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La vida efímera del rock progresivo: la cultura de masas con voluntad de gran arte

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Una actuación en directo de «The Dark Side of the Moon» en Earls Court (Londres), poco después de su lanzamiento en 1973: de izquierda a derecha) Gilmour, Mason, Dick Parry, Waters (TimDuncan/Wikimedia Commons, CC BY)

Antes de que existiesen internet y las plataformas de streaming, comprar un disco de vinilo era como hacer una apuesta. A veces conocíamos el álbum o el grupo, pero otras veces no sabíamos nada y simplemente nos dejábamos seducir por las carátulas. Si el disco nos gustaba o no, si era bueno o malo, solo lo averiguaríamos al llegar a casa.

Yo tuve suerte con mi primera compra de un disco de rock progresivo en la mítica tienda de discos Madrid Rock. Fui a dar, casi por pura casualidad, con Selling England by the Pound, considerado el mejor álbum de Genesis y uno de los mejores del género progresivo en general. Han pasado casi cuatro décadas de aquella tarde, pero no he olvidado la impresión que me produjo aquella música extraña, compleja y bellísima cuando llegué a casa y pude reproducirla en mi tocadiscos.

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La crítica cultural que el semiólogo Umberto Eco calificó de “apocalíptica”, y que encarnaba ejemplarmente el filósofo alemán Theodor W. Adorno, estableció una demarcación muy rígida entre el arte serio y la cultura de entretenimiento.

No obstante, Adorno era un observador agudo, y no pasó por alto que algunos fenómenos culturales se sustraían a esa dicotomía. Diagnosticó, por ejemplo, el envejecimiento de la vanguardia musical del siglo XX que él mismo había defendido siempre. También lamentó su transformación en una producción mecanizada y rutinaria de herméticas composiciones destinadas al reducido público de los festivales de música contemporánea. Entretenida no sería aquella música, pero tampoco era ya muy seria.

En cambio, no previó la posibilidad de que brotasen obras genuinas, originales y estéticamente ambiciosas en el campo de la cultura de masas, un terreno que él juzgaba incurablemente estéril para el gran arte.

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Imagen en la calle de la portada del Álbum In The Court Of The Crimson King de King Crimson
Imagen en la calle de la portada del Álbum «In The Court Of The Crimson King» de King Crimson (Ceescamel/Wikimedia Commons, CC BY-SA)

¿Hubiera sabido reconocer Adorno el valor estético de un género musical que surgió en el Reino Unido en el año de su muerte y que alcanzó su efímero apogeo poco después? En 1969 vio la luz el álbum seminal de King Crimson, titulado In the Court of the Crimson King, considerado por muchos el primer disco de rock progresivo. Este álbum contenía ya los principales ingredientes del género: una estética musical más bien fría, incluso sombría, cierto barroquismo y gigantismo en las composiciones, una vocación vanguardista y experimental, y la inequívoca ambición de elevar el rock a la categoría de gran arte.

Para todo hay un precedente, y este género se inspiró en la psicodelia, el pop y el rock británicos de la década de 1960. Pero en lo sustancial fue un estilo completamente nuevo que aspiraba conscientemente a derribar la barrera entre el arte serio y la cultura de masas. Lo hacía, sin embargo, partiendo de esta última, es decir, de la cultura juvenil y de la música compuesta e interpretada con guitarras y bajos eléctricos, sintetizadores y baterías.

Nada, o muy poco, tienen que ver con cualquier otra cosa compuesta antes o después los extensos y complicadísimos temas concebidos por la constelación de grupos que emergieron entonces. Muchos de ellos han caído en un relativo olvido: son pocos quienes hoy recuerdan a Soft Machine, Van der Graaf Generator, Camel, incluso a Jethro Tull y Emerson, Lake & Palmer. Pero los más importantes –Genesis, Yes, Pink Floyd y King Crimson– se ganaron un puesto en la historia del rock por su brillante producción durante un breve periodo que ni siquiera abarca toda la década de los 70.

Cada una de aquellas bandas se aproximaba a diferentes corrientes musicales de una época especialmente creativa: King Crimson orbitaba hacia el rock duro y el jazz experimental, Genesis se inclinaba hacia el glam y el pop, Yes entroncaba con el glam y el rock –pero no con el pop– y Pink Floyd lindaba con el rock y el pop, pero no con el glam.

