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ECONOMIA

La fiebre del Mundial dispara la venta de televisores: cuáles son los modelos más vendidos, cuánto cuestan y cómo financiarlos

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La cercanía del Mundial aceleró la renovación de televisores en los hogares argentinos y empujó las ventas de una de las categorías más dinámicas del mercado de electrodomésticos

(Imagen Ilustrativa Infobae)

La cuenta regresiva para el Mundial ya se siente en el mercado argentino de televisores. A pocos días del inicio del torneo, las cadenas de electrodomésticos, fabricantes y consultoras coinciden en un diagnóstico: las ventas se aceleran, los consumidores buscan pantallas cada vez más grandes y las tecnologías premium ganan terreno dentro de las preferencias de compra.

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El fenómeno no es nuevo. Los años mundialistas suelen funcionar como un disparador para la renovación de televisores y adelantan decisiones de consumo vinculadas al entretenimiento en el hogar. Sin embargo, la dinámica de este año presenta además otro rasgo distintivo: el fuerte avance de las pantallas de gran tamaño, un segmento que gana participación a medida que se acerca el debut de la competencia.

Los datos de NielsenIQ muestran que la categoría TV atraviesa un momento positivo. Entre enero y abril, las ventas acumularon un crecimiento de 11% en unidades, mientras que abril registró una expansión interanual de 17% en volumen, acelerando la tendencia observada durante los primeros meses de 2026. Si bien desde la firma no anticiparon datos de mayo, desde la industria aseguraron que el crecimiento durante ese mes fue ampliamente superior.

Brenda Marengo, Senior Specialist CSM de NielsenIQ, explicó que el contexto mundialista constituye uno de los principales motores de la demanda. “Al ser un año mundialista, históricamente impulsa la renovación de televisores y adelanta decisiones de compra”, señaló.

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La ejecutiva destacó además que el crecimiento no se concentra únicamente en la cantidad de equipos vendidos. También se observa una transformación en el tipo de producto elegido por los consumidores. Los segmentos de mayor tamaño, especialmente desde las 55 pulgadas en adelante, lideran la expansión de la categoría.

Ese cambio impacta directamente sobre los valores promedio del mercado. Según NielsenIQ, el precio promedio de la categoría acumula un incremento de 12% interanual, impulsado en buena medida por la creciente participación de televisores de mayores dimensiones.

El impulso también se reflejó durante el último Hot Sale. De acuerdo con la consultora, los televisores se ubicaron como la categoría más vendida del evento. Durante esa semana, las unidades comercializadas crecieron 26% respecto del Hot Sale anterior, mientras que el ticket promedio avanzó 46 por ciento.

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Ilustración de una laptop con "HOT SALE" en pantalla, rodeada de bolsas de compra coloridas, globos y etiquetas de precio brillantes, simbolizando ventas en línea
El Hot Sale potenció la demanda de televisores en la previa del Mundial y convirtió a la categoría en una de las más dinámicas del evento de comercio electrónico

(Imagen ilustrativa Infobae)

Desde la industria también observan una aceleración marcada. Según datos de la Asociación de Fábricas Argentinas Terminales de Electrónica (Afarte), el mercado argentino de televisores comenzó el año con un crecimiento acumulado cercano al 10% hasta abril frente al mismo período de 2025.

Sin embargo, mayo marcó un cambio de ritmo. La entidad señaló que las ventas aumentaron más de 50% interanual durante ese mes, impulsadas por la cercanía del Mundial y el efecto promocional del Hot Sale. Como resultado, el acumulado de los primeros cinco meses del año muestra un crecimiento cercano al 20% respecto del mismo período del año anterior.

La asociación también identifica una modificación importante en la composición de las ventas. Actualmente, los televisores de 50 pulgadas o menos representan el 35% de la facturación de la industria, mientras que las pantallas de 55 pulgadas o más ya concentran el 65% del negocio.

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El mercado mantiene además una fuerte concentración en materia de marcas. Seis fabricantes explican más del 85% de las ventas de televisores en Argentina. El ranking está encabezado por Samsung, seguido por TCL, Noblex, Philips, RCA y BGH.

