POLITICA
Un senador libertario viajó a la final del Mundial y el oficialismo lo relativizó: “Se pagó todo él”

El senador libertario Bartolomé Abdala viajó a Estados Unidos para presenciar la final del Mundial 2026 entre la Argentina y España. Su presencia salió a la luz a partir de imágenes que se viralizaron en X, donde se lo ve durante su trayecto hacia Nueva Jersey, sede del encuentro que terminó con la derrota de la selección argentina. En las imágenes aparece con una gorra negra, jeans, zapatillas deportivas y una campera beige.
Ni el legislador ni su equipo desmintieron el viaje. Tampoco lo hicieron desde el oficialismo, aunque evitaron responder las consultas de . En cambio, referentes libertarios buscaron quitarle dramatismo al episodio. “Se pagó todo él”, afirmó un colaborador del oficialismo.
El dato no es menor: según estimaciones realizadas por , asistir a la final implicó un desembolso de al menos US$8000 y pudo superar los US$14.000 en paquetes que incluían pasajes, alojamiento y entrada. El mayor costo, además del precio, era conseguir un ticket para el partido. Tras la clasificación de la Argentina frente a Inglaterra, las entradas de reventa superaban los US$10.000. En Estados Unidos, la reventa es legal y existen plataformas oficiales para su comercialización.
Abdala representa a San Luis en el Senado y ocupa la presidencia provisional de la Cámara alta, cargo que lo ubica segundo en la línea de sucesión presidencial, detrás de la vicepresidenta Victoria Villarruel. Desde agosto percibirá una dieta cercana a los $7 millones mensuales netos.
Su vínculo con el fútbol viene de larga data. Entre 2000 y 2018 fue dirigente de la Liga Sanluiseña de Fútbol y ocupó distintos cargos electivos dentro de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
En un primer momento había trascendido que desde la Casa Rosada se había impartido la orden no escrita a funcionarios y legisladores de mantener un bajo perfil durante el Mundial y evitar imágenes en los estadios. Ahora, sin embargo, el discurso oficial cambió. “Después de la sesión eran libres”, señalaron en el equipo del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem.
En el Senado también relativizaron el episodio. “Arrancaron las vacaciones en el Senado”, deslizaron cerca de Patricia Bullrich, jefa del bloque libertario en la Cámara alta. “No se pregunta a dónde viajan los senadores”, agregó otra fuente oficialista.
Otro referente libertario fotografiado en el Mundial. Días atrás, Santiago Viola, secretario de Justicia y número dos del ministerio que conduce Juan Bautista Mahiques, fue visto durante el partido entre la Argentina y Suiza. Desde esa cartera explicaron que había solicitado licencia y sostuvieron que se trató de “una excepción”.
El antecedente
No es la primera vez que Abdala queda expuesto por un episodio incómodo para el discurso anticasta del oficialismo.
En septiembre de 2024 reconoció públicamente que tenía al menos 15 asesores porque aspiraba a ser gobernador de San Luis. “Tengo más de 15 seguro, tengo muchos en San Luis. Es la verdad. Mi deseo es ser gobernador y para eso necesito mantener vivo el territorio”, afirmó entonces durante una entrevista en TN. También explicó que muchos de esos colaboradores lo ayudaban a seguir la realidad de la provincia y a organizar reuniones cuando regresaba a su distrito.
Su sinceridad, sin embargo, se quedó corta. En ese momento contaba con 20 asesores entre personal de planta permanente y transitoria. Actualmente, según la información publicada en el sitio oficial del Senado, redujo esa estructura a 12 colaboradores.
La polémica impactó de lleno en el discurso anticasta que impulsa Javier Milei. Tras aquel episodio, el Presidente difundió un mensaje que muchos en el oficialismo interpretaron como un llamado de atención hacia su propio espacio: “La casta política está organizada para cagarle la vida a la gente de bien, al laburante. La única manera de presentarles batalla es con organización y disciplina de nuestro lado. Este mensaje va para el militante más raso hasta los dirigentes más importantes de La Libertad Avanza”, sostuvo.
estimaciones realizadas por LA NACION,dieta,impartido la orden no escrita,#TeQuieroSanLuis,#TeQuieroArgentina,pic.twitter.com/f8R3PwNhy5,July 19, 2026,Santiago Viola,contaba con 20 asesores,Senado de la Nación,Conforme a
POLITICA
El juez Mariano Llorens: el legado de su padre peronista, la autoridad de los jueces y la implementación del sistema acusatorio

Mariano Llorens heredó de su padre, un médico y militante peronista, El séptimo círculo, la colección de novelas policiales que dirigieron Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Encontró en esas historias de crímenes, investigaciones y personajes oscuros la puerta de entrada a su profesión. No había abogados en su familia, cuenta, pero sí una tradición vinculada a la función pública: su abuelo Emilio Llorens había sido director del Banco Nación, agregado económico en la embajada argentina en Estados Unidos y representante de la Secretaría Regional de ILAFA, y su padre había ocupado un cargo en la Gobernación salteña.
Ingresó al Poder Judicial en 1986 como meritorio y recorrió todos los cargos del escalafón hasta llegar, en 2018, a la Cámara Federal porteña. En esta nueva entrega de Sr. Juez, un ciclo dedicado a explorar las experiencias, pasiones y dilemas que moldean el pensamiento de los jueces más importantes del país, Llorens traza un recorrido por su carrera, cuestiona la implementación del sistema acusatorio y distingue el poder que les otorga la ley a los jueces de la autoridad que deben volver a ganarse de cara a la sociedad.
—¿Qué es El Séptimo Círculo?