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Estos parentescos más o menos lejanos no rebajan la originalidad de la música progresiva. Tampoco explican las atmósferas misteriosas e insólitas que fueron capaces de crear unos músicos que parecían abordar la composición de un álbum de rock con la misma ambición con la que Mahler componía sus sinfonías.

Yes en 1973
Foto de prensa de la banda Yes de 1973. De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Chris Squire, Jon Anderson, Rick Wakeman, Alan White y Steve Howe (Atlantic Records)

Ciertamente, el rock progresivo era cultura de masas, y los conciertos de estas bandas llenaban teatros y estadios. Pero la autoexigencia y el ascetismo de este género musical parecían contagiarse de algún modo a las personalidades de sus intérpretes. Estos –a excepción, quizás, de Peter Gabriel, líder de Genesis– transmitían una imagen de profesionalidad bastante alejada del histrionismo y el divismo de otras estrellas del rock de la época.

Esta relativa austeridad personal se correspondía con el intelectualismo y la abstracción de unas composiciones musicales que se inspiraban en la literatura y la mitología (como en Genesis), se alejaban de los temas sentimentales y eróticos omnipresentes en el rock y el pop, y se atenían a un tono emocional más bien frío (o gélido, como en Pink Floyd y King Crimson) incluso cuando eran exuberantes (como en Yes).

Su éxito no duró mucho. El denso material de aquellos temas, que con frecuencia ocupaban toda una cara de un disco de vinilo, fue desmembrándose en elementos más fáciles de digerir por el público. Así, el rock progresivo terminó diluyéndose en las corrientes que ejercían una mayor fuerza de atracción desde las posiciones contiguas del campo musical, como el pop y el rock.

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Para confirmarlo basta con observar la evolución de estos grupos. Peter Gabriel abandonó Genesis en 1975, y bajo el liderazgo de Phil Collins el grupo derivó lentamente hacia un estilo pop que le cosecharía sus mayores éxitos en los años 80 y primeros 90. Algo similar sucedió con Yes, cuyas composiciones pop de la década de 1980 apenas guardan relación con sus primeros álbumes. King Crimson siempre eludió esa vía, pero desde finales de los 70 su sonoridad cambió para aproximarse sucesivamente a las heterogéneas exploraciones estéticas de su inquieto líder, Robert Fripp.

Pink Floyd tal vez sea el grupo que mejor supo mantener su personalidad original cuando concluyó la era dorada del género progresivo. Pero su supervivencia –que atravesó incluso una traumática ruptura de Roger Waters con el resto de la banda– exigió también el pago de un tributo a la comercialidad, como muestran álbumes muy exitosos como The Wall (1979) o A Momentary Lapse of Reason (1987).

Genesis en 1974
Genesis (con Peter Gabriel disfrazado) actuando en noviembre de 1974 (tony morelli/Wikimedia Commons, CC BY-SA)

El punk, que irrumpió al final de la década, probablemente contribuyó también a la liquidación de un género cuyo virtuosismo e impronta universitaria resultaban demasiado exquisitos para un público juvenil que demandaba una música más simple, airada e irreverente.

Visto en perspectiva, el rock progresivo puede considerarse como una vía muerta, algo así como el ars subtilior de la cultura popular del siglo XX. No obstante, el oyente que se asoma a esta música a medio siglo de distancia de su fugaz apogeo siente la extraña nostalgia que a veces provocan las imágenes de ciencia ficción retrofuturista: una nostalgia de mundos que nunca existieron ni existirán, pero que podrían haber existido.

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Y es que en aquella música inigualable se anunció durante un breve periodo de tiempo la reconciliación de la alta cultura con el arte de masas, o el surgimiento de una cultura popular que aspiraba a estar a la altura del gran arte, y que lo logró en sus mejores frutos.

Fuente: The Conversation

The Conversation

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Fingió que iba a ser mamá durante meses, asesinó a una amiga embarazada y le robó a su beba: el caso de Taylor Parker

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Durante meses nadie sospechó de Taylor Parker. Publicaba fotos de su supuesto embarazo en las redes sociales, compartía ecografías con familiares, compraba ropa para bebés y hasta tuvo una fiesta de revelación de género. Su novio esperaba con ansiedad la llegada de la hija que, creía, iban a tener juntos.