El furor por las pantallas más grandes

La tendencia hacia equipos de mayor tamaño aparece también en las estadísticas de las cadenas de retail.

Desde Frávega explicaron que la expectativa para este año es alcanzar un crecimiento de entre 30% en unidades frente a 2025. La compañía señaló además que los años mundialistas suelen concentrar gran parte de las ventas durante el primer semestre. Mientras que en un año habitual las operaciones se distribuyen de manera relativamente equilibrada entre ambas mitades del calendario, durante los años de Mundial cerca del 60% de las ventas anuales se concretan antes de mitad de año.

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Alejandro Taszma, director comercial de Frávega, aseguró que la actividad se aceleró de manera significativa en las últimas semanas.

Tienda de electrónica con pantallas de gran tamaño. Un vendedor señala una TV de 85 pulgadas. Las pantallas muestran el Glaciar Perito Moreno, el Obelisco y fútbol.
Fabricantes y cadenas comerciales coinciden en señalar un crecimiento de las ventas y una marcada preferencia por equipos de 55, 65 y hasta 75 pulgadas (Imagen Ilustrativa Infobae)

“A un mes del Mundial y con el Hot Sale en pleno estamos vendiendo siete veces más que en una semana normal de venta de televisores”, indicó. Según el ejecutivo, el desempeño actual también supera al registrado en la previa del Mundial anterior. “Estamos vendiendo un 30% más en unidades que en la misma fecha previa al Mundial pasado”, afirmó.

La evolución de las preferencias de compra resulta uno de los aspectos más notorios. Taszma explicó que las pantallas de 75 pulgadas y 65 pulgadas lideran actualmente la demanda, mientras que los equipos de 85 pulgadas ya aparecen entre las opciones con mayor crecimiento. También destacó la creciente adopción de tecnologías de mayor calidad de imagen. Entre ellas sobresale QLED, una alternativa que gana espacio frente a los modelos LED tradicionales.

Una situación similar describen desde Cetrogar. Juan Manuel Almeida, gerente de Marketing de la compañía, señaló que el mercado registra un crecimiento cercano al 50% en las ventas de Smart TV respecto del mismo período del año pasado y que “si en el Mundial de 2022 el estándar estaba en las 43 pulgadas, hoy las 50 y 55 pulgadas se consolidaron como los tamaños más buscados por los consumidores”, indicó.

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El ejecutivo agregó que incluso los modelos de más de 65 pulgadas ganaron protagonismo dentro de las ventas. Actualmente, entre los veinte televisores más vendidos aparecen equipos de 65 y hasta 75 pulgadas, algo que años atrás estaba reservado para un segmento mucho más reducido del mercado.

La transformación no se limita al tamaño de pantalla. Según Cetrogar, existe una búsqueda creciente de tecnologías premium vinculadas con una mejor experiencia visual. Entre las más demandadas figuran QLED, Mini LED, OLED y ULED, opciones que ofrecen mejoras en calidad de imagen, brillo, contraste y rendimiento.

La evolución de los precios acompaña el cambio de preferencias observado en el mercado.

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Actualmente, el precio promedio de un televisor en Argentina se ubica en una franja cercana a los $650.000 a $750.000, aunque el valor varía significativamente según el tamaño de pantalla, la resolución y la tecnología del panel. Los modelos más vendidos son los Smart TV 4K de entre 50 y 55 pulgadas, considerados el punto de equilibrio entre precio y experiencia de visualización.

infografia

Dentro de los tamaños más demandados, los televisores de 50 pulgadas se comercializan en un rango que va aproximadamente de $600.000 a $900.000, dependiendo de la marca y las prestaciones. Se trata de la medida que domina las ventas masivas por su relación entre costo y tamaño de pantalla. En el segmento de 55 pulgadas, que concentra gran parte de la oferta disponible para quienes buscan una experiencia más inmersiva, los precios parten desde alrededor de $650.000 y pueden superar el millón de pesos en versiones QLED o de gama superior.

