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Valentín Perrone reveló cuándo apunta a llegar al MotoGP y su sueño de ganar en Buenos Aires: “Argentina es mi vida”

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Valentín Perrone, el piloto de 18 años que compite bajo la bandera argentina en el Campeonato Mundial de Motociclismo de Velocidad, visitó el Autódromo de la Ciudad de Buenos Aires durante su paso por el país y quedó con una expectativa que describe como un sueño: correr allí en 2027, ante 150.000 personas, con las gradas pintadas de celeste y blanco. Nacido en Barcelona, hijo del argentino Marcelo Perrone, compite en el Moto3 y lleva la identidad argentina grabada desde la infancia, mucho antes de que las motos lo llevaran a recorrer los circuitos más exigentes del mundo.

La visita al autódromo porteño, con las obras de remodelación aún en marcha, le bastó para trazar un análisis técnico del trazado y para disparar una emoción que va más allá del deporte. “Visitamos el autódromo y se ve impecable, tengo muchas ganas de verlo terminado. Es un circuito único, tiene curvas muy rápidas, pendientes de bajada, subida, curvas con peralte, tiene de todo”, afirmó Perrone en diálogo con Infobae. La recorrida por las instalaciones le permitió identificar los puntos del circuito que más le llamaron la atención desde una perspectiva de piloto. “La curva nueve es espectacular. Luego también la chicana anterior a la nueve, creo que será la siete y ocho. Luego la cuatro, también espectacular con ese curvón en peralte”, describió. El trazado, con su recta larga, la contrarrecta y una curva cerrada en subida, le generó una convicción: “Creo que dará muy buenos espectáculos, sobre todo en Moto3, en nuestra categoría”.

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Sobre los posibles puntos de adelantamiento, Perrone anticipó que la curva uno en bajada, la cuatro y la llegada a la nueve serán zonas de acción. “Muchos puntos de adelantamiento, pero luego veremos con la moto cómo realmente es el circuito y cómo se siente”, aclaró.

La proyección de lo que puede ser una carrera en Buenos Aires lo lleva a un terreno que mezcla el análisis deportivo con la emoción más personal. “Será un sueño. Si lo de Termas fue una locura, para mí Termas fue un sueño hecho realidad. Esto creo que lo va a superar”, dijo Perrone, en referencia a correr en Buenos Aires, donde el Continental Circus regresará luego de 28 años. La magnitud de lo que imagina para Buenos Aires tiene un número concreto que lo impacta: le informaron que el autódromo recibirá 150.000 personas. “Es una locura. Verlo todo con banderas argentinas, esperemos que muchas remeras de la 73. Será increíble”, expresó.

El número 73 es el que lleva Perrone en su moto. La imagen que construye -las tribunas repletas, la bandera argentina ondeando, las remeras con su número- no es la fantasía de un adolescente ajeno al rigor del deporte de alto rendimiento. Es la proyección de alguien que ya subió al podio en Silverstone, una catedral del deporte motor, y que lo hizo con la camiseta de la selección argentina.

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Ese momento en Gran Bretaña condensó todo lo que Perrone representa. Después de una carrera en la que su moto perdió potencia por el calor, en la que sufrió durante varias vueltas para no perder contacto con el grupo líder, el piloto encontró el hueco en la última vuelta para superar a Adrián Fernández en una gran maniobra. “Pitito cometió un pequeño error en la curva anterior, lo pude aprovechar, vi el hueco y lo tenía que intentar. Al final salió a la perfección el adelantamiento y terminar tercero me puso muy contento”, relató. El podio fue el cuarto de su carrera en el Mundial.

Pero lo que ocurrió después de cruzar la línea de meta fue lo que marcó la diferencia. Perrone subió al podio con la camiseta de la selección argentina. La decisión no fue espontánea. “Sí, ya la tenía clara. Cuando llegué dije: ‘Si gano, hay que celebrar así, no puede faltar’. Pero subí con la camiseta y además apareció mi papá con la remera. Fue increíble”, contó. La celebración en Silverstone tuvo además una carga simbólica adicional: la carrera se disputó dos semanas después de que la selección argentina le ganara a Inglaterra en el Mundial de Fútbol. “La verdad que no vi ninguna mala cara, ni ningún mal gesto, pero yo lo hice con el corazón, lo sentí y no podía faltar ahí”, reconoció.

