CHIMENTOS
La famosa que dijo ser «muy asexuada» y que pasó cinco años sin tener relaciones: «El sexo está sobrevaluado»

—¿Cómo te fue en tus relaciones?
—No. Mal…
Dani La Chepi se sincera: no es afortunada en el amor. Nobleza obliga: no es la única. ¿Quién no ha llorado por un hombre, doña? ¿O por varios? Si al final, son todos iguales… Aunque la particularidad es que la humorista comprende cuál es la razón fundamental de su desdicha sentimental.
Todo surgió en su diálogo con Rulo Schijman para Infobae, cuando La Chepi empezó a hablar de su nueva relación amorosa. Por caso, contó que no lo define como novio: «A esta edad, yo ya quiero un compañero. A esta edad, después de tanto barrio, tanto golpe, me gusta llamarlo así (compañero)». Pero lamentó: «Pobre mi pareja actual».
Con este señor, cuya identidad prefiere no revelar, Daniela estableció una pareja abierta. ¿La premisa máxima? «Respetame cuidándote (al tener relaciones con otras mujeres)», es la regla inquebrantable. Hay más: la querida influencer prefiere «no enterarse» de lo que haga sus compañeros con otras mujeres, que siempre serán eventuales: «Si te enganchás y tenés una relación, ya está, deja de ser una pareja abierta, porque ya estás teniendo otra pareja», le aclaró.
Fue entonces cuando La Chepi, de 46 años, reconoció el verdadero motivo por el que estableció una pareja abierta con su novio… ¡perdón!, con su compañero. «¿Vos decidiste abrir la pareja para que él pueda tener más sexo cuando vos no querés?», quiso saber Rulo. «Exacto. Sí —admitió Dani—. Si querés tener sexo, hacelo. Yo soy muy asexuada, por ende…«.
DANI LA CHEPI Y EL SEXO
En este tren de confesiones, la también locutora contó que alguna vez hizo un trío con un hombre y otra mujer: «No me gustó». Remarcó que la mayor cantidad de tiempo que pasó sin tener sexo fueron cinco años, justo después de su marternidad. Y que además, la chispa de la pasión se le apaga muy pronto. «El primer mes de relación lo doy todo. Al mes, tengo a mi pareja que me dice: ‘Che, no somos amigos’. O sea, yo ya de ahí, corté… Por supuesto que es un problema, pero yo nunca dejé de blanquearlo. Yo no puedo tener relaciones todos los días«.
—¿Y dos veces por semana?
—¿Estás loco vos?
—¿Una vez por semana?
—Y con mucha suerte…
—¿Cada 15 días?
—Y… ponele. No sé, no las cuento. Es cuando los dos tenemos ganas. Tengo un mambo muy grande con eso, de cosas que me han pasado de pequeña, y esta personalidad fue un mecanismo de defensa que yo opté, igual que el humor, para defenderme de lo que podría pasar.
Daniela contó entonces que fue víctima de abuso. «Horrible. Entonces, tengo un tema y sé que tendría que ir, más allá de mi terapia, a un sexólogo. Sé que es importantísimo el tema del sexo en una pareja, pero como siempre digo: para mí está sobrevaluado el sexo. No estoy diciendo que no hay que hacerlo».
«¿Y viste que a todo le ponen un nombre hoy? Creo que soy pansexual o algo así —precisó—. Tengo que tener mucha confianza para tener una relación. Tiene que ver con que me guste algo, que no pasa solo por lo físico. Necesito tener una relación y sentirme segura».
La Chepi también dijo que tiene «un montón de mambos, pero como todo el mundo, con mi cuerpo». Y reveló: «Con mi pareja anterior pude lograr sacarme la remera para tener relaciones. No soy la influencer que dice: ‘Hay que aceptarse como uno es’. Yo digo: ‘No me gusta tener toda la panza llena de cicatrices por todas las operaciones que tuve’. Sí, son parte de mi cuerpo. ¿Me las taparía, me las sacaría? No. ¿Me haría lolas? No. ¿Me pondría pómulos? No. ¿Me operaría la nariz? No. No lo haría».
Al fin, no importa si lo suyo es particular o más común de lo que uno piensa. Lo importante es que cada uno viva y haga lo que siente, lo que le salga. Como a Dani La Chepi. La mirada de los demás, es problema de los demás.
