POLITICA
Santilli pidió 15 días para destrabar votos y conseguir la reforma electoral y cambios en zonas frías

El flamante jefe de gabinete, Diego Santilli, ya encontró el primer escollo de su gestión en el Congreso de la Nación que le implicó un cambio en los tiempos que tenía pensados en la Casa Rosada.
Ayer el funcionario mantuvo una reunión con el grupo de 44 senadores conformado por integrantes de La Libertad Avanza, el PRO, la UCR y el resto de los bloques provinciales. La intención del encuentro fue avanzar con el proyecto de modificación a la ley de zonas frías y reforma política. Sin embargo, el funcionario nacional se encontró con que ninguna de las dos leyes tenían los votos necesarios y fue así que lanzó la frase que marcará el ritmo del Palacio Legislativo para las próximas.
“Nos pidió 15 días para poder organizar la discusión”, reconoció un legislador del oficialismo. “Son dos semanas para hacer una ronda de negociaciones con los gobernadores para poder destrabar los temas”, agregó.
De esta manera Santilli debutó en el mundo parlamentario como Jefe de Gabinete no con una derrota pero sí con un cronograma más extenso en el tiempo porque se encontró con un escenario más complejo.
“Los radicales no te votan zona fría y los gobernadores tampoco la reforma electoral”, agregó la misma fuente que estuvo presente en la reunión. “No hay acuerdo en ninguno de los temas y las llaves para todos están en los gobernadores, tanto es así que zona fría es poco probable que tenga una definición antes de septiembre“.
Un ejemplo de esto es lo que finalmente se definió como la próxima sesión en la Cámara Alta. Ayer al mediodía desde el despacho de la senadora Patricia Bullrich hacían saber que si Victoria Villarruel no llamaba a labor parlamentaria iban a pedir una sesión para el miércoles 8 de julio. “Queremos darle dinamismo luego de los conflictos que tuvimos por el tema Adorni”.
Pero esto se cayó por varias razones. Y a pesar de que Villarruel citó a Labor para el 8 de julio a las 12 del mediodía, la jefa del bloque del PRO se enteró que no iba a contar con los tucumanos por el acto del 9 de Julio en esa provincia. A la celebración asistirá el Presidente Javier Milei y de la Vicepresidenta Victoria Villarruel -no necesariamente compartiendo el mismo espacio-. Sumado al pedido de mayor plazo del Jefe de Gabinete, decidieron avanzar con la intención de tener una sesión el próximo 16 de julio.

En la Cámara de Diputados el escenario para estirar los plazos es más simple. No hay un temario establecido para el corto plazo porque, aunque se espera que las modificaciones a la ley de Inocencia Fiscal ingresen por la cámara que preside el libertario Martín Menem, el propio debate de la misma en comisión cumpliría con los plazos que solicitan desde la Casa Rosada para tener conversaciones sin nada que haga “ruido”. en el medio.
El otro punto que todos miran es el receso de vacaciones de invierno. Aunque en el mundo libertario desde que asumieron en el Gobierno nacional buscan imponer la lógica de se trabaja sin vacaciones, el resto de los trabajadores del Palacio Legislativo sí quieren tenerlas por lo que se espera que a partir del 20 de julio el Poder Legislativo entre en un receso de invierno.
“No podes no darle las vacaciones a los trabajadores. Además, si no tenemos lo que venga del Senado o no ingresa ningún proyecto de parte del Ejecutivo, no tenemos una agenda que apurar ni trabajar. En el escenario de hoy, no hay apuro por nada de parte nuestra”, señaló un diputado de LLA que forma parte de la mesa chica en la Cámara Baja.
POLITICA
De Saratoga a la Argentina

