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Por qué el incendio en Almería se transformó rápidamente en una trampa mortal

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«Declarado. Los Gallardos. Incendio ACTIVO«. Ese es el primer mensaje de alerta que publicó el Servicio de Extinción de Incendios Forestales de Andalucía (INFOCA). Era el jueves 9 de julio a las 18.20 en Almería. Poco más de 24 horas después, el saldo ya es trágico: al menos 12 muertos y 23 desaparecidos.

El fuego se convirtió en una trampa mortal para los turistas que visitaban o llevaban tiempo viviendo en una zona montañosa al noroeste de la ciudad de Almería, en el sur de España. Afectaba hasta este viernes a la tarde (hora local) una zona de 3.200 hectáreas.

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El incendio en la zona de Los Gallardos y de Bédar (Andalucía) es el más mortal de España en lo que va de este siglo. El fuego comenzó a las tres de la tarde del 9 de julio y se aceleró durante la noche y la madrugada, cuando se confirmaron los primeros seis muertos.

Entre los factores que avivaron las llamas están el viento, el calor, la vegetación seca, los cañadones, las casas aisladas y pocos caminos. El fuego recorrió 15 kilómetros en dos horas, indicó La Voz de Almería. A eso se suma que algunos turistas, desesperados, no salieron por los caminos recomendados y quedaron atrapados.

La zona cero del incendio es un terreno escarpado, de alta dispersión urbanística, con cortijos -un tipo de construcción rural tradicional del sur de España- y viviendas turísticas, un área poblada en su mayoría por turistas o extranjeros de avanzada edad que dependían del GPS y se vieron sorprendidos por las llamas en caminos rurales.

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El Instituto de Medicina Legal de Almería ha recibido ya a seis de los doce cadáveres confirmados y los equipos forenses trabajan en el levantamiento de los seis restantes. El Gobierno de Andalucía ha decretado tres días de luto oficial por las víctimas del incendio.

Ninguna persona fallecida ha sido identificada aún, según las autoridades locales, pero Clarín pudo saber que se tratarían de un español, mientras que las otras vícitmas serían británicas y belgas. Tras practicarse las primeras autopsias, las muestras biológicas serán trasladadas en helicóptero a la sede central de Criminalística de la Guardia Civil, en Madrid, para su análisis genético.

Además, 23 personas continúan desaparecidas, la mayoría de británicos, belgas, holandeses y alemanes. Precisamente, se trata de una zona de casas de campo que muchas personas fuera de España eligen para vivir, una vez que se jubilan, debido a la tranquilidad de la zona y a que las viviendas son económicas. Este viernes, el fuego avanzaba hacia un templo budista visitado por turistas extranjeros.

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Efectivos antiincendios trabajan en labores de extinción del incendio de Los Gallardos en Almería. Foto EFE

La Guardia Civil continúa la búsqueda de víctimas en los lugares donde ya se extendió el incendio, pero por ahora no han hallado nuevos cuerpos. Se analizan varias hipótesis: que hayan muerto en zonas aún inaccesibles; que estén en lugares donde no hay cobertura telefónica; o que se encuentren entre los 900 desalojados, que aún permanecen sin identificar.

Ocurre también que las casas se encuentran dispersas, algunas de ellas aisladas en solitario. En esa zona montañosa, los caminos también son escasos. Si el fuego obstaculizó las escapatorias, la última esperanza es que algunos de los desaparecidos estén resguardados dentro de sus casas y que las llamas no hayan alcanzado esas construcciones.

Respecto al balance de heridos, se mantiene la cifra de ocho personas: cuatro de mayor gravedad, que presentan quemaduras severas y han sido trasladados en helicóptero al Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, y otros cuatro que reciben asistencia médica en Almería.

Antes del inicio del incendio -las autoridades creen que fue a las 3 de la tarde del jueves-, las autoridades de Andalucía habían hecho una publicación que subrayaba la situación de alto peligro.

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«Viene el mapa cargado de riesgo MUY ALTO de incendios forestales. Ayer marcamos un triste récord esta campaña con 22 intervenciones. En nosotros está rebajar esa cifra», indicó el Servicio de Extinción de Incendios Forestales local, el jueves a las 8.30 de la mañana, con un mapa pintado casi en su totalidad de naranja.

Cómo sigue el incendio

Si bien, el fuego no está controlado aún, la situación ha mejorado en la cabeza del incendio, situada en el sector este, afirmó INFOCA. «Está mejor que esta mañana, aunque queda mucho trabajo», dijo David Rodríguez, director de la extinción de INFOCA, y agregó: «En esa zona, ha destacado que «hemos concentrado muchos medios y realizado fuego técnico, y está dando resultados».

Actualmente la preocupación se centra en la zona oeste, más abrupta, porque las llamas se dirigen hacia El Marchal. «Es ahora la parte más activa y la que presenta mayor velocidad de propagación», explicó Rodríguez. Por ello, el operativo ha reforzado la presencia de efectivos terrestres con el objetivo de «avanzar lo máximo posible antes de que el incendio alcance nuevas zonas habitadas«.

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Vehículos calcinados tras el incendio de Los Gallardos y Bédar. Gentileza: La Voz de Almería/ Javer Carrion.