Dani La Chepi; Sexo
CHIMENTOS
El desconsolado llanto de Marina Calabró al recordar a Juan Carlos Calabró: “Se despidió de sus pares y del público”

Marina Calabró recordó entre lágrimas a su padre Juan Carlos Calabró y destacó su legado (Video: Instagram)
Había una pregunta sencilla, casi de rutina, y Marina Calabró no pudo terminar de responderla sin que se le quebrara la voz. Fue en el programa de streaming Qué Tupé, emitido a través de Eltrece Prende, cuando el conductor Enzo Aguilar le preguntó si extrañaba a su padre, Juan Carlos Calabró. El “sí” llegó rápido, casi automático, y lo que vino después fue un retrato íntimo de una hija que todavía lleva a su padre puesto, como ella misma dijo, aunque ya no pueda llamarlo por teléfono.
“Ay, sí”, respondió Marina, y la frase quedó suspendida en el aire unos segundos antes de que encontrara las palabras para seguir. Aguilar abrió el tema desde un lugar preciso: el homenaje que Juan Carlos recibió en los premios Martín Fierro, uno de los momentos más recordados de su carrera y también, según su hija, uno de los más significativos de su vida.
Ese homenaje tuvo lugar en el Teatro Colón, donde el actor subió al escenario del brazo de sus dos hijas, Marina e Iliana Calabró, para recibir un premio a sus 50 años de trayectoria. Tenía 79 años. El público lo aplaudió de pie. Él miró a su mujer, Coca, desde el escenario y bromeó con que ya estaban cerca de alcanzar los premios de Mirtha Legrand. Era, en apariencia, una noche de celebración. Pero Marina lo recuerda de otra manera.
“Ese homenaje fue tan importante para él porque era consciente de que se estaba despidiendo”, dijo, con la voz entrecortada. “No tuvo que ver con la vanidad de ‘me gané un Martín Fierro a la trayectoria’. Tuvo que ver con darle la chance de despedirse de sus pares y del público”. Y ahí llegaron las lágrimas. Marina pidió disculpas, pero siguió hablando.
Lo que describió fue algo más profundo que la nostalgia. Fue la imagen de un hombre que eligió mostrarse en su despedida, que no ocultó el declive ni lo disfrazó de otra cosa. “Él tuvo la valentía y la honestidad de mostrarse cuando se apagaba”, dijo Marina. Y agregó una frase que define toda su lectura de ese momento: “El que te acompañó en tu carrera también tiene derecho a saber cómo estás y ese ‘nuevo yo’ que sos”.
Juan Carlos Calabró construyó durante décadas una relación de cercanía con el público argentino. Sus personajes (Johnny Tolengo, Aníbal, los sketches de Calabromas, las películas junto a “Minguito”, su ciclo El Contra) formaron parte del paisaje cotidiano de generaciones enteras. Esa complicidad con la audiencia fue, según Marina, lo que hizo que el homenaje del Martín Fierro tuviera el peso que tuvo. “Él se fue sabiendo que era querido”, dijo, y en esa frase concentró todo.

En el escenario del Teatro Colón, el propio Juan Carlos lo había intuido. “Por más que uno quiere sobreponerse a la emoción no es fácil, ver a un teatro como este de bote a bote, a tanta gente que quiero”, dijo aquella noche. Y cerró con el humor que siempre fue su marca: “Me hicieron esperar 50 años y me lo quiere tener él… Señores, esto es parte de ustedes. Hoy se hizo Justicia”.
Marina no habló de esa noche como un episodio del pasado. Habló de algo que sigue activo, que no termina. “El que perdió a alguien tan cercano y tan incondicional va a entender: el dolor te acompaña toda la vida”, dijo. Y fue honesta: “No les voy a mentir. Ojalá ustedes tengan otra experiencia, pero yo a mi viejo lo llevo puesto”.
Hubo algo más en esa confesión, algo que sorprendió incluso por su precisión: “Quizás hasta lo tengo más presente que cuando lo tenía a tiro de teléfono”. Una paradoja que muchos que atravesaron una pérdida van a reconocer de inmediato. La ausencia que, de alguna manera, acerca.
CHIMENTOS
El horóscopo de hoy: miércoles 3 de junio

ARIES (del 21 de marzo al 20 de abril)
El miércoles llegará con mucho movimiento y situaciones que exigirán respuestas rápidas. En el trabajo podrían aparecer cambios de último momento que te obligarán a reorganizarte. En el amor, será importante escuchar más y reaccionar menos.