Sin embargo, todo eso formaba parte de una mentira que salió a la luz cuando la policía encontró a Taylor al costado de una ruta de Texas, en octubre de 2020. En ese momento, la joven aseguró que acababa de dar a luz dentro de su vehículo y que el bebé había dejado de respirar.

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Los agentes intentaron asistirla y trasladaron al recién nacido a un hospital. A pesar de ello, en cuestión de horas, los médicos descubrieron algo inesperado: Parker nunca había estado embarazada. Ese fue el principio de uno de los casos más estremecedores de Estados Unidos.

Una red de mentiras

Taylor Parker tenía 27 años y vivía en la zona de Texarkan, en el estado de Texas. Sus amigos de ese momento la describían como una mujer carismática, sociable y con facilidad para ganarse la confianza de los demás. Sin embargo, detrás de esa imagen escondía una larga historia de mentiras.

Antes incluso del falso embarazo, varias personas de su entorno aseguraron que Parker inventaba enfermedades graves para “llamar la atención”. A varios amigos les dijo que tenía cáncer, esclerosis múltiple, un tumor cerebral e incluso que había sufrido un accidente cerebrovascular. Con el tiempo, muchos comenzaron a tomar distancia al descubrir que aquellas historias no eran ciertas.

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En julio de 2019, conoció a Wade Griffin, un cazador y criador de animales de una pequeña comunidad rural del este de Texas, y comenzaron una relación. Poco después de empezar el noviazgo, Paker le dijo que estaba embarazada.

La noticia fue celebrada por la familia y los amigos de Griffin, que nunca pensaron que todo era una puesta en escena. Durante meses, Parker utilizó almohadas y prótesis para simular el crecimiento de su panza, falsificó estudios médicos y ecografías, compró muebles y ropa para bebés. Incluso, hasta participó de una fiesta de revelación de género organizada por su pareja.

Con el correr de los meses, algunas personas empezaron a desconfiar, ya que había detalles que no cerraban. A pesar de las dudas, Taylor siempre encontraba alguna explicación convincente para cualquier pregunta.

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Sin embargo, lo que nadie sabía era que años antes se había sometido a una histerectomía, una cirugía en la que le habían extirpado el útero, motivo por el cual no podía quedar embarazada.

En ese tiempo, mientras sostenía el engaño, Parker comenzó a acercarse cada vez más a otra joven que estaba a punto de ser madre: Reagan Simmons-Hancock, de 21 años. La chica estaba casada, ya tenía una nena de tres años y cursaba la semana 35 de embarazo de otra beba a la que planeaba llamar Braxlynn.

Reagan Hancock-Simmons era madre de una nena de tres años y, antes de ser asesinada, esperaba a una beba. (Foto: Ktal News)

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Taylor había conocido a Reagan en 2019, cuando trabajó como fotógrafa en su casamiento. Con el paso de los meses, fortalecieron el vínculo hasta convertirse en amigas: salían juntas, hablaban sobre la maternidad e incluso un día antes del crimen, Parker le llevó regalos para la futura nueva integrante de la familia Simmons-Hancock.

El crimen

El 9 de octubre de 2020, Parker fue hasta la casa de Reagan, ubicada en New Boston, Texas. Allí también se encontraba la hija mayor de la víctima.

Según la reconstrucción judicial, Taylor atacó con un martillo a la joven y luego la apuñaló decenas de veces. La autopsia reveló posteriormente que la víctima recibió más de 100 heridas cortantes y punzantes.

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Cuando la embarazada ya no pudo defenderse, Parker le abrió el abdomen para extraer a la beba de manera improvisada, sin ningún tipo de conocimiento médico. Después del ataque, Taylor dejó el cuerpo de su amiga dentro de la casa y escapó con la recién nacida.

La hija de tres años de la víctima permaneció sola dentro de la propiedad hasta que horas después llegó la madre de Reagan. Alarmada porque su hija no respondía los mensajes, encontró la puerta del garaje abierta y una escena llena de sangre. Poco después encontró el cuerpo de Reagan y dio aviso a la policía.

