ECONOMIA
Parques industriales: el motor productivo que Argentina todavía no entiende
En los últimos años, el mercado inmobiliario industrial comenzó a atravesar una profunda transformación. Mientras otros segmentos del real estate sufrieron fuertes altibajos, el suelo fabril y los desarrollos planificados comenzaron a consolidarse como activos estratégicos para el crecimiento productivo del país.
La demanda por terrenos industriales y áreas aptas para la radicación de empresas viene mostrando señales claras de crecimiento. Cada vez más compañías logísticas, industrias manufactureras, pyme industriales e inversores buscan ubicaciones eficientes para producir, expandirse y ordenar sus cadenas de valor.
Los parques industriales dejaron de ser únicamente un instrumento de ordenamiento urbano: hoy funcionan como plataformas de competitividad territorial. En estos espacios conviven actividades metalmecánicas, alimenticias, químicas, autopartistas, tecnológicas y operadores logísticos, generando empleo, innovación, inversión y crecimiento regional.
La Argentina productiva enfrenta demoras significativas para aprobar un parque industrial. Miles de hectáreas con potencial industrial permanecen paralizadas en expedientes administrativos. Uno de los principales problemas para el desarrollo del suelo industrial es el complejo entramado burocrático entre municipios, provincias y distintos organismos del Estado.
Más compañías logísticas, pyme industriales e inversores buscan ubicaciones eficientes para producir, expandirse y ordenar sus cadenas de valor
Para habilitar un parque industrial o un sector productivo planificado, los desarrolladores deben atravesar cambios de zonificación, estudios ambientales, aprobaciones provinciales, dictámenes técnicos y múltiples instancias administrativas que, en muchos casos, se superponen. Producir en Argentina no puede seguir siendo una carrera de obstáculos burocráticos.
A esta complejidad se suma un factor muchas veces subestimado: la falta de planificación territorial de largo plazo. En numerosos distritos, el crecimiento urbano avanza sin una clara delimitación de áreas productivas, lo cual genera conflictos de uso del suelo, encarecimiento de la tierra industrial y pérdida de competitividad.
Ordenar el territorio no es solo una cuestión urbanística, sino una condición necesaria para sostener el desarrollo industrial de manera equilibrada y previsible.

El país necesita avanzar hacia una ley nacional de promoción del suelo industrial planificado que unifique criterios, reduzca la incertidumbre para los inversores y permita que provincias y municipios adopten reglas claras para el desarrollo productivo.
Pero la burocracia no es el único freno. Otro desafío estructural condiciona cualquier proyecto de radicación industrial: la infraestructura. En muchos parques industriales del país todavía faltan redes de gas industrial, capacidad eléctrica suficiente, pavimentos adecuados y accesos logísticos eficientes. A su vez, la escala también importa.
Muchos parques industriales aún operan por debajo de su potencial por falta de masa crítica de empresas instaladas, lo que limita economías de aglomeración, encarece servicios comunes y reduce su atractivo frente a otras localizaciones más consolidadas.
En muchos parques industriales del país todavía faltan redes de gas industrial, capacidad eléctrica suficiente, pavimentos adecuados y accesos logísticos eficientes
Los bancos también deben comprender que financiar parques industriales no es financiar especulación inmobiliaria: es apostar al empleo, la producción y el crecimiento regional. Se trata de proyectos con impacto directo en la economía real, que generan actividad, formalizan empresas y multiplican oportunidades a lo largo de toda la cadena productiva. Entender esta diferencia resulta fundamental para desarrollar líneas de crédito adecuadas, con plazos y condiciones que respondan a la lógica de este tipo de inversiones.

Es fundamental avanzar en esquemas de financiamiento de mediano y largo plazo que contemplen los tiempos propios de maduración de estos desarrollos. Sin instrumentos adecuados, muchos proyectos quedan a mitad de camino o directamente no logran iniciarse, lo que limita el potencial productivo de regiones enteras.
Estos desarrollos requieren importantes inversiones en infraestructura intramuros -redes eléctricas, gas, pavimento, agua, iluminación y seguridad-, pero también en infraestructura extramuros, como accesos viales, ampliaciones energéticas o redes de gas. En muchos países del mundo, este tipo de proyectos es considerado infraestructura estratégica y cuenta con instrumentos financieros específicos. En Argentina, en cambio, gran parte del interior productivo enfrenta una limitación estructural: la falta de capacidad energética para acompañar su crecimiento.
Es fundamental avanzar en esquemas de financiamiento de mediano y largo plazo que contemplen los tiempos propios de maduración de estos desarrollos
Numerosas ciudades poseen cadenas productivas vinculadas al agro, la minería, la industria forestal o las economías regionales. Sin embargo, muchas veces ese potencial queda condicionado por limitaciones energéticas. Existen redes eléctricas saturadas, falta de potencia disponible para nuevas industrias e incluso regiones donde todavía no hay acceso al gas natural. Sin energía no hay industria. Y sin industria no hay progreso.
Los parques industriales no son simplemente desarrollos inmobiliarios: son infraestructura para el crecimiento económico de las próximas décadas. El impulso al suelo industrial planificado no es un debate inmobiliario. Es, en definitiva, una discusión sobre el futuro productivo de la Argentina.
El autor es presidente de Red Parques Industriales Argentinos y miembro de la Junta Directiva de Uipba
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