TAURO (del 21 de abril al 20 de mayo)
La mitad de la semana traerá una sensación de mayor estabilidad y tranquilidad. Será un buen día para resolver asuntos económicos o cerrar temas pendientes que venían demorados. En lo sentimental, una charla sincera ayudará a fortalecer vínculos.
GÉMINIS (del 21 de mayo al 21 de junio)
Tendrás un miércoles muy activo, lleno de mensajes, encuentros y novedades inesperadas. Tu capacidad para adaptarte rápidamente será clave para aprovechar oportunidades. En el amor, alguien podría volver a buscarte después de un tiempo.
CÁNCER (del 22 de junio al 22 de julio)
Las emociones estarán muy presentes durante toda la jornada. Será importante que no te encierres en pensamientos negativos ni te hagas cargo de problemas que no te corresponden. En el trabajo, mantené distancia de los conflictos ajenos.
LEO (del 23 de julio al 22 de agosto)
El día llega con energía positiva y posibilidades interesantes en lo profesional. Habrá reconocimiento por esfuerzos recientes y podrías recibir noticias que te motiven mucho. En el amor, una persona buscará tener mayor protagonismo en tu vida.
VIRGO (del 23 de agosto al 21 de septiembre)
Será una jornada ideal para organizar tareas y avanzar con temas importantes. Tu atención al detalle te ayudará a resolver algo que parecía complicado. En el plano afectivo, intentá relajarte y no controlar cada situación.
LIBRA (del 22 de septiembre al 22 de octubre)
El miércoles traerá oportunidades para recuperar el equilibrio en relaciones personales. Habrá conversaciones necesarias que podrían aclarar malos entendidos recientes. En lo laboral, evitá tomar decisiones apresuradas.
ESCORPIO (del 23 de octubre al 21 de noviembre)
La intensidad emocional podría jugarte una mala pasada si no manejás la paciencia. Algunas situaciones del entorno te harán reaccionar más de lo habitual. En el amor, será un buen momento para dejar atrás resentimientos.
SAGITARIO (del 22 de noviembre al 22 de diciembre)
La rutina comenzará a cambiar y eso renovará tu ánimo. Podrían aparecer invitaciones, propuestas o planes inesperados que te sacarán de la monotonía. En el plano sentimental, alguien despertará nuevamente tu interés.
CAPRICORNIO (del 23 de diciembre al 21 de enero)
El miércoles será productivo y te permitirá avanzar en objetivos concretos. Aunque habrá bastante presión laboral, sentirás que estás más cerca de lograr lo que buscás. En el amor, una conversación pendiente traerá alivio.
ACUARIO (del 22 de enero al 21 de febrero)
Tu creatividad y tus ideas originales serán protagonistas durante este día. Será un momento favorable para iniciar proyectos o animarte a cambios importantes. En lo afectivo, necesitás expresar lo que sentís con mayor claridad.
PISCIS (del 22 de febrero al 20 de marzo)
La jornada estará marcada por la intuición y las emociones profundas. Algunas señales te ayudarán a entender mejor una situación que venía generándote dudas. En el amor, habrá clima para acercamientos y reconciliaciones.
horóscopo
CHIMENTOS
Barby Franco en “Lo De Pampita”: “Era normal que mi papá, en vez de abrazarme, me pegue”

Barby Franco es una modelo argentina reconocida en el mundo del entretenimiento y la moda. Su carrera comenzó en televisión como azafata en el programa A todo o nada de Guido Kaczka, donde se ganó la simpatía del público por su espontaneidad y carisma.
Su rol en el ciclo le brindó popularidad y la impulsó a establecerse como figura mediática en Argentina. Además de su carrera televisiva, trabajó como modelo, participando en campañas publicitarias y programas de espectáculos.
Desde hace 16 años está en pareja con el abogado Fernando Burlando. Se conocieron en televisión y demostraron una gran conexión que perdura a lo largo de los años. La deseada llegada de Sarah, en 2022, marcó un punto de inflexión para la pareja.
Tras más de una década de relación, celebraron el nacimiento de su primera hija, un acontecimiento que consolidó aún más su vínculo y les permitió experimentar una nueva etapa personal.
Acá, los momentos más destacados de la charla:
—Y un día llega un señor, abogado. ¿Fue amor a primera vista? ¿Cómo fue esa situación?