A medida que aumenta el tamaño de pantalla, la inversión crece de manera considerable. Los televisores de 65 pulgadas se ubican mayormente entre $1,1 y $1,7 millones, mientras que los modelos de 75 pulgadas suelen encontrarse en una franja de $1,7 a $2,5 millones. En ambos casos, la mayoría de las opciones disponibles ya incorporan resolución 4K y funciones inteligentes, mientras que los equipos premium con tecnologías OLED o Mini LED pueden superar ampliamente esos valores

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La financiación volvió a ocupar un lugar central en la venta de televisores. Mientras los planes de 12 cuotas sin interés son prácticamente un estándar del mercado, algunas cadenas y bancos elevaron la apuesta con esquemas de 18, 24 e incluso 30 cuotas sin interés en la previa del Mundial 2026, especialmente para equipos de gran tamaño y modelos 4K

Según explicaron desde Cetrogar, “en un contexto donde el acceso al crédito continúa siendo clave para las decisiones de consumo, las cuotas sin interés y las distintas alternativas de financiación permiten acercar tecnologías que de otra manera serían más difíciles de alcanzar. Hoy las 12 cuotas sin interés o más —llegando incluso en determinados momentos a 24 cuotas sin interés— se han convertido en un requisito indispensable para impulsar el consumo, aun cuando las tasas de financiación continúan siendo elevadas y generan presión sobre los márgenes de rentabilidad del sector».



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ECONOMIA

La pausa de Engels

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Hubo episodios de exceso de gasto por sobre su nivel de equilibrio intertemporal que se transformaron luego, inevitablemente, en crisis de deuda y default (Foto: Reuters)

Entre los períodos en la historia hay divergencias acentuadas entre las tasas de crecimiento económico y las del consumo popular -o, si se quiere, del consumo de la “clase trabajadora”-.

En Argentina tenemos sobrada experiencia de períodos que caracterizamos con el rótulo genérico de “populistas”, en los que el gobierno de turno dilapida stocks acumulados (reservas externas tras la Segunda Guerra Mundial, los fondos de las cajas jubilatorias entre 1950 y 1990, la inversión hundida de empresas privatizadas entre 2003 y 2015) o aprovecha flujos transitorios (ganancias de términos del intercambio entre 2003 y 2008) para distribuirlos en forma de aumentos del gasto corriente.

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También hubo episodios de exceso de gasto por sobre su nivel de equilibrio intertemporal que se transformaron luego, inevitablemente, en crisis de deuda y defaults.

Menos frecuentes han sido los momentos en los que la economía crece a tasas elevadas, mientras los ingresos salariales y el empleo lo hacen a tasas mucho más modestas.

Podemos intentar identificar algunos períodos relativamente cortos en la Argentina -más claramente a comienzos del siglo XX-, una etapa de tasas muy altas de inversión, pero en otros países podrían asociarse a períodos algo más extensos de recuperación tras episodios dramáticos de guerra.

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Podemos intentar identificar algunos períodos relativamente cortos en la Argentina -más claramente a comienzos del siglo XX-, una etapa de tasas muy altas de inversión

El tramo más extenso que se documenta es en el Reino Unido -y que no precisamente puede imputarse a la salida de una guerra- es el así llamado la “pausa de Engels”, que duró aproximadamente medio siglo entre 1790 y 1840.

Durante esos largos años, la productividad y la economía crecieron a tasas muy elevadas (para la historia previa), mientras los salarios se estancaron. Recién después de este período, en el que las tasas de retorno al capital y las inversiones fueron excepcionalmente altas, los salarios convergieron a crecer con la productividad.