Taylor Parker junto a su novio, Wade Griffin. (Foto: Netflix)

Taylor Parker junto a su novio, Wade Griffin. (Foto: Netflix)

Mientras los investigadores realizaban las primeras pericias en la escena del crimen, otro episodio ocurría a varios kilómetros de distancia. Un patrullero detuvo a Taylor Parker porque manejaba de forma errática. Al frenar, la mujer aseguró que acababa de dar a luz al costado de la ruta y que la beba había dejado de respirar.

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Los policías comenzaron a practicar maniobras de reanimación y trasladaron de urgencia a ambos al hospital. Sin embargo, apenas ingresó al centro médico, detectaron algo extraño.

Taylor no presentaba ninguna señal física compatible con un parto reciente. Los exámenes confirmaron además que jamás había dado a luz y que, debido a una histerectomía practicada años antes, era imposible que hubiera estado embarazada.

Al mismo tiempo, los investigadores que trabajaban en la casa de Reagan se dieron cuenta de que la beba había sido arrancado del vientre de la víctima. Más tarde, las pruebas de ADN confirmaron lo peor: la recién nacida era hija de la mujer asesinada.

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Taylor Parker durante su declaración indagatoria. (Foto: Netflix)

Taylor Parker durante su declaración indagatoria. (Foto: Netflix)

La menor murió poco después de llegar al hospital debido a las graves lesiones sufridas durante la extracción y a la falta de atención médica adecuada.

Con las evidencias acumuladas, Parker quedó acorralada y terminó confesando su participación en el crimen.

Durante la investigación también salieron a la luz búsquedas realizadas desde su computadora y su celular que demostraban la planificación del ataque. Había investigado cómo conseguir una panza falsa, cómo encontrar madres embarazadas, procesos de adopción, videos de cesáreas y distintos métodos relacionados con el embarazo.

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Leé también: Asesinó a una mujer embarazada, le sacó el bebé del vientre y se lo robó: el caso que estremeció a EEUU

La condena

Taylor Parker fue juzgada por asesinato capital, uno de los delitos más graves contemplados por la legislación de Texas. Durante el juicio, la fiscalía sostuvo que el crimen había sido cuidadosamente planificado y que el único objetivo era obtener un bebé para sostener su engaño frente a su pareja.

Durante el proceso judicial declararon familiares de la víctima, investigadores, médicos forenses y el propio Griffin, quien aseguró que jamás imaginó que el embarazo fuera una mentira.

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En octubre de 2022, un jurado declaró culpable a Parker por el asesinato de Reagan Simmons-Hancock. Un mes después, tras la etapa de sentencia, fue condenada a la pena de muerte.

Los jueces consideraron especialmente agravantes la premeditación del crimen, la extrema violencia ejercida contra la víctima y la muerte de la beba, que no logró sobrevivir tras ser extraída del vientre de su madre.

En 2025, un tribunal de apelaciones confirmó la condena. Parker continúa presentando recursos judiciales, por lo que sigue alojada en el corredor de la muerte de la prisión Patrick L. O’Daniel Unit, en Gatesville, Texas, a la espera de que finalice el proceso de apelaciones.

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Estados Unidos, Embarazada, Asesinato

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Mississippi law could create statewide registry of undocumented immigrants

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

A new Mississippi law set to take effect this week will allow the state’s top law enforcement agency to compile a list of all illegal immigrants living in the state, alarming immigrant advocates who fear it could be a new tool to target immigrants as part of President Donald Trump’s mass deportation plan.

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The law, which will go into effect on Wednesday, states that the state Department of Public Safety «may use all reasonable lawful investigative means available» to determine the number of illegal immigrants residing in Mississippi and their identities, including by collecting their names, addresses, country of origin and whether they are an adult or child.

The department may also list any criminal history and the date, location and status of deportation proceedings.

The agency is instructed to share information on immigrants suspected of violating laws with state and local authorities.

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‘GHOSTS’ ON FLORIDA HIGHWAYS: ROADSIDE STINGS SNARE 249 ILLEGAL IMMIGRANTS, OFFICERS WARN MANY MORE HIDING

The law says the state Department of Public Safety «may use all reasonable lawful investigative means available» to determine the number of illegal immigrants in Mississippi and their identities. (Brandon Bell/Getty Images)

The law does not expressly require or prohibit sharing the database with federal immigration authorities, though other provisions of SB 2114 require the Department of Public Safety and county detention agencies to attempt cooperation agreements with ICE under Section 287(g).

