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SOCIEDAD

“Quebrantó su deber de protección”: condenaron a un policía por abuso sexual y grooming en Salta

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La Justicia de Salta condenó a siete años de prisión efectiva a un policía de 32 años declarado penalmente responsable de abuso sexual con acceso carnal, abuso sexual simple y grooming contra dos menores de edad, en concurso real. La jueza María Victoria Montoya Quiroga también lo inhabilitó para ejercer cargos públicos por el doble del tiempo de la condena, es decir, 14 años.

El condenado es Alberto Gabriel Guaymás, un efectivo de la fuerza policial salteña cuyas víctimas tenían 5 y 12 años al momento de los hechos. La fiscal penal de la Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual, Celina Morales Torino, sostuvo la acusación ante el tribunal y subrayó que el imputado “lejos de honrar su función, quebrantó el deber de protección que le competía a quien portaba un uniforme para proteger a la sociedad”.

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Según consta en la causa, la nena de 5 años era hija de una amiga del acusado. Los hechos ocurrieron una tarde en que la pequeña acompañó a su madre de visita a la casa de Guaymás. Mientras los adultos conversaban en el comedor, la niña miraba televisión en otra habitación. Fue allí donde, de acuerdo con el relato que la menor reprodujo en Cámara Gesell —con las posibilidades simbólicas propias de su edad—, el policía entró al cuarto, se bajó el pantalón y le introdujo su miembro en la boca. También contó que le tocó sus partes íntimas.

La acusación advirtió que, al no haber testigos directos, el análisis del relato de la víctima fue el eje central de la prueba. Ese testimonio se mantuvo consistente a lo largo del tiempo y fue respaldado por declaraciones de docentes, profesionales de salud mental y referentes de una fundación a la que asistía la niña. Las pericias psicológicas incorporadas al debate dieron cuenta de que lo vivido afectó el desarrollo emocional de la menor: los peritos registraron problemas de aprendizaje, episodios de angustia, temor a quedarse sola y una baja marcada en su rendimiento escolar.

El segundo caso involucra a una adolescente de 12 años. Según la imputación acreditada en el juicio, Guaymás obtuvo el número de celular de la menor a partir de una intervención policial realizada en el marco de un llamado al 911. Con esos datos en su poder, inició comunicaciones privadas con la chica, le envió mensajes de tono personal para ganarse su confianza, le hizo preguntas de contenido sexual, le pidió fotografías e intentó coordinar un encuentro. La madre de la adolescente declaró en el juicio y relató que, al descubrir los mensajes, su hija comenzó a sentir miedo y desconfianza hacia la autoridad policial. La familia, además, modificó hábitos y rutinas cotidianas por la sensación de inseguridad que generó la situación.

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La fiscal Morales Torino marcó ante el tribunal que la condición de uniformado del acusado no fue un dato menor: Guaymás “aprovechó la asimetría de poder, la vulnerabilidad de las víctimas y, fundamentalmente, la confianza depositada por sus familias”. Los delitos fueron encuadrados en los artículos 119 y 131 del Código Penal, que contemplan el abuso sexual y el grooming, respectivamente.

El monto de la pena fue comunicado durante la audiencia de cesura, instancia posterior a la declaración de culpabilidad que la jueza Montoya Quiroga había establecido en una primera resolución.

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SOCIEDAD

Golpe milmillonario a Binance: así han perpetrado los hackers norcoreanos el mayor robo cibernético de la historia

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Lo han vuelto a hacer. El grupo Lazarus, que en realidad es una amalgama de varios equipos de hackers de élite patrocinados extraoficialmente por Corea del Norte, ha perpetrado el mayor robo cibernético de la historia, superando al anterior, que también era suyo. Binance, la mayor plataforma del mundo de intercambio de criptomonedas, denunció este jueves el robo de divisas digitales por valor de 6.300 millones de dólares (unos 5.600 millones de euros). La sospecha apuntó desde un primer momento a Lazarus, que en los últimos años se han convertido en el azote de las criptomonedas. Su modus operandi ha sido similar al de otras ocasiones: han comprometido el equipo de un empleado clave para entrar en los sistemas y robar a placer.

