ECONOMIA
¿Se pueden conciliar la evolución de la actividad y la del empleo?

La evolución del empleo privado y del nivel de actividad económica se ha convertido en uno de los ejes centrales del debate económico argentino de los últimos meses. Distintas lecturas conviven sin mayor matiz. Para unos, la reactivación productiva ya se refleja en la creación de puestos de trabajo; para otros, el estancamiento del empleo formal es prueba de que la recuperación es apenas estadística y no llega en profundidad a la economía.
Ambas posiciones, sin embargo, tienden a tratar la variación del empleo como si tuviera una sola causa, cuando en la realidad argentina confluyen dinámicas de naturaleza y horizontes temporales muy distintos.
Para calibrar correctamente el diagnóstico conviene empezar por los indicadores adecuados y por cómo deben leerse. El punto de partida es la tasa de desocupación y la tasa de subocupación que publica el Indec con periodicidad trimestral a partir de la Encuesta Permanente de Hogares. La subocupación mide a quienes trabajan menos de 35 horas semanales y es un indicador clave porque suele anticipar cambios en el mercado laboral antes de que se reflejen en la desocupación abierta, ya que se supone que las empresas ajustan primero las horas trabajadas y recién después la dotación.
En términos de variaciones interanuales, los datos de desocupación y subocupación no muestran un deterioro pronunciado.

Tal como se observa en el gráfico, ambas variables aumentaron con fuerza en 2024, pero en 2025 mostraron una leve mejoría hasta el último trimestre.
El último dato disponible, correspondiente al primer trimestre de este año, muestra que la desocupación prácticamente no cambió en relación con igual período de 2024 y 2025, y que estuvo menos de un punto porcentual por encima del primer trimestre del 2023. Con la subocupación ocurrió algo similar, salvo en enero-marzo de este año.
Los datos de desocupación y subocupación no muestran un deterioro pronunciado
Este comportamiento parece responder, sencillamente, al ciclo económico. En 2024 la economía cayó 1,4% y la desocupación y la subocupación aumentaron casi en la misma magnitud: 1 punto porcentual (p.p.). En 2025 la economía creció 4,4%, la subocupación cayó 0,2 p.p. y la desocupación aumentó 0,3 p.p. Este último dato fue, probablemente, el detonante del debate sobre la supuesta divergencia entre la trayectoria de la actividad económica y la del empleo.
Este comportamiento cíclico tiene, sin embargo, dos matices que conviene precisar:
- Históricamente la elasticidad de la desocupación ante cambios en el PBI no ha sido demasiado elevada en Argentina.
- Los valores actuales de desocupación no son particularmente elevados. Esto es relevante porque la respuesta de la desocupación al crecimiento es rápida y profunda cuando la desocupación es elevada (por encima del 10%), pero cuando es baja, la respuesta se vuelve más lenta y de menor magnitud.
Por otra parte, ¿qué muestran los datos de empleo? La serie que está bajo observación es la del empleo asalariado registrado del sector privado, que incluye a los trabajadores formales en relación de dependencia, con contratos y declarados ante la seguridad social. El siguiente gráfico compara las variaciones trimestrales desestacionalizadas de esta masa de trabajadores en comparación con las variaciones trimestrales (también desestacionalizadas) del PBI.

