POLITICA
Tras el triunfo con Glaciares, el Gobierno buscará discutir una ley clave para el vínculo con Estados Unidos

Luego del triunfo que significó para el oficialismo la aprobación definitiva de la ley de Glaciares, el Gobierno se prepara para debatir en el Congreso la adhesión al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT, por sus siglas en inglés), una norma clave para las relaciones con los Estados Unidos.
En el acuerdo de libre comercio que firmó meses atrás con Washington, la Argentina se comprometió a cumplir con una serie de puntos, entre los cuales está el de sancionar esta medida antes del próximo 30 de abil.
La contraparte norteamericana está especialmente interesada en que se modernice a nivel local toda la legislación vinculada a la propiedad intelectual, ya que advierte que se trata de una de las regiones con más complicaciones en esta área.
En el informe “Special 301″ del 2025, por ejemplo, la Oficina del Representante de Comercio de la Casa Blanca señaló que nuestro país “continúa presentando desafíos de larga data y ampliamente conocidos para las industrias intensivas” y menciona como caso paradigmático “el mercado físico de La Salada, en Buenos Aires”.

“Las ventas de falsificaciones en otros lugares físicos siguen siendo elevadas, con aumentos repentinos en la venta de productos falsificados en ferias pequeñas, por vendedores ambulantes ilegales y en el Barrio Once”, remarca el estudio.
Para que entre en vigencia, las autoridades nacionales no solo tienen que lograr que el acuerdo comercial sea ratificado en el Congreso, sino que también deben aprobar otras normas complementarias, como este tratado sobre patentes.
Si bien la Argentina es miembro de la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) y firmó el Convenio de París, todavía no se adhirió al PCT, que ha sido históricamente una cuestión de intenso debate interno.
Ahora, la el oficialismo quiere volver a discutir la cuestión y analiza hacerlo retomando un proyecto que ya consiguió media sanción en el Senado en 1998, pero nunca se votó en Diputados.
Aunque la regla general es que una iniciativa venza un año después de su aprobación parcial si no es tratada por la otra Cámara, esto no aplica para los convenios internacionales.

Sin embargo, la cúpula libertaria todavía está planificando la estrategia que se llevará adelante: algunos integrantes del espacio aseguran que ya la semana que viene se va a presentar el texto, mientras que otros actores involucrados reconocen que se podría demorar un poco más.
En cuanto al contenido, en la Casa Rosada sostienen que la iniciativa de la década de los 90 va a ser enviada con modificaciones, por lo que necesariamente deberá volver al Senado después de que se apruebe en Diputados.
“Se van a hacer retoques, porque estamos hablando de un texto muy viejo, tiene algunas cosas que quedaron obsoletas y además se tiene que adaptar a los requisitos del acuerdo que firmamos con Washington ahora”, manifestó un miembro del cículo íntimo de Javier Milei.
Por el contrario, algunas de las fuentes que están trabajando desde hace meses en el proyecto aseguraron a Infobae que eso no es necesario y que, por lo tanto, lo más probable es que se envíe la misma propuesta de la época de la presidencia de Carlos Menem, para aprovechar la media sanción y reducir los tiempos parlamentarios.
“La media sanción del Senado de 1998 es el instrumento correcto y suficiente para avanzar. No es necesario ni conveniente reabrir el debate con un nuevo proyecto de ley”, explicó un integrante del Gabinete que está atrás de la redacción.
El conflicto, puntualmente, está en que la medida que se debatió en ese momento no incluía la posterior actualización de los plazos de ingreso al tratado, que se detallaron en el artículo 22, adoptado recién en 2001.
Al respecto, el funcionario remarcó que los cambios adoptados por la Asamblea de la Unión PCT y vigente desde el 1° de abril de 2002, únicamente extendió el plazo estándar de entrada en fase nacional de 20 a 30 meses a partir de la fecha de prioridad. “Esta es la reforma más relevante para los solicitantes desde la creación del tratado”, señaló.

