CHIMENTOS
Vero Lozano se desnudó en su programa para entrevistar a Pincoya de Gran Hermano: las imágenes

Pincoya habló de su desnudez en TV y Vero Lozano hizo la entrevista sin ropa junto a ella. La exparticipante de Gran Hermano: Generación Dorada fue invitada al programa de la conductora de Cortá por Lozano (Telefe) en una nota que se emitió con la imagen difuminada, mientras ambas conversaban desnudas sobre nudismo, sexualidad, exposición del cuerpo y la repercusión que ese perfil desinhibido tuvo dentro y fuera del reality.
La entrevista retomó uno de los rasgos más comentados del paso de Pincoya por la casa: su naturalidad para mostrarse sin ropa, incluso en escenas dentro de la pileta y en el confesionario. En ese marco, Lozano abrió la charla con una definición directa sobre la relación de ambas con el desnudo. “Lo tuyo es el desnudo, lo mío también, Pinco, quiero que lo sepas”, le dijo la conductora. La invitada respondió con una idea que atravesó buena parte de la conversación: “La libertad”.
Durante la nota, la chilena explicó que su actitud frente al cuerpo no responde a una provocación sino a una elección personal asociada a la comodidad y a la falta de inhibiciones. “Uno ya cuando tiene su edad ya no tiene miedo a nada. Te lanzas nomás”, señaló. Más adelante, sintetizó esa posición con otra frase: “Yo soy libre”.
La conductora recogió ese planteo y lo fue llevando hacia distintos aspectos de su vida cotidiana, desde su experiencia en el mar y en la pileta hasta su forma de vivir la intimidad. En uno de los pasajes más comentados, la conductora comentó: “Desnudo y con calcetines es como que tira un poco para atrás”, después de que la ex jugadora dijera que en la intimidad prefiere “con luz” y “sin calcetines”.

Otro de los ejes de la entrevista fue la incursión de la jugadora en plataformas para adultos. La exparticipante dijo que actualmente tiene perfiles activos, aunque remarcó que no publica material explícito y que planea cerrar esa etapa. “Yo estoy en esas páginas igual. Pero ahora lo voy a cerrar”, afirmó.
En ese mismo tramo, explicó qué tipo de imágenes comparte y cuál es el límite que se impone. “No muestro nada la ‘casita’”, sostuvo, luego de detallar que busca insinuar más que exhibir. También insistió en que concibe esas fotos como un registro estético. “Tampoco son burdas mis fotos, son unas fotos muy lindas”, dijo.

La conversación también avanzó sobre la reacción de su entorno más cercano. Pincoya contó que la decisión de posar para ese tipo de contenidos generó sorpresa en su familia, especialmente en su madre. Según relató, antes de concretar la sesión les avisó que iba a hacerlo y encontró resistencia inmediata. “Mi mamá casi ahí mismo quedó botada en el piso”, dijo al recordar ese momento.
También reveló cuál fue la respuesta de su marido, Rodrigo, cuando finalmente tomó la decisión. “Lo único que te voy a decir, que sean unas fotos bonitas, que sean artísticas, porque los primeros que te deben de ir a ver van a ser tus haters”, relató sobre la recomendación que recibió. Aun así, aclaró que él no se siente cómodo con ese costado público suyo. “A él no le gusta que yo haga estas cosas”, reconoció.
Hacia el final, Vero Lozano le pidió un mensaje para las personas que no se animan a mostrarse tal como son. La respuesta de Pincoya fue una defensa abierta de la autonomía sobre el propio cuerpo y una crítica a los prejuicios sociales. “Atrévase nomás. Tiene que atreverse de hacer todo lo que quiera, porque nadie revive de la tumba”, afirmó.
En esa misma línea, agregó que la condena moral no debería recaer sobre la exhibición del cuerpo sino sobre conductas violentas o abusivas. “No se asuste de mostrar su cuerpo”, sostuvo. Y cerró con una definición personal sobre la imagen corporal: “A pesar de que no tengo un cuerpo hegemónico, me siento la mujer más hermosa”.
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El tremendo accidente que sufrió Marley y lo dejó en el hospital, recibiendo atención médica de urgencia: «Me rompí la cabeza»

