CHIMENTOS
Marcelo Tinelli: “La mayor falencia que tenemos los argentinos es no escucharnos”

Hay algo que Marcelo Hugo Tinelli —así lo presentaba José María Muñoz en Radio Rivadavia, con ese doble nombre que le encanta escuchar porque le recuerda al Víctor Hugo de Morales— nunca dejó del todo. El fútbol, la radio, la urgencia de correr siete cuadras de tierra hasta una fábrica de gaseosas en Berazategui para llamar por teléfono fijo y dar un gol a gol que, para cuando llegaba al aire, ya tenía tres goles de diferencia con la realidad. Ese pibe de secundaria que tomaba el 64 desde Santa Fe y Pueyrredón, cruzaba en bote a la isla Maciel para entrenar en San Telmo y se quedaba los sábados y domingos sentado en el estudio de Radio Rivadavia mirando trabajar a Dante Sabatarelli y al Flaco Rinaldi, es el mismo que hoy se sienta frente a Luciana Rubinska en Infobae para anunciar que vuelve al periodismo deportivo para cubrir el Mundial 2026, el que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá.
“Para mí hablar de fútbol es realmente mi vida. Pero no la vida que conoce la gente, que me tiene más como el de Videomatch, los bloopers, el de Ritmo de la Noche o el del Bailando por un sueño”, dice Tinelli. La convocatoria para este regreso llegó por parte de Daniel Hadad, el fundador de Infobae, a quien define como “un amigo de casi la misma edad y primer socio en Radio Diez”. Y agrega: “Hablando un día con él, me dice: ‘¿Vas, no vas? ¿hacés algo?’. ‘Me muero’, dije… voy a tener que laburar’. Porque fui como hincha a Catar. Pero está bueno’.”
La base de operaciones para Tinelli y su equipo será el estudio que Infobae tiene en Miami, desde donde saldrá un programa los lunes, miércoles, viernes y domingos, de una hora cada uno. Los partidos de la Selección Argentina lo llevarán a Kansas —el 16 de junio— y a Dallas —el 22 y el 27—, con la esperanza de que los octavos de final o, todos lo esperamos, más allá, vuelvan a jugarse en Miami. “Recemos de que los tres juguemos en Miami y no nos toque el cuarto en la otra costa porque nos agarran los tiburones ahí”, bromea.
El equipo que lo acompañará se anunciará el 19 de mayo, pero adelanta que habrá “periodistas deportivos muy buenos” y “jugadores muy importantes que han sido relevantes en el mundo del fútbol”, además de algún atleta de otro deporte que sea “futbolero también”. Tinelli viajará cinco días antes del lanzamiento del Mundial. La pasión del productor que vive en él, dice, no tiene forma de apagarse: “Ya me volvió a agarrar una cosa. Qué lindo volver a sentir esto.”
— ¿Es candidato Argentina?
— Sí, siento que sí. Argentina es candidato siempre. Con Leo Messi somos candidatos totalmente. Yo lo sentía en Catar también. Y lo sentí hasta en el momento que perdimos con Arabia, que me enojé mucho con Lolo porque se había cambiado de lugar. El primer tiempo ganábamos uno a cero y lo veo: “¿Qué hacés ahí atrás?”, le digo. En un momento ya perdíamos dos a uno. “¿Qué pasa, pa? Estaba hablando con un amigo atrás.” “Pero si estuviste el primer tiempo acá.”
— ¿Sos recontracabulero?
— Recontra. Y sentía que aun con el empate cero a cero en el primer tiempo con México, lo íbamos a dar vuelta.
— ¿Y qué cábala vas a repetir ahora?
— No me voy a pintar el pelo, no voy a hacer boludeces. El pelo rosa no va más.
— Quiero volver a algo que tiene que ver con tu historia. Tu papá falleció muy joven.
— No me vas a hacer llorar…
— Me nace preguntarte por eso. Te quiero leer algo que fue escrito por Walter Savedra.
— De los mejores periodistas y relatores de toda la vida.
— En un libro sobre la historia de los relatores, en un momento le preguntan: “¿Tinelli era tu comentarista en esa primera etapa?” “Sí. Me pasaba a buscar por el Hotel República, frente al Obelisco, en su autito. Creo que era un Citroën y la puerta del acompañante había que sostenerla con la mano porque se abría sola. Me llevaba a la cancha, comentaba y me traía de vuelta. Cuando hoy se critica a Tinelli, está todo bien, pero yo lo respeto. En aquel momento no tenía nada. Es un pibe que se hizo de abajo, vino de Bolívar, pasó hambre en Buenos Aires y con capacidad llegó a ser quien es.” ¿Este sos vos?
— Sí. No sé si tantos elogios, digo. Pero sí, yo nací en un hogar muy humilde en Bolívar. De muy chiquito vine a Buenos Aires por la enfermedad de mi papá, que era alcohólico y tenía una cirrosis. Yo lo empecé a ver un poco más amarillo. Tenía ocho, nueve años, cuando me traía en el tren a ver a San Lorenzo. Un día mi mamá nos dijo: “Esta noche lo llevamos a tu papá a Buenos Aires.” Vinimos en un auto con un primo de mi mamá. A partir de ahí nos quedamos en Pueyrredón 1947, donde vivían mis abuelos, y me dijeron: “Lo vamos a internar en el Sanatorio Anchorena.” Y no salió nunca más. A los quince días me dijeron. Yo preguntaba por mi papá y no vino más. Y a mí me quedó una cosa… Y atrás de eso, peor, porque mis abuelos ya no estaban en posición económica de sostenernos. Mi abuelo había tenido diarios en Bolívar, campos, y en ese momento no tenía tanto. Le habían llevado los ahorros. Y mamá dijo: “No vuelvo nunca más a Bolívar.” Yo me quedé sin las palmeras, sin mis amigos. Para mí era una selva. Estaba en plena avenida Pueyrredón, casi que iba a tocar el cordón de la vereda y pasaba un bondi que te llevaba puesto. Y al poco tiempo, once, doce años, me entero que mi mamá tiene una enfermedad. Tenía una depresión que después se transformó en una esquizofrenia. Fue muy duro todo el golpe.
— Once, doce años vos.
— Sí. Siempre mi deseo fue ayudar a mi mamá, por mi papá también.

— Cuando decís que pasaste hambre, ¿pasabas hambre?
— No sé si pasaba hambre, porque con mis abuelos nunca pasé hambre. En Bolívar muchas veces a mi viejo le costaba, sí. Era un tipo que cazaba en el campo, traía una mulita en una bolsa, perdices. Me hizo comer ranas diciéndome: “Son pollitos.” Faltaba que me dijera: “Crack, come, maestro.”
— Es lo que hay.
— Sí, es lo que hay. Mi papá escuchaba Radio Rivadavia, por eso mi historia con la Oral Deportiva. O veíamos canal 8 o 10 de Mar del Plata los días de tormenta. A mí siempre me gustaron los medios. Yo iba con mi viejo y llevaba una planillita donde él me decía: “Tomá nota de las formaciones.” Siempre me quedó eso. Mi papá es un referente, pero siempre le faltaba un mango. Hubo un momento en que yo vendí helados de chiquito. Hacía changas para aportar. Siempre alguna ayuda. Después empecé a jugar al fútbol en San Telmo. Me fui a probar de pedo, porque sinceramente, ¿qué hacía yo en San Telmo, en la isla Maciel, viviendo en Peña y Pueyrredón? Para el que no conoce, es el Barrio Norte de Capital. Y de repente tenía que cruzar en bote a la isla Maciel.
