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Primeros cruces entre sectores del peronismo por el programa económico para enfrentar a Milei

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El peronismo empezó a discutir en público el plan económico que quieren construir, de cara a la sociedad, para identificar el proceso político que pondrán en consideración del electorado en los comicios nacionales del año que viene. En ese camino, empezaron a surgir divergencias entre dos sectores del Fuerza Patria respecto al contenido del programa. De un lado, el PJ Federal. Del otro lado, La Cámpora.

Una entrevista que la diputada nacional Paula Penacca le brindó a El Destape, en la que cuestionó la postura del espacio presentado en Parque Norte respecto al equilibrio fiscal, derivó en una respuesta en cadena de sus representantes, poniendo sobre la mesa un discurso del ex presidente Néstor Kirchner.

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“Algunos compañeros entran en la falsa discusión del equilibrio fiscal, pensando que van a poder conquistar algunos sectores del poder económico, les falta hablar, en algunas ocasiones de darles estabilidad jurídica. Nos empiezan a meter una discusión en la que nos moderan los términos. Y cuando nos moderan los términos, nos moderan las acciones”, sostuvo la legisladora porteña.

En esa línea argumental, Penacca consideró que “el peronismo no puede ser un peronismo modesto, condescendiente, que habla de equilibrio fiscal” y advirtió: “Todos creemos que hay que tener una macro estable en la Argentina, pero eso no puede ser a condición de dejar para el último minuto la distribución del ingreso”.

El mensaje de la diputada tuvo una respuesta con sello federal. Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel y Juan Manuel Olmos recogieron el guante y expresaron en las redes sociales su posición contraria. Los tres recordaron el discurso de Néstor Kirchner en la apertura de sesiones del 25 de mayo del 2003, en el inicio de su gobierno.

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“El equilibrio fiscal debe cuidarse. Eso implica más y mejor recaudación, eficiencia y cuidado en el gasto. El equilibrio de las cuentas públicas, tanto de la Nación como de las provincias, es fundamental. El país no puede continuar cubriendo déficit por la vía del endeudamiento permanente. Ni puede recurrir a la emisión de moneda sin control haciendo correr riesgos inflacionarios que siempre afectan a los sectores de menos ingresos”, señaló el entonces presidente.

Marcando su plan económico a mediano plazo, el mandatario también aseguró: “Ese equilibrio fiscal tan importante deberá asentarse sobre dos pilares: gasto controlado y eficiente e impuestos que premian la inversión y la creación de empleo. Que recaiga allí, donde hay una real capacidad contributiva. Mantenimiento de equilibrio fiscal y traje a rayas para los grandes evasores”.

Por último, en el fragmento de video que publicaron los dirigentes del peronismo federal, resalta: “Con equilibro fiscal, la ausencia de rigidez cambiaria, el mantenimiento de un sistema de flotación con política macroeconómica de largo plazo, determinada en función del ciclo de crecimiento, el mantenimiento del superávit primario y la continuidad de superávit comercial externo, nos harán crecer en función directa”.

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De esa forma, los exponentes del PJ Federal confrontaron la postura camporista respecto a la necesidad del equilibrio fiscal. Michel acompañó el video con una frase contundente sobre la relevancia de la gestión de Kirchner: “Siempre es importante recordar los fundamentos económicos del mejor gobierno desde la vuelta de la democracia”.

Más corto y al hueso, Olmos, a través de la cuenta del Nuevo Espacio de Participación (NEP), espacio que fundó y conduce, escribió: “Escuchar a Néstor SIEMPRE”. Tolosa Paz utilizó la misma frase, pero le agregó una descripción más extensa en la que resaltó que “el equilibrio fiscal siempre estuvo en los principios económicos del peronismo”.

La legisladora bonaerense fue un paso más allá y agregó su postura: “No hay estabilidad posible sin producción nacional, valor agregado y un Estado que impulse el desarrollo. Hay una alternativa nacional con equilibrio, estabilidad con inclusión, progreso, competitividad y un modelo de país que defienda a quienes producen y trabajan en la Argentina”.

