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Mundial 2026: así estará el clima este domingo cuando jueguen Argentina vs. España

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Tras la victoria histórica de la selección argentina en las semifinales frente a Inglaterra, en el país no se piensa en otra cosa que en la gran final del Mundial 2026 que se disputará el domingo 19 de julio con España. Como en todos los partidos de la Scaloneta, familias y amigos se juntarán a ver el partido, por lo que es necesario saber cómo estará el tiempo para vivir esa jornada de suma importancia.

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El Servicio Meteorológico Nacional (SMN), precisó que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se esperan tormentas y lluvias, con una probabilidad de precipitaciones de entre el 70 y el 100%, para el viernes 17 de julio. Para el sábado 18 se pronostica una máxima de 18° y una mínima de 14° y la jornada comenzará mayormente nublada, pero durante el día se registrarán lluvias y tormentas aisladas, con probabilidades de precipitación de entre el 10 y el 40%.

Para el día de la final habrá un cambio notorio. En el domingo 19 el tiempo mejorará, con una temperatura máxima de 15° y una mínima de 10°. El cielo permanecerá mayormente nublado a parcialmente nublado y las probabilidades de lluvia serán bajas, entre el 0 y el 10%.

No se prevén lluvias para el domingo, según el SMN

Con estos datos otorgados por el SMN, se puede esperar una jornada histórica para la sociedad argentina. Se vivirá a flor de piel una nueva final del mundo con temperaturas agradables y sin lluvias a la vista. De esta manera, está todo dado para que los argentinos disfruten de una tarde a puro fútbol con sus seres queridos.

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SOCIEDAD

A las doce, Cenicienta perdía su carruaje y los adolescentes sus videojuegos. Así funcionaba la "ley Cenicienta" de Corea del Sur

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Durante una década, ser menor de 16 años en Corea del Sur implicaba una situación bastante peculiar si te gustaban los videojuegos: podías pasar la tarde jugando, cenar y volver al ordenador, pero al llegar la medianoche había una frontera marcada por ley. Entre las 00:00 y las 06:00, los proveedores de juegos online debían impedir el acceso a estos jugadores. La medida terminó siendo conocida popularmente como Ley Cenicienta, ya que, igual que sucedía en el cuento, a las 00:00 se acababa la fiesta.

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La norma entró en vigor en 2011 dentro de la Ley de Protección Juvenil y buscaba proteger las horas de sueño de los adolescentes y combatir el uso excesivo de videojuegos. El bloqueo recaía sobre las compañías y saltárselo podía suponer hasta dos años de prisión o una multa de 10 millones de wones. Como era de esperar, la medida generó críticas entre jugadores, familias y empresas, pero el Tribunal Constitucional surcoreano terminó respaldando su legalidad en 2014.

El país de los esports también mandaba a sus jugadores a dormir

La paradoja estaba en dónde ocurría todo aquello. Corea del Sur llevaba años convertida en uno de los grandes referentes mundiales del videojuego competitivo, así que los locales con PC formaban parte de su cultura y StarCraft había ayudado a convertir a jugadores profesionales en celebridades. Así, mientras el país exportaba esa pasión por competir y llenaba retransmisiones y torneos, un adolescente podía ver que su partida terminaba de forma obligatoria al llegar la medianoche.

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Diez años después, el panorama había cambiado bastante. El móvil, las plataformas de vídeo y las redes sociales competían por las mismas horas de ocio. El Ministerio de Cultura surcoreano señaló esta transformación en 2021 al justificar el final del sistema: según una encuesta, el 90,01% de los jóvenes consultados jugaban en móvil y el 64,3% en PC. Visto así, mantener una prohibición centrada en determinados videojuegos tenía cada vez menos sentido.

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En agosto de 2021, el Gobierno anunció el final de la Ley Cenicienta. La preocupación por el descanso y los usos problemáticos seguía presente, pero la estrategia pasó a favorecer herramientas con las que los jóvenes y familias podían establecer sus propios horarios. El Ministerio de Cultura también defendió que había que respetar mejor la capacidad de decisión de los adolescentes y adaptar las políticas a una realidad digital muy distinta a la de 2011.

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Así, Corea del Sur cerraba una de las etapas más curiosas de su relación con los videojuegos. El mismo país que ayudó a convertir las partidas competitivas en grandes espectáculos tuvo durante diez años un reloj que marcaba cuándo debían dejar de jugar miles de adolescentes. La Ley Cenicienta desapareció, pero dejó detrás un debate que sigue siendo familiar: cuánto tiempo deberíamos jugar y quién debe decidir cuándo toca apagar la pantalla.