Marley volvió a protagonizar un inesperado accidente que terminó con una visita al hospital. El conductor contó a través de sus redes sociales que sufrió un fuerte golpe en la cabeza después de llevarse por delante una estructura dentro de un local, y mostró la herida que le quedó en la frente. Pese al susto que genera la imagen, relató el episodio con el habitual tono de humor con el que suele referirse a sus accidentes.
Todo ocurrió en una panadería, donde Marley terminó golpeándose contra una escalera o viga que, según explicó, no llegó a ver. El impacto le provocó una herida en la parte superior de la frente y las personas que estaban en el lugar rápidamente se acercaron para ayudarlo y asistirlo antes de que continuara con su día.
Fue el propio conductor quien explicó lo sucedido en un video que compartió en sus redes. “Me llevé una escalera puesta, la gente del local, que tiene una panadería unos divinos. Me pusieron de todo, así que muchas gracias a toda la gente”, relató, agradeciendo especialmente a quienes lo auxiliaron después del golpe.
Pero el accidente no terminó con esa primera atención. Marley explicó que, por la profundidad de la herida, debía trasladarse a un hospital para recibir asistencia médica. “Ahora voy al hospital que me lo cosan”, contó mientras mostraba las consecuencias del impacto en su cabeza.
EL GOLPAZO QUE SE PEGÓ MARLEY Y LO DEJÓ EN EL HOSPITAL
Además, el conductor aprovechó la situación para recordar que no es la primera vez que sufre un accidente de este tipo. De hecho, aseguró que el episodio se suma a una extensa lista de golpes que recibió a lo largo de su vida: “Creo que es el golpe número 20 en la cabeza en toda mi vida”. En agosto de 2025, Marley ya había sufrido otro fuerte accidente durante un viaje en Tailandia, cuando también tuvo que recibir atención médica después de golpearse la cabeza.
Con su característico sentido del humor, Marley también relacionó este nuevo episodio con aquel accidente ocurrido durante su viaje del año pasado. “¡Y me rompí la cabeza una vez más! El año pasado en China, ahora acá, es un golpe por año promedio!”, escribió, antes de apuntar directamente contra el objeto que terminó provocándole la herida.
“Premio a el bolu… del año y se lo quiero dedicar a la viga que no vi!”, agregó el conductor, tomándose con ironía una situación que esta vez volvió a terminar con una visita al hospital. Según relató, allí recibiría la atención necesaria para curar la herida que se produjo en la cabeza.
Marley
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Dolor en el mundo del folklore: murió a los 36 años Lucas Montanaro, exintegrante de Canto 4

La música salteña está de duelo. Lucas Montanaro, tecladista y cantante de 36 años, murió después de sufrir una descompensación mientras jugaba al fútbol con amigos. La noticia, tan inesperada como dolorosa para quienes compartieron con él escenarios, ensayos y canciones, apagó de manera abrupta la vida de un joven músico que había construido su camino en la escena del norte argentino y que, a pesar de su corta edad, había dejado su huella en distintas formaciones y proyectos.
Fue integrante de Macumbicos, una de las agrupaciones con las que desarrolló buena parte de su recorrido artístico, y en los últimos años había acompañado a Canto 4, uno de los conjuntos salteños de mayor reconocimiento, como pianista y tecladista.
La noticia de su fallecimiento fue comunicada públicamente por el Instituto Nacional de la Música, que a través de sus redes sociales compartió fotografías del artista y expresó su acompañamiento a familiares, amigos y colegas. “Despedimos a Lucas Montanaro, reconocemos su aporte a la música argentina y acompañamos a sus familiares, amistades, colegas y seres queridos en este momento”, señalaron desde el organismo. Detrás de esas palabras institucionales quedó expuesto el dolor de una comunidad musical que perdió demasiado pronto a uno de sus integrantes, pero también el recuerdo de un artista que encontró en la música una forma de vida y que durante años hizo de los teclados, el piano y su voz una manera de contar historias.
Montanaro había construido una parte fundamental de su trayectoria junto a Macumbicos, agrupación salteña formada en 2013 que reunió músicos con la intención de recorrer diferentes vertientes de la música popular a través de un repertorio que combinaba composiciones propias y versiones. Allí Lucas se desempeñó como tecladista y también como una de las voces del grupo, ocupando un lugar central dentro de una formación que fue creciendo con el paso de los años y que llevó su música por distintos escenarios del norte y otras provincias argentinas.

