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Milei, entre Adorni y el desarrollo sin desarrollismo

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Hay dos procesos en marcha que en esta coyuntura desafían al gobierno de Javier Milei. Uno, el rumbo económico y la heterogeneidad de sus resultados. El otro, el enfrentamiento con la prensa conectado con la investigación judicial del caso Adorni y las llamaradas con las que sorprende cada día, como la declaración del contratista y la cifra de 245 mil dólares que se conoció el lunes: ese incendio está lejos de apagarse.

En lo económico, el plan Milei-Caputo demora efectos positivos palpables para los hogares. Y la puja política ya empieza a encontrar nuevos carriles: mientras el Gobierno plantea un desarrollo con macro estable pero sin desarrollismo, cuyos resultados salariales y de empleo están pendientes, una oposición kirchnerista residual se esfuerza por ponerse el traje de la moderación. Intenta darse una oportunidad de representación con la promesa de una “macro con la gente adentro”. Por suerte para el Gobierno, por ahora, esa opción está floja de credibilidad.

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Los dos frentes, economía y Adorni versus prensa, se retroalimentan y acentúan la tensión en la percepción de la opinión pública. La misma estrategia del Gobierno refuerza esa retroalimentación: en lugar de hacer pedagogía transversal sobre el sentido y los tiempos de su plan económico y aprovechar para eso el diálogo con cada periodista y cada medio, profundiza la ruptura con la mediación mediática y se dedica a ensayar respuestas malas al tema Adorni.

Se vio en la presentación de Milei en ExpoEFI, el congreso de economía que cerró con sus palabras el miércoles pasado. Su discurso duró una hora y veintiséis minutos, pero la repercusión se concentró en menos de cinco minutos en los que Milei atacó ferozmente a la prensa. Esos ataques se intensificaron desde que estalló el caso Adorni hace más de dos meses.

Milei usó ochenta y cinco minutos para dar respuestas sobre su concepción de la transición y su visión sobre el rol de su política económica en relación a la matriz productiva argentina. Pero el mensaje pasó de largo en medio de los ataques mediáticos mileístas, que se viralizaron. Esos momentos completó la saga que Milei había iniciado a la salida del Congreso, el miércoles de la exposición de Adorni, cuando respondió a una pregunta normal de un periodista con un insulto al periodismo en general: “chorros” y “corruptos”, gritó el Presidente.

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¿Le conviene al gobierno sostener y alimentar ese grado de conflictividad cuando cuando debería estar inundando la conversación pública con su pedagogía económica? En 2023, Milei interpretó el sonido del momento: su rabia y su motosierra representaron la rabia de la gente con la política que llevó a una Argentina estancada. ¿Cómo suena la calle hoy? Ahora que ocupa el poder, ¿a Milei se le puede volver en contra la rabia o hastío de la gente? Si no hay respuestas, la rabia ciudadana tiende a orientarse contra el oficialismo en el poder.

La puja política se organiza hoy en torno a Milei y las deudas propias que genera: Cristina Kirchner y el kirchnerismo empiezan a quedar instalados en el espejo retrovisor. El mismo Luis Caputo lo reconoció la semana pasada: “el riesgo kuka es cero”, dijo. Por eso es mayor el desafío del Gobierno: para consolidar el apoyo a su plan económico dejó de alentar el miedo al regreso del kirchnerismo, como lo hizo en la campaña electoral el año pasado. Agitar el “riesgo kuka” impacta en la apetencia de los mercados y genera una profecía de incertidumbre autocumplida: termina complicando el mismo plan económico del Gobierno. El “riesgo kuka” como miedo que sale del mismo Gobierno se integra en el riesgo país. El Gobierno aprendió esa lección.