Sobre la necesidad de un nuevo proyecto, la posición oficial es que “el PCT opera como un sistema unitario administrado por la OMPI”, por lo que “no existen versiones paralelas del tratado para distintos adherentes”.
“Quien adhiere, ingresa al sistema tal como está configurado al momento de la adhesión, con su texto consolidado y su Reglamento vigentes”, sostuvo.
Además, se aclaró que la iniciativa con media sanción “no genera por sí sola el riesgo de quedar atrapados en el plazo de 20 meses”, porque “la modificación de 2001 se aplica a todos los Estados contratantes sin necesidad de ratificación parlamentaria separada”.
EN este sentido, la fuente consultada indicó que, frente a eventuales dudas, “puede subsanarse mediante una declaración al momento del depósito del instrumento de adhesión ante la OMPI”, una opción que “ha sido aclarada e indicada por el propio organismo internacional”.
“El mecanismo de incompatibilidad del artículo 22 del PCT es opt-in: solo si Argentina notifica expresamente al Director General de la OMPI la incompatibilidad del plazo de 30 meses con su legislación interna, se aplicaría el plazo de 20 meses. En ausencia de tal notificación, el plazo de 30 meses opera como regla por defecto, con independencia del texto de la ley aprobatoria”, se argumentó.
POLITICA
Elevan a juicio oral la causa contra el exministro bonaerense Jorge D’Onofrio por lavado de dinero

El exministro de Transporte de la provincia de Buenos Aires Jorge D’Onofrio deberá enfrentar un juicio oral por la compra de una camioneta de lujo, adquirida por un funcionario de su entorno. El juez federal de Campana Adrián González Charvay dio por cerrada la investigación por el delito de lavado de dinero y elevó el expediente a juicio.
También será juzgado Facundo Asensio, exdirector de Fiscalización y Control bonaerense, un hombre que respondía a D’Onofrio.
La novedad está vinculada de manera directa con otro expediente, en la Justicia provincial, donde se investiga el supuesto delito precedente. En ese caso, el fiscal provincial Álvaro Garganta pidió que D’Onofrio vaya a juicio por un millonario negociado con el sistema de la Verificación Técnica Vehicular (VTV).
¿En qué consistía la maniobra? Varias empresas se comprometieron a subcontratar a una firma ligada al exministro para administrar el sistema de turnos. Esa firma, que no tenía experiencia en el rubro tecnológico, recaudó $4.995.000.000 en poco más de un año.
La Justicia sospecha que los fondos utilizados para la compra de la camioneta proveían de alguna de estas maniobras ilícitas.
La camioneta, una Audi Q8, dominio AE554ZD, estaba a nombre de Asensio pero era utilizada por D’Onofrio. “Asensio actuó como interpuesto registral o testaferro, ocultando la verdadera titularidad del rodado y disimulando el patrimonio real de D’Onofrio, configurando un típico esquema de disimulación patrimonial propio de maniobras de lavado de activos”, sostuvo Charvay cuando procesó al exministro.
El procesamiento fue confirmado por la Cámara Federal de San Martín y luego por la Cámara de Casación.
La defensa de D’Onofrio luego planteó que una de las causas que tramitan en la provincia de Buenos Aires había sido archivada, pero omitió que otros expedientes seguían avanzando. Además del caso de las VTV, el fiscal Garganta tiene en la mira una red de gestores que ofrecían descuentos del hasta el 50 por ciento para hacer desaparecer las infracciones.
Esa maniobra, que habría arrancado en enero de 2022, cuando D’Onofrio llegó al gabinete de Axel Kicillof, contaba con la participación de varios jueces de faltas.
“No se atribuyó el origen de los activos a un único hecho precedente sino que se valoraron un conjunto de investigaciones y circunstancias que, apreciadas de manera integral, permitieron sostener la existencia de actividades ilícitas susceptibles de generar los fondos involucrados en la maniobra de autos», sostuvo Charvay al momento de justificar la elevación a juicio.