—El Séptimo Círculo es la colección, una colección de libros que Bioy Casares y Borges dirigieron hace muchísimos años sobre novela negra, novela policial. A mí me gustaba mucho eso. La heredé de mi padre y fue mi primera aproximación a este mundo que después me atrapó, que es el Poder Judicial, los casos policiales, que era lo que primero me repercutía, los héroes, las heroínas y los personajes oscuros, las situaciones oscuras, cosas extraordinarias que se cuentan en esa obra maravillosa que ellos dirigían, que luego la deformación profesional hizo que yo adoptara como mi medio de vida, digamos, intentando entrar en tribunales para poder aproximarme a ese mundo, a esos mundos que se cuentan, a esos personajes, a esas situaciones que se daban en esas obras, en esos libros, que no son muchos, pero que luego fueron engrosados en mi biblioteca con otros del mismo género.
—¿A este género literario se sumó la presencia de algún abogado en la casa?
—No. Mi padre era médico, mi madre es médica, y en mi casa salvo un abuelo materno, pero que murió en la década del 50, no teníamos ningún registro de abogados. Con lo cual, también la novela negra y la cosa pública, que era parte también de la historia de mi familia, mi abuelo, mi padre, familiares de mi padre.
—¿Con la cosa pública se refiere a la política?
—Bueno, me refiero a situaciones de funcionarios públicos. Mi abuelo fue agregado económico en la Embajada de los Estados Unidos, fue miembro del directorio del Banco Nación, fue el delegado latinoamericano del fierro y el acero, como se llamaba ILAFA en ese momento, el Instituto Latinoamericano del Hierro, en la época de la Argentina industrialista, en la época de la gran expansión industrial del primer gobierno de Perón. Y él tuvo un rol muy destacado en esa época como economista, como ingeniero, pero dedicado a eso.
Entonces, él siempre nos inculcó el valor de la función pública, que mi padre lo heredó también, porque él trabajó en la función pública en Salta. Pero como era médico, la función social siempre está innata a los médicos. Entonces, eso para mí siempre fue algo que yo busqué, averigüé. Obviamente, en la época en la que vivió mi padre, él murió en el 77.
—¿Cuántos años tenía?
—Nueve. Yo tenía nueve años. Yo soy el mayor de mis hermanos. Y a través de la búsqueda de él, de sus historias, de su gente, de sus amigos, de sus recorridos, pude averiguar mucho más de él, ¿no? Acercarme a él. Lo hago hoy también, cuando aparece alguien que lo ha conocido o haya estado en algún lugar con él o haya compartido un espacio de militancia.
Él era militante del peronismo. Yo trato de acercarme y conocerlo un poquitito más… En sus inicios mi abuela lo llevó a la Inmaculada de Santa Fe para que sea sacerdote jesuita y compartió con, en ese momento, su maestrillo, que era Jorge Bergoglio, su primo, Ignacio García Mata, que luego sucedió a Bergoglio como provincial jesuita. Obviamente, él abandonó la vocación de sacerdote, pero como mi abuelo estaba en los Estados Unidos, él se fue a vivir a la casa de sus primos en Córdoba, una Córdoba muy convulsionada, muy militante.
Se recibió de médico en la Universidad Católica de Córdoba y ahí en la pensión de la universidad conoció a sus amigos que estaban en política. Unos fueron luego embajadores como Jorge Vázquez, que fue vicecanciller de Cámpora, y luego fue secuestrado por la dictadura.
Obviamente, a mí me tocó pensar, empezar a pensar y nacer a pensar en la década del 80, a fines de la década del 80, cuando Alfonsín dominaba las calles y la democracia volvía y era todo una fiesta, ¿no? Era todo efervescencia, era todo alegría, a pesar de las noches en las que veníamos, ¿no?
Y eso a mí me volcó muchísimo. Obviamente, me incliné por el derecho a partir de eso. Dejé el fútbol. A mí me hubiera gustado ser jugador de fútbol, pero no lo logré.
—Es decir, la opción B no era dedicarse a la política, sino ser jugador de fútbol.
—No, sí, tal cual. No me encuentro con pasta para ello, digamos. Son vocaciones diferentes, son personalidades distintas. A mí me encanta la función pública, pero obviamente el vínculo con la política no era lo mío, evidentemente. Entonces, muté hacia el derecho penal.
—Su primer encuentro con la Justicia fue el juicio de las Juntas…
—Mamá, más de diez años después de haber enviudado, se casa con un hombre maravilloso que era juez de la Cámara Civil de la Capital. Y yo no tenía registro de nada, digamos, de este mundo, más que el contacto con él.
Y él, con toda generosidad, un día me dijo: “Yo te voy a llevar a un lugar que no es el mío, pero tengo muchos amigos ahí”. Entonces, me da una entrada para ver el juicio de las Juntas y eso fue una bomba para mí, porque de entrada, en el año 84, 85, empecé a vivir lo que era, lo que significaba estar de cara a las víctimas, de cara a los victimarios y el rostro de una decisión que tenía autoridad.
Todo ese proceso que la gente debería recordarlo permanentemente y nosotros en tribunales lo tenemos muy presente. El año pasado se cumplieron cuarenta años y a mí me tocó como presidente de la Cámara hacer el discurso de homenaje a esos jueces que dictaron ese fallo… es una cosa impactante.
Si vos preguntás, en general, quién se acuerda qué pasó, qué decidieron, el 90% de la gente no acertaría el resultado final de la decisión. Ahí hubo condenas, hubo condenas que se aproximaron y que se alejaron de la petición de las fiscalías y hubo absoluciones también. Pero todo el mundo recuerda la autoridad de ese fallo. Y ese es el valor que tiene.
