ECONOMIA
Un economista liberal analizó el repunte de la actividad: “El interior va a otra velocidad que el Gran Buenos Aires”

Luciano Villegas, economista de Fundación Libertad, dialogó con Infobae en Vivo sobre las señales de recuperación que muestra la economía argentina y las dificultades que persisten en sectores clave. A partir del último dato del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), Villegas señaló que se observa un signo de recuperación en casi todos los sectores, aunque advirtió que el escenario aún es dispar.
Hasta la publicación más reciente del EMAE, la economía venía mostrando “dos velocidades”. Sectores como energía, combustibles y agricultura evidenciaban un crecimiento acelerado, mientras que la construcción, la industria y el comercio minorista –los de mayor generación de empleo– registraban caídas. Según Villegas, la novedad es que “la construcción crece más de 7% y la industria manufacturera está 4,6% arriba”, aunque insistió en que “hay que seguir analizando si ese cambio de tendencia se repite en los próximos meses”.
El economista destacó diferencias entre regiones y sostuvo que el interior del país va a un ritmo distinto. “La situación que se encuentra en el AMBA o en la Capital Federal es bastante diferente a la que se observa en el interior, donde el agro y la ganadería tienen un peso considerable”, explicó y ejemplificó con Rosario. “En el interior, creo que estamos yendo a otra velocidad que el Gran Buenos Aires”, agregó al respecto.
A pesar de los avances en algunos sectores, Villegas remarcó que el comercio minorista todavía enfrenta dificultades. “No quiere decir que el sector la esté pasando bien, solo que, en el índice de crecimiento económico, traccionan más los sectores como la ganadería o la agricultura, que no existen en el AMBA”, puntualizó. Además, recordó que “venimos de siete meses consecutivos de caída del salario real, y ese no es un dato menor”.
El informe de marzo mostró que los salarios nominales subieron 3%, mientras que la inflación fue de 3,4%, consolidando la pérdida del poder adquisitivo. “Las perspectivas no son las mejores para el sector donde el salario de los trabajadores termina determinando el consumo”, señaló Villegas.
Sobre el crédito y el consumo, consideró que la baja de tasas de interés, en el rango del 20 al 25%, podría incentivar los préstamos personales. “Cuando se consolide esa baja, los préstamos al consumo deberían orientarse en ese sentido”, anticipó.
Villegas también mencionó un incipiente cambio en la tendencia de la morosidad en préstamos personales y tarjetas de crédito, aunque pidió cautela: “No es nada para festejar, pero empieza a generar la idea de que, con la caída de tasas y la mejora en algunos sectores, la morosidad podría empezar a reducirse”.
En cuanto al contexto macroeconómico, el economista afirmó que el programa del Gobierno prioriza la baja de la inflación, sobre todo de cara a las elecciones. “El Gobierno va a tratar de consolidar esa baja de inflación, pero depende casi exclusivamente de un tipo de cambio estable”, aseguró.
Villegas proyectó que, gracias al ingreso de dólares por colocación de deuda y la cosecha gruesa, hasta septiembre podría haber una “pax cambiaria”, lo que llevaría a una inflación “más cercana al 2% que al 3,4% de marzo”. Aun así, advirtió: “No veo inflación por debajo del 2%, pero probablemente se ubique más cerca de ese valor”.
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ECONOMIA
Caputo se comprometió con el FMI a posponer partes de la reforma laboral para garantizar el superávit fiscal

El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció días atrás que el ajuste del gasto público había encontrado un límite y que era necesario empezar a recaudar más a partir de ahora para el superávit fiscal. Esta dificultad que enfrentan para mantener el pilar del programa económico quedó de manifiesto en el nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), en donde el Gobierno se comprometió, en caso de ser necesario, a tomar medidas adicionales para alcanzar el objetivo primario, entre ellas posponer la entrada en vigencia de la reforma laboral.
El aplazamiento se inscribió en el marco de los compromisos asumidos por Caputo frente al FMI. En el staff report, el organismo dejó en claro que para alcanzar el objetivo fiscal de un superávit primario de cerca de 1,5% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2026, resultará necesario sostener una política de disciplina de gasto estricta y continua. En una coyuntura de desafíos que fueron señalados por el FMI con el impacto de la reducción de impuestos legales sobre las exportaciones agrícolas y los efectos de las iniciativas de gasto aprobadas por el Congreso a finales de 2025, que alcanzaron 0,35% del PIB, junto con las nuevas medidas tributarias incluidas en la ley laboral (0,15% del PIB).