Ahora Milei y Caputo necesitan ganar voluntades y tiempo con una estrategia distinta mientras esperan que se concreten los efectos positivos más generales de sus políticas. Ese aprendizaje les es esquivo: en lugar de inundar los espacios mediáticos con sus explicaciones, se dedican a romper aún más la conversación transversal con sus votantes menos cautivos. El repliegue en sus cámaras de eco los aísla de una sociedad que está más allá de sus votantes más leales.

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La política lo sabe: es más conveniente tener a los críticos a tiro de diálogo posible que cascotearlos desde la vereda de enfrente. Hay una prueba clara: cuando se abrió a la negociación en el Congreso, el Gobierno obtuvo resultados. Para cualquier gobierno, dar su visión de las cosas y responder preguntas y repreguntas incómodas en territorio independiente es una oportunidad más que un problema. Hablarle siempre a los convencidos no aumenta la credibilidad ni la confianza.

En el plano ético, por ahora el caso Adorni es una batalla perdida para el Gobierno: se necesita mucha ira presidencial para apagar ese fuego y distraer a la sociedad con otros conflictos. Esa cantera en algún momento se agota, y aunque no se extinga la cólera presidencial, sí cambia el contexto que la hace efectiva. Cuando el bolsillo se vacía, a la ciudadanía se le achica la paciencia ante los fuegos de artificio del poder político. Lo que quiere es salarios que alcancen y empleo disponible. Es la economía, estúpido, podría decir Milei.

El oficialismo libertario cree ver “sobres” en la persistencia del tema en los medios. En realidad, en los medios independientes, la cobertura responde a ratings y niveles de audiencias, además de un posicionamiento histórico de investigación del poder, no importa quién lo ocupe. Pero aún en la prensa kirchnerista o filo kirchnerista funciona algo más que sus sesgos ideológicos y su intencionalidad política: las audiencias también mueven esa cobertura. Si el caso Adorni sigue presente es porque sigue habiendo preguntas relevantes sin respuestas creíbles y a buena parte de la ciudadanía, traducida en ratings, views y clics, le sigue interesando. El Gobierno debería tomar nota de eso.

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La sombra larga del caso Adorni no va a desaparecer rápido. Hay agujeros negros en la batería de respuestas organizadas desde el Gobierno. Aquí, la enumeración de algunos, aunque son más. Primero, que la Justicia archivó la causa de la esposa de Adorni en el avión presidencial por inexistencia de delito: es cierto, pero el problema no era ése sino que tanto Milei como Karina Milei y Adorni habilitaron un privilegio discrecional típico de “la casta” que combaten. Segundo, que Adorni tiene derecho a tomarse vacaciones con su familia: es cierto, pero ése no es el punto. La cuestión es si los ingresos declarados de Adorni le permiten sostener ese nivel de gastos familiares o si fueron financiados por amigos contratistas del Estado.

Tercero, que Adorni no tiene que responder por sus conductas privadas: en realidad, tiene que hacerlo si se sospecha un delito o una falta ética detrás de esas conductas. Cuarto, que sólo responderá ante la Justicia: tampoco es una buena respuesta. Por un lado, porque la ciudadanía también demanda respuestas políticas sobre todo a un proyecto político que pone a la ética como política de Estado. Y además, porque si el esquema de Adorni es tan transparente como asegura, desde que se inició la causa está habilitado para presentar cada comprobante en los tribunales y así ahorrarle a la Justicia y a los contribuyentes tiempo y recursos aplicados para investigarlo judicialmente, sobre todo en un partido que pregona la eficiencia en el uso de los recursos.

Quinto, porque en su primera conferencia de prensa sobre el tema afirmó hechos que no se condicen con la realidad: dijo haber declarado todos sus bienes “en tiempo y forma”, pero la casa del country Indio Cua, comprada en noviembre de 2024, no consta su declaración jurada de 2025. Recién la incluyó este año, luego de iniciada la causa judicial.