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A las doce, Cenicienta perdía su carruaje y los adolescentes sus videojuegos. Así funcionaba la «ley Cenicienta» de Corea del Sur

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Abelardo González

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El presidente del Banco del Chaco fue internado con pronóstico reservado tras sufrir un choque múltiple en la ruta 89

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El presidente del Banco del Chaco, Livio Gutiérrez, de 57 años, resultó gravemente herido la noche del viernes luego de que protagonizara un siniestro vial sobre la Ruta Nacional 89, frente a las instalaciones de A.C.A., en la zona de Fortín Las Chuñas.

El accidente, que ocurrió cerca de las 21, involucró a tres vehículos y dejó como saldo a varias personas trasladadas a centros de salud. De acuerdo con los datos oficiales, Gutiérrez circulaba a bordo de una camioneta Volkswagen Amarok y sufrió lesiones de consideración tras el impacto.

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A raíz de esto, el funcionario fue trasladado en ambulancia antes de la llegada del personal interviniente, debido a la gravedad de su estado. Poco después, el parte médico posterior confirmó que presentaba traumatismo de cráneo y traumatismo cerrado de tórax.

La gravedad de su estado de salud motivó su derivación de emergencia a un centro médico en Presidencia Roque Sáenz Peña. Allí, le realizaron estudios complementarios y, de acuerdo con Diario Chaco, se definió su traslado hacia el Hospital Perrando, ubicado en la ciudad de Resistencia.

El titular del Banco del Chaco fue trasladado a la capital debido a la gravedad de su estado

A pesar de que el diagnóstico es de pronóstico reservado y Gutiérrez continuará bajo atención médica especializada, el medio local indicó que se encontraba consciente y era capaz de reconocer a algunas de las personas que se encontraban con él.

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Hasta el momento, las circunstancias exactas en las que se produjo el choque son investigadas por las autoridades. Por esto, el personal policial y de emergencia trabajó en el sitio para asistir a los involucrados y avanzar con las actuaciones pertinentes para determinar la mecánica del accidente. Se informó que el tránsito en la zona fue restringido mientras se realizaban las tareas de auxilio y peritaje.

Según Diario Norte, el segundo vehículo implicado fue otra Volkswagen Amarok, conducida por M. G. F., de 29 años, quien también fue trasladado a un nosocomio. Según el reporte oficial, sus lesiones fueron consideradas leves. Mientras tanto, el tercer rodado, un Volkswagen Gol Power, era ocupado por J.N.C., de 16 años, y C. R., de 33 años; ambos fueron atendidos en el hospital local por heridas leves.

Internaron al ministro de Salud de Salta luego de que sufriera un accidente en la ruta nacional 68

Hace casi un mes, el ministro de Salud Pública de Salta, Federico Mangione, había sido hospitalizado tras sufrir un siniestro vial mientras circulaba en motocicleta por la ruta nacional 68, a la altura de la localidad de Coronel Moldes.

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De acuerdo con la información oficial publicada por el Ministerio de Salud Pública salteño, el funcionario había sido trasladado de manera preventiva al Hospital San Bernardo, el principal centro de referencia de la provincia, para poder ser revisado.

El ministro de Salud solo sufrió lesiones leves por el accidente

En el hospital, Mangione fue sometido a estudios y controles médicos, los cuales establecieron que se encontraba en buen estado de salud y fuera de peligro. De esta manera, el parte médico oficial indicó que solo presentaba una serie de raspones y golpes leves, sin registrarse lesiones de gravedad como consecuencia de la caída.

Según las fuentes citadas por El Tribuno, al momento del accidente el ministro salteño utilizaba todo el equipamiento de seguridad reglamentario para conducir la motocicleta. Por este motivo, desde el ministerio remarcaron que el uso de estos elementos permitió que el funcionario público sufriera consecuencias más graves en el incidente.

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El accidente ocurrió el 18 de julio sobre la ruta nacional 68, una carretera asfaltada de 183 kilómetros que conecta la ciudad de Salta con Cafayate y es reconocida por sus paisajes y formaciones rocosas, como la Quebrada de las Conchas, la Garganta del Diablo y el Anfiteatro, según indicó la Subsecretaría de Turismo de la Nación.

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Tiene 99 años, Evita la eligió como su enfermera y le hizo un pedido especial antes de morir: “No lo deje solo”

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Un 26 de julio de 1952 los ojos de Eva Perón se cerraron para siempre. Tanto su vida como su muerte quedaron marcadas en la historia argentina. Un cáncer avanzado, el día que el país se quedó sin flores para despedirla y un cuerpo embalsamado que posteriormente fue robado durante casi 20 años.

