ECONOMIA
Las exportaciones mineras de Argentina se preparan para batir un nuevo récord histórico

La Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) estimó este lunes que el sector alcanzaría exportaciones por u$s9.000 millones en 2026 bajo una perspectiva conservadora. Roberto Cacciola, titular de la entidad, explicó en un encuentro con la prensa que si la tendencia de precios internacionales se mantiene estable, el ingreso de divisas podría incrementarse en otros u$s1.000 millones adicionales, situando el horizonte exportador en el umbral de los u$s10.000 millones para el año.
La industria minera en la Argentina consolidó un cambio de tendencia al cerrar un 2025 con exportaciones por u$s6.056 millones, lo que representó un máximo histórico y el 7% del total de los despachos nacionales al exterior. Este desempeño, que significó un crecimiento del 30% respecto al año anterior, marca el inicio de una etapa de expansión según el directivo.
Este crecimiento exponencial se explica fundamentalmente por la maduración de los proyectos de litio, que representan la realidad más dinámica de la actividad en la Argentina. El sector pasó de producir 35.000 toneladas de Carbonato de Litio Equivalente (LCE) en 2022 a 116.000 toneladas para 2025, lo que permitió que el mayor volumen de producción compensara las fluctuaciones de precios. Para 2026, las proyecciones indican que el litio aportará más de u$s2.400 millones a la balanza comercial.
En paralelo, la minería metalífera tradicional de oro y plata experimentó una mejora sustancial en sus valores de exportación debido al alza de las cotizaciones internacionales, a pesar de enfrentar desafíos operativos en los yacimientos existentes. Cacciola advirtió que la caída en la producción de oro es una tendencia que persiste desde el fin del proyecto Alumbrera y que, a valores de 2022, muchas minas actuales no serían operativas.
El peso de la minería en las provincias
La relevancia económica de la actividad es crítica en términos federales, ya que la minería define el perfil exportador de las provincias donde se asienta con una incidencia que supera el 80% en la mayoría de los casos. En Catamarca, el sector representa el 93,2% de sus ventas externas, mientras que en Santa Cruz llega al 85,8% y en San Juan al 85,4%, demostrando que la minería no es solo un motor nacional, sino el sustento principal de las economías regionales del NOA y la Patagonia.
Pero el directivo destacó que este impacto trasciende las fronteras provinciales tradicionales, integrando ahora a distritos como Córdoba y Santa Fe a través de sus clústeres de proveedores industriales.
En cuanto al mercado laboral, la minería genera más de 100.000 puestos de trabajo con una tasa de informalidad casi nula y salarios que promedian 2,5 veces el sueldo del sector privado registrado. Cacciola señaló que por cada empleo directo se crean dos indirectos, y subrayó que si los grandes proyectos de cobre avanzan hacia su fase de construcción, el sector se convertirá en un generador de empleo masivo.
La proyección hacia 2032 contempla alcanzar los 200.000 trabajadores totales, siempre que se potencien los recursos humanos y la capacitación local para cubrir la demanda técnica que vendrá. Esas cifras de desarrollo implican a la vez el desafío de capacitar a los futuros trabajadores calificados de la industria, para no generar un cuello de botella de los recursos humanos.
El motor del RIGI para la industria
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) fue un catalizador para acelerar las decisiones de inversión en el país. Hasta el momento, se presentaron 13 proyectos mineros bajo este marco normativo, los cuales representan una inversión global de u$s42.000 millones. Siete de estos proyectos ya obtuvieron su aprobación oficial, sumando compromisos por u$s7.948 millones en provincias como Salta, San Juan, Jujuy y Catamarca, abarcando principalmente emprendimientos de litio, cobre, oro y plata.
La exploración minera también muestra signos vitales positivos al triplicar su presupuesto en la última década hasta alcanzar el séptimo puesto en el ranking mundial de destinos exploratorios. En 2025, la inversión en esta etapa temprana fue de u$s430 millones, una cifra significativamente superior a los u$s124 millones registrados en 2015. El desafío actual reside en consolidar nuevos proyectos de oro y plata para revertir el déficit de descubrimientos recientes y mantener la competitividad del sector en el largo plazo.
Desde la conducción de CAEM, se enfatizó que el desarrollo minero debe ir acompañado de una infraestructura inteligente que no se limite a la coyuntura actual. Cacciola remarcó que muchos proyectos saldrán por Chile debido a la logística, pero instó a pensar en una minería para los próximos 100 años que aborde los desafíos de transporte y energía con visión estratégica.
La coordinación entre el gobierno nacional y los gobernadores, independientemente de su color político, es vista como una fortaleza institucional necesaria para garantizar la seguridad jurídica de estas inversiones. Un punto de debate central es la carga tributaria y los derechos de exportación, que actualmente afectan al litio y la plata con una alícuota del 4,5%.
La industria considera que estos gravámenes tienen un fin meramente recaudatorio y envían un mensaje equívoco a los inversores internacionales, especialmente cuando afectan la rentabilidad de los proyectos de menor margen. Existe una expectativa en el sector para que el gobierno resuelva pronto estas inconsistencias legales y avance hacia un esquema fiscal que priorice la producción y la inversión genuina.
Finalmente, la minería se propone como un aliado estratégico para la industria nacional a través de la Mesa Federal Minera, buscando evitar un «compre local» indiscriminado pero también una apertura que desproteja a los proveedores nacionales. Cacciola concluyó que la aceptación social de la minería depende de que el crecimiento sea visible en el país, fortaleciendo a las miles de empresas proveedoras que participan en las distintas etapas de construcción y operación de un proyecto.
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ECONOMIA
Aguinaldo de junio 2026: qué hacer si no se deposita en la fecha correspondiente