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State Sen. Angela Hill, a Republican who sponsored the bill, argued that states have a right and obligation to assist the federal government in stopping illegal immigration, which she claims contributes to crimes such as human and drug trafficking.

Hill said the new measure «seems like commonsense to me.»

«In order to address the problems caused by illegal immigration, we need to understand the magnitude of the problem. Identifying the number and identity of illegal aliens in Mississippi is a concrete way to better understand the problem,» she said.

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The Mississippi law authorizes an ongoing effort to keep track of immigrants illegally in the state for the next two years, which could include people who overstay visas.

Immigrant advocates warn that the law could complicate things in Mississippi as people overstay visas, apply for new forms of legal status and move into and out of the state.

«You can be undocumented today, and then have status tomorrow, and then lose it again next month, and then regain it three months from now,» Efrén Olivares, vice president of litigation and legal strategy at the National Immigration Law Center, a nonprofit that advocates for low-income immigrants, told The Associated Press.

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«It’s practically unworkable, but it’s also very worrisome, because it’s eerily reminiscent of other countries that have created lists of certain groups of people,» Olivares added.

An ICE agent monitoring hundreds of asylum seekers inside a federal building.

The law does not require or restrict the sharing of the database with federal immigration authorities. (David Dee Delgado/Getty Images)

Jessica Vaughan, director of policy studies at the Center for Immigration Studies, a nonprofit think tank that supports immigration restrictions, said state officials must come up with «a credible and fairly foolproof way of correctly determining someone’s immigration status.»

However, Vaughan argued the law «makes a lot of sense,» saying that it «raises the likelihood that someone’s illegal presence is going to come to the attention of federal authorities.»

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Mississippi has one of the country’s smallest percentages of illegal immigrants with fewer than 28,000 people, which amounts to less than 1% of its population, according to the American Immigration Council, citing 2023 Census Bureau data.

Victoria Francis, deputy director of state and local initiatives for the American Immigration Council, a nonprofit that advocates on behalf of immigrants, warned that the law has the potential to redirect law enforcement resources away from protecting the public in favor of investigating immigrants who may be contributing to the economy.

«A mandate like this invites profiling and turning entire communities into targets,» Francis told The Associated Press.

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American Civil Liberties Union of Mississippi’s policy and advocacy manager, Lydia Grizzell, added that the law could harm the trust between police and residents.

«That increases the likelihood of individuals not reaching out to law enforcement when it’s needed – and that is opposite of the mission,» she said.

More than 100 immigration-related laws have been adopted in states across the country this year.

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JUDGE ORDERS ICE TO FREE WISCONSIN MOSQUE LEADER OVER ‘SUBSTANTIAL’ FREE SPEECH CLAIM AFTER CRITICIZING ISRAEL

Donald Trump in Oval Office

Immigrant advocates fear Mississippi’s law could be a new tool to target immigrants as part of President Donald Trump’s mass deportation plan. (Jacquelyn Martin/AP)

Republican-led states have sought to support Trump’s immigration crackdown by requiring local sheriffs to sign cooperative agreements with ICE, reinforcing eligibility restrictions for public benefits and instructing election clerks to check voter rolls against the federal Systematic Alien Verification for Entitlements system in an effort to identify noncitizens.

Mississippi’s new law appears to be similar to a 2021 executive order by Florida Gov. Ron DeSantis that directed the Florida Department of Law Enforcement to «use all lawful investigative means available» to determine the number and identities of all «illegal aliens» who had been transported from the nation’s southwest border to Florida during the border crisis under the Biden administration.

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Meanwhile, blue states have attempted to limit Trump’s immigration raids, including by banning cooperative pacts with ICE, prohibiting ICE from wearing masks to shield their identities and barring immigration arrests in schools, hospitals and other sensitive locations without judicial warrants.

At the federal level, the Trump administration has increased enforcement of a decades-old law that requires noncitizens to register with the U.S. government.

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The Associated Press contributed to this report.

politics, donald trump, immigration, illegal immigrants, immigrant rights, mississippi

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Terremotos en Venezuela: el tiempo para hallar más sobrevivientes se acaba y estallan brotes de furia por la falta de ayuda estatal

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«¡Anoche gritaron! ¡Todavía hay gente viva!», exclama fuera de sí Donis Álvarez. Está delante de un edificio a punto de caer y frente a otras ruinas de hormigón en Catia La Mar, una de las zonas más afectadas en La Guaira, Venezuela. Asegura que su hijo estuvo vivo hasta el sábado cuando dejó de hablar y le reclama al gobierno porque le prometió ayuda y no le cumplió.