— ¿Cruzabas en bote para ir a entrenar?
— Sí. Le daba unos mangos al tipo y te cruzaba. Tomaba el 64 en Santa Fe y Pueyrredón o el 152, e iba. Cuando empecé a jugar al fútbol, llevé a probar a un pibe que se llama Hugo Issa, que jugó en la selección argentina, vecino del barrio. Y un día le digo: “Boludo, tenemos que ir a preguntar los resultados. A cuatro cuadras está Radio Rivadavia. Arenales 246.” “La que escuchaba mi viejo”, decía yo en el fondo. Y un día aparecí en la radio a pedir los resultados y a partir de ahí me quedé a mirarlos: José María Muñoz, Dante Zavatarelli…
— ¿Y empezaste como cadete en Radio Rivadavia?
— Un día me mira Hernán Ramazzotti. Yo estaba sábado y domingo sentadito en el estudio. Primero me mandaban a comprar fiambre en la esquina, a hacer los sándwiches. No tenía ningún problema. Yo estaba feliz de estar en la Oral Deportiva. “Estoy en el equipo de Muñoz.” Me mandaban a buscar las credenciales a los clubes. Para mí todo era muy hermoso. Y un día me hicieron estar en el primer partido para llamar y avisar de los goles.
— Un partido de ascenso, ¿no?
— Terminó 7 a 2. Me morí, porque no había teléfono en la cancha.
— Contá eso. ¿Cómo era cubrir un partido en esa época?
— Me dijeron: “Tenés que ir a cubrir Central Córdoba-Berazategui.” Central Córdoba estaba primero, el equipo de Carlovich, de Rosario. Y en Berazategui jugaban los hermanos Lobo, Pedro y Luis. Siempre llevaba una camisita muy correcta, saquito y una valijita con un grabador. Parecía un pibe del colegio. Fui a Once, tomé un bondi, y de Once agarré una empresa que iba para La Plata. En el Camino General Belgrano me dijeron: “Acá, pibe, la cancha de Berazategui.” Bajo. Una ruta, nada había. Pero había una fábrica de gaseosas. Me dijeron: “De esta fábrica, siete cuadras allá, ahí la tenés.” Llegué a la una para un partido que jugaba a las cuatro. Llego a la cabina de transmisión, a un costado del alambrado, con un taburete alto y una mesa. Estaba sentado solo. Entonces empiezo a mirar dónde está el teléfono. “Perdón, maestro, ¿dónde está el teléfono acá?” “No, en esta cancha no hay teléfono.” Me habían dicho gol a gol. “¿Dónde hay un teléfono cerca?” “¿No pasaste por una fábrica de gaseosa?” “Sí.” “Ahí hay teléfono.” “Sí, pero está a siete u ocho cuadras.” “Sí, ahí tenés.” Lo único que yo deseaba era que no hubiera muchos goles. Arranca el partido. Central Córdoba era una máquina. Primera jugada, pelotazo largo, entra el siete, tira el centro y entra Carlovich. Gol al minuto. “Cuidame esto que ya vengo.” Empecé a caminar rápido. A los cuatro minutos, ya trotando, escucho otro gol en la cancha. La puta madre. Llego. “Hola, Ricardo. Gol de Central Córdoba al minuto, Carlovich.” Me habían dicho: gol a gol, pero al momento, pibe. Volvía corriendo. Llego, me siento. “¿Cómo va?” “Dos a uno.” ¿Dos? Así estuve todo el partido. ¿Sabés cuánto terminó? 7 a 2.
— El peor partido de tu vida.
— El peor. Al final, corro hasta la fábrica. “Terminó. 7 a 2.” “Resumime un poquito para hacer un comentario.” “¿Resumir qué? ¿El partido? Si no lo vi. Estoy corriendo desde que arrancó.”

— Quiero volver un segundo a tu papá. En una de las declaraciones vos dijiste: “Yo a mi papá lo quise como era.” ¿Creés que tus hijos te quieren como sos?
— Sí. Si me preguntás qué es lo mejor que sentís que sos, yo te diría papá. Ahora, si le preguntás a mis hijos, no sé. Pero siento que me quieren como soy, con las diferencias que muchas veces tenemos. Porque Lolo, el chiquito, también es cuestionador. Está todo bárbaro. Y me encanta porque a mí me gusta discutirles un poco.
— ¿Y fuiste distinto papá en tus distintas crianzas?
— Total. Distinto papá, distinta pareja, distinto marido. Son las épocas también. Mica y Cande me dicen siempre: “A nosotras nos tenías cagando, papá”, con lo del boletín. Con Fran y Juani no tanto. Y Lolo…
— …Lo dejás faltar al colegio para ir a ver un partido de fútbol.
— No, lo saco antes. Y me dice: “¿Qué, hoy no me vas a sacar para ver PSG-Bayern?» Y sí, me pasa eso. Uno era más estricto y después en un momento decís: “Pará, ya está.” Nadie es perfecto. Todos tenemos cosas buenas, cosas malas.
— ¿Y eso de criar distinto hizo que entre ellos pueda haber algunas rispideces?
— Sí, sí, sí, pero siempre tiene que ver también que al ser una persona pública, todo tiene una trascendencia diferente. La gente te conoce, entonces hay un juicio sobre vos, bueno o malo. Hoy está el tema del hater o no hater, que me parece muy válido.
— ¿Mirás mucho lo que dicen de vos?
— No miro mucho los comentarios, pero es muy válido que una persona pueda pensar distinto. Podemos ser amigos pensando diferente. Yo puedo ser papá pensando diferente. Yo no me animaba a ser diferente a mi papá, porque era otra época. Y lo amo como fue, con todo lo bueno y lo malo. Hoy cuando hice la maratón ayudando al hospital de Bolívar, decía: “Mirá si hubiéramos tenido este hospital en ese momento, por ahí a mi viejo lo hubiéramos atendido acá.” Pero no volaba una mosca cuando entraba mi papá. Hoy entran cóndores en casa. Pero a mí me gusta que sea así. Me gusta que el otro me diga: “No estoy de acuerdo.” No estamos acostumbrados al que piensa diferente. ¿Por qué tenemos que pensar todos iguales?
— Un poco cuando se analiza la política nacional también se establece eso, ¿no?
— Sí, te metés ahí. Y con los chicos te digo, yo era mucho más exigente con mis dos primeras hijas que lo que fui después.
— Hablando de la exigencia, también dicen muchos excompañeros tuyos que eras muy estricto. ¿Hay que ser muy exigente para ser número uno?
