retrotraernos en el tiempo, volver sobre nuestros pasos y poder grabar canciones que han tenido muy poca difusión.

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—Yendo a tus comienzos, ¿qué te acordás de aquellos inicios?

—Yo comencé a cantar a los trece años, creo que lo tomaba como un hobby, como un escape, un adolescente sin sueños. Solamente ir en el día a día a divertirme. Estaba lejos de pensar lo que uno podía llegar a lograr a través del tiempo, ¿viste?

—Tu vieja no quería que cantes, ¿puede ser?

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—¡Nooooo! Yo vengo de dos familias de músicos por parte de mi padre y de mi madre: cantantes, acordeoneros, guitarreros. Mi madre tenía el espejo de su padre, de mi abuelo y conocía el paño, entonces lógicamente no quería saber nada con que cante.

—¿Pero por qué?

—Creo que por lo bohemios que han sido todos y lo que han hecho…

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—¿Decía que eran de vagos?

—Claro, si eras músico decían “estos son unos vagos, unos atorrantes”. Y yo creo que mi madre no quería eso para su hijo. Pero a los trece años tuve que plantarme frente a mi madre y decirle: “Mamá, tengo que hablar con usted: voy a cantar, no quiero que gaste más plata en útiles escolares ni que se haga mala sangre porque no me eximo en una materia”. Ojo, en aquel tiempo enfrentarla a mi madre era como estar delante de Dios. Imaginate, yo iba a ensayar sin que mi madre lo sepa. “Me parece muy bien, pero yo vagos en mi casa no quiero. O sea que primeramente vaya a buscarse un trabajo. Cuando consiga su trabajo, puede cantar”, me respondió. Así que tuve que salir ese mismo día a buscar un trabajo.

—O sea, dejaste de estudiar y te fuiste a buscar laburo.

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—Sí, de peón de albañil. Los primeros tres años de mi carrera fueron trabajando y cantando, trabajando y cantando.

—¿Y cuándo te diste cuenta que te podías dedicar cien por ciento a la música?

—Después de esos tres años, cuando cumplí dieciséis, canté en Los Palmeras; ahí hubo un impasse de no trabajar porque viajábamos. Estuve prácticamente un año cantando con Los Palmeras. No haber podido grabar con ellos es la única cuenta pendiente que me quedó en mi carrera. Después canté seis años en el Grupo Alegría y ahí volví a trabajar porque el director, Osvaldo Rasco, tenía una fábrica de bicicletas. Laburaba de bicicletero y cantaba los fines de semana. Y después conformamos Tropical Santa Fe antes de ser Cali, o sea, recién dejé de trabajar cuando comencé a cantar en Grupo Cali.

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—Lo de las bcicletas era una ayuda económica…

—Sí, porque yo a los diecisiete años ya me había casado. Ya tenía mi primer hijo, Daniel, con dieciocho años ya fui papá. Realmente necesitaba tener otro ingreso…

—¿Y cómo convive la vida de un músico, sobre todo cuando explota, siendo un padre joven de familia?

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—A mí nunca me costó, porque yo en los cuarenta y siete años nunca floté. Y nunca me olvidé de dónde vengo ni de mis comienzos; desde mi ranchito de barro sin luz eléctrica donde crecí, nunca me olvidé de esas cosas. Actualmente vivo el día a día, con un montón de aciertos, desaciertos y esas cosas me ayudaron a mantener los pies sobre la tierra. El convivir de esas vidas era lo diario: jugar al fútbol, estar con mis amigos comiendo un asado, cantando.

—Ahora me quiero meter en el capítulo de fútbol, porque también tuviste una carrera dedicada al fútbol en parte, ¿no?

—Sí, veinte años jugué semiprofesional en Santa Fe, cantando y jugando al fútbol, que es mi otra pasión. Jugué en muchos clubes de Santa Fe.

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—¿Llegaste a entrenar con la primera de Colón?

—Vos sabés que cuando me convocan para entrenar con la primera yo venía de cantar con Tropical Santa Fe en Rosario. Llegué a la mañana temprano y me tenía que presentar, creo que tipo ocho. Me tomé el colectivo ahí en frente del Hipódromo, atravesé el portón de Colón, y cuando llego a la mitad me volví a mi casa, ni siquiera fui a entrenar.

