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Suiza, el rival que vuelve a soñar: 72 años después, buscará el golpe ante Argentina

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Los jugadores de la selección de Suiza festejan la clasificación a los cuartos de final del Mundial 2026 tras eliminar a Colombia en los penales (Reuters/Simon Fearn)

Cuando Murat Yakin tomó el micrófono tras la clasificación de Suiza a los cuartos de final del Mundial 2026 no eligió la prudencia. Acababa de conducir a su selección a una instancia que el fútbol helvético no alcanzaba desde hacía 72 años y lanzó un mensaje directo hacia el próximo rival: “Se ha visto que Argentina, con los últimos dos partidos, es vulnerable”.

La frase resume el momento de un equipo que atraviesa uno de los capítulos más importantes de su historia. Suiza será el próximo obstáculo de la Scaloneta después de una campaña que combina resultados, convicción táctica y una identidad construida a partir de historias de esfuerzo, migración y adversidades.

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La última vez que los suizos habían llegado tan lejos fue en el Mundial de 1954, disputado justamente en su territorio. Aquella aventura terminó con una derrota inolvidable por 7-5 frente a Austria en uno de los partidos más espectaculares de la historia de las Copas del Mundo. Desde entonces, pasaron siete décadas de frustraciones hasta que esta generación consiguió romper la barrera.

Su recorrido en Estados Unidos, México y Canadá fue sólido desde el comienzo. Lideró el Grupo B con siete puntos tras empatar 1-1 con Qatar, golear 4-1 a Bosnia-Herzegovina y derrotar 2-1 a Canadá. En la fase eliminatoria dejó en el camino a Argelia (2-0) en 16avos de final y luego eliminó a Colombia por penales para meterse entre los ocho mejores del mundo.

Murat Yakin reparte besos hacia la tribuna. El entrenador de la selección de Suiza sueña con dar el gran golpe ante Argentina en el Mundial (Reuters/Simon Fearn)
Murat Yakin reparte besos hacia la tribuna. El entrenador de la selección de Suiza sueña con dar el gran golpe ante Argentina en el Mundial (Reuters/Simon Fearn)

Detrás de esta clasificación aparece la figura de Murat Yakin, un entrenador que representa a la perfección la diversidad cultural que caracteriza al fútbol suizo actual.

Hijo de inmigrantes turcos, desarrolló una extensa carrera como defensor central antes de convertirse en entrenador. Fuera de las canchas también construyó una vida singular: es propietario de una fábrica de colchones, alcanzó un nivel competitivo destacado en el golf y protagonizó una historia que recorrió Europa cuando se hizo viral por regalar chocolates a periodistas durante una conferencia de prensa.

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Su biografía también incluye un episodio mucho menos amable. Hace algunos años denunció haber sido víctima de una estafa vinculada a un ex integrante de los Hells Angels, una situación que terminó en la Justicia.

Nada de eso, sin embargo, explica mejor a Yakin que su trabajo futbolístico. El entrenador mantuvo la estructura histórica de Suiza, incorporó jóvenes talentos y consolidó un equipo reconocible. El líder continúa siendo Granit Xhaka, mientras que el funcionamiento colectivo sigue siendo la principal carta de presentación.

Granit Xhaka, el líder futbolístico de Suiza en el Mundial 2026 (Reuters/Simon Fearn)
Granit Xhaka, el líder futbolístico de Suiza en el Mundial 2026 (Reuters/Simon Fearn)

Si algo distingue a esta selección es su disciplina táctica. Suiza rara vez pierde la compostura, incluso cuando el contexto del partido le resulta desfavorable. Su fortaleza está en la organización defensiva, en la presión coordinada en la mitad de la cancha y en la capacidad para atacar con transiciones rápidas y directas.

No es un equipo que monopolice la posesión ni que dependa de individualidades. Su éxito se apoya en un bloque compacto, veloz y repleto de futbolistas técnicamente confiables. Ese orden también se explica desde lo humano. Muchos de sus jugadores son hijos de inmigrantes o refugiados que llegaron a Suiza escapando de guerras, persecuciones o crisis sociales. Crecieron conviviendo con la discriminación, el desarraigo y la necesidad de abrirse camino en una sociedad distinta a la de sus padres. Esa mezcla de culturas terminó moldeando el carácter competitivo de una selección que, paradójicamente, encontró en los hijos de inmigrantes a varios de sus mayores referentes.