En el informe, el FMI reveló que las autoridades argentinas se comprometieron a reducir subsidios a la energía, mejorar la orientación de las transferencias sociales y racionalizar el gasto discrecional tanto corriente como de capital. Pero también a adoptar medidas adicionales si los pagos de intereses de la deuda superan lo previsto, con el fin de resguardar el ancla fiscal. Entre ellas, demorar la entrada en vigencia de la reforma laboral, lo que permitiría ahorrar 0,15%/PBI; fortalecer impuestos especiales, 0,10%/PBI; y mejorar la focalización de subsidios al transporte, 0,10%/PBI.
Por hace semanas, Infobae realizó consultas frecuentes tanto a fuentes oficiales del Ministerio de Economía y a la Comisión Nacional de Valores (CNV) sobre los avances en la reglamentación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL). En cada una de las oportunidades aseguraban que dependían primero de la publicación del decreto reglamentario de presidencia. Pero los tiempos corrían y la Ley de 27.802 fijaba que la iniciativa debía entrar en vigencia a partir del 1° de junio.
Fue en el contexto de la publicación del informe del FMI cuando fuentes del Gobierno reconocieron a Infobae que FAL no entrará en vigencia en junio, siendo una posibilidad que se encuentra habilitada la Ley por un plazo máximo de seis meses (hasta el 1° de diciembre de 2026). Sin embargo, se trata de una encerrona para el ministro de Economía, Luis Caputo, ya que si bien la entrada en vigencia del FAL tiene un costo fiscal para el Estado (porque las contribuciones al fondo por despido se restaban de las que se hacen a la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSES)), por medio de esta iniciativa se busca desarrollar el mercado de capitales.
Pero el compromiso de mejorar la focalización de subsidios de transporte es otro punto de tensión para el ministro que podría su vez presionar sobre la inflación. La tensión que hay entre Gobierno y las empresas de colectivo en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) quedo de manifiesta en los últimos meses en donde por el aumento del precio del combustible, los empresarios reclamaban que se actualice la estructura de costos y con ello se otorguen mayores subsidios o un aumento del boleto.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Lo que derivo en las reducciones de frecuencia de líneas de colectivo que afectaron a miles de usuarios. Un problema, al que la Secretaría de Transporte resolvió de manera transitoria y sin dejar conforme a los empresarios con un aumento del boleto del 2% por tres meses desde mayo hasta julio, ya que sostiene estar por debajo de la inflación y guarda distancia con el de la provincia de Buenos Aires y la Ciudad que todos los meses aumentan dos puntos más inflación.
Pero fue en esa conversación que entablaron los empresarios de colectivos del AMBA con las autoridades de Transporte en donde se puso sobre la mesa que el Gobierno trabaja para que los subsidios vayan a los usuarios en lugar de las empresas de colectivos para lo que esperan tener avances en julio según pudo saber Infobae con fuentes que participaron de las reuniones.
El contexto fiscal presenta tensiones, hace nueve meses que la recaudación viene en caída. Y si bien el propio Caputo reconoció que la gestión económica buscó avanzar en la reducción de impuestos para estimular la competitividad, advirtió recientemente que el margen para ajustar el gasto público se encuentra agotado. “Para eso tenés que recaudar más porque seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil. Estamos en un nivel de gasto de 15 puntos del Producto Bruto Interno (PBI). Para dar una idea, es el nivel de gasto que había en los 90 y es 10 puntos menos de lo que fue el pico hace ocho años”, explicó el ministro durante su participación en el programa Economía de quincho.
El Staff Report del FMI remarcó la importancia de mantener la disciplina del gasto público y advirtió que, ante eventuales desvíos, las autoridades deberán implementar acciones adicionales para proteger el objetivo fiscal. El Gobierno reiteró su compromiso con la reducción de subsidios energéticos y el fortalecimiento de los programas sociales focalizados, al tiempo que siguió evaluando alternativas para la racionalización del gasto corriente y de capital.
En este escenario, las prioridades del equipo económico se concentraron en sostener el equilibrio fiscal, promover una mayor eficiencia en el gasto y evitar medidas que incrementen el déficit. El diálogo con el FMI se mantuvo como un pilar central de la estrategia oficial, mientras las definiciones sobre la reforma laboral y el Fondo de Asistencia Laboral continuaron pendientes de resolución.
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ECONOMIA
Tras la baja de retenciones al agro, el Gobierno anunció que la cosecha logró un máximo histórico de 163 millones de toneladas

REUTERS/Martin Cossarini
La campaña agrícola 2025/2026 alcanzó un nuevo récord para el campo argentino. De acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, los seis principales cultivos alcanzaron las 163,2 millones de toneladas, un 21,25% más que el ciclo anterior. Así lo difundió el ministro de Economía, Luis Caputo, en su cuenta personal de X, a horas de que el presidente Javier Milei anunciara una nueva baja de retenciones al trigo, la cebada y la soja.
El funcionario destacó el rendimiento individual de cada cultivo y subrayó el impacto de la campaña sobre el entramado económico. Soja, maíz, girasol, trigo, cebada y sorgo lideraron el crecimiento productivo.