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El PJ Federal, que se presentó el 1 de mayo en Parque Norte, defiende a ultranza la necesitad de lograr equilibrio fiscal, renegociar y pagar, en otros plazos distintos a los actuales, la deuda con el FMI, y generar confianza en los mercados, para desintegrar con un plan económico más audaz y que rompa los moldes del último tiempo del kirchnerismo, el denominado “riesgo kuka”, que el Gobierno utiliza como argumento frente a la incertidumbre de algunos inversionistas.

El peronismo federal plantea un debate económico de fondo para armar un nuevo programa, de cara a las elecciones del año que viene  (Maximiliano Luna)

Las diferencias entre sectores la había expresado tiempo atrás el economista de La Cámpora Santiago Fraschina en un artículo publicado en el portal Contraeditorial, donde cuestionó la mirada económica del peronismo peronismo federal, al considerar que para ese sector “primero debe alcanzarse el equilibrio, luego consolidarse el crecimiento y recién después mejorar la distribución”, y resaltar que “la tradición justicialista plantea una secuencia distinta”.

Según su mirada, la tradición peronista “no niega la necesidad de una macroeconomía ordenada, pero entiende que el orden durable no surge simplemente del ajuste de variables contables, sino de una economía que amplía su capacidad de distribuir, producir, invertir, exportar, recaudar y generar empleo”.

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“La idea de que primero hay que crecer y luego distribuir remite a una lógica ajena a la tradición justicialista. Es, en esencia, la vieja teoría del derrame. La pregunta de fondo es otra: ¿de verdad la sociedad argentina no genera riqueza suficiente para sostener niveles salariales dignos?“, escribió el economista ultra K.

En el PJ Federal insisten con otra mirada. “Sin orden macroeconómico no hay desarrollo sostenible. El equilibrio fiscal, por sí solo, no alcanza. La Argentina necesita producción, trabajo, industria nacional y salarios dignos. Necesita un modelo de crecimiento con redistribución, porque no se puede distribuir lo que no se genera. Esa es la doctrina histórica del peronismo”, sostuvo, tiempo atrás, Tolosa Paz.

La Cámpora expresa una mirada distinta respecto al plan económico que propone el peronismo federal (Adrián Escandar)

Michel se expresó hace poco en la misma sintonía: “La salida es con crecimiento. Hay que darle competitividad a la producción con el tipo de cambio, el sistema impositivo, el marco laboral, financiamiento y logística”. También lo hizo Olmos: “El equilibrio fiscal es fundamental. Tenemos ejemplos muy virtuosos como el de Néstor y tenemos que ponerlos arriba de la mesa”.

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En ese sector creen en que cada uno debe dar su aporte y después revalidarlo, en una interna o en una PASO, frente al voto de la gente. En definitiva, advierten que todas las diferencias deben servir para darle forma a un plan económico integrado. Pero que si no es posible, entonces serán los votos de la gente los que validen el programa político y económico que cada espacio y candidato represente el año que viene.

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El embajador de Brasil se reunió con el canciller y con Lula, pero no se define su regreso a la Argentina

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El embajador de Brasil en la Argentina, Julio Bitelli, prepara su regreso a Buenos Aires, aunque no en lo inmediato. Esa fue la conclusión de la segunda ronda de encuentros que Bitelli mantuvo en la capital brasileña este miércoles: con el canciller brasileño, Mauro Vieira, en el Palacio Itamaraty y, después, una ampliada en el Planalto, donde volvió a verse cara a cara con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

“Fueron buenas reuniones, pero el tema todavía está en evolución”, dijo a una fuente calificada del gobierno brasileño que acompañó las reuniones. La misma fuente aseguró que Bitelli volverá a la Argentina, “pero todavía no se definió cuándo”.

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El primer encuentro, entre Bitelli y Vieira, comenzó a las 17.15 en la cancillería brasileña. Entre esa reunión y el posterior paso por el Planalto, la jornada de consultas se extendió por casi tres horas, muy por encima de la hora y media prevista originalmente en la agenda del canciller, que tenía otro compromiso a continuación.