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Cuándo y dónde quiere, Milei autorregula su barrabravismo de Estado. Lo exacerbó en la Cámara de Diputados el día del informe de Adorni; lo contuvo en ExpoEFI. Planteó a la iniciativa privada del empresario como descubridor de oportunidades con valor agregado en el mercado: “El héroe de esta película es el empresario. Como hacedores de políticas justas, nosotros tenemos que nivelar la cancha y el empresario tiene que decidir dónde invertir. Nosotros no elegimos ganadores. Esto (por los problemas históricos de Argentina) lo van a dar vuelta los empresarios que crean valor, por eso sacamos al Estado del medio”, explicó. Puso al Estado como desregulador de obstáculos para la misión del empresario: “Estamos generando mayor flexibilidad para que la reasignación de recursos sea lo más rápido posible”. Definió las características del escenario actual y el impacto en el momento darwiniano en el que se destruyen empresas y nacen otras: cambio tecnológico, cambios de precios relativos y liberación de rendimientos crecientes a partir de la desregulación y la apertura de mercados.

Sostuvo la estrategia de exportaciones diferenciadas como una oportunidad para la industria argentina, inclusive la industria textil: “La especialización no significa hacer de todo. Vamos a hacer algunas cosas en las que somos mejores. En las que somos malos no vamos a tener chances. Igual cuidado con en qué somos malos y en qué no somos malos. La discusión en el sector textil: dicen que no pueden competir contra China. Sin embargo, Italia tiene salarios más altos que nosotros y sin embargo, tienen industria textil: ¿cómo es eso? Compiten por diseño. Ponen el eje en el diseño. No es que no pueden competir, tienen que buscarle la vuelta. Si van a estar llamando a papá Estado cada vez que algo no les gusta, va a ser difícil competir”.

El Gobierno espera que los resultados de la nivelación racional de la macro le den la razón en una matriz productiva creadora de empleo y de mejora del salario. A la “macro con la gente adentro” con la que lo corre el kirchnerismo en busca de oxígeno, le responde con la baja de la inflación como el primer pilar de ese camino.

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Mientras tanto, deja pasar oportunidades para acercar su mensaje. El Gobierno necesita resultados que se noten en el bolsillo de la gente, en las góndolas de los comercios y en los ladrillos de la construcción. No le queda más que esperar al paso del tiempo.

Para ganar tiempo, el Gobierno necesita explicar, explicar, explicar en lugar de construir enemigos en la prensa y retirarse del mercado del diálogo democrático con el periodismo independiente. Ese mercado libre es un escenario potente a la hora de dar batallas conceptuales. Abandonarlo implica un riesgo: generar un vacío y que lo ocupe otro.




Luciana Vázquez,Conforme a

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POLITICA

Mientras Trump se acerca a Xi Jinping, Milei se aleja de China pero sin poder cortar los vínculos económicos

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Javier Milei parece que no seguirá en este caso los pasos políticos que adopta su principal referente global, Donald Trump. Sucede que mientras el presidente de los Estados Unidos extiende una mano de diálogo hacia China con su histórica visita a Beijing y distintos gestos subterráneos, en la Argentina no se vislumbra ningún atisbo de acercamiento a nivel nacional, sino todo lo contrario.

La Casa Rosada se mantiene inamovible frente la decisión que bajó el Ejecutivo desde el primer día de gestión: gestos públicos de frialdad hacia China; sin viajes de alto nivel al gigante asiático; contactos limitados en el ámbito diplomático, político o comercial; intentos de cerrarle la puerta a empresas chinas en sectores estratégicos; y mucho cuidado en las expresiones que puedan incomodar a Washington.

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China aguarda, paciente, como lo indica su tradición milenaria. ¿Por qué? En primer lugar, porque desde Beijing entienden que, bajo estas condiciones, es difícil esperar un cambio de posición a nivel nacional. Pero, por sobre todas las cosas, porque estos años han demostrado que las alianzas comerciales y de inversiones existentes generan una interdependencia tan fuerte que se hace imposible para la administración Milei frenar un tren de cooperación que ya está en marcha.