La muestra de que el poder civil se impone y que la ley se impone, guste o no guste, frente a quien sea y con toda autoridad y regularidad, cumpliendo lo que la ley manda. Esto es algo que a mí me impactó de entrada.
—¿Cómo fue ese ascenso de meritorio a juez?
—Yo entré en la justicia penal hace cuarenta años. En esa época no había cargos para entrar, entonces uno podía hacer una especie de pasantía no rentada.
Que era también muy significativa hacia adentro, porque esa pasantía no rentada se transformaba en pasantía rentada entre todos los empleados de las secretarías, que aportaban algo para los chicos nuevos que empezaban, que al final eran sus colaboradores. Y empezábamos así a tener una dinámica de grupo que se iba aceitando.
Y eso me llevó a tener unos años con Alberto Piotti ahí en ese juzgado. Luego vino Roberto Marchevitch, con el que estuve muy poco tiempo, hice una experiencia en la Defensoría del Pueblo de la Nación, que a mí no me gustaba porque era un organismo muy nuevo, de la Constitución reciente.
Entonces volví, a pesar de que tenía un cargo muy importante, al Poder Judicial. Me fui a la Justicia Federal de San Martín, donde estuve once años y donde fui secretario del Tribunal Oral Federal 4, con jueces maravillosos como Alejandro Slokar, Lucía Calzaín y Ángela Ledesma, con los que aprendí muchísimo, replicando los liderazgos positivos que aprendí de Alberto Piotti.
Digamos, gente sencilla, gente que se dedicaba solamente a su trabajo, gente que estaba 24/7 dedicada al trabajo y con conflictividad impactante porque la Justicia Federal, sobre todo en las provincias, tiene una impronta muy importante en el territorio.
Ahora, a mí me faltaba algo. Haciendo una maestría en Derecho Penal y Administración de Justicia en la Universidad de Buenos Aires, conocí a Patricia Llerena, que era una juez que daba clases sobre el tema del lavado de dinero, los delitos económicos. Ella perteneció al Programa Mundial de Blanqueo de Dinero de Naciones Unidas en Viena y daba clases sobre eso. Y a mí me encantaba, porque venía de la Justicia Federal y los hechos de narcotráfico importantes, el crimen organizado, todo el tema del lavado está muy vinculado con las organizaciones criminales.
Entablé un diálogo muy bueno con ella y me ofreció ir a la Justicia Ordinaria de la Capital Federal. Yo estaba un poco cansado de la Justicia Federal, ya hacía mucho tiempo que estaba ahí, y me fui al Tribunal Oral ordinario, donde mi formación cambió, se completó de una manera dramática, digamos, porque los juicios y los casos que se vinculan con la justicia de cercanía con la gente son los que a mí me consolidaron en la vocación.
Tuve muchos casos ahí, donde uno ve el corte de la sociedad en estado puro, donde uno puede observar el fracaso de las políticas públicas del Estado, donde uno mira realmente a la sociedad, cómo está evolucionando o involucionando, dónde están realmente los errores que comete la función pública en el desafío de políticas públicas.
Y a mí me maravilló eso. Nosotros no somos personas que estamos solamente puestas ahí como para apretar un botón, decir blanco o negro y volvernos a nuestra casa. Nosotros intervenimos en conflictos donde las personas tienen rostro, donde las víctimas tienen rostro, donde la conflictividad tiene un encadenamiento hacia atrás, donde uno tiene que mirar por qué llegan determinadas situaciones a ese nivel de violencia.
Por ejemplo, una de las cosas que más me impactó es cómo involucionamos como sociedad desde que ingresé yo al Tribunal Oral, ahí en el año 2006, por ahí 2007, hasta que llegué de vuelta, hasta que juré como juez federal, en esos once años, ver cómo los niveles de violencia avanzaban cada día más. Los niveles de violencia aumentaban y la edad de los violentos bajaba.
Nosotros lo tenemos como activo también, porque después en los grupos, los vínculos con el Estado, con los restantes poderes del Estado, tanto el Parlamento como el Poder Ejecutivo, nosotros tenemos en el Poder Judicial un activo donde conocemos mucho de lo que pasa en el terreno como para aportar información, para que determinados instrumentos de política pública se mejoren, se dialoguen, se crezcan.
Porque a veces algunos en la política creen que sancionando leyes a partir de modelos teóricos se resuelven problemas. Y la ley no cambia realidades, las cambiamos los operadores. Y esa interacción tiene que ser muy virtuosa.
—¿Piensa que el Poder Judicial, en su totalidad, está al tanto de su rol como poder del Estado?
—Yo creo que sí. El Poder Judicial tiene muchísimos extraordinarios actores, no solo buenos, extraordinarios actores. Estamos muy invisibilizados.
Nosotros tenemos una práctica muy común y está todavía vigente en muchos, que solo hablamos por nuestra sentencia. Eso es un error. Ya hay que abandonar eso. Hay que salir a mostrar lo que hacemos.
La oralidad en el proceso, en los juicios penales nos da a nosotros una herramienta y una práctica también para mostrar justicia con rostro.
Es cierto que después las salas de audiencias están vacías y las transmisiones de los juicios no va nadie. Pero tenemos que generar también un vínculo virtuoso con ustedes, porque el periodismo es fundamental para que nos conozcan a nosotros y también conozcan qué hacemos.
Nosotros tomamos decisiones todos los días y decisiones que no gustan, que son mal vistas, que son políticamente incorrectas. Pero es lo que la ley manda, ¿no?
Yo sigo mucho a Martin Buber, que es un filósofo muy importante, y hoy se está recordando mucho a Carlos Santiago Nino. Él decía, a partir de las ideas de H.L.A. Hart, que la evolución del derecho de una sociedad ordenada es el cumplimiento de la ley. Y el cumplimiento de la ley debe generarse como una práctica de cumplimiento, no porque solamente la ley lo manda, sino porque es lo que corresponde hacer.