Vista dividida de una fábrica: lado izquierdo oscuro con máquinas paradas, lado derecho brillante con trabajadores y maquinaria en funcionamiento, con chispas.
Después de un período en el que las tasas de retorno al capital y las inversiones fueron excepcionalmente altas, los salarios convergieron a crecer con la productividad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Alguien podría pensar que lo que la Argentina experimenta en la actualidad -crecimiento económico con salarios estancados desde hace cerca de un año- tiene reminiscencias de una Engels’ pause, y que ello puede continuar así por algún tiempo, o incluso por bastante tiempo. Algo de eso hay, pero hay que tener en cuenta que conviven componentes estructurales y cíclicos, y que probablemente anticipan un escenario de “ajuste entre productividad e ingresos laborales” algo más corto.

A no desesperar: no serán 50 años, pero quizás esto se tome dos o tres años, o algo así. ¿Cuáles son los factores que llevarían a una “pausa” larga y cuáles pueden acortarla? El principal lastre viene del pasado: el país lleva 20 a 25 años de estancamiento de la productividad total factorial, y eso se compara con un mundo emergente y regional en el que esa tasa fue positiva y, en algunos casos, muy alta.

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El principal lastre viene del pasado: el país lleva 20 a 25 años de estancamiento de la productividad total factorial

Hacer el catch up requiere reestructurar y, por lo tanto, mucho capital, quiebras y tiempo. Pero ello no implica que volver a la productividad de fines de los ’90 tenga el premio mayor, tanto por el punto de partida como porque, además, ahora corremos con el desafío de pegar el salto a nuevas formas tecnológicas, IA y apertura al mundo mediante. La “puesta a punto”, por lo tanto, implica ahorrar (en sentido amplio) durante varios años.

Oficina moderna con empleados trabajando en computadoras, grandes pantallas mostrando gráficos y un panel digital en primer plano con alertas de ciberseguridad en español.
Ahora corremos con el desafío de pegar el salto a nuevas formas tecnológicas, IA y apertura al mundo mediante (Imagen Ilustrativa Infobae)

En lo coyuntural, es cierto, parte de la recuperación cíclica de la economía ya se ha dado (lo que implica que algo de productividad se recuperó), pero seguramente no toda a nivel sectorial. Por lo tanto, todavía hay margen en muchas actividades para crecer usando capacidad ociosa sin requerir mucho más empleo.

Una segunda pregunta es si, a partir de mejoras de productividad, nuestro sistema de relaciones laborales y jurídicas en general facilita o traba los procesos de ajuste cada vez que se enfrenta la necesidad de adaptarse a cambios de cualquier tipo.

Si la respuesta es que tenemos un régimen jurídico-laboral que es tanto o más flexible que el de nuestros competidores, entonces al catch up en productividad le habremos sumado una condición de flexibilidad que limita contingencias sobre los costos laborales.

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Hay margen en muchas actividades para crecer usando capacidad ociosa sin requerir mucho más empleo

Si, en cambio, la respuesta es “no estoy seguro todavía de un cambio en el régimen jurídico y laboral”, entonces la mejora del stock (subir productividad hasta la frontera de posibilidades) puede ser en parte compensada de manera negativa por amenazas sobre el flujo (incertidumbre sobre pasivos contingentes).

Lo anterior reúne cuestiones que pueden imponer una pausa más larga en los salarios medios, y naturalmente podemos agregar otros factores, como la interrupción de los procesos de inversión y crecimiento por cambios políticos hacia el distribucionismo que alteren el ritmo de catch up en productividad y nos lleven a otra secuencia de deterioro de productividad, como en décadas previas.

la tecnología, la apertura y nuestro pasado nos enseñan hacia donde debemos intentar ir esta vez (Foto: EFE)
la tecnología, la apertura y nuestro pasado nos enseñan hacia donde debemos intentar ir esta vez (Foto: EFE)

Pero hay también factores que pueden acortar los tiempos en que los salarios puedan mejorar con las ganancias de productividad. Entre ellos, el primero para destacar es la apertura de la economía argentina a grandes inversiones en minería metalífera y en hidrocarburos, así como el favorable cambio de políticas hacia la agricultura, que en conjunto ponen un piso al crecimiento agregado.