El ministro Mauro Vieira se reunió a última hora de esta tarde con el embajador de Brasil en Argentina, Julio Bitelli —acompañado por la secretaria para América Latina y el Caribe, Gisela Padovan; el jefe de Gabinete, Ricardo Monteiro; y el director del Departamento de América del Sur, João Marcelo Galvão de Queiroz— para dar seguimiento al estado de las relaciones bilaterales.instagram

Fuentes oficiales de Itamaraty describieron la cita con Vieira como una reunión de “análisis de coyuntura”, destinada a definir los próximos pasos. “Fue una reunión de consultas, como se esperaba. No para tomar decisiones”, señaló la misma fuente calificada de la Cancillería brasileña. Y fue tajante: “Siguen las consultas y evaluaciones. La vuelta va a depender de los análisis y el desarrollo de la situación”.

La crisis se abrió el sábado, cuando el presidente Javier Milei, en un acto en San Pablo junto a Flávio Bolsonaro, calificó a Lula de “ladrón” y “presidiario” y llamó “basura calva” al juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes. Brasil respondió llamando a consultas a Bitelli, que llegó a Brasilia el lunes, y convocando el domingo al embajador argentino, Daniel Raimondi, para transmitirle su “repudio”.

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Este miércoles, horas antes de la segunda jornada de reuniones de Bitelli con Vieira, el canciller argentino Pablo Quirno había bajado el tono, al descartar una ruptura de relaciones: “No hay ninguna chance de que desde nuestro lado se rompa la relación. Nosotros no lo llevamos al plano institucional”, dijo a Radio Mitre.

El presidente Lula y el canciller Mauro VieiraAnadolu – Anadolu

En Itamaraty tomaron nota. “Fue recibido positivamente”, explicó otra fuente de la cancillería brasileña. Pero aclaró que ese gesto no alcanza, por ahora, para dar la crisis por archivada ni para definir un regreso inmediato del embajador en Buenos Aires.

El embajador Bitelli y el canciller Vieira habían tenido una primera reunión preliminar el lunes, de unos 40 minutos, para comenzar a analizar la relación bilateral entre la Argentina y Brasil y los coletazos abiertos por las agresiones de Milei. El embajador en Buenos Aires también había conversado rápidamente con Lula en Itamaraty, mientras el mandatario brasileño esperaba al presidente surcoreano, Lee Jae-myung, en una recepción oficial.

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Con este segundo round de reuniones, la crisis diplomática entra en una fase de descompresión, tanto para la Argentina como para Brasil, pero sin un cierre formal. El Planalto todavía no definió una fecha para el regreso de su embajador, atento a los próximos movimientos de Buenos Aires para poder dar por cerrada esa historia.




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Juan Germano, analista político: “El Gobierno no busca ampliarse, apuesta a consolidar su núcleo duro”

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La mayoría de las consultoras privadas detectó en las últimas semanas una caída en los niveles de aprobación del gobierno de Javier Milei. Aunque los porcentajes varían entre los distintos relevamientos, 7 de 9 encuestadoras registraron un descenso respecto de sus mediciones anteriores, una tendencia que también reflejaron distintos índices de confianza. Sin embargo, para el director de Isonomía Consultores, Juan Germano, el dato más significativo no es esa baja, sino la capacidad que mantiene el Presidente para conservar un núcleo de apoyo prácticamente inalterable después de más de dos años y medio de gestión.

Ese fue el eje de la entrevista que Germano mantuvo con Infobae al Regreso, el programa conducido por Gonzalo Aziz. Allí sostuvo que el oficialismo exhibe una dinámica poco habitual en la política argentina: “Este gobierno tiene cierta particularidad. Cuando le va bien no crece tanto en opinión pública como uno esperaría. Cuando le va no tan bien, tampoco cae tanto en opinión pública como uno esperaría”. Para el consultor, esa estabilidad constituye uno de los rasgos distintivos de la administración libertaria y rompe con el comportamiento que históricamente mostraron otros gobiernos.

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En esa línea, explicó que Milei nunca atravesó el tradicional período de “luna de miel” que suele acompañar el inicio de una gestión presidencial. “Llegó con un nivel de aprobación bajo, no tuvo ese momento que supieron tener casi todos los gobiernos y, desde ese piso, no se mueve demasiado”, afirmó.