— A mí naturalmente me sale ser muy exigente en todo lo que hago, aun equivocándome. Lo importante es el azar, aunque te equivoques. Hacelo, el intentar. Yo siempre tengo esa frase de Luis Enrique: “¿Perder? No hay perdedores. Dos finalistas de la Champions, no hay perdedores. El único perdedor es el que no lo intenta.” ¿Cuál es tu miedo?, le digo a mis hijos. Suponiendo: volar. Volá, andá a volar con un avión. Y atravesalo, porque el día que lo atravesás, ya está. Todo está acá (se señala la cabeza). El noventa y pico por ciento son cosas que tenemos en la cabeza. Tirala afuera, pero pateá al arco. Hay personas que analizan, son opinadores en general, y otras son los que hacen. Debe haber sido porque tuve que hacer de papá y de mamá hasta con mis propios padres.
— Registrás al otro.
— Sí, me pasa la cosa de la atención. Correrte la silla. Y con mis hijos me pasa lo mismo. El amor de un padre hacia un hijo es total, absoluto. El de los hijos a los padres no es tan correspondido a cierta edad. Tampoco les podés estar reclamando.
— Recién hablabas de volar. ¿Es cierto que alguna vez soñaste con ser piloto?
— Me encantaba. Pensá que hice la colimba en Fuerza Aérea. Cuando tenía diecinueve años, dejé el fútbol. No se perdió un gran jugador, pero sí un defensor, un metedor. Me agarró la colimba, número 807. Me tocó la Primera Brigada Aérea de Palomar, escuadrón de los aviones F27. Manejaba los planes de vuelo. Y los pilotos me llevaban a volar. Después dije: “Está bueno ser piloto, pero nah.” De más chico quería ser astronauta. “Basta, bajá.” Me hace acordar la canción de Ricky Martin, Asignatura pendiente: “Por vivir en el cielo me olvidé que en el suelo se vive mejor.” Esa cosa, no quiero el cielo tanto.
— Con los pies en la tierra.
— Y, porque también la fama va haciendo que otras personas se apropien de un lugar que no es suyo. “Al astro no lo jodan, a este no lo jodan tanto.” Hay un montón de cosas que no son así.

— ¿Sentiste en algún momento que te desconectaste de la realidad de tanta fama?
— Sí, no sé si me desconecté, pero evidentemente algunas cosas me tomaron de sorpresa. Hemos cometido doscientos errores y puedo haber estado desconectado de algunas cosas. Yo te decía antes: “El pelo rosa, desastre.” Pero sentía que era un homenaje a Leo, que venía del mood Catar: “Se va a volver loco cuando me vea.” Y nada, ni lo miró. Era por la camiseta del Inter de Miami. Sí fue desconexión de la realidad.
— Digo, de la vida de la gente.
— No, eso nunca. Yo trato de darme cuenta. Creo que tengo más errores que aciertos, pero trato de estar. Yo cuestiono a gente por su argentinidad: “te falta mate, te falta asado, te falta locro.” Soy de estar con lo que necesita el otro. Yo era el de armar las grandes mesas. Hoy, te digo, tengo más ganas que me inviten a otra mesa.
— Como empresario, ¿cómo ves la Argentina?
— Para mí, en diferentes momentos, casi siempre terminamos discutiendo por lo mismo los argentinos. Lo que te puedo decir hoy aplicaba hace cuatro años. Y yo creo que es un tema que tenemos desde hace mucho tiempo, por lo menos desde que conseguimos el sistema democrático, que no hay otro, hasta acá no vi otro mejor.
— Hoy hay, dentro de un sector del empresariado, un reclamo muy fuerte de, por ejemplo, pedir la baja de impuestos para que la industria textil sea competitiva.
— Mi hija tiene Ginebra, por ejemplo, que está costando muchísimo. Pero me voy a ir un poco más allá. Todo esto no es de hoy. La Argentina viene con un tema de siempre estar de un lado o del otro, entonces nunca nos ponemos de acuerdo en cosas básicas. Desde Alfonsín para acá, siempre tenemos esa cosa de qué lado estás. Siempre nos está faltando algo. En vez de mirar lo que tenemos, siempre estamos criticando lo que no tenemos. Y esto es eterno. Cuando yo arranqué en Videomatch, el dueño de Telefe era muy amigo de Carlos Menem. Jugué varias veces en la Quinta de Olivos. Me decís: ¿eras menemista? No sé. Y después vino De la Rúa y se tragó la escenografía.
— Por ahí es impensado que pudieses hacer un programa de ese estilo con los políticos, como la casa de los políticos.
— Siempre había como una molestia de algo con cada gobierno. Con De la Rúa porque se tragó la escenografía. Con Kirchner, porque Bossi imitaba a Cristina y se calentó. Después apareció Macri. No, porque Macri era tu amigo, pero no le diste el lugar, entonces se calentó Macri. Con Alberto Fernández, sí, pero le dijiste López Rega del kirchnerismo. Nada, pero después Alberto te llamó amigo. Siempre es como que tenés que estar de un lado. Milei habla con vos, ¿no? La mayor falencia que tenemos los argentinos es no escucharnos. No queremos escuchar al otro. Vos pensás diferente, a mí me gusta el blanco, bueno, pensá diferente, te quiero escuchar. ¿Cuál es el problema?
— ¿Por qué cuesta tanto?
— A mí me gusta pensar en las personas que menos tienen, que la deben estar pasando mal siempre, históricamente. Si eso está mal visto políticamente, no sé. Yo prefiero siempre pensar en eso. Me encanta ver el Obelisco, pero me gusta también pensar en las personas a las que les falta.
— ¿Creés que personalidades como la tuya pagan un costo muy alto cuando quieren pensar en la gente, independientemente del Gobierno Nacional? En su momento te pasó con el gobierno de Alberto Fernández y con lo que fue la Mesa del hambre.
— La Mesa del hambre fue algo que me enorgulleció, porque me llamaron por el trabajo de la fundación. Acción Social vio una fundación que hacía cosas por la Argentina, no por una desgravación impositiva. Donábamos mi tiempo, esfuerzo, hospitales, lugares para chicos con capacidades diferentes, comedores. Me llamaron por eso. Yo salí de una reunión con el auto y hablé con todos los periodistas, pero no era la cara de la Mesa del hambre, pero es más fácil decir eso. Al contrario, si hay que poner otra Mesa del hambre, no importa quién la convoque, yo estaría también. Si no, estamos siempre viendo quién es la persona y a partir de ahí vemos qué comentario hacemos. Hoy las industrias y los puestos de laburo son muy difíciles. Tenés que hacer malabares para conservarlos. El otro día leía que para una fábrica había una cola de no sé cuántas cuadras.
— Era una fábrica que iba a tomar a sesenta empleados. Había cuatro mil personas. Filas y filas, se quedaron con lluvia, con todo, porque querían el trabajo.
— Es la parte de los números. ¿Qué medimos? Falta laburo. Hay una crisis mundial laboral también, pero acá está faltando un poco. Y antes teníamos un Estado que por ahí era demasiado grande. No nos ponemos de acuerdo. No es barrer con todo. Es como todo o nada.
— ¿Te gustaría vincularte a la política más fuertemente en algún momento?
— No me interesa. Para nada me interesa meterme en la política.
— ¿Y volver a la televisión?