Hay aniversarios que se celebran con fuegos artificiales y discursos, y hay otros que conviene celebrar leyendo despacio la letra torcida de un documento de 1818. Ese es el caso de la historia de los Stearns, una familia de granjeros de Holden, un pueblito del condado de Worcester, Massachusetts, que peleó por la independencia de Estados Unidos, que cumple hoy 250 años.
Ciento cincuenta años antes de la independencia
La historia de los Stearns en América no empieza con la Revolución: empieza en 1630, apenas diez años después del desembarco del Mayflower, cuando los primeros Stearns cruzaron el Atlántico a bordo del Arbella, la nave insignia de la llamada Flota de Winthrop. Saleiron de Inglaterra huyendo de la persecución religiosa de la Iglesia anglicana. El gen de la disidencia y la fe profunda venía de fábrica en esta familia, ciento cincuenta años antes de que un descendiente suyo tuviera que decidir entre la lealtad a un rey o a una idea todavía por nacer: la de una nación libre.
El padre que ya había peleado contra otro imperio
Antes de que existiera Estados Unidos, ya existía un Stearns, Increase, dispuesto a tomar las armas. El padre de nuestra historia había combatido en la Guerra Franco-India, el conflicto colonial entre británicos y franceses (con sus respectivas alianzas indígenas) que asoló la frontera norteamericana entre 1754 y 1763. Formó parte, según la tradición familiar documentada, del socorro al fuerte William Henry, en el lago George —el mismo episodio, con su sitio y su masacre, que Fenimore Cooper inmortalizó en El último de los mohicanos y que Hollywood volvió a contar en la pantalla grande.

Veinte años más tarde, ese mismo hombre se alistó de nuevo, esta vez por la causa patriota: el 14 de marzo de 1777 se enroló en el Regimiento 15 de Massachusetts, al mando del coronel Timothy Bigelow. Massachusetts fue el estado que más tropas aportó al Ejército Continental de George Washington. Fue con esa unidad, incorporada a la Brigada del general John Glover, que el Stearns padre llegó a Saratoga. Y ahí, el 19 de septiembre de 1777, en la batalla de Freeman’s Farm, el Regimiento 15 no fue tropa de reserva: peleó en primera fila. Sin tiendas de campaña, durmiendo bajo refugios improvisados de ramas y tablas, la brigada de Glover encabezó el combate y sufrió allí más de trescientas bajas hasta que, tras una segunda batalla en Bemis Heights el general británico Burgoyne rindió su ejército completo. La victoria de Saratoga no fue una batalla más: fue el hecho de armas que convenció a Francia de reconocer la independencia americana y firmar la alianza militar que resultaría decisiva para ganar la guerra. En algún punto de esa campaña el padre fue herido —y esa herida es la que empuja a su hijo, todavía adolescente, a tomar su lugar en las filas.

El hijo que reemplazó a su padre a los dieciséis años
En enero de 1778, con apenas dieciséis años, Increase Stearns (h) se presentó ante el coronel Bigelow para alistarse como sustituto de su padre herido. Bigelow lo aceptó y lo mandó a incorporarse al mismo Regimiento 15, dentro de la Brigada de Glover, en la compañía del capitán John Pierce. Así lo relata el propio Stearns, de puño y letra, en la declaración jurada que presentó cuarenta años después para reclamar su pensión de veterano: un trámite burocrático que, sin proponérselo, se convirtió en un relato vívido de la guerra.

De ahí en más, el joven Stearns marchó con el grueso del Ejército Continental desde el campamento de Valley Forge —el invierno en que la tropa de Washington estuvo a punto de disolverse por hambre y frío, y donde el oficial prusiano Barón Von Steuben hizo de las milicias una fuerza militar profesional, hasta Nueva Jersey, donde el 28 de junio de 1778 se libró la batalla de Monmouth. Esa es, de todas las que peleó, la batalla en la que Increase Stearns hijo combatió más cerca del propio Washington y de Lafayette: ese día la brigada de Glover formó parte del ala izquierda, y fue precisamente el cuerpo principal del ejército —donde marchaba Stearns— el que tuvo que sostener la línea después de que la vanguardia se replegara en desorden. Se conserva incluso el registro de otro soldado del mismo regimiento, William Wyman, confirmando su presencia ese día bajo el mando de Bigelow. Monmouth fue el último gran choque frontal entre los dos ejércitos en el norte, y probó algo decisivo para el curso de la guerra: que la disciplina aprendida en Valley Forge había convertido a los granjeros y artesanos del Ejército Continental en una fuerza capaz de resistir, campo a campo, a las tropas regulares británicas; después de esa batalla, los ingleses evacuaron Nueva Jersey y desplazaron el grueso de su esfuerzo militar hacia el sur.