De esos sucesos, ocurridos hace más de 70, María Eugenia Álvarez fue testigo. Sus ojos claros fueron los que se clavaron en la mirada profunda de aquella primera dama rendida, que en sus últimos días había aceptado la muerte y se despedía dejándole órdenes y un legado. “Esté siempre cerca de Juan”, fue uno de los últimos pedidos que le hizo.

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Lo que horas después siguió fueron el silencio y la paz. “Yo le cerré los ojos a Evita”, aseguró la enfermera. Aquel día, Eva Duarte de Perón pasó a la inmortalidad y allí estuvo ella, con entereza, el corazón roto por la partida de una paciente y la responsabilidad de, ahora, ser parte de la historia.

Tras ello, salió de la habitación del Palacio Unzué, que supo ser la casa presidencial durante décadas, y habló con Juan Domingo Perón sobre la triste noticia. “Qué solo me quedo, Eugenita”, atinó a decir el entonces Presidente para luego desmoronarse.

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Pero la historia de esa joven enfermera había comenzado antes, mucho antes que aquel día gris.

La memoria de María Eugenia y una vida dedicada al cuidado de los demás. (Foto: Agustina Ribó / TN VideoLab)

De cuidar a sus familiares enfermos a la presidencia

María Eugenia hoy tiene 99 años y una lucidez que le permite contar con lujo de detalles cómo nació su carrera y cada momento que atravesó junto a una de las figuras femeninas más influyentes de la política argentina.

Nació en San Pedro, provincia de Buenos Aires, el 21 de junio de 1927. En 1942, con apenas 15 años, comenzó sus estudios de enfermería en la escuela del Hospital Rivadavia, dependiente de la Sociedad de Beneficencia de la Capital Federal, y se recibió en 1944. Allí, además, se especializó en instrumentación quirúrgica.

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“Siempre sentí una vocación muy fuerte por cuidar a los demás. No sé explicar por qué, pero era algo que me atrapaba. Cuando había algún enfermo en la familia, siempre era yo la que estaba cerca para atenderlo, para saber qué necesitaba. Quería cuidarlos. Era una vocación muy profunda”, dijo la enfermera jubilada en diálogo con TN.

María Eugenia fue jefa de la Escuela de Enfermeras de la Fundación Eva Perón. (Foto: archivo Museo Eva Perón)
María Eugenia fue jefa de la Escuela de Enfermeras de la Fundación Eva Perón. (Foto: archivo Museo Eva Perón)

Sobre su juventud recuerda todo y hasta le dedicó unas palabras a sus padres, a quienes calificó como “maravillosos” y rescata el apoyo que le dieron en la decisión de vida.

“En el hospital aprendí que lo primero siempre es el paciente. Antes que cualquier otra cosa está su cuidado. Después viene la organización del hospital y el trabajo con el personal”, destacó.

El día que conoció a Evita

La primera vez que vio a Evita fue en 1949. María Eugenia fue una de las encargadas del cuidado de las víctimas del avión que se estrelló al regresar de socorrer a los damnificados del terremoto de Ecuador, todas pertenecientes a la fundación, entre ellas Amanda Allen. La primera dama había ido a visitar a las trabajadoras heridas y en ese momento le estrechó la mano.

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“Ella me miró dos veces y me preguntó cómo me llamaba. Le respondí que era María Eugenia Álvarez y que pertenecía a la Escuela de Enfermeras”, recordó. La conversación continuó así, sobre su vida y su origen.

El tiempo transcurrió y, 15 meses después de aquel encuentro, ya trabajando con el reconocido cirujano Adrián Jacobo Bengolea, llegó la inesperada propuesta y volvieron a cruzarse. “Él me recomendó ante Perón para cuidar a Evita: ‘Hijita, vas a cuidar a la esposa del presidente de la República’”, recuerda que fueron sus palabras. Aun hoy, cuando lo repite, abre los ojos sorprendida.

A Eva la habían operado de una supuesta apendicitis que no fue, derivada de un mal diagnóstico. Su salud se deterioraba, perdía peso y los médicos no lograban dar con la causa. María Eugenia la cuidó en la residencia de San Vicente hasta su recuperación. Luego continuó su labor en el hospital mientras la salud de la esposa del Presidente continuaba siendo un tema de agenda.

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El día que María Eugenia conoció a Evita. (Foto: archivo Museo Eva Perón)
El día que María Eugenia conoció a Evita. (Foto: archivo Museo Eva Perón)

Tal fue así que, meses después, sin que la propia paciente lo supiera, le hicieron una cirugía para intentar frenar un cáncer de cuello uterino avanzado.