Nunca mde faltes - Sergio Torres
«Llego el lunes al entrenamiento y el presidente Salem y mi técnico me dijeron: ‘No te quisimos decir nada, pero te fueron a ver de un club chileno de Viña del Mar’. Pero, gracias a Dios, siempre opté por cantar», explica (Foto: Maximiliano Luna)

—¿Por qué?

—No sé…

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—Ahí tiraba más la música…

—Yo siempre opté por la música. Y en ese momento yo jugaba en Ciclón Racing. También recuerdo un partido contra Unión, íbamos perdiendo dos a uno. Hice un golazo de aire, el dos a dos, la clavé en un ángulo de zurda. Y no sabía que había gente de Chile viendo el partido, que fueron a verme. Cuando llego el lunes al entrenamiento, el presidente Salem y mi técnico me dijeron: “No te quisimos decir nada, pero te fueron a ver de un club chileno de Viña del Mar”. Pero te repito, gracias a Dios, siempre opté por cantar (ríen).

—¿No crees que te hubiese ido mejor como futbolista?

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—No sé, siempre me defendí jugando al fútbol, jugaba de volante central. Pero creo que he elegido bien. Siempre me di cuenta que Dios me mandó aquí, a la Tierra, para cantar. Es algo en mi ADN, mi vocación. A mí me da lo mismo cantar para una persona que cantar para un millón. Estar arriba de un escenario y poder cantar es algo natural para mí.

—El cinco en la cancha es un poco el que distribuye el juego, el que ordena bastante al equipo…

—Sí, como una rueda de auxilio. Así soy en la vida. Soy la rueda de auxilio no solo de mi familia sino de mis amigos. Soy solidario y un corazón más grande que mi cuerpo. Así soy en la cancha y así soy en la vida.

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—¿Siempre fuiste así, solidario, incluso siendo tan humilde?

—Yo, cuando era chico, tuve menos que menos. Tenía que salir a los basurales a tratar de conseguir un calzado para poder jugar al fútbol. Yo botines conocí de grande, nunca tuve botines. Mi papá me enseñó a hacer las medias con mangas de pulóver, ¿viste? Y entonces conseguía algún calzado que estaba roto y lo cosía a mano.

—¿Revolvías la basura para encontrar zapatos?

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—Claro, íbamos al basural. Íbamos con los chicos de la villa. Yo tenía la canchita en la villa enfrente de mi casa, bien enfrente, así que al primer sonido de pelota ya me cruzaba a jugar. Y siempre jugué con la gente grande; a los doce años jugué mi primer torneo libre para la villa, siempre con gente grande, nunca con chicos de mi edad.

—¿Se jugaba por guita en esos torneos?

—Sí, claro, he ganado muchísimos. Pero todas esas cosas que me ocurrieron en mi crecimiento… yo le agradezco a Dios cada instante, cada cosa que no tuve, porque todas esas cosas me ayudaron a formarme como persona y a darle valor a las cosas, a lo que uno logra con tanto esfuerzo.

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Yo siempre hablo con mis hijos y con mi esposa Natalia y con mis padres, que tengo la fortuna de tener a mi a mi papá y a mi mamá vivos. Y cuando hablo con ellos siempre les digo que estas cosas me ayudan a darle mucho valor y estoy preparado para si un día no tengo, ¿viste? Hoy puedo comerme un asado o salir y mañana capaz que no lo tengo, y bueno, me quedaré en mi casa y comeré arroz hervido, fideos hervidos, como comí cuando era guacho. Estoy preparado para eso. Y hay algo bonito que tengo: no me interesa el dinero… ¡si nunca tuve!

—Pero incluso con una carrera exitosísima, ¿cómo es eso?

—(Risas) Te voy a decir algo que tal vez te llame la atención…

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—A ver…

—No tengo la menor idea de lo que se cobra un show mío.

—¿No sabés lo que sale un show tuyo?

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—¡Ni idea! Delante de los ojos de Dios te lo digo, ¡que Dios no me deje cantar nunca más! Yo soy creyente. Mi padre y mi madre son pastores, todos nosotros somos creyentes. Yo, cuando hablo de Dios, no chacoteo...

—¿Quién se encarga de los ingresos, tu mánager?

—Mi mujer y mi representante.

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—¿Y vos no sabés porque ya no querés saber?

—No me interesa, nunca me interesó.

—Veo que la que se encarga de los números en tu casa es tu esposa…

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—Ella maneja todo.

—O sea, además de amor, confianza ciega.