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SOCIEDAD

Nintendo Switch Sports Resort y EA Sports FC 27 lideran los tops ventas del momento en las eShop de Nintendo Switch 2 y Nintendo Switch (31/10/26) – Nintenderos

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Una semana más, os traemos la lista con los juegos que más se han descargado en la eShop de Nintendo Switch y ahora también en la eShop de Nintendo Switch 2. Recordad que Nintendo actualizó recientemente la forma en la que se elaboraba este top, dando más importancia a los juegos que generaban más ingresos en los últimos días.

Os dejamos la lista abajo, indicando los descuentos disponibles también:

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Nintendo Switch 2

  1. Nintendo Switch Sports Resort — 49,99 €
  2. Minecraft — Desde 29,99 €
  3. Call of Duty: Modern Warfare 4 — Desde 79,99 €
  4. Cyberpunk 2077: Ultimate Edition — 69,99 € 27,99 €
  5. Red Dead Redemption: Nintendo Switch 2 Edition — Desde 0,00 €
  6. Pokémon Pokopia — 69,99 €
  7. Tomb Raider: Definitive Survivor Trilogy — 69,99 € 62,99 €
  8. Orbitals — Desde 0,00 €
  9. Nintendo GameCube – Nintendo Classics — 0,00 €
  10. eFootball Kick-Off! — 19,99 €
  11. FINAL FANTASY RESONANCE — Desde 59,99 €
  12. Diablo IV: Age of Hatred Collection — 69,99 € 62,99 €
  13. Street Fighter 6 — Desde 39,99 €
  14. Mario Kart World — 79,99 €
  15. Hogwarts Legacy — Desde 59,99 € 23,99 €
  16. Fire Emblem: Fortune’s Weave — Desde 69,99 €
  17. Resident Evil 7 biohazard Gold Edition — 39,99 € 19,99 €
  18. ONE PIECE: Grand Gourmet — 19,99 €
  19. Tomb Raider: Definitive Edition — 18,19 € 11,82 €
  20. Super Mario Bros. Wonder – Nintendo Switch 2 Edition + Encuentro en el Parque Belabel — Desde 19,99 €
  21. EA SPORTS FC 27 — Desde 69,99 €
  22. Tomb Raider I-III Remastered — 29,99 € 5,99 €
  23. The Legend of Zelda: Breath of the Wild – Nintendo Switch 2 Edition — Desde 9,99 €
  24. Animal Crossing: New Horizons – Nintendo Switch 2 Edition — Desde 4,99 €

Nintendo Switch

  1. EA SPORTS FC 27 — 89,99 €
  2. Tomodachi Life: Living the Dream — 59,99 €
  3. Hogwarts Legacy — 59,99 € 5,99 €
  4. Grand Theft Auto: The Trilogy – The Definitive Edition — 59,99 € 19,79 €
  5. Cult of the Lamb — 24,99 € 9,99 €
  6. Pokémon Edición Rojo Fuego — 19,99 €
  7. Mario Kart 8 Deluxe — 59,99 €
  8. Nintendo Switch Sports — 39,99 €
  9. Animal Crossing: New Horizons — 59,99 €
  10. FINAL FANTASY RESONANCE — 69,99 €
  11. Persona 5 Royal — 59,99 € 17,99 €
  12. Super Mario Party Jamboree — 59,99 €
  13. Castlevania: Belmont’s Curse — 29,99 €
  14. Crash Bandicoot N. Sane Trilogy — 39,99 € 15,99 €
  15. Minecraft — 29,99 €
  16. Pokémon Legends: Z-A — 59,99 €
  17. New Super Mario Bros. U Deluxe — 59,99 €
  18. Red Dead Redemption — 49,99 € 24,99 €
  19. Tomb Raider I-VI Remastered — 56,99 € 11,39 €
  20. Super Mario Odyssey — 59,99 €
  21. Super Smash Bros. Ultimate — 69,99 €
  22. Death’s Door — 19,99 € 3,99 €
  23. Super Mario Bros. Wonder — 59,99 €
  24. Spyro Reignited Trilogy — 39,99 € 13,99 €
  25. Pokémon Legends: Arceus — 59,99 €
  26. Stardew Valley — 13,99 €
  27. Street Fighter 30th Anniversary Collection — 29,99 €
  28. Pokémon Edición Verde Hoja — 19,99 €
  29. Super Mario 3D World + Bowser’s Fury — 59,99 €
  30. Ori and the Will of the Wisps — 29,99 € 7,49 €