En 2016, Macumbicos dio un paso fundamental con la presentación de su primer trabajo discográfico, un álbum compuesto por 14 canciones: diez composiciones propias y cuatro versiones. Para aquellos músicos significó mucho más que la publicación de un disco: fue la posibilidad de dejar registrada una etapa de un recorrido que ya venía desarrollándose en vivo. Entre las canciones difundidas por la agrupación quedaron registros como “Sabático” y “El Carpero”, parte de un repertorio que permitió conocer la identidad musical de la banda y que acompañó sus presentaciones en diferentes puntos del país.
Con Macumbicos, Montanaro transitó escenarios de Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca y Córdoba. En cada presentación fue consolidando ese vínculo silencioso que existe entre un músico y quienes se acercan a escucharlo: primero una canción, después otra, hasta que una melodía termina formando parte de la memoria de quienes estuvieron allí. Para Lucas, los teclados fueron una herramienta de expresión, pero también una manera de acompañar a otros músicos y de integrarse a proyectos colectivos en los que la música funcionaba como un espacio de encuentro.
En los últimos años, su nombre quedó ligado también a Canto 4, formación con la que compartió diferentes presentaciones y momentos importantes de su historia reciente. Uno de ellos ocurrió en marzo de 2024, cuando estuvo a cargo del piano durante la interpretación de la “Misa Criolla”, la obra emblemática de Ariel Ramírez que el conjunto presentó en la ciudad de Salta junto a un ensamble integrado por 35 coristas del Centro Cultural América y miembros del coro Arsis. En aquella oportunidad, el piano de Montanaro se convirtió en una pieza más de una puesta que reunió voces, músicos y una obra profundamente arraigada en la identidad cultural argentina.
Ese mismo año, su participación junto a Canto 4 adquirió una dimensión especial en el marco de la celebración por los 25 años de trayectoria del conjunto y la presentación de su álbum “Presente”. Montanaro fue anunciado entonces como parte del equipo de músicos encargado del piano y los teclados. Una vez más, su trabajo quedaba detrás de canciones que tenían como protagonistas las voces, pero que necesitaban de músicos como él para adquirir cuerpo, profundidad y movimiento.

La noticia de su muerte llegó de manera inesperada y golpeó especialmente por las circunstancias. Lucas tenía apenas 36 años y, según contó su tío en declaraciones a Informate Salta, era “un chico joven y sano. La vida normal, un chico sin ninguna adicción”, al hablar de una muerte que nadie esperaba y que dejó a su entorno intentando comprender cómo una jornada compartida entre amigos podía terminar transformándose, de manera tan repentina, en una despedida.
El músico se había descompensado mientras jugaba al fútbol con amigos. Lo que comenzó como un momento cotidiano, una de esas escenas simples que forman parte de cualquier vida —un partido, amigos, una actividad compartida— terminó convirtiéndose en una tragedia que conmocionó a su familia y a quienes habían recorrido junto a él tantos años de música. Su muerte dejó un silencio difícil de explicar justamente porque llegó cuando todavía quedaban canciones por tocar, escenarios por compartir y proyectos por delante.
Pero en medio de ese dolor apareció un último gesto que transforma la historia de Lucas y le otorga otro significado a su partida. Su familia decidió donar sus órganos para que otras personas pudieran tener una oportunidad de seguir viviendo. En el momento más doloroso, cuando la ausencia todavía resulta imposible de asimilar, sus seres queridos tomaron una decisión capaz de prolongar algo de Lucas más allá de su propia vida: permitir que otras personas recibieran los órganos que podían salvarlas.

