CHIMENTOS
Sergio Torres: “Cuando era chico buscaba calzado en los basurales para poder jugar al fútbol”

A los 13 años, Sergio Torres decidió dejar la escuela para dedicarse al canto, una determinación que marcó el origen de una trayectoria que lo convirtió en uno de los máximos exponentes de la cumbia santafesina. Nacido en la ciudad de Santa Fe el 17 de abril de 1966, el cantante construyó su carrera entre empleos precarios, una formación musical con la que nunca se dio por vencido y el paso por grupos que definieron una parte central de la movida tropical argentina.
En 2005, después de su paso por Los Palmeras y Grupo Alegría, y un años después de abandonar de manera definitiva Grupo Cali, Torres lanzó su proyecto solista con la banda Los dueños del swing. Esa etapa consolidó un recorrido que ya incluía presentaciones en festivales, peñas, boliches y shows privados para figuras como Lionel Messi.
Torres nació y se crió en un ranchito de Villa Hipódromo, en Santa Fe. Hijo de padres separados y el mayor de cinco hermanos, pasó buena parte de su infancia entre la casa de su madre, que trabajaba muchas horas, y la de su abuela. Entre los ocho y los diez años asumió tareas de cuidado cuando nació su hermano menor.
Sergio Torres se convirtió en referente de la cumbia santafesina gracias a un camino de puro esfuerzo: trabajó desde temprano para salir adelante y se formó casi sin recursos. Su rica trayectoria liderando proyectos musicales icónicos, antes de lanzarse como solista, lo ubicó por peso propio entre las voces más grandes de la música tropical.
Acá, los momentos más destacados de la charla:
—Bienvenidos a Nunca me faltes, hoy con una eminencia de la música tropical, Sergio Torres.
—Gracias, Manu.
—Bueno, no sé si te considerás eminencia, yo sí, pero tenés una trayectoria muy importante…
—No, no me creo una eminencia; sí que hace mucho tiempo que estoy sobre los escenarios. Ya hace cuarenta y siete años que paseo mi voz, mi música, por muchos lugares de mi Argentina y he visitado alguno que otro país también. Y también estamos con las Sesiones Sedientas.
—¿Contame de eso?
—Vamos a contar con otros intérpretes invitados; de lo más destacado de la movida, no solamente de Santa Fe, sino de gran parte del país. Ya hemos comenzado a grabar la primera sesión y la verdad que la gente está muy ansiosa. Es un poco retrotraernos en el tiempo, volver sobre nuestros pasos y poder grabar canciones que han tenido muy poca difusión.
—Yendo a tus comienzos, ¿qué te acordás de aquellos inicios?
—Yo comencé a cantar a los trece años, creo que lo tomaba como un hobby, como un escape, un adolescente sin sueños. Solamente ir en el día a día a divertirme. Estaba lejos de pensar lo que uno podía llegar a lograr a través del tiempo, ¿viste?
—Tu vieja no quería que cantes, ¿puede ser?
—¡Nooooo! Yo vengo de dos familias de músicos por parte de mi padre y de mi madre: cantantes, acordeoneros, guitarreros. Mi madre tenía el espejo de su padre, de mi abuelo y conocía el paño, entonces lógicamente no quería saber nada con que cante.
—¿Pero por qué?
—Creo que por lo bohemios que han sido todos y lo que han hecho…
—¿Decía que eran de vagos?
—Claro, si eras músico decían “estos son unos vagos, unos atorrantes”. Y yo creo que mi madre no quería eso para su hijo. Pero a los trece años tuve que plantarme frente a mi madre y decirle: “Mamá, tengo que hablar con usted: voy a cantar, no quiero que gaste más plata en útiles escolares ni que se haga mala sangre porque no me eximo en una materia”. Ojo, en aquel tiempo enfrentarla a mi madre era como estar delante de Dios. Imaginate, yo iba a ensayar sin que mi madre lo sepa. “Me parece muy bien, pero yo vagos en mi casa no quiero. O sea que primeramente vaya a buscarse un trabajo. Cuando consiga su trabajo, puede cantar”, me respondió. Así que tuve que salir ese mismo día a buscar un trabajo.
—O sea, dejaste de estudiar y te fuiste a buscar laburo.
—Sí, de peón de albañil. Los primeros tres años de mi carrera fueron trabajando y cantando, trabajando y cantando.