El pago del Sueldo Anual Complementario (SAC) correspondiente al primer semestre de 2026 genera consultas y expectativas entre los trabajadores en relación de dependencia de los sectores público y privado. Según la normativa argentina, la fecha límite para la acreditación del aguinaldo es el 30 de junio. Sin embargo, la legislación ofrece un plazo de gracia de hasta cuatro días hábiles posteriores, lo que permite que algunas empresas efectúen el depósito hasta los primeros días de julio sin incurrir en infracción inmediata. Esta particularidad suele provocar dudas sobre cuándo y cómo proceder ante una demora.
El aguinaldo representa un ingreso adicional clave para millones de empleados. Quienes no lo perciban en tiempo y forma cuentan con instancias formales de reclamo y mecanismos administrativos y judiciales para exigir el pago. El proceso inicia con una consulta interna y puede escalar hasta una denuncia ante el Ministerio de Trabajo o una demanda judicial.
La normativa vigente establece que el SAC debe acreditarse como fecha tope el 30 de junio. No obstante, el marco legal contempla una prórroga de hasta cuatro días hábiles, lo que habilita a que el depósito se concrete en los primeros días de julio sin que la empresa quede automáticamente en mora. Esta flexibilidad busca contemplar situaciones administrativas o bancarias que puedan retrasar la operación, pero no habilita incumplimientos prolongados.
Para los jubilados y pensionados de ANSES, el cronograma difiere. El pago del aguinaldo se realiza junto con los haberes mensuales, en una ventana que va del 8 al 29 de junio, según el calendario oficial. Esta modalidad responde a la lógica de liquidación de haberes que maneja la Administración Nacional de la Seguridad Social y se ajusta a fechas predeterminadas para cada grupo de beneficiarios.