—Pero aparte ella es una eminencia de persona. Yo la admiro a ella. Aparte de ser el amor de mi vida, le tengo una admiración terrible. Tiene una capacidad terrible. Natalia es la segunda mujer en mi vida, mi segundo matrimonio.

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—Te casaste hace poco, ¿no?

—El 27 de diciembre del año pasado. Después de veintitrés años de relación.

Nunca mde faltes - Sergio Torres
«Yo botines conocí de grande. Y mi papá me enseñó a hacer las medias con manga de pulóver, ¿viste? Conseguía algún calzado roto y lo cosía a mano» (Foto: Maximiliano Luna)

—¿Y por qué después de veintitrés años?

—Porque si bien lo veníamos charlando siempre y nunca lo llevábamos a cabo, yo creo que en veintitrés años vos ya tenés consolidada tu familia. Tenemos tres hijos maravillosos: Matías de dieciocho, Ian que tiene diez y Martina que tiene seis años. Y dijimos: “Bueno, me parece que es el momento”.

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—¡Espectacular!

—Fue algo maravilloso, yo tenía una emoción terrible y vi emocionado a todos. Tenía un anhelo de entrar con mi madre del brazo y logré entrar con ella, fue algo muy, muy emotivo.

Disfrutá la entrevista completa en el video.

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Fotos: Maximiliano Luna

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CHIMENTOS

Crónica de un día de rodaje con Wanda Nara: risas, confesiones y el desafío de convertirse en actriz

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El trailer de «¿Querés ser mi hijo?», la comedia romántica protagonizada por Wanda Nara y Agustín Bernasconi (Elefantec Global y Fox Entertainment)

A las cinco de la madrugada de un jueves de mayo, mientras el cielo anuncia una jornada de lluvia y temperaturas bajas, Teleshow se embarca con destino a Montevideo para acompañar desde adentro el rodaje de ¿Querés ser mi hijo?, la película protagonizada por Wanda Nara y Agustín Bernasconi. La propuesta es pasar una jornada completa junto al equipo, conocer el detrás de escena y observar cómo la empresaria se prepara para interpretar a Lucía, un personaje que la obliga a correrse de la conducción, de la publicidad y de la imagen pública que el público conoce. La película se estrena en cines el 22 de octubre. Aquí un viaje en el tiempo para ir palpitando cómo Wanda Nara consigue cada cosa que se propone.

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El viaje a Montevideo comienza con una tenue lluvia otoñal y el movimiento del río como compañía. A medida que Buenos Aires va quedando atrás, la expectativa por llegar al set se mezcla con la incertidumbre propia de una filmación: nadie puede anticipar cuánto demorará cada escena, cuántas tomas serán necesarias ni en qué momento aparecerá Wanda frente a las cámaras. El destino final es un hotel boutique del elegante barrio montevideano de Carrasco, donde se ha montado parte de la producción. Son unos 30 minutos en auto desde el puerto hacia un sitio en el que el clima obliga a moverse entre interiores, tierra mojada al punto de convertirse en barro, luces artificiales y ventanas empañadas por el frío.

Al llegar al hotel, el set ocupa el salón principal de madera oscura y con un balcón interno repleto de bibliotecas, donde sucederá la magia en las primeras horas. Los camarógrafos se desplazan con sus equipos, los vestuaristas buscan las prendas que necesitan los actores y el personal de maquillaje y peinado termina de ajustar los últimos detalles. Parte del elenco que integran también Charo López y Jean Pierre Noher espera las indicaciones de Hernán Gerschuny, el director, mientras se verifican los colores, la iluminación y la posición de las cámaras. La producción está integrada por unas 30 personas, que trabajan alrededor de una escena y repiten cada movimiento hasta encontrar la forma ideal para llevar a cabo la escena. Y de repente aparece ella, con esa energía inevitable, y todos los ojos se direccionan en un único sentido.

La entrada de Wanda Nara al set parece congelar por unos segundos el ritmo laboral. Aparece con una bata de Hello Kitty, saluda al equipo y se acerca a los actores antes de comenzar el ensayo. Luego se ubica en el piso superior y le lanza su teléfono a una asistente como quien se libera de una carga: “Te aviso que voy a grabar”, le dice de manera juguetona, mientras deja atrás la bata para mostrar el atuendo de su personaje.