Dos meses después, en la isla de Rhode Island, la brigada de Glover volvió a ser decisiva: apostada detrás de un muro de piedra en Quaker Hill, resistió el avance británico que perseguía a las tropas americanas en retirada y disuadió a los ingleses de lanzar un asalto mayor, permitiendo que el general Sullivan retirara a su ejército de la isla sin ser destruido. El propio Sullivan, en su parte de guerra, elogió a la brigada por haber actuado “con gran firmeza”.
Un castigo, una injusticia y una vida entera para repararla
Pero el documento que se conserva no es solo un relato de gloria militar. Es, sobre todo, el testimonio de una injusticia. En enero de 1780, Stearns y una veintena de compañeros, apostados cerca de West Point, reclamaron —con razón, según ellos— que su tiempo de servicio había vencido y pidieron la baja. Al no ser escuchados, decidieron marchar por su cuenta hacia Boston para presentar el reclamo ante el gobierno de Massachusetts.
Y aquí aparece un detalle que dice tanto de la época como del episodio mismo: esos soldados no pensaban apelar al Congreso Continental ni al gobierno de Estados Unidos —una entidad que, en 1780, todavía era poco más que una alianza de circunstancia entre trece estados soberanos, sin Constitución, sin ejecutivo propio, regida apenas por unos Artículos de Confederación. Pensaban apelar a Massachusetts, el estado al que sentían pertenecer antes que a cualquier otra cosa.
Fueron interceptados cerca de Danbury, Connecticut, y devueltos al campamento. Un consejo de guerra investigó lo ocurrido y exigió que se identificara a los cabecillas de la protesta. Nadie habló. Ninguno de los soldados delató a sus compañeros, a pesar de que negarse a hacerlo significaba, con toda seguridad, cargar con el castigo. Al no obtener esa información, el tribunal condenó a los cuatro más jóvenes a cien latigazos cada uno, ejecutados de inmediato. Increase Stearns —el menor de todos, con apenas dieciocho años— fue uno de los castigados. Y aun así, ni en el momento ni cuarenta años después, al escribir su declaración de pensión, dio un solo nombre.
Cumplida la pena, volvió al servicio y sirvió con honor hasta su baja regular, en marzo de 1780. Casi cuarenta años más tarde, ya con la salud de su esposa quebrada y doce hijos a cargo, le escribió al Secretario de Guerra pidiendo que ese castigo —“más severo de lo común, considerando mi edad en aquel momento”— no lo excluyera del beneficio de la ley de pensiones de 1818. Un antiguo oficial, Joel Pratt, atestiguó que Stearns “sirvió su tiempo honorablemente” y que todos los hombres de aquel episodio eran, en su memoria, “buenos y fieles soldados”. La pensión, finalmente, le fue concedida: 50 dólares con 91 centavos era (1300 dólares de hoy), según la Corte de Worcester, todo lo que este veterano poseía en el mundo —un carro, una yunta de bueyes, tres cerdos, dos mesas, ocho sillas y poco más.

De Massachusetts, a Buenos Aires
Los Stearns no se detuvieron ahí. Ciento sesenta años después de que el joven Increase recibió aquellos cien latigazos por no delatar a sus compañeros, un tataranieto suyo, Louis Agassiz, volvió a calzarse el uniforme: desembarcó en el norte de África para combatir contra las tropas alemanas del Afrika Korps de Rommel. El Coronel Louis Agassiz Stearns, descansa hoy en el Cementerio Nacional de Arlington, el camposanto militar donde Estados Unidos honra a quienes murieron sirviendo bajo su bandera y a héroes que sobrevivieron el frente de combate. Y la posta, otra vez, pasó de padres a hijos: los suyos pelearon en el Pacífico contra Japón, en esa misma guerra, mientras que su hija, agente del FBI en plena guerra, se enamoraba de un chileno de padres asturianos, con el que se mudó a la Argentina para empezar una nueva vida.
Una carta casi ilegible ya, escrita con la letra apurada de un adolescente que a los dieciséis años cambió el arado por el mosquete, es hoy el hilo que une a los Estados Unidos de 1776 con Buenos Aires: los descendientes de aquel soldado raso viven, 250 años después, en la Argentina. Hoy, mientras Estados Unidos celebra un cuarto de milenio de independencia, vale la pena recordar que esa gesta no la hicieron solo los nombres que figuran en los libros de historia, sino también unos improvisados 35.000 milicianos que pusieron su cuerpo en la primera línea de batalla contra un enemigo superior en número y capacidad, que pasaron un invierno a la intemperie en Valley Forge y, cuando la injusticia les cayó encima, no dejaron nunca de reclamar lo que por derecho les correspondía. Hoy se celebra una vocación de servicio, que generación tras generación siempre estuvo del mismo lado de la historia: el de quienes empuñaron las armas contra la tiranía, no para someter a nadie sino para que otros pudieran ser libres.
LA NACION,Opinión
POLITICA
Pichetto insistió en revisar la condena a Cristina Kirchner: “Hay que evitar que la Argentina se convierta en Perú”