A nivel global, los sistemas subnacionales han ido ganando cada vez más espacio e influencia. Son las provincias o las propias ciudades las que se encargan de generar ámbitos de cooperación, visitas y acuerdos de inversión. Esta situación se consolida en un país federal como es la Argentina, en donde grandes proyectos estratégicos son negociados por gobiernos locales.

El anuncio del primer embarque de trigo desde Santa Fe a China con el gobernador Maximiliano Pullaro y el embajador chino, Wang Wei. (Foto: @ChinaEmbArg)

Este mecanismo explica el motivo por el cual mientras el Ejecutivo nacional y todas las esferas que le responden directamente cierran las puertas a China, las provincias, ciudades y empresas privadas afianzan sus vínculos. Allí apunta el gigante asiático.

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“China puede aumentar su presencia en Argentina principalmente en sectores estratégicos vinculados a la transición energética y la infraestructura”, explica a TN Jorge Malena, director del Comité de Asuntos Asiáticos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), para luego agregar: “También existe potencial en cooperación científico-tecnológica, inteligencia artificial, telecomunicaciones y financiamiento de obras públicas”.

Leé también: El Gobierno confirmó que la Argentina devolvió parte de los yuanes que había usado del swap con China

Datos concretos avalan esta mirada. Representantes de las provincias del litio tienen frecuentes viajes a China o a la inversa -por caso, el gobernador catamarqueño Raúl Jalil visitó hace poco a territorio chino-, como así también el actual ministro de Desarrollo Económico de la Ciudad de Buenos Aires, Hernán Lombardi, se encuentra en Beijing reuniéndose con empresas y visitando centros logísticos.

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Un fenómeno social también emerge con fuerza para entender esta situación. “Estamos ante la presencia de un proceso de apertura de la población y de las elites hacia China, con cada vez más interés por lo que se produce allá y con un cambio de paradigma en cuanto a la calidad de sus productos y los avances tecnológicos”, explica en diálogo con este medio Santiago Notarfrancesco, especialista en China que se encarga de organizar viajes para pequeños empresarios. Su demanda ha ido considerablemente en aumento en los últimos años.

La posición y el pedido de los Estados Unidos

Ya desde antes de su llegada a la Argentina, el embajador de los Estados Unidos, Peter Lamelas, viene exclamando en público que parte de su trabajo en el país se concentrará en reducir la influencia de China en las provincias argentinas. En los meses que lleva al frente de la representación diplomática se movió activamente por el país y con referentes de distintos sectores. Pese a su optimismo, su objetivo parece enfriarse de tanto en tanto cuando se encuentra con las realidades aquí descriptas.

Según pudo saber TN, desde el propio Gobierno reconocen que es extremadamente difícil ampliar la presencia de empresas norteamericanas en perjuicio de los proyectos chinos en áreas estratégicas. El factor principal: el sector privado estadounidense todavía mantiene su cautela sobre la situación política y económica de la Argentina antes de hundir millones de dólares en inversión.

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El presidente Javier Milei en el portaaviones USS Nimitz junto al embajador Peter Lamelas, en uno de los actos de cooperación de Defensa y Seguridad. (Foto: Armada argentina).
El presidente Javier Milei en el portaaviones USS Nimitz junto al embajador Peter Lamelas, en uno de los actos de cooperación de Defensa y Seguridad. (Foto: Armada argentina).

En el caso de las compañías chinas, la mayoría cuentan con estímulos o algún acompañamiento del Estado, lo que les permite tener un margen de respaldo o maniobra en caso de turbulencias en la Argentina. Básicamente, son más proclives a invertir en riesgo. Es algo que se viene observando en América Latina desde hace una década y por lo cual China consolidó una presencia importantísima.

Para Washington representa un laberinto al que no le encuentran una salida. Los proyectos del RIGI en áreas vinculadas a la energía o minería, por ejemplo, hablan por sí solos. Prácticamente no hay postulaciones de empresas estadounidenses, como sí los hay -y en cantidad- de las chinas.