Se trata de una zona de difícil acceso, muchos barrancos y pocos caminos, vegetación muy seca, matorrales y pinos, características que favorecen que las llamas se extiendan rápido y complican que los bomberos y rescatistas puedan atacar el fuego. A eso se suman, los vientos sostenidos del suroeste de entre 20 y 30 kilómetros por hora y rachas de hasta 40 kilómetros por hora.

La previsiones meteorológicas apuntan a una disminución de la intensidad del vuento durante la noche, circunstancia que podría favorecer el trabajo de los equipos de extinción y consolidar los avances logrados durante la jornada.

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Atraviesan dos pipas y paralizan el tránsito en ruta clave de la Ciudad de Guatemala en protesta por el alza a los combustibles

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Una nueva manifestación se registró en Guatemala, ahora los manifestantes bloquearon una de las principales rutas de la Ciudad en rechazo al alza de los combustibles y a las medidas aprobadas por el Congreso de la República para contener los precios.

La protesta, que se inició la noche de este jueves 10 de septiembre, restringió la circulación hacia la calzada Mateo Flores, el Anillo Periférico, frente a la colonia La Bethania, en la zona 7 de la Ciudad de Guatemala y áreas cercanas, con advertencias de extender los bloqueos a otros sectores de la capital.

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Manifestantes bloquearon el Anillo Periférico en La Bethania, zona 7 de Ciudad de Guatemala, en rechazo al alza de los combustibles y a las medidas del Congreso. (Cortesía para Infobae América)

El cierre se instaló en la 27 calle de la zona 7, en el tramo que conecta el puente El Incienso con el puente El Naranjo. Dos carriles fueron ocupados por los inconformes y solo quedó habilitado uno en dirección de sur a norte, lo que paralizó el tránsito en el sector, según informó el director de Comunicación de la Empresa Municipal de Tránsito (Emetra), Amílcar Montejo.

Dos pipas de combustible fueron atravesadas sobre la vía para impedir el paso de vehículos. Los manifestantes, que provienen en su mayoría de la colonia La Bethania, advirtieron que podrían cerrar por completo el Anillo Periférico durante las siguientes horas, mientras las autoridades mantenían presencia ante la posibilidad de un bloqueo total.

La movilización formó parte de una jornada con cortes en distintos puntos del territorio nacional de Guatemala. Los participantes cuestionaron el incremento de los combustibles y el subsidio aprobado por el Congreso, así como el tope de precios fijado como medida paliativa, misma que consideran insuficiente.

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Los dirigentes llamaron a residentes de las zonas 17 y 18, Canalitos y sectores próximos a sumarse a bloqueos y paros. La convocatoria planteaba ampliar las medidas de presión en la capital durante la jornada.

En videos compartidos a los medios de comunicación, no sólo se observa el bloqueo y las dos pipas de combustible cruzadas sobre la carretera. También se escuchan detonaciones de proyectil de arma de fuego, situación que enciende las alarmas, tomando en cuenta que gran parte del área está controlado por las pandillas.

En tanto, manifestantes sostienen carteles exigiendo la renuncia de Bernardo Arévalo, como Presidente de Guatemala, pese a que en 2023 se organizó para exigir la dimisión de la exfiscal General Consuelo Porras, quien mantenía una lucha frontal para evitar la toma de posesión del actual mandatario.

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Manifestantes de la colonia La Bethania, en la zona 7 de la Ciudad de Guatemala, exigen la renuncia de Bernardo Arévalo como Presidente Constitucional. (Cortesía para Infobae América)

Un despliegue policial y militar en colonias de la zona 7

Estas medidas se toman horas después de que un contingente del Ejército de Guatemala y fuerzas especiales contra el crimen organizado de la Policía Nacional Civil (PNC) llegaran a La Bethania con un camión táctico blindado, en medio de un movimiento inusual que sorprendió a los vecinos. En el operativo también participó personal de la División Especializada en Investigación Criminal, conocida como DEIC.

Esta medida se tomó como parte de la lucha frontal que mantienen las fuerzas de seguridad contra las pandillas, principalmente de la Mara Salvatrucha y del Barrio 18, este último controlaría el sector de La Bethania, según la inteligencia de la PNC.

El vehículo utilizado fue identificado como un Pitbull VX, un camión blindado diseñado para operaciones especiales y equipado con un motor V8 turbo de alta potencia que ofrece protección balística para operar en línea de fuego y que puede resistir ataques con armas de fuego, artefactos explosivos y amenazas provenientes de rifles de alto poder.

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El Ejército de Guatemala, la Policía Nacional Civil y la DEIC desplegaron un operativo en La Bethania con un camión blindado Pitbull VX. (PNC de Guatemala)

Según la PNC, el objetivo del despliegue era fortalecer las investigaciones vinculadas con hechos violentos, principalmente con la localización de cuerpos envueltos en sábanas o en nailon. La presencia conjunta de investigadores, fiscales y militares se concentró en varios puntos de la ciudad.

Días antes, oficiales de la policía acudieron al sector para retirar cámaras de videovigilancia utilizadas por las pandillas para el control de los sectores ocupados.

La Bethania y las protestas del Paro Nacional de 2023

La colonia La Bethania ya había adquirido un papel central durante el Paro Nacional Indefinido de octubre de 2023, cuando se convirtió en uno de los focos de las movilizaciones que exigían la renuncia de la fiscal general Consuelo Porras, quien impulsó una lucha jurídica para evitar la toma de posesión de Bernardo Arévalo como Presidente de Guatemala.

