ECONOMIA
La morosidad como síntoma de un desajuste estructural

La morosidad en los créditos a las familias alcanzó en mayo de 2026 un récord del 12,7%, según un informe de la consultora 1816. Se trató del decimonoveno mes consecutivo de suba y del nivel más alto desde la salida de la Convertibilidad.
Casi 7 millones de personas ya se encontraron excluidas del sistema crediticio formal, y el fenómeno golpeó con particular intensidad a los menores de 35 años: casi cuatro de cada 10 de quienes mantuvieron préstamos activos registraron al menos una obligación en mora, ya sea en bancos o en entidades no financieras.
El dato no fue un accidente aislado. Reflejó un desajuste estructural entre la expansión del crédito que se produjo entre 2024 y la primera mitad de 2025 y la capacidad real de repago de los hogares, en un contexto de salarios reales deprimidos y tasas de interés elevadas.
Durante la fase más dura del ajuste, muchas familias utilizaron el crédito al consumo -préstamos personales y tarjetas- como un mecanismo de sostén del gasto cotidiano. El crédito funcionó según varios analistas, como un “ingreso complementario temporal”. Pero cuando la inflación comenzó a descender de manera sostenida, las cuotas fijas dejaron de licuarse y su peso real sobre los ingresos aumentó de forma marcada.
Cuando la inflación comenzó a descender de manera sostenida, las cuotas fijas dejaron de licuarse y su peso real sobre los ingresos aumentó
Estudios como los de la consultora Qaly mostraron que el principal predictor estadístico de la morosidad actual no fue la inflación del momento ni el nivel de actividad, sino el nivel de endeudamiento de seis meses antes.
En otras palabras, el riesgo acumulado se armó cuando las familias tomaron compromisos que, con el correr del tiempo y la estabilización de precios, resultaron insostenibles.

El punto más delicado fue la distribución etaria. Entre los menores de 35 años con créditos vigentes, la mora rozó el 40% y superó el 42% en el tramo de 18 a 25 años. Varias razones explicaron este patrón:
- Ingresos más volátiles y, en muchos casos, por debajo del promedio general.
- Mayor propensión al consumo presente, un fenómeno documentado en la economía del comportamiento.
- Baja experiencia en la gestión de deudas y menor margen de ahorro.
- Acceso al crédito más fácil y agresivo por parte de fintechs y entidades no bancarias, que operaron con tasas más altas.
Este patrón no fue exclusivo de Argentina. Annamaria Lusardi, una de las principales investigadoras mundiales en alfabetización financiera, demostró en distintos trabajos que los jóvenes con bajos niveles de educación financiera tendieron a sobreendeudarse, a subestimar el costo real de los intereses y a tomar decisiones de corto plazo que comprometieron su estabilidad futura.
Argentina presentó niveles elevados de analfabetismo financiero. Diversos estudios situaron la proporción de personas con conocimientos básicos de finanzas insuficientes en torno al 70% o más, con brechas especialmente pronunciadas entre los jóvenes.
Proporción de personas con conocimientos básicos de finanzas insuficientes en torno al 70% o más
Lewis Mandell, pionero en la medición de la alfabetización financiera, y autores como Joyce Serido y Soyeon Shim mostraron que la falta de educación financiera no solo aumentó la probabilidad de sobreendeudamiento, sino que también redujo la capacidad de recuperación ante shocks económicos.
En contextos de alta inflación pasada y rápida desinflación, como el argentino, esta carencia se volvió particularmente costosa: las personas no internalizaron el verdadero costo de las tasas de interés reales positivas ni los riesgos de refinanciar deudas con nuevos créditos más caros.