A su entender, esto también responde a una decisión política: “Es un gobierno que no busca per se ampliarse, no busca ir a buscar sectores o potenciales votantes por fuera de su núcleo duro”, describió, al tiempo que ubicó al Presidente dentro de una nueva generación de liderazgos mucho más orientados a consolidar su base electoral que a construir consensos amplios. “El perfil Trudeau, Obama o Merkel de hace algunas décadas es completamente distinto al perfil de los líderes actuales. Milei se enmarca en este tipo de liderazgo”, resumió.

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El análisis derivó luego hacia el principal factor que continúa condicionando la evaluación del Gobierno: la economía. Para Germano, la llegada de Milei a la Casa Rosada estuvo marcada por una demanda social muy concreta. “El gobierno llega en 2023 con un grito de la ciudadanía donde el título era economía y el subtítulo, casi tan grande como el título, era inflación. Era un monomandato evidente”, recordó. Aunque esa preocupación persiste, consideró que hoy el escenario es más complejo y aparecen nuevas variables que comienzan a influir sobre el humor social.

Los subtítulos de esa economía como preocupación ya no son tan obvios como hace tres años. Hoy aparece el poder de compra, el temor a perder el empleo y la inflación sigue presente, aunque ya no con la magnitud que tenía antes”, explicó. En ese contexto, advirtió que buena parte de la sociedad siente que hizo un esfuerzo importante para acompañar el proceso de ajuste impulsado por el Gobierno. “El ajuste pasó por el cuerpo. Los servicios públicos se pagaban X y ahora se pagan considerablemente más. El transporte público también vale más. Ese esfuerzo que hicieron muchos argentinos es muy grande y ahí está parte de la llave de lo que viene”, señaló.

Juan Germano afirmó que la oposición a Milei enfrenta un problema de identidad política y que un proyecto de centro tiene dificultades para crecer en la polarización actual (REUTERS/Angela Ponce)

Dentro de ese universo de votantes identificó además a un segmento al que definió como “siperista”: ciudadanos que respaldan el rumbo económico, pero mantienen cuestionamientos sobre determinadas decisiones políticas o comunicacionales del oficialismo. Según explicó, se trata de un electorado que “entiende o aprueba el rumbo general y considera que había que hacer muchas de las cosas que este gobierno está haciendo”, aunque los reparos aparecen “por algunas de las batallas que elige dar el Gobierno”, más que por el programa económico en sí.

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Consultado sobre las dificultades que enfrenta la oposición para traducir el desgaste del oficialismo en una alternativa competitiva, Germano sostuvo que todavía existe un problema de identidad política más que de volumen electoral. “Hay un montón de argentinos que no quieren a Milei y están convencidos de eso. Ahora bien, todavía la parte programática no está para nada clara”, afirmó. En su diagnóstico, la política atraviesa un momento en el que predomina el rechazo antes que la pertenencia.

Hoy es mucho más la gente que dice ‘yo nunca sería mileísta’, ‘yo nunca sería kirchnerista’, ‘yo nunca sería del PRO’ o ‘yo nunca sería radical’, que quienes se identifican positivamente con alguno de esos espacios”, sostuvo. Para Germano, esa lógica de identificación negativa acerca a la Argentina a procesos que ya se observan en otras democracias occidentales, como Estados Unidos, donde el rechazo al adversario pesa cada vez más que la adhesión al propio espacio político.

Isonomía identificó un segmento de votantes que respalda el rumbo económico del Gobierno, aunque cuestiona decisiones políticas y comunicacionales del oficialismo (Infobae en Vivo)

Durante la entrevista también fue consultado por el comportamiento del voto joven, uno de los pilares de la victoria libertaria en 2023. A diferencia de algunas interpretaciones que hablan de un desgaste entre los menores de 30 años, aseguró que Isonomía no registra cambios significativos. “No estamos viendo eso nosotros con la juventud. El voto de Milei fue transversal y sigue siendo una piedra en el zapato tanto para el PRO como para el kirchnerismo”, sostuvo.

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Al mismo tiempo, destacó un fenómeno que considera inédito en las dos décadas de trabajo de la consultora: la aparición del género como un factor de diferenciación política. “El Gobierno sigue teniendo una mayoría más masculina que femenina. En los 20 años de Isonomía, es la primera vez que recuerdo que el género sea un factor político”, explicó.