—¿Y cuándo te diste cuenta que te podías dedicar cien por ciento a la música?
—Después de esos tres años, cuando cumplí dieciséis, canté en Los Palmeras; ahí hubo un impasse de no trabajar porque viajábamos. Estuve prácticamente un año cantando con Los Palmeras. No haber podido grabar con ellos es la única cuenta pendiente que me quedó en mi carrera. Después canté seis años en el Grupo Alegría y ahí volví a trabajar porque el director, Osvaldo Rasco, tenía una fábrica de bicicletas. Laburaba de bicicletero y cantaba los fines de semana. Y después conformamos Tropical Santa Fe antes de ser Cali, o sea, recién dejé de trabajar cuando comencé a cantar en Grupo Cali.
—Lo de las bcicletas era una ayuda económica…
—Sí, porque yo a los diecisiete años ya me había casado. Ya tenía mi primer hijo, Daniel, con dieciocho años ya fui papá. Realmente necesitaba tener otro ingreso…
—¿Y cómo convive la vida de un músico, sobre todo cuando explota, siendo un padre joven de familia?
—A mí nunca me costó, porque yo en los cuarenta y siete años nunca floté. Y nunca me olvidé de dónde vengo ni de mis comienzos; desde mi ranchito de barro sin luz eléctrica donde crecí, nunca me olvidé de esas cosas. Actualmente vivo el día a día, con un montón de aciertos, desaciertos y esas cosas me ayudaron a mantener los pies sobre la tierra. El convivir de esas vidas era lo diario: jugar al fútbol, estar con mis amigos comiendo un asado, cantando.
—Ahora me quiero meter en el capítulo de fútbol, porque también tuviste una carrera dedicada al fútbol en parte, ¿no?
—Sí, veinte años jugué semiprofesional en Santa Fe, cantando y jugando al fútbol, que es mi otra pasión. Jugué en muchos clubes de Santa Fe.
—¿Llegaste a entrenar con la primera de Colón?
—Vos sabés que cuando me convocan para entrenar con la primera yo venía de cantar con Tropical Santa Fe en Rosario. Llegué a la mañana temprano y me tenía que presentar, creo que tipo ocho. Me tomé el colectivo ahí en frente del Hipódromo, atravesé el portón de Colón, y cuando llego a la mitad me volví a mi casa, ni siquiera fui a entrenar.

—¿Por qué?
—No sé…
—Ahí tiraba más la música…
—Yo siempre opté por la música. Y en ese momento yo jugaba en Ciclón Racing. También recuerdo un partido contra Unión, íbamos perdiendo dos a uno. Hice un golazo de aire, el dos a dos, la clavé en un ángulo de zurda. Y no sabía que había gente de Chile viendo el partido, que fueron a verme. Cuando llego el lunes al entrenamiento, el presidente Salem y mi técnico me dijeron: “No te quisimos decir nada, pero te fueron a ver de un club chileno de Viña del Mar”. Pero te repito, gracias a Dios, siempre opté por cantar (ríen).
—¿No crees que te hubiese ido mejor como futbolista?
—No sé, siempre me defendí jugando al fútbol, jugaba de volante central. Pero creo que he elegido bien. Siempre me di cuenta que Dios me mandó aquí, a la Tierra, para cantar. Es algo en mi ADN, mi vocación. A mí me da lo mismo cantar para una persona que cantar para un millón. Estar arriba de un escenario y poder cantar es algo natural para mí.
—El cinco en la cancha es un poco el que distribuye el juego, el que ordena bastante al equipo…
—Sí, como una rueda de auxilio. Así soy en la vida. Soy la rueda de auxilio no solo de mi familia sino de mis amigos. Soy solidario y un corazón más grande que mi cuerpo. Así soy en la cancha y así soy en la vida.
—¿Siempre fuiste así, solidario, incluso siendo tan humilde?
—Yo, cuando era chico, tuve menos que menos. Tenía que salir a los basurales a tratar de conseguir un calzado para poder jugar al fútbol. Yo botines conocí de grande, nunca tuve botines. Mi papá me enseñó a hacer las medias con mangas de pulóver, ¿viste? Y entonces conseguía algún calzado que estaba roto y lo cosía a mano.
—¿Revolvías la basura para encontrar zapatos?