El diputado nacional de Encuentro Federal, Miguel Ángel Pichetto pidió “evitar que la Argentina se convierta en Perú”, al analizar la situación judicial de Cristina Kirchner y contrastarla con ese país, donde habitualmente los ex presidentes terminan detenidos o destituidos a raíz de la pelea política entre partidos.
El legislador nacional volvió a pronunciarse sobre la situación judicial de Cristina Kirchner y el rol del Poder Judicial, en un contexto donde en los últimos meses retomó el diálogo directo con la ex presidenta, y busca regresar a las filas del peronismo.
En una entrevista con Florencia Halfon en el streaming Gelatina, Pichetto ratificó su visión que “no es nueva ni es oportunista” sobre “lo grave que significa impactar sobre la figura de un expresidente” con una sentencia de prisión efectiva, y lamentó que haya “una supremacía del poder judicial en Argentina”.
“No estoy hablando únicamente de Cristina Kirchner, sino de someter a todos los ex presidentes a mecánicas judiciales que, permanentemente, se realizan a posteriori de los mandatos. Generalmente, son denunciados por motivos que son propios de la gestión de gobierno. Hay que evitar que la Argentina se convierta en Perú”, definió.
El poder presidencial en Perú se caracteriza por su inestabilidad, con una sucesión de 12 presidentes que terminaron sus mandatos en medio de crisis políticas, investigaciones judiciales, renuncias y hasta tragedias. José Jerí fue el último mandatario peruano, quien apenas tenía cuatro meses en el cargo, hasta que lo destituyó en febrero pasado.
Frente a ese tipo de situaciones, Pichetto reiteró que el Congreso debería considerar una vía legislativa para dejar sin efecto la sentencia contra Cristina Kirchner por la causa Vialidad, siguiendo el precedente de Brasil. “En materia penal siempre el Congreso puede analizar el Código Penal, sancionar una ley que puede ser más benigna y eso impacta y obliga a retrotraer una condena”, ejemplificó.
El ex presidente del bloque peronista en el Senado hizo referencia al caso brasileño y a la aplicación del 2×1 para condenados por delitos de lesa humanidad, donde el Congreso impulsó cambios que terminaron modificando la jurisprudencia. Al abordar el rol de la Corte Suprema, Pichetto cuestionó la “mirada de omnipotencia” del máximo tribunal y la caracterizó como una visión “vieja”.
En este marco, advirtió sobre los riesgos de que el país transite el camino de judicialización extrema. “Es muy grave impactar sobre la figura de un ex Presidente, no sólo de Cristina, de todos”, reiteró.
El peso político de CFK
Sobre la situación de la expresidenta, Pichetto describió el impacto que genera su detención domiciliaria en el barrio de Constitución. Aseguró que, pese a la privación de la libertad, la ex presidenta, “aún detenida en San José 1111, gravita de manera excluyente”.
Sobre este punto, reconoció el estado de ebullición del peronismo por la interna de la conducción. “En todas las estructuras partidarias y mucho más en un partido como el PJ es lógico que haya tensiones y debates. Es necesaria la construcción de un diálogo”, indicó, y planteó que “es necesaria una propuesta para los argentinos que la están pasando mal”. “La gente no llega ni al 15 de cada mes. Hay una realidad agobiante”, expresó.

“El deber de una oposición inteligente y democrática, como es el peronismo, tiene que encontrar el camino de la unidad”, sentenció, tras aclarar que no definió si va a ser precandidato a algún cargo en 2027. Entre las tareas políticas pendientes, remarcó que “el desafío del peronismo es el programa”, luego del mandato del presidente Alberto Fernández, que tildó como “un fracaso”. “Hay que tener una propuesta seria para gobernar la Argentina”, declaró.
Pichetto también cuestionó el rumbo del gobierno de Javier Milei, al que calificó como “un proceso de destrucción” y advirtió sobre la concentración del poder en el entorno más cercano al Presidente. Según el diputado, la dinámica interna del Poder Ejecutivo limita la capacidad de diálogo y acentúa la conflictividad política.
“La lapicera de este gobierno la tiene Karina”, definió, sobre la incidencia de la hermana del mandatario en la estructura de poder.
Infobae en vivo
POLITICA
El viaje de León XIV a la Argentina: gestiones reservadas, fecha tentativa y la prioridad de una visita histórica