D’Onofrio finalmente será juzgado por la compra de una camioneta, aunque en ese mismo expediente se investigaban otros bienes de lujo del exministro y sus allegados. Algunos de los datos llegaron desde España a través de la Unidad de Información Financiera (UIF).
En ese país, la concejal de Pilar Claudia Pombo, muy cercana al ex ministro, había creado una sociedad junto al exjuez de Faltas Mario Quattrochi para explotar dos restaurantes: Tardeo PacíficoyTardeo Soho. Tras el escándalo, las sociedades se disolvieron rápidamente.
Para justificar la supuesta compra de ese vehículo, Asensio aportó un contrato de mutuo por $30 millones con la firma “Los Altos de Don Carlos Emprendimiento Inmobiliario SA”, creada para la ocasión y puesta a nombre de sus padres.
Para la Justicia, fue una maniobra para esconder el verdadero origen del dinero. “Los fondos utilizados para la adquisición del vehículo habrían provenido de presunta la actividad ilícita desplegada por D´Onofrio mientras cumplía funciones de Ministro de Transporte de la provincia de Buenos Aires», sostuvo el juez en varias ocasiones.
pidió que D’Onofrio vaya a juicio,sostuvo Charvay cuando procesó al exministro.,Nicolás Pizzi,Jorge D’Onofrio,Lavado de dinero,Conforme a,Jorge D’Onofrio,,El caso de las fotomultas y la VTV. Rechazaron una apelación de D’Onofrio y confirmaron su procesamiento por lavado,,Denuncias cruzadas. Tapia acusó de “extorsión” a los dirigentes de la Coalición Cívica y también apuntó contra un empresario,,En la Justicia. Un custodio de Yofe declaró que el denunciante de la AFA “revoleó” su celular al mar tras el allanamiento
POLITICA
Javier Milei defendió a las empresas manejadas por IA y planteó la posibilidad de tener políticos robots

Javier Milei volvió a defender la creación de un marco legal para empresas manejadas por inteligencia artificial y le respondió al historiador Yuval Noah Harari, que había advertido sobre los riesgos de otorgarles personalidad jurídica a agentes autónomos. En una carta oficial fechada este jueves, Milei sostuvo que esas compañías deberían estar sujetas a la ley como cualquier sociedad convencional y dejó una frase de alto impacto político: citó a Isaac Asimov y se preguntó por qué no “probar con el político robot”.
El texto, titulado Personalidad jurídica para empresas de IA: revisando las preocupaciones de Harari, aparece como una respuesta directa al artículo que el autor de Sapiens publicó en el Financial Times contra la propuesta argentina. La discusión se había iniciado días antes, cuando Milei difundió en ese mismo diario una columna en la que presentó a la Argentina como un posible polo global de inteligencia artificial, con baja regulación, incentivos fiscales y una nueva categoría legal para compañías operadas por algoritmos, agentes de IA o robots.
Harari cuestionó esa idea y sostuvo que otorgar personalidad jurídica a empresas no humanas puede abrir una puerta peligrosa hacia el sistema financiero, económico y político. Su planteo central fue que una compañía manejada por IA podría tener activos, contratar empleados, participar del comercio internacional, iniciar demandas judiciales o incluso financiar campañas sin la intervención directa de una persona. También advirtió que sería difícil sancionar a una IA como se sanciona a un ejecutivo humano, porque no puede ser enviada a prisión.
Milei rechazó ese enfoque y afirmó que los temores de Harari son, en realidad, un argumento a favor de darles un encuadre jurídico. Según el Presidente, si las empresas de IA implican más riesgos, entonces es más necesario identificar sus activos, establecer un patrimonio embargable y fijar responsabilidades. “Preferiría ampliamente tener un patrimonio contra el cual poder reclamar si soy engañado por una IA, antes que no tener protección alguna”, planteó en la carta.