Si a ello se le suma un proceso sostenido de apertura y desregulación, políticas de equilibrio fiscal intertemporalmente sostenibles, y el hecho de que la población crece a tasas tan bajas (menos de 0,2% anual) que se aleja el temible escenario de una sobreoferta extraordinaria de trabajadores (alto desempleo), el tiempo de ajuste hacia un escenario de crecimiento de más sectores y mejores ingresos se acorta. En ese contexto pueden mejorar las expectativas, lo que a su vez permite traer al presente parte de los beneficios futuros.

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En suma, estas pocas líneas advierten sobre un proceso que requiere mejorar los retornos al capital por un tiempo, porque el pasado nos condena y lo que nos legaron nuestros “padres políticos” de los últimos 80 años es una economía de productividad mediocre, inestable e insostenible. Salir de ello nos lleva, nos guste o no, a un período del tipo que caracterizó a la Engels’ pause, aunque no tan dramático, porque la tecnología, la apertura y nuestro pasado nos enseñan hacia donde debemos intentar ir esta vez.

El autor es Director y Economista Jefe de FIEL. Esta nota se publicó en Indicadores de Coyuntura 686 de FIEL



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ECONOMIA

Mercados frente a la inteligencia artificial

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Detrás de la historia de crecimiento extraordinario de las tecnológicas comienza a aparecer una pregunta incómoda: ¿cuánto del crecimiento que observamos responde a una demanda genuina de clientes finales y cuánto responde a mecanismos de financiamiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

La inteligencia artificial se ha convertido en la narrativa dominante de los mercados financieros globales. Nvidia superó los cinco billones de dólares de capitalización bursátil; Microsoft, Amazon, Alphabet y Meta destinan cientos de miles de millones de dólares a infraestructura; y empresas privadas como OpenAI, Anthropic o xAI alcanzan valuaciones que hace apenas unos años parecían imposibles.

Los siete magníficos de la Bolsa (Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Nvidia, Meta y Tesla) representan casi el 40% del principal índice bursátil del mundo, el S&P 500.

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Sin embargo, detrás de esta historia de crecimiento extraordinario comienza a aparecer una pregunta incómoda: ¿cuánto del crecimiento que observamos responde a una demanda genuina de clientes finales y cuánto responde a mecanismos de financiamiento que se retroalimentan dentro del propio ecosistema?

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Los siete magníficos de la Bolsa (Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Nvidia, Meta y Tesla) representan casi el 40% del principal índice bursátil del mundo, el S&P 500

La pregunta no implica negar la revolución tecnológica que representa la inteligencia artificial. Tampoco implica afirmar que exista fraude o manipulación.

Lo que sí plantea es la posibilidad de que una parte relevante de la expansión actual esté impulsada por una estructura de inversión circular que hace que el crecimiento aparente sea mayor que el crecimiento económico subyacente.

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Posibilidad de que una parte relevante de la expansión actual esté impulsada por una estructura de inversión circular

El circuito de la IA

La forma más sencilla de entender el fenómeno es observar uno de los circuitos más conocidos del sector.

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Nvidia invierte en empresas de inteligencia artificial como OpenAI. OpenAI, a su vez, firma contratos multimillonarios para adquirir capacidad de procesamiento en centros de datos operados por Oracle, Microsoft o Amazon. Esas empresas compran enormes cantidades de chips fabricados por Nvidia para satisfacer esa demanda.

El resultado es que el dinero que inicialmente sale de Nvidia termina regresando, directa o indirectamente, a Nvidia. En el proceso, cada participante puede mostrar crecimiento.

Todos los actores muestran expansión simultáneamente. Sin embargo, parte de esa expansión proviene de recursos que circulan dentro del mismo sistema

OpenAI incrementa sus gastos en infraestructura. Oracle, Microsoft o Amazon registran mayores ingresos por servicios de nube y procesamiento. Nvidia registra ventas crecientes de chips.

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Todos los actores muestran expansión simultáneamente. Sin embargo, parte de esa expansión proviene de recursos que circulan dentro del mismo sistema.

