DEPORTE
Los archivos completos de la pesadilla de Argentina en el Mundial 2018: “En Rusia pasó de todo”

20 de junio de 2018. Argentina se prepara para el último entrenamiento previo al viaje a Nizhni Novgorod, donde se enfrentará a Croacia, por la segunda fecha del Grupo D del Mundial de Rusia 2018. En el complejo de Bronnitsy, el hogar albiceleste, Sebastián Beccacece reparte las pecheras a los titulares y suplentes para iniciar en ensayo. Jorge Sampaoli detecta a distancia que un delantero que él no tenía prefijado entre los que jugarían desde el inicio (¿Cristian Pavón?) recibió el color equivocado. Desde su ubicación, trota a los gritos y se lo marca de manera por lo menos enfática a su asistente, lo que da inicio a una discusión que desorienta a sus dirigidos, que aguardan incómodos el epílogo. Claro, cuando el fervor de la pelea amaga con llegar a las manos, los jugadores intervienen (los testigos colocan a Javier Mascherano como el mediador clave) para evitar que la escena termine peor.
Es apenas uno de los episodios que minaron el camino de la Selección en aquella fatídica Copa del Mundo, en la que “pasó de todo”, al decir de Eduardo Salvio, uno de los integrantes del plantel de una Argentina que estuvo al borde de la eliminación en la fase de grupos y terminó despidiéndose en el frenético cruce de octavos contra Francia, a la postre, el campeón.
Aquel 0-3 contra Croacia resultó el clímax de la escandalosa aventura, al punto que la concentración, en las horas posteriores, se convirtió en un verdadero sauna. Pero antes y después, la atmósfera y diferentes signos fueron avisando que la gloria iba a quedar lejos.
Sampaoli se calzó el buzo de la Selección en un momento hostil: tras la salida de Edgardo Bauza, y con la clasificación a la Copa del Mundo en riesgo. Aunque se habían separado con algunos roces de convivencia en dos cuerpos técnicos, el flamante DT invitó a su ex socio Beccacece, y a sus laderos, a sumarse a la aventura. Un matrimonio ya sin amor, o con el amor por el desafío. No fue suficiente…
“Fui a la selección argentina porque venía de ganar una Copa América, porque había jugado un gran Mundial con Chile. Y además, porque muchos de los personajes reconocidos futbolísticamente de este país no querían agarrar en ese momento”, señaló el oriundo de Casilda en una entrevista con El Eslabón hace unos meses. “Mi sueño era estar, me fuera bien o me fuera mal. Yo quería estar ahí”, describió su ilusión.
Pero el pertenecer tuvo sus costos. Onerosísimos. La ruta a la ventanilla para sacar boleto al Mundial continuó siendo tortuosa, con alineaciones y esquemas cambiantes, sin una línea definida, más allá de la vocación por buscar el arco contrario. Terminó en el desahogo ante Ecuador, el 3-1 con tres goles de Lionel Messi que salvaron el prestigio en medio del pavor. Tal era el temor que irradiaba el vestuario, que fue convocado un refuerzo inesperado: el Brujo Manuel de Gorina, con ticket de ida y vuelta, habitación de hotel y free pass al vestuario, en pos de confirmar por todas las vías el pasaje.
Esos volantazos, a esa altura, ya habían comenzado a hacer ruido en un plantel con muchos jugadores de renombre, que venían de olfatear el trofeo en Brasil 2014 y en algunos casos sabían que iban por su último Mundial. En ese entonces, Messi no era el Messi de ahora, no había atravesado su última mutación. No por el talento, perenne a lo largo de su carrera, sino por rol, por perfil. “Hablaba más con los compañeros para expresar lo que sentía, no era de levantar la voz. Por ahí, esa función la cumplía Mascherano. Hoy está más maduro, más abierto a hablar con todos y decir lo que piensa”, semblanteó alguien que conoce a la perfección los pasillos de Ezeiza.