En medio del caos, los vecinos exigen de forma desesperada colaboración al régimen. A fuerza de plantarse en una avenida lograron desviar un camión con una máquina especial para que trabajara en el lugar donde señalaban que había gente atrapada. Esa pequeña situación es el reflejo del caos en La Guaira.

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El paso de más de 96 horas la esperanza de encontrar personas con vida languidece. Pero además, se empieza a notar un aumento de bronca entre los sobrevivientes. Entienden que sus familiares podrían salvarse si llega ayuda a tiempo. A medida que salen cuerpos sin vida, el dolor se transforma en rabia.

Socorristas, rescatistas y el propio régimen reconocen que encontrar personas con vida ya entra en la categoría de “milagro”. Las autoridades venezolanas confirmaron 1.450 muertos por los dos terremotos simultáneos del último miércoles a la tarde. A lo que se suman 3.150 heridos por la tragedia y más de 70 mil desaparecidos, en especial en La Guaira, a 26 kilómetros de Caracas, donde este domingo estuvo Clarín.

Unos pocos edificios se mantienen erguidos frente al mar. Agujereados como un queso gruyere, algunos están tan inclinados que da la sensación de que en cualquier momento caen.

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Testigos del dolor, los enviados de Clarín en las zonas de mayor emergencia del litoral venezolano. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial

Una de las zonas más complicadas dentro de La Guaira es Catia La Mar. Un equipo de este diario llegó hasta el lugar en una visita organizada por el Ministerio de Comunicación e Información de Venezuela. A diferencia del trato a la prensa extranjera en los últimos años, ahora las autoridades se muestran distintas. Citaron a los periodistas a las 9 de la mañana, y con muy buena predisposición explicaron que habría dos paradas para bajar y preguntar “con total y absoluta libertad”. Solo pidieron volver a los micros a la hora indicada. Y cumplieron.

Solo el primer día se anotaron 327 periodistas extranjeros y 387 locales. En un convoy de tres unidades, antes de llegar a Catia La Mar, las imágenes impactan. Todo está destruido, galpones, viviendas de dos pisos, chalets, comercios. En la ciudad marítima y con puerto, solo están en pie las pilas de containers. Hasta los boulevares de cemento están desarmados.

Los temblores sacudieron con furia a la misma zona que fue víctima de un brutal deslave en 1999. “Nunca habíamos vivido algo así. Si hay sismos aquí, ni se sienten. Esta vaina fue una locura. Cuando reventó el sismo logré salir pero me cayó una viga en el hombro. Me fracturé la clavícula, el omoplato y las costillas. Fui al hospital, me hicieron la radiografía y me lo inmovilizaron para que vaya soldando de manera natural”, le comenta a Clarín Emilio Pacheco (52). Era dueño de seis posadas turísticas en Playa Grande que quedaron destruidas.

Donde hay pilas de escombros sin forma había edificios enteros. Algunos lujosos y con vista al mar. Cuatro pomposos yates amarrados en el puerto, contrastan con los pedazos de hormigón a los que les cuelgan hierros, que quedaron doblados como tallarines.

El paso de vehículos es incesante. Hay muchos agentes de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) para intentar organizar el tránsito, que es otro caos.

Las motos se cuelan por todos lados con personas que llevan y traen herramientas o elementos para la ayuda de los voluntarios. Antes de llegar a La Guaira todos hacen largas filas en la estación de servicio de PDVSA, que entrega el combustible gratis por la tragedia.

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Casas hundidas y edificios sin paredes en Catia La Mar. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial

En la avenida La Armada, el centro comercial de Catia La Mar, quedan pocos comercios en pie. Casi todos tienen sus puertas cerradas y sobre las tapias se lee una misma frase pintada con aerosol: «Ya fui saqueado». Esa ola de robos posterior a la tragedia fue el argumento para la militarización de La Guaira.

La orden fue comunicada el viernes a la noche por el propio Diosdado Cabello, ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela. Esos hombres uniformados están también en los barrios de La Guaira. Pero se cuidan de intervenir en conflictos de los vecinos con la ayuda que manda el régimen.