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El sector, ubicado en la zona 7, sostuvo bloqueos en los mismos puntos donde ahora se instalaron: el Anillo Periférico, en el tramo que conecta el puente El Incienso con el puente El Naranjo.

El 10 de octubre de aquel año, después de nueve días de protestas pacíficas consecutivas, el gobierno de Alejandro Giammattei desplegó agentes antimotines y camiones con efectivos militares para intentar disolver los bloqueos en La Bethania. El área fue el primer punto escogido para intervenir sobre las manifestaciones que afectaban esa vía.

La Bethania ya había sido un foco del Paro Nacional de 2023, cuando sostuvo bloqueos en el Anillo Periférico contra el gobierno de Alejandro Giammattei. (Redes Sociales)

Sin embargo, lejos de disuadirlos, la llegada de las fuerzas de seguridad provocó la respuesta de miles de vecinos, que salieron de sus viviendas, levantaron barricadas con llantas y organizaron redes de apoyo comunitario. Los contingentes oficiales se replegaron ante la protesta vecinal.

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La movilización convirtió a La Bethania, habitualmente señalada como una “zona roja”, en un núcleo urbano de defensa del orden constitucional durante la crisis política de 2023.

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25 years later, 9/11 memories endure as nation gathers to honor nearly 3,000 lives lost

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

Ceremonies at the 9/11 Memorial in New York, the Pentagon and the Flight 93 National Memorial in Pennsylvania will take place Friday as the nation marks the 25th anniversary of the Sept. 11 terrorist attacks, when 19 al Qaeda terrorists hijacked four commercial airliners and attacked the United States.

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Officials and others with memories of that day reflected on what they witnessed and what they lost in some cases as the nation mourns anew.

Retired Maj. Gen. Bert Mizusawa, who served in senior Army positions at the Pentagon before 9/11, worked as a senior Pentagon official in the time leading up to 9/11 and knew several colleagues who perished that day.

On that Tuesday, Mizusawa said he was watching coverage of the attack on the Twin Towers from his office when reporters broke in to say the Pentagon had been targeted.

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FIRST ON FOX: TRUMP’S 9/11 TRIBUTE TO FEATURE MASSIVE PIECE OF GROUND ZERO HISTORY AT WHITE HOUSE

President Donald Trump greets Defense Secretary Pete Hegseth during a Sept. 11 observance at the Pentagon. The ceremony marked the 24th anniversary of the 9/11 terrorist attacks that killed nearly 3,000 people. (Win McNamee/Getty Images)

«I looked out my window and was able to observe the plume of smoke rising from the attack on the Pentagon,» Mizusawa said. «My normal commute took me directly past the section that was destroyed, and the smoke lingered for days.»

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Mizusawa, the GOP nominee for Senate against Sen. Mark Warner, D-Va., said he also played a role in hiring Army Lt. Gen. Timothy Maude, the highest-ranking military officer killed in the Pentagon attack.

He added he just recently met with the lone survivor of the Pentagon’s staff section that took a direct hit from American Airlines Flight 77 that day.

«I reflected that, as tragic as the attack on the Pentagon was, the low-rise multi-ringed structure saved many lives as it was the virtual opposite form of structure compared to the World Trade Center buildings,» he said.

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Warner similarly recalled watching the attacks unfold and seeing smoke rise from the Pentagon that day.

«I vividly remember the September 11 attacks, and I watched the smoke rise above the Pentagon…,» he said. «On the 25th anniversary of these tragic attacks, we remember the lives lost at the Pentagon, in Pennsylvania, and in New York City, and our brave first responders whose heroic actions saved countless lives.»

Also in Virginia, President Donald Trump is expected to attend the Pentagon’s ceremony. Trump has attended 9/11 observances at each of the three attack sites in different years.

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GOP SENATORS RALLY BEHIND 9/11 FAMILIES IN PUSH TO BAN MAMDANI FROM ANNIVERSARY CEREMONY: ‘HE’S A DISGRACE’

Bert Mizusawa hugs Trump.

Then-candidate Donald Trump greets Maj. Gen. Bert Mizusawa onstage in Greenville, N.C., in 2016. (Ethan Hyman/Getty Images)

In New York, Gov. Kathy Hochul and Mayor Zohran Mamdani are expected to attend the solemn ceremony and reading-of-names at the World Trade Center site.

Hochul’s opponent, Nassau County Executive Bruce Blakeman, told Fox News Digital that that day changed his home state and his family forever.

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«The pain has never completely gone away,» Blakeman said. «My nephew Tommy was murdered while he was giving first aid to a severely burned woman. I lost many colleagues and friends on that day. We must never forget the danger facing our country from those with anti-American values.»

Tommy, a New York State Courts officer, was reportedly rendering aid to a victim when Tower Two collapsed on him.

9/11 FAMILIES PUSH TO BAN MAMDANI FROM 25TH ANNIVERSARY REMEMBRANCE OVER ‘HOSTILE’ RECORD

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The Ground Zero memorial

Colorful flowers are left by mourners at the 911 Memorial, offering gifts to remember those killed in the September 11 terrorist attacks on New York City. (Getty Images)

«The terrorist attacks on September 11 forever reshaped our city and state, and every year on the anniversary, New Yorkers feel the weight of unimaginable tragedy and honor the lives lost,» Hochul said, reflecting on the day.