Y esa práctica como sociedad, Nino ya lo advirtió hace muchísimos años en esa famosa obra de Un país al margen de la ley, digamos, esta anomia, esta anomia boba incluso, ahí aparece como tesis central de ese libro, en la que algunos se sienten cómodos. Es algo que hay que desterrar por completo, porque esto es directamente proporcional a su desarrollo, la falta de aplicación práctica de la ley.
Bueno, eso es lo que hacemos nosotros todos los días y por eso nos tenemos que vincular mejor con la sociedad.
—¿Cómo cree que perciben los argentinos a las instituciones?
—Durante muchísimos años hemos estado insatisfechos con los resultados que hemos tenido en nuestra evolución hacia una sociedad ordenada. Entonces, automáticamente, los primeros responsables son la gente que ocupa los lugares de decisión pública, y eso es natural. Nosotros nos tenemos que hacer cargo de ello.
En lo que nos toca, no puedo hablar de lo que pasa en el Poder Ejecutivo o en el Poder Legislativo, porque son ámbitos completamente distintos a los nuestros, pero en lo que a mí me toca y en lo que yo conozco, nosotros tenemos que lo primero que hacer nuestras mea culpas propias.
El presidente Kennedy lo dijo hace sesenta años: ¿por qué no pensamos en lo que nosotros tenemos que hacer por el país y no por lo que el país tiene que hacer por nosotros? Y en nuestra función tenemos que empezar a hacer eso. Tenemos que empezar a decir lo que tenemos que hacer y lo que hacemos mal y empezar a cambiarlo.
Hay muchas cosas para cambiar. Yo creo que es cierto que hay muchas cosas que también, como nosotros no salimos a explicar, como no damos la cara y hay cosas que se informan mal. Por ejemplo, nosotros tomamos una decisión, una decisión que está percibida como algo equivocado en la sociedad. ¿Por qué no lo explicamos? Seguro que la persona que tomó esa decisión lo puede explicar.
El Poder Judicial es un poder muy preparado, es un poder con gente muy honesta, muy preparada, muy dedicada a su trabajo, que incluso frente al resto de los poderes del Estado, somos los que más críticos con nosotros mismos somos, porque hasta nosotros mismos hemos corrido de nuestro lado a los que son corruptos, a los que se vinculan con el crimen organizado, a los que están enquistados con las mafias.
El propio Poder Judicial los ha denunciado. Y yo desafiaría a cualquier otro de otros poderes a que digan de su propio poder a quienes enfrentaron a la sociedad y lo sacaron de encima.
Nosotros lo hacemos todo el tiempo. El Consejo de la Magistratura trabaja muy bien en eso. Y parte del Consejo de la Magistratura son los representantes de los jueces, los cuatro representantes de los jueces. Trabajan muy bien en eso. Y dando nuestro testimonio, obviamente con los matices que pueda haber en cada lugar.
Pero la realidad es que nosotros nos hacemos cargo de nuestros problemas, muchas veces en silencio, muchas veces sin explicarlo. Y es una de las razones por las que yo estoy acá y acepté tu invitación, porque es parte de nuestra obligación. No es que yo estoy acá porque sea importante.
Es parte de nuestra responsabilidad como juez, desde el primero al último, dar respuesta y dar explicación y dar la cara adelante de ustedes, que son nuestro vehículo con la sociedad. La gente no lee sentencias, no va a los juicios, los lee a ustedes, los escucha a ustedes y eso es muy bueno. Por eso que nosotros tenemos que acercarnos a ustedes para darles todo lo que necesitan, para que después la sociedad decida.

—¿Un juez tiene que caer bien? ¿Tiene que ser simpático?
—No, no, claramente no. No. Y la lógica de los procesos te lo indica. Siempre hay un vencedor y un vencido. El vencido nunca le va a caer bien lo que nosotros hacemos, y en todos los procesos pasa eso. Nosotros tomamos decisiones que son siempre ajustadas a la ley, incluso cuando la ley no gusta y a nosotros nos pasa mucho eso.
Te pongo un ejemplo. Código Procesal Penal Federal, el sistema acusatorio que se está implementando en todo el país. A mí no me gusta. A mí, personalmente, Mariano Llorens, no me gusta, tiene cosas para cambiar. Hay cosas que hay que modificar, no están bien, pero es una ley vigente. Jamás podríamos decir nosotros no aplicamos la ley, esto es una locura.
Así como otras normas, yo he escuchado algunos funcionarios judiciales que se quejan de las soluciones alternativas. El Parlamento sancionó soluciones alternativas dentro del proceso penal. Pero algunos dicen: “No, eso es ponerle precio a la impunidad”. No, pero señores, es una ley del Congreso. ¿Te gusta? No, bueno, no gusta. Si es inconstitucional, hay que declararla inconstitucional. Pero si no se declara inconstitucional, porque supera el estándar de constitucionalidad de la norma, hay que aplicarla.
Es así, no nos queda otra. Obviamente, siempre hay un margen de interpretación. La interpretación de la norma…Esto es lo que dice Martín Bohmer siempre. Siempre hay un conflicto con la interpretación de las normas y siempre hay un margen. Ahora, lo que no podemos decir nosotros es que no la aplicamos. Tenemos que volver a ser un país normal, un país en donde la ley se respete.
La ley se respeta siempre y la autoridad nuestra tiene que ir de la mano de la percepción de la sociedad de que nosotros estamos haciendo cumplir la ley, porque para eso nos designaron, para hacer cumplir la ley y para cumplirla nosotros.