¿Qué os parecen los más descargados en la eShop? Os leemos en los comentarios.

Fuente Switch 1. Fuente Switch 2.

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Creció rodeado de violencia, hoy se para en escenarios y ayuda a otros adolescentes a salir adelante

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A los 19 años, Santiago Vizgarra se para frente a decenas de adolescentes y les propone algo que durante buena parte de su vida le resultó difícil: hablar de lo que les pasa. Cuesta imaginarlo en este rol cuando se conoce el chico que fue: creció acostumbrado a callar, incluso cuando necesitaba que alguien lo escuchara. Entre aquel silencio y el escenario en que hoy se para hay una historia que todavía le cuesta contar sin emocionarse.

“A mí me tocó pasar por bastante maltrato, no solo verbal, sino físico”, dice. Mientras conversa con LA NACION, mira hacia el verde cuando necesita detenerse en algún recuerdo.

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Dos sillas de plástico están enfrentadas frente al parque de la Casa de Ejercicios Espirituales Monseñor Aguirre, en Victoria, San Fernando. Cerca se escuchan las risas de los adolescentes que participan de ConTribuIr, un programa intercolegial de tres días que busca responder a problemáticas como la soledad y la crisis de salud mental. La experiencia, que invita a los chicos a dejar sus celulares y conectar con distintas actividades grupales e individuales, convoca a adolescentes de distintos entornos socioeconómicos. Santi, como lo llaman sus amigos, llegó por primera vez a los 17 años como participante; ahora conduce muchas de las actividades de esta iniciativa.

Su historia comienza en Cabín 9, en Pérez, una de las zonas de los alrededores de Rosario más afectadas por problemáticas vinculadas con la inseguridad, la violencia y el narcotráfico. Es el mayor de cinco hermanos. Su padre biológico se alejó cuando tenía dos años y durante parte de su infancia vivió con su madre, que trabajaba como empleada de limpieza, sus hermanos menores y quien entonces era su padrastro, padre de los otros menores, en una casa de campo. Según relata, en ocasiones, cuando su madre salía por las noches para terminar sus estudios secundarios, este hombre lo mandaba afuera de la vivienda. El aire fresco y el verde del campo se convirtieron en su refugio.

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En la primaria sufrió hostigamiento por parte de otros alumnos, le costaba establecer amistades y casi nadie conocía su situación familiar. Cuando tenía entre ocho y nueve años, su madre se separó de su pareja y se mudaron cerca de unos tíos. Su madre debía sostener sola a cinco hijos y Santiago comenzó a sentirse una carga. Decidió instalarse con sus tíos Romina y David, cuya casa quedaba enfrente. Durante dos o tres años, pese a la cercanía, se distanció del resto de su familia.

El comienzo de la secundaria, atravesado por la pandemia, volvió a reunirlo con algunos compañeros que lo habían hostigado en la primaria. Para evitar que se repitieran aquellas experiencias, encontró una estrategia: convertirse en el gracioso del grupo. “Pensé: ‘Si yo soy así, me van a querer. Si yo soy el que jode, el que cuenta chistes, el que hace reír a todos, no voy a estar solo’”, recuerda. En la escuela estaba rodeado de compañeros; en casa volvía a sentirse solo.