—Claro, íbamos al basural. Íbamos con los chicos de la villa. Yo tenía la canchita en la villa enfrente de mi casa, bien enfrente, así que al primer sonido de pelota ya me cruzaba a jugar. Y siempre jugué con la gente grande; a los doce años jugué mi primer torneo libre para la villa, siempre con gente grande, nunca con chicos de mi edad.
—¿Se jugaba por guita en esos torneos?
—Sí, claro, he ganado muchísimos. Pero todas esas cosas que me ocurrieron en mi crecimiento… yo le agradezco a Dios cada instante, cada cosa que no tuve, porque todas esas cosas me ayudaron a formarme como persona y a darle valor a las cosas, a lo que uno logra con tanto esfuerzo.
Yo siempre hablo con mis hijos y con mi esposa Natalia y con mis padres, que tengo la fortuna de tener a mi a mi papá y a mi mamá vivos. Y cuando hablo con ellos siempre les digo que estas cosas me ayudan a darle mucho valor y estoy preparado para si un día no tengo, ¿viste? Hoy puedo comerme un asado o salir y mañana capaz que no lo tengo, y bueno, me quedaré en mi casa y comeré arroz hervido, fideos hervidos, como comí cuando era guacho. Estoy preparado para eso. Y hay algo bonito que tengo: no me interesa el dinero… ¡si nunca tuve!
—Pero incluso con una carrera exitosísima, ¿cómo es eso?
—(Risas) Te voy a decir algo que tal vez te llame la atención…
—A ver…
—No tengo la menor idea de lo que se cobra un show mío.
—¿No sabés lo que sale un show tuyo?
—¡Ni idea! Delante de los ojos de Dios te lo digo, ¡que Dios no me deje cantar nunca más! Yo soy creyente. Mi padre y mi madre son pastores, todos nosotros somos creyentes. Yo, cuando hablo de Dios, no chacoteo...
—¿Quién se encarga de los ingresos, tu mánager?
—Mi mujer y mi representante.
—¿Y vos no sabés porque ya no querés saber?
—No me interesa, nunca me interesó.
—Veo que la que se encarga de los números en tu casa es tu esposa…
—Ella maneja todo.
—O sea, además de amor, confianza ciega.
—Pero aparte ella es una eminencia de persona. Yo la admiro a ella. Aparte de ser el amor de mi vida, le tengo una admiración terrible. Tiene una capacidad terrible. Natalia es la segunda mujer en mi vida, mi segundo matrimonio.
—Te casaste hace poco, ¿no?
—El 27 de diciembre del año pasado. Después de veintitrés años de relación.

—¿Y por qué después de veintitrés años?
—Porque si bien lo veníamos charlando siempre y nunca lo llevábamos a cabo, yo creo que en veintitrés años vos ya tenés consolidada tu familia. Tenemos tres hijos maravillosos: Matías de dieciocho, Ian que tiene diez y Martina que tiene seis años. Y dijimos: “Bueno, me parece que es el momento”.
—¡Espectacular!
—Fue algo maravilloso, yo tenía una emoción terrible y vi emocionado a todos. Tenía un anhelo de entrar con mi madre del brazo y logré entrar con ella, fue algo muy, muy emotivo.
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Maximiliano Luna
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La función del celular que muchos no activan y puede hacer más cómodo leer en la pantalla por la noche

Leer en el celular antes de dormir es una costumbre cada vez más común. Mensajes, noticias, redes sociales, mails o una nota guardada para más tarde suelen aparecer justo cuando la casa baja el ritmo. El problema es que, de noche, la pantalla puede sentirse demasiado brillante, fría o incómoda para los ojos.
La opción que conviene revisar es la llamada Night Shift en iPhone y Luz nocturna o Night Light en muchos teléfonos Android. Su función es cambiar la temperatura de color de la pantalla hacia tonos más cálidos, reduciendo la intensidad de los colores fríos que suelen sentirse más agresivos en ambientes oscuros.
Esto no significa que el celular se vuelva bueno para usar durante horas antes de dormir ni que garantice un mejor descanso. Lo que sí puede hacer es volver la lectura más cómoda, especialmente cuando se usa el teléfono con poca luz. En vez de una pantalla blanca y azulada, el contenido se ve con un tono más amarillento o anaranjado.
En iPhone, Night Shift puede activarse desde la configuración de pantalla o desde el Centro de control. También permite programarlo para que se encienda automáticamente desde el atardecer hasta el amanecer, o en un horario elegido por el usuario.