Así, la despedida de Montanaro quedó atravesada por una paradoja dolorosa: mientras su familia y sus amigos deben aprender a vivir con una ausencia que llegó demasiado pronto, parte de él continuará presente en otras vidas. La música que interpretó durante años, las canciones de Macumbicos, los escenarios que compartió con Canto 4, el piano de aquella “Misa Criolla” y tantos otros momentos de su recorrido artístico forman ahora parte de la memoria de quienes lo conocieron. Y también queda ese último gesto familiar, silencioso y profundamente humano, que convirtió una tragedia inesperada en la posibilidad de que otras historias puedan continuar.
Para la escena musical salteña, Lucas Montanaro será desde ahora una presencia en la memoria. En los escenarios quedará el recuerdo del músico que se sentaba frente a un piano, del tecladista que acompañaba canciones y del cantante que puso su voz al servicio de distintos proyectos. Para su familia, en cambio, quedará algo mucho más íntimo: el recuerdo de Lucas lejos de las luces, en la vida cotidiana, como aquel joven que, según describió su tío, llevaba una vida normal y cuya partida nadie estaba preparado para enfrentar.
Tenía 36 años. Tenía música por delante. Tenía escenarios, canciones y proyectos. Y tenía, también, una vida que quienes lo querían imaginaban mucho más larga. Su muerte interrumpió ese camino de manera inesperada, pero su historia no termina solamente en la noticia de su fallecimiento. Queda en las canciones que grabó, en los escenarios que recorrió, en los músicos que compartieron con él y, ahora, en esas otras vidas que podrán continuar gracias a la decisión de su familia. Lucas Montanaro se fue demasiado pronto, pero algo de él seguirá sonando.
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CHIMENTOS
Moria Casán sorprendió al revelar el desconocido drama que viene de atravesar su «yerno» Fito Páez: «Estuvo fatal, necesitó fentanilo y morfina»

No como el cometa Halley, pero parecido. No es que Fito Paez vaya a un programa de televisión «una vez cada 76 años» pero tampoco es muy común o muy frecuente o muy habitual verlo allí, en un estudio, concediendo entrevistas o reportajes. Que haya ido a «Otro Día Perdido», el ciclo conducido por Mario Pergolini, provocó una expectativa similar a la del curioso fenómeno astrológico: mucha gente estuvo pendiente y mirando la tele.
Nadie dudaba, entonces, que la nota que le hizo «Super Mario» iba a generar revuelo y provocar repercusiones. Todos tuvieron algo para decir sobre sus dichos y una de las que le dedicó unas palabras fue Moria Casán, a quien últimamente se sindicó como «su suegra» por el supuesto romance que el trovador rosarino mantendría con su hija Sofía Gala Castiglione.
Pero además de llenarlo de elogios y de ventilar algunas cuestiones de sus encuentros en distintas circunstancias, la diva popular de la Argentina dio a conocer una serie de datos desconocidos en cuanto a la salud del cantante que más discos vendió en la historia musical argentina. Fito tiene 63 años (los cumplió el último 13 de febrero) y Moria habló de algo que nadie sabía.
Después de escucharlo hablar, Moria admitió que «conocerlo a Fito fue muy bueno, hace rato que nos conocimos y tuvimos unas conversaciones hermosas» pero después entró en consideraciones sobre su estado físico que para todo el mundo resultaron novedosos. «El es un artista impresionante y chicos ha tenido ahora… él viene de una neumonía».
MORIA CASAN SORPRENDIO AL REVELAR EL DRAMA QUE ATRAVIESA SU YERNO FITO PAEZ HOY EN DIA
En ese sentido, Moria lamentó que «Cada vez que va a España le agarra algo» y después dio detalles estremecedores de su cuadro. «Estábamos hablando el otro día viene de una neumonía que no sabés lo que me han tenido… Moria.. .estoy saliendo de todo…. ¡Impresionante! ¡Estuvo Faltal! No, pero además escuchame, tuvieron que darle fentanilo… y lo otro… morfina para sacarle los dolores».
«Impresionate, dice «no sabés lo que es la resaca de esto, me tiene loco». Y antes siete…nueve costillas. Y qué gracioso cuando contó la anécdota que tuvo que sacar los siete dientes para no hacer el servicio militar. ¿U ocho eran, cuatro y cuatro? Bueno, lo bancamos a Fito lo queremos muchísimo».
Fito Páez, Moria Casán
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