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Wanda Nara y Agustín Bernasconi durante el rodaje de «¿Querés ser mi hijo?», en la ciudad de Montevideo

La flamante actriz se mueve entre el maquillaje, el peinado y las indicaciones del equipo, especialmente por parte de su coach actoral, Pablo Ini, quien la acompaña desde cerca. Mientras le retocan el pelo, también bromea con uno de sus compañeros con un spray, en un intento de romper con la seriedad que acompaña la jornada gris. La escena que se preparan para filmar muestra a Lucía intentando ganarse a su jefe, y Wanda debe ubicarse dentro del nivel superior de la habitación, mientras sus compañeros recitan sus líneas. El equipo ajusta las luces, revisa los movimientos y acomoda los elementos del espacio. “¿Cuándo entro?”, pregunta ella, atenta al momento exacto en el que debe comenzar su participación.

Cuando se pone en posición, tal como le indica el director y su coach, Nara empieza a desplazarse por la habitación con movimientos suaves. Repite sus líneas, escucha las correcciones y acepta los cambios que surgen durante el ensayo. En una parte de la escena, su personaje demuestra conocimientos relacionados con el fútbol, un aspecto que la actriz puede abordar desde una familiaridad que también forma parte de su vida pública. No parece un guiño casual del guion. El equipo vuelve sobre algunos detalles y ella repite las frases con paciencia, mientras afuera la lluvia sigue cayendo sobre Montevideo, omo si fuera algo inevitable.

Wanda Nara filmando en Uruguay
Según Wanda, el personaje de Lucía plantea un debate sobre la libertad femenina y los prejuicios de edad en las relaciones

Pasadas las 12.30, comienzan con una primera prueba de cámara de la escena. Tan solo 10 minutos más tarde, llega la primera toma para practicar el desenvolvimiento del elenco. El salón, que hasta ese momento había estado ocupado por voces, movimientos y ajustes, queda en silencio cuando se encienden las cámaras. Wanda empieza a decir sus diálogos y entra en el personaje con una energía distinta a la que había mostrado durante los momentos previos. La escena avanza sin que necesite interrumpirse para recibir indicaciones, y durante unos minutos la empresaria deja de ser la figura que había llegado al hotel con su bata y su teléfono para convertirse en el personaje de Lucía.

Cuando termina el ensayo, el silencio vuelve a instalarse en la habitación. Wanda queda rodeada por sus estilistas y por Pablo Ini, el coach actoral que trabajó con ella durante la preparación. El equipo revisa la toma y le da nuevas indicaciones. “Vamos con el ensayo dos”, anuncia la propia Wanda antes de volver a ubicarse. La segunda toma se interrumpe por una carcajada de la actriz, que vuelve a empezar después de recomponerse y, por su lado, Ini aprovecha para alejarse un poco del rodaje y sincerarse sobre su trabajo con la flamante actriz.

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Wanda Nara filmando en Uruguay
Wanda Nara interpreta a una mujer con algunas similitudes y otras tantas difencias con su vida real

En el jardín, donde el olor a pasto mojado se mete a la fuerza en la filmación, Ini cuenta que hace tiempo quería llevar a cabo una historia como esta: “Yo tengo un proyecto de llevar a Wanda al cine hace tres años”, explica Ini a Teleshow. Pudo haber sido un proyecto en España que no se dio: tenía que ser en este Uruguay gris y otoñal: “El objetivo era trabajar con alguien que no fuera actriz y transformarla en una actriz de cine”.

El primer ensayo ocurrió cuando Wanda regresó de un viaje de Japón. Durante esa jornada, Ini observó que los métodos habituales no serían suficientes y que debía buscar otra forma de acompañarla. “Empecé a ver algunas cosas que ella tenía y dije: ‘Tengo que usar caminos no tradicionales’”, explica. Formado en Actor’s Studio y con trabajos como director de casting, su intuición lo llevó a improvisar con un personaje como Wanda para potenciar todo lo que tenía para dar. “Al tercer día ella me dijo: ‘Si vos no estás conmigo en el rodaje, yo no voy’”, relata el coach actoral, quien sigue de cerca a la protagonista en cada uno de sus pasos.

La preparación incluye análisis de texto, ejercicios para comprender qué necesita cada escena desde el punto de vista emocional y una revisión de los recursos que Wanda incorporó durante años en la pantalla chica. “Tiende a una forma de hablar quizás más comercial, más hacia arriba”, señala Ini, quien deja asomar gran entusiasmo en su tono de voz.