A los 16 años acumuló inasistencias, quedó libre y no consiguió aprobar todas las materias necesarias para continuar de año. Mientras consideraba asistir a una escuela nocturna, surgió una vacante en el Colegio Tesla, ubicado en las afueras del barrio y construido sobre un exbasural. Allí conoció a Florencia, la directora, quien le planteó que podía expresarse sin necesidad de aparentar. Por entonces, su madre le había pedido que regresara a vivir con ella.

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Santiago participó de cinco ediciones de ConTribuIr, primero como estudiante y después como facilitador de las actividades

Al año siguiente, una invitación de la escuela lo llevó a ConTribuIr junto con otros nueve estudiantes y Franco, uno de sus profesores. Santiago tenía 17 años y llegó con prejuicios sobre los alumnos de escuelas con mayores recursos económicos. “Estábamos ahí en grupitos, no nos separábamos”, recuerda.

La distancia comenzó a reducirse cuando los organizadores mezclaron a los participantes. Santiago escuchó a adolescentes de otros entornos hablar de conflictos familiares, inseguridades y soledad. Algunos de aquellos chicos que suponía ajenos a sus dificultades atravesaban situaciones que le resultaban familiares. En el segundo encuentro compartió mates, partidas de truco y conversaciones con otros estudiantes y empezó a colaborar en las actividades. El cambio no consistía en haber dejado atrás su propia historia, sino en descubrir que podía escuchar la de otros.

De regreso en Rosario, Florencia le propuso participar de una jornada de charlas abiertas a la comunidad educativa y al barrio. Santiago pensó en hablar de una película de Rocky hasta que la directora lo animó a revisar su propia historia. Una semana antes escribió sobre su infancia, su padre ausente y su futuro. La charla se llamó “Yo elijo”. Frente a sus compañeros y vecinos, puso en palabras experiencias que hasta entonces había mantenido en silencio. Ya no hablaba para conseguir que se rieran: había encontrado algo propio que decir.

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ConTribuIr es un programa intercolegial de tres días que busca responder a problemáticas como la soledad y la crisis de salud mental

A comienzos de 2026 participó de un encuentro educativo de Ánkyra y luego de Renacer, una experiencia intergeneracional de esta misma iniciativa. Allí retomó con sus amigos una idea que había surgido después de su primer retiro: generar en Rosario un espacio donde otros adolescentes pudieran encontrarse y hablar sin sentirse juzgados. Así nació Reconectar, una iniciativa organizada por estudiantes del Colegio Tesla para sus propios compañeros.

La primera edición se realizó en abril, con alumnos de cuarto año. Comenzaron con ejercicios de respiración y después les propusieron mirarse a los ojos durante un minuto, sin hablar. Hubo risas nerviosas, hasta que Santiago quedó frente a un compañero que había repetido el año y cuya historia conocía en parte. Al terminar, se acercó y lo abrazó. “No estás solo”, le dijo. El otro adolescente comenzó a llorar. Para Santiago, aquel gesto tuvo un significado inesperado: “Es como que también me abracé a mí”, recuerdo.

Después organizaron una “pecera”, con cuatro sillas ocupadas y una libre, para hablar sin interrupciones. Santi y sus amigos hablaron primero para romper el silencio. Él se refirió a las pantallas y a la diferencia entre lo que los adolescentes muestran y lo que sienten. Después llegaron otros testimonios. Un estudiante contó cómo había atravesado la enfermedad y la muerte de su madre; otros hablaron de padres ausentes y conflictos familiares. “Por más que estemos todos en un mismo salón, no significa que estemos todos bien”, reflexiona.