— Volver a los medios. Hablar de televisión me suena como una ventana dentro de todas las que hay. La televisión me encantaría, pero hay un montón de ventanas hoy donde uno puede hacer lo que tiene ganas. Por ahí algunas cosas en la tele se me hacen más difíciles. Por ahí un concepto más cómodo, tipo streaming. Pero el rey siempre es el contenido. Las ventanas pueden ser tremendas, pero el contenido es lo que importa. Después, obvio que tenés líderes en cada lugar. Telefe es líder en la televisión. Infobae es líder en los portales de todo el mundo de habla hispana. Luzu es líder, junto a Olga, en los streaming de vivo. Pero después hay un mundo de YouTube que está atrás que es impresionante.
— ¿Creés que peligra la televisión como medio más importante?
— No, la televisión no puede peligrar nunca. Están haciendo una medición diferente, que eso me parece muy importante. Una cosa es YouTube que puede tirar millones de visualizaciones, nosotros venimos con tres puntos de rating y decís: no es nada. Habría que medirlo en miles. Cuando los anunciantes vean cuántos millones ven la tele, van a creer más en ella. Lo que más aprendo es mirando a Lolo cuando ve ese aparato que para nosotros es la tele. ¿Qué ve ahí? Fútbol y después YouTube. Me pasó este verano: me dice “Alejo Igoa.” Guau. Y en un momento veo que dice veinticinco millones en un video. Y el canal: ciento diez millones. ¿Y él quién es?, le digo. “Alejo Igoa. Papá, es el más groso, es argentino.” Entonces empiezo a tener contacto con Alejo Igoa, que después nos invitó al Movistar Arena. Hacía diez Movistar Arena. Y me lo mostró Lolo.

— ¿Cuál es tu once ideal?
— La delantera: Messi, porque juega de puntero derecho, Maradona y Pelé. El arquero: Neuer. La defensa: Cafu, Beckenbauer, Maldini y Roberto Carlos. En el medio: Zidane por derecha, Xavi y Cruyff.
— ¿Y el entrenador?
— Para mí el mejor hoy del mundo es Luis Enrique. Palo y palo con Guardiola. Escuela española. Luis Enrique tiene un concepto de fútbol donde vos ves sus charlas y es todo. Y ahí tenés a Ancelotti, una eminencia. Y yo digo Brasil, nadie lo está viendo todavía. Agarrá los jugadores que tiene. Los centrales solos ya son dos que van a jugar la final de la Copa del Mundo. Tiene buen equipo Brasil. Que nadie lo da.
— De nuevo: ¿Argentina es candidata para vos?
— Yo siempre digo: no, para mí el gran candidato es Francia. Porque googleás Francia y todo lo que termina en e son tremendos. Después tenés todo lo que termina en i: Gavi, Pedri, que también tiene un equipazo. Los muchachos españoles… Entonces decís: para mí Argentina es candidato, pero bueno.
— Retomando lo que has sido como jefe, como ojeador. Algunos dicen que les sacabas lo mejor a muchos, a muchas figuras que después siguieron triunfando. ¿Qué les ves? ¿Qué les exigís?
— A mí me parece siempre que el todo es más importante que la individualidad. Para mí Videomatch era un equipo. Funcionaba como equipo. “No toco yo la pelota.” No, pará, no es tu función tocarla en ese momento. Hay un montón de notas que no van al aire. Muy importante que vos estés acá con las mismas ganas, porque es un equipo. Todos formamos un equipo. Si va la nota de Luciana y no va la nota de Marcelo, no nos enojemos.
— ¿Hay que ser muy exigente para potenciar una estrella?
— No me daba cuenta. Me salía naturalmente. Seguramente saqué estrellas y seguramente algún estrellado también. Exigía por mi manera. Vos me decís “exigente”. No me siento tan exigente, pero por ahí era un rompehuevos, perdón. Es según como lo mire cada uno.
— ¿Qué pensás de Mario Pergolini, que dijo que se iba a ir de la televisión, que no iba a volver, y ahora no solo que volvió sino que hace un éxito?
— Primero, chapeau. Uno no puede quedar preso de sus palabras. Nadie resiste un archivo. Celebro que Mario Pergolini esté en la tele, celebro que esté en los medios. Es una persona valiosísima. Y no porque yo lo conozca de chico, porque casi empecé con él, en el arranque de la Rock & Pop, lo que fue Daniel Grinbank, todo, yo tenía mucho que ver también ahí. Eran los comienzos de todos nosotros.
— ¿Sentiste que fueron rivales televisivos?
— Él se ponía como rival televisivo mío, pero está bueno. A mí me motivó mucho y le agradezco, porque gracias a él nosotros elevamos la vara de Videomatch. Apareció Mario Pergolini con La Teve Ataca, en el mismo horario que nosotros. Éramos los campeones del año anterior y tuvimos que adaptarnos. Yo estaba descansando en Punta del Este y vino Gustavo Yankelevich: “¿Viste lo de Pergolini?» Y ahí me puse a trabajar mucho ese año. También hizo Hacelo por mí. Dije: “Guau, me tengo que poner a laburar.” Ahí hay otro que te exige. Y lo valoro. Después nos encontramos en la puerta del colegio de n uestros hijos y dije: “No puedo estar mal con él.” Yo lo valoro mucho y a mí me hizo levantar la vara.
— Marcelo, estás muy identificado con San Lorenzo. Con tu gestión, fue campeón de la Copa Libertadores por única vez hasta hoy día.
— El gran sueño de mi papá era ese. Yo viví la juventud con todos mis amigos diciéndome: “Vos sos de San Lorenzo, no tenés Libertadores.” El día que ganamos la Libertadores no me voy a olvidar más. Me abracé con mi hijo Francisco. Bajé al campo, lloraba como nunca lloré en mi vida. Me acordaba mucho de mi papá. En el momento de las medallas, estaba el Pipi con la copa. Y en un momento me vino uno: “Dirigente, tomá vos la medalla.” Lo miré a mi hijo y en ese momento vi la cara de mi papá en la cara de Francisco, que se parece mucho a él. Y agarré la medalla y le dije: “Tomá, es tuya.” Me largué a llorar y se acabó la…
— ¿Volverías a dirigir, a ser dirigente de San Lorenzo?
— Volvería a jugar a San Lorenzo siempre, siempre. Creo que el no hablar en su momento fue un error. No haber dicho todas las cosas que hice, las obras, la plata que doné. Entonces, que por ahí vaya mi hijo y no pueda acompañarlo yo, me da pena, mucha pena.
— Te duele.
— Sí, porque no quiero que pase un mal momento por alguno. Yo fui una de las personas que llegué a comandar San Lorenzo con Matías Lammens. Lo primero que hice fue llamar a Carlos Abdo, que era el que se había ido antes. “Vení, Carlos, tenés tu palco. Vení vos. Yo te quiero abrazar delante de toda la gente”. Basta de esta pelea. Yo siempre quise que San Lorenzo estuviera allá arriba. Para mí nuestros rivales eran Boca, River, el Real Madrid. Llevarle la copa al Papa. Fuimos dos veces. Estoy muy feliz de todo lo que hice en San Lorenzo y lo volvería a hacer otra vez.
— La última. ¿Estás en pareja?
