SOCIEDAD
La psicología afirma que las personas que ayudan a desconocidos no solo son solidarias, sino que poseen una elevada inteligencia emocional
Entrar a un lugar y ver a alguien que necesita ayuda puede parecer una situación cotidiana. Sin embargo, la psicología sostiene que aquellas personas que tienden a ayudar a desconocidos no solo actúan por solidaridad: también suelen demostrar una elevada inteligencia emocional, empatía y capacidad para comprender las necesidades de los demás.
En la vida diaria, no es raro encontrarse con personas que colaboran con alguien que perdió una dirección, ayudan a cargar bolsas pesadas o asisten a un desconocido en una situación complicada. Otros, en cambio, prefieren mantenerse al margen. ¿Por qué algunas personas sienten la necesidad de ayudar incluso cuando no obtienen nada a cambio? ¿Qué dice la ciencia sobre este comportamiento?
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Según la psicología, brindar ayuda a personas que no forman parte de nuestro círculo cercano es una señal clara de inteligencia emocional. No solo demuestra sensibilidad hacia las emociones ajenas, sino que también indica una gran capacidad para reconocer las necesidades de otros y actuar en consecuencia.
El psicólogo Daniel Goleman, reconocido por popularizar el concepto de inteligencia emocional, explicó que la empatía es uno de los pilares fundamentales de esta habilidad. Las personas emocionalmente inteligentes suelen percibir mejor lo que sienten los demás y responden de manera adecuada ante situaciones que requieren apoyo o comprensión.
Diversas investigaciones también encontraron que los actos de ayuda generan beneficios emocionales tanto para quien recibe la asistencia como para quien la brinda. Esta conducta fortalece los vínculos sociales y contribuye al bienestar general de la comunidad.
Por qué ayudar a otros es mucho más que un acto de bondad
Ayudar a un desconocido comunica valores como la empatía, la cooperación y la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Es una forma de reconocer que todos podemos necesitar apoyo en algún momento.
Cuando alguien se detiene para asistir a una persona que no conoce, demuestra habilidades emocionales que van más allá de la cortesía. Estudios en psicología social relacionan este comportamiento con mayores niveles de inteligencia emocional, sensibilidad interpersonal y bienestar psicológico. Además, quienes suelen ayudar a otros son percibidos como personas más confiables, cálidas y accesibles.
¿Y si no ayudo? Lo que puede haber detrás
No ayudar a un desconocido no siempre significa falta de empatía o de inteligencia emocional. Muchas veces, las personas están distraídas, apuradas o simplemente no perciben que alguien necesita asistencia. También influyen factores como el contexto, las experiencias previas o el temor a involucrarse en una situación desconocida.
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En algunos casos, la falta de colaboración puede estar relacionada con altos niveles de estrés, agotamiento emocional o ansiedad. Cuando alguien atraviesa momentos difíciles, suele concentrar gran parte de su energía en resolver sus propios problemas y puede tener menos recursos emocionales disponibles para ayudar a otros.
El impacto emocional de los pequeños actos de ayuda
Más allá de las normas sociales, ayudar a otras personas tiene un impacto emocional real. Es una herramienta de conexión, cooperación y construcción de confianza entre individuos que muchas veces ni siquiera se conocen.
Un gesto tan simple como orientar a alguien que está perdido, sostener una puerta o colaborar en una emergencia puede mejorar el día de ambas personas y contribuir a una sociedad más amable y solidaria.
La próxima vez que tengas la oportunidad de ayudar a un desconocido, pensalo: ese pequeño gesto puede decir mucho más sobre vos de lo que imaginás.
Qué pasa en el cerebro cuando ayudamos a otras personas
Ayudar no solo tiene un efecto social: también activa mecanismos relacionados con el bienestar emocional. Diversas investigaciones en neurociencia sugieren que los actos altruistas pueden estimular áreas cerebrales vinculadas con la recompensa, la satisfacción personal y la conexión social. Por eso, colaborar con alguien que lo necesita suele generar sensaciones positivas tanto en quien recibe la ayuda como en quien la brinda.
Los especialistas también destacan que estos comportamientos fortalecen la percepción de propósito y pertenencia. Aunque se trate de acciones pequeñas, los actos de generosidad ayudan a construir comunidades más cohesionadas y favorecen relaciones sociales más saludables.
Por qué las personas solidarias suelen generar una mejor impresión
Más allá de la ayuda concreta, los especialistas en comportamiento social explican que quienes colaboran con desconocidos suelen transmitir confianza, empatía y cercanía. Por eso, estas personas suelen ser valoradas positivamente en distintos ámbitos de la vida cotidiana.