Tal vez esta versión más contestataria surgió en la Copa América de 2019, a partir de las injusticias por el arbitraje en la semifinal ante Brasil, que lo hicieron erupcionar como un volcán ante los micrófonos. Allí, ya era la “frutilla del postre” de una nueva estructura, que le asignó un rol de líder sin poster que aceptó en la incipiente Scaloneta.
La misma fuente asegura que la alarma empezó a gritar en el complejo de la Selección luego del 1-6 ante España del 27 de marzo de 2018, en el umbral del viaje a Rusia. Un equipo vulnerable, además sin Messi, recibió una paliza que pudo ser aún peor. En la mente del DT ya revoloteaban cambios que, por cercanía de la competencia y por los primeros vaivenes con el grupo, le eran difíciles de efectuar. ¿Confiaba en Chiquito Romero en el arco? ¿Y en Mascherano? Distintos gestos y situaciones confirmaron que no, más allá del maquillaje. Quería dar un vuelco, pero no se animó. Y sus oscilaciones ante esta coyuntura terminaron sumándole burbujas a la efervescencia.
Las malas señales afloraron hasta en el sorteo. Basta recordar que, luego del dictamen de las bolillas, Diego Armando Maradona subió al escenario con un lanzallamas. “Argentina tiene que pasar de ronda, porque el grupo es accesible y porque tiene que mejorar. No puede jugar tan mal como lo está haciendo”. “Ojalá podamos jugar mejor, mostramos algunos rasgos durante las Eliminatorias, a pesar de las dificultades. Tengo al mejor del mundo y al mejor de la historia”, devolvió Sampa, tirándole con Messi.
El plan general apuntaba a cobijar a la gran figura, con detalles como la preparación con sede en Barcelona, el patio de su casa. El arco le terminó propinando un golpe que dejó groggy a Sampaoli. Sergio Romero sufrió un bloqueo articular en la rodilla derecha y el cuerpo técnico decidió desafectarlo, aunque el guardameta entendía que podía llegar en forma al debut ante Islandia. El argumento fue que el DT quería un arquero con el que pudieran entrenarse a lo largo de la puesta a punto. Siendo uno de los referentes, puertas adentro las razones no resultaron suficientes, más allá de que todos mantuvieron el compromiso detrás del objetivo. “Eso fastidió”, martilló una voz con pleno conocimiento de los camarines.
En reemplazo de Chiquito entró Nahuel Guzmán, a quien, según el propio portero, el coach le había sugerido que tenía asignada una de las plazas para el Mundial y luego lo dejó afuera. Ante la coyuntura de Romero, lo volvió a citar. Idas y vueltas que no abonaron a la credibilidad del grupo con el entrenador.
Pero hubo otros ejemplos del mismo color. Sergio Agüero fue uno de los críticos más enérgicos de Mini Me, como supieron apodar al DT por su parecido con el personaje de Austin Powers. En plena pandemia de COVID-19, fueron virales sus videos repasando las escenas del triunfo épico ante Nigeria y frenando las acciones en el festejo desaforado de Sampaoli. “¿Qué hace? ¿Qué estás haciendo, señor, adónde vas? ¿Adónde vas? Corré para el lado donde estamos nosotros, adónde vas corriendo para el otro lado, adónde vas?”, se burlaba en sus transmisiones en vivo.
Vale recordar que el Kun se sometió a una artroscopía en la rodilla izquierda el 17 de abril de 2018, con la intención de llegar bien al Mundial. En su documental, el ex Independiente y Manchester City evocó una actitud que exacerbó las tensiones. “Sampaoli quería que fuera para Argentina, que estuviera una semana antes y forzar un poco la rodilla. ¿Qué necesidad? Quedaban 20 días todavía para el debut del Mundial. El médico me dijo: ‘Sampaoli quiere que entrenes y si vos no entrenás lo suficiente, cree que no podés ir al Mundial’. Fue una apretada importante, era totalmente innecesario”, contó el ex atacante.