Distintos funcionarios nacionales argentinos reciben pedidos para incentivar la presencia norteamericana desde los representantes de los Estados Unidos en la Argentina como así también desde Washington, aunque la respuesta mucha veces se repite y se resume en: “No podemos hacer nada, excede el nivel estatal nacional”.

Al mismo tiempo, Jorge Malena aporta que “Estados Unidos sí tiene margen para presionar a la Argentina en sectores considerados estratégicos o sensibles para la competencia con China, como telecomunicaciones, energía nuclear, infraestructura portuaria y fluvial, minería crítica y proyectos espaciales”.

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Tal vez por esto se explique la decisión del Gobierno argentino de retener en Aduana los últimos insumos que se necesitaban para finalizar con la construcción del proyecto del Radiotelescopio Argentino-Chino (CART) en El Leoncito, San Juan, o excluir de la licitación de la Hidrovía a las empresas que tengan participación de un Estado nacional, dejando fuera a la compañía china que había sido ofertante en el pasado.

El proyecto del Radiotelescopio Argentino-Chino (CART) en El Leoncito, San Juan, fue uno de los que la Argentina buscó detener. (Foto gentileza: New York Times/Sarah Pabst)
El proyecto del Radiotelescopio Argentino-Chino (CART) en El Leoncito, San Juan, fue uno de los que la Argentina buscó detener. (Foto gentileza: New York Times/Sarah Pabst)

La geopolítica y la carrera en áreas tecnológicas entre las grandes potencias globales tienen una fuerte presencia en la Argentina actual. De allí la creciente cooperación en materia de Seguridad y Defensa con Estados Unidos en las fronteras argentinas como así también en ejercicios marítimos y de patrullaje en el Atlántico Sur.

La presencia de Milei en Casa Rosada y su alineación con Washington poco efecto tuvo en la relación comercial entre la Argentina y China. En enero de 2024 -tras el primer mes de gestión libertaria- la balanza bilateral arrojaba un rojo de 558 millones de dólares para la Argentina, con 454 millones en exportaciones y 1.012 millones en importaciones.

Mientras que en abril de 2026, el último mes publicado por el INDEC, el rojo comercial ascendió a 706 millones de dólares, compuesto por una nivel de exportación que llegó a 656 millones en productos e importaciones desde China que ascendieron a 1.363 millones. Una vez más queda demostrado que las expresiones políticas y públicas no tienen relación con lo que pasa en lo económico.

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Según pudo saber TN en base a fuentes oficiales, el viaje de Javier Milei a China que alguna vez había tomado fuerza está lejos de concretarse, como así también se enfrío el de su hermana, Karina Milei, quien había sido la punta de lanza en un tibio intento por mostrar una moderación en el vínculo bilateral allá por fines de 2024.

En el país del tango, la expresión popular dice que para bailarlo se necesita de dos. Pese a que la pareja que la Argentina eligió fue Estados Unidos y no China, otras melodías locales parecen siguen sonando para que el gigante asiático mantenga su influencia económica y comercial pese a las presiones políticas del Norte.

China, Javier Milei, Donald Trump, Ruta de la seda

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Sin Victoria Villarruel, Javier Milei encabezará el Tedeum y luego una reunión de gabinete en Casa Rosada

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En una nueva conmemoración de la Revolución de Mayo, el presidente Javier Milei y la plana mayor del Gobierno acudirán a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires para participar de la tradicional ceremonia del Tedeum a las 10. Al finalizar el evento, el mandatario encabezará una reunión de Gabinete en Casa Rosada en medio de las recientes tensiones internas.

De acuerdo a la agenda oficial, las puertas de Balcarce 50 abrirán a las 9.40 para dar paso al Presidente y sus ministros. La comitiva bordeará la Plaza de Mayo rodeada por el Regimiento de Granaderos a Caballo y otros representantes de las fuerzas armadas, hasta llegar a la Catedral.