Es importante señalar que el trabajo formal ya había comenzado a contraerse en la última parte de 2023 y que en la última parte de 2024 se recuperó y luego se estabilizó en el primer semestre de 2025. En los dos últimos trimestres del año pasado y en el primero de este año volvió a contraerse (y muy probablemente también lo haya hecho en el segundo trimestre de este año), a pesar de que la economía continuó creciendo.
Si se considera el empleo privado total (asalariados privados + asalariados de casas particulares + autónomos + monotributistas) las conclusiones son similares, pero con algunas diferencias importantes: menor caída en 2024 y mejor comportamiento de 2025 en adelante. La conclusión sería que la caída del empleo privado se detuvo a partir del tercer trimestre de 2024. Pero tampoco hubo creación genuina.
La caída del empleo privado se detuvo a partir del tercer trimestre de 2024. Pero tampoco hubo creación genuina
¿Cómo explicar esta aparente contradicción? ¿Cuánto de esto es comportamiento cíclico y cuánto es el resultado de la política económica y de los profundos cambios que está experimentando el país en su estructura productiva? No hay demasiadas dudas de que el nivel actual del tipo de cambio, cierta apertura de importaciones, elevadas tasas de interés y la austeridad de la política fiscal no solo no incentivan la creación de empleo a corto plazo, sino que incluso pueden forzar a las empresas más comprometidas a reducir la cantidad de empleados.
A esto se suma la informalidad y el costo laboral, que sigue siendo alto, aunque probablemente su peso relativo al momento de explicar las variaciones sea menor al que se le atribuye.
Cambio estructural
Pero la dimensión estructural es muy importante. El cambio de matriz productiva y exportadora, con la energía y la minería ganando peso, implica la generación de empleo de alta productividad, pero baja intensidad laboral relativa.
El derrame en esos sectores (sobre todo en empleo indirecto) llevará tiempo. Y, por otra parte, está la irrupción de la inteligencia artificial (IA), todavía incipiente pero ya visible en la composición de las contrataciones y particularmente en perfiles junior de servicios profesionales.
La evidencia internacional sugiere que el efecto neto dependerá de si la IA complementa o sustituye tareas, algo que en Argentina todavía no está medido con series propias.
No hay evidencia de países que hayan crecido de forma sostenida durante varios años (no uno o dos) sin generar empleo
En síntesis, un año (o menos) de desacople entre las series de actividad económica y de empleo es una muestra demasiado acotada para concluir que la nueva trayectoria en la que está ingresando la economía argentina conlleva dificultades para crear empleos. Se necesita tiempo.
No hay evidencia de países que hayan crecido de forma sostenida durante varios años (no uno o dos) sin generar empleo. Argentina no tiene por qué ser la excepción.
El autor es profesor de Economía en IAE Business School. Esta nota se publicó en el IEM de agosto de 2026 del IAE Business School, Universidad Austral
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ECONOMIA
El nuevo mapa del mercado automotor: qué marcas ganaron y cuáles perdieron con la apertura de las importaciones

En los pasillos de las automotrices argentinas y de algunos sectores del Gobierno todavía resuena el eco de las declaraciones de Herlander Zola, presidente de Stellantis Sudamérica, realizadas a medios especializados brasileños el pasado martes en Sao Paulo, en los que puso en duda la continuidad de la operación industrial de la automotriz en Argentina si no cambian las condiciones de competitividad.
Una de las frases más resonantes del ejecutivo brasileño fue la que señala la raíz de los problemas que enfrentan las plantas de Palomar y Ferreyra en las provincias de Buenos Aires y Córdoba, respectivamente.
“El libre mercado en Argentina nos ha dejado fuera de juego, y cualquier cosa puede pasar. Podríamos cerrar una o ambas fábricas, o podríamos mantenerlas. Pero el costo de producción es muy alto allí; el costo de la mano de obra, por ejemplo, duplica el de Brasil. Además, la cadena de suministro es corta; la mayoría de las piezas provienen de Brasil”, explicó Zola, sin contemplar que la mayoría de los autos importados de Argentina también vienen de Brasil y los comercializan las propias automotrices locales.
Por ese motivo, lo que más “ruido” hizo de los dichos del ejecutivo brasileño fue que argumentara la caída de ventas en la apertura de las importaciones sin limitación, y que eso fue lo que le restó cuota de mercado a los productos de fabricación nacional, que en el caso de Stellantis son los Fiat Cronos y Titano, los Peugeot 208 y 2008 y la RAM Dakota.

Zola dijo que Peugeot en Argentina pasó del 9% del mercado al 5% en dos años, algo que no es tan correcto revisando los números, porque 2024, año en el que el Peugeot 208 fue el número 1 absoluto en ventas, cerró con un 9,5% de participación de la marca sobre el volumen total de ventas y hoy, el acumulado de nueve meses de 2026, muestra una cuota del 6,9%.
El problema es que, a la pérdida de las ventas domésticas, también se suma la caída de exportaciones a Brasil, que es aproximadamente de un 40% respecto a 2025. Por ese motivo, ambas bajas fueron las que motivaron a que Stellantis Argentina bajara la producción de Palomar a un turno para adecuar la fabricación de unidades a la demanda de ambos mercados, el local y el externo.
El mix de nacionales e importados
En 2022 y 2023, con casi el 70% de las ventas de autos 0 km de origen nacional, 15 de los 20 autos más vendidos eran producidos en plantas argentinas. Un año después, en 2024, con la apertura, pero especialmente con la eliminación de las SIRA que trababan el abastecimiento de unidades, incluso desde Brasil, esa relación pasó a ser de 11 sobre 20.