En Android, el nombre puede variar según la marca, pero suele aparecer como Luz nocturna, Modo lectura, Protector de la vista o Filtro de luz azul. En muchos modelos se encuentra dentro de Pantalla, Bienestar digital o accesos rápidos. También puede programarse para activarse todos los días a la noche.
Qué conviene revisar para leer mejor de noche
- Activar Night Shift, Luz nocturna o el modo equivalente del teléfono.
- Programarlo para que se encienda automáticamente al anochecer.
- Bajar el brillo manualmente si la pantalla sigue demasiado intensa.
- Usar modo oscuro en apps de lectura, noticias o mensajería.
- Evitar leer con el celular muy cerca de la cara.
- Agrandar el tamaño de letra si se fuerza la vista.
- Reducir notificaciones para no convertir la lectura en una cadena de interrupciones.
Esta función no reemplaza el descanso ni elimina por completo la fatiga visual si se usa el celular durante mucho tiempo. Pero puede ser una ayuda simple y gratuita para quienes leen de noche. Activarla lleva pocos segundos y puede hacer que la pantalla resulte más amable cuando los ojos ya vienen cansados del día.
Celular
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Quién es Palmito, el autor de la “Cuarta Estrella”, el hit que cantan los jugadores de la Selección Argentina

Los festejos de los jugadores de la Selección Argentina tras el triunfo ante Egipto
Durante el Mundial 2026 en Estados Unidos, la Selección Argentina volvió a ocupar un lugar central en el entusiasmo popular. Mientras el equipo bajo la conducción de Lionel Scaloni avanza en busca de revalidar el título, surgió una nueva canción que desplazó a los cánticos habituales. “La cuarta estrella”, inspirada en la melodía de “No me arrepiento de este amor” de Gilda, se transformó en el himno preferido de los hinchas argentinos, tras la notoriedad que alcanzó “Muchachos” en el Mundial anterior.
El responsable de esta canción es Pablo Quintana, conocido en redes sociales como Palmito Música. Quintana, de 30 años, nació en Munro, partido de Vicente López, y actualmente vive en Villa Urquiza. A pesar de su lugar de residencia, su corazón futbolero pertenece a Rosario Central, pasión heredada de su familia.
Desde joven, Palmito combinó su amor por la música con el fútbol, dos mundos que lo acompañaron tanto en su vida cotidiana como en su desarrollo profesional. Durante años, se desempeñó como músico en eventos sociales, tocando en casamientos, cumpleaños y bares, además de componer jingles para distintas marcas.
La idea de crear un tema para el Mundial surgió de una pregunta sencilla que se hizo a sí mismo: ¿por qué no unir sus dos pasiones y componer una canción que acompañara a la selección? El resultado fue “La cuarta estrella”, una composición que rápidamente se viralizó en redes sociales y que, en poco tiempo, se convirtió en la banda sonora de Argentina en la Copa del Mundo.
Meses atrás, Palmito lanzaba la «Cuarta Estrella» para alentar a la Scaloneta en el Mundial
El impacto de la canción trascendió las pantallas y llegó a los estadios. Uno de los momentos más destacados ocurrió en el Club Vivo de Dallas, durante un recital de Ciro y Los Persas, cuando el público entonó “La cuarta estrella” en la previa del partido ante Jordania. Las imágenes circularon en redes y llegaron hasta el propio Palmito, quien compartió el video en sus historias de Instagram y lo describió como “un ritual”.
La consagración definitiva del tema se produjo después del triunfo agónico de Argentina ante Egipto en el estadio Mercedes-Benz de Atlanta. En esa ocasión, los jugadores de la selección argentina celebraron en el vestuario al ritmo de la canción creada por Palmito, consolidando su lugar como parte del repertorio emocional de los futbolistas y la hinchada.

En paralelo a su actividad musical, Palmito se consolidó como creador de contenido digital, acumulando cientos de miles de seguidores en redes sociales. Gracias a la popularidad de “La cuarta estrella” y a su trabajo constante, fue convocado por la Televisión Pública para sumarse al grupo de creadores de contenido que cubren el Mundial desde el espacio digital Stream Room. Así, sigue de cerca a la selección argentina, aportando su mirada y su música al fenómeno colectivo que rodea al equipo dirigido por Scaloni.