Pero en el Mundial la situación empeoró, exacerbada por las diferencias en superficie dentro del propio cuerpo técnico. “Por ahí Sampaoli decía A y Beccacece decía B sobre un mismo ejercicio o jugada. ¿A quién le tenían que hacer caso los jugadores?”, puntualizó la fuente sobre el nivel de incomodidad que reinaba. “Por momentos, directamente no se hablaban entre ellos. O Sebastián prefería no tener participación de la charla técnica”, agregó otro observador que dio el presente en Bronnitsy. Además, quienes lo vieron trabajar a Sampa en Ezeiza no desdeñan su capacidad, sino que alegan falta de tacto para conducir egos, al menos en Argentina (sí lo hizo y con éxito en Chile y en Sevilla, por citar dos etapas de su carrera). “No supo cómo manejar a la Selección. Y por momentos quiso ser más importante que los jugadores, no eran solamente un puntito en la pizarra”, profundizó uno de los testigos.
Esa ausencia de sensibilidad, como quedó en evidencia en el recuerdo del Kun, se repitió con otros nombres. “¿Sampaoli? Ufff. No sé qué te puedo decir porque la verdad que arranqué muy bien y terminé muy mal. Me dijo cosas que después no eran así. Me decía que el equipo era Leo (Messi), yo y el resto cada vez que me venía a ver acá a París. Me trataba como si fuera uno de los mejores y después de un solo partido me deja en el banco en el Mundial. Me limpia como si nada, no me dio explicaciones”, remarcó, por ejemplo, Ángel Di María en TyC Sports, en una descripción perfecta de la degradación acelerada que padeció el vínculo, de la desilusión exprés.
El momento más tirante se dio, precisamente, después del ignominioso 0-3 ante Croacia y la latente chance de un adiós en primera fase. El periodista Ariel Senosiain publicó el diálogo entre Sampaoli y los referentes (con Messi, ahora sí, entre los protagonistas principales) en el libro El Mundial es Historias.

-No nos llega lo que decís. Ya no confiamos en vos. Queremos tener opinión.
-¿Opinión en qué?
-En todo.
-¿Y ustedes van a armar el equipo, dirigir los entrenamientos, todo?
“Me preguntaste diez veces a qué jugadores querías que pusiera y a cuáles no, y nunca te di un nombre. Decime adelante de todos si alguna vez te nombré a alguien”, lo cruzó Leo, dándole a entender que, hasta esa situación límite, jamás había interpuesto su criterio o relación con sus compañeros para objetar determinaciones o realizar sugerencias.
Según reza la crónica, “en la sala, además de los veintitrés jugadores y los tres integrantes del cuerpo técnico, estaba presente Claudio Tapia. El presidente de la AFA sabía de antemano lo que le dirían al entrenador, a quien sólo le dijo: ‘Tenés que ceder’”. Fue ahí que nació el “doble comando”, cristalizado en aquella foto de Sampaoli, Mascherano y un pizarrón en Rusia. Alcanzó para el triunfo épico ante Nigeria, pero no para vencer a la súper poderosa Francia, que de todas formas tuvo sus momentos de flaqueza.
“Sebastián Beccacece pensó en renunciar. Sólo lo frenó el pedido de Tapia a su representante Cristian Bragarnik: ‘Decile que por favor no se vaya, es al que los jugadores escuchan’. Beccacece, incluso, le advirtió a Sampaoli que un entrenador no podía bancarse todo”, apuntó Senosiain en su texto, sobre el epílogo de aquel agitado cónclave.
Hace unos días, en una entrevista con radio La Red, Sampaoli desmintió el “doble comando”, aunque aceptó que la comunicación tenía varios cables cortados. ¿Te armaron los futbolistas el equipo para jugar con Nigeria o no te lo armaron?“, fue la pregunta sin concesiones del periodista Guido Bercovich. “Me tengo que sacar el buzo porque me dio calor”, bromeó antes de dar su versión.