En 2025, cuando se normalizaron los plazos de pagos y se eliminó el Impuesto PAIS y la escala 1 de internos, la relación se mantuvo idéntica, en 11 nacionales sobre los 20 modelos más vendidos.
Hoy, con los cómputos cerrados de nueve meses de 2026, son 7 los autos nacionales entre los mismos 20 más vendidos del mercado argentino, pero ya no son solo brasileños los que llegaron a esas posiciones, sino que son hay 2 de procedencia China, y solo uno es de un importador, porque el otro es el Ford Territory.
Cuántos autos importa cada automotriz
Fiat vende actualmente en Argentina 9 modelos de los cuales solo 2 son argentinos (Cronos y Titano), 6 brasileños y uno europeo (Fiat 600 Hybrid). En lo que va del año la marca vendió 50.423 autos, de los cuales 17.802 son Cronos y 3.880 son Titano, lo que representa el 43% del total de ventas.
Peugeot, por su parte, vende 8 modelos en el mercado local, también con 2 nacionales, 208 y 2008. Los otros 6 son dos uruguayos y 4 europeos. Sin embargo, los modelos argentinos representan un mayor porcentaje que en Fiat. Sobre un total de 28.264 patentamientos en lo que va del año, 208 tuvo 15.214 y 2008 alcanzó los 8.667, lo que representan el 85% de las ventas.

La otra marca de Stellantis que produce en Argentina es RAM con la pickup Dakota que se fabrica en Córdoba con Titano. Es el único modelo nacional de los 4 del catálogo con uno brasileño (Rampage), uno Mexicano (RAM 2500) y uno norteamericano (RAM 1500). En total se vendieron este año 4.563 autos de los cuales el peso de Dakota equivale al 51%.
Toyota vende en Argentina 13 modelos, de los cuales se producen localmente solo 3, Hilux, SW4 y Hiace. Y de los restantes 10 son 4 brasileños y el resto provenientes de Japón. La proporción de autos más grande se reparte entre los autos regionales. Sobre un total de 61.102 autos vendidos este año, fueron 24.178 Hilux, 3.616 SW4 y 1.007 Hiace, lo que totaliza 28.801 vehículos, que equivalen al 49% del total de ventas.
Volkswagen tiene un esquema de mayoría de modelos brasileños, con solo Amarok producida en el país de los 10 autos que comercializa localmente. La proporción es de 1 modelo nacional, 6 brasileños y tres mexicanos. En total se patentaron 55.195 autos en 9 meses, con 12.730 Amarok que representan solo el 23% del total de las ventas, lo que implica que el 77% son autos importados.
Ford, por su parte, también produce solo un modelo en Argentina, la pickup Ranger, sobre 11 modelos en total, de los cuales traen 2 de México, uno de China (Territory), 2 de Tailandia, 1 de Uruguay y 4 de Estados Unidos. En lo que va del año se vendieron 40.401 autos en total, con Ranger y una cuota de 16.307 unidades que equivalen al 40%.

Chevrolet también produce solo un modelo en Argentina, el Chevrolet Tracker, y tiene la mayoría de sus productos de origen brasileño. En total se venden 10 automóviles distintos, de los cuales 1 es argentino, 1 es Mexicano (Silverado) y 8 vienen de Brasil. Sobre un total de ventas de 35.634 unidades, Tracker se llevó 10.619 patentamientos, que representan el 30%.
Renault, mientras tanto, se quedó este año con Kangoo únicamente en Santa Isabel a la espera del inicio de producción de la nueva pickup Niagara que ocurrió esta semana. En total se comercializaron en Argentina 29.593 en 9 meses, entre otros 9 modelos que se ofrecen a los clientes. De esos 9 solo uno es argentino, dos son coreanos (Arkana y Koleos), uno es colombiano (Duster) y cinco son de origen brasileño. La proporción de Kangoo es del 20% con 5.809 vehículos patentados.
Como se puede apreciar, salvo Peugeot (y levemente RAM), el resto de las automotrices tienen una producción local que representa menos del 50% de sus ventas en Argentina y la mayoría de los vehículos que comercializan en el mercado son importados.
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