La explicación que da Perrone sobre ese gesto va al centro de su identidad. “Lo que hacemos los argentinos lo hacemos con el corazón. No lo pensamos. Sale así. Por eso me identifico tanto como argentino, porque sé que lo tengo dentro de mí y tengo sangre argentina”, afirmó.

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El Moto3 es la primera categoría promocional en el camino hacia el MotoGP en el certamen ecuménico. La temporada 2026 no fue lineal para Perrone, que marcha séptimo en el campeonato. Arrancó con un podio en las primeras fechas y estuvo cerca de la victoria en Austin, pero a partir de ahí surgieron una serie de inconvenientes. “Se empezaron a complicar las cosas, caídas, problemas con la moto, también incluso problemas con el equipo. Ahora mismo estoy trabajando con una persona menos en el equipo, porque mi técnico no cuadrábamos bien, pero al final los caminos de cómo llevábamos el fin de semana eran diferentes”, explicó.

El impacto de ese período difícil fue también mental. “Estuvimos varias carreras con problemas y no estaba disfrutando ni pilotando a gusto”, admitió. “El problema es cuando fue uno mismo y no sabés el motivo. Ahí es cuando realmente cuesta volver y perdés esa confianza”, señaló al hablar de las caídas que más le costaron superar. Las que tuvieron un origen externo -como los golpes que recibió por detrás en Alemania y en Hungría- fueron más fáciles de procesar. “En esas caídas que sabes lo que pasó, no cuesta volver”, aclaró.

Ante la pregunta sobre qué falta para ganar la respondió con una honestidad que no admite evasivas. “Que se cuadre todo. Si no me pasaba una cosa, pasaba otra. La verdad, la mente la tenía muy enfocada en que quería ganar desde principio del año, había entrenado muy duro para cumplir ese objetivo. Incluso yo quería luchar por el Mundial en las primeras carreras y estaba muy bien. Pero bueno, ocurrieron problemas y la mente también se fue un poco”, reconoció. La convicción sobre el futuro, sin embargo, no se quebró. “Creo que es cuestión de tiempo que llegue la victoria, tarde o temprano llegará”, afirmó. Su próximo desafío será este fin de semana con el Gran Premio de Aragón.

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A ese panorama se suma una novedad que el piloto recibió con alivio y con ilusión: el año próximo cambiará de equipo ya que dejará el Red Bull KTM Tech3 y pasará al MSi Racing Team. “Ahora se anunció y me hace mucha ilusión y se ve muy familiar. Además, tienen un proyecto muy bueno detrás y estoy muy ilusionado de que arranque el año que viene”, dijo. El cambio también explica por qué decidió no dar el salto a la categoría Moto2 para 2027. “Otro año en Moto3 creo que me va a venir para fortalecerme y de estar constantemente luchando. Luego dar el paso a Moto2 con ellos creo que también me va a ayudar y hacerlo en 2028”, detalló. La hoja de ruta que proyecta tiene una fecha final clara: “2030 me pongo como el año para debutar en MotoGP. Quiero llegar a MotoGP firme, con buena experiencia, con un buen aprendizaje hecho y con una muy buena base para poder llegar y demostrar de verdad quién es Valentín. No subir porque me subieron o porque tuve la oportunidad. Yo quiero subir estando claro de que tengo el nivel para hacerlo”, enfatizó.

El vínculo de Perrone con la Argentina no comenzó con el motociclismo ni con el pasaporte. Se inició antes, en la casa familiar de Barcelona, donde su padre Marcelo -que emigró al país ibérico en el año 2000 y no pudo regresar- transmitió a sus hijos la cultura del país que dejó atrás. “Mi papá me inculcó la cultura argentina desde que nací. Fue algo que lo sentí y así lo vivo todo. Me identifico como un argentino más y al final fue de sentimiento”, admitió.