Sobre el final de la conversación, Germano también se refirió a la posibilidad de que surja una alternativa de centro capaz de romper la actual polarización. Su respuesta fue escéptica. A su juicio, las experiencias exitosas de terceros espacios no crecieron ocupando el centro ideológico, sino logrando reunir a distintos sectores para confrontar con los polos dominantes. Por eso consideró que, en el escenario actual, “el famoso ir por el medio cuesta mucho, electoralmente y hasta estratégicamente”, y concluyó que resulta difícil imaginar un proyecto competitivo que se construya únicamente desde la moderación.

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Una ofensiva alineada con la “doctrina Donroe”

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Las elecciones presidenciales brasileñas, que se celebrarán el próximo 4 de octubre, han adquirido un significado global. Fuera de ese marco es imposible comprender la agresiva incursión de Javier Milei en la competencia entre Lula da Silva y Flavio Bolsonaro. Milei sigue una línea trazada por Donald Trump en los Estados Unidos. Ese alineamiento se verifica en los insultos a Lula da Silva. Pero mucho más en la agresión contra el juez Alexandre de Moraes. El ministro del Superior Tribunal Federal no es un magistrado intrascendente: entre el 18 de julio y el 12 de diciembre de 2025, Moraes tuvo suspendida su visa para ingresar a los Estados Unidos. Fue una decisión del Departamento de Estado, adoptada para sancionar varios pronunciamientos del juez por la actividad política que tenían en Brasil redes sociales radicadas en los Estados Unidos. Entre ellas, X, de Elon Musk y Truth Social, del propio Trump.

Las sanciones contra el juez Moraes se dictaron al mismo tiempo que Trump elevaba los aranceles a las importaciones brasileñas del 10 al 50%. Fue una represalia explícita por las sanciones que la Corte de Brasil impuso al expresidente Jair Bolsonaro por haber participado en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023. Negociaciones diplomáticas consiguieron flexibilizar ese “castigo” comercial de Trump, que en el terreno electoral hizo subir la popularidad de Lula. La clásica torpeza del magnate inmobiliario. A pesar de ese efecto contraproducente, anteayer la Casa Blanca renovó las sanciones, cuya vigencia vencía hoy. Los argumentos para esa prórroga son llamativos: la persecución judicial a Bolsonaro y su familia, la violación de derechos humanos y las restricciones a la libertad de expresión de ciudadanos norteamericanos, que ponen en emergencia los intereses de los Estados Unidos en Brasil.

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Al mantener las sanciones comerciales a Brasil, como si Lula liderara una dictadura de tipo cubano, nicaragüense o aun venezolano, Trump consolida una política: la de intervenir en los procesos electorales de países de la región con auxilios o sanciones destinados a producir un resultado favorable a la estrategia exterior de su gobierno. En esta línea estuvo la ayuda de 20.000 millones de dólares que recibió Milei el año pasado, cuando peligraba el resultado de los comicios legislativos, sobre todo después de la derrota bonaerense. En aquella oportunidad, cuando el presidente de los Estados Unidos anunció el salvataje, aclaró que sólo se haría efectivo si las elecciones las ganaba su amigo Milei. Como en el caso de las restricciones comerciales a Brasil, Trump desea que quede claro que son operaciones económicas con un propósito de intervención electoral.

Estos antecedentes permiten imaginar escenarios similares para las elecciones presidenciales argentinas del año próximo, cuando Milei ponga en juego su continuidad en la Casa Rosada. Esa vocación intervencionista otorga una relevancia singular para la región a los comicios que se celebrarán en noviembre en los Estados Unidos. Es posible que un Trump debilitado en el Congreso de su país pierda capacidad para inmiscuirse en la rutina electoral de las democracias latinoamericanas.