“No, no, en realidad no. Lo que pasó ahí fue que después del partido de Islandia pasaron un montón de cosas. De desencuentros, en realidad. Había mucho nerviosismo, descreimiento del entrenador al jugador y desde los jugadores al entrenador, porque no encontrábamos la razón del porqué había acontecido», argumentó. Y añadió: “Esa foto con Mascherano en la cancha… estaba yo hablando con él, como con todos los jugadores. Pero no, sinceramente no me armaron el equipo. Inclusive, en el partido con Francia, el plan del partido es diferente a lo que esperaban todos. Lo diagramé yo que Messi jugara de nueve retrasado para tener más jugadores en la mitad de la cancha”.
El final es el conocido. Argentina se repuso con el angustiante 2-1 ante Nigeria, aquel del gol de Messi tras un control increíble y la aparición salvadora de Marcos Rojo. Y el 3-4 contra Francia le bajó la persiana formalmente al sueño de Argentina, aunque ya estaba herido de muerte por el contexto.
“Capaz que si pasábamos a Francia quedábamos afuera en la siguiente instancia, estaba destinado. Si te fijabas nuestras caras, en otros mundiales se veía una tristeza, pero en este eran caras de ‘esto iba a pasar’, estábamos calientes, pero sabíamos que iba a pasar. Se terminó todo y lo próximo era que la AFA empezara a encaminar de la mejor manera para el siguiente mundial. Era un milagro si llegábamos a la semifinal o a la final, ¿qué querés? ¿que sea careta u honesto? Hay que decir la verdad. Estábamos para el culo”, supo semblantear Agüero.
Ni el héroe de aquella jornada contra los africanos, Marcos Rojo, percibía que la victoria con sabor a hazaña podía marcar un nuevo comienzo. “Yo sentía que Jorge había perdido un poco el norte y no sabía cómo seguir. Se le notaba. El jugador lo percibe. La charla era eso. Decirle que no lo estábamos entendiendo, que por ahí se lo notaba perdido, que se veía que la relación con Beccacece no era la mejor y eso al grupo le influía un montón”, describió el clima.
Cuentan que Sampaoli no le puso palabras en el vestuario al cierre de la inestable aventura, tal vez anhelando cumplir con el contrato hasta Qatar 2022, tal como lo había rubricado. La eliminación consumió la mecha y la interna implosionó. Beccacece y otros integrantes del cuerpo técnico ensamblado se marcharon, dejando huérfana la selección Sub 20, que debía disputar el tradicional Torneo de L’Alcudia en España.
La disconformidad con los manejos y el trabajo de Sampaoli hizo volar los carpetazos. Luego de que la AFA atravesara una etapa política tumultuosa tras la muerte de Julio Grondona, el técnico había planteado una serie de exigencias de carácter urgente para equipar y modernizar el complejo de Ezeiza.
El boletín del Comité Ejecutivo N° 5483, del 17 de mayo de 2018, detalló que la entidad madre del fútbol adquirió, a pedido del cuerpo técnico, “6 cámaras 4k, un domo 360 grados y 3 cámaras 4k fijas; 1 televisor LED curvo de 55 pulgadas, 3 iMac de escritorio de 26 pulgadas; 3 MacBook Pro retina de 15 pulgadas y una filmadora semi pro 4k”.
El proyecto Sampaoli implicaba el seguimiento desde cerca de los posibles convocados y las visitas cara a cara para explicarles qué pretendía de ellos. Más allá de las ventanas por Eliminatorias o fecha FIFA, el entrenador emprendió tres giras, con foco en el continente europeo. En las mismas fue acompañado por una, dos o tres personas de su cuerpo técnico. Y el costo de las excursiones quedó bajo la lupa.
La comitiva viajó en clase ejecutiva, se alojó en hoteles 5 estrellas y abonó los gastos con una tarjeta corporativa de la AFA. Según pudo averiguar Infobae, Sampaoli y su cuerpo técnico gastaron alrededor de 50.000 dólares por viaje. Tal vez, si los resultados hubieran sido otros, los costos hubieran sido tomados como una inversión. Pero detrás de la billetera solo se veía tierra arrasada.