Hubo un gran debate con el tema de ganancias. Bueno, un tema que fue muy ríspido, digamos, y muy debatido internamente. Los jueces no discutimos eso, no lo discutimos. A algunos les gustará más, les gustará menos. Obviamente, había un margen para poder ajustar la imposición del tributo, que es una ley del Congreso.
Yo te podría decir, como creo y estoy convencido, que los trabajadores en relación de dependencia, el salario de los trabajadores en relación de dependencia no puede tributar ganancias, porque no es ganancia, es salario. Eso no hay ninguna duda, yo lo tengo recontra claro. Pero si hay una ley del Congreso que dice otra cosa, ¿qué tenemos que hacer? O la declaramos inconstitucional o la cumplimos.
No está declarada inconstitucional, hay que cumplirla, punto. Luego puede haber una discusión acerca de cómo se implementa, que es lo que se discutió, que se saldó y está resuelto. Nosotros pagamos ganancias en la manera que tenemos que pagarlo, aplicándolo en los porcentajes de tributo donde corresponden. Listo.
Pero esas discusiones que son, que la sociedad no las ve, porque son internas, porque cree que tenemos privilegios.
Esto también, que se ha instalado mucho, los jueces tienen muchos privilegios. No es cierto, nosotros no tenemos privilegios.
Nosotros tenemos situaciones que la Constitución nos otorga, como por ejemplo la estabilidad en el cargo, por una cuestión de protección a los intereses de la sociedad, porque con jueces que puedan ser molestados por sus decisiones o removidos por alguna decisión, la que se perjudica es la sociedad.
Es un poder que es contramayoritario, como es un poder que no depende de las mayorías que la política consagra en los parlamentos, que es un poder que le tiene que poner límites al poder todo el tiempo, no solamente al poder político, digamos, el poder político se auto también regula, a los poderes fácticos, al poder económico, al poder real.
Nosotros estamos designados para eso, ¿no? Para decir: hasta acá llegamos. Estas son las reglas del juego, esta es la cancha.
Y el único programa que nosotros defendemos es el programa de la Constitución Nacional.
La Constitución es clarísima. Todo lo demás es derecho constitucional reglamentado. Entonces, todo tiene que tener ese tamiz, todo tiene que pasar por ese tamiz.
Y nosotros estamos entrenados para eso.
Por eso, yo también defiendo mucho la carrera judicial. La carrera, el hombre que empezó como yo, desde meritorio, cosiendo expedientes y llevando una cosa para la otra y sacando firma y construyendo la carrera desde abajo, cuando llega a los lugares donde yo llegué, a partir del año 2018, que yo soy juez de la Cámara Federal, sabe muy bien que este chip lo tenemos incorporado.
Y esto es lo que tenemos que hacer, no importa quién esté adelante.
—Me detengo en dos palabras que usó. Una es autoridad, la otra es poder. ¿Los jueces tienen poder?
—Los jueces tenemos mucho poder porque nos lo da la ley y la Constitución. Lo que hemos perdido, y es algún desafío que tenemos, es autoridad frente a la sociedad. Nuestras decisiones no son bien vistas y no tienen esa autoridad que tuvo, por ejemplo, el fallo de la causa de las Juntas.
Para mí, eso es un reflejo de a dónde debemos ir.
Esas decisiones que uno las recuerda, pero no las tiene presentes, porque pasaron de autoridad de cosa juzgada. Y esa autoridad que dio el fallo nadie la discute. Eso es algo a lo que nosotros tenemos que volver, y es algo que a mí me ocupa permanentemente.
Nosotros tenemos este gran desafío, enorme desafío en el Poder Judicial de devolverle a nuestras decisiones ese vínculo con la sociedad que nos da la autoridad, la autoridad que nos reconozcan a nosotros.
Eso tiene que ver también con los liderazgos. El liderazgo que tenemos que conseguir nosotros los jueces es horizontal: es un liderazgo reconocido, no impuesto, ¿no?
Y es un trabajo arduo, porque también hay otro, ese, el otro tipo de liderazgo, el vertical, el impuesto, capaz que se puede conseguir mucho más rápido, pero es nocivo, es pernicioso.
Yo creo en los liderazgos horizontales.
—En esta reconstrucción de la autoridad, ¿por qué piensa que el sistema acusatorio no es el mejor camino?
—Para mí la norma en tanto sistema normativo es un modelo teórico difícil de bajar a la tierra y está generando algunos problemas en su implementación.
El modelo acusatorio no es ese código.
El modelo acusatorio ya está en la Constitución, desde la Constitución está legislado el juicio por jurados, el poder del pueblo y la razón por la cual la acción penal pública se tiene que defender frente al pueblo. Desde las bases de Alberdi que está ahí.
Luego, los modelos legislativos, normativos, intentan replicar eso, pero para mí, desde su lectura, es un puro modelo teórico, probablemente construido por gente que no ha trabajado en tribunales, la mayoría, teóricos del derecho, que tienen muy buenas intenciones, no hay ninguna duda, pero se testea en el terreno.
Y yo creo que no se testeó suficiente en el terreno.
—Se cruza su vecino en el ascensor, ¿cómo le explica que funciona el sistema acusatorio?
—El sistema acusatorio tiene un pilar básico que es que la acción penal pública está en cabeza de los fiscales. Los jueces solo tenemos que decidir, abandonando un sistema mixto que tenía una herencia de un sistema inquisitivo en el que el juez era todo y era todo, literalmente todo, desde iniciar la acción hasta defender a los intereses del imputado, obligando a la designación de un abogado defensor. Esos roles empiezan a romperse a partir de la implementación de la oralidad en el sistema penal.