«In the aftermath of 9/11, New Yorkers showed the world what courage, sacrifice and bravery looked like,» she added. 

Fox News Digital also reached out to Mamdani for comment.

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Bush officials meet New York officials after 9/11 attacks

Then-New York Mayor Rudolph Giuliani, left, shakes hands with FBI Director Robert Mueller, right, while Attorney General John Ashcroft and New York GOP Gov. George Pataki look on, as state and Bush administration officials meet after 9/11. (Mike Segar/Getty Images)

Former presidents George W. Bush, Bill Clinton, Barack Obama and Joe Biden are expected to attend the 25th anniversary ceremony at the 9/11 Memorial in New York.

Hillary Clinton, then a New York senator, is remembered from a photo with then-Gov. George Pataki and then-Mayor Rudolph Giuliani walking through the rubble after the attacks.

Giuliani with Pataki and Clinton

New York Republican Gov. George Pataki, left, Mayor Rudolph Giuliani, center, and then-Sen. Hillary Clinton, right, walk around Ground Zero after the attacks. (AP File Photo)

Additional Trump administration officials will attend the third ceremony in Somerset County, Pennsylvania. Last year, Veterans Affairs Secretary Douglas Collins represented the administration there.

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The memorial is managed by the Department of the Interior, which said it will hold a reading of the names at 10:03 a.m. ET, the time United Flight 93 crashed into a field near U.S. Route 30 after passengers fought back against the hijackers.

Fox News Digital reached out to Pennsylvania Gov. Josh Shapiro and Pennsylvania State Treasurer Stacy Garrity — Shapiro’s GOP opponent this fall — for information on their plans for the day and comment on the 25th anniversary remembrance.

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Garrity will be in attendance at the Flight 93 Memorial in her official capacity as Pennsylvania State Treasurer, her campaign said.

Speaking as the GOP’s gubernatorial nominee, Garrity told Fox News Digital she recalls September 11, 2001, as a bright September morning in the commonwealth that she and others thought would be a run-of-the-mill weekday.

«But in the blink of an eye, in the skies over Lower Manhattan, along the shores of the Potomac, and in the fields of western Pennsylvania, our world was forever changed,» Garrity said.

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«Twenty-five years later, may God bless the heroes of Flight 93, the first responders to the World Trade Center and the Pentagon, and every American who answered the call to serve that day and in the years to follow: Let’s roll,» Garrity added, quoting Flight 93 victim Todd Beamer of Cranbury, N.J., who was recorded calling out that phrase as he led an unsuccessful effort to retake control of the plane from the terrorists.

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A 25 años del 11S: quiénes eran los 19 terroristas de Al Qaeda y cómo buscaron placer horas antes de los atentados

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Fue el día en el que el mundo cambió para siempre. Diecinueve terroristas islámicos, un pequeño pelotón suicida, divididos en tres equipos de cinco y un cuarto equipo de cuatro, todos árabes, todos miembros de Al Qaeda, la organización liderada entonces por Osama Bin Laden, todos decididos a matar, todos decididos a morir, ingresaron como simples pasajeros en tres aeropuertos diferentes de Estados Unidos: Logan, en Boston, Dulles, en Washington y Newark, en New Jersey. Era la mañana del 11 de septiembre de 2001. Luego, cada equipo abordó cuatro aviones de línea que debían volar a la costa oeste del país: tres a Los Ángeles y uno a San Francisco. Los aviones iban cargados de combustible para ese viaje de unas cinco horas.

A poco de despegar cada uno de los aviones, los terroristas tomaron por asalto a la tripulación y al pasaje, asesinaron a los pilotos y estrellaron luego las aeronaves contra sus objetivos: las dos torres gemelas del World Trade Center de New York, el edificio del Pentágono en Washington, sede del ministerio de Defensa y el último de los vuelos, con destino ignorado pero sospechado, la Casa Blanca o el edificio de Naciones Unidas en Manhattan, terminó por estrellarse en Shaksville, Pensilvania, después de que sus pasajeros intentaran recuperar el mando del Boeing 757-200.

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Desde los ataques al World Trade Center hasta el avión que no logró su objetivo, la cronología de una jornada marcada por el horror

El plan de Al Qaeda fue ejecutado con precisa exactitud, con la excepción de la rebelión del pasaje en uno de los vuelos secuestrados. En cada uno de los cuatro equipos de terroristas, uno de ellos era capaz de volar un avión: habían hecho cursos de vuelo en Estados Unidos y los habían aprobado. Los demás, llamados “los musculosos”, estaban entrenados para atacar y dominar a la tripulación y al pasaje, para asesinar a los pilotos de la aeronave y permitir que otro terrorista tomara el mando del avión, cambiara el rumbo, la altitud y su destino. Ninguno de los “pilotos” tenía demasiada práctica en aterrizar. No les interesaba aterrizar.