Su enfermedad fue un secreto de Estado. Ni la propia primera dama lo sabía. Su salud era delicada y necesitaba asistencia constante. En ese momento volvió a aparecer María Eugenia. Cuidó a Eva en el postoperatorio de la cirugía realizada en el Policlínico de Avellaneda, donde intervino el oncólogo estadounidense George Pack, un especialista de renombre que había sido convocado por el Presidente sin el conocimiento de la paciente. Evita siempre creyó que quien la había operado fue Ricardo Finochietto, su médico de cabecera.

En esta segunda oportunidad, la enfermera se enteró de que había sido la misma Eva quien había solicitado que fuera su cuidadora. “Había pedido expresamente que yo fuera su enfermera. Me eligió para acompañarla y estuve con ella todo el tiempo”, sostuvo.

Cuando finalmente llegaron al problema, determinaron que el estado era grave e irreversible. Los días pasaban. El cuerpo cansado de Evita se deterioraba cada vez más y ahí estaba María Eugenia, sosteniendo. “Nuestra relación siempre fue de mucho respeto. Ella era muy amable conmigo y yo jamás me tomé atribuciones que no me correspondieran. Siempre actué como debía hacerlo una enfermera”, aseguró.

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Pese a que nadie le comunicaba la verdad, para la enfermera, la primera dama tenía claro que su cuadro era complejo. “Sabía perfectamente cuál era su enfermedad. Era una mujer muy inteligente y sabía que le quedaba poco tiempo de vida. Habíamos trabajado tanto que ella sentía que el tiempo se terminaba”, recordó.

Pese a la fortaleza que la esposa del Presidente tenía, aquellas épocas fueron duras. “Durante la enfermedad sufrió muchísimo. Tenía dolores muy intensos. Yo la medicaba siguiendo estrictamente las indicaciones de los médicos. Cuando se sentía un poco mejor, recibía a la gente durante más tiempo; cuando estaba peor, las visitas eran más breves, pero siempre quería recibirlas”, insistió.

Y en esas horas difíciles, lo que más le preocupaba no era su sufrimiento, sino su gran compañero. “Eugenita, esté siempre cerca de Juan, ayúdelo en lo que pueda, no lo deje solo”, le pedía a su enfermera. Ella, sin más, le aseguraba que iba a estar para acompañarlo

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El histórico voto femenino

El 11 de noviembre de 1951, cinco días después de aquella cirugía, las mujeres votaron por primera vez en la Argentina y Evita tuvo el honor de ser parte de ese grupo que transformó la historia de la Nación y que dio paso a un hecho clave en la lucha del feminismo, que desde hacía años se había instalado en el país por distintos partidos políticos, mucho antes del peronismo.

“Recuerdo la enorme emoción que sintió cuando votó por primera vez. Estaba muy feliz. Ese día la acompañé”, precisó. Y no solo eso, sino que fue quien le sostuvo la urna para que emitiera el sufragio desde la cama del hospital. Aquella secuencia quedó inmortalizada en una foto histórica.

El día que las mujeres votaron por primera vez en la Argentina, Evita votó desde la cama del hospital. (Foto: archivo Museo Evita)
El día que las mujeres votaron por primera vez en la Argentina, Evita votó desde la cama del hospital. (Foto: archivo Museo Evita)

La jornada en la que las mujeres votaron por primera vez finalizó con el triunfo de Perón con el 63%. Su segundo mandato comenzaba mientras la salud de su esposa se deterioraba cada vez más.

Para aquel entonces el cáncer de Evita había hecho metástasis y los dolores solo podían ser controlados con morfina. Si bien había decidido acompañar a su marido, no aceptó seguir compartiendo habitación con él para no interrumpir su descanso. Es por eso que montó un nuevo espacio en el Palacio Unzué para ella donde era constantemente monitoreada por enfermeras y el general la visitaba al menos tres veces al día.

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“Yo le cerré los ojos a Evita”

Los meses pasaron entre cuidados y dolor. El 4 de junio de 1952 Eva acompañó a Perón a asumir la Presidencia. Llevaba un importante tapado de visón para disimular el estado de su cuerpo y había sido medicada para soportar todo el evento. Esa fue la última vez que se la vio públicamente.

La madrugada previa a su deceso, Eva quiso levantarse para ir al baño. “Me dijo que sabía que no estaba bien. Yo la acompañé y traté de tranquilizarla. Le dije que todo iba a pasar, que descansara y traté de cambiar de tema. Ella insistió y me dijo ‘me queda poco’”, rememoró Álvarez.