Y empieza a aparecer esta necesidad de que sea el fiscal el que impulsa, el fiscal el que es el único titular de la investigación y el que promueve todas las instancias.
Los jueces no es que desaparecen, eso también es una concepción errada, digamos.
Los jueces no desaparecen de la escena ni pierden poder, entre comillas, porque el poder de decisión lo van a tener, lo vamos a tener siempre. Lo que hemos delegado es todo ese trabajo de seleccionar el caso.
Porque también hay algo que me dijo un antropólogo muy lúcido: “Mariano, ustedes son demasiado católicos apostólicos romanos. Con el castigo expían todas las culpas. Nosotros, los anglosajones, no tenemos que ser castigarnos para que Dios nos perdone. Tenemos que ser útiles a Dios. Por eso los jueces en este país no hacen justicia, resuelven problemas”.
Y ese es un modelo que nos sorprende, porque nosotros importamos mucho del modelo anglosajón pero en la base de nuestra concepción chocan.
Tenemos que también empezar a pensar qué modelo de juez queremos como sociedad. Un juez que resuelva problemas o que solamente imponga penas, con todo el costo que eso implica. No solamente porque el que comete un delito tiene que sufrir la sanción que la ley dice que tiene que sufrir, sino porque también hay un montón de modelos alrededor de reparación.
Todo el modelo de reparación integral, ¿por qué no pensarlo? La sociedad tiene que pensarlo también. La sociedad ya lo legisló por intermedio de sus representantes. ¿Por qué genera tanta tensión? Es algo para preguntarse. Muchas normas, leyes, no invento de los jueces, sino normas generan tensión en la sociedad. ¿Por qué? ¿Qué es lo que espera de nosotros la sociedad? ¿Qué es lo que quiere? ¿Qué es lo que quiere la gente? ¿Qué es lo que quieren las instituciones? ¿Qué es lo que quiere la Constitución para nosotros?
Yo escribí mi tesis de maestría en la Universidad de Bolonia sobre esto, sobre el deber de los jueces, porque tenemos un deber político también, no político partidario, político de cosa pública, de ofrecerle incluso a la política, a la política pública. Testeamos las normas… Todo ese activo nosotros lo tenemos en todas las instancias y en todos los fueros. No solamente el penal, el civil, que es la cercanía con la gente, civil, comercial, de familia.
—El Poder Judicial es, en definitiva, una estructura jerárquica y habló hace un rato de liderazgos horizontales. ¿Cómo es su estilo de liderazgo?
—Aprendí con Alberto Piotti, una persona extraordinaria que nos mostró el camino de darle confianza a las personas que uno tiene alrededor, generar microequipos de trabajo para determinados temas específicos, en donde él siempre saldaba, en donde él siempre estaba presente para tomar la última decisión.
Luego me tocó también con Alejandro de Corves y Lucía Casain y Patricia Llerena y otros más, Manuel García Reynoso y Marta Yungano, que también hacían lo mismo, generar equipos de trabajo en donde el juez se hace el responsable. Los jueces no delegan su función nunca a nadie. Lo que hacen es compartir, apoyarse en equipos de trabajo para tomar la mejor decisión, para prepararse de la mejor manera. Yo aprendí de ellos, por ejemplo, a criticarme. Yo en mis equipos de trabajo lo primero que les digo es: a mí critíquenme, no me digan todo que sí.
Tenso la cuerda hasta el final de la decisión y en el momento que tengo que tomar la decisión, me recluyo. Nosotros escuchamos a todo el mundo, debemos escuchar a todo el mundo, como regla y como práctica. Escuchamos a todo el mundo y decidimos en soledad. Eso es lo que tenemos que hacer. En el momento de tomar la decisión, nos retiramos y hacemos lo que tenemos que hacer nosotros solos, pero sin hacérselo cargo a nadie.
Eso es el liderazgo horizontal, en el que todos se sienten parte. Socializo permanentemente lo que tengo, la decisión que tengo que tomar. No hay decisiones que yo me las mantenga, me las quede yo solo, porque testeo lo que pienso todo el tiempo, porque soy crítico conmigo mismo, no tengo la verdad. Solamente tengo la necesidad y el deber y la obligación de firmar cuando estoy convencido de algo. Todo lo que yo decido lo puedo defender. Para llegar a ese momento, me nutro de la gente que colabora conmigo. Y eso tiene que ver con el liderazgo horizontal, no con el liderazgo de que me siento arriba de un pedestal o de una poltrona y bajo el martillo. Eso es una imagen que a mí no me gusta, porque nosotros somos personas comunes y corrientes que traemos nuestros conflictos de la calle.
Yo doy vuelta en la llave de mi despacho y me vuelvo a mi casa, a mi barrio, a mi club, a lo que he hecho todos los días, al mismo barrio donde vivo hace más de cincuenta años. Y nosotros no tenemos que tener conflicto con eso. Somos importantes en el momento en que tomamos una decisión importante, que le importa a gente a veces importante, pero nosotros no somos importantes.
Nosotros en la Justicia Ordinaria tuvimos el caso de una chica que fue asesinada intentando defenderse de un abuso grave, un hecho gravísimo. Al juicio venía mucho la familia, y sobre todo el padre, una persona muy militante de la causa. El día que venían los médicos del cuerpo de peritos, de los médicos forenses, yo le digo a esta persona: mire, si quiere se va al bar de la esquina, porque van a venir médicos, van a hablar de cosas feas, fotos a lo mejor… Y él me miró con una cara de paz que yo no me voy a olvidar nunca más y me dijo: “Mariano, a mí la verdad me va a sanar, no lo que ustedes hagan. Yo le agradezco”. Se dio media vuelta y se fue. Y yo me quedé en mi despacho y le fui a hablar con la juez que lideraba y le digo: Patricia, nos acaban de decir lo que somos nosotros: nadie. Nosotros no somos nadie. Los hechos que nosotros podemos ayudar a revelar son lo único importante. Nosotros nos enfrentamos siempre a esa necesidad de dar una respuesta, de que la persona que tenemos enfrente pueda sanar su propia verdad. Somos solo un vehículo, nosotros no hacemos nada.