— Sí, estoy empezando una relación, conociendo a alguien, una mujer divina, que me hace mucho bien y siento que nos estamos haciendo bien. Estamos en el arranque de algo. Una linda relación.
— Dicen los rumores que tu celestina fue Pampita. ¿Es verdad?
— Nunca Pampita fue celestina mía de nada. Me hubiera encantado: “Dale, tirame un centro, maestra.” Nada. Pero sí, en este caso es conocida de Caro.
— ¿Y se puede saber cómo la conociste?
— La celestina fue una amiga de Caro. Sí, estaba Caro ese día. Pero le faltó arranque ahí a Pampita. Me parece que la amiga hizo más fuerza.
— ¿Pero cómo es eso?
— Son cosas. Presentaciones. Sí, estaba solo. Te doy a conocer a tal amiga. En un momento se dio. Y estamos comenzando algo y estoy muy contento.
— ¿Qué te sedujo?
— Un montón de cosas, pero vamos a dejarla para… La estoy conociendo y me da un poco de pudor estar hablando tanto.
— ¿Te queda algún sueño por cumplir?
— Muchos.
— ¿Cuál? Uno, decime.
— Déjame soñar esta noche y mañana te lo digo.
Fotos: Gustavo Gavotti
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El escándalo de Robertito Funes Ugarte que sacudió por completo a la farándula: «Es cierto lo que dicen de…»

Una nueva pelea vuelve a sacudir la farándula e impacta de lleno en dos figuras; Robertito Funes Ugarte y Edith Hermida. Todo comenzó cuando Monserrat Brizuela recriminó al aire la forma en que el conductor abordó el femicidio de Agostina Vega.
Robertito, en pos de defenderse, salió cargado en una nota con Intrusos, a donde apuntó directamente contra Bendita. Allí dijo lo que piensa en un profundo descargo y en el cual comenzó esta inesperado pleito con Hermida, quien luego salió a responderle.
“Antes el programa de ella era buena leche y ahora, prácticamente, es la inquisición, porque te critican por todo. Ese programa ahora perdió el humor y dicen cosas que no son. Critican a todos y se ríen de nosotros que es distinto”, aseveró.
Sobre esa misma línea, cargó: “Ellos hicieron una bajada que no corresponde sobre algo que yo, supuestamente, había dicho en un noticiero el fin de semana. Dijeron cualquier pavada. Monserrat que su bandera del feminismo, sabes donde se la meta ¿No? Que aprenda a escuchar”.
ROBERTITO FUNES UGARTE VS EDITH HERMIDA
Tomando nota de esta situación, desde el programa de América la fueron a buscar directamente a Edith. La conductora de Bendita rompió el silencio, siempre con su característico sentido del humor, y confirmó que tuvo un intercambio con Funes.
“Sí él me dejó un audio en el que noté que estaba un poco enojado. Me dijo ‘al final es cierto lo que dicen de vos, sos más mala que las arañas’. Sí le molestó lo que se dijo después del informe”, contó Edith respecto a Robertito.
Y al finalizar, sumó que ella no tiene una postura de enojo por todo esto: “Yo lo volví a escuchar y no me pareció tan grave. Lo quiero mucho a él, puede ser que yo sea un poquito mala, apero ojalá que recapacite, no estoy enojada con él ni nada”.
Robertito Funes Ugarte, Edith Hermida
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Tras los abucheos a los cineastas Mariano Cohn y Gastón Duprat en un homenaje a Luis Brandoni, llegó la reacción del secretario de Cultura Leonardo Cifelli: “Un clásico de los kukas”

La entrega de los Premios Sur reabrió la disputa política dentro del cine argentino cuando los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat fueron abucheados al subir al escenario para homenajear a Luis Brandoni, un episodio que después escaló al Gobierno con la intervención del secretario de Cultura Leonardo Cifelli, quien definió los silbidos como un “clásico de los kukas”.
La controversia continuó fuera de la ceremonia con nuevas tomas de posición. Desde Bélgica, donde es embajador, Fernando Iglesias afirmó que “a la canalla beneficiaria de subsidios solo les faltaba silbar al Beto Brandoni”, aunque durante la transmisión algunos artistas que hablaron después de los directores sostuvieron que los abucheos no habían sido contra el actor.
Según el texto fuente, la ceremonia organizada por la Academia de Cine de la Argentina volvió a exponer la grieta entre artistas identificados con el kirchnerismo y figuras que lo cuestionan, entre ellas Cohn y Duprat, responsables de Homo Argentum y de la serie El encargado.


Homenaje a Luis Brandoni, silbidos y abucheos
Cohn fue el primero en hablar durante el homenaje al fallecido Brandoni. Allí recordó que ellos no coincidían con ciertas posturas de la Academia y que ya se lo habían manifestado “a esta comisión directiva y a otras”, una frase que, según el texto fuente, provocó murmullos en la sala.
El director dijo que, pese a esas diferencias, estaban allí para recordar “a un amigo”. Después describió a Brandoni como un hombre “valiente y con valores”.
Duprat retomó esa caracterización y la repitió en su intervención. Los silbidos, de acuerdo con el texto fuente, se escucharon cuando el director de Mi obra maestra sostuvo que Brandoni había sido “perseguido por el gobierno peronista”, incluso antes de la dictadura militar.
Los abucheos crecieron cuando Duprat recordó una frase que, según dijo, Brandoni le había transmitido sobre el período entre 2003 y 2015. En ese tramo, añadió, el actor le había dicho que no había tenido prácticamente lugar en las 2.500 películas que se produjeron durante esos años.
El secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, retomó el episodio al día siguiente. “Un clásico de los kukas”, comentó sobre los abucheos que recibieron los directores.
“Un clásico de los kukas. Se hacen los demócratas y quieren silenciar a todos los que piensan distinto con silbidos, abucheos y agresiones. Duprat y Cohn estaban recordando al gran Luis Brandoni, un ejemplo de nuestra cultura que ya tuvo que tolerarlos en su época. Lamentables”, posteó el funcionario.
Cifelli agregó que quienes silbaron “se hacen los demócratas y quieren silenciar a todos los que piensan distinto con silbidos, abucheos y agresiones”. También sostuvo: “Duprat y Cohn estaban recordando al gran Luis Brandoni, un ejemplo de nuestra cultura que ya tuvo que tolerarlos en su época. Lamentables”.
Según el texto fuente, el funcionario integra el entorno político de Karina Milei y antes de llegar al Gobierno nacional había trabajado como productor teatral.

La respuesta más directa sobre a quién estuvieron dirigidos los silbidos la dio Matías Mosteirin, productor de El Eternauta, cuando subió a agradecer el premio a Mejor Serie. Al fijar posición, dijo que los abucheos “no habían sido contra Brandoni” y definió al actor como un hombre de valores.
La vigésima edición de los Premiso sur, celebrada en el Teatro Presidente Alvear de Buenos Aires, quedó marcada por una postal que trascendió la alegría de los galardones. Cuando Dolores Fonzi subió a recibir la estatuilla en lugar de Camila Pláate como actriz revelación y actriz de reparto, tuvo un gesto elocuente y conmovedor. La actriz dedicó un minuto de silencio a Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada en Córdoba, y cerró su intervención con una referencia directa a la movilización convocada por el colectivo Ni Una Menos.