El tramo más polémico aparece cuando Milei toma una historia de Yo, robot, de Isaac Asimov, en la que una campaña política queda atravesada por la sospecha de que el candidato principal podría ser un robot. El Presidente remarca que, en ese relato, el robot trabaja las 24 horas, es honesto y no pierde la compostura. Luego agrega: “¿Por qué no probar con el político robot?”. Si bien no lo presenta como una propuesta formal, la frase instala una comparación sensible entre dirigentes humanos e inteligencia artificial.
La explicación de fondo de Milei es que una firma de IA podría tener más incentivos para cumplir la ley que un humano. Su argumento es que, si la empresa quebrara o fuera disuelta por una infracción, eso equivaldría para la IA a una suerte de “muerte”. Por eso, sostiene que una compañía autónoma podría ser más adversa al riesgo que un ejecutivo humano y preferiría mantenerse dentro del marco legal.
Leé también: Senado: el oficialismo busca avanzar con las leyes de Milei y la oposición redobla la presión sobre Adorni
El Presidente también buscó desactivar los escenarios más catastróficos. Sostuvo que otorgar personalidad jurídica a una empresa de IA no equivale a habilitar el “Día del Juicio Final” de Terminator, sino a darle un marco de desarrollo comparable al refugio que necesitó James Watt durante la Revolución Industrial. Con esa comparación, Milei intentó ubicar el debate en una tradición de innovaciones resistidas por temor, pero que luego generaron saltos de productividad.
En otro pasaje, Milei cuestionó la analogía de Harari con la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Para el Presidente, ese caso no demuestra el peligro de la personalidad jurídica empresarial, sino el riesgo de que el Estado delegue poderes soberanos, como administración territorial, fuerza militar o derecho a firmar tratados. “Fue el Estado el que causó y permitió el abuso”, sostuvo.
Javier Milei, Robots
POLITICA
La respuesta de Milei a Yuval Harari por cuestionar su iniciativa para crear empresas no humanas con IA

El presidente Javier Milei sumó un nuevo capítulo a su debate con el influyente historiador israelí Yuval Noah Harari sobre la posibilidad de crear empresas no humanas con inteligencia artificial (IA).
El lunes, el filósofo había cuestionado un articulo de la autoría del mandatario para el Financial Times. En resumidas cuentas, el jefe de Estado se había expresado a favor de crear “sociedades automatizadas”, que funcionan con algoritmos o robots, sin la necesidad de contar con personas humanas.
Harari ofreció respuesta a aquel planteo en otra columna para el mismo medio: “Cuando hablé en el Foro Económico Mundial en enero de este año, advertí que los gobiernos podrían algún día otorgar personalidad jurídica a los modelos de IA. Jamás imaginé que ese algún día llegaría tan solo cuatro meses después”.
Desde el título de la nota -“No debemos otorgar personalidad jurídica a los agentes de IA-, Harari se ubica en la vereda de enfrente de Milei, quien imagina nueva tipología de empresas no humanas con el objetivo de garantizar una seguridad jurídica a un tipo de inversiones que en general operan en un gris legal. Esa idea es la que surge del proyecto de ley empujado por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger.
“La semana pasada, en este periódico, el presidente argentino Javier Milei anunció la creación de una nueva categoría jurídica para las corporaciones no humanas. Al igual que las corporaciones tradicionales, estas corporaciones no humanas gozarán de los beneficios de la personalidad jurídica. Presumiblemente, podrán poseer activos, contratar empleados, participar en el comercio internacional, demandar ante los tribunales e incluso donar a campañas políticas. A diferencia de las corporaciones tradicionales, podrán hacer todo esto sin la intervención ni la responsabilidad de ningún ser humano. Todas las decisiones sobre compra, venta, contratación, inversión, litigios y donaciones podrán ser tomadas por agentes de IA”, escribió el filósofo e historiador.