POLITICA
El Gobierno enfrenta un conflicto involuntario con Patricia Bullrich: reclamos y esfuerzos para que no escale la tensión

Fiel a su estilo directo y sin eufemismos, la senadora de La Libertad Avanza Patricia Bullrich volvió a protagonizar la semana pasada un enfrentamiento con algunos miembros del Gobierno tras dejar al descubierto otra falta de coordinación interna, esta vez por la presentación del Presupuesto 2027, que generó una polémica que podría continuar en los próximos días, con el presidente Javier Milei de viaje en los Estados Unidos.
El mandatario nacional partirá a las 23:00 de este lunes hacia Nueva York para asistir a la asamblea general de las Naciones Unidas y es probable que, a diferencia de casi todas las anteriores oportunidades, en la comitiva oficial no esté su hermana, la secretaria general, Karina Milei.
Hasta último momento, se estaba debatiendo si la funcionaria finalmente se subía al avión o se quedaba en Buenos Aires para seguir de cerca la gestión y poder participar, por ejemplo, del encuentro de la mesa política previsto para el martes, en este contexto de tensión creciente entre los referentes del oficialismo.
Por el contrario, ya se decidió que no se hará la reunión de Gabinete que se venía llevando adelante todos los lunes en la Casa Rosada, porque el jefe de Estado prefirió concentrarse en terminar el discurso que va a pronunciar ante las Naciones Unida, según aseguraron oficialmente.
“La idea de Patricia de hacer públicas sus críticas es para ver si cambia algo de una vez, al menos por ahora es solamente eso”, explicaron a Infobae fuentes cercanas a la ex ministra de Seguridad, que recientemente acaparó la agenda con un video.
En un gesto provocativo, Bullrich se grabó trabajando mientras escuchaba “No me importa”, uno de los temas más conocidos de Lali Espósito, que tiempo atrás fue el centro de las críticas de Milei.
Todo comenzó cuando la senadora protestó por haberse enterado por los medios que en el proyecto de Presupuesto que envió el Poder Ejecutivo al Congreso incluía recortes en discapacidad, un tema que ella estaba negociando con la oposición.
El texto se presentó pasadas las 23:00, sobre el final de la fecha límite para hacerlo, y la decisión también sorprendió a otros legisladores libertarios, incluido el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, que será el primero en impulsarlo, ya que ingresó por ese recinto.
Aunque nunca se aclaró qué fue lo que sucedió, varios responsabilizaron por lo sucedido al ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, que fue quien trabajó en la norma, y a la Secretaría de Legal y Técnica, que encabeza María Ibarzábal, por ser el área revisora.
Puntualmente, el capítulo VI del proyecto, conformado por los artículos 36 a 41, introduce modificaciones permanentes al sistema de atención a personas con discapacidad, como la derogación parcial de la Ley de Emergencia en este sector y la eliminación de los aranceles únicos de referencia del Nomenclador de Prestaciones Básicas, lo que en la práctica obliga a las familias a negociar individualmente con obras sociales y prepagas el valor de terapias y tratamientos.

Rápidamente, en la cúpula del oficialismo salieron a minimizar la interna y trascendió un mensaje escrito supuestamente por el propio Presidente, en el que asegura que “es una tontería mayúscula politizar el arte” y afirmó que, después de la controversia con la cantante, a principios del 2025, escuchó temas de la artista que le gustaron.
“Sabemos que Patricia tiene una personalidad muy fuerte, ¿qué podemos hacer al respecto? Ahora, de ahí a que haga la gran Victoria Villarruel y traicione de esa manera, me parece que hay una distancia muy grande», sostuvo una persona muy cercana al mandatario.
En este sentido, en el entorno del jefe de Estado descreen que la senadora vaya a renunciar al partido para competir por su propia cuenta en el 2027. “¿Y dividir el voto restándole a Milei para que terminen ganando los kirchneristas? No veo que vaya a prestarse a eso«, opinaron.
Sin embargo, quienes conocen a Bullrich reconocen que hay un hartazgo en ella por diferentes situaciones que vienen pasando, como la falta de diálogo en el Gobierno y algunos modos del Presidente para solucionar los conflictos, con los que no está de acuerdo.
Ponen como ejemplo aquella reunión de Gabinete en la que el mandatario nacional la habría frenado en seco cuando cuestionó la reacción del Ejecutivo durante el caso Adorni o, más recientemente, cuando se molesta ante el pedido de alguna medida económica.
“Es simple, Patricia lo dijo de esa manera porque ya está hinchada las pelotas. Somos varios los que estamos igual que ella”, remarcó una figura de confianza de la senadora en el Congreso.

En este marco de tensión, la cúpula libertaria decidió cancelar algunas de las actividades que estaban previstas para antes del viaje de Milei a los Estados Unidos, como la reunión de Gabinete de esta semana.
Lo que sí está confirmado es el encuentro de la mesa política, a la que Bullrich hasta último momento estuvo analizando si asistir. Finalmente, decidió que participará.
“Es que si no se van a hablar de los temas importantes, ¿a qué va a ir? ¿A que Karina te diga cómo tenés que ir vestido a ver al Papa?“, protestó el dirigente bullrichista cuando aún la ex ministra pensaba en si asistiría o no, haciendo referencia a una de las órdenes que dio la secretaria general cuando juntó a los legisladores en la Casa Rosada. Uno de los mensajes fue que tenían que usar ropa sin color, preferentemente negras, si van a los actos del Sumo Pontífice en la Argentina.