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La raíz del problema que está en juego aparece con claridad en un par de mapas. Uno fue publicado por el sitio El Orden Mundial. Es un planisferio pintado de azul y colorado. Azules son los países que comercian más con los Estados Unidos. Colorados los que comercian más con China. El mapa es casi todo colorado. Si se revisa la misma cartografía, pero del año 2000, tal como aparece en la web de Vonoroi, se verá que era casi toda azul. El impresionante avance chino es el motivo principal de la reacción norteamericana, sobre todo bajo el poder de Trump: un conflicto abierto con Pekin y un regreso a la doctrina de las “zonas de influencia” en la que cada potencia se enseñorea de una parte del mundo. Washington se ha fijado el objetivo de volver a ejercer un predominio sobre América. Desde el punto de vista de los intercambios de bienes y servicios, América del Norte reconoce la hegemonía estadounidense, gracias al T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá). Aun cuando México y Canadá son gobernados por Claudia Sheinbaum y Mark Carney, dirigentes con un signo político contrario al de Trump. En cambio, América del Sur fue “conquistada” por China. Allí es clave Brasil, que concentra alrededor del 50% del PBI de la región.

Además de ser un aliado comercial de China, Brasil es el principal destino de las inversiones que ese país distribuye por el mundo: en 2025 representaron 6.100 millones de dólares. Los sectores en los que se vuelcan esos fondos son estratégicos, lo que explica mejor la inquietud de los Estados Unidos. Se trata de energías renovables, minería, automóviles eléctricos, puertos y logística, telecomunicaciones y centros de datos. Quiere decir que Brasil es mucho más que un socio comercial de China, como lo podrían ser Chile o la Argentina.

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La evidencia más elocuente de que la batalla electoral brasileña tiene una magnitud mundial es que Xi Jinping intervino en la polémica con Milei con una declaración a favor de Lula. Xi aprovechó el ataque de Milei para decir que Brasil tiene derecho a resistir intervenciones externas en su política doméstica. No hablaba de Milei. Hablaba de Trump. Hubo un episodio que encendió todas las alarmas de Pekín en relación con América latina. Fue la presión de los Estados Unidos para que la empresa CK Hutchinson, radicada en Hong Kong, vendiera su operación en los puertos Balboa y Cristóbal del canal de Panamá al grupo Blackrock. China presiona con éxito para que la operación no se realice. La disputa sigue abierta. Trump declaró hace 20 días que “los Estados Unidos recuperarán el control del Canal”. Esta disputa podría ser vista como la primera aplicación fáctica de la “Doctrina Donroe”, “América para los americanos”, la consigna de James Monroe reinterpretada por Donald Trump.

La intervención de Milei en la campaña brasileña es parte de la estrategia general de Trump. No sólo en los ataques a Lula al que, sin nombrarlo, denominó “ladrón”, “presidiario”, “basura socialista” y “zurdo de mierda”. Llamó más la atención el insulto al juez Moraes. Este magistrado ha sido un protagonista central del conflicto con Trump. Por la situación penal de Bolsonaro, que está a cargo de él dentro del Superior Tribunal Federal. Pero también porque Moraes tomó decisiones severísimas sobre redes sociales a las que había acusado de difundir información falsa o inducir a conductas que terminaron en el intento de golpe de Estado de enero de 2023. El juez ordenó el cierre de cuentas de X, la red social de Elon Musk, a la que impuso sanciones pecuniarias. Para que esas sanciones se cumplieran, embargó activos de Starlink, otra empresa de Musk. Algo similar ocurrió con Rumble, red de origen estadounidense que decidió acusar a Moraes en los tribunales norteamericanos. A esa querella contra el juez se sumó Trump Media & Technology Group, la compañía de Trump que controla la red Truth Social.

Los conflictos con estas compañías se trasladaron al terreno diplomático. En julio de 2025 el secretario de Estado Marco Rubio anunció que a Moraes y a sus familiares más cercanos se les había suspendido la visa de ingreso a los Estados Unidos. A los pocos días la Secretaría del Tesoro comunicó que el juez brasileño había sido sancionado bajo la Ley Global Magnitsky por violaciones a los derechos humanos y por haber cancelado cuentas de redes sociales pertenecientes a ciudadanos estadounidenses. Estas condenas a Moraes fueron levantadas en el marco de las negociaciones que permitieron aquel retroceso de Trump en la aplicación de aranceles especiales a los productos brasileños. A la luz de estos antecedentes se puede calibrar mejor la agresión de Milei conta Moraes, que fue un ataque quirúrgico, alineado con una estrategia general de Trump frente a Brasil en plena campaña electoral.