De acuerdo con los números oficiales, la soja sumó 49,9 millones de toneladas y marcó un rendimiento promedio de 30,6 quintales por hectárea. El maíz alcanzó 70 millones de toneladas, el mayor volumen en dos décadas, y rindió 72 quintales por hectárea.
En tanto, el girasol logró 7,4 millones de toneladas, con 23,4 quintales por hectárea en promedio nacional, mientras que el trigo aportó 27,9 millones de toneladas, lo que representó el máximo histórico para la serie estadística del país. A su vez, la cebada sumó 5,6 millones y el sorgo 2,4 millones de toneladas. Estos números reflejaron la diversificación productiva y el peso creciente de toda la cadena agroindustrial.
Analistas atribuyen el salto productivo a la combinación de condiciones climáticas favorables, innovaciones tecnológicas y decisiones estratégicas en manejo de cultivos. El incremento de la superficie sembrada y la mejora en los rindes permitieron alcanzar un volumen nunca antes registrado.

Estos números fueron informados luego de que Milei anunciara una nueva baja de retenciones para el sector. Fue durante el 172° aniversario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, y la medida implicará una baja de derechos de exportación para el trigo y la cebada de 7,5% a 5,5% a partir de junio de este año. Además, confirmó que a partir de enero de 2027, según los resultados de la recaudación, bajará entre 0,25 y 0,5% por mes las retenciones para la soja.“Será de manera continuada hasta el año 2028 si nosotros reelegimos”, declaró.
Desde el sector, rápidamente salieron a aplaudir la medida, ya que vienen reclamando desde hace tiempo una eliminación total de las retenciones, tal como había prometido el Presidente desde su llegada al Gobierno. Sucede que luego de algunos pasos realizados en este sentido el año pasado, en los últimos meses la recaudación cayó fuerte en términos reales y el Gobierno sigue manteniendo como prioritario el objetivo de déficit 0 y de bajar la inflación. Es por eso que había frenado toda medida que implicara costo fiscal.
El anuncio generó expectativas entre los productores, exportadores y entidades agroindustriales, que analizaron el posible impacto de la decisión sobre la rentabilidad y la dinámica de la próxima campaña. Las retenciones, históricamente, funcionaron como un factor central en la ecuación de costos e ingresos del campo argentino y su modificación se considera clave para la planificación de inversiones y la comercialización de granos.
El Gobierno presentó la medida de baja de retenciones como parte de una estrategia para mejorar la competitividad y sostener el flujo de divisas a partir de las exportaciones agrícolas. De acuerdo con proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, el agro proyecta liquidar en 2026 alrededor de USD 35.375 millones.
El complejo sojero aportaría USD 16.500 millones, el maíz USD 7.500 millones, el trigo USD 2.200 millones, el girasol USD 2.400 millones, la cebada USD 500 millones, el sorgo USD 300 millones y otros cereales y oleaginosas USD 600 millones.
La proyección de divisas se da en un escenario internacional marcado por precios elevados y tensiones geopolíticas. La posición argentina como proveedor agrícola se vio favorecida por estos factores, aunque el sector enfrenta un aumento sostenido de costos. El incremento del precio del petróleo y de insumos como combustibles y fertilizantes, en particular la urea, encareció la estructura productiva y generó preocupación entre los productores. El salto en los costos limitó el efecto positivo del mayor ingreso de divisas sobre la rentabilidad del sector.
En 2025, el agro liquidó aproximadamente USD 31.330 millones, un 25% más que el año anterior, en parte por el adelantamiento de exportaciones tras la eliminación temporal de retenciones. El pico se registró en septiembre de 2025, cuando la liquidación mensual superó los USD 7.000 millones, seguido por una baja en los meses posteriores.
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ECONOMIA
Milei celebró el último dato de actividad económica: por qué el próximo dato podría aguar la fiesta

La alegría que el último dato del EMAE provocó en el gobierno podría ser de corta duración: los analistas están viendo señales de que la actividad podría tener un freno en abril, lo que dejaría sin sustento el discurso oficial sobre la tendencia a la recuperación de la economía.
La primera advertencia consiste en no dejarse engañar por el volumen de la mejora intermensual, dado que hay factores que distorsionan el análisis -como la mayor cantidad de días hábiles. En ese sentido, un informe de la gestora de inversiones Mega QM señala que si se compara el dato de marzo con diciembre en vez de febrero, entonces la tasa de crecimiento da un 0,2% mensual promedio.
«En términos anualizados es un crecimiento del 2%. Es una cifra más consistente y posiblemente más alineada con la realidad de los últimos meses», indica el reporte.
También la consultora Outlier destaca que el alza interanual de 5,5% en marzo se explica en gran parte por la baja base de comparación con marzo 2025 (el punto menos exigente del año) y el efecto calendario favorable, dado que este año hubo más días hábiles por la ubicación de feriados.