—Trabajaba en el programa de Guido Kaczca y Burlando fue a acompañar a su hija Delfi. Él tenía un jopo rarísimo. De muchos colores. Digo, “¿qué le pasa a este señor?“. Yo lo vi y digo “qué lindo señor”. Yo nunca en mi vida había salido con alguien tan grande. Como que lo veía con músculos, grandote, con su impronta de conocer el mundo. Empiezo a preguntar: “Che, ¿quién es el señor que estaba ahí?“. ”Ah, no, un señor que es abogado”. Y Burlando también preguntaba: “Che, ¿quién es la chica que estaba ahí?“.
—Flashearon los dos.
—Sí, fue tremendo.
—¿Y quién llamó a quién?
—No me acuerdo si él me mandó un mensaje o yo. Yo estaba en mi barrio, ahí, con mis primos, me acuerdo, tomando una birra… “Conocí a un señor que me regustó”. Y ellos me decían, “ay, Barby, es reviejo, es regrande, ¿qué te va a dar bola?“. Pero había algo ahí, yo sabía que se iba a dar.
—¿Cuál fue la primera cita?
—Me invitó a cenar. Yo estaba renerviosa, no sabía qué ponerme. Y me puse un shortcito de jean matado. Era de esos shortitos de batalla, que los tenés hace un montón. Unas zapatillas horribles y una remera blanca. Me pasa a buscar y me dice: “Estoy con un autito rojo”. Nada, yo en ese momento no entendía mucho de autos.
—¿Y con qué cayó?
—Y cae con un coso que hacía un ruido. Digo, “¿qué es esto?“. Yo no sabía cómo abrir el auto. Ahora, que entiendo… había caído con una Ferrari.
—¡Nooo!
—Yo no entendía nada. Digo, “¿qué hace con este auto de mierda, que es horrible, que hace un reruido?“. Digo, ”bajá, bajá el volumen del auto». Y fuimos a cenar a un restaurant italiano, que hoy en día seguimos yendo y es como nuestro lugar. Y de ahí no nos separamos más. Fue como reloco.
—Con el señor Burlando estamos hace quince años juntos. Cuando nos pusimos realmente en pareja, al cien por ciento, como que nunca nos cuidamos. Era como que si pasaba, pasaba.
—Pero no pasaba.
—Pasaban cinco, seis, siete, ocho años y digo: “¿Qué está pasando?” Como mujer, ¿no? Digo, él tiene dos hijas, él no debe ser el problema, el problema debo ser yo. Me empiezo a estudiar yo, mi cuerpo, mis genes, el endometrio, toda la parte ginecológica: todo perfecto, todo impecable. Bueno, a los 28, 29 años, me saco óvulos. Digo, bueno, vamos, vamos con el primer intento. Yo estaba resegura que iba a quedar. Digo soy joven, tengo treinta años, voy a quedar. Me pongo el primer varón, que acá en Argentina ya tenés…
—Te pueden decir el sexo…
—Y yo quería el varón, moría por el varón. Me pongo el primer varón, digo, listo. A las dos semanas embarazada. Nada. La segunda vez que lo volvemos a intentar, dije listo, es mi año. Vamos a la casa de Punta del Este y dije “listo, acá con sol, tranquila”, capaz que la vez anterior estaba estresada. A las dos semanas me vuelven a decir: “No, mirá, no creció la hormona” y ahí nada, me empiezo a enroscar. Yo soñaba con ser mamá desde chiquita y dije “no debe ser para mí este señor”, como que yo no tenía tantas opciones. Y ahí caés vos y me dijiste vamos a Luján, venite.
—Y un día me dijiste “debo tener cáncer”. Y yo nunca sentí que tenías algo grave. “Vamos a caminar a la Virgen y vos pedile, entregale tu corazón”.
—Yo te juro que dije» uy, ¿voy a caminar 70 kilómetros? ¿Qué le digo? Si le digo que no, voy a quedar re mal. Si le digo que sí, no voy a llegar», decía yo por dentro. Y dije: Sí, vamos.
—No fue una caminata normal, yo camino todos los años. Vino un diluvio universal que terminamos con bolsas de residuos en la cabeza.
—Y habíamos empezado con el parlante que llevábamos. Íbamos meta cumbia, choripán, todo, caminando, diosas, no sé qué… ¡fue tremendo eso! Entramos a la basílica, saludamos a la virgen, rezamos y nos largamos a llorar todas.
—¿Ahí qué pediste? ¿Cómo de fuerte fue ese pedido?
—No, en alma y cuerpo como que yo no podía más, pero la vi a los ojos y dije: “Por favor, mandámela, mandámela, mandámela”. Y nada, y salimos de la basílica, ni una gota de lluvia. Y a los tres meses embarazada naturalmente, de la nada.