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La incursión de Milei en la competencia brasileña es parte de un movimiento más amplio, estimulado por Santiago Caputo, el “Mago del Kremlin”. Consiste en asignar al Presidente un rol central en el armado de una liga latinoamericana de asociación con Trump. Una tarea con la que están colaborando los electorados de la región consagrando a candidatos de derecha y extrema derecha. La expresión más reciente de ese propósito acaba de ocurrir: es la participación con altísimo perfil del Presidente en la asunción de Keiko Fujimori.

Las relaciones de La Libertad Avanza con la nueva presidenta de Perú tienen varios pliegues. Un estratega crucial de la campaña de Fujimori fue el argentino Federico Falco. A Falco se sumó después el talentoso Esteban “Cuco” Apellaniz. Ambos prestaron servicios profesionales ajenos al gobierno argentino. Sin embargo, después del triunfo de Fujimori se produjo una conexión. Falco es un duranbarbista que integró en su momento, igual que el “Mago”, la consultora Move. Ahora esa trama permite que la Casa Rosada aproxime a peruanos, como sucedió hace pocos días con el vicepresidente Luis Galarreta.

Los libertarios argentinos celebran el ascenso de Fujimori con la consigna TMAP. Es una apropiación indebida. ¿Ignoran cómo fue la competencia en Perú? Allí ganó la versión más moderada de la derecha, superando al radicalizado Rafael López Aliaga, a quien llaman “el Bolsonaro de Perú”. Por eso se vio tan contento a Alberto Núñez Feijóo en la fiesta de Fujimori. Es la primera vez en años que en América latina se impone un aliado del PP, que él lidera en España. Para traducirlo al argentino: en Perú triunfó Mauricio Macri, no Milei.

Vale la pena aclarar dos detalles: no es que, con Falco y Apellaniz, Milei haya enviado asesores suyos a Fujimori. Así como tampoco la presencia de Fátima Florez en Lima tuvo que ver con la de su exnovio Milei. La nueva presidenta de Perú es una vieja admiradora de la actriz, a la que invitó con independencia de cualquier vínculo político. Minucias.

El ímpetu con que Milei lleva adelante estas operaciones externas hizo que el gobierno brasileño reaccionara ante los insultos llamando en consulta a su embajador, Julio Bitelli. Sin embargo, en Brasilia están lejos de considerar una ruptura de relaciones, lo que obligaría a dar otro paso: que Bitelli no regrese. En auxilio de esa estrategia pacifista salió ayer el canciller argentino Pablo Quirno, fijando dos posiciones. La primera: el conflicto de Milei con Lula pertenece al campo ideológico y político. “Nosotros no lo llevamos al terreno institucional”, dijo. Y agregó: “Esperamos que el embajador Bitelli regrese”.

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Sin embargo, Quirno admitió con total sinceridad lo que resulta evidente aunque, para la ortodoxia diplomática, incorrecto: “Nosotros queremos que las elecciones de Brasil tengan un resultado y ellos quieren otro”. Quirno está obligado a hacer malabares para mantener las relaciones exteriores dentro de los límites de la diplomacia sin por eso contrariar los impulsos de su jefe. Aunque es probable que sus amigables afirmaciones obedezcan a otro factor: el impacto negativo que tuvieron los exabruptos de Milei en la opinión pública argentina.

Pocas veces un funcionario admitió con tanta franqueza como Quirno lo que sucede cada vez más a menudo: que la política exterior está dominada por un espíritu faccioso que no se priva de intervenir en los asuntos internos de otro Estado. Cuando Lula recorría el conurbano acompañando a Daniel Scioli, cuando recibió en su despacho a Sergio Massa pocos días antes del ballotage, o cuando le dijo a Joe Biden que si ganaba Milei peligraba la democracia en la Argentina, hacía lo que Quirno le atribuye, sin complejo alguno, al oficialismo argentino: intentar intervenir en el resultado de las elecciones de otro país. De nuevo, son antecedentes que tal vez estén sembrando el camino que conduce a los comicios presidenciales en los que Milei buscará la reelección. ¿Volverá a irrumpir Trump en el escenario?