Uno por uno, los vuelos secuestrados y estrellados por el pelotón suicida de Al Qaeda

Encabezaba el pequeño pelotón suicida Mohamed el-Amir Awad el Sayed Atta, que pasó a la historia del terror como Atta. Tenía treinta y tres años y era el mayor de los otros dieciocho terroristas con edades entre los veintiuno y veintiocho años. Los vuelos secuestrados y estrellados aquella mañana en la que el mundo cambió para siempre, eran:

  • American Airlines 11; salió de Boston con destino a Los Ángeles. Atta fue el piloto terrorista. Estrelló el Boeing a las 8:45:27 contra la Torre Norte del World Trade Center. Murieron los ochenta y siete pasajeros y tripulantes y los cinco terroristas. Entre los pasajeros estaba Berinthia “Berry” Berenson, actriz, fotógrafa y modelo, hermana de la actriz Marisa Berenson, viuda del actor Anthony Perkins.
  • United Airlines 175; también salió de Boston y también con rumbo a Los Ángeles. El piloto terrorista era Marwan al-Shehhi que estrelló el Boeing contra la Torre Sur del World Trade Center a las 9:03:42, dieciocho minutos después de que Atta estrellara el suyo. La de ese avión es la única imagen de los ataques que fue transmitida en directo por las cámaras de televisión. Murieron sesenta pasajeros y tripulantes y los cinco terroristas.
Imagen de las Torres Gemelas antes del atentado del 11 de septiembre (Foto: AFP).
  • American Airlines 77; era un Boeing B757 que despegó del aeropuerto Dulles de Washington con destino a Los Ángeles. El terrorista piloto Hani Hanjour, lo estrelló contra el Pentágono a las 9:37:44. Murieron sesenta y cuatro personas y los cinco terroristas. Otras ciento veinticinco personas murieron en el edificio de la secretaría de Defensa de Estados Unidos.
  • United Airlines 93; despegó del aeropuerto de Newark, en New Jersey, con destino final en San Francisco. Su piloto, Ziad Jarrah y sus tres cómplices no pudieron manejar la revuelta de los pasajeros, que estalló cuando tuvieron la certeza de que iban a morir todos. El avión cayó en Shaksville, Pensilvania y murieron cuarenta y cuatro pasajeros y tripulantes y los cuatro terroristas. Los muertos en las Torres Gemelas, que se derrumbaron entre las diez y las diez y media de la mañana, están fijados en 2996 personas, más veinticuatro desaparecidos.

Cómo los 19 terroristas fueron reclutados por la organización de Bin Laden, Al Qaeda

¿Quiénes eran esos terroristas, decididos a inmolarse, tal vez con la certeza de que subirían de inmediato al paraíso de su credo religioso y a la vera de su dios misericordioso? ¿Cómo pudieron hacer lo que hicieron, más allá de las estrictas medidas de seguridad que regían los vuelos y en las que Al Qaeda encontró un punto de laxitud? ¿Quién hizo cada cosa? El cuarto de siglo que pasó, echó un poco de luz, no toda, sobre sus personalidades, ya no sobre sus intenciones que estuvieron siempre claras.

Atta fue el artífice del ataque y del desastre. Era un ingeniero egipcio que había nacido en 1968 y había estudiado arquitectura en la Universidad de El Cario. En 1990 estudió en Hamburgo, en el Instituto de Tecnología, y se relacionó con la mezquita al-Quds, (el nombre árabe para la ciudad de Jerusalén) conocida por predicar una forma extremista del islam sunita.

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Atta conoció en esa mezquita a Marwan al-Shehhi, que sería el piloto del avión que estrelló en la Torre Sur; a Ziad Jarrah, el piloto del avión que cayó en Pensilvania y a Ramzi bin al Shibb, un yemení acusado de ser uno de los principales organizadores del ataque del 11 de septiembre. En su momento, al-Shibb intentó obtener el visado para entrar en Estados Unidos. Se lo negaron y actuó entonces como enlace y coordinador financiero entre los terroristas y los altos mandos de Al-Qaeda. Todos conformarían la “Célula Hamburgo” de la organización dirigida por Bin Laden.

Atta conoció a Bin Laden en Afganistán, entre los días finales de 1999 y los inicios de 2000. Fue Bin Laden quien reclutó al grupo de Hamburgo junto con Khalid Sheikh Mohammed, un pakistaní considerado también el cerebro de los ataques y que hoy está prisionero de Estados Unidos en la base de Guantánamo, Cuba, a la espera de juicio. La célula de Hamburgo, incentivada por Khalid Mohammed, le cayó muy bien a Bin Laden: a mediados de 1998 había lanzado una “fatwa” contra Estados Unidos, un mandato religioso con fuerza legal, que aplica la ley islámica y Hamburgo ya había planeado en 1996 secuestrar diez aviones de línea para atacar objetivos clave de Estados Unidos. Bin Laden había rechazado la idea porque la juzgó impracticable. Pero ahora, en 2000 creyó posible un ataque similar, en menor escala: tenía en sus manos al hombre ideal: Atta. Para Atta, Bin Laden era también el hombre de su destino. La célula regresó a Hamburgo después de conocer a Bin Laden: esperaba instrucciones.