Wanda Nara filmando en Uruguay
Agustín Bernasconi supo que iba a protagonizar con Wanda Nara recién en el último callback

“Nosotros queremos que sea algo verdadero, íntimo, de pecho y muy cinematográfico”, explica. Para Ini, primero fue necesario trabajar sobre la persona, y después sobre el oficio. Por ello, Wanda tuvo que modificar la entonación, la respiración y la manera de sostener una frase. También se llevó tarea para el hogar: ver películas, estudiar los textos de manera monocorde, sin puntos ni comas, y hacer ejercicios de relajación y respiración. El resultado llegó cuando logró sostener los ojos cargados de lágrimas sin llegar a llorar. “En el cine lo más precioso y poderoso es cuando el actor contiene la emoción”, dice Ini, que reconoce emocionarse ante las lágrimas al verla actuar. “Es una hormiguita trabajadora”, la define.

Después de la primera parte del rodaje, el trabajo continúa durante el almuerzo. Pasadas las 15, Teleshow comparte una mesa con Wanda, Bernasconi, Gerschuny y otros medios, a pocas cuadras del hotel. El restaurante se encuentra en una zona turística de Montevideo y la comida llega mientras los periodistas hacen preguntas y los integrantes del equipo conversan sobre las escenas grabadas. En la mesa hay pesca del día, pastas y carnes rojas. El ruido de los cubiertos acompaña las respuestas y, entre miradas rápidas y comentarios sobre el rodaje, Wanda deja por un momento la dinámica del set y se dispone a enfrentar las preguntas como tantas otras veces, pero por primera vez como actriz protagonista de una ficción.

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Ante la mirada atenta de sus colegas y el progresivo acercamiento de los celulares para grabar su voz con mayor nitidez ante la música alta de los parlantes del restaurante, Wanda recuerda el proyecto trunco en España. Al día siguiente, Pablo Ini le propuso ser Lucía y se entusiasmó. Cuenta que había visto la versión original mexicana junto a una de sus hijas y su hermana, Zaira, y notó algo que no le suele pasar: “A mí me cuesta mucho quedarme mirando algo, me aburro al instante y cambio. Y me quedé hasta el final viendo la película”, explica, antes de dar un sorbo de limonada y recargar energías para seguir contando su historia que, como tantas otras veces, encuentra un límite delgado entre la realidad y la ficción.

Wanda Nara filmando en Uruguay
Con su personaje de Lucía, Wanda Nara se propone cuestionar algunos mandatos preestablecidos

“Yo estuve casada dos veces, y a veces dejás un poco postergados tus sueños para complacer al otro y, sin darte cuenta, vas avanzando y estás metida en una vida que está muy alejada de lo que era tu esencia”, reflexiona. Para Wanda, Lucía se encuentra en una situación similar: es una mujer que debe volver a conectarse con su personalidad, sus deseos y sus proyectos. “El mensaje tiene que ver con la libertad que te da poder realizarte como mujer con lo que a vos te guste”.

La empresaria también habla sobre los prejuicios relacionados con las diferencias de edad, ya que su personaje es mayor a su novio en la ficción. “El hombre tiene a veces muchas más cosas permitidas que la mujer. Mi personaje permite poner en discusión esas diferencias y mostrar cómo una mujer puede recuperar la libertad de elegir, sin quedar condicionada por las decisiones de su pareja”.

Mientras Wanda se toma un momento para continuar su almuerzo, es Gerschuny quien toma la batuta y define al proyecto como un desafío hermoso. “Wanda no duda, se entrega, confía evidentemente en nosotros y en el equipo”, señala el director con orgullo. En este camino, uno de los desafíos que se propuso fue deswandizar a la protagonista. A través de Lucía, el director buscó recuperar zonas que el público no siempre conoce, especialmente aquellas vinculadas con la fragilidad. “No íbamos a poner a la Wanda siempre excepcional, siempre linda y siempre con filtro”, ejemplifica.

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Wanda interviene y ratifica lo que sintió al mirarse al espejo con la ropa de Lucía: “Me agarró una angustia, me largué a llorar y no paraba. Me vi vestida como muy de señora”. Agrega que la imagen le recordó a momentos de su vida más íntimos, frágiles, lejanos de la exposición pública. Según el director, este tipo de momentos fueron importantes para construir a Lucía como una mujer real y no como una versión idealizada de Wanda.