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El dinero que inicialmente sale de Nvidia termina regresando, directa o indirectamente a la firma

La diferencia puede parecer sutil, pero es fundamental. Una cosa es una demanda financiada por clientes independientes que generan ingresos suficientes para pagar los servicios que consumen. Otra, muy distinta, es una demanda impulsada por capital de riesgo, emisiones de acciones o financiamiento cruzado entre empresas que apuestan a una rentabilidad futura que todavía no existe.

La empresa que hoy ocupa el centro de esta estructura es OpenAI.

Las estimaciones más difundidas sugieren que OpenAI tiene compromisos de largo plazo cercanos a USD 1,4 billones entre infraestructura, centros de datos, procesamiento y equipamiento tecnológico.

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Dentro de esos compromisos aparecen montos significativos destinados a Oracle, Microsoft, Nvidia, AMD, Amazon y diversos proyectos de construcción de centros de datos.

El problema no es la magnitud de las inversiones. El problema es la relación entre esas inversiones y la generación actual de ingresos.

El problema no es la magnitud de las inversiones. El problema es la relación entre esas inversiones y la generación actual de ingresos

OpenAI genera ingresos crecientes y probablemente se encuentre entre las empresas tecnológicas de expansión más rápida de la historia.

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Sin embargo, continúa registrando pérdidas significativas y depende de sucesivas rondas de financiamiento para sostener su ritmo de inversión.

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OpenAI genera ingresos crecientes y probablemente se encuentre entre las empresas tecnológicas de expansión más rápida de la historia. OpenAI estima ser rentable en 2030. Anthropic en 2028 Fuente: The Wall Street Journal

En otras palabras, buena parte de la infraestructura que se está construyendo hoy no está siendo financiada con utilidades generadas por el negocio, sino con expectativas sobre la rentabilidad futura del negocio.

La apuesta es que la demanda terminará justificando la inversión. Pero todavía no está claro cuándo ocurrirá eso ni en qué magnitud.

La historia financiera ofrece numerosos ejemplos de procesos similares. A finales de los años noventa, empresas como Lucent Technologies, Global Crossing o WorldCom invirtieron sumas gigantescas en redes de telecomunicaciones.

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Durante años se construyó mucha más capacidad de la que el mercado podía absorber

La tesis era correcta: internet transformaría el mundo. Lo que resultó incorrecto fue el timing y la magnitud de las inversiones. Durante años se construyó mucha más capacidad de la que el mercado podía absorber.

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La tesis era correcta: internet transformaría el mundo. Lo que resultó incorrecto fue el timing y la magnitud de las inversiones

En 2008, la crisis financiera global mostró cómo un sistema basado en deuda y expectativas crecientes podía sostenerse durante mucho tiempo antes de quebrarse abruptamente.

Más cerca en el tiempo, el boom del shale norteamericano produjo enormes inversiones financiadas por deuda bajo el supuesto de que los precios del petróleo permanecerían elevados durante décadas. Muchas compañías terminaron destruyendo capital aun cuando la revolución energética finalmente se materializó.

El boom del shale norteamericano produjo enormes inversiones financiadas por deuda bajo el supuesto de que los precios del petróleo permanecerían elevados durante décadas (Foto: Reuters)
El boom del shale norteamericano produjo enormes inversiones financiadas por deuda bajo el supuesto de que los precios del petróleo permanecerían elevados durante décadas (Foto: Reuters)

En todos los casos aparece un patrón recurrente: sobreinversión, financiamiento abundante y expectativas que terminan creciendo más rápido que la demanda efectiva.

Los defensores de la inteligencia artificial tienen argumentos sólidos:

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  • Productividad podría aumentar de forma extraordinaria.
  • Automatización de tareas intelectuales podría abrir mercados completamente nuevos.
  • Aplicaciones empresariales apenas están comenzando.

Y es perfectamente posible que dentro de 10 años la infraestructura construida hoy resulte insuficiente. Sin embargo, el mercado no necesita que la revolución fracase para sufrir una corrección importante:

  • Basta con que la adopción ocurra más lentamente de lo esperado.
  • Basta con que los ingresos crezcan menos de lo proyectado.
  • Basta con que una empresa central del ecosistema encuentre dificultades para financiar sus pérdidas.