Ya en marzo de 2000, un año y cinco meses antes de los ataques de septiembre de 2001, Atta había enviado una serie de e-mails a más de treinta y un escuelas de vuelo de Estados Unidos para conocer el costo de los cursos, la eventual financiación, las posibilidades de alojamiento y la intensidad de las prácticas. Todo sería pagado por Al-Qaeda a través de transferencias encubiertas, y gracias a la habilidad financiera del yemení Ramzi bin al Shibb. Atta ejerció también el arte del disimulo: para no llamar la atención, para no ser identificado como un musulmán radicalizado, se afeitó la barba, cambió su indumentaria, empezó a vestir ropas más cercanas a la moda occidental y evitó ser uno de los fieles de las mezquitas calificadas como “extremistas” por las autoridades alemanas.

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El resto del pequeño ejército reunido por Atta, se unió a la célula Hamburgo en 2000. Todos habían prometido dar sus vidas por Bin Laden, casi todos habían nacido en Arabia Saudita y muchos, pese a su juventud, habían combatido en Chechenia, o al menos lo habían intentado, como parte de la milicia musulmana y contra Rusia. La tropa de Atta empezó a llegar a Estados Unidos, con visas de Arabia Saudita, en los primeros meses de 2001. En el verano boreal de ese año, Atta, Jarrah y Shehhi cruzaron Estados Unidos en vuelos regulares de Oeste a Este y viceversa, para estudiar el movimiento de las tripulaciones y sus rutinas de vuelo, y definir si podrían abordar alguno de esos aviones con algún tipo de arma

Imagen del incendio de las torres durante el atentado. (Foto: AP)
Imagen del incendio de las torres durante el atentado. (Foto: AP)

Con sus voluntarios suicidas en pleno entrenamiento, Atta viajó a España para informar de sus planes a Al-Qaeda. Mientras tanto, el libanés Ziad Jarrah y el saudí Hani Hanjour, que serían los pilotos de United 93 que cayó en Pensilvania y del American 77 que se estrelló en el Pentágono, estudiaban posibles rutas de vuelo entre New York y Washington: incluso alquilaron aviones pequeños para practicar vuelos a baja altura

Bin Laden estaba ansioso e inquieto. Y frustrado. Presionó a Khalid Mohammed para que diera luz verde al ataque. Primero lo fijó para mayo de 2001, para que fuese un recuerdo y una “celebración” del atentado contra el destructor americano USS Cole, cometido siete meses antes, el 12 de octubre de 2000, que mató a diecisiete marineros y dejó treinta y nueve heridos. Después fijó una nueva fecha para junio o julio, cuando el entonces primer ministro de Israel, Ariel Sharon, visitara la Casa Blanca y al entonces flamante presidente George W. Bush, que había asumido en enero. Atta se mantuvo inconmovible: no iba a dar un solo paso adelante hasta que él y su grupo no se sintiera preparado.

La elección de la fecha: por qué el líder de los terroristas eligió el segundo martes de septiembre, el 11S

Recién a fines de agosto Atta dijo a Al-Qaeda cuándo sería el ataque: el segundo martes de septiembre. Por qué tomó esa decisión, es todavía un misterio. Los investigadores sugirieron tres hipótesis. La primera, la más probable, dice que los terroristas habían comprobado que los martes volaba menos gente que en el resto de la semana; de hecho, en cada uno de los cuatro aviones secuestrados viajaban menos de cien personas. Con poca gente a bordo, les sería más sencillo dominar al pasaje y a la tripulación.

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La segunda hipótesis arriesga que Atta vio en la fecha, 9/11, un remedo del tradicional número de emergencias policiales en Estados Unidos. La tercera dice que eligió ese día a modo de revancha histórica: el 9 de septiembre de 1683 empezó la llamada Batalla de Viena que terminó con la humillante derrota del Imperio Otomano a mano de las fuerzas cristianas, y marcó de algún modo el inicio de la decadencia del Islam en Europa.

Leé también: Nueva York y un hecho asombroso: el día que un equilibrista caminó sobre un alambre y unió las Torres Gemelas

No todos pensaban en símbolos. A medida que se acercaba la fecha del ataque, otros miembros del pequeño ejército de Atta se dedicaban a asuntos un poco más terrenales, conscientes de que iban a matar, a morir y a acceder al ansiado y acaso incómodo paraíso. Por ejemplo, Abdul Azis al-Omari y Satam al-Suqami, dos de los “musculosos” que abordarían junto a Atta el vuelo de American Irlines 11, pagaron unos cientos de dólares, todos aportados por Al-Qaeda, por los servicios de dos prostitutas contratadas a un servicio de “escort” con un nombre de inocente malicia, pero en todo caso alejado de cualquier paraíso: “Sweet Tempations – Dulces tentaciones”. Uno de ellos volvió a pedir los servicios de las damas dos veces en un día. En New Jersey, otro de los “musculosos” que asesinaría a los pilotos del vuelo 93 de United Airlines, también pagó unos cuantos dólares por un servicio clasificado con un eufemismo sugerente, “danza privada”, en el salón vip de un “bar a go-go”.