La educación financiera no es un “tema de nicho”. Es una herramienta de inclusión y de prevención de crisis de deuda. Programas bien diseñados -que incluyan conceptos básicos de presupuesto, costo del crédito, ahorro e inversión- pueden reducir de manera significativa la vulnerabilidad de las nuevas generaciones.
Ante este escenario, los bancos públicos comenzaron a desplegar herramientas de refinanciación. El Banco Nación lanzó líneas de consolidación de deudas () con plazos de hasta 120 meses y montos que pudieron llegar a $100 millones, con una tasa que ajustó al 10% anual + UVA. El Banco Provincia mejoró su programa “Ponete al día” con tasas reducidas y plazos extendidos. Otras entidades provinciales, como el Banco de Santa Fe, también ofrecieron opciones de reordenamiento de deudas.
Estas iniciativas fueron positivas en el corto plazo porque evitaron que la mora se transformara en incobrable y aliviaron transitoriamente la carga financiera de las familias. Sin embargo, no resolvieron el problema de fondo si no estuvieron acompañadas de una recuperación sostenible de los ingresos reales y de una mejora en las condiciones macroeconómicas que permitieran que el crédito volviera a crecer de manera saludable.
Las refinanciaciones no resolvieron el problema de fondo si no estuvieron acompañadas de una recuperación sostenible de los ingresos reales
Para que la tasa de morosidad comience a descender de forma sostenida se necesitaron varias condiciones simultáneas:
- Recuperación del salario real. El principal determinante de la capacidad de pago es el ingreso disponible. Sin una mejora consistente en los salarios reales, cualquier refinanciación será solo un parche.
- Crecimiento del crédito total más rápido que el stock de deuda en mora. Históricamente, la mora baja cuando el denominador (crédito total) crece con fuerza.
- Reducción de las tasas reales activas. Mientras las tasas sigan siendo muy elevadas en términos reales, el costo de servir la deuda seguirá siendo prohibitivo para amplios sectores.
- Mayor inclusión de educación financiera en el sistema educativo y en campañas públicas, especialmente orientada a jóvenes y a quienes acceden por primera vez al crédito formal.
- Políticas de crédito responsable. Tanto desde el sector privado como desde la banca pública, es clave evitar que se repita el ciclo de expansión crediticia agresiva seguida de deterioro masivo de la cartera.
La morosidad actual no es solo un problema bancario. Es un síntoma de las dificultades que enfrentaron millones de hogares para compatibilizar sus ingresos con un costo de vida que, pese a la desaceleración inflacionaria, siguió siendo elevado.
Por su posición estructural en el mercado laboral y por su menor experiencia financiera, los jóvenes pagaron un precio desproporcionado.

Reducir la mora de manera duradera exigió combinar alivio financiero de corto plazo -como las líneas de los bancos públicos- con políticas de fondo: recuperación del poder adquisitivo, crecimiento económico inclusivo y una apuesta sostenida por la educación financiera como derecho y como herramienta de prevención.
Sin estos elementos, el riesgo es que el sistema crediticio siga excluyendo a cada vez más argentinos, en especial a las nuevas generaciones, que serán un factor relevante para el consumo y la inversión en los próximos años.
El autor es Analista Económico y director de Focus Market
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ECONOMIA
“Niño Godzilla”: advierten que un preocupante fenómeno amenaza al principal sector económico de la Argentina

La combinación de un océano que viene batiendo récords de temperatura con la inminente llegada de un fenómeno de El Niño de alta intensidad encendió las alarmas entre especialistas en gestión de riesgos. La preocupación no pasa únicamente por las condiciones meteorológicas que se avecinan, sino por la capacidad real de la economía argentina para absorber sus consecuencias sin sufrir pérdidas de magnitud.
Según datos de la Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), existe una probabilidad superior al 90% de que El Niño se consolide durante la primavera en el Hemisferio Sur. A esa certeza se suma otra variable que multiplica la preocupación: las previsiones indican que el fenómeno podría alcanzar una intensidad severa, un escenario que algunos especialistas ya denominan informalmente “Niño Godzilla” y que, históricamente, se traduce en un incremento significativo de las lluvias en el país.
La firma Marsh, dedicada a la correduría de seguros y consultora de riesgos, advirtió sobre el creciente impacto económico que estos eventos climáticos extremos podrían generar en la Argentina, en un contexto global marcado por temperaturas oceánicas en niveles récord. Según la compañía, la exposición no se limita al impacto climático directo, sino que se extiende al efecto económico sistémico que los excesos hídricos generan sobre la infraestructura, la continuidad operacional y la capacidad de respuesta de las empresas, en particular las del sector agroindustrial.
El agro, en el centro de la escena
Sebastián Tobio, vicepresidente de Marsh Risk Consulting, sostiene que los eventos extremos están dejando de ser una excepción y que, por lo tanto, “el riesgo climático debe gestionarse como un riesgo estratégico de negocio y no solo como un problema ambiental».