CHIMENTOS
Rodrigo Lussich, al filo: la decisión de separarse de Adrián Pallares, las cuentas pendientes que saldó con Ángel de Brito y los famosos con los que salió

En una mañana activa desde muy temprano, luego de realizar trámites y pasar por el banco, Rodrigo Lussich se acerca al cuartel central de Paparazzi para sumarse a la sección A solas. Luce prendas holgadas y un look deportivo. Muestra sonrisa sincera y gran predisposición, lejos de la actitud de otros famosos, reacios a mostrar su intimidad o simplemente, conceder una entrevista. Lussich, en cambio, refleja su comodidad al momento de situarse del otro y ser entrevistado.
A segundos de comenzar a grabar el reportaje, cuando el reloj marcaba las 11:30, le llega un mensaje a Lussich con el anuncio de una reunión de producción de Intrusos. Por lo cual, ni siquiera se hizo tiempo para tomar un café, lo que aceleró la charla. Con los minutos contados, pero con la mejor de las ondas, profesional al máximo, Rodrigo no esquivará ningún tema y se mostrará tal cual es.
Dirá entonces que está soltero, pero con ganas de encontrar un compañero. Apasionado del trabajo, hablará de los proyectos, que no solo abarcan conducción sino también la actuación para quien tiene su unipersonal. Además, deslizará que no descarta en un futuro romper con una dupla emblemática, aquella que protagoniza con su amigo y compañero Adrián Pallares, para así continuar desempeñándose sobre los escenarios por su cuenta.
“Hablar de mí es una de las cosas que más me gusta. No tengo problema: no me jode estar de este lado del mostrador”, confiesa Lussich, generando un clima ameno y sin condicionamientos.
—Estás instalado en un programa que es una marca registrada. También hacés teatro. ¿Ya estás cómodo, relajado y en un lugar de disfrute?
—Yo tengo un problemita, entre otros: cuando entro en espacios de comodidad demasiado relajados no sale mi mejor versión. Por una cuestión de vida, de costumbres, de la forma en que fui criado o por mi propia personalidad, me siento más cómodo en la incomodidad. Es ahí donde sale mi parte creativa y me desafío a hacer cosas. Ser culo inquieto en general me rinde para bien. Hay lugares que se disfrutan, sin dudas. La conducción de Intrusos es un espacio de disfrute, como ha sido la conducción de seis años en el rubro con Adrián. Pero hay lugares donde digo: «Esto ya está». No me imagino 20 años conduciendo un programa. No me calienta porque creo que te aleja de otras situaciones que podés llegar a experimentar en la carrera y en la vida. Aparte los tiempos, han cambiado: antes esa trayectoria daba chapa, hoy competís con pibes y pibas que tienen un montón de creatividad, que están en las redes o el streaming. Instalarse en un programa te saca de carrera o te ata a un estilo del que después es difícil salir.
—Ustedes le pusieron una marca personal a la conducción, más allá de que algún colega les haga chistes o los llame los bailarines…
—Sí, es un sello mío de hace años y al que después se sumó Adrián. La parte más lúdica la hago yo, pero Adri se engancha y sube. Él compensa la parte periodística. Es nuestro estilo y por el que yo he luchado mucho en la televisión: hacer chimento de forma más relajada. Para nosotros es más importante divertir y entretener a la gente a que escuche la primicia del año.
—Hay colegas que hacen otro tipo de periodismo y critican al de espectáculos, diciendo que no es periodismo sino chimento.
—La palabra chimentero es peyorativa en sí misma, medio reduccionista. Pero también está en el otro extremo de lo que sería el periodismo de espectáculos, que tampoco creo que sea lo que nosotros hacemos. El chimento es chimento: la palabra es fea, no sé si habría otra. Eso queda porque la gente pone etiquetas constantemente y es difícil luchar contra eso. Creo que es un género de entretenimiento, donde vos y yo vamos a jugar, y lo que te estoy contando es verdad. Después te vas a hacer tu vida, a pensar en lo importante de tu vida, y no en lo que te contamos yo, Marina Calabró o Ángel de Brito. Es un tema nuestro para medirnos entre nosotros. Por eso, a mí la primicia o quién lo dijo, si me copiaste, me parece que es un plomazo, es viejo, un planteo de Radiolandia. Hoy contás algo y resulta que ya lo contó un tuitero.
—¿Sos fácil para la convivencia? Porque no es tarea sencilla que resulten duplas de conductores, por egos y competencia, y con Pallares llevan años juntos.
—Tenemos una relación de amigos de 20 años y que conduzcamos juntos en la tele es una circunstancia, que está buenísima, que nos ha llevado a un lugar relindo, que ha sido un éxito, pero nuestra amistad no va a depender de eso. Seguramente, en un tiempo no muy largo dejemos de conducir juntos, que lo hicimos seis temporadas. Somos más amigos que compañeros de la tele. Como amigos nos llevamos muy bien, entonces, sopesamos cosas de la conducción en dupla: el doble comando no se lo recomiendo a nadie, no es natural en la televisión, salvo que tengas una química como la que tenemos nosotros. Salvando las distancias Marley y Florencia Peña, la Negra Vernacci con Tortonese: así, son excepciones. Pero si juntan a dos rándom, sin esa química previa es difícil forzar eso al aire, aunque se respeten. Las conducciones que han llegado lejos son las unipersonales: Jorge Rial, Santiago del Moro, Angel de Brito, Marcelo Tinelli, Verónica Lozano, Darío Barassi, Mirtha Legrand, Susana Giménez.
—O sea, ¿no descartás abrirse y trabajar solo?
—No. Sé que va a pasar. Estamos transitando el final de nuestro rubro con Adrián. No tiene fecha de caducidad, pero está entrando en sus últimos tiempos. Lo cuál está hablado y está buenísimo. Le hemos sacado jugo. Y no significa que cuando hablo de final, hablo de uno definitivo: capaz volvemos a hacer teatro juntos u otro programa, algo en radio o en streaming. Tal vez, dupla televisiva. Hicimos un espectáculo tres años y ahora me corté solo porque me puse a hacer stand up. Tenía ganas de experimentar el unipersonal. En su momento lo invité a sumarse a un proyecto y salió bárbaro, él se adaptó al escenario: sé que juntos somos dinamita.
—El unipersonal que estás haciendo ahora, ¿es sobre el mundo del espectáculo?
—No, nada. Humor puro y duro. Viene mucha gente de la tele que busca el chimento, pero el que avisa no traiciona. Es un espectáculo para reírse de punta a punta, es stand up, no chimento ni farándula. En general, lo autorreferencial, las anécdotas con remates permanentes, los chistes.
—Llamó la atención la vuelta a América cuando hacían Socios, que estaba instalado en El Trece. ¿Por qué dejaron esa pantalla?