Ante la ausencia del depósito en la fecha límite—considerando el plazo de gracia—, los especialistas aconsejan agotar primero las instancias informales. El primer paso consiste en realizar una consulta con el área de Recursos Humanos o administración de la empresa. Muchas veces, las demoras responden a inconvenientes bancarios o administrativos que pueden resolverse en pocos días. Esta instancia permite obtener información sobre el estado del pago y detectar posibles errores sin necesidad de iniciar reclamos formales.
Cuando el pago no aparece transcurridos los cuatro días hábiles posteriores al 30 de junio, el trabajador puede considerar que existe mora por parte del empleador. La siguiente acción recomendada implica enviar un telegrama laboral o carta documento intimando al empleador a abonar el monto adeudado. El telegrama laboral es gratuito y se gestiona a través del Correo Argentino. Los especialistas sugieren redactar este documento con asesoramiento de un abogado laboralista o del sindicato correspondiente, para evitar errores formales que puedan debilitar el reclamo.
El procedimiento requiere guardar comprobantes y constancias de todos los pasos realizados. Esta documentación resulta fundamental en caso de que el conflicto escale a instancias administrativas o judiciales. El proceso de reclamo formal debe seguir una secuencia clara: primero la consulta interna, luego la intimación formal y, de persistir el incumplimiento, la denuncia ante la autoridad laboral.
Si el empleador no regulariza la situación tras la intimación formal, la normativa habilita al trabajador a presentar una denuncia ante la Secretaría o Ministerio de Trabajo. Estos organismos pueden convocar a una audiencia de conciliación entre las partes o disponer inspecciones laborales. En estos casos, el empleador puede recibir sanciones y multas si se verifica el incumplimiento del pago del SAC dentro de los plazos legales.

El reclamo administrativo busca agotar las vías de solución antes de recurrir a la justicia. Si las gestiones ante el Ministerio de Trabajo no logran destrabar el pago, el trabajador tiene la opción de iniciar una demanda judicial a través de un abogado laboralista. En este escenario, la Justicia puede ordenar el pago del aguinaldo adeudado, sumar intereses por mora y establecer otras compensaciones económicas en favor del trabajador. Además, la falta de pago del SAC puede considerarse una falta grave del empleador y habilitar un reclamo por despido indirecto.
El telegrama laboral, como herramienta de intimación, representa una herramienta fundamental para el trabajador en la defensa de sus derechos. La gratuidad del trámite y su carácter formal permiten dejar constancia fehaciente del reclamo y constituyen una prueba válida ante las autoridades administrativas y judiciales.
El proceso para reclamar el aguinaldo exige rigor en el cumplimiento de los plazos y en la conservación de documentación. La consulta con Recursos Humanos o administración, la gestión formal del telegrama laboral y el seguimiento del proceso ante el Ministerio de Trabajo forman parte del circuito recomendado por especialistas.
El rol de los sindicatos y de los abogados laboralistas resulta relevante para orientar a los trabajadores en cada instancia del reclamo. La intervención de estos actores contribuye a evitar errores formales y a fortalecer la posición del trabajador ante eventuales conflictos con el empleador.
El aguinaldo se paga, por ley, durante junio o en los primeros días de julio. La normativa contempla situaciones excepcionales de demora, pero establece mecanismos claros para exigir el cumplimiento. El cobro del SAC representa un derecho adquirido para los trabajadores registrados y cuenta con herramientas legales y administrativas para garantizar su percepción.
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ECONOMIA
Los pasajes del transporte público en el AMBA se multiplicaron hasta 17 veces en lo que va del Gobierno de Milei

Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el costo del boleto mínimo de colectivo en el AMBA se multiplicó hasta por 16 desde el inicio de la gestión de Javier Milei. El estudio detalla que, para el caso de los colectivos, los incrementos nominales oscilaron entre 1.221% y 1.545%, dependiendo de la jurisdicción, mientras que la tarifa del subte registró la mayor suba: de $80 a $1.414, lo que significa un salto nominal del 1.668% y un incremento real del 337% por encima de la inflación.
El informe de CEPA sostiene que “las tarifas del transporte aumentaron muy por encima de la inflación general, mientras que el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) fue fijado sistemáticamente por debajo de ella”. De acuerdo con el relevamiento, el índice de precios al consumidor acumuló una suba del 303,5% en el mismo período, muy por debajo de las variaciones observadas en los valores de los boletos.
En el caso de los trenes metropolitanos, el incremento alcanzó un 741% entre noviembre de 2023 y abril de 2026, con un salto de $33,29 a $280. A partir de mayo de 2026, la tarifa del tren metropolitano subió a $330, lo que representa una suba adicional del 17,9% respecto al mes anterior. CEPA remarca que, aun en el segmento ferroviario, los incrementos reales superaron con holgura la inflación, ya que el aumento real llegó al 119% en el período analizado.