Otras aclaraciones en un terreno minado por las ambigüedades. Que Cristina Kirchner haya contratado para denunciar una persecución judicial ante la ONU a Rafael Valim, expatrocinante y amigo de Lula, no obliga a pensar que el presidente brasileño haya estado involucrado en la gestión. Que Quirno haya levantado una bandera blanca, diciendo que el Gobierno espera el regreso del embajador Bitelli, tampoco significa que haya habido en Lima un contacto con autoridades de Brasil. A pesar de que el canciller Mauro Vieira viajó a la toma de posesión del mando de Fujimori en representación de Lula. No hay indicio alguno de que Quirno y Vieira se hayan reunido en las últimas horas. Aunque resulte raro que no lo hayan hecho. Vieira sí se había encontrado, en Brasilia, con el embajador argentino Guillermo Raimondi.

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Quirno tal vez esté dentro de poco en otra encrucijada en relación con los Estados Unidos. Hoy declarará el primer testigo ante el Gran Jurado que se constituyó en La Florida para investigar movimientos sospechosos con cientos de millones de dólares derivados de contratos de la AFA con la empresa TourProdEnter LLC, de Javier Faroni y Érica Gillette. Ese testigo sería Leandro Petersen, responsable del marketing de la AFA durante años, a las órdenes de Pablo Toviggino.

Si a partir de muchos testimonios como el de Petersen, además de las pruebas documentales, se determina que hay motivo para imputar a Claudio “Chiqui” Tapia, Toviggino y sus secuaces, la Cancillería puede recibir un pedido de extradición que deberá responder Quirno.

El tratado de extradición con los Estados Unidos establece que si alguien está imputado en los dos países por el mismo delito, puede elegir en cuál jurisdicción quiere ser juzgado. Por eso para los sospechosos de AFA se volvería imprescindible que un juez amigable abra una causa local con el mismo objeto procesal que se definió en la corte de La Florida.

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Ante esta encrucijada es crucial el auxilio que puedan prestar los camaristas de Casación Mariano Borinsky y Diego Barroetaveña, flamante expresidente del Tribunal de Ética (sic) de la AFA. Ambos tienen que decidir, el próximo 12 de agosto, si la causa principal que se sigue contra Tapia y Toviggino se mantiene en el fuero Penal-Económico o se remite al juzgado federal de Campana, de Adrián González Charvay, que es donde quieren ser investigados los sospechosos.

También se vuelve vital la ayuda del ministro de Justicia y ex funcionario de AFA Juan Bautista Mahiques. Él está en condiciones de cubrir con magistrados complacientes algunas vacantes en tribunales por los que pasarían los expedientes. Una de esas sedes es la Sala C de la Cámara Comercial del fuero nacional, que debe resolver la apelación de Guillermo Tofoni por un embargo multimillonario contra Tapia. Allí se desempeña como subrogante Matilde Ballerini, que necesita que Mahiques logre que el Senado le otorgue un nuevo acuerdo antes del 6 de septiembre, cuando cumple 75 años. Si no se alcanza ese objetivo, el ministro debería tener lista la designación de Valeria Pérez Casado: con un curriculum que no deslumbra, logró quedar quinta en la terna del concurso 478. En Tribunales aseguran que fue gracias a que el Consejo castigó a una competidora con muchos más antecedentes, a través de la clásica discrecionalidad de las entrevistas. Fue una de esas entrevistas, de 13 minutos, la que permitió que Jorge Djivaris ingresara a la terna respectiva después de ocupar el puesto 12 del concurso. Djivaris, cercanísimo a Pro, fue, como Mahiques, funcionario del área de Justicia del gobierno porteño. Sería el subrogante en la vacante que pudiera presentarse en la Sala C, donde se decide parte del futuro patrimonial de Tapia.

La asombrosa capacidad de Mahiques como manipulador judicial terminará, es lo más probable, rindiendo homenaje al Moreno del Martín Fierro en nombre de Tapia y Toviggino: “La ley es como el cuchillo, no ofende al que lo maneja”.

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