Para Tobio, muchas organizaciones del sector agropecuario e industrial subestiman las pérdidas indirectas que genera este tipo de fenómenos. De acuerdo con su análisis, el principal impacto financiero no siempre proviene del daño físico visible, sino de la interrupción operacional: la falta de piso para levantar las cosechas, la paralización de la cadena de suministro o el aislamiento de activos y ganado en zonas ribereñas por las crecidas.
Por supuesto, las potenciales pérdidas no afectarían sólo a los empresarios detrás de las cosechas, sino también a toda la economía nacional. No es una novedad que el agro tienen un enorme peso sobre la actividad económica, con una fuerte participación en exportaciones, PBI y empleo, entre muchas otras variables. Sirven de ejemplo los números referentes al mercado externo. Según la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía, en los primeros seis meses del año las exportaciones agroindustriales lograron facturar USD 27.447 millones, un 18% más que en 2025.
Además, hasta junio el agro liquidó unos USD 15.768 millones y se estima que llegará a los USD 36.164 millones en todo el 2026, de acuerdo a cálculos realizados por la Bolsa de Comercio de Rosario. Claro está, que todo dependerá de lo que ocurra con los cultivos durante los próximos meses y de cuánto daño producto el fenómeno de El Niño.
Antecedentes que marcan la magnitud del riesgo
Los antecedentes en la Argentina permiten dimensionar la escala del problema. Episodios previos de un Niño fuerte, como el registrado en 1997-1998, afectaron severamente a la Cuenca del Plata y provocaron graves anegamientos e inundaciones en la región de la Mesopotamia, particularmente en Corrientes y Entre Ríos. El SMN ya anticipa precipitaciones superiores al promedio para las zonas productivas en los próximos meses, con la Cuenca del Plata y la Mesopotamia entre las áreas más expuestas.
De esta manera, el riesgo no aparece como una hipótesis lejana sino como un patrón que ya tiene registro histórico en el país y que amenaza con repetirse sobre una estructura productiva que continúa siendo intensiva en el uso de tierras próximas a cursos de agua.
Gestión preventiva como estrategia de negocio
Frente a este panorama, la empresa de corretaje de seguros recomienda adoptar un enfoque preventivo y analítico que fortalezca la gestión integral de riesgos. Esto incluye el análisis de escenarios catastróficos, la revisión anticipada de los programas de seguros vigentes y la implementación de planes de continuidad del negocio antes de que las condiciones climáticas se agraven.

La ventana de anticipación con la que hoy cuentan las empresas no estuvo disponible en episodios anteriores. Rodrigo Rodríguez Tornquist, ex-secretario de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación de la Nación, repasó antecedentes de eventos de similar magnitud, como el ocurrido entre 1877 y 1878, que provocó pérdidas humanas y productivas en distintas regiones del planeta, así como impactos recientes registrados en otros países de la región, entre ellos un huracán que en 2025 le costó a Jamaica el 41% de su Producto Bruto Interno.
En ese sentido, Tobio sostiene que la pregunta para el empresariado argentino ya no pasa por si estos eventos van a ocurrir, sino por cuándo lo harán y qué tan preparadas están las organizaciones para enfrentarlos. Según su lectura, las empresas que aborden con anticipación la gestión de riesgos serán las que logren sostener su rentabilidad, proteger sus operaciones y convertir la resiliencia climática en una ventaja competitiva frente al resto del mercado.
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ECONOMIA
Cuenta DNI: uno por uno, todos los descuentos y las promociones para aprovechar en agosto 2026


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- Nini Mayorista: 15% de descuento los martes, tope de reintegro de $20.000 por día y por persona, pagando en sucursales Nini Mayorista.
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ECONOMIA
ANSES: quiénes cobran hoy, jueves 30 de julio de 2026


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