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Un proyecto que busca sostener los vínculos

El Proyecto Ánkyra, que está detrás de ConTribuIr, surgió después de la pandemia para promover espacios de encuentro entre adolescentes. Desde la organización explicaron a LA NACION que en 2026 observaron una profundización de la soledad y la ansiedad frente al futuro. Aclaran que se trata de una experiencia educativa, no terapéutica.

En Rosario, Santiago y sus compañeros preparan una segunda edición de Reconectar, llamada “La mesa: volver a encontrarnos”, orientada a las familias. Por dificultades de organización, evalúan realizarla a fines de 2026 o en 2027.

Su participación en Ánkyra lo cambió. Después de Renacer, Ramón, integrante del equipo, lo invitó a conducir actividades de ConTribuIr desde el escenario. Ahora vuelve a hacerlo en la quinta edición de este encuentro. “Soy Santi, soy un chico de Rosario, soy estudiante, como ustedes, así que no quiero que crean que yo, por estar acá arriba, soy más que ustedes, porque yo soy uno de ustedes”, dice desde el escenario. Quiere estudiar Psicología, formarse en coaching ontológico y ayudar a su familia.

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Cuando se le pregunta qué le diría al Santi de 17 años, se toma unos segundos. “Lo vería de frente, le daría un abrazo, porque sé que lo necesitaba”, responde. Después agrega: “No tenés que poder con todo vos solo; no tenés que aparentar siempre ser fuerte”.

Uno de los recuerdos que más lo conmueven tiene como protagonista a su abuelo, quien sufrió un accidente que le dejó importantes secuelas. Santiago cuenta que, en una ocasión, después de discutir con su madre, se fue de su casa. Su abuelo salió a buscarlo y, cuando lo encontró, lo abrazó. “Dale, Santi. Sos bueno, Santi”, recuerda que le dijo. Mientras reconstruye ese momento, los ojos se le enrojecen. Intenta continuar, pero las lágrimas aparecen y termina secándose el rostro con las manos.

La noche antes de la entrevista participó de una actividad en la que debían representar sus corazones con arcilla. Santiago modeló a un niño abrazado a una pelota, inspirado en una fotografía de su infancia que su tía le había enviado por su cumpleaños. Cuando imagina qué le diría al de la foto, no habla del escenario ni de sus proyectos. “Mirá, Santi, no tengo la máscara. Podemos ser nosotros, podemos ser escuchados, podemos sanar. Le agradezco por ser un guerrero”.

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De la experiencia a la transformación

La experiencia de Santiago también plantea uno de los principales desafíos que Ánkyra busca abordar: cómo lograr que lo vivido durante tres días tenga continuidad cuando los adolescentes regresan a sus escuelas y hogares. Durante 2026, la organización fortaleció un modelo de acompañamiento que comienza antes del retiro, con grupos focales para conocer las necesidades de cada comunidad educativa, y continúa después mediante reencuentros con los participantes, intercambios con docentes y directivos y evaluaciones para identificar qué aprendizajes consiguen sostenerse. También profundizó en una metodología basada en cinco capacidades —ser, pensar, relacionarse, colaborar y actuar— y reforzó los protocolos de cuidado ante situaciones de sufrimiento emocional, con la participación de adultos responsables y profesionales especializados cuando corresponde.

Estudiantes de distintas instituciones educativas participaron durante 2026 de ConTribuIr, una experiencia del Proyecto Ánkyra orientada a fortalecer los vínculos y la reflexión colectiva

“Una experiencia transformadora no necesariamente produce una transformación sostenible”, explicaron desde Ánkyra a LA NACION. Para la organización, el desafío no consiste únicamente en que los adolescentes puedan reconocer y expresar sus emociones, construir vínculos de confianza o tomar decisiones diferentes, sino en que encuentren condiciones para mantener esos cambios. Por eso buscan involucrar cada vez más a las escuelas, los educadores y las familias. “No podemos depositar toda la responsabilidad del cambio en los adolescentes si no acompañamos también la transformación de los entornos a los que regresan”, señalaron.

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