El estudio revela que la brecha entre el costo del transporte y los ingresos de los hogares se amplió de manera notoria. Para quienes perciben el SMVM y utilizan combinaciones de colectivo y subte, el gasto mensual en transporte representó el 2,6% de su ingreso en diciembre de 2023 y llegó al 17,3% en abril de 2026. El documento explica: “El SMVM pasó de $156.000 en diciembre de 2023 a $357.800 en abril de 2026, indicando que es un incremento nominal del 129% que quedó muy por debajo de la inflación acumulada del 303,5% en el mismo período, implicando una caída real de aproximadamente 43% en el poder adquisitivo del salario mínimo”.
El informe también da cuenta del deterioro en la situación de los beneficiarios de la Beca Progresar. El monto de esta beca permanece congelado en $35.000 desde marzo de 2025, mientras que el valor del boleto sigue en alza. Según CEPA, el poder de compra de la beca se desplomó un 87%. En diciembre de 2023, el monto alcanzaba para costear 839 viajes en colectivo con descuento; en mayo de 2026, apenas cubre 111 boletos.
El reporte subraya la existencia de una brecha tarifaria federal cada vez más marcada, acentuada tras la eliminación del Fondo Compensador del Transporte Público del Interior en 2024. Mientras en el AMBA el boleto mínimo se ubica en $700, en ciudades como San Martín de los Andes trepa a $2.300 y en Rawson a $2.192, más de tres veces el valor metropolitano.
El análisis del CEPA señala que detrás de estos incrementos se encuentra el fuerte aumento en los costos operativos del sector. El precio del gasoil, uno de los insumos centrales, acumuló una suba del 536% entre noviembre de 2023 y abril de 2026, superando en más de 230 puntos porcentuales la evolución general de los precios. Además, el presupuesto real del Fondo Fiduciario del Sistema de Infraestructura del Transporte (FFSIT) para 2026 tuvo una reducción del 17,5%, lo que compromete las inversiones necesarias para el mantenimiento y la renovación de la red.

El impacto de estos cambios no se limita a los bolsillos de los usuarios, sino que repercute en la demanda del sistema. La cantidad total de pasajeros transportados cayó un 12,9% interanual en febrero de 2026, con una baja del 23,6% en trenes y del 11,7% en colectivos. El informe atribuye este descenso a la combinación de precios cada vez más elevados y la contracción económica, que se manifestó también en el cierre de más de 24.000 empresas en el mismo período.
CEPA advierte que el proceso de recomposición tarifaria podría no haber concluido. Según el informe, la vigencia de una fórmula de actualización mensual, el peso de los costos operativos y la volatilidad de los precios energéticos internacionales hacen probable que los aumentos continúen a lo largo de 2026. “Es probable que los aumentos continúen a lo largo de 2026”, señala el documento.
La coyuntura delineada por el informe expone un escenario donde la accesibilidad al transporte público se vuelve un desafío creciente para amplios sectores sociales del AMBA, en un contexto de salarios rezagados, subsidios recortados y costos operativos en alza.
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ECONOMIA
La frase desafiante de un empresario textil: “No hay países desarrollados de más de 35 millones de personas sin industria pujante”