Esto ocurre porque la disposición a ayudar funciona como una señal de cooperación y sensibilidad hacia los demás. Aunque el gesto dure apenas unos minutos, refleja características que muchas personas consideran deseables en una relación interpersonal.
Además, diversos estudios sobre vínculos humanos muestran que tendemos a recordar con mayor facilidad a quienes nos brindaron ayuda en momentos de necesidad. De esta manera, una acción aparentemente simple puede dejar una huella duradera y fortalecer los lazos sociales, incluso entre personas que antes eran completamente desconocidas.
Psicología, ayudar, TNS
SOCIEDAD
Intentó matar a martillazos a su ex, amenazó a una periodista y huyó: lo detuvieron encapuchado a metros de la casa de la víctima
La Policía Bonaerense detuvo este lunes a un hombre de 44 años, identificado como Carlos Alberto Vaz Da Silva, acusado de agredir a su ex pareja con un martillo y luego amenazar a una periodista a través de redes sociales. El sospechoso permanecía prófugo desde el ataque.
El episodio ocurrió el jueves pasado, cuando personal del Comando Patrullas Tigre acudió a un domicilio ubicado en Riobamba, en la localidad de Don Torcuato, tras un llamado al 911 que alertaba sobre un hecho de violencia de género.
Al ser entrevistada por los efectivos, C.V.N. (45) relató que momentos antes su ex pareja la agredió con un martillo y que tras el ataque se dio a la fuga. Como consecuencia de la agresión, la mujer resultó con lesiones leves.
Según pudo saber este medio, de fuentes policiales, Da Silva tenía dos medidas cautelares: una con fecha del 22 de julio que le prohibía estar cerca de su ex pareja y otra del 16 de julio que le impedía acercarse al domicilio de los padres de la víctima.
Durante la investigación, los efectivos además descubrieron que el acusado había amenazado a una periodista a través de redes sociales, exigiéndole que eliminara las publicaciones en su contra o, de lo contrario, le iba a enviar una carta documento.
Para localizar al sospechoso, personal de la Comisaría 3° y de la SubDDI local realizaron tareas de vigilancia encubierta en las inmediaciones de los domicilios de la víctima y del imputado.
Tras varios días de tareas investigativas y de establecer consignas de vigilancia en distintos puntos, este lunes los efectivos lograron detener a Vaz Da Silva en la intersección de Riobamba y Chacabuco, en Don Torcuato, a unos 200 metros de la casa de su ex pareja.
Según informaron fuentes policiales a Infobae, el acusado caminaba por la vía pública encapuchado cuando fue interceptado y detenido.
La causa quedó en manos de la UFI de Género de Tigre, que dispuso el arresto del hombre de 44 años y lo imputó por el delito de tentativa de femicidio.
Cifras alarmantes
La violencia de género continúa mostrando cifras alarmantes en todo el país. De acuerdo con el último relevamiento del Observatorio de las Violencias de Género Ahora Que Sí Nos Ven, elaborado junto con la Universidad Nacional del Delta, entre el 1° de enero y el 31 de julio de este año se registraron 147 víctimas letales de violencia de género: 119 femicidios directos, 17 femicidios vinculados, siete instigaciones al suicidio y cuatro travesticidios o transfemicidios.
El informe también advierte que una mujer fue asesinada cada 35 horas en la Argentina durante ese período y que se contabilizaron 234 intentos de femicidio, el equivalente a uno cada 25 horas. Solo durante julio, el Observatorio registró 24 víctimas letales por violencia de género.
Entre los datos relevados, el informe señala que el 64% de los agresores eran parejas o exparejas de las víctimas, mientras que el 15% de las mujeres asesinadas había realizado al menos una denuncia previa. Además, el Observatorio indicó que al menos 145 niñas, niños y adolescentes quedaron huérfanos como consecuencia de estos crímenes en los primeros siete meses del año.
Tigre ex amenaza detenido
SOCIEDAD
Los técnicos coinciden: “Que tu heladera haga ruido en la noche no significa que esté rota”
Un ruido que surge de la cocina en plena noche puede asustar a más de uno, pero en la mayoría de los casos, el origen es inofensivo: la heladera reacciona a los cambios de temperatura, al ciclo del compresor o a la descongelación automática. La clave está en identificar si el sonido es parte del funcionamiento habitual o si esconde un problema.
Durante la madrugada, el silencio de la casa amplifica cualquier pequeño crujido. Sin el ruido de fondo de la televisión, el tráfico o los electrodomésticos, hasta el más leve “clic” de la heladera puede parecer mucho más fuerte que durante el día.