Cuando los sistemas dependen de cadenas de financiamiento interconectadas, una interrupción en un punto puede propagarse rápidamente al resto de la red. Y esa es precisamente la preocupación de algunos analistas.

Cuando los sistemas dependen de cadenas de financiamiento interconectadas, una interrupción en un punto puede propagarse rápidamente al resto de la red (Foto: AP)
Cuando los sistemas dependen de cadenas de financiamiento interconectadas, una interrupción en un punto puede propagarse rápidamente al resto de la red (Foto: AP)

La cuestión no es si la inteligencia artificial cambiará el mundo. Probablemente lo haga.

La cuestión tampoco es si Nvidia, OpenAI, Anthropic o los grandes proveedores de nube tienen tecnologías extraordinarias. Claramente las tienen.

La pregunta relevante para los inversores es otra: ¿el crecimiento que hoy observamos está impulsado por una demanda económica ya consolidada o por expectativas de demanda futura?

Si una parte significativa de la expansión actual depende de financiamiento cruzado y capital que circula dentro del propio ecosistema, el riesgo no es simplemente una desaceleración

Porque si una parte significativa de la expansión actual depende de financiamiento cruzado y capital que circula dentro del propio ecosistema, el riesgo no es simplemente una desaceleración del crecimiento.

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El riesgo es que el mercado esté descontando hoy beneficios que todavía no existen.

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Dario Amodei, CEO de Anthropic, y Sam Altman, CEO de OpenAI se preparan para salir a Bolsa

La historia demuestra que las grandes innovaciones suelen transformar la economía. Pero también demuestra que los mercados financieros suelen sobreestimar la velocidad con la que esa transformación se traduce en ganancias reales.

Los mercados financieros suelen sobreestimar la velocidad con la que la transformación se traduce en ganancias reales

La inteligencia artificial podría convertirse en la tecnología más importante del siglo XXI.

La pregunta es si los precios actuales ya descuentan un futuro perfecto.

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El autor es Director de Club de Inversores



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ECONOMIA

Un abismo millonario en el Mundial 2026: la Selección argentina vale casi 40 veces más que el plantel de Jordania

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Argentina enfrenta a Jordania en la última fecha del Grupo J del Mundial 2026. (Crédito: Agencias)

La Argentina y Jordania se enfrentan este sábado a las 23 por la última fecha del Grupo J del Mundial 2026. El encuentro representa la tercera presentación de ambos equipos en el torneo y destaca por la marcada diferencia en la cotización de sus planteles.

La Scaloneta brilló en los primeros dos encuentros al imponerse por 3-0 ante Argelia y 2-0 frente a Austria con un Lionel Messi incontenible que anotó los cinco goles de la selección nacional. De esta manera, se clasificó primera a los 16avos de final. Por su parte, el combinado jordano cayó por 2-1 ante los argelinos y por 3-1 frente a los austríacos.

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Lo cierto es que la brecha entre los conducidos por Lionel Scaloni y el seleccionado asiático no solo es futbolística sino también en la valuación de los 26 jugadores que integran las listas de cada equipo. De hecho, la plantilla argentina está valuada en USD 928,62 millones mientras que la de su rival apenas alcanza los USD 23,34 millones, según datos de Transfermarkt. Es decir, el conjunto argentino vale casi 40 veces más que el jordano.

infografia

Al colocar la lupa sobre la Albiceleste, Julián Álvarez aparece como el futbolista con mayor valor de mercado, con una cotización de 115 millones de dólares. El delantero del Atlético Madrid encabeza la lista, seguido por Enzo Fernández, mediocampista del Chelsea, cuyo pase se estima en USD 103,5 millones, cifra que refleja su relevancia tanto en la Premier League como en la selección argentina.