En la mesa política del martes, a partir de las 13:00, la senadora podría volver a conversar en persona con la hermana del mandatario nacional, pero no verá a quien fue su principal apuntado por lo que pasó con el Presupuesto, “Toto” Caputo, que sí forma parte de la comitiva que acompañará a Milei.
Este jueves, el oficialismo buscará llevar al Senado la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA), cuya aprobación definitiva quedó pendiente en la última sesión por diferencias sobre el mecanismo de designación y remoción de las autoridades de la entidad.
El temario de la sesión también podría incluir la modificación del régimen de Zona Fría, que restringe los subsidios al gas en áreas incorporadas al beneficio en 2021, aunque la iniciativa enfrenta resistencias entre senadores de provincias patagónicas y de Mendoza.
La última ley que Bullrich consiguió aprobar en el recinto fue la de Inocencia Fiscal II, sancionada con 44 votos a favor y 23 en contra, lo que fue celebrado por Milei en las redes sociales, pero no tuvo ninguna mención por parte del ministro de Economía.
Patricia Bullrich,Lali Espósito,Javier Milei,Karina Milei
POLITICA
Designaron a un nuevo funcionario en un área clave para la seguridad nacional

El Gobierno incorporó un nuevo funcionario a la estructura del Ministerio de Seguridad Nacional, que ocupará un lugar clave en la lucha contra la criminalidad en todo el país.
Mediante el decreto 1044/2026, se oficializó el nombramiento del abogado Pablo Francisco Argibay Molina como subsecretario de Investigación Criminal, dentro de la Secretaría de Lucha contra el Narcotráfico y la Criminalidad Organizada.
Anteriormente, el cargo era ocupado por Marcelo Carlos Romero, quien fue designado en 2025 en el cargo. Mientras tanto, Argibay Molina se desempeñó como director nacional de Investigaciones de Delitos Federales y ocupó luego de manera transitoria la conducción de la dirección de Investigación Criminal.
En su nuevo rol, el funcionario deberá hacerse cargo de varios proyectos que impulsó el Ministerio de Seguridad, como el Consejo Federal de Delitos Económicos, mediante la publicación de la resolución 230/2026 de Boletín Oficial.

Este organismo funciona en el ámbito de la Subsecretaría de Investigación Criminal, respondiendo a la necesidad de fortalecer el abordaje integral y federal de la criminalidad económica, con participación de representantes de todas las provincias, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las fuerzas federales.
Para tal fin, el consejo cuenta con “un representante titular y un suplente del área con competencia en materia de Delitos Económicos de cada una de las jurisdicciones provinciales y de la Ciudad de Buenos Aires, que adhieran a la presente, y por un representante de la Dirección de Investigación de los Delitos Económicos y un representante de cada una de las Fuerzas Policiales y de Seguridad Federales” que dependan del Ministerio de Seguridad.
La recolección y sistematización de la información proveniente de distintas fuentes, hasta el desarrollo de indicadores y elaboración de informes periódicos.
El artículo 2 de la normativa también subraya la confección de un mapa situacional a nivel nacional, regional y provincial para proponer medidas preventivas. También el intercambio de información para generar alertas tempranas y la formación de grupos de trabajo para analizar coyunturas y situaciones específicas.
No obstante, los integrantes buscan optimizar las acciones mediante la identificación de oportunidades de mejora en los procedimientos de las fuerzas policiales y de seguridad. La coordinación funcional estará a cargo de la Dirección de Investigación de Delitos Económicos, que también suministrará el apoyo técnico-administrativo necesario. En cuanto a las tareas conjuntas, se espera que el Consejo convoque a especialistas en distintas temáticas para ser abordadas durante los encuentros.
Pueden ser representantes de organismos gubernamentales, nacionales o internacionales, o de entidades privadas o de la sociedad civil, así como cualquier otra persona, organismo o institución, con una participación justificada. Asimismo, deberán reunirse al menos una vez por año, manteniendo comunicación permanente con las jurisdicciones adherentes “en pos de generar y mantener actualizado el estado de situación de la criminalidad económica en el territorio nacional y medidas para su afección”.
Este hecho se da en medio de compromisos internacionales que el Gobierno asumió para identificar bienes y recuperar activos de origen ilícito, en cumplimiento de tratados como la Convención de Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes, la Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional y la Convención contra la Corrupción.
Entre los argumentos esgrimidos por la cartera de seguridad, menciona a la Dirección Nacional de Investigaciones de Delitos Federales, cuya responsabilidad es “articular acciones con los organismos gubernamentales locales, provinciales y nacionales e internacionales que tengan vinculación con los delitos económicos investigados, en el marco de sus competencias”, entre otras.
En este sentido, subraya que este tipo de acciones “se ha convertido en una parte fundamental de toda investigación de casos de criminalidad compleja”, señalando que “la delincuencia económica es aquella dedicada a negocios legales-ilegales de significativa complejidad que puede implicar la participación de instituciones y/o funcionarios estatales, que generan beneficios económicos importantes”.
Entre los ejemplos más claros mencionados, figura el lavado de activos, como uno de los principales pilares; y de otros delitos económicos (tales como el enriquecimiento de funcionarios públicos, el soborno transnacional, la evasión fiscal, etc.). Es por eso que resaltan la bimperiosidad de un “espacio común de abordaje a la problemática delictiva con el objetivo de delinear políticas de seguridad que apunten a generar mecanismos de prevención y lucha contra los delitos económicos”.
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