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Por qué la heladera cruje: causas normales y cuándo preocuparse
Cuando el ruido es ocasional y el aparato sigue enfriando bien, lo más probable es que se trate de la dilatación térmica de los materiales internos. Plásticos, metales y aislantes cambian de tamaño al enfriarse o calentarse, al liberar tensión en forma de crujidos.
El compresor se enciende y apaga para mantener la temperatura, y en ese proceso los materiales internos pueden contraerse o expandirse. Según las directrices técnicas de Panasonic, estos crujidos son normales y no indican fallas. En modelos No Frost, la rotura del hielo durante la descongelación también puede generar ruidos secos, goteos o burbujeos.
Entre los sonidos habituales del refrigerador se encuentran:
- Crujidos aislados: por dilatación o contracción de paneles internos.
- Clics: al encenderse o apagarse el compresor.
- Gorgoteos o burbujeos: por la circulación del fluido refrigerante.
- Sonido de hielo rompiéndose: típico en el ciclo de descongelación.
- Zumbido moderado: relacionado con el compresor o el ventilador.
Factores que pueden amplificar los ruidos y cómo reducirlos
Una heladera desnivelada o apoyada contra muebles puede transformar una vibración leve en un sonido que retumba en toda la cocina. Botellas mal acomodadas, bandejas sueltas u objetos sobre el aparato también pueden generar golpes o resonancias.
Para minimizar estos ruidos, se recomienda:
- Ajustar las patas niveladoras para evitar que el gabinete se tambalee.
- Separar la heladera de la pared al menos 10 centímetros, como indica el manual.
- Reubicar botellas y recipientes para que no choquen entre sí.
- Quitar objetos del techo del aparato que puedan vibrar o golpear.
- Observar si el patrón del crujido cambia con los días.
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Cuándo el ruido del refrigerador es señal de un problema
Un crujido nuevo merece atención si aparece junto con una falla en la refrigeración, el compresor funcionando sin pausas o intentos repetidos de encendido y apagado. Crujidos metálicos muy fuertes o repetidos en intervalos cortos pueden indicar un problema más serio.
Según los expertos en refrigeración de Consul, si se acompañan estos ruidos con pérdida de frío, pueden estar relacionados con el relé de arranque, el compresor o una inestabilidad eléctrica. En estos casos, es fundamental consultar a un servicio técnico autorizado y no intentar desarmar el aparato.
Mientras el refrigerador mantenga la temperatura y el ruido sea ocasional, suele tratarse de una reacción natural de los materiales o del sistema de refrigeración. El silencio nocturno solo hace que estos sonidos sean más notorios.
Heladera, Tecnología, TNS
SOCIEDAD
De saltar en paracaídas a una vida de oficina: por qué dejar el Ejército fue el desafío más difícil para dos ex oficiales
Durante años, una jornada de trabajo podía incluir un salto en paracaídas, una práctica de buceo, una travesía de esquí o una expedición en la montaña. Después de dejar el Ejército Argentino, la rutina cambió de golpe: computadora, planillas de Excel y una oficina. Para Ignacio y Sebastián Autiero, mellizos de 29 años y ex oficiales de la fuerza, el verdadero desafío no empezó cuando se quitaron el uniforme, sino cuando descubrieron que volver a una vida “normal” sería mucho más difícil de lo que imaginaban.
“Ese cambio fue muy brusco”, resumió Ignacio durante su paso por Infobae al Mediodía. Sebastián puso en palabras el contraste que marcó esa transición: “Un día típico era tirarme en paracaídas, bucear, escalar o esquiar, y de repente estar frente a una computadora todo el día en Excel”. Esa sensación de haber perdido la intensidad que había definido su vida durante ocho años terminó empujándolos a buscar nuevos desafíos. Hoy documentan expediciones de montaña, carreras de ultra distancia y actividades de resistencia extrema, convencidos de que los límites del cuerpo dependen, sobre todo, de la fortaleza mental.
“Mañana vamos a salir para el Lanín”, adelantó Sebastián durante la entrevista. Ignacio completó el plan con naturalidad: “La idea es bajarlo esquiando”.
De la adrenalina al mundo de oficina
El gusto por ese tipo de experiencias no apareció después del Ejército. Ambos crecieron en una familia profundamente ligada al mundo militar. Su padre es veterano de la Guerra de Malvinas y las historias que escuchaban desde chicos terminaron despertando una vocación que compartieron desde la adolescencia. “Nos criamos rodeados de veteranos de guerra. Mi padre es veterano de Malvinas. Uno de chico mama eso”, recordó Ignacio, mientras Sebastián agregó que crecieron escuchando relatos de sus compañeros de armas, “historias que salían completamente de lo normal”.