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A diferencia de los dos años previos, la gran ausente de esta edición será la vicepresidenta Victoria Villarruel, producto del irreconciliable enfrentamiento que tiene con el resto del Gobierno. Según dejaron trascender en su entorno, la titular del Senado no fue invitada por la Secretaría General de la Presidencia que conduce Karina Milei.

La omisión de la hermana del Presidente motivó una réplica del arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, que oficiará la ceremonia este lunes con un discurso focalizado en cerrar la grieta, tanto entre la dirigencia como en la sociedad.

A diferencia de las últimas ediciones, Victoria Villarruel no fue invitada al Te Deum por el 25 de mayo. Foto: (Archivo/REUTERS/Martin Cossarini)

Qué difícil es hablar y respetar la diversidad en tiempos de intolerancia. Qué difícil es poder respetar y hablar de diversidad en tiempos de rechazo de todo el que piensa distinto. Qué difícil es hablar de diversidad cuando nos sentimos un poco dueños de la verdad y descalificamos cualquier opinión o pensamiento contrario”, enfatizó García Cuerva durante la misa que celebró el domingo.

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Semanas atrás, Villarruel había evitado coincidir con el Gabinete en otra celebración religiosa por el aniversario de la muerte del Papa Francisco en Luján. La vicepresidenta justificó su ausencia con que el evento se había “politizado” y que allí estaba reunida “lo peor de la casta política”.

El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, envió un mensaje al Gobierno en la previa del Te Deum. (Foto: NA - Marcelo Capece)
El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, envió un mensaje al Gobierno en la previa del Te Deum. (Foto: NA – Marcelo Capece)

Por fuera de la búsqueda de reducir la violencia discursiva en el debate público, el arzobispo porteño anticipó la semana pasada que su discurso también apuntará a advertir la situación de los sectores más vulnerables, un insistente reclamo de la Iglesia en los últimos meses.

El Estado tiene que garantizar su presencia al lado de los que quedan atrás, al lado de los que jamás tuvieron una oportunidad. Cuando el Estado directamente no se ocupa de los discapacitados, los enfermos, los jóvenes atravesados por la droga o el alcohol, los problemas de aprendizaje. Si el Estado se retira de eso, lógicamente uno dice: ‘Esto es sádico, porque estás dañando a los que son más débiles’”, había cuestionado en diálogo con Radio Rivadavia.

Para aliviar tensiones, una comitiva del Gobierno integrada por el canciller Pablo Quirno, la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y el secretario de Culto, Agustín Caulo, se reunió con las autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina la semana pasada.

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Una reunión de Gabinete para contener el ruido interno

Al finalizar el Tedeum, el Presidente y los ministros cruzarán caminando al Cabildo para cantar el Himno Nacional con la Fanfarria Militar Alto Perú del Regimiento de Granaderos a Caballo. Luego, el grupo regresará a la Casa Rosada para llevar adelante una nueva reunión de Gabinete a las 12 en un contexto de tensión interna.

Los roces en el Gabinete se incrementaron a partir de los recientes gestos de autonomía de Patricia Bullrich, que presionó a Manuel Adorni para que presente cuanto antes su declaración jurada y adelantó su carrera por la jefatura de Gobierno porteña.

En paralelo, la conocida rivalidad entre el sector de Santiago Caputo y los primos Martín y Eduardo Menem —que responden directamente a Karina Milei— estalló el fin de semana pasado luego de que el asesor presidencial y algunos referentes de la militancia digital acusaran a los riojanos de manejar una cuenta anónima para operar en su contra.

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Leé también: La decisión de Javier Milei sobre la interna y la expectativa por el reencuentro con Bullrich en el Tedeum

Las imputaciones fueron rechazadas tajantemente por el presidente de la Cámara de Diputados, que además pidió resolver cualquier diferencia interna “en el vestuario” en lugar de exponerlas a cielo abierto.