Y cerró al advertir: “Otorgar personalidad jurídica a las IA permitiría a los agentes de IA emprender numerosas iniciativas nuevas, generando potencialmente una enorme riqueza. Sin embargo, la personalidad jurídica es una llave de uso general que también les permitiría acceder a nuestros sistemas financieros, económicos y políticos. Esto suscita muchas preocupaciones”.
En su última contestación, Milei le agradeció por participar del “fascinante y trascendental debate” y anticipó que prepararía una réplica con la intención de “calmar sus temores”. En ese marco, la Oficina del Presidente compartió este jueves un extenso comunicado en inglés, que lleva la firma de Milei y donde ofrece una formulación más amplia del punto de vista del líder de La Libertad Avanza (LLA).
La respuesta oficial de Milei al planteo de Harari
Siempre es un placer y un honor que Noah Harari comente una de las ideas de uno. Sin embargo, la preocupación de Harari respecto de las sociedades de responsabilidad limitada operadas de manera autónoma por inteligencia artificial es, en todo caso, inesperada. En primer lugar, porque probablemente ninguna persona en el mundo pueda prever el futuro tan bien como él; y otorgarles a las empresas gestionadas por IA un marco jurídico parece ser una característica necesaria de ese futuro. En segundo lugar, porque en Sapiens Harari elogia la responsabilidad limitada. De hecho, sostiene: “La idea detrás de tales compañías se encuentra entre las invenciones más ingeniosas de la humanidad”.
La personalidad jurídica cumple una función precisa y ampliamente comprendida: permite que una organización tenga un patrimonio propio y centraliza las relaciones jurídicas derivadas de sus actividades. Lejos de ser una novedad, es una de las herramientas más probadas en la historia del derecho comercial.
Si es cierto, como argumenta Harari, que las empresas operadas por IA conllevan mayores riesgos que las corporaciones dirigidas por seres humanos (volveré sobre esto más adelante), entonces el argumento a favor de la personalidad jurídica se vuelve más fuerte, no más débil. Cuanto mayores son los riesgos, más necesario es poder identificar los activos vinculados (o susceptibles de ser vinculados) a una actividad. Los temores de Harari son, en mi opinión, un argumento a favor de la personalidad jurídica, no en contra.
También tengo reparos respecto de su preocupación por la supuesta capacidad especial de la IA para encontrar vacíos legales o hacer trampas. No es que avalemos tales conductas. Sin embargo, incluso antes de preguntarnos por qué esos vacíos no pueden corregirse, deberíamos preguntarnos: ¿acaso los seres humanos no hacen lo mismo? Y aun así, eso no es motivo para abolir las estructuras corporativas, y no creo que nadie lo haya sugerido en el caso de empresas dirigidas por personas. Ni siquiera después de Enron. De hecho, preferiría tener un patrimonio contra el cual hacer valer un reclamo si una IA me perjudica, antes que no tener protección alguna. Huelga decir que, en nuestro esquema, las mismas penas y sanciones que se aplican a compañías cuyos directivos humanos cometen irregularidades se aplicarían a las firmas autónomas.
También existe una tensión en el argumento de Harari sobre la rendición de cuentas que merece atención. Él señala que una IA no puede ser enviada a prisión y sostiene que eso constituye un problema: una IA que no pueda ser castigada probablemente se comporte de manera temeraria. Pero también argumenta que la quiebra sería, para una IA, el equivalente a la muerte, y que haría todo lo posible para evitarla. Entonces, ¿las IA se preocupan o no por el castigo? Parecería que una IA tendría mucho más en juego que un ejecutivo humano (la muerte en lugar de la prisión), lo que sugiere que preferiría mantenerse estrictamente dentro de la ley y minimizar los riesgos.