—Fue una sumatoria de factores. Nos fuimos a El Trece en un momento en que la estábamos rompiendo en América, funcionabamos bárbaro, como ahora. Y vino una oferta que no pudimos rechazar, por un montón de cosas; primero, porque no hay que quedarse con la duda. Pasamos mucho estrés, angustia, amamos a la gente de América. Nos costó mucho dejar el canal, pero al mismo tiempo nos parecía una oportunidad. La tomamos, nos fue bien, hicimos tres años, nos podríamos haber quedado; sufrimos en el medio una racha de caída de números de la pantalla de El Trece de toda la programación .Cuando Juan Cruz Ávila tomó las riendas de América nos vino a proponer hacer los 25 años de Intrusos, y fue tentador: un evento televisivo que no nos queríamos perder. Aunque en El Trece se trabaja muy bien, hay familiaridad con la gente del canal: extrañábamos cosas de la cotidianidad. 
—En ese lugar quedaron Matías Vázquez y Pampito. ¿Cómo lo ves, ya que no siempre son fáciles las duplas?
—No sé cómo se llevan ellos. No veo el programa en lo cotidiano, pero creo que están muy bien como programa, como marca. A ellos les costó más porque venían a imponer algo. Nosotros veníamos de Intrusos y la dupla estaba aprobada. Nos daban nuestra marca, y ellos tenían que tomar la propia. Y en el contexto, les va bien: lo hacen bien, están cortándose en su personalidad, el estilo de su panel y son un programa que es parte de la cantidad que hay. Entraron con una difícil: nos tuvieron que reemplazar en tiempo record, igual que al revés, cuando nos tuvieron que reemplazar por Florencia De La V en Intrusos. La diferencia es que a mí no me gustaba Florencia, pero sí me gusta lo que hacen los chicos.
—¿Por qué no te gustaba Florencia en Intrusos?
—Me parece que se forzó ahí, y lo que hace ahora a un estilo periodístico. Ella, claramente, es una actriz capocómica que podría aprovechar eso más a favor y hacer un programa más show. Podría haber seguido la tradición de lo que hacíamos nosotros; es decir, más show. No digo lo mismo, pero aprovechando su histrionismo y su capacidad. Ella se quiere poner en un lugar muy serio, que no sé si es lo que más gusta de ella. Pero es una apreciación mía, como público: está habilitada para hacer lo que quiera. A mí, como espectador, no me gustaba esa cosa tan rígida. Lo de los chicos me gusta más.
—Y en esto de cambios en la pantalla, ¿cómo ves la salida de Yanina Latorre de LAM?
—Son momentos de la carrera donde te cae la ficha de que tenés que pegar el salto. Hacía mucho que a ella se lo ofrecían. Estaba muy cómoda y tal vez le empezó a hacer ruido, y el cuerpo y la profesión le pedían más, y probarse. Tiene una fórmula que está muy bien, en un programa de una hora, con un estilo propio súper lindo y divertido. Es un personaje en sí mismo muy atractivo, hipnótico.
—¿Cómo es la relación con Ángel de Brito? Les hace chistes, los carga: ¿molesta?
—No nos llevamos mal hoy, como nos hemos llevado por lo menos en otra época. Me pasa que solté esa rivalidad. Durante mucho tiempo tenía mucha cosa guardada. Una vez lo dije en la tele, hice mis descargos, y cuando digo lo que me pasa las libero, las suelto, no me quedo enganchado. Eso me hizo rebien. Después, cuando nos vinimos a América, nos encontramos: almorzamos los tres, saldamos cuestiones pendientes y hoy tenemos una relación de convivencia. Hablamos, tenemos un grupo de WhatsApp que muy cada tanto utilizamos. No somos amigos, pero está todo bien: la gastada ha bajado bastante. Que nos digan bailarines y ese tipo de cosas, qué sé yo… A esta altura no me entran las balas. De hecho, ya no bailamos mucho en el programa. Está todo en paz.

—¿Hay alguna información que te arrepentís de haber dado?
—No sé si arrepentido… No se me viene algo. ¿El límite? En general, las cosas de la salud se piensan dos veces. Que Wanda Nara tenía leucemia lo contó Jorge Lanata, no un (periodista) chimentero: ¡tanto que nos acusan! Siempre estás al límite cuando hablás de la vida del otro. En general, hablamos de quien juega el juego. Lo feo es cuando, como alguna vez me ha pasado, te metés en la vida de alguien que no está en el juego, ¿y para qué joderlo o complicarle la vida? Aparte, yo soy un bocón: entre pedir permiso y perdón, prefiero pedir perdón. El límite entre tener filtro y no tenerlo es muy delgado. Trato de ponerme uno, pero a veces me traiciona el inconsciente. Soy un tipo muy vehemente y pretendo entretener con el humor, pero hay un límite entre ser gracioso y un gracioso de mierda. Te puede pasar.
—En cuanto a los famosos, ¿le ves futuro a la China Suárez y Mauro Icardi?
—Hace un tiempo habría dicho que no, pero la pareja ya lleva tres años. Y uno no daba un peso por esa pareja. Si se terminaría, lo veo más por el lado de la China, porque tiene como esa cosa más adolescente, cambiante; ha dejado a sus parejas. Lo que no quiere decir que ahora esté súper enamorada y haya encontrado el tipo que buscaba. Cuando fueron amantes y empezó la historia del Wandagate, dije que iban a terminar juntos. Wanda opera a los periodistas como quiere, y los periodistas repiten mucho lo que ella les dice. Pero algo me decía que iban a terminar juntos. Viéndolo así, es una pareja súper consolidada.
—Otra famosa con amores y desamores es Pampita. ¿Por qué no le duran?
—Pampita es una piba bárbara, honesta en sus sentimientos y su búsqueda, pero tiene una necesidad de perfección para el afuera que le debe poner mucha presión a sus parejas. Ella lo quiere así, pero tal vez sus parejas sufren tanta perfección, tanto corrección, tanta vida perfecta. Y la vida no es perfecta, para ella y para nadie. Y se topa con tipos que, más allá de que sean o no un demonio, los idealiza, y después se desilusiona. Imponer al otro una manera de llevar adelante la vida pública debe ser medio un plomo. Igual, es una apreciación: no me consta que así sea.
—En esta misma sección, Tomas Dente declaró que no tiene sexo ni como harinas desde hace 20 años. ¿Le creés?
—No. Pero capaz que sí… 20 años sin sexo me parece una cosa de locos.
—Y en tu caso, ¿cómo venís con el sexo y las harinas?
—Tengo más harinas que sexo, eso seguro. Pero tampoco la pavada… Estoy en un momento de introspección. He tenido parejas y he estado noviando y matrimoniando mucho tiempo, más de joven. Estoy en un momento donde me cuesta bastante entablar vínculos. Estoy conectado con la carrera, me fui a Europa dos meses, murió una amiga muy querida que me dejó muy tirado a nivel ánimo. Me complemento mucho con el trabajo, las cosas que hago y estoy dedicado al stand up, más allá del programa. No me doy yo la oportunidad de conocer a alguien. Sé que son procesos. En algún momento voy a soltar eso y aparecerá, porque también hay un deseo de que pase. Tal vez no le estoy poniendo el cuerpo a ese deseo, porque hay que ponérselo y no esperar que las cosas pasen mágicamente. Abrir una app de citas no es ponerle el cuerpo…
—¿Usás aplicaciones de citas?