En la tarde del 26 de julio de 1952, la primera dama había entrado en un coma profundo. Horas más tarde, la subsecretaría de informaciones de la Presidencia anunciaría que a las 20:25 había muerto la “jefa espiritual de la Nación”.

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María Eugenia todavía recuerda con claridad ese día. “Yo le cerré los ojos a Evita”, aseguró.

Con el dolor latente, poco después, salió de la habitación, ya repleta de médicos y dirigentes, y habló con Perón. De aquella conversación todavía tiene el recuerdo vivo que lloraba como un nene y que le dijo: “Qué solo me quedo, Eugenita”.

El 4 de junio de 1952, Evita acompaña a Perón a la jura en el Congreso. (Foto: gentileza archivo)
El 4 de junio de 1952, Evita acompaña a Perón a la jura en el Congreso. (Foto: gentileza archivo)

“Le conté que ella estaba preocupada por él y que nos había pedido que lo cuidáramos. Le aseguré que así sería y que las enfermeras y quienes trabajábamos con ella lo acompañaríamos siempre”, explicó.

Ver morir a Evita fue algo imposible de describir. También era muy doloroso ver cómo la gente humilde rezaba y esperaba una mejoría”, sostuvo.

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El velorio de Eva Perón fue el más masivo de la historia argentina. Duró 16 días, el país se quedó sin flores y más de dos millones de personas colmaron las calles de Buenos Aires.

El después

Luego de la muerte de la primera dama, María Eugenia siguió trabajando como jefa en la Escuela de Enfermería hasta la Revolución Libertadora. La propia Eva le había encomendado que sea quien lleve adelante el proyecto. “Con el golpe regresé al Hospital Rivadavia, donde continué mi carrera con total tranquilidad”, recordó.

“Trabajé muchos años entre el Hospital Rivadavia y la Fundación Eva Perón. Formé muchas enfermeras, siempre pensando en los hospitales públicos. Yo insistía en que las mejores enfermeras debían ir a los hospitales, no a los sanatorios”, sumó.

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Paradójicamente, su hermana Rita también murió de cáncer, el mismo que había transitado Evita, y siendo muy joven, a los 38 años, partió. Sus dos sobrinos quedaron a su cargo y fueron quienes la acompañaron toda la vida.

María Eugenia tiene 99 años y vive en un hogar para adultos mayores en Monte Grande. (Foto: Agustina Ribó / TN VideoLab)
María Eugenia tiene 99 años y vive en un hogar para adultos mayores en Monte Grande. (Foto: Agustina Ribó / TN VideoLab)

Hoy, con 99 años, María Eugenia vive en un hogar para adultos mayores de Monte Grande y mantiene latente sus recuerdos más preciados. “Cuando me preguntan por todo aquello que viví siento una mezcla de tristeza y alegría. Son recuerdos muy fuertes que nunca se olvidan”, aseguró.

“Haber sido la enfermera de Eva Perón fue simplemente cumplir con mi deber como personal de salud. Me tocó cuidar a distintos pacientes y también a ella. Era mi trabajo”, señaló y sumó: “Lo más importante que me dejó la profesión fue la satisfacción de ver recuperarse a los pacientes graves. Eso era una felicidad enorme”.

En junio del año que viene, María Eugenia llegará al centenario y ya planea festejarlo con todo. Junto a Fabiana, su cuidadora, sonríen cómplices y hasta analizan posibles escenarios para la celebración.

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Si hoy tuviera que elegir nuevamente una profesión, volvería a estudiar enfermería. Con más razón que antes. La viví con enorme felicidad. Mirando hacia atrás, siento que fue una etapa de mucho amor por mi trabajo. Siempre me consideré una trabajadora más del Gobierno, igual que tantos otros”, añadió.

“Hoy vivo feliz, tengo a mi familia. Tuve una vida tranquila. Nunca sufrí persecuciones ni problemas. Todo lo contrario: siempre viví con mucha paz”, concluyó acariciando y acomodando el pañuelo que lleva la cara de Evita y que atesora con gran cariño.

A más de siete décadas de la muerte de Eva Perón, María Eugenia conserva intactos los recuerdos de aquellos días. En la claridad de su mirada, en la emoción con la que revive cada escena y en la precisión de su memoria, sobrevive el testimonio de una mujer que fue testigo privilegiada de uno de los episodios más recordados del siglo XX argentino.

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Créditos

Fotos y video: Agustina Ribó

Edición: Adrián Canda

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Eva Perón, Evita, María Eugenia Álvarez, Sumario

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