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Hay una anécdota que resume esa herencia desde los primeros meses de vida. La abuela paterna quería darle mate cuando Valentín aún no tenía un año. “Mi madre decía: ‘No, está loca’”, recordó entre risas. El mate, el dulce de leche, los alfajores y las empanadas forman parte de un universo que Perrone reconoce como propio. Durante su visita a la Argentina, se dio varios de esos gustos: “De hecho, estoy juntando un montón de alfajores para hacer una cata de alfajores en casa cuando llegue. Sobre todo al dulce de leche, que me vuelve loco”,

Corre con la bandera argentina mucho antes de que el Campeonato Mundial de Motociclismo llegara al país. “No lo elegí, fue algo que lo sentía así de corazón. Siempre Argentina estuvo en mi corazón y lo he llevado a todos lados”, explicó. La polémica sobre si puede o no considerarse argentino dado que nació en España la enfrenta con la misma transparencia con la que habla de sus caídas en pista. “Yo sé que hay mucha polémica, de que algunos piensan que no soy argentino. Apenas el año pasado fue la primera vez que estuve en Argentina”, reconoció.

La explicación que da no es defensiva. Es la historia de una familia de clase trabajadora que no tenía margen para viajar. “Vine de una familia muy humilde, muy trabajadora, que todo lo que juntaban era para correr. Era imposible pagar un vuelo para venir a Argentina toda la familia, además tengo una hermana chica también. Hacía más de cuatro años que no veía a mis primos, porque tampoco venían para España”, recordó.

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Valentín Perrone simulando estar arriba de una moto en la desafiante curva 9 del nuevo circuito del Autódromo de Buenos Aires (Gentileza: Jerónimo Aliaga)

El relato sobre el esfuerzo familiar aparece en las palabras de Perrone con una mezcla de gratitud y asombro. “Ahora que empiezo a conocer un poco los números, de cuánto se gasta para un entrenamiento, digo: ‘No sé cómo lo hacían para juntar el dinero y pagar, irnos una semana, un fin de semana a entrenar’. No sé cómo hacían. Se mataron trabajando los dos y me acuerdo que mi padre no ha tenido vacaciones nunca y el esfuerzo que ha hecho”, reconoció.

Ese sacrificio tuvo una recompensa que trasciende los podios. Gracias al motociclismo, Marcelo Chelo Perrone pudo volver a la Argentina por primera vez desde que emigró en el año 2000. “Lo primero, de mínimo que quería, era llevar a mi papá de nuevo a Argentina y gracias al motociclismo es ya otro nivel. Al final nos hemos esforzado mucho, sacrificado muchas cosas, no solo yo, mi familia entera para conseguir llegar al Mundial y que gracias a las motos hayamos podido viajar al país que represento, que siempre hemos soñado con la cultura que me he criado, fue increíble”, describió. “Argentina lo es todo para mí: es mi vida, es mi pasión y está en mi corazón”, destacó.

La pregunta que cierra el círculo de todo lo que Perrone representa es también la más directa: ¿qué pasaría si su primera victoria en el Campeonato Mundial de Motociclismo llegara en el Autódromo de la Ciudad de Buenos Aires, ante 150.000 personas, con la bandera argentina en la mano? “Un sueño. Me volvería loco poder ganar en Buenos Aires. Todos los argentinos, verlos saltando. Eso ya es un sueño increíble”, respondió.

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El Autódromo de la Ciudad de Buenos Aires Oscar y Juan Gálvez, con sus obras de remodelación en marcha, lo espera para 2027. Valentín Perrone ya estudió sus curvas, ya imaginó sus puntos de sobrepaso y ya sabe qué camiseta llevará debajo del traje de cuero si llega al podio.

Valentín Perrone

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Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

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Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.

Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.

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La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.

La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.

El debate entre origen innato y aprendizaje social

La investigación psicológica asocia la expansión corporal con emociones positivas como alegría, orgullo y triunfo en el deporte (Erik Williams-Imagn Images/REUTERS)

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.

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La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.

Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.

La comparación con los chimpancés y sus límites

La lectura del lenguaje corporal depende de la velocidad, la trayectoria y el contexto social en que ocurre el gesto deportivo (REUTERS/Dylan Martinez)

Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.

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Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.

La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.

El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.

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Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas

Lionel Messi celebra con los brazos arriba, durante un partido del Inter Miami (Crédito: Nathan Ray Seebeck-Imagn Images)

La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.

Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.

Middle East,Soccer,Sport

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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

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Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.

“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.

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El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.

Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista

Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.

La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina

Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).

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Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.

Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.

Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.

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El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

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Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.

El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.

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La reacción que lo dice todo

La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.

La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.

La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.

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Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows

Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.

Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.

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En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.

“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.

Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.

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