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La historia de Granit Xhaka resume buena parte del espíritu de esta selección. Su padre, Ragip Xhaka, fue arrestado en 1986 en la entonces Yugoslavia por participar en manifestaciones contra el régimen comunista. En aquellos años, las tensiones étnicas atravesaban la región y las reivindicaciones de los kosovares eran reprimidas con dureza. Tras recuperar la libertad, escapó de los conflictos que desembocarían en la Guerra de los Balcanes y se exilió en Suiza. Allí, en 1992, nació Granit.

La historia familiar está atravesada por la persecución política, el exilio y la supervivencia. También ayuda a comprender la personalidad de un futbolista que hizo del liderazgo una marca registrada. Hoy, a los 33 años, sigue siendo el cerebro y el capitán emocional de Suiza.

Ricardo Rodríguez, un histórico de la selección de Suiza (Reuters/Anne-Marie Sorvin)
Ricardo Rodríguez, un histórico de la selección de Suiza (Reuters/Anne-Marie Sorvin)

Otro de los símbolos del equipo es Ricardo Rodríguez. Su nombre completo, Ricardo Iván Rodríguez Araya, revela una historia familiar atravesada por distintas geografías. Su padre, José Manuel Rodríguez, emigró desde Galicia hacia Suiza en busca de oportunidades laborales, mientras que su madre, Marcela Araya, tiene raíces chilenas.

Durante años llevó en sus botines las banderas de España y Chile como una forma de homenajear sus orígenes. Posee nacionalidad suiza y chilena y, por ascendencia, también habría podido representar a España.

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Sin embargo, toda su carrera internacional estuvo vinculada a Suiza. Recorrió las selecciones juveniles y fue campeón mundial Sub 17 en 2009. En aquel plantel compartió vestuario con Granit Xhaka, una amistad que se mantiene hasta hoy y que convirtió a ambos en los grandes referentes de una generación histórica.

Suiza está ante una ocasión única de hacer historia en el fútbol en el Mundial 2026 (REUTERS/Agustin Marcarian)
Suiza está ante una ocasión única de hacer historia en el fútbol en el Mundial 2026 (REUTERS/Agustin Marcarian)

El cruce entre Argentina y Suiza tiene un capítulo imborrable en la memoria mundialista. Ocurrió en los octavos de final de Brasil 2014. Durante 117 minutos, el conjunto dirigido por Ottmar Hitzfeld resistió cada intento argentino. Hasta que Lionel Messi aceleró por el centro y encontró a Ángel Di María para el remate que terminó en el 1-0. Fue uno de los goles más gritados por los argentinos en aquel Mundial y permitió al equipo de Alejandro Sabella avanzar a cuartos de final.

12 años después, apenas quedan tres protagonistas de aquella noche en San Pablo. Lionel Messi es el único sobreviviente de la selección argentina, mientras que del lado suizo permanecen Granit Xhaka y Ricardo Rodríguez.

Existe además un antecedente más lejano: el Mundial de Inglaterra 1966, donde Argentina derrotó 2-0 a Suiza durante la fase de grupos. La historia favorece a la Albiceleste. El presente, sin embargo, invita a la cautela.

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Suiza llega fortalecida por una campaña convincente, respaldada por un entrenador que desafía a cualquiera y sostenida por un grupo que convirtió las historias de exilio, sacrificio y superación en una identidad futbolística. 72 años después de su última aparición en cuartos de final, los helvéticos sienten que están ante una oportunidad irrepetible.

El desafío para Argentina es que aquello que advirtió Murat Yakin no sea un anticipo de lo que puede suceder.



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Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

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Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.

Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.

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La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.

La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.

El debate entre origen innato y aprendizaje social

La investigación psicológica asocia la expansión corporal con emociones positivas como alegría, orgullo y triunfo en el deporte (Erik Williams-Imagn Images/REUTERS)

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.

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La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.

Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.

La comparación con los chimpancés y sus límites

La lectura del lenguaje corporal depende de la velocidad, la trayectoria y el contexto social en que ocurre el gesto deportivo (REUTERS/Dylan Martinez)

Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.

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“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.

La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.

El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.

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Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas

Lionel Messi celebra con los brazos arriba, durante un partido del Inter Miami (Crédito: Nathan Ray Seebeck-Imagn Images)

La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.

Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.

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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

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Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.

“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.

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El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.

Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista

Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.

La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina

Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).

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Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.

Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.

Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.

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El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

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Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.

El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.

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La reacción que lo dice todo

La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.

La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.

La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.

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Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows

Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.

Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.

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En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.

“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.

Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.

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