Tras terminar el secundario ingresaron al Colegio Militar de la Nación y eligieron la especialidad de Caballería. Durante ocho años atravesaron una formación que incluyó cursos de montaña, esquí y operaciones especiales. Ignacio integró una misión de paz en Chipre y Sebastián se especializó en operaciones especiales. Sin embargo, con el paso del tiempo ambos comenzaron a preguntarse si era posible construir un proyecto de vida dentro de la institución.
“Nos fuimos en busca de otras oportunidades”, explicó Sebastián. A su entender, la situación económica también terminó pesando en esa decisión. “El Ejército es un reflejo socioeconómico de cada país. Cuando la economía no acompaña, para un oficial joven es desmotivante”. Ignacio coincidió y recordó que, pese a cobrar el suplemento por zona desfavorable en San Martín de los Andes, el ingreso terminaba perdiendo valor frente al costo de vida. “Yo terminé cobrando un millón doscientos mil pesos, pero vivir allá también era muy caro”, explicó.
La vida después del uniforme
Si tomar la decisión de dejar la fuerza fue difícil, adaptarse a la vida civil resultó todavía más complejo. Como ocurre con muchos integrantes de las Fuerzas Armadas, la salida laboral más inmediata apareció en el ámbito de la seguridad privada. “Fue lo primero a lo que uno puede acceder cuando deja la fuerza”, contó Sebastián. Sin embargo, pronto descubrieron que el verdadero problema no era encontrar trabajo, sino acostumbrarse a una rutina completamente distinta.
Después de años en los que la exigencia física y mental formaba parte de la vida cotidiana, pasar jornadas enteras frente a una computadora les generó una sensación difícil de explicar. La adrenalina, simplemente, había desaparecido.
Fue entonces cuando comenzaron a buscar nuevas formas de ponerse a prueba. Hace poco participaron de una carrera de 200 kilómetros en Villa La Angostura y la completaron prácticamente sin dormir. “Estuvimos 76 horas despiertos”, recordó Ignacio. Durante el recorrido aparecieron las alucinaciones y distintos inconvenientes propios del desgaste extremo, pero ninguno de los dos lo vivió como un fracaso. “Alucinamos varias veces. Tuvimos inconvenientes en el medio, pero también son cosas para las que el Ejército nos preparó”, explicó Sebastián.
La cabeza como último límite
Para ellos, ese tipo de desafíos tienen menos que ver con la preparación física que con la fortaleza mental. “La cabeza es todo. Eso nos enseñó el Ejército”, afirmó Ignacio. Sebastián sintetizó esa forma de entender las cosas con una frase que, según reconoció, sigue guiando muchas de sus decisiones: “La misión que teníamos la cumplíamos a cualquier costo”.
Ese espíritu competitivo también estuvo atravesado por el legado familiar. “Si yo decidía entrar a la fuerza no era para ser uno más. Quería ser el mejor que hubiera”, recordó Sebastián. Ignacio reconoció que esa exigencia siempre estuvo presente: “Constantemente uno tiene en la cabeza que no puede ser menos”. Sin embargo, cuando llegó el momento de abandonar la institución, encontraron el respaldo de su padre. “Siempre nos dijo: ‘Hagan lo que a ustedes los haga felices. Si esa es la decisión, hay que asumirla’”, recordó.
Hoy esa nueva etapa tiene otro escenario. A través de un canal de YouTube registran cada una de sus expediciones y buscan acercar una mirada diferente sobre el mundo militar. La idea nació casi por necesidad. “Nos dimos cuenta de que era muy difícil explicar todo lo que habíamos vivido. Cada vez que nos juntábamos con amigos terminábamos siendo el centro de atención porque contábamos experiencias que, para alguien de nuestra edad, parecían irreales”, explicó Ignacio.
Más que mostrar operaciones o entrenamientos, aseguran que buscan transmitir aquello que permanece cuando el uniforme queda atrás. “Queremos mostrar el costado más humano del Ejército, lo que nos dejó en términos de fortaleza mental y de valores. Hay cosas que aprendés ahí que después te acompañan toda la vida”, sostuvo Sebastián antes de cerrar con una definición que, quizás, resume mejor que ninguna otra lo que significó esa experiencia: “El amor se demuestra con hechos y no con palabras”.
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