La primera visita de León XIV a la Argentina comenzó a tomar forma mucho antes de que existiera un anuncio oficial. Durante las últimas semanas, la Santa Sede puso en marcha un proceso silencioso de consultas y sondeos para evaluar alternativas de organización e itinerario de una eventual gira que, de concretarse, tendría lugar durante la primera semana de noviembre, como parte de un recorrido sudamericano que también incluiría Uruguay y Perú.
Como ocurre con todos los viajes apostólicos, el Vaticano activó un mecanismo reservado de evaluación de escenarios, conversaciones con las iglesias locales y análisis de las distintas opciones pastorales y logísticas. Ese trabajo preliminar comenzó a delinear un esquema de actividades que todavía permanece abierto, pero que ya exhibe una prioridad definida.
Si León XIV finalmente llega a la Argentina, el objetivo será que pueda encontrarse con la mayor cantidad posible de fieles, según pudo saber Infobae.
En la Iglesia nadie habla de un viaje confirmado. El criterio es unánime: la diplomacia vaticana no anuncia una gira hasta que cada aspecto pastoral, protocolar, institucional y de seguridad quedó completamente resuelto. Ese método explica el hermetismo que rodea cada uno de los preparativos y la cautela con la que se manejan quienes participan de las conversaciones.

A diferencia de otros viajes apostólicos, la principal discusión ya no gira alrededor de la conveniencia de incorporar a la Argentina dentro de la agenda papal. El desafío pasa por otro lado: cómo aprovechar al máximo una estadía necesariamente breve, pero que no se limite a una escala protocolar de pocas horas.
La hipótesis que hoy aparece con mayores probabilidades contempla una permanencia de alrededor de tres días. Ese plazo condiciona toda la planificación. La idea no es que el Pontífice recorra numerosas provincias, sino concentrar la agenda en pocas actividades de impacto pastoral e institucional, indicaron a este medio.
Por ese motivo, el esquema que comenzó a delinearse tiene un eje claro. La llegada sería a Buenos Aires, donde se prevé un encuentro institucional con el presidente Javier Milei y las principales autoridades nacionales. Luego aparece la posibilidad de una gran actividad pública con epicentro en la avenida 9 de Julio, una visita a la Basílica de Luján y una escala en Córdoba.
Ninguno de esos puntos integra todavía un programa definitivo. Todos forman parte de un proceso de evaluación que deberá atravesar distintas instancias antes de que la Santa Sede adopte una decisión formal sobre el itinerario.
La posibilidad de realizar un gran encuentro sobre la avenida 9 de Julio ocupa un lugar central dentro de las alternativas que hoy se analizan. Allí podría celebrarse una misa, un acto multitudinario o una recorrida en papamóvil. La lógica responde al mismo objetivo que atraviesa toda la planificación: privilegiar el contacto directo del Papa con los fieles y facilitar una convocatoria de alcance nacional.
La Basílica de Luján representa otro de los lugares que aparecen dentro de esa planificación. Allí se encuentra la imagen de la Virgen de Luján, patrona de la Argentina, y culmina cada año la peregrinación católica más convocante del país. Considerada la capital nacional de la fe, constituye uno de los principales símbolos de la religiosidad popular argentina y una escala casi inevitable dentro de cualquier visita papal.
La otra alternativa que comenzó a ganar espacio es Córdoba. Su inclusión responde a varios factores. Además del peso histórico y eclesiástico de esa arquidiócesis, la provincia ocupa una posición estratégica en el centro del país, lo que facilitaría la llegada de fieles provenientes de distintas regiones, especialmente del centro y del norte argentino. La idea es concentrar allí una convocatoria federal sin multiplicar los traslados dentro de una agenda necesariamente ajustada.

La búsqueda de espacios capaces de albergar convocatorias multitudinarias también dio lugar, durante los últimos meses, a otras alternativas.
Entre ellas apareció una propuesta impulsada por River Plate. El club hizo llegar formalmente a la Santa Sede la disponibilidad del estadio Monumental para albergar un eventual encuentro encabezado por León XIV durante su paso por la Argentina.
La iniciativa tomó como antecedente una experiencia reciente del propio Pontífice. Durante su viaje apostólico a España, León XIV presidió un encuentro con la comunidad diocesana de Madrid en el estadio Santiago Bernabéu, un escenario que demostró la posibilidad de desarrollar una celebración pastoral de gran magnitud en un estadio de fútbol.
Por ahora, esa alternativa no integra ninguna definición. Como ocurre con el resto de las opciones analizadas, cualquier decisión dependerá de la evaluación pastoral del Vaticano y de las cuestiones organizativas y de seguridad que deberán coordinarse con las autoridades argentinas.
Los sondeos realizados durante las últimas semanas no constituyen un hecho aislado. Forman parte de una secuencia de movimientos diplomáticos e institucionales que comenzó hace varios meses y que fue preparando el terreno para una eventual visita apostólica.