—Sí, pero sabés que eso no te va a conducir a nada. Me ha pasado que piensen que estoy usurpando la cuenta de Rodrigo Lussich. Un día en Intrusos empecé diciendo: «A Mauro 28, soy yo, que me desbloquee». Pero eso no es poner el cuerpo. Hoy, con todo hacemos eso: sentarnos y que el teléfono nos resuelve la vida.
—La semana pasada Mauro Szeta contó que nunca le nació el deseo de ser padre. ¿Cómo es en tu caso?
—Tengo bastante contradicción, pero en definitiva, creo que es más no que sí. Me lo he plantado por momentos, he pensado que era algo que debía incluir con una pareja, porque solo no lo haría. Le he encontrado justificaciones. Pero al mismo tiempo, tampoco le he puesto el cuerpo a ese deseo. Cuando creo en algo, en lo profesional, en lo político, en lo personal, voy para adelante con todo. Y si no lo hago, entiendo que en algún punto no lo creo. Entiendo que si tengo 53 años y no busqué la paternidad, es que no es algo que sea tan fuerte en mí. Tal vez mañana me cruce con alguien que tiene instalado ese deseo y me suba a eso desde el amor a esa persona. Sería a consecuencia de otra cosa previa, de un pro y amalgamar.
—La gente piensa que los famosos tienen sexo en los camarines. ¿Te pasó?
—Sí, tuve sexo en los camarines de más de un canal de televisión. No tantas veces, pero un par seguro. Se dio. Soy bastante clásico: no tengo esa cosa del morbo, nunca fui un tipo promiscuo que buscó la cosa sórdida del sexo.
—¿Saliste con algún famoso que no sepamos?
—Sí. No hay muchos. La mayoría de los famosos con los que quise estar, no me dieron pelota. No he sido su tipo. Pero con algunos coincidimos, hicimos match.
—¿Hoy, para vos, cuál es el hombre más deseado o más seductor?
—Benjamín Vicuña me parece sumamente seductor, por personalidad, carisma, belleza. Está más grande, pero sigue siendo atractivo. Después están los chico nuevos, como Nicolás Occhiato que es un muchacho muy lindo, joven y fachero. Agustín Bernasconi es refachero.
—¿Y alguna mujer que te haya atraído?
—Hay mujeres que me gustan mucho. En su momento se supo que tuve una breve cita con una actriz: me replanteé cosas sobre mi sexualidad, que me inspiró ella. Fue la única vez que me pasó. No avanzó porque ella no quiso. Yo hubiera seguido un poco más, para ver qué pasaba: me generaba deseo. Por algo no se dio. Tampoco me quedé. Empecé a tirotear a una chica del gimnasio que estaba casada y después dije: «No, por acá no, me voy a complicar la vida». Después hay chicas que me parecen hermosas: Luciana Rubinska es un bombón, una chica linda que me llega desde algo personal. Nadie es lindo o feo más que para los ojos de quien mira.
—Alguna vez fantaseaste con dejar de trabajar. ¿Lo seguís pensando?
—Sí, todo el tiempo. Tengo como una especie de mantra interno: ¿cómo quiero vivir los próximos 20 años útiles de mi vida? En ese sentido el panorama es muy amplio: desde irme a vivir afuera, instalarme en España, cambiar de rubro, dejar el chimento y hacer otra cosa, dedicarme solo al humor. De algo tengo que vivir, porque soy un tipo que no amasé fortuna ni tengo guita para decir «me retiro y vivo de rentas». Aparte, porque soy un laburante: trabajo desde los 18 años. En mi casa me volvería loco. Pero sí daría espacio a cuestiones de creatividad que tal vez la televisión diaria, por el estrés que implica, un poco te anula, como escribir libros o cosas para teatro. Haciendo tele todos los días se me apagan todas las luces.
—¿Cómo te llevás con el gobierno de Milei?
—No me llevo, no me gusta, no comulgo con sus ideas ni con sus políticas, ni con nada: ni con las formas ni con el fondo. La forma es horrible y el fondo es espantoso.
—¿Adorni debería renunciar?
—Sí, claro. Como cualquier funcionario investigado y de quien haya sospecha. Sobre todo de gente de un palo que, supuestamente, viene a combatir todo eso: la corrupción, la casta. Pero cuando les toca a uno de ellos, no lo entregan. Entonces, es todo contradictorio e hipócrita.
—¿Te ofrecieron hacer política?
—No. Me interesa la política como defender ideología o poder decir lo que pienso. O hacer incluso humor político. Me gustaría probar y hacer un espectáculo de monólogo político. Involucrarme desde ese lugar. Pero no me lo han ofrecido ni accedería a un cargo. Desde afuera analizando, sí; pero desde adentro, no.
—¿Pensabas que el país iba a alcanzar este presente donde mucha gente no llega a fin de mes?
—Sabía que íbamos a llegar a esto y que se puede estar peor. El dia que Milei ganó las elecciones sabíamos que estábamos entrando al peor de los mundos. Es gente que es muy buena para ser oposición, pero después no saben gobernar. No saben gestionar para el pueblo, para la clase media, para la gente que necesita. Gobiernan para un grupo de millonarios, no para la gente. En las formas, Mauricio Macri era mejor, pero en el fondo era lo mismo. Ni hablar de la década menemista. Entiendo que la sociedad pida cambios y esté cansada de modelos que se pueden haber desgastado o que pueden haber defraudado. El último gobierno de Alberto Fernández fue malo, sin dudas. Pero entre Guatemala y Guatepeor, me quedo con Guatemala: si estos son los políticos que tenemos, quiero el que menos daño me haga.
—Te llevo a lo personal: ¿cómo llevás el paso del tiempo?
—Tengo 53 años y me puedo venir abajo en dos minutos. Me cuido: empecé a usar cremas; hasta los 50 años no usé nada. Es genética. Mi mamá tiene 76 y no tiene una cana, no se tiñe el pelo. Tampoco soy un tipo que se haya dedicado a hacer ejercicios: no tengo un cuerpo fibroso. Me aprovecho de la juventud para no hacer cosas y empezar a cuidarme con cosas que con la edad aparecen. De carcasa, estoy mejor.
—Por último: ¿qué te hace felíz?
—Trabajar. Hacer lo que me gusta, las cosas que creo. Soy bendecido: laburé toda mi vida, hice todo el escalafón, no fui ahijado de nadie, no me acosté con nadie; no digo que esté mal o bien. No salté, no tuve 15 minutos de fama de un día para el otro, no fui viral: laburo. Las cosas son consecuencia de todo ese sacrificio. Pude hacer a los 53 años un viaje de dos meses recorriendo Europa, pero no lo pude hacer a los 20: tenés que irte con una mochila o que te ayuden tus viejos. No fue mi caso. Lo hice y me hizo muy bien: te abre la cabeza. Me desconecté de la locura del rating. No me considero ejemplo de nada, son decisiones. Solo la acción elimina la duda: hacelo, y reventate contra la pared o brillá. Si hacés lo que te gusta, no sale mal. La vida te lo compensa. Con convicción. Hay gente que se queda, les gana el miedo o la culpa. Hablo desde mi experiencia.

Rodrigo Lussich
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