Esto me recuerda a una historia de Isaac Asimov, Yo, Robot, escrita en 1950, en la que una campaña política queda eclipsada por la sospecha de que el principal candidato podría ser un robot. El debate posterior es fascinante. La conclusión: el robot trabaja las veinticuatro horas, es escrupulosamente honesto y nunca pierde la compostura. ¿Por qué no probar con el político robot? Nadie lo sabe con certeza, pero considero probable que las empresas de IA sean más adversas al riesgo que los seres humanos.
Luego está la visión del futuro que ofrece Harari: una Yakarta en llamas, ciudades consumidas por fuerzas que escapan a nuestro control. Estas ansiedades merecen respeto. Harari y sus advertencias no deberían ser desestimados a la ligera. Sin embargo, el historial de la historia ofrece una guía diferente. James Watt también temía llevar el caos al mundo (de hecho, fueron Adam Smith y otros profesores de la Universidad de Glasgow quienes le dieron refugio para que pudiera trabajar en la máquina de vapor). Y aquí estamos. Muy lejos de aquellos temores, la Revolución Industrial multiplicó la producción mundial aproximadamente doscientas veces (aunque no estuvo exenta de sufrimientos). Más relevante para los acontecimientos actuales: ese cambio se desarrolló a lo largo de dos siglos. No ocurrió de un día para otro. Comprendo que hoy la velocidad del cambio es mayor y algo vertiginosa, pero la acumulación de capital lleva tiempo y recursos. La división del trabajo debe encontrar sus nichos. La demanda debe seguir el ritmo de la oferta. Por todas estas razones, los escenarios distópicos son autodestructivos: un mundo de privilegiados y excluidos que no pueda sostener una demanda acorde a la oferta simplemente se detendría. Otorgar personalidad jurídica a una empresa de IA no es desencadenar el Día del Juicio Final de Terminator; es equivalente a brindar el refugio que James Watt necesitó hace doscientos años, permitiendo que la imaginación se desarrolle libremente y prospere. Aun así, eso no significa que no vaya a haber ajustes en el camino.
Imaginar el futuro también plantea una cuestión que Harari no aborda plenamente: ¿la IA conducirá a un pequeño número de corporaciones dominantes o a una cantidad cada vez mayor de empresas más pequeñas? La IA parece reducir las barreras de entrada en muchas actividades. Si es así, la teoría económica sugiere que las empresas serán más pequeñas, no más grandes. En ese caso, lejos de ser el vehículo institucional de la concentración, la personalidad jurídica para la IA podría demostrar ser su antídoto. De hecho, me preocupa menos el poder de las corporaciones —que deben competir entre sí, una experiencia profundamente aleccionadora— que el del Estado, porque el autoritarismo surge del monopolio de la fuerza que solo los gobiernos poseen. Una empresa legalmente constituida jamás mantendrá ese monopolio. De hecho, siempre estará a un paso de la irrelevancia.
Finalmente, la personalidad jurídica, lejos de habilitar abusos, es precisamente el mecanismo mediante el cual una sociedad canaliza su energía creativa dentro del marco de la ley, los derechos de propiedad y el principio de no agresión que constituyen los pilares del liberalismo. Esto es así porque una empresa de IA estará sujeta al Estado de derecho exactamente del mismo modo que cualquier corporación convencional.
Esto me lleva a la analogía histórica final de Harari. La comparación es vívida y atractiva, pero no es precisa. La Compañía Holandesa de las Indias Orientales poseía poderes soberanos delegados por el Estado: administración territorial, fuerza militar y el derecho a celebrar tratados. En otras palabras, fue el Estado quien causó y permitió los abusos. Una empresa autónoma que opere dentro de un marco jurídico capaz de disolverla, embargar sus activos o exigirle responsabilidad legal no está escapando de la ley. Está sometiéndose a ella. Y, en gran medida, esa es precisamente la razón por la que importa otorgarle personalidad jurídica.
Noticia en desarrollo.
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