Javier Milei, Victoria Villarruel, te deum

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Intendentes peronistas buscan acercar a Cristina Kirchner y Axel Kicillof para terminar con la pelea interna

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En el peronismo bonaerense, un grupo de intendentes comenzó a desplegar gestiones informales para intentar reactivar el diálogo entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof. Las conversaciones no tienen una instancia orgánica ni un canal definido, pero se repiten en distintos niveles del mapa territorial.

La relación está cortada entre las dos principales conducciones del Partido Justicialista. Cristina Kirchner lidera el PJ nacional y el gobernador preside la estructura partidaria bonaerense, el principal distrito electoral del país, pero no mantienen diálogo desde noviembre pasado. En el medio se superpone la disputa por el liderazgo del principal espacio opositor al gobierno de Javier Milei.

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En ese contexto, jefes comunales empezaron a asumir contactos cruzados para facilitar algún nivel de interlocución política. El objetivo principal es dar por terminada la interna, pero el secundario es alcanzar acuerdos mínimos para habilitar las reelecciones indefinidas para los intendentes bonaerenses.

Entre los que encararan las gestiones conviven posiciones distintas y pertenencias a espacios políticos diferentes dentro del peronismo. En algunos casos, se trata de dirigentes que responden a alguno de los dos sectores; en otros, de actores que intervienen desde posiciones más neutrales, pero todos coinciden en intentos dispersos de acercamiento para evitar que la disputa interna se prolongue sin salida política.

Gestiones informales y rol de los intendentes

En el universo del peronismo bonaerense, los sectores alineados con el Movimiento Derecho al Futuro y el kirchnerismo sostienen agendas separadas, sin coordinación entre sí. En ese vacío de articulación aparecen las conversaciones que impulsan algunos intendentes.

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No se trata de una estrategia común ni de una mesa formal, sino de intervenciones aisladas que se activan desde el territorio, en paralelo a la gestión cotidiana. En esos intercambios aparece la idea de que algún nivel de contacto entre Cristina Kirchner y Kicillof permitiría encauzar la discusión interna.

Para el entorno de Kicillof centrar la discusión en la situación judicial de Cristina Kirchner desvía el eje del debate que, creen, debe ser la crisis que atraviesa la Argentina y una propuesta de gobierno que se diferencie de la gestión de Javier Milei (Foto: FAM)

En ese entramado, algunos intendentes se ven en reuniones habituales de gestión o actividad política local y, en esos márgenes, aparecen conversaciones sobre la necesidad de algún nivel de interlocución entre ambas terminales del peronismo.

La agenda de La Cámpora como principal foco de tensión

La preocupación excede a la expresidenta y al gobernador bonaerense y llega al líder de La Cámpora, Máximo Kirchner, hoy el principal punto de confrontación con el kicillofismo.

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Para acompañar una fórmula presidencial peronista, La Cámpora quiere garantías expresas sobre el compromiso de indultar a la exmandataria en caso de llegar al poder. El planteo es que “no hay democracia con Cristina presa”, como lo clarificó días atrás Oscar Parrilli.

En el entorno de Kicillof creen que no es un tema de campaña electoral ni que deba ser tratado en este momento. Plantean que más allá del rechazo a la condena y la denuncia pública de proscripción, centrarse en la situación judicial de Cristina Kirchner desvía el eje del debate que, creen, debe ser la crisis que atraviesa la Argentina y una propuesta de gobierno que se diferencie de la gestión libertaria.

Acercar a Máximo Kirchner con Kicillof parece hoy la tarea más difícil para ese grupo de intendentes bonaerenses, pero también la más necesaria si quieren avanzar sobre un acuerdo para habilitar nuevamente las reelecciones indefinidas para jefes comunales. Cuentan con el visto bueno del gobernador, les falta el del líder de La Cámpora.

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