—Natural.
—De la nada.
—Para mí era re normal que desayune cerveza, que desayune vino, que meriende, que almuerce vino, como que todo el tiempo estaba, estaba con eso y yo lo veía como normal. Normal que venga y, en vez de darme un abrazo, me pegue, ¿entendés? Te estoy hablando yo de diez, once años.
—¿Le tenías miedo a tu papá?
—Sí, pánico. Sí, sí, sí.
—Ibas con moretones al colegio.
—Sí, sí, sí. Sin dormir, sin nada. Es más, en un momento me iba muy mal en el colegio y, claro, como que decían: “¿Qué pasa en la casa de esta chica?” Y nada: ahí tuvimos la decisión con mi mamá de denunciarlo.
—¿Vos la ayudaste?
—Sí, sí, con catorce, quince años de agarrar y decir: “Loca, vamos, dale”. Porque, pobre, mi mamá muy sumisa, una mujer como muy tímida, muy retraída, como que no agarraba la iniciativa. En ese momento no se escuchaba mucho a la mujer y en el barrio, menos. Hizo cinco, seis, siete denuncias…

—Y no le hacían caso a tu mamá.
—Nada. “No, vaya, esto es problema de familia, no pasa nada, lo van a resolver”. Tenía un conocido con Fernando en ese momento, que yo no sabía que ese amigo había llamado a Fernando. El tipo dice: “Bueno, hoy les mando un móvil”. Fuimos a mi casa, cae todo: Prefectura, Gendarmería, la Policía. Claro, se ve que Fernando había…
—No estaba en tu vida, pero ya estaba en tu vida.
—Pero yo no tenía ni idea. O sea, yo lo había llamado a mi conocido, que se ve que era amigo de él.
—Y tu mamá golpeada, ¡qué desesperación!
—¡No dábamos más! Vienen y se lo llevan preso. ¡Nunca sentí tanta paz y felicidad en el momento que lo estaban llevando!
—¿Y él qué te dice cuando llega la policía?
—Nada, él estaba borracho, creo.
—Te hubiera gustado que se curara, tener ese papá que no tuviste.
—Sí, sí, pero ya no. Imposible. Imposible. Hicimos todo lo que hicimos, internarlo en la famosa granjita de rehabilitación. No, nada, nunca más.
“Burlando me pidió matrimonio haciéndose el muerto”
—¿Qué pasó con el casamiento? Yo tengo el vestido listo. Voy a ir a esa propuesta. Ya una semana antes te empezó a decir que sentía mal del pecho.
—Sí, que le dolía el pecho. Dije: “Uy, le va a agarrar un paro, se va a morir”. Lo llamaba al cardiólogo. Y él me dice: “No, quedate tranquila, no tiene nada, pero puede ser que le pase”. Bueno, okey. Estaba en un partido de polo, tenía cámaras por todos lados. Empieza a decir: “Ay, me duele, me duele el pecho, me duele el pecho”. Se cae del caballo. Muerto.
—Un actor de película.
—“¡Boluda, se murió, se murió! ¡Andá, andá!”. Y yo tipo: “¿Cómo que se murió?”. Y me empujaban para que vayan a verlo. Subo a la ambulancia. Y él así, muerto con la máscara. Electroshock, no sé qué. Digo: “No, no, ¿qué hago? ¿Cómo le digo a las hijas, que…?”. Los médicos me miran y dicen: “No, no podemos hacer más nada”. Yo llorando: “¿Cómo que no podés hacer más nada?”. Y él se levanta y me saca el anillo. Estuve con estrés postraumático, como dos semanas con fiebre. Me mató.
—Y ahí saca el anillo, ¿y qué le decís, Barby?
—¡Nada, lo reputeé! Obviamente le dije que sí y lo reputeé porque no podía creer toda la situación, y todo el mundo atrás aplaudiendo. Yo mirando a la situación, y pensando “pero si se acaba de morir”.
—Y tu cabeza decía: “Ha muerto en serio”.
—Sí, sí, estuve retraumada. Bueno, le digo sí, organizo el casamiento, todo en dos, tres, cuatro meses. Y no sé qué pasó. Hice un chiste en la tele, no me acuerdo. Me dijo: “Suspendé todo”.
—¿Qué hiciste con el anillo?