En el tercer puesto figura Lautaro Martínez, delantero del Inter de Milán, con una tasación de 97,75 millones de dólares. Nicolás Paz, mediocampista ofensivo del Real Madrid, se perfila como una de las principales promesas con un valor de 92 millones de dólares.

Alexis Mac Allister, jugador del Liverpool, completa el grupo de los cinco mejor valuados con 80,5 millones de dólares. Estos montos evidencian la actualidad y el potencial de los futbolistas argentinos en el fútbol europeo.

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  1. Julián Álvarez: USD 116,12 millones
  2. Enzo Fernández: USD 104,51 millones
  3. Lautaro Martínez: USD 98,70 millones
  4. Nicolás Paz: USD 92,90 millones
  5. Alexis Mac Allister: USD 81,28 millones

Dentro del equipo de Jordania, Mousa Tamari destaca como el futbolista mejor valuado, con una cotización de 11,5 millones de dólares. Tamari, extremo derecho de 29 años, representa la principal figura y activo del seleccionado jordano.

Detrás de Tamari aparecen Yazan Al-Arab, defensor central de 30 años, con un valor de mercado de USD 1,15 millones, y Ali Olwan, delantero centro de 26 años, tasado en 920.000 dólares. Mohammad Abu Zrayq, extremo derecho de 28 años, alcanza una valoración de USD 805.000, mientras que Nizar Al-Rashdan, pivote de 27 años, completa el grupo de los cinco más valiosos con una cotización de 690.000 dólares.

La suma de estos cinco futbolistas representa una parte significativa del valor total del plantel jordano y, en ese sentido, surge un dato curioso: la ficha de Nicolás González, USD 25,30 millones, supera a todo el equipo del país asiático.

El entrenador de Argentina, Lionel Scaloni, habla con sus jugadores durante la pausa para hidratarse de la segunda parte. REUTERS/Claudia Greco
El entrenador de Argentina, Lionel Scaloni, habla con sus jugadores durante la pausa para hidratarse de la segunda parte. REUTERS/Claudia Greco
  1. Mousa Tamari: USD 11.500.000
  2. Yazan Al-Arab: USD 1.150.000
  3. Ali Olwan: USD 920.000
  4. Mohammad Abu Zrayq: USD 805.000
  5. Nizar Al-Rashdan: USD 690.000
  1. Julián Álvarez: USD 115 millones
  2. Enzo Fernández: USD 103,50 millones
  3. Lautaro Martínez: USD 97,75 millones
  4. Nicolás Paz: USD 92 millones
  5. Alexis Mac Allister: USD 80,50 millones
  6. Cristian Romero: USD 51,75 millones
  7. Lisandro Martínez: USD 46 millones
  8. Giuliano Simeone: USD 46 millones
  9. Valentín Barco: USD 46 millones
  10. Exequiel Palacios: USD 28,75 millones
  11. Marcos Senesi: USD 28,75 millones
  12. José Manuel López: USD 28,75 millones
  13. Nicolás González: USD 25,30 millones
  14. Facundo Medina: USD 20,70 millones
  15. Lionel Messi: USD 17,25 millones
  16. Nahuel Molina: USD 17,25 millones
  17. Thiago Almada: USD 17,25 millones
  18. Rodrigo De Paul: USD 16,10 millones
  19. Emiliano Martínez: USD 13,80 millones
  20. Giovani Lo Celso: USD 9,20 millones
  21. Gerónimo Rulli: USD 6,9 millones
  22. Leandro Paredes: USD 5,75 millones
  23. Gonzalo Montiel: USD 5,17 millones
  24. Nicolás Tagliafico: USD 4,6 millones
  25. Juan Musso: USD 3,45 millones
  26. Nicolás Otamendi: USD 1,15 millones

Cabe destacar que la tasación de los futbolistas realizada por plataformas especializadas no guarda relación directa con los sueldos que perciben en sus clubes. Un caso ilustrativo es el de Lionel Messi, quien no lidera el ranking de valor de mercado, aunque sigue siendo el futbolista con los ingresos más altos a nivel mundial.



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