Las críticas al santafesino salían como flechas desde adentro y desde afuera de la Selección. Incluso, de campeones del mundo, como el Bichi Borghi, quien en una entrevista televisiva fue lapidario con él: “Le dicen chancho arriba del árbol, porque nadie sabe cómo llegó tan alto”.
“Me golpeó mucho”, dijo Sampaoli sobre el porrazo. “Me golpeó porque soy fanático. Y cuando uno se fanatiza por su país, por su club, el efecto de que no te vaya bien es mucho más grande”, abrió la puerta de los sentimientos, aunque le erró por varias hectáreas al diagnóstico sobre las razones del tenor de las críticas.
“Era un desconocido, ya que no fui jugador de fútbol. Y no era de Buenos Aires. Cuando dirigía afuera y en algún medio decían ‘argentinos en el mundo’, yo no estaba”, denunció animosidad, casi omitiendo todos los hechos aquí descriptos. O situaciones extradeportivas que hasta lo tiñieron de meme, como cuando a seis meses del Mundial desacreditó a un policía por su sueldo (“boludo, cobrás 100 pesos por mes”) cuando lo frenó en un control y la escena quedó registrada por las cámaras. O cuando en una conferencia de prensa tras empatar con Perú en La Bombonera, le encontró una nueva acepción a la palabra paciencia: «Son momentos en que el jugador tiene que tener mucha calma y paciencia, que si yo divido la palabra es paz y ciencia».
La radiografía que hicieron los jugadores con sus declaraciones asomó totalmente diferente. “No me gusta hablar de lo que pasó, lo que vivimos dentro del vestuario, del grupo, pero sí que fue un Mundial atípico en muchísimas situaciones que prefiero dejar ahí”, supo aceptar Messi. “Era una locura todo, las cosas no se daban, no había un buen ambiente. Eso, quieras o no, se traslada al campo. No encontramos la idea que el entrenador quiso. Fue complicado para nosotros adaptarnos a sus ideas”, sumó Otamendi. “Pasó de todo”. La frase de Salvio en una entrevista reciente se alimenta del vagón de anécdotas que explican el fracaso.
El Toto se refirió a lo sucedido en la era Sampaoli
La era Sampaoli duró apenas 13 meses, que parecieron mucho más, por su agitación. Aunque la cláusula de salida ascendía a 8 millones de dólares, terminó acordando una indemnización de casi 1.600.000 dólares en siete cuotas. Con mejores o peores resultados, luego del golpazo, dirigió al Santos, al Atlético Mineiro (dos veces), al Sevilla, al Flamengo, al Olympique de Marsella y al Rennes. En cada lugar lo persiguió la sombra de aquella experiencia aciaga con el combinado de su país; las preguntas con filo, lo que dijo y lo que calló.
Con la Sub 20 sin timón y con un torneo que exigía entregarle el buzo a alguien de inmediato, Claudio Tapia, presidente de la AFA, decidió ofrecerle la responsabilidad al remanente del cuerpo técnico de Sampaoli que permaneció en Ezeiza: Lionel Scaloni y Matías Manna se vistieron de bomberos. Se sumaron de emergencia Pablo Aimar, quien ya trabajaba en juveniles, y el profe Luis Martín, quien ante la propuesta de Juan Sebastián Verón había saltado de la Novena División de Estudiantes a la cantera de la Albiceleste. En medio del caos, de la incertidumbre, algo estaba germinando: ni más ni menos que la era dorada contemporánea de la selección argentina.
Como reza Gustavo Cordera en el prólogo de la canción Agua de Río: “Se puede encontrar la luz y la oscuridad formando parte de la misma belleza. El ser humano tiende a partir las cosas, no existe ninguna flor si no se alimenta de sustancias podridas”.
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DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
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