El apodo “Palmito” surgió de manera casual, durante una fiesta en la que un amigo, entre risas y copas, comenzó a llamarlo así. Hoy, ese nombre está asociado a la creatividad, la pasión y el impulso de una hinchada que encontró en su canción un nuevo grito de aliento.
Así las cosas, este sábado, la Selección enfrentará a Suiza. La Scaloneta llega con la energía renovada tras imponerse 3 a 2 ante Egipto. Este fue la cuarta vez que la Scaloneta logró revertir un marcador adverso y terminó celebrando la victoria desde el inicio del ciclo del entrenador nacido en Pujato, quien con el del pasado martes ya suma 101 partidos al frente del seleccionado.
El único antecedente en una competencia oficial había ocurrido en las Eliminatorias Sudamericanas rumbo a Qatar 2022. El 13 de octubre de 2020, en la altura de La Paz, la Argentina se impuso 2-1 ante Bolivia tras comenzar perdiendo por un cabezazo de Marcelo Moreno Martins.
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El hijo de la influencer Geraldine Mayer denunció una vida de maltratos, hambre y humillaciones: «No me dejaban comer y a los 13 me…»

En la tarde del viernes 10 de julio las redes se llenaron de reacciones de horror al ver el video de Tomás Cataldi, un joven de 20 años que, hasta no hace tanto, aparecía en las redes de la influencer Geraldine Mayer, en postales de familia feliz y perfecta. Pero detrás de esa simulada felicidad, había otra cosa: una vida de maltratos y humillaciones que Tomás decidió sacar a la luz.
“Si podrían difundir este video estaría más que agradecido ya que es muy importante para mi», arrancó Cataldi, antes de romper el silencio, cansado de “estar callado 20 años”. Sin más preámbulos, el chico soltó: “Quería decirles cómo sobreviví a mi madre narcisista, manipuladora y a su maltrato psicológico. Es influencer, me hizo sufrir toda la vida, es una muy mala persona y no sé por qué le va bien”.
Tomás mostró el perfil de Mayer, desde hace años muy famosa por presumir de sus looks, sus consumos de lujo y esa perfección aspiracional que, de un momento a otro, mostró su verdadera cara. Geraldine, contó el joven, transmitía lo mucho que amaba a sus hijos “sabiendo que me maltrataba como si fuese nadie, como si fuese una basura”.
“Ella gritaba, me comparaba, me humillaba, me despreciaba y todo era mi culpa. Me comparaba con mis amigos y me preguntaba cómo no podía ser como ellos”, agregó. Las humillaciones eran constantes y repetidas, dolorosas. Una de ellas, fue cuando tenía 13 años. “La frase que me quedó marcada para siempre fue ´nunca creí tener un hijo tan pelotudo como vos´. Al día de hoy tengo 20 años y ya no me afecta, pero ese momento fue uno de los que más sufrí en toda mi vida», dijo.
EL INFIERNO QUE TOMÁS CATALDI ASEGURA QUE VIVIÓ EN MANOS DE SU MADRE
«En base a eso quise intentar mi fuiiiii (hace el gesto de quitarse la vida) y en base a eso me dijeron que estaba loco, que estaba enfermo, que me tenían que internar, que tenía que ir a un psiquiátrico. En vez de decirme eso, me podrían haber preguntado si era feliz o cómo estaba. Nada más simple que eso» siguió.
Entre la infinidad de maltratos que padeció, Tomás recuerda el hambre. «Otra cosa que me pasaba es que no me podía alimentar porque no me dejaban comer. Iba todos los días dos horas al gimnasio y cuando volvía, no podía comer porque la respuesta de mi mamá era que la cocina ´cerraba a las dos de la tarde´”. El problema era que cuando él decidía cocinar algo, “era gritos por todos lados y muchas cosas más».
“No tengo tanto material pero tengo conversaciones, chats, WhatsApp, todo”, señaló, sobre las pruebas de lo que vivió durante años en los que hubo violencia física, también de parte del padre. Así lo contó: “Una vez estaba en mi cuarto, llorando, le dije a mi padre ´no quiero hablar con vos, necesito estar solo´ y su respuesta fue cagarme a trompadas”.
“Quiero decirles que no todo lo que ven redes sociales es real. Mi mamá publicaba fotos donde aparecíamos mi hermana y yo aparentando tener una hermosa y perfecta familia», sumó, helando la sangre a todos con su testimonio.
Geraldine Mayer, Tomás Cataldi
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