El vínculo con Bernasconi también ocupa buena parte de la conversación. El joven actor cuenta que formó parte de un casting de unas 60 personas hasta encontrar al indicado y por un rato, los grabadores apuntan a él “Durante toda la etapa de MYA estuve como diez años sin actuar”, explica respecto al dúo pop que integró con Maxi Espíndola. Lo que lo esperaba era una propuesta que cobró forma recién durante el último callback, cuando supo que compañera iba a ser Wanda Nara.

Wanda Nara filmando en Uruguay
Wanda reconoció estar particularmente nerviosa a la hora de filmar el beso con Agustín Bernasconi

Quienes estuvieron presentes aseguran que la química entre ambos apareció desde el principio. “En el primer encuentro me puse nerviosa y empecé a tartamudear”, reconoce Wanda, casi en el personaje imperfecto de Lucía. Ni hablar cuando llegó ese momento clave de cualquier comedia romántica: “Creo que no sé besar”, le dijo a Bernasconi, quien apeló a su experiencia para hacerla pasar como una escena más.

En este sentido, Wanda cuenta que trabajó junto a Rodrigo, el coordinador de intimidad, un rol que no conocía antes de comenzar la película. “Me parece súper importante”, afirma. El profesional mantuvo conversaciones individuales con ella y con Bernasconi, además de trabajar junto al director para definir qué se puede mostrar, qué límites tiene cada escena y qué acciones están permitidas.

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El regreso al set para el segundo turno de filmación se ve interrumpido por unas fanáticas que le piden fotos. Es una escena como tantas otras antes de subir al auto y regresar al hotel boutique. Aquí Wanda repite las líneas, escucha las correcciones y, cuando finaliza una escena, busca rápidamente la mirada de sus compañeros y de su coach. La evolución se puede advertir entre una pasada y otra: al principio necesita más indicaciones, pero luego bastan dos palabras para modificar por completo la intención de una escena.

Wanda Nara filmando en Uruguay
La película se rodó en un petit hotel de Carrasco, Montevideo

Pasadas las 17.30, el equipo sigue trabajando. Afuera, la luz del día comienza a ser un recuerdo y la lluvia continúa sobre Montevideo, pero dentro del hotel las cámaras siguen encendidas. Las escenas se repiten, las luces se ajustan para disimular la inminente oscuridad que se avecina y los actores vuelven a ocupar sus posiciones después de cada corte. El rodaje avanza sin que los errores, las risas o las tomas fallidas interrumpan el objetivo de terminar el trabajo que incluye al hall del hotel y una escena central de la trama como el encuentro de Wanda y su antagonista

La jornada de Teleshow termina entrada la noche pero el equipo de ¿Querés ser mi hijo? continúa con sus tareas. Wanda ya pasó de la bata de Hello Kitty a la concentración de una escena; del ensayo con su coach a una conversación sobre sus miedos; de las risas con Bernasconi a las pausas que exige el cine. Lo que haya pasado antes y después, es parte de la magia del cine y se verá desde el 22 de octubre. Es hora de emprender el regreso a casa y la llovizna no para, como si fuera parte de esta crónica con guion paralelo, que cuenta la historia de una mujer que se propuso cumplir cada uno de sus sueños.

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CHIMENTOS

El horóscopo de hoy: sábado 3 de octubre

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ARIES (del 21 de marzo al 20 de abril)

Marte, tu regente, en oposición a Plutón puede hacerte sentir más intenso, competitivo o impaciente. Una situación relacionada con amigos, grupos o proyectos podría enfrentarte con lo que realmente querés hacer. Evitá entrar en luchas de poder para demostrar quién tiene razón. Usá esta enorme energía para defender lo que te importa sin necesidad de imponerte.

TAURO (del 21 de abril al 20 de mayo)

Puede sentirse una fuerte tensión entre tus necesidades personales o familiares y las exigencias externas. Quizás alguien intente presionarte para que tomes una decisión o asumas una responsabilidad que no querés. No reacciones desde la bronca. Marcá tus límites con claridad y elegí cuidadosamente dónde vale la pena poner tu energía.

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GÉMINIS (del 21 de mayo al 21 de junio)

Tus palabras pueden salir con mucha más fuerza de la que imaginás. Marte frente a Plutón puede generar discusiones por ideas, opiniones o maneras diferentes de ver una situación. Evitá querer convencer a todos. Antes de responder impulsivamente, preguntate si esa conversación necesita realmente una batalla o simplemente otra manera de comunicarte.