—¿Te acordás que lo había vendido por una aplicación? Mucho de marcas no entiendo. Pero hoy en día me entero que era un Piaget. Lo vendí por quinientos pesos. Salía como 15 mil dólares. ¡Yo qué sabía que era un diamante con no sé qué! ¡Ni idea! Ahí yo dije: “No, ya está, nunca más”.
—¿Hicieron terapia alguna vez?
—Nunca. Si hay amor, la vida sigue. Aunque yo investigo mucho.
—Ojito, ambas investigamos mucho.
—¿Es verdad que te habías separado de Martín Pepa?
—Sí, obvio, pero dos semanas nada más.
—¿Y por qué?
—Y porque nos cuesta la distancia. Cada tanto nos desesperamos. Pero me la estoy bancando rebién. Imaginate que estoy tres semanas acá, viajo una, tres semanas acá, viajo una, hago lo que puedo.
—Y él es re bueno.
—Sí, él es lo más. Vale la pena el esfuerzo.
—Sí.
—Porque es una persona muy especial.
—La nena viene y me dice: “Mamá, vino Jesús”. ¿Cómo que vino Jesús? “Sí, mamá, vino cuando yo estaba durmiendo en la cuna, vino Jesús. Me saludó y me dijo: ‘Hola, Sarah, ¿cómo estás?’”. Y yo digo: “No, está inventando”. O viste cuando decís: “No puede ser”. Y yo tipo ¡dura, pálida, intacta! A las dos semanas nos vamos al campo, Viernes Santo.
—Justo Viernes Santo también.
—Por eso, es como todo muy raro. Vamos manejando re tranquila, en ochenta, setenta, ahí por ruta tres. Súper relajada, ella atrás en su sillita, con la niñera, re bien. Y de la nada veo un rastrojero de color naranja, que yo… ¿viste?, ya tenés el instinto de “se va a mandar, se va a mandar”…
—Que se va a mandar en contramano.
—¡Nunca pensé que se me iba a venir de frente! A todo esto, yo al lado tengo un camión de nafta. O sea, si yo me mandaba para allí, iba a chocar con el camión, iba a ser todo como un desastre. El tipo dobla, yo como que hago una maniobra, que estaba con esta camioneta que me regaló Burlando, que hoy en día tipo agradezco a la vida de haber estado con esa camioneta. Hago como el frenado letal, pero el de atrás, claro, me la pega a mí. Pero nada, por suerte no nos pasó nada, ella no se enteró de nada, fue como un golpecito, muy poquito. Ella no se enteró de nada, pero lamentablemente los de atrás sí se golpearon, una pareja de jubilados con un perrito… El tipo se mandó contramano por la banquina y siguió. Pudimos detectar al señor, tenía como ochenta años, que encima se dio a la fuga. El tipo cuando llega a su casa deja el rastrojero, agarra una camioneta para irse, se estaba yendo para la costa, nivel fuga. Y Burlando haciendo su trabajo legal, lo pudieron encontrar y le sacaron el carnet.
—Ahí estabas protegida.
—Pero fue un milagro.
—Protegida. Jesús las protegió.
—Después yo también me quedé como todo un día en shock, como que empecé a unir todo, toda la situación: que yo había visto a Jesús, Viernes Santo, Pascuas, como que dije, bueno, no, Barby, ¡quedate tranquila que estás protegida!
—¿Alguna vez te agarraste de los pelos con alguien?
—Sí, me robaron la cortina.
—¿Qué?
—Había ahorrado un montón de plata para ponerme una cortina. ¿Viste esas que te ponen pelo y que quedás divina?
—Tu primer cortina.

—Mi primer cortina, literal. Fui al boliche con amigas y en un momento había una piba que me miraba raro. Estaba ahí, en el VIP, viene la piba, me mira y medio que me empuja. Claro, yo tenía veinte años, me sale el barrio de adentro: “Eh, ¿qué hacés? ¿Qué me tocás?“, plum, plum, plum, plum, me arranca el pelo, me arranca la cortina, se queda con el gato en la mano. Yo la miro y digo: “No, mi cortina”. Y la hija de p… agarra el pelo y se lo lleva.
—¡¿Salió corriendo con la cortina?!
—Humillada, pelada quedé.
—Es más, lo cara que la cortina.
—No, no, no entendés lo que lloré.
—Aprendiste la lección, por cabrona.
—Y ahí nunca más, dije: “¡No me van a chorear otra vez el pelo!”
Disfrutá la entrevista completa en el video.
Fotos: Maximiliano Luna
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