Uno de esos pasos se produjo en febrero, cuando el canciller Pablo Quirno entregó personalmente a León XIV una carta firmada por el presidente Javier Milei con la invitación oficial para visitar la Argentina. La Cancillería presentó aquella gestión como una expresión del buen momento que atraviesan las relaciones entre el Estado argentino y la Santa Sede.
Durante junio se produjo otro movimiento relevante. La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, desarrolló una agenda de actividades en el Vaticano que incluyó encuentros con León XIV y con el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, además de otras autoridades de la Curia Romana, de acuerdo a fuentes consultadas por Infobae.
Más allá del contenido oficial de esas reuniones, esos contactos reforzaron un vínculo institucional que resulta relevante si se tiene en cuenta que el ministerio a cargo de Pettovello mantiene una interlocución permanente con la Iglesia en áreas como educación, asistencia social y trabajo.

Otro paso importante fue la designación del arzobispo estadounidense Michael Wallace Banach como nuevo nuncio apostólico en la Argentina. El diplomático, que hasta ahora representaba a la Santa Sede en Hungría, ya cuenta con experiencia en la organización de una visita papal tras haber participado en la coordinación del viaje de Francisco a ese país.
La semana pasada se produjo otro movimiento dentro de ese proceso: dos de los cuatro cardenales argentinos, Vicente Bokalic Iglic, arzobispo de Santiago del Estero y primado de la Argentina, y Ángel Sixto Rossi, arzobispo de Córdoba, viajaron a Roma para participar del consistorio extraordinario convocado por León XIV.
Oficialmente, el encuentro reunió al Colegio Cardenalicio para debatir algunos de los principales desafíos que enfrenta hoy la Iglesia Católica. Durante dos jornadas, el Papa y los purpurados reflexionaron sobre las guerras, la pobreza, la violencia, la crisis de las relaciones humanas, la familia y la necesidad de fortalecer una cultura del diálogo y de la paz.
La presencia de Bokalic Iglic y Rossi coincidió con un momento especialmente activo alrededor de la eventual gira sudamericana del Pontífice. Como ocurre habitualmente en la diplomacia vaticana, el contenido de esos intercambios permaneció bajo el tradicional hermetismo de la Santa Sede.
Mientras tanto, el resto del recorrido comienza a mostrar un mayor grado de definición.
Uruguay aparece como la primera escala de la gira y Perú como el destino final, donde León XIV mantiene un vínculo singular por haber desarrollado allí buena parte de su ministerio sacerdotal y episcopal antes de ser elegido Papa. Fue misionero agustino y luego obispo de Chiclayo, una experiencia que marcó profundamente su trayectoria pastoral.

En la Argentina, en cambio, el desafío será diferente. Si finalmente la estadía se limita a tres días, el objetivo consistirá en combinar la dimensión institucional de una visita de Estado con una agenda pastoral capaz de reunir a cientos de miles de personas en muy pocos días.
Ese desafío remite inevitablemente al último antecedente de una visita papal al país.
Juan Pablo II llegó por primera vez a la Argentina en junio de 1982, en plena Guerra de Malvinas, durante un viaje extraordinario marcado por un llamado a la paz. Cinco años más tarde regresó para una extensa gira pastoral que incluyó una multitudinaria celebración sobre la avenida 9 de Julio, una de las imágenes más recordadas de la historia reciente de la Iglesia argentina.
Hace casi cuarenta años, esa avenida quedó colmada por cientos de miles de personas para recibir al pontífice polaco. Hoy, cuando el Vaticano comienza a imaginar el primer viaje de León XIV a la Argentina, aquella imagen vuelve a aparecer como una referencia inevitable.
No como un ejercicio de nostalgia ni como un modelo que deba reproducirse exactamente, sino como una referencia pastoral, según pudo saber Infobae.
La pregunta que atraviesa hoy la planificación ya no es solamente cuándo vendrá el Papa.
Es cómo lograr que, en apenas tres días, pueda encontrarse con la mayor cantidad posible de argentinos.
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