CÁNCER (del 22 de junio al 22 de julio)

Dinero, recursos compartidos o cuestiones relacionadas con la seguridad pueden generar cierta tensión. Quizás sientas que necesitás proteger lo tuyo o recuperar el control de una situación. Evitá decisiones económicas impulsivas y también las discusiones por quién aporta más. Este aspecto puede mostrarte dónde necesitás establecer límites más claros.

LEO (del 23 de julio al 22 de agosto)

Con Marte transitando tu signo vas a sentir una enorme necesidad de actuar, avanzar y defender lo que querés. Pero Plutón enfrente puede hacer que otra persona desafíe tu posición o se resista a tus decisiones. Cuidado con convertir una diferencia en una pulseada. Tu mayor fortaleza estará en saber cuándo avanzar y cuándo no entrar en provocaciones.

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VIRGO (del 23 de agosto al 21 de septiembre)

Podrías sentirte más cansado, irritable o saturado por responsabilidades que venís acumulando. Marte y Plutón pueden llevarte a exigirte demasiado hasta que el cuerpo pida un freno. No intentes resolver todo solo. Ordená prioridades, descansá cuando sea necesario y evitá descargar tensión en situaciones pequeñas.

LIBRA (del 22 de septiembre al 22 de octubre)

Una situación con amigos, grupos o incluso una relación afectiva puede despertar cierta competencia, celos o necesidad de tener el control. Quizás descubras que ya no querés ocupar el mismo lugar dentro de un vínculo. Evitá actuar solamente para conseguir una reacción del otro. Elegí aquello que realmente te hace bien.

ESCORPIO (del 23 de octubre al 21 de noviembre)

Plutón, tu regente moderno, enfrentado a Marte puede movilizar intensamente temas relacionados con familia, trabajo y responsabilidades. Podrías sentir que estás siendo empujado en dos direcciones diferentes. No intentes controlar todos los frentes al mismo tiempo. Decidir dónde poner tu energía será mucho más importante que ganar una discusión.

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SAGITARIO (del 22 de noviembre al 22 de diciembre)

Podrías defender tus ideas con mucha intensidad y sentir poca paciencia frente a quienes piensan diferente. Una conversación, noticia o situación puede desafiar una creencia muy arraigada. No necesitás tener todas las respuestas. Esta oposición puede ayudarte a cambiar de perspectiva si estás dispuesto a escuchar antes de reaccionar.

CAPRICORNIO (del 23 de diciembre al 21 de enero)

Dinero, intimidad, autoestima o recursos compartidos pueden convertirse en temas sensibles. Podrías sentir que alguien intenta controlar una situación o que necesitás defender aquello que considerás tuyo. Evitá tomar decisiones desde el enojo o el miedo a perder. Revisar acuerdos puede ser más productivo que sostener una pulseada.

ACUARIO (del 22 de enero al 21 de febrero)

Con Plutón transitando tu signo y Marte enfrente, los vínculos pueden convertirse en un verdadero espejo. Alguien podría desafiarte, confrontarte o despertar una reacción muy intensa. Antes de responder, observá qué está tocando esa persona dentro tuyo. No necesitás ganar cada enfrentamiento. Algunas situaciones vienen a mostrarte cuánto cambiaste.

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PISCIS (del 22 de febrero al 20 de marzo)

La rutina, el trabajo y las responsabilidades pueden sentirse más demandantes. Quizás quieras hacer todo al mismo tiempo y termines agotándote o irritándote por pequeñas cosas. Marte y Plutón piden administrar mejor tu energía. No lleves tu cuerpo al límite: bajar la exigencia también puede ayudarte a recuperar fuerza.

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La dura promesa de Luck Ra luego de tener su peor día en MasterChef: «Me falta amor»

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El cantante reconoció que tuvo muchas dificultades durante la preparación y, tras la devolución del jurado, aseguró que sus próximos platos serán mejores

Luck Ra atravesó un momento de frustración durante la noche de última chance de MasterChef Celebrity (Telefe), emitida este viernes. El cantante debía preparar un pastel de atún, una receta típica de Cabo Verde, pero las dificultades con la elaboración lo llevaron a rendirse momentáneamente y a pedir cautela al jurado antes de escuchar la devolución.