Vecinos de Playa Grande, en La Guaira, frenaron un camión con maquinaria pesada. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial

Minutos antes del mediodía del domingo, Clarín fue testigo de cómo un grupo de personas que reclamaba colaboración para remover escombros en varias torres destruidas, frenó un camión con maquinaria pesada. Es la más reclamada por la población de La Guaira.

Sobre la avenida principal de Playa Grande, de dos carriles por lado, un grupo se puso delante del camión. Con gestos ampulosos transmitieron un mensaje claro: “No vas a pasar”. Le indicaban que girara a la izquierda para meterse en la calle que llevaba a los edificios caídos donde vivían.

“Hay gente viva, todavía hay gente que podemos sacar. No nos prestan la colaboración. Vienen policías aquí y se toman fotos. Son contados los funcionarios que nos han ayudado”, remarcó a los gritos un joven vestido con ropa de trabajo naranja que se puso delante del camión.

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Destrozos tras el terremoto en La Guaira, Venezuela. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial

Junto con otros, obligaron a que el camionero apague el motor, se baje y tenga que negociar. Los agentes de la GNB con armas largas, apenas se acercaron al lugar de conflicto y dejaron que se arreglen entre ellos. Al final, uno de los dos camiones fue a donde pedían los vecinos y dejaron pasar al otro.

Esa rabia con la que frenaron al camión crece con el paso de las horas. Cuando de los cascotes ahora solo sacan cuerpos sin vida, la angustia se transforma en bronca. “Perdí mi apartamento con todo adentro. Mi hijo está tapiado. Trabajo para el coronel (Juan Manuel) Suárez -alcalde del municipio de Vargas-, me prometieron ayuda para sacar a mi hijo. ‘Mañana te lo sacamos’, me dijeron. Mi hijo estuvo tres días vivo, murió ayer. No tuve ayuda del Gobierno«, afirma Donis Alvarez ante la consulta de este diario.

Además, remarcó que en todo el domingo no les habían acercado comida. “Solo unos pastores nos trajeron agua y ayer algo de comer”, agrega la mujer desesperada.

Donis habla delante del esqueleto de un edificio inclinado, a punto de caer. Se pueden ver todos los ambientes de cada departamento porque falta todo un lado de la torre. En lo que se ve como el tercer piso, que era más alto porque el resto quedaron debajo de la tierra, tres rescatistas corren a un perro que aún no lo han podido bajar y escapa asustado.

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La destrucción es tan grande que no entra en la vista. Muchos de estos edificios eran lujosos. Tenían canchas de tenis, ahora montículos de escombros y grandes piletas. Uno de esos era el complejo residencial Los Delfines, que al lado tenía su gemelo, Los Delfines II. Apenas quedan en pie. Sus inquilinos suponen que lo que no cayó será demolido.

Por donde se mire hay escombros, esqueletos de edificios y personas arriba buscando a sus familiares. Los vecinos se autoconvocaron como voluntarios. Cada tanto piden silencio y preguntan a los gritos: «¿Hay alguien con vida?».

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Esta es una tragedia que no tiene límites de pensamiento. Estamos necesitando un apoyo nacional, ayúdenos, no perdamos las esperanzas. Están sacando gente con vida. Hay personas que están protegidas por las mismas estructuras, todavía se escuchan voces”, sostiene Dennysser Hernández (28), estudiante y conductor de mototaxi.

La inmensidad del desastre y la posterior catástrofe humanitaria no logran ser del todo transmitidas en fotos y videos. Tampoco el olor a putrefracción que es muy intenso, más cuando llega la brisa del mar. La mayoría de las personas tiene barbijo, porque el lugar se torna irrespirable. No ayuda el calor húmedo que asfixia y que se soporta como se puede. Hay personas que duermen sobre colchones en las rotondas, apenas protegidas del sol por un gazebo.

Unas pocas horas en La Guaira sirven como termómetro para suponer que la bronca podría ir en aumento. A algunas zonas recién ahora llega la maquinaria pesada. Justo cuando familiares ven salir a sus seres queridos en mantas mortuorias.

Otros entienden que el fenómeno supera cualquier posibilidad de respuesta. Pero el escuhar una voz atrapada que se apaga es difícil de procesar.

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