«Será clave la reversión del deterioro sostenido de los salarios del sector privado formal y una reactivación efectiva del crédito al sector privado, cuyo stock real aún no muestra signos de reacción», plantea el informe de Gabriel Caamaño.
Desde ese punto de vista, el gobierno se enfrentará a una disyuntiva respecto de qué privilegiar, si la acumulación de reservas en el Banco Central o acelerar la baja de la inflación.
En la misma línea, Juan Manuel Franco, economista jefe del grupo SBS, advirtió que, pese al rebote de marzo, «los datos preliminares para abril muestran una dinámica algo magra, por lo que habrá que seguir la evolución a lo largo de los meses, sobre la que influirán no sólo cuestiones fiscales y monetarias, sino también del sector externo y las expectativas».
En tanto, el reporte de la consultora LCG plantea que el dato de marzo no debe generar la sensación de que ya se está en una recuperación consolidada. Y, de hecho, mantuvo su proyección de que el PBI del año se mantendrá por debajo del 3%, traccionado por los sectores líderes, entre los que destaca petróleo, minería, agro e intermediación financiera).
«Para el resto no hay drivers claros que impulsen el crecimiento. La demanda interna no logra consolidar una recuperación, afectada por el bajo poder adquisitivo y la retracción del crédito. A su vez, parte del consumo se desplaza hacia bienes importados, en un entorno de mayor competencia asociada a la apertura comercial y a un tipo de cambio real relativamente apreciado», agrega.
Y advierte que el «efecto derrame» de los sectores más dinámicos hacia los demás será acotado. De hecho apunta que uno de los logros que más festeja el gobierno, la estabilidad cambiaria, podría agravar la situación de los sectores con más desventaja competitiva.
¿Exceso de euforia?
El estimador mensual de actividad que mide mensualmente el Indec es considerado un predictor de la variación del PBI. Y, por fin, después de meses de resultados negativos, la estadística mostró un crecimiento de la economía. El gobierno sigue manteniendo una expectativa de un crecimiento en torno de 4%, mientras los economistas no dejan de revisar a la baja sus proyecciones.
En marzo hubo una recuperación de 3,5% respecto del mes previo, y de 5,5% en comparación con un año atrás. Como siempre, los sectores de agricultura y minería fueron los que lideraron el crecimiento. Pero el dato destacado es que la industria, que venía registrando cifras muy recesivas, y con pérdida de puestos de empleo, también mostró una recuperación.
El dato fue motivo de amplio festejo por parte del presidente Milei y los funcionarios del gobierno en los medios y en las redes sociales. No faltaron las ironías y chicanas dirigidas a los críticos, que venían advirtiendo sobre las dificultades competitiva de la industria local ante la irrupción de los productos importados.
En realidad, ya había un clima de euforia desde la jornada anterior, cuando se conocieron los datos de la balanza comercial, y volvió a registrarse un récord histórico de exportaciones, con más de u$s8.900 millones en un solo mes.
Sin embargo, hay datos que llevan a los economistas a realizar advertencias sobre no festejar por anticipado. Por caso, la Fundación FIEL difundió su indicador de producción industrial, que si bien tuvo una leve mejora interanual de 0,8%, registró una caída de 3,1% respecto del volumen de marzo.
La industria no despega
Entre los sectores con contracción de la producción en abril, las principales caídas corresponden a los minerales no metálicos y el rubro automotor. En el primer caso se registró una caída generalizada en los despachos y producción de insumos, lo que estaría explicado en parte por condiciones climáticas adversas para la actividad de la construcción.
En el caso de la industria automotriz – que en el primer cuatrimestre contabiliza una caída interanual de 8,7%- se anticipaban bajas en los registros de actividad a causa de la realización de paradas en las terminales âreducción de producción por caída de exportaciones, problemas de abastecimiento de autopartes, adecuación de líneas de producción para el lanzamiento de nuevos modelosâ, que afectaron la producción.
«En términos de ventas, los despachos de las terminales volvieron a caer en abril sumando tres meses de retroceso, mientras que los patentamientos luego del impasse observado en marzo registraron una nueva caída. Por su parte, las exportaciones repitieron la mejora de marzo por el aporte de los envíos de utilitarios», explica el reporte.
Otro relevamiento sobre datos de abril, como el que hace la consultora Outlier, muestra caídas generalizadas de la actividad, con la excepción del sector importador y en la demanda eléctrica no residencial. Sobre la base de esos indicadores, la consultora pronostica que el EMAE de abril volverá a marcar una variación negativa.
Igualmente aclara que, dado el impulso del sector agropecuario por la producción estacional, la caída de abril no sería tan grave como la que se registró en febrero -2,6% desestacionalizado y 2,1% en comparación interanual-.
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