En medio de la crisis del sector, el empresario textil Luciano Galfione advirtió sobre las consecuencias de la política industrial actual y afirmó que ningún país desarrollado con una población superior a los 35 millones de habitantes prosperó sin una industria robusta. Sostuvo que la caída de la industria nacional afecta el tejido productivo y compromete la generación de empleo.
Galfione cuestionó las propuestas de reconversión laboral del Gobierno que sugieren que todos los trabajadores pueden adaptarse a industrias completamente distintas, como la energética o la minera.
Puso como ejemplo la dificultad de que una trabajadora textil de González Catán, que mantiene un taller con otras mujeres y cuida a sus hijos, pueda cambiar de rubro y dedicarse a la minería en el norte del país.
El presidente de la Fundación Pro Tejer, en diálogo con Ahora Play, apuntó que no es posible realizar ese tipo de reconversión ni por capacidad física ni por condiciones reales, y aseguró que las recomendaciones de este tipo no son viables.

El dirigente remarcó que los procesos de reconversión industrial en distintos países han requerido décadas de políticas sostenidas. Mencionó que Corea necesitó 25 años y que Italia implementó 15 años de política industrial para consolidarse en el sector textil y de diseño, reteniendo el desarrollo de tecnología textil de punta.
Señaló que el tamaño de la población argentina implica desafíos que no pueden compararse con los de países vecinos y cuestionó los modelos que proponen como referencia. Indicó que Argentina, con 50 millones de habitantes, no puede equipararse con Chile o Paraguay. “Busquen un país de más de 35 millones de habitantes que sea desarrollado y que no tenga una industria pujante”, sostuvo.
Y aseguró: “Lo peor de todo no es que se desindustrializa la Argentina, que, en todo caso, puede parecer anecdótico; sino que nos quedamos sin laburo”.
Galfione advirtió sobre el impacto de la apertura comercial y el ingreso masivo de productos importados en el mercado local. Explicó que en los shoppings, la mayoría de los productos son importados y que los precios de la indumentaria y el calzado superan los de otras ciudades, a pesar de que muchos productos ya no se fabrican en el país.

“Entre el 80% y 90% de lo que consumimos en cualquier shopping es importado. Las zapatillas ahora son de Vietnam, porque no se fabrica ninguna zapatilla más en la Argentina de las primeras marcas, y valen el doble que en Miami”, remarcó.
“Los precios han bajado un poco porque no se vende nada. A la gente le está yendo mal o muy mal”, afirmó el empresario.
En el caso de la industria textil, describió una situación crítica, con una caída de la actividad del 27% interanual, un aumento de importaciones superior al 80% y una utilización de la capacidad instalada que ronda el 30%. Aseguró que siete de cada diez máquinas permanecen paradas y que ninguna empresa textil es rentable en la actualidad.
El principal problema, indicó, es la caída de la demanda, agravada por una facilitación del comercio exterior que, según su análisis, no beneficia ni a los consumidores ni a los productores locales.
El empresario también cuestionó la reducción de aranceles a las importaciones, que considera una política que perjudica a la industria nacional y beneficia a productos extranjeros.
“Le bajamos los impuestos a los chinos. Sí hay política y es cobrarle menos impuestos a quienes viven a más de 20.000 kilómetros de la Argentina”, reclamó.
Por otra parte, sostuvo que “el problema de la Argentina no es la producción. Es lógico que lo importado llegue más barato si el país tiene inflación en dólares y costos industriales más altos que el resto del mundo. Mientras acá nos endeudamos a tasas del 40% o 50% anual, en otros países lo hacen al 3%. Además, Argentina registra una inflación mensual del 3%, mientras que en el mundo ese porcentaje suele ser anual”.
De esta manera, “claro que somos más caros y todos los meses somos más caros. Pero el problema ni siquiera está ahí, sino en la comercialización, que incluye los impuestos más altos del mundo, infraestructura de transporte precaria, alquileres y tasas de interés para la compra en cuotas elevadas. Por eso una zapatilla fabricada en Vietnam cuesta en Argentina el doble de lo que vale en Miami”, concluyó.
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