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Khalid Sheikh Mohammed, señalado por las autoridades de Estados Unidos como el principal autor intelectual del atentado. (Foto: AFP)
Khalid Sheikh Mohammed, señalado por las autoridades de Estados Unidos como el principal autor intelectual del atentado. (Foto: AFP)

El terrorista piloto del United 93, Ziad Jarrah, fue recordado luego por sus compañeros de la escuela de aviación en la que cursó seis meses, entre junio de 2000 y abril de 2001, porque era un gran bebedor de cerveza, una conducta impensable en un obediente de las estrictas normas del Islam. El propio Atta, junto a Marwan al-Shehhi, de Emiratos Árabes, que sería el piloto destinado a estrellar el avión de United 175 contra la Torre Sur del World Trade Center, se habían pescado tremendas borracheras en el “Shuckum’s Oyster Pub and Seafood Grill”, un bar temático deportivo en Hollywood, Florida, durante los días de sus cursos de vuelo. El gerente del bar, Tony Amos, fijó sus gustos: Atta bebía vodka con jugo de naranjas y Shehhi, ron con Coca Cola.

Una vez saciadas sus ansias terrenales, quién sabe si todas, los terroristas se prepararon para su momento supremo en Boston, Washington y en New Jersey. En la mañana del 10 de septiembre, Atta dejó el hotel donde se hospedaba, el Milner de Boston. Llevaba un equipaje normal y uno de mano, marca Travelpro, esos bolsos semirrígidos, con ruedas y una manija que los hace fácilmente transportables y que caben en los portamantas de los aviones.

Si alguien hubiese dado un vistazo a ese equipaje, hubiera pensado que su dueño era un musulmán devoto que había aprobado sus cursos de vuelo. Junto al Corán y a un libro de oraciones, el bolso de Atta contenía unas lecciones en vídeo sobre cómo volar dos tipos diferentes de aviones Boeing y un manual de indicaciones para simuladores de vuelo. También cargaba en ese bolso que llevaría a bordo, una especie de navaja plegable y un pequeño aerosol con gas pimienta marca “First Defense”. Por entonces, las normas de seguridad permitían llevar a bordo navajas con hojas de acero que no excedieran las cuatro pulgadas, unos diez centímetros. Ya nada volvería a ser igual.

En un bolsillo interno del equipaje de mano, Atta escondía una carta de cuatro páginas escritas a mano, en árabe, dividida en tres secciones, que exhibía las aspiraciones físicas y espirituales de su dueño: exhortaba al martirio y a los asesinatos en masa, daba precisas instrucciones que abarcaban desde las tácticas de batalla hasta el arreglo personal, y aseguraba a los mártires la vida eterna en compañía de “ninfas”. Después de las invocaciones formales “en nombre de Alá, el compasivo, el misericordioso”, la primera de las tres secciones, titulada “La última noche”, aconsejaba:

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“Abrace la voluntad de morir y de renovar su lealtad”.

“Aféitese el vello corporal extra y use colonia”.

“Rece”.

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“Familiarícese bien con el plan en todos los aspectos y anticipe las reacciones y la resistencia del enemigo”.

“Lea Al-Tawabh (Arrepentimiento en el Corán), y reflexione sobre su significado y sobre lo que Alá ha preparado para los creyentes y los mártires en el Paraíso.”

“Examine su arma antes de partir y, como le fue dicho, cada uno de ustedes debe afilar su hoja, salir y llevar a cabo su sacrificio”.

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Copias de esa misma carta estaban ya en manos de al menos otros dos terroristas: uno integraba el equipo que subiría en New Jersey al United Airlines 93, que se estrellaría en Pensilvania; el otro afilaba sus armas en las afueras de Washington antes de abordar el Boeing B757 que se estrellaría en el Pentágono.

Bomberos y rescatistas trabajando entre los escombros y el humo durante el 11 de septiembre. (Foto: AP)
Bomberos y rescatistas trabajando entre los escombros y el humo durante el 11 de septiembre. (Foto: AP)

Después de dejar el hotel de Boston, Atta cargó su equipaje en un Nissan Altima de color azul, alquilado, para ir a buscar al hombre que si bien no había escrito las cartas instructivas, las había copiado: eral Abdul Azis al-Omari, de veintidós años, el mismo que en esos días, había pedido un delivery de prostitución al “Sweet Tempations”. A las cinco y cuarenta y tres de la tarde llegaron al Comfort Inn, de South Portland, Maine; los vieron cargar combustible en una estación de la Exxon, quedaron registrados cuando retiraron efectivo de dos cajeros automáticos de ATM, hicieron unas compras en una tienda Walmart y, según el FBI, comieron en un local de Pizza Hut. Pasaron la noche en la habitación 232 del Comfort.

Al día siguiente, 11 de septiembre, Atta y Omari llegaron al Jetport International Airport de Portland, donde estacionaron el Nissan alquilado. Eran las cinco cuarenta de la mañana. A las seis, abordaron el vuelo BE-1900 de una pequeña empresa, Colgan Air; era también un avión pequeño que cubriría el breve trayecto hasta el Aeropuerto Internacional de Logan, en Boston. Tampoco se sabe por qué los dos terroristas eligieron ese vuelo corto, de conexión, para abordar luego el American Airlines 11. Los investigadores arriesgan, es una hipótesis, que no quisieron llamar la atención: esa mañana habría demasiados pasajeros de Medio Oriente en el aeropuerto. Serían diez: Atta, Omari, los otros tres terroristas del equipo, y los cinco que subirían al United 175, los dos aviones se estrellarían contra las Torres Gemelas. Es posible también que Atta y Omari hayan pensado que en el pequeño aeropuerto de Portland la seguridad sería más laxa.