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Mientras avanzaba con el plato, Damián Betular se acercó a su estación y, antes de consultar por la preparación, le preguntó: “¿Vos te hiciste el color ayer?”. Luck Ra respondió sin ocultar su estado de ánimo: “No vengas, no vengas. Le falta amor primo, le falta amor al igual que a mí. A mí también me falta amor”.

El jurado intentó orientarlo ante los problemas con el relleno. “Dame el cortante, pero tiene mucho líquido el relleno. ¿Dónde está el aceite? Y sí, por algo soy jurado”, le señaló Betular. Sin embargo, el artista siguió complicado y terminó en el piso del estudio. “Estoy nublado. Por primera vez en 27 años he tirado la toalla. Ya está, ya terminé, me la llevé a diciembre”, afirmó.

Tras ese momento, decidió asistir a otros participantes. “En vez de llorar vamos a reír y digo ‘bueno, si yo no puedo le doy una mano a los que pueda’”, explicó antes de acercarse a Grego Rossello. Desde la conducción, Wanda Nara advirtió el cierre de la prueba: “Cocineros, últimos dos minutos. Vamos, acá tenemos a Facu que está ofreciendo su ayuda”. El comediante sumó una broma: “Y aparte un pibe que anduvo con cero quilombo últimamente. Anda joya”.

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El músico se molestó por las consultas sobre su escandalosa separación de la artista de RKT (Video: A la Barbarossa/ Telefe)

Al presentar su preparación, Luck Ra hizo humor con el aspecto de una de las empanadas. Ante una pieza quemada que tomó Maru Botana, dijo: “Tomó mucho sol. La pasó muy bien en Cabo Verde”. Después señaló otra de forma circular y remató: “Esa es la pelota de Cabo Verde”.

Antes de recibir la evaluación, el cantante reconoció el malestar que le había provocado el desafío: “Quiero que sepan que me frustré mucho haciendo esto, cuidado con lo que me dicen, prometo mejorar”. Botana observó que los componentes no estaban integrados: “Bueno, Luck Ra, ¿sabés qué pasa? Es como que está todo separado. En la salsa está el tomate, la cebolla. Tenés que mixear una salsa”.

Germán Martitegui destacó un aspecto de la preparación, aunque cuestionó el resultado general: “La masa está bien. Ahora, después toda esa payasada. Una, hay una negra, una redonda, un chipá”.

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Luego de la devolución, Luck Ra aseguró: “Prometo que este es mi peor plato de Masterchef y que los próximos van a ser mejores”. Frente a cámara, cerró: “He tocado fondo, en el segundo programa, pero siento que esto me va a dejar una gran enseñanza”.

Luck Ra tocó fondo en la cocina de MasterChef

La frustración que exhibió en la cocina ocurrió en medio de un momento personal que el cantante atraviesa tras su separación de La Joaqui. Días antes de la emisión de MasterChef Celebrity, Luck Ra interrumpió un móvil con A la Barbarossa (Telefe) cuando le consultaron por los mensajes que le habría enviado Tiago PZK.

El intercambio se produjo este martes desde las grabaciones del reality, con Pía Shaw como cronista. La periodista le anticipó que tenía dos preguntas y lo llamó “Primo”, el apodo con el que suele referirse a él. Antes de que terminara de formular el planteo, el artista respondió entre risas que era “muy temprano” para esa clase de consultas.

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Cuando Shaw le preguntó por las declaraciones de Tiago PZK, quien había contado que le escribió para conversar, Luck Ra cuestionó que el asunto formara parte de la entrevista. “No habíamos arreglado esto y no, no le contesté los mensajes”, respondió. Ante la repregunta sobre si pensaba hacerlo, agregó: “No tengo ganas de arreglar nada”.

El músico contó que, después de la separación, también había evaluado comunicarse con Tiago PZK. Según relató, había conservado una captura de un mensaje en el que el cantante le decía: “Che, gordito, quiero que sepas que todo va a estar bien”. Sin embargo, explicó que la eliminó porque no le encontraba sentido a retomar ese intercambio.

La tensión creció cuando la cronista volvió sobre el tema. “Pero basta, basta”, expresó Luck Ra, quien remarcó: “Estoy en MasterChef. No habíamos quedado que íbamos a hablar sobre esto”. Shaw le pidió una última respuesta y le solicitó que no se enojara, mientras Georgina Barbarossa intervino para calmar la situación. Poco después, el cuartetero se quitó el auricular y dio por finalizada la comunicación.

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