Allí, Atta hizo el check-in suyo y el de Omari; llevó consigo a bordo dos bolsos: su Travelpro negro y un segundo, de Omari, con ruedas, color verde, que contenía su libreta de cheques, su pasaporte de Arabia Saudita, un diccionario árabe-inglés, tres libros de gramática inglesa, un pañuelo, un billete de veinte dólares, un frasco de champú anticaspa marca Brylcreem y otro de perfume. Todavía se podían cargar esas cosas en el equipaje de mano.

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Cuando recibió su tarjeta de embarque, Atta pidió al agente del aeropuerto de Portland que le diera su tarjeta para abordar el vuelo de American Airlines 11 con el que pensaba volar a Los Ángeles, pero el empleado le dijo que eso no era posible, que en Boston debía hacer otro chequeo. Luego de los atentados, ese empleado reveló que Atta se había puesto furioso, se le había transformado la cara y se quejó: a él le habían dicho que sólo debía hacer un check-in. El empleado recurrió a la psicología para poner fin al incidente: le dijo, muy calmado, que se apurara si no quería perder su vuelo a Boston.

Terrorista y líder de la red Al-Qaeda, Osama Bin Laden. (Foto: AP)
Terrorista y líder de la red Al-Qaeda, Osama Bin Laden. (Foto: AP)

Los dos terroristas pasaron sin problemas por el detector de metales del aeropuerto de Portland, calibrado para sonar ante una cantidad de metal equivalente a un arma de fuego o a un cuchillo grande. También pasaron el control de rayos X de sus equipajes de mano. A Atta le duraba todavía la rabieta; lucía un rostro severo, vestía una camisa azul oscuro y pantalones también oscuros: podía pasar por el uniforme de un piloto. Omari, en cambio, vestía una camisa en la gama del crema y pantalones caqui.

El equipaje de bodega de Atta fue retenido para una revisión extra de seguridad en busca de explosivos. Se trataba de un programa conocido como CAPPS, Computer Assisted Passenger Prescreenings System, que usaba un algoritmo para determinar por azar cuáles equipajes se debían revisar y evitar así las quejas basadas en actos de discriminación por raza, etnia, nacionalidad u origen del pasajero. El aeropuerto de Portland ni siquiera tenía un detector de explosivos, las valijas que no sometidas a revisión, quedaban en espera hasta que su dueño subía a bordo. Era una precaución para que no fuese cargado en la bodega de un avión un equipaje con explosivos y sin dueño. Nadie pensaba entonces en un comando suicida. Cuando Atta subió al avión, su valija fue cargada en la bodega.

Las armas de los terroristas no eran explosivos. En los meses previos al ataque, Atta había comprado dos cuchillos o pequeñas navajas “Swiss Army” y una pinza multiuso marca Leatherman, que incluía un cortaplumas. En su último viaje a España, cuando informó a Al-Qaeda sobre sus planes, Atta había revelado que él y dos de los terroristas pilotos de su equipo, Ziad Jarrah, que abordaría el vuelo United 93, y Marwan al-Shehhi, que pilotearía el United 175, se las habían ingeniado para llevar a bordo dos “cutters” de los usados para cortar cajas de cartón. Nunca se pudo establecer si Atta y Omari cargaron con esas armas a bordo y, si lo hicieron, por qué no fueron detectados, o si esas dos armas estaban dentro de los límites que podían formar parte del equipaje de mano de un pasajero.

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A las seis cuarenta y cinco, el pequeño avión de Colgan llegó al aeropuerto de Logan, en Boston, y Atta y Omari pasaron sin problemas por el scanner de seguridad. A las siete y treinta y nueve subieron al vuelo 11 de American Airlines con destino a Los Ángeles, un destino que nunca iba a alcanzar. Se sentaron en los asientos 8D y 8G, los dos del medio en la distribución dos-dos-dos del Boeing. En primera clase, en las butacas 2A y 2B, ya estaban sentados los hermanos Wail y Waleed al Sheri: ambos al lado de la cabina de los pilotos: el avión no tenía fila 1. El quinto miembro de grupo, Satam al-Suqami, de Arabia Saudita, un “musculoso”, viajaba en la butaca 10B, sobre el pasillo y dos filas más atrás que Atta y Omari. El jefe del servicio de vuelo, Michael Woodward, cumplió con su rutina: dio la bienvenida a todos los pasajeros que volaban a Los Ángeles.

Khalid Sheikh Mohammed, fotografiado tras su arresto en Pakistán. (Foto: AP)
Khalid Sheikh Mohammed, fotografiado tras su arresto en Pakistán. (Foto: AP)

En el aeropuerto Dulles de Washington y en el aeropuerto Newark de New Jersey sucedió algo muy parecido. Los diecinueve terroristas suicidas ocuparon sus asientos y esperaron a que los aviones despegaran. El primero en hacerlo, a las ocho de la mañana, fue el American Airlines 11, con Mohammed Atta y sus cuatro “musculosos” a bordo. El último en despegar fue el United Airlines 93, que alzó vuelo a las ocho cuarenta y uno desde New Jersey.

Cinco minutos después de ese último despegue, a las ocho cuarenta y seis y treinta segundos, Atta estrelló el Boeing de American contra la Torre Norte del